Sri Lanka, el paraíso en la tierra (IV): Viaje al pasado

Amanecía de nuevo, pero esta vez más temprano que el día anterior, cuando nos encontrábamos en Hikkaduwa y partimos rumbo a Ella. Y si aquel día nos pareció largo, este lo iba a ser más. Porque ese día, íbamos a viajar al pasado, y eso lleva tiempo. Pero no el tiempo que vosotros pensáis… sino el tiempo que tarda tu mente para imaginarte en aquellas épocas.

amanece

A las 5 de la madrugada, en pie; había que coger el tren desde la estación de Ella, que construyeron los ingleses, hará unos 80 años (o más), para moverse por esta parte del país y transportar mercancías. Con este tren nos desplazaríamos a un pueblo donde Sumith, nuestro guía, nos recogería para ir a uno de los muchos campos de té de Sri Lanka, un té de denominación propia, té de Ceylon, mundialmente conocido. Y, acto seguido, seguir conduciendo hasta Kandy, capital cultural de Sri Lanka, donde asistiríamos a la ceremonia de la reliquia del diente de Buda, entre otras parafernalias y misticismos variados.

Un amanecer de ensueño, digno de película. Una neblina persistente rodeaba las montañas, y hacía frío, como para ir con un par de mangas. Esta vez teníamos que darnos prisa, el tren no esperaba a nadie. Un fuerte desayuno con café incluido y a la carretera. Sumith y el ‘driver’ nos esperaban. He de decir que no tomo café pero en estos casos, como viajes largos, creo es necesario, y 1 al año no hace daño 😀

Apresuramos a comprar el ticket en aquella peculiar estación, acudimos al mostrador y previo pago, nos dan un trozo de cartón bastante grueso, muy original; a la antigua. Apenas éramos 4 personas esperando el tren, y mientras tanto, mi asombro no dejaba de aumentar con el silencio y la paz del momento que nos rodeaba.

En medio de aquel silencio, se escucha el traqueteo y ruidos mecánicos varios, sí, como ese ruido de locomotora antigua que has escuchado en las películas. El viejo tren de madera construido por los ingleses hará más de 80 años hace su aparición. El tren emite un sonido estridente, por el frenazo; el tren se detiene, ya toca subir. Nos queda un largo camino de 2 horas; un largo camino que para nada iba a resultar pesado, pues el entorno en el que nos encontrábamos era único y visto por primera vez. Nada dejaba de asombrarme.

El tren comienza su marcha, serían aproximadamente las 6 y media de la mañana. Nos sentamos en la parte trasera del furgón, en el vagón ‘mirador’, que es, bastante más caro que el vagón normal donde viaja la gente local. Caro, para ellos; para nosotros, el precio daba risa. Este vagón al ser el último, tiene unos cristales delante que hacen que puedas ver todo lo que el tren deja atrás, aparte de los lados. Los sillones, muy confortables a la par que viejos. Y el aspecto general del vagón, con aseo propio incluido, denota que éste fue diseñado para la gente VIP de la época, los que tenían pasta, los que más pagaban; la ‘first class’.

Estaremos 2 horas cruzando montañas, laderas y pasando a través de campos de cultivo y de te. Ahora toca observar por el vagón. Los niños y niñas, ya despiertos, iban camino al colegio siguiendo la vía del tren. Uniformes blancos para ellas, y corbatas. Para ellos, algo más discreto. Su piel morena destaca aún más con sus luminosos uniformes. Y su pelo; qué peludos son los habitantes de Sri Lanka.

Un grupo de militares aparece por un lado de la vía al pasar el tren. De maniobras, y perfectamente camuflados. Caras serias, era muy temprano.

Los labradores, ya estaban trabajando la tierra. Fijo que se despertarían mucho antes que nosotros, para conseguir aquello que les da para comer y vivir.

Dentro del tren, cómodamente sentados, el tiempo pasaba lentamente pero sin resultarnos pesado; más bien todo lo contrario. Disfrutando de las vistas del maravilloso paisaje, cruzando bosques con árboles altísimos, bordeando verdes colinas y lomas con plantas de té; donde se extrae y se elabora el famoso té de Ceylon.

Aparte de nosotros, unos cuantos turistas más disfrutaban en el vagón con vistas; una parejita europea con mochilas grandes como única pertenencia y un aire bastante desaliñado, a lo ‘backpacker’. Una familia europea con hijos, bastante tranquilos durante todo el viaje, por cierto. Y también habían turistas que por su aspecto, vendrían de la India. Y cuando esta gente viaja, parece que viaja en serio y a lo grande, porque eran un grupo bastante numeroso. El olor a curry y demás especias hacía presencia.

Después de alimentar nuestro cuerpo y alma con esas impresionantes vistas y panorámicas, decidimos dar una vuelta por el tren. Estábamos en la parte trasera del mismo, e iríamos caminando hacia donde está la locomotora, atravesándolo todo. Un revisor se situaba justo después de nuestro primer vagón, le preguntamos si podemos aventurarnos; gesticula con la mano y lo tomamos como un ‘adelante’.

El traqueteo del tren se siente más, y el ruido aumenta; el mecanismo de la locomotora de más de 80 años se siente por todo el cuerpo, aunque sólo viaje a una media de 20 km/h. Estos vagones ya no parecen tan confortables, son para el día a día. En ellos se sientan los autóctonos, los cuales usan este transporte para desplazarse entre pueblecitos de la zona, para ir a trabajar, o cualquier otro menester. Sentimos sus miradas como si de clavos sobre nuestra frente se trataran y nos intentaran atravesar. ¿Qué harán por ahí 2 personas tan diferentes? Pensarían. Ellos, muy tranquilos, apenas ruidosos, a su aire. Algunos, sentados, otros durmiendo, o viendo también ese paisaje a través de sus pequeñas ventanas (comparadas con las de nuestro vagón). Las puertas para embarcar a los vagones del tren están abiertas; puedes asomarte y sentir la brisa, respirar ese aire puro; con una mano bien sujeta al agarrador y medio cuerpo asomando, disfruto del momento como algo extraordinario que és.

Y suerte que llevábamos algo para picar, porque me entró algo de hambre. Durante nuestro paseíto, pasamos por un vagón-restaurante, el cual ponía a disposición toda esa típica comida del país. Pero su aspecto, era si cabe, intrigante, misterioso. No se si nuestros estómagos occidentales hubieran estado preparados para comer semejantes productos, almacenados y expuestos en la propia barra de madera del tren, en contacto con ‘todo’. Mejor no tentar la suerte.

Tras varias paradas, unas 13, (Sumith nos dio el nombre de la estación donde teníamos que bajar, pero también nos dio el número exacto de paradas, porque vaya nombrecitos…) bajamos del tren, tras más de 2 horas de lento, pero armonioso e increíble viaje. Sumith nos espera, sonriente como siempre, un poco tímido, pero muy, muy amable. Nos montamos a la furgoneta que alquilamos y nos ponemos camino a la factoría de te de Mackwood’s. Desconozco la marca pero, tiene pinta de ser buena.

Ya llegados a los pies de la factoría, y tras atravesar unas cuantas colinas y lomas de montaña verdes, atestadas de plantas de té y de mujeres recogiendo la hoja, decidimos hacernos una foto con una de ellas, previo pago, para variar. Es la segunda foto con un local y, parece ser que algo tienen en común, no miran a la cámara cuando les haces la foto.

Amablemente, nos recibe un guía de la factoría. En esta antigua fábrica, se ha dejado en marcha una única línea de producción para ver, en tiempo real, cómo es elaborado el te. El proceso es guay, y, a grosso modo os lo explico, dependiendo del filtrado de las hojas y su tamaño, la calidad y el sabor amargo será mayor o menor.

Compartimos ruta con unas mujeres australianas, de avanzada edad, con las cuales nos reímos bastante; ya no me acuerdo bien pero, creo que alguna nos tiró los trastos, jojojo. Después del recorrido, parada obligada para probar el te, pasar por la tienda a comprar alguna muestra que otra por un precio ridículo en comparación con España (y seguro que más países), más fotos, y a seguir el camino. Destino: Kandy.

Y sospechábamos de la ‘fragoneta’, mientras descendíamos desde lo alto de las montañas de té hasta el nivel cercano a cero metros sobre el nivel del mar, porque tanto Sumith como el conductor no paraban de hablar de una manera más rápida y estresante que de costumbre. Hasta que definitivamente, pararon en una zona donde había un puesto de frutas, verduras y demás, con el aparente motivo de parar para descansar y comer algo. Antonio y yo ya estamos ‘curtíos’, él más que yo porque llevaba más tiempo por Oriente Medio, nos olíamos algo. Le preguntamos si pasa algo con la furgoneta.

Y al final, Sumith declaró: el ‘fadding’. O dígase también, aquel efecto que se produce cuando, bajando una colina, frenas demasiado debido a la pendiente y hace que se recaliente todo el sistema de frenado (discos, pastillas) haciendo que cada vez frenes menos hasta que… pues eso, que si no paras hasta que se enfríe todo de nuevo, estás jodido. Y mientras comprábamos un bote de miel super extraña, el conductor echaba agua a los frenos, y de estos surgía el vapor, junto con el ruido de cuando viertes líquidos sobre partes metálicas incandescentes. Antonio y yo nos miramos y pensamos: ‘que sea lo que Dios quiera, o Alá, o Buda, o quien rija en ese momento y en ese país nuestro destino’.

Y tras una una parada en una cascada, unas cuantas fotos, intentar cazar una rana, subirse a un par de árboles y hacer el mono, un poco de relax, y una larga ruta en carretera, llegamos a Kandy, la capital cultural de Sri Lanka.

Kandy es una ciudad ajetreada, con denso tráfico, como en la mayoría del país. una ciudad rodeada de montañas, un gran lago, un par de calles principales, y mucha gente. Negocios callejeros, restaurantes con comida picante, o muy picante, un Pizza Hut y alguna que otra franquicia internacional más. Kandy carece de bares y ocio nocturno tal y como concebimos nosotros el ocio nocturno; lo descubriríamos más tarde, después de cenar, cuando quisimos dar una vuelta por la ciudad.

Aparcamos cerca del centro y nos dirigimos a comer, era mediodía y teníamos un hambre del copón. De camino, vi a un hombre vendiendo lotería. ¡¡AL FIN!! Después de meses sin nada de azar, tuve al alcance, por unos 5 euros, unos cuantos boletos, que los repartí entre los 4 que íbamos. Ese momento fue como una fiesta, todos rascando los típicos cupones que si salen 3 figuritas iguales, obtienes premios o dinero. Sumith, nuestro guía, y el conductor, estaban flipando de ver como el españolito repartía azar. Y es que ya sabéis que suelo ‘liarla’ de vez en cuando, el cachondeo forma parte de mi modo de vida … y ¡qué leches!, ¡vamos a reírnos un rato,a ver si toca algo!

Al final no tocó nada. Hubiera suerte o no, pagábamos siempre las comidas a Sumith y el conductor. La verdad que nos daba igual, porque el precio para 4 personas apenas llegaría a 6 u 8 euros… algo que me deja y me dejará sorprendido siempre, pagar tan poco por comer. Esta vez la comida picaba más de lo normal, y estaba harto de comer con la mano; pedí cubiertos y fui de occidental.

No vi tiendas de souvenirs ni nada por el estilo. ¿Os conté que me aficioné a comprar souvenirs en este viaje? Realmente se me fue de las manos… Yo, que siempre he sido práctico a la hora de viajar, y no comprar nada, tan sólo lo necesario, de repente me vi envuelto en una espiral voraz de compras. Todo tipo de artilugios y accesorios del país. No se por qué, pero es que me gustaban esos bañadores a 3 euros la pieza, y las pulseritas, tobilleras, y demás… individualmente el coste era bajo pero, cuando compras muchas cosas, ya se disparaba el precio total.

Retomando lo anterior, después de comer fuimos al templo del diente de Buda, última ‘atracción’ del día. Cuenta la leyenda que una mujer se quedó con el diente y tuvo que huir para que no se lo robaran, no se por qué, y ésta huyó hasta Sri Lanka, y ahí fue depositado. Bueno, la verdad es que según el panfleto, el diente, alias la reliquia de Buda, había dado vueltas por toda la isla, siendo custodiado por monjes budistas en diferentes templos. Dicho templo en Kandy, fue víctima de un atentado terrorista, tuvieron que reconstruirlo, y actualmente el diente se encuentra ahí. Lo que íbamos a presenciar más adelante, era una especie de ceremonia, un ritual, que daba paso a enseñar al público, a través de una ventana, dónde es guardado el diente, para rendirle culto y honor, y de paso, dar dinero al monje que dice que no te quedes parado más de 3 segundos para echarle un ojo.

Profundizando en la visita al templo, mientras esperábamos a la hora pertinente, fuimos espectadores de un desfile de calle, parafernalia budista, con un tío paseando un elefante encadenao, y gente danzando y sonriente. Ritmos tribales y percusiones. Sensaciones diferentes; me pregunto si ellos sentirían lo mismo al ver nuestra Semana Santa y  ritos similares. Yo creo que sí; pues la novedad muchas veces es de buen ver y deja asombrada a la persona.

Tras ponernos los pantalones largos, requisito obligado, por respeto a la religión budista, para entrar al templo, y quitarnos las chanclas, ya pudimos comenzar la visita. Sumith, nuestro guía, nos acompañó en todo momento. El templo estaba genial, muy auténtico y colorido. Con montón de objetos de la época, vasijas, figuritas y demás. Muy llamativo. Destacaré el techo que cubría la parte principal del templo, donde se halla la reliquia de Buda, el diente. Un techo con flores de oro macizas incrustadas en el mismo; aún estando así de alto, estas flores se ven enormes (tenéis la foto más abajo).  Deben ser caras; quién pudiera llevarse una florecita de oro maciza, del tamaño de una paella para 6, a casa.

También visitamos una sala con una gran estatua de Buda, rodeado de varias estatuas del mismo. Él y sus estatuas. Como apunte interesante, deciros que no se le puede dar la espalda a Buda, vamos que no puedes hacerte fotos con él de fondo, porque le estás dando la espalda, o el culo, y eso es una falta de respeto en su religión. Ojito, como te pille un segurata, te la lía.

Hablando de seguratas, uno de ellos se enrolló y nos llevó a un sitio SUPER SECRETO. ¡WOW! Era un balconcito, en la planta de arriba del templo, con vistas al exterior del mismo y de parte de la ciudad, nos lo pintó como algo SUPER SECRETO, algo ÚNICO… que no se lo ofrece a todos. No me acuerdo muy bien pero creo que tuvimos que pagarle algo, y obviamente, le pagamos una mierda, dinero para chicles y poco más. Harto de sentirnos estafados, nosotros ya no nos cortábamos a la hora de dar o no dar. A quien se lo merece, por supuesto. Pero, ese segurata, cuántas veces habrá hecho lo mismo durante parte del día, y cuánto dinero se habrá sacado? Dado que hay mil tipos de turistas, prefiero que los tópicos sigan en pie hasta el fin de los días, y que los europeos (excepto españoles) y australianos sean los que paguen todas las propinas habidas y por haber; y que los japoneses sean robados y estafados siempre, a pesar de ir en grupo y con uno o varios guías (pringaos, jojojo).

Y los tambores sonaron, y nos apresuramos a ir a la parte central del templo, a hacer cola para pasar delante, pero a varios metros de distancia, de la reliquia de Buda, su diente. no vimos los actos ceremoniales, sino fuimos directamente a hacer la cola por la cantidad de gente que había; mejor pillar buen sitio. Tras un largo rato esperando, pasamos y veo la campana que recubre la reliquia, de oro macizo y atestada de piedras preciosas y demás joyas. Pago algo de dinero antes de situarme a su frente,  para variar, y me voy a otra parte, para poder hacer fotos a distancia, mientras me daba codazos con los otros 294239843892 turistas que pretendían hacer lo mismo.

Mucho oro y piedras preciosas. Tras un largo rato observando el brillo y resplandor del metal precioso, nos dirigimos a las afueras, del templo. Caía la noche y teniamos que volver al hotel.

Y aquí empieza la última parte de ese día, largo donde los haya, y si habéis llegado hasta aquí leyendo es que os interesará también qué pasó al final de la tarde-noche. Sumith, como siempre, eligió un hotel increíble, en lo alto de una montaña, con vistas al valle de la ciudad. Increíble y sin palabras, tranquilo y silencioso.. hasta que la noche profunda cae y los perros empiezan a aullar sin cesar.

Antonio y yo, como siempre, queríamos saber más de la zona, empaparnos de la vida auténtica de las calles de Kandy. En el hotel nos esperaba un ‘taxista’, con su tuc-tuc como vehículo para transportar pasajeros. Su nombre, Fernando, de origen portugués. Se emocionó al saber que éramos españoles y nos contó su vida mientras bajábamos a la ciudad para cenar algo.

Fernando parecía joven, y cuando nos dijo su edad, nos quedamos de piedra. Bajito, fibrado y con unos ojos grandes y saltones, su sonrisa permanente y su relajada forma de ser hizo que estuviéramos casi en plena confianza con él ,a pesar de las movidas anteriores que hemos tenido en este país. El tío sabía cómo camelarse a los turistas, sabía en qué sitios podíamos tomar algo a ‘altas horas’. Altas horas allí, significa a partir de las 11 de la noche. Nos dejó en el Pizza Hut que había avistado hora antes, y dijo que nos esperaría. Nosotros le dijimos que no se preocupara, que ya nos buscaríamos la vida para volver, pero él sabía que tenía premio si esperaba. Y acertó; tras acabar de cenar y dar un par de vueltas por la zona, vimos que no había ni un alma y de repente, le vemos enfrente de nosotros. – ‘Amigouuss’, nos dice. Y nosotros le saludamos efusivamente y le comentamos que nos lleve a un sitio para hablar y tomar un té tranquilamente.

Fernando nos llevó a un hotel-restaurante-terraza de un inglés que vino hace muchos años a la isla. Por suerte, esta mente europea deja abierto su bar hasta horas más tardías que las que acostumbran los demás negocios, y gente como nosotros podemos acabar la noche. Como teníamos que subir al hotel de nuevo, negociamos con él un precio para que estuviera con nosotros hasta el fin de trayecto, y le invitamos a tomarse algo con nosotros.

Parece que la cerveza Lyon, la marca nacional, servida en botellas de cristal de un litro, es como un elixir de la verdad. Fernando nos contó todo: tiene una mujer, con 2 hijos pequeños, trabaja de taxista, el tuc-tuc es suyo propio. También tiene un negociete de transporte de paquetes de un lado a otro, y guía a turistas. Conforme daba más tragos, soltaba más detalles. También descubrimos que era cinturón negro y no sé qué Dan de Taekwondo (!), y hasta nos hizo un par de demostraciones y patadas al aire, jaja.

Se hacía tarde y el guiri dio la orden a sus súbditos de cerrar el chiringuito. Antonio acababa su cerveza y yo mi té (me volví un té-adicto durante el viaje) a la vez que Fernando le daba los últimos lingotazos a su ‘litrona’, para subir bien ‘entonao’ y alegre. Qué pensaría su mujer, cuando éste volviera a casa como una cuba. Nos hicimos un par de fotos con él, que quedarán para el recuerdo. Una vez más, nos involucramos lo máximo posible esa noche, con gente local, para vivir experiencias únicas e historias que, con el paso del tiempo, siempre recordarás.

Y lo recordaré porque Fernando salió alegremente del bar, invitado por un par de españoles, dando abrazos y alabándonos, y apuntando nuestros números a la vez que nos decía que éramos buena gente y buenos amigos, que estaba muy contento de haber estado con nosotros, y no paraba de agradecernos una y otra vez la compañía. Hasta el punto de parecernos raro, porque fijaos lo que hace el alcohol, o la persona, o yo qué sé, que tras dejarnos en el hotel, aún volvió a llamarme una vez más a mi móvil ‘Srilankeño’ para darnos las gracias. Fue la ostia, porque a el tío ya le bailaba la voz, iba pedo y contento. Esa noche se llevó buena compañia, unos dineritos y una cerveza gratis. Y nosotros, también nos llevamos un trocito más de aquél país, que quedaría guardado en nuestra cabeza, para siempre.

Porque viajar hace grande a una persona, y aprendes de todo lo que te sucede y rodea. Y ya no es sólo viajar, sino vivir. Cuanto más vives y más te relacionas, más aprendes. Aprende de todo lo de tu alrededor.

Una noche más, y la última, antes de volver a levantarnos para visitar unos cuantos sitios más de este maravilloso país. Un abrazo a todos y todas, se os echa de menos.

Acá enlace al álbum, que no tiene desperdicio, más de 250 fotos y un vídeo del tren, ¡a qué esperas!

2011-12-05 Sri Lanka – Viaje al pasado, Ella a Kandy

Sri Lanka, el paraíso en la tierra (III): Camino a Ella

Ella nos esperaba.

No, no era una mujer. Ella es un pueblo de Sri Lanka, en la parte sureste de la isla, situado a unos 120 kilómetros hacia el interior desde Hikkaduwa, lugar donde nos encontrábamos. En medio de montañas, a unos 1000 y pico metros de altura, rodeado de bosque y frondosa vegetación, y con clima tropical pero fresco debido a la altura; ese mismo día, íbamos a conocer lo que es un lugar paz, serenidad y meditación. Un lugar que, aquellos que vivimos en el primer mundo, no solemos tenerlo al alcance, pues el enclave, digno de película, nos transporta del mundo real y ruidoso donde vivimos a la más absoluta serenidad. Una vez allí, haríamos noche para, a la mañana siguiente, despertarnos y subirnos a un tren que recorrería parte de la montaña, pasando por los famosos campos de té Ceylon, que son mundialmente conocidos. Pero no sin antes dar un pequeño paseo en coche por la isla hasta Ella.

Tercer día de viaje. Nos levantamos de buena mañana, sobre las 7:00 am, después de estar 2 días disfrutando de las playas de Hikkaduwa; sinceramente, no quería irme de ahí, me hubiera gustado quedarme 1 ó 2 meses más, aprendiendo surf. Gracias a nuestra pericia, concretamos el día anterior que por favor se levantara alguien del hotel un poco antes de lo normal, para que nos prepararan el desayuno; a regañadientes aceptaron, pero aún así no se presentaron a la hora. Y es que esta gente vive a un ritmo muy relajado.

Y no pasaron ni 20 minutos desde que nos levantamos que ya tuvimos un anécdota más para contar, que afortunadamente no cayó sobre nosotros. No sé si os acordáis, la primera noche, cuando casi nos quedamos en la calle durmiendo porque nos fuimos dejando la llave en recepción y esta gente cerraba antes de media noche. Por suerte espabilamos y la conseguimos, aporreando la puerta de una habitación en la planta baja del hotel, donde asomaba un haz de luz por la ventana, y pensamos que ahí habría alguien, al menos para dormir en su habitación xD.

Sin aún estar despejados del todo, desayunando aún medio dormidos en el ‘restaurante’ del hotel, el cual está justo al lado de recepción (está todo comunicado, es un patio) vemos como un hombre de 1,90, ojos azules, pel grisáceo y cara de pocos amigos se acerca. En inglés, clama a los 4 vientos dónde está el dueño del hotel, o al menos que se presente el de recepción. Nosotros no hacemos mucho caso, y seguimos a lo nuestro, pero con las expectativas puestas en ver qué pasaría. Mientras la mujer de recepción, los 2 pinches de cocina y el cocinero revoloteaban por la zona, el gran hombre fornido y cabreado, les preguntaba que quién era el encargado. Estos, sin hacerle mucho caso señalan a la mujer de recepción. Nosotros ya nos hacíamos una pequeña idea de lo que podía haber pasado.

El hombre cabreado empieza a ‘ladrar’ a la mujer de la recepción:

– ¡Donde estaban ustedes ayer por la noche, a mi nadie me dijo que ibais a cerrar y dejé la llave en recepción! Y mi sorpresa que al llegar, ¡¡todo estaba apagado, no había nadie!! He tenido que dormir fuera hoy. Esto es incomprensible, esto es intolerante! ¡Se supone que la recepción debe estar abierta las 24h del día!

La de recepción no hizo apenas caso, se dedicó a decir lo siento y enseguida fue a otras tareas. El hombre cabreado, tras ver cómo pasaba de su cara, se ensañó con el cocinero, y con los camareros. Repetía una y otra vez lo mismo: ¡pero como es posible, he dormido en la calle, esto no puede ser! ¡Vaya servicio! Antonio y yo, nos miramos uno al otro, sin apenas hablar pero ya con la mirada y la sonrisa en la cara, sobraban las palabras. Al pringao le había pasao lo mismo que nosotros, pero este ni consiguió despertar a ninguno de los que duermen allí, o no lo intentó lo suficiente, como para que le dieran su llave. JAJAJJJJAJAJAAJAJJJAJJA!!!

Quién sabe; la noche anterior fue como un sábado noche en España, tal vez los currantes del hotel estuvieron de fiestecilla y estos ni se levantaron, o no estarían cuando el alemán vino a por las llaves. Madre miiiiiiiaaaaaaaaa!!! A saber dónde habría pasado la noche el pringao!! Fue demasiado cómico, de buena mañana, ver a un tío cabreadísimo, de 2 metros, increpando a los locales y currantes del hotel, y ver cómo estos ‘sudaban’ de su cara de una manera increíble. A la vez que hablaban entre ellos en su idioma y esbozaban una pequeña sonrisa. Aquella mañana, ese hombre aprendió una lección; y es que en ciertos países, la lógica no es tan lógica como uno cree. Seguro que ya no le pasa otra vez y preguntará.

Nos montamos en nuestro transporte, con nuestro guía Sumith y una persona mayor, el ‘driver’ (conductor). Serían 3 días más dando vueltas por la mitad sur del país, visitando varios templos y zonas de interés turístico.

Y los perros… perros ‘everywhere’. Perros por todas partes, tirados en la superficie, o deambulando, cuales zombies de una película de cine. Por el día tan quietos pero, a la noche, se volvían activos, dando un por culo brutal, ladrando y haciendo ruidos, misteriosamente, no sabemos por qué. Suponemos, se volverían más activos debido a que a la noche ya no hacía tanto calor … y se moverían para buscar algo de comida, o lo que sea. Nunca entenderé cómo podían sobrevivir.

Contemplando el paisaje tropical ,con el mar cristalino y azul, que tanto me fascina, nos dirigimos rumbo al sur de la isla, a un pueblo costero (si mal recuerdo era Galle), donde nos pararíamos a ver a los típicos pescadores de Sri Lanka y su método especial de pesca. Básicamente se trata en esperar horas y horas sentado en un palo clavado a unos cuantos metros mar adentro después de la orilla, y pescar con una caña. Un simpático hombrecillo se bajó de su palo al ver que le hacía fotos; y, amáblemente, se puso a mi lado para que nos fotografiaran, no sin antes decir que esto costaba dinero. Qué listos, ¿eh? xD

Seguimos nuestro camino en coche, y pasamos cerca de un parque nacional, vallado, donde viven muchos elefantes. Estos, no son tontos y con el paso del tiempo se han percatado del paso de turistas. La valla está pegada a la carretera y para verlos, sólo hace falta que parar allá donde veas unas orejas ‘aleteando’. Sí son elefantes y están esperando que les tires comida. A los márgenes de la carretera hay puestecillos de comida varia; unos cuantos plátanos y harás feliz al elefante.

Entre ellos y nosotros, nos separa una valla eléctrica. Si la tocas, mueres, pero no vimos ningún cartel de advertencia. Suerte que vamos con guía. Los que me conocéis seguro que no os asombraréis si os digo que intenté tirar todo tipo de artilugios que encontraba al borde de la carretera contra la valla, para ver si saltaban chispas, o algo.  Ramas, botes, etc… lo que fuera. Nada hizo que el parque nacional saltara por los aires debido a un cortocircuito.

Entró el hambre y Sumith nos paró en un ‘restaurante’ de carretera. Ojo… ojito al dato. No habían cubiertos. Un buffet libre, con arroz como base y 5 platos de especias, a cada cual más picante, para embadurnar el arroz. Una coca cola (o 2) para apagar la llama que salía del estómago por la boca y listo. ¿Comer sin cubiertos? Toda una experiencia. Con los dedos excepto el pulgar, formas una especie de ‘cuenco’, en forma de cuchara. Vas pegando la especia al arroz, creando una especie de masa, como ‘pellizcando’ la comida. Una vez haces una bola, la coges y la empujas a tu boca con el dedo pulgar, moviéndolo desde la palma de la mano hacia la punta de los dedos ,como una palanca. Bueno, no está mal, algo que deberíais probar… pero nuestra querida dieta mediterránea no acepta esa forma de comer. Demasiado aceite y sopitas como para usar la mano desnuda.

Durmiendo relajadamente en el coche, y omitiendo que nos jugábamos la vida cada 2×3 en la carretera por lo que ya os comenté acerca de su manera de conducir, vamos ascendiendo, montaña arriba, poniendo el coche (la tartana) a prueba. Dejamos de lado el sol y el cielo azul para entrar en un frondoso bosque con la neblina típica de la película gorilas en la niebla. Despertamos mientras ascendemos y asombrados por el paisaje, paramos para hacer unas fotos a una gran cascada y unos cuantos monos que estaban por ahí dando por culo a los turistas. Ojo que roban, hay que cerrar el coche y llevar las pertenencias bien amarradas para que no se las lleven.

Pensaba que me iba a dar un chungo en el estómago cuando, del hambre que tenía, me comí una mazorca de maíz que estaba previamente hervida en una olla con aguas turbias. El tendero la sacó de esa agua turbia y la limpió con agua más turbia aún. No lo pensé bien en ese momento, sino al rato. Le di unos cuantos bocados y de repente me vi como si estuviera adquiriendo participaciones de una tómbola con premios como ‘esfinter a la ligera’ y cosas así. Por suerte no pasó nada.

Al fin, casi cayendo la  noche, llegamos a nuestro destino. En lo alto de la montaña, en medio de la nada. Unos pocos habitantes locales, unos cuantos turistas, algún hotelito que otro, restaurantes y la estación de tren de Ella, por donde transcurre el tren que los ingleses dispusieron unos cuantos años atrás para el transporte de pasajeros y mercancías. Lo que no sabíamos aún es que íbamos a subir en el mismo tren que el de hace 34923493 años, a esa velocidad y ese traqueteo tan … tan a lo antiguo.

Ella, como pueblo, no tiene mucho, sino el enclave. Situado en medio del valle, en todo lo alto, y nosotros situados en uno de los mejores enclaves. Con unas excelentes vistas desde nuestro hotel al mismo, y a la derecha una cascada, la imagen era de ensueño. Un lugar perfecto, de postal. Un lugar donde ir a descansar, meditar, hacer trekking, ir con pareja, amigos,… disfrutar. Disfrutar del momento, y de las oportunidades que la vida nos brinda día a día, segundo tras segundo. Pensando en el futuro, con cabeza, pero quién sabe qué pasará mañana. Disfruta del momento pues no sabes qué habrá mañana, pero con cabeza.

Y tras este ‘break’ filosófico sigo con Ella. El pueblo ofrece una serie de cafeterías, donde filosofar, y restaurantes con comida de muchas partes del planeta (hasta una pizzería italiana nos encontramos ahí arriba) pero, como siempre, lo mejor es probar la comida local. Pero sin duda, lo mejor de Ella, fue el hotel donde nos hospedamos, en lo alto de una montaña, con unas vistas que no puedo describir con palabras, sino con imágenes.

Fuimos al sitio más raro que vimos, donde preparaban una especie de ‘kebabs’ pero a su estilo. Estaba muy, muy rico. Después nos movimos a una cafetería, genialmente decorada, con frases célebres escritas por la pared, donde nos sentamos para charlar un poco de la vida y demás, y probar té de Ceylon, té originario de Sri Lanka, mundialmente conocido. Logramos intercambiar palabras con un par de ‘guiris’, pero se fueron pronto. Nosotros íbamos con nuestro horario español y vacacional y ellas, no, o no se interesaron mucho por nosotros xD

El té de canela me encanta, con leche y con un poco de azúcar. Y en esta cafetería tenían un buen té de canela. Tan bueno como que me traje 2 cajitas, yo, que nunca compro té. Y no soy aficionado pero, ya he hecho té en un par de ocasiones desde que estoy aquí. Claro, haría más si este país fuera un país frío, donde apenas puedes salir a la calle. Pero es que Dubai es calorcito y buen tiempo (excepto en verano, que es peor que el infierno) e invita a estar siempre por ahí. O tal vez sea yo, un culo inquieto, que nunca para por casa. Sí, será eso.

A la vuelta hacia el hotel, caminando por un sendero de tierra montaña arriba, gasté lo poco que me quedaba de batería, recomendación de Javi, ex-becario de PromoMadrid, el cual controla un huevo de fotografía y me dijo que siempre es mejor vaciar batería. Comparto su opinión. A las baterías hay que darles ‘juego’. Mucho uso, para que siempre estén vivas.

Decir que mientras anochecía, a la salida del hotel nos encontramos a una pareja de españoles que estaban de ruta turística por Sri Lanka, pero ellos iban en dirección contraria a la nuestra. Ya habían tomado el tren. Dialogamos de todo un poco y le contamos cosas sobre Dubai y las costumbres de aquí. Se quedaban ‘flipados’. Y es que esta cultura y el sitio donde vivo actualmente, ¡no tiene nada que ver con lo vivido hasta ahora! Si bien Dubai es lo más liberal dentro del mundo islámico, hay ciertas cosas que cuando uno las escucha se queda sorprendido. Ojalá estuvierais aquí para vivir esta experiencia.

Seguiré relatando para que tengáis percepción de lo que tengo a mi alrededor, y para que los recuerdos no se diluyan en la memoria con el paso del tiempo. Cosa que siempre pasa, pero, con esfuerzo, escritura, fotos y dedicación, haré que cuando eche un ojo a este blog en unos años, sonría y pueda contar casi con el mismo detalle que cuando pasó.

Un abrazo a todos/as. Y aquí el enlace al álbum de fotos, con vídeo incluido.

2011-12-04 Sri Lanka – Ella

Sri Lanka, el paraíso en la tierra (II) Un día más en la playa, Hikkaduwa

Imagina que amanece, y ante tus ojos se muestra el paraíso, aquella imagen que siempre has tenido en tu mente de lo que podía ser ese sitio que, para ti, tiene todo aquello que siempre has querido ver.

Un sol radiante sobre un mar azul y cristalino, una arena de textura fina y suave. El sonido de las olas rompiendo en la orilla, el sonido del relax; sin ruidos de gran ciudad ni similares. Una velocidad de vida acorde al momento, lenta, tranquila, sin prisas, relajada. No hay nada que hacer… o si; todo lo que hay que hacer es disfrutar del momento.

Un momento que aparece nada más levantarse, abrir la puerta de la habitación y asomarse al balcón. El mar nos esperaba. Refrescarnos en él, bucear, y seguir refrescándonos. Una siesta en la orilla, comer, y seguir bañándote. Qué vida, ¿eh?

Y es que el segundo día en Hikkaduwa no nos iba a suponer un quebradero de cabeza. O eso pensábamos jejeje, ahora os contaré por qué.

Amanecimos antes de mediodía y nuestro objetivo era pasar el día de manera relajada, y poder bucear, intentar ver algo de vida marina. Enfrente de nuestro hostal, en el mar, se alza una pequeña isla rocosa la cual dicen que tiene fauna marina. Pues bien, nos ponemos manos a la obra y bajamos a la playa, buscando al local con barca propia que, tras negociar con él, nos ofrezca un buen precio por paseo en barco + gafas de bucear. Y es que aquí te cobran todo, excepto respirar.

El día anterior ya tuvimos una pequeña visita de un par de locales; merodeaban por la playa del hostal en búsqueda de ‘personas con cabeza de pollo’, o lo que es lo mismo, turistas a los que van a intentar desplumar. Así es, creo, como nos ven. Uno de ellos nos ofreció ropa y algún collar que otro, mientras el otro nos ofrecía sus servicios de barco y buceo. Les dijimos, millones de veces que HOY NO, sino mañana. Y esa mañana llegó, ahí estaban de nuevo, campeando la zona, para pillar algún incauto.

Gracias a nuestra experiencia comercial, Antonio y yo decidimos ‘pedir varios presupuestos’; o sea, preguntar a 2 ó 3 personas diferentes el precio que costaba viajar a la isla en barquito y dejarnos ahí un rato buceando, recogernos y dejarnos en tierra firme.

Total vimos que todos rondaban el mismo precio, y volvimos a aquellos simpáticos hombrecillos autóctonos, a negociar de nuevo con ellos. Aparte del precio por llevarnos a la isla y esperarnos una hora mientras buceábamos, en el precio estarían incluidas las gafas de buceo y aletas, que también se suele pagar aparte. Este punto lo remarcamos en nuestro contrato verbal, lo remarcamos bastante, fijando el precio final INCLUYENDO las gafas y aletas de buceo. Y, no se si ese día haría mucho viento pero, las palabras volaron, ahora os cuento.

Nos acercaron a la isla con la barquita, la cual tenía en el centro un cristal cutre, lleno de algas, para poder ver el fondo del mar. Sólo veíamos roca; alguien nos dijo que debido al tsunami del 2004 y las corrientes cambiantes del índico, el coral estaba muriendo. Lo corroboro, no había una puta mierda de coral vivo. Pero da igual, es el fondo del mar, es transparente, hay más cosas aparte de coral, como bancos de peces y todo eso. En el fondo lo pasamos bien, sufrimos de ciertas corrientes fuertes, y los de la barca nos pegaban el toque cuando nos íbamos lejos del sitio. Eran listos, y estaban atentos a que no nos pasáramos más de la hora establecida.

Ahí en la foto de arriba, tenéis al cabrón de la barca. Pasó la hora, que me supo a poco, flotando en el agua el tiempo pasa demasiado rápido… los de la barca nos sacaron del agua y  apresudaramente nos acercaron a la orilla. Tras tocar tierra firme, tocaba pagar, y uno de ellos, tras darle la pasta acordada antes de montarnos, nos pide algo más por las gafas. Aquí es cuando empieza el lío. Y es que, cuando uno es turista por estas tierras, intentan engañarle al máximo. El tío pedía más dinero porque decía que las gafas de bucear no estaban incluidas en el precio. Y eso que, antes de montar, le remarcamos millones de veces un ‘ALL INCLUDED, YES?’ mil veces se lo dijimos, a veces más alto, otras más claro. Pero completamente comprensible.

Empiezo a ponerme nervioso porque el tío pesado no para de decirnos que le paguemos, y le alzo la voz, le digo que no tiene razón. Antonio dice que me calme, que le deje a él las negociaciones. Mientras estamos en pleno lío, me fijo en un grupo de locales que había atras: mujeres, hombres, niños y abuelos, todos del mismo clan, del de la barca, chillando y hablando. En especial uno de ellos diciéndole al piloto de la barca cosas, de manera calurosa, mientras el otro nos pedía más dinero; eramos 2 contra un huevo. Hasta ahora nos dijeron que estos sitios eran seguros e hicimos lo que quisimos. Mientras seguíamos con el mismo discurso, cual cinta reproducida en bucle infinito, no le pagamos más ni teníamos intención de ello, y nos fuimos andando por la playa, alejándonos de manera lenta, sin que se notara que queríamos huir, y buscando un sitio para comer y estar relajados. El tío nos perseguía, mientras el jefe del ‘clan’ le chillaba. Por suerte no bajamos la guardia; hasta Antonio abandonó su tranquilidad y templanza para decirle que nos dejara en paz, que lo pactado pactado está y que no trate de engañarnos. Tras casi 20 minutos, o más, dejaron de seguirnos y nos fuimos bastante lejos de ahí,  pensando que seríamos perseguidos, o aniquilados, más adelante. Encima sabían donde dormíamos, joojoojjojoj.

Me quedé con ganas de bucear; nos acercamos a una zona que está tras un arrecife y dicen que hay ‘pescaos y demás’. Tras asentarnos en un lugar alejados del peligro, fui a un puestecito de playa donde alquilan equipo de buceo (snorkel), pillé unas gafas y pagué al chaval, un local de la isla, bajito con pelo largo y teñido rubio donde el sol reflejaba cual espejo. La cara no la describo, son siempre las mismas pero más o menos oscuras, con o sin bigote. Pero son todos iguales. Vuelvo a la zona y me dedico a bucear un rato; deciros que vi más peces que en la isla de marras donde nos llevaron los cabrones de la barca; hasta vi un par de morenas paseando delante mío, que casi me cago en el bañador del susto, menudos ‘moustros’. Salgo del agua, despierto a Antonio de su siesta;  es tarde y tenemos que comer. Devuelvo las gafas en el mismo sitio donde las alquilé, pero había otro tipo, parecido. Se las doy y le dije que le pagué a otro, dice que ‘no problem’ y me  voy. No problem los cojones… Ahora os explicaré.

Aún con la paranoia persecutoria que nos generó el haber peleado con un clan local, decidimos ir a un restaurante donde habían montones de gente local comiendo. Nos sentamos. Llega el camarero, nos da la carta, con los precios repasados; es decir, con un tachón o pegatinas encima. Era la carta para turistas, aún así el precio no era alto. Pedimos la bebida mientras decidimos qué comer, hacemos la comanda. El tío dice ‘ok, ok’. Se va, pasan 15 minutos, vuelve. Con la bebida a medias y con un hambre que te cagas sólo le esperábamos de vuelta con platos; pues no, nos comunica que no cocina. Que la cocina se ha cerrado y que no cocina, sus huevos. Nosotros flipando, le preguntamos que por qué, si aún salen platos. El tío se ralla, se mete para adentro, habla con más gente. No sabemos que pasa. Vuelve de nuevo y nos vuelve a dar las cartas. Antonio y yo nos emparanoyamos, demasiados sucesos en tan poco tiempo. No nos fiamos un pelo, a la vez que nos salen esas carcajadas de risa que no se puede contener por el ‘sin sentido’ de situación y lo cómica que resulta. Amén de hacer gracia y sarcasmo sobre nosotros mismos, y sobre cómo nos verían los locales, unos pimpollos dispuestos a ser desplumados por los habitantes de la zona.

Esto no es todo, mientras pasa eso llega una tercera entidad, llamémosle así, de locales. Esta vez es un hombre mayor con otro. El hombre mayor habla, me pregunta a mi si he pagado las gafas de bucear, sí aquella que alquilé hace un rato y las pagué a un chaval y cuando volví había otro. A punto de írseme la pinza, Antonio me ve y me dice que me calme, que no pasa nada, que dialoguemos con serenidad. Gracias a eso y a respirar profundamente le digo: ‘my friend, of course I’ve paid that’. Me pregunta que a quien le he pagado, le describo físicamente al cabroncete que le pagué. El tío se pira, y me trae a un chaval casi igual pero no el mismo, le digo que ese no era y con total serenidad le aseguro que pagué a otro, que aquí no estamos para robar ni joder. Por suerte se pira con indicios de no volver más. A su vez, hacemos bomba de humo; salimos del restaurante echando ostias, hacia la carretera, para pillar un tuc-tuc e irnos lo más lejos posible. Ya eran demasiados líos en una mañana XDDDDDDDDDD

Y, gracias a todo esto, encontramos el camino a seguir. Porque, una vez más, se reafirman frases como la de ‘no hay mal que por bien no venga’. Nos fuimos a la zona donde están todos los bares, locales y zona de surf para principiantes; la mayoría de extranjeros vienen a esta playa. Y lo corroboramos cuando llegamos; apenas gente local, todo extranjeros. Jojo, se ve que nos gusta involucrarnos, nuestro hotel está en la zona local y aquí está la zona de turistas y extranjeros.

Muertos de hambre, nos sentamos en uno de los restaurantes de playa, a escasos 20 metros de la orilla. Eran las 4 de la tarde. El sol caía tras el mar, nos fijamos y vemos numerosos surfistas con su tabla, esperando olas. Mientras comemos, charlamos sobre el surf y lo que debe molar. Era tarde, pero nunca es tarde para muchas cosas. Decidimos probar el surf; queríamos saber qué se sentía. No teníamos ni puta idea, bueno yo; Antonio ya practicó un poco y me explicó un par de cosas. El mar estaba calmado  y entramos en la zona de principiantes, unas olas perfectas para el aprendizaje, y sin peligro ninguno porque el fondo es de arena y no hay corrientes fuertes.

Zampamos lo justo y sin hacer digestión nos metemos dentro, por suerte hacía mucho calor y no había peligro de corte (sí, ese mito de las madres, que dicen que después de comer tienen que pasar 2 horas para que no te pegue un corte de digestión y morir). Alquilamos unas tablas de surf por 2 euros la hora, el tío nos preguntó si sabíamos, le dijimos que no pero que no pasaba nada, que nos fijábamos en otro. Apenas nos explicó un par de cosillas y nos metimos adentro.

¿Os digo una cosa? En mi vida he visto algo tan sufrido como los inicios del surf, los primeros minutos, sobre esa plancha de fibra de vidrio, y tú intentando mantener el equilibrio para no caerte hacia los lados, mientras remas con los brazos para adentrarte en el mar, tragando agua, comiéndote olas y cayéndote una y otra vez. Pensé si realmente era tan grata la recompensa como para aguantar todo esto, esta lucha contra el mar.

Llega la primera ola, y nada, la segunda tampoco, y así. tan sólo conseguía cogerlas acostado con la panza sobre la tabla. Hasta que por fin, la última pude ponerme de rodillas. En 1 hora, conseguí medio levantarme pero antes de caerme me quedé de rodillas sobre la tabla. Mi primera ola xD

Entonces, empecé a descubrir el rollo del surf. Lo que engancha. Una vez pasas la barrera de la ola rompiendo, entras en un pequeño vaivén hasta que te vas situando para coger la ola. Mientras tanto, esperas, relajado, mirando hacia el horizonte. Sin pensar en nada, concentrándote en qué ola tienes que coger. Desconexión total en un medio totalmente natural,  nuestros orígenes, el mar.

Decir que a partir de la tercera ola y tras charlar con un surfero español que andaba de vacaciones por ahí, el cual me explicó un par de técnicas, conseguí mantener el equilibrio acostado sobre la tabla. Ya podía remar tranquilamente, y fondear esperando las olas. Eso si, ahora entendí por qué los surfistas tienen esos brazos y espalda, todo el día remando te ponen como un toro,¡¡ madre mía !!

Agotados tras nuestra increíble experiencia, ambos hacíamos alusiones a cómo empezó el día, con miedo a ser degollados por los locales y tras mil enfrentamientos, ver cómo un día de mierda puede convertirse en algo maravilloso.

Ese mismo día, conocimos a un grupo de valencianos. Nos dieron una alegría, ver a gente de tu tierra fuera mola. Mientras comíamos, un local y relaciones públicas, nos comunicó que había una discoteca con una fiesta-rave con música electrónica; no me acuerdo del nombre, pero vamos no tiene pérdida, si algún día vais, sólo hay 3 discotecas en Hikkaduwa. Les comentamos a los valencianos que fueran y dijeron que sí, que allí nos veríamos por la noche.

Camino al hotel, hicimos unas paradas de rigor en tiendas, comprando de todo un poco. Bañadores, pulseras, camisetas, etc. Dudábamos de nuestra capacidad en las maletas ante tanta compra. Llegamos al hotel y nos dio tiempo a descansar un poco, una ducha, embadurnarnos de spray anti picaduras de mosquito e ir a cenar.

Y de repente, lluvia. Y no llovió de la manera a la que estamos acostumbrados. Madre mía qué tromba de agua… increíble. En pocas palabras, el clima nos ofreció un poco de lo que era el monzón. Estás tan tranquilo, y de repente el cielo empieza a echar agua a cántaros; lo mejor de todo es que sigues con una temperatura de 29 grados y no tienes frío, pero te mojas de una manera increíble, pues no hay balcones.

Después, fuimos a la discoteca a ver qué se cocía. La entrada, oscura. Unos seguratas indicando la entrada; muy simpáticos, sería porque somos turistas y nos íbamos a dejar los cuartos consumiendo. Una casa, justo enfrente de la playa, a escasos 5 metros, con una barra, pista de baile y mesas alrededor. Una tienda para comprar cosas y unas escaleras que subían a un chillout. Y un DJ, poniendo temazo tras otro de música electrónica minimalista. Por un momento mi cerebro viajó a MetroDanceClub, en Bigastro, Alicante. Ahí estábamos, a 8000 kms de casa, de fiesta. No puedo quejarme de NADA.

Hicieron acto de presencia los valencianos, charlamos un poco con ellos, buena gente. De las chicas, nos olvidamos. Aparte de pocas, como os dije en otra ocasión, se ve que cuando se van tan lejos de su país, les gusta probar lo exótico, lo diferente. Y todos los locales guaperillas (por llamarlos de alguna manera) con el pelo teñido de rubio platino, se las llevaban de calle. Una buena noche, unos bailes, un día más fuera de casa, viviendo experiencias inolvidables. Y aún faltaba más por llegar. A la mañana siguiente, tocaba poner rumbo a Ella, un pueblo perdido, tirando hacia el centro de Sri Lanka. No sin antes pasar por algún sitio curioso que otro…

Aquí os dejo, como de costumbre, el enlace al álbum, y no os perdáis por favor el vídeo, que está a lo último de todo. Buena música. Un abrazo a todos/as.

2011-12-03 Sri Lanka – Otro dia mas en Hikkaduwa

Sri Lanka: El paraíso en la tierra (I) Llegada a Colombo y desplazamiento a Hikkaduwa

Apenas aterricé de Jordania, el 27 de diciembre, y ya tenía en mente el siguiente viaje. Me apetecía visitar una playa paradisíaca, algo exótico y medio  lejano, aprovechando la ventaja de encontrarme en medio del medio oriente (valga la redundancia) y tener vuelos a casi todas partes del mundo a un precio módico, el destino estaba medio decidido.

Este viaje no iba a hacerlo solo. Antonio, el becario regional de Cámara Galicia, contaba los días que le quedaban en la oficina con los dedos de las manos. Aún le quedaban vacaciones y hablamos sobre una escapada. El vino el 28 de noviembre, debido a que se quedó con los otros becarios regionales 1 día más por Jordania, aprovechando para visitar Israel. Qué dedcir que tuvieron problemas en la frontera pero, nada que no pudieran solventar jeje.

Cierto es que apuramos bastante la compra de billetes, teníamos el vuelo para el 2 de diciembre y los compramos al día siguiente de venir Antonio. Qué decir que los vuelos con la compañía de ‘low cost’ ya no eran tan low cost por su proximidad ante fecha, y escogimos por comidad tanto de horarios como de avión, a la compañía aérea local, EMIRATES.

Emirates es más que una compañía, es una institución aérea, que mima tanto a su cliento como a su empleado, haciendo que cada viaje sea una nueva experiencia. No, no soy comercial de Emirates, esta gente ya sabe venderse sola, pero es que con ellos… sólo tengo buenas experiencias. Compramos un vuelo directo a Colombo, la capital de Sri Lanka, por unos 250 € ida vuelta. (De España a Colombo cuesta unos 840 € ida/vuelta).

Allí, en las afueras de Colombo, tras aterrizar en el aeropuerto, nos esperaría nuestro guía. Su nombre, Sumith, un ‘chaval’ de 28 años (aprox.) que tiene una agencia de turismo y viajes. Contactamos con él gracias a Raúl, el analista de mercado de nuestra oficina; hace años, cuando viajó allí, usó como guía a esta persona. Como todo salio bien, se guardó el contacto y, cada becario que ha ido a Sri Lanka, ha contactado con él para realizar cualquier visita guiada, o desplazamiento por la isla, con la ayuda de Sumith.

Como decía, tras llegar al aeropuerto sobre las 8 de la mañana y recogernos, nos dirigimos rumbo a Hikkaduwa, un pueblo al suroeste de la isla, donde descansaremos 2 días, de los 5 que tenemos planeado pasar en este país, en un enclave único de playa, mar y olas, frecuentemente habitada por surferos durante la estación de surf (que dura unos 6 meses, debido a las mareas y demás historias de mar). Qué decir que coincidimos con el comienzo de la misma.

Mi sensación tras montarme al coche y ver todo aquel verde fue de asombro. Era la primera vez que estaba en un clima tropical. Recuerdo que no paré de hacer fotos a todo aquello que se movía; la gente, su manera de conducir, su manera de mirarte… perros, vacas, palmeras, cocoteros, más fruta tropical, más playas paradisíacas, templos, budas, etc. Asombrado me hallaba, echando fotos sin parar.

Y es que este país es … tan, tan diferente. Una cultur totalmente diferente a la nuestra, y se refleja en todas partes. Sobre todo en una de ellas, la conducción. ¿Por qué necesitamos el guía? Veréis, esta isla, cuyas ciudades o urbes están conectadas por una carretera de 1 carril para cada sentido, alberga mucho tráfico. ¿Cómo sortean el tráfico, si no hay vías alternativas? Pues sacando carriles de donde no hay. Me refiero a que, donde caben 2 caben 3, y cosas así. Me pilláis, ¿no? Vale, os lo explico más detalladamente con las normas que ellos siguen, al pie de la letra. En una carretera de 2 carriles, para conseguir fluidez en la misma, si un coche va más rápido que el que tiene delante, éste tiene que adelantarle SI O SI. ¿Cómo? Pues asomando por la mediana hasta encontrar el momento. El momento es relativo, aunque parezca que no sea seguro, se apuesta fuerte y adelantan aunque por delante venga otro. Por suerte, ese coche en dirección contraria se aparta, un poco, para caber 3 donde caben 2. A su vez, los ‘tuc-tuc’ (una especie de vespas de 3 ruedas, parecidas a motocarros, para transportar personas) pueden adelantarte por la izquierda. Estos vehículos usan el arcén para adelantar, respetan, pues la mediana ya está siendo utilizada por coches normales. No os extrañéis que mientra os adelante alguien por la derecha, por la izquierda lo haga un tuc-tuc.

Bien, ya llevamos… 4 filas de vehículos en una carretera con 1 carril para cada sentido: el coche que viene, el coche que adelanta, el coche que viene de frente y tiene que esquivar al que adelanta, el tuc-tuc por la derecha del coche que viene, y también otro tuc-tuc por carril contrario, muy pegado. 5 filas de vehículos. ¿Creéis que esto es todo? Nooooooooo!!!!!! En esta isla también viven animales. Lograremos ver en cantidades abundantes a vacas y perros. Y te preguntarás por qué hablo de ellos, pues bien. Resulta que ellos también se mueven y caminan, por la isla, y usan el arcén así que, dichos animales pasan a ser una parte más del escenario de adelantamiento de coches, tuc-tuc y demás historias. Por lo tanto, a veces nos encontraremos con 7 filas con contenido vario, en un sitio donde tendría que haber sólamente 1 coche para cada sentido. Cuando acabó el viaje conté las veces en las que podía haberme ido al otro barrio; unas 3242239049034903.

Después de esta ‘breve’ descripción de cómo conducir por Sri Lanka, lo recomendable es que nos cojamos un guía, porque seguro que no tendremos la misma fluidez que ellos tienen para conducir y desenvolverse en este entorno tan diferente al nuestro.

Camino a Hikkaduwa, hicimos una paradilla en un zoo de tortugas. Aquí las mantienen en cautividad porque hoy día con la vida moderna, están en peligro de extinción. Estas tortugas son patrimonio de la humanidad y cada visita que se realiza a este centro, cuando pagamos, ayudamos a que sigan conservando la especie. Son muy bonitas. Y deciros que no se si es leyenda urbana pero, las tortugas se comen a las medusas, y últimamente hay un montón y estoy hasta el gorro de que me piquen. Ojalá hubieran más!

Nos despedimos de los amistosos personajes del zoo de tortugas para seguir nuestro camino. Hago fotos sin parar… a todo lo que se mueve y lo que no se mueve. Quiero que todo lo que vea se plasme en mi retina y a su vez en formato digital. Esto sólo se hace una vez en la vida. Paramos cerca de un Buda enorme, uno de los 203492309423904 templos que tiene la isla, es el primero que interceptamos, toca foto de rigor pues.

El camino no se hizo muy largo, la furgona tenía, en la parte de atrás, 2 sillones implantados, que hacían del viaje una gozada, pues se podían reclinar y poder estirar las piernas para sobar. Aprovechando el cojín que nos apalancamos del vuelo de Emirates, nuestros viajes en coche fueron bastante cómodos.

Ya llegamos a nuestro destino; un hotel llamado MAMAS, o al menos eso ponía en la entrada. Un rancio olor a marisco invadía la entrada; 4 rusos devorando 3 enormes bandejas del mismo, y un ‘staff’ sonriente y dándonos la bienvenida. Nos despedimos de Sumith hasta la tarde, ahora tocaba dejar la maleta y disfrutar de la playa, situada justo enfrente del hotel.

Fuertes corrientes en un mar cristalino; esto no es el caldo del Mar Mediterráneo, si no el océano índico…aquí no hay que perder de vista dónde uno nada. Impresionante la fuerza del agua, llevándonos hacia adentro, y teniendo que nadar en diagonal para avanzar, nada de ir de frente luchando contra la corriente, si no uno se agota y puede llevarnos a una situación angustiosa.

Serían las 3 de la tarde y nos echamos una siesta en aquella playa paradisíaca, rodeado de gente que quería vendernos cosas. Ahí ya empezamos a notar el mercadeo y la trama ante el turista. Una vez más, y después de lo vivido en Jordania, me sentía como un ser humano con cabeza de pollo a la vista de los autóctonos. esperando a ser engañado una y otra vez y teniendo que regatear hasta el límite. Nos vendieron desde viajes de buceo y barco con cristal para ver el fondo marino, hasta gafas y aletas para bucear, camisetas, y un largo etc.

Caía la noche y aún no habíamos comido. Aquí fue nuestra primera, y no última, cagada de turista hambriento. Decidimos no movernos del sitio para ir a comer. Nos sentamos y pedimos la carta. La especialidad del restaurante era ‘seafood’ (marisco). En ese momento nos llega a la mente aquella imagen de los rusos devorando varias bandejas de gambas, cangrejos, etc. Al cambio eran unos 20 euros por barba, 40 euros en total. Tampoco era mucho para una mariscada como tal, por lo tanto aceptamos y la ordenamos.

Tras una larga espera, vemos que sólo nos trae una bandeja, no varias como habíamos visto a los rusos. Y es que pecamos de inocentes y de hambre, la cual no te deja pensar a veces. Pensamos que con los 20 euros por cabeza nos traerían lo mismo que a ellos pero, hasta ese momento no supimos que los rusos pagarían 3 veces más lo nuestro por semejante festín. No estuvo del todo mal pero hay que decir que yo creo nos jugamos el tipo, comiendo pescado de un sitio donde la limpieza brilla por su ausencia.

Sumadle la caída del sol, el anochecer, y los mosquitos, que hicieron su aperición, y se unieron a la cena, pero no a la del marisco, si no a la de mi cuerpo, me merendaron vivo. Picaduras del tamaño de balazos. Acabamos prontito y nos fuimos rápidamente a la habitación a ducharnos y ponernos el repelente de mosquitos; no quería que me tocara la lotería con el premio gordo de Malaria. (Nada usual y raro que pase, pero por si acaso).

Tras la ducha y el embadurnamiento de repelente de mosquito, nos dirigimos rumbo a la oficina de Sumith, para concretar los destinos del viaje y el precio del mismo. De camino, nos distraemos con las tiendas que tiene la única calle principal del pueblo. Como productos estrella están los bañadores falsos, a 3 euros la pieza (regateando) y las tiendas de souvenirs surferos (pulseritas, collares, etc…)

Después de una charla con Sumith, sobre el recorrido del viaje, seguimos viendo tiendas, a cada cual más curiosa, y fuimos a cenar. Nos movíamos en tuc-tuc. Antes no lo dije pero, es un vehículo típico de la India y demás países colindantes, bastante majo para moverte en distancias cortas y en sitios calurosos. Nada más sentarnos a cenar y ver los precios, nos vino a la mente el precio que habíamos pagado por la mariscada de la comida. Y es que, en el lugar de la cena, nos hartamos a comer por unos 4 euros por cabeza, ¡en primera línea de playa! Vamos que, con los 40 euros que pagamos por la ‘mariscada’ a los del hotel donde nos hospedamos, les pagamos 4  sueldos de un mes, seguro.

Habíamos oído hablar de fiesta en el pueblo, Javi, antiguo becario PromoMadrid, visitó Sri Lanka antes que nosotros, y nos comentó que habían un par de garitos de marcha. Preguntamos al ‘driver’ del ‘tuc-tuc’ dónde había fiesta, y con una sonrisa de oreja a oreja, asintió con la cabeza mientras decía giiiiiirrrrrlsssss, paaaaaartyyyyyyyyy, y un sinfín de vocablos que apenas podíamos entender. Nos llevó a lo que es una especie de hotel-restaurante con una discoteca al aire libre. Los turistas eramos más que bien recibidos, mientras los locales eran revisados de arriba a abajo en la entrada. 3 porteros nos dieron paso.

Allí se reunían tanto locales, como turistas. El turista suele ser hombre, surfero, que ha venido a probar las olas de Sri Lanka, o está de paso para visitar todo el país y hace como nosotros, quedarse unos días antes de ir a ver templos y demás. Aunque por lo que vieron mis ojos, el perfil era de ‘surfero’, bebiendo y relajándose para amanecer al día siguiente y esperar más olas en el mar. Música techno, buen rollo por norma general y ambiente distendido reinaban el local. Las chicas, curiosamente, todas aquellas rubias de Europa, Australia, y demás, estaban emparejadas con locales. Y es que hay una leyenda que, las inglesas, australianas y demás, cuando van lejos de su casa, amén que pierden el norte  cuando beben (eso lo sabéis muchos de vosotros), se muestran interesadas por el ‘producto local’. Intentaré haceros una descripción del autóctono de Hikkaduwa: chavalitos jóvenes, piel morena tirando a negra como el tizón, estatura media-bajita, fuertecillos, pelo negro largo y ondulado a lo surfero, y bigote. Sí, bigote, no me preguntéis por qué. Los más modernos se tintaban mechas, o directamente, todo el pelo tintado de rubio. Cierto es que es algo exótico… y quién sabe, eso despertaba interés en las turistas.

Total que, se hacía tarde y teníamos que volver al hotel para dormir ya que al día siguiente probaríamos el snorkel, surf, compras, y más playa. Os recuerdo que aquella tarde salimos alegremente del hotel, dejando llave en recepción, pensando que era 24h, como en todo hotel ‘normal’. Pero claro, estamos en otro país, y fallamos al no preguntar. Sorprendidos a la vuelta nos encontramos el hotel ‘cerrado’. Lo entrecomillo porque cerrado para ellos significa apagar las luces y volcar un par de mesas en la entrada para dificultar la entrada xD

Un perro nos dio la bienvenida, pero claro, el no tiene las llaves, y tampoco tendrá idea. Vimos alguna luz de habitación enchufada pero pasábamos de tocar. A esto que venían 3 sombras desde la playa, botellas en mano y hablando de manera calurosa. Eran 3 locales. Les preguntamos por qué está cerrado, si saben algo. Se ríen, preguntan de donde somos, y… ¡sorpresa! Se flipan al saber que somos de España. España y su fútbol, tanto que me quejo de él como adoctrinamiento de masas, pero qué ventaja y buen rollo me está dando por el mundo. ¡No os lo podéis imaginar!

Después de charlar un ratillo, centramos la conversación en cómo poder dormir en nuestra habitación. Uno de ellos dice que sabía dónde vivía la dueña del hotel. Total que Antonio, valiente él, decidió pillar un ‘tuc-tuc’ e irse con uno de los 3, mientras yo me quedé con los otros 2, en medio de la noche, y en la puerta del hotel ,esperando que Antonio trajera alguna buena nueva. El tiempo pasaba lentamente. Tardó un rato en venir, dando la noticia de que a la casa que fue ni le abrieron ni nada. Tras despedirnos del grupillo de los 3 locales, los cuales nos desearon buena suerte, decidimos ir más allá y tocar a una habitación iluminada que había en la planta baja, justo al lado del restaurante. Aporreamos bien fuerte… ¡MILAGRO! sale un chavalín de los que curra en el hotel-restaurante, con la cara echa un cromo. Le comentamos lo sucedido, pero no tiene ni pajolera idea de inglés. Total que con señas y demás, le indicamos que somos inquilinos de la habitación de arriba. Lo conseguimos, evitamos dormir aquella noche en la playa. Creerme que calor hacía, pero mejor dormir tapado y no a merced del clima y de los mosquitos.

Así acabó este largo día, el cual pensábamos que dio mucho de sí. Pero no sabíamos que el día siguiente, aún nos esperaría muuuuuucho más…

…To be continued

Álbum de fotos aquí:

2011-12-02 Sri Lanka – Llegada a Colombo e Ikkaduwa primer dia

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (IV) Visita a la capital, Amán

Y, muy a mi pesar, llegó el último día, de este estupendo viaje, aprovechado al 110% y encima sin gastar días de vacaciones, pues nos fuimos en el típico fin de semana ‘largo’, cuando el día antes o después suele ser vacacional. Momento perfecto para pirarse y visitar algún país cercano.

aman 1

Aquella mañana nos levantamos en Wadi Musa con las ideas claras. Después de pelearnos con la ducha de mierda una vez más y despedirnos de la dueña del hotel, no sin antes rallarla un poco más, abandonamos la ciudad. Mis compañeros iban a seguir el viaje por Oriente Medio y proximidades, concretamente a ellos les tocaba Israel, iban a visitar Jerusalén. En mi caso, yo ya me volvía a Dubai, no quería gastar días de vacaciones, debido a que hay que aprovechar lo máximo posible estos días para escaparse en verano (Ramadán, 50 grados y demás). Aunque… si lo llego a saber, me quedo y podría haberme puesto la medallita de visitar Jerusalén, tierra santa y conflictiva a su vez.

Volviendo al hilo, como ellos iban a visitar Jerusalén y yo tenía que volver, tenían que ‘soltarme’ en Amán o alrededores. Amán es la capital de Jordania, la ciudad más poblada del país, con unos 2 millones de habitantes, el centro administrativo y económico del país y una de las ciudades más antiguamente pobladas del mundo. Como buena capital tiene tráfico, pero si le sumamos que andamos por Oriente Medio, creedme que el tráfico se multiplica a niveles de escándalo.

En consecuencia del tráfico y por recomendación de varias personas, volvimos de nuevo al pueblo donde dormimos la primera noche, Manaba, ya que es el pueblo más grande cerca de Amán, donde existe una línea de bus que conecta el pueblo con la capital. Goza de una buena conexión y apenas hay tráfico. Aquí podría hacer un inciso, explayándome acerca de ‘buenas conexiones, poco tráfico y demás cualidades positivas de los países en Oriente Medio’. Aquí lo bueno es equivalente a algo medio kaótico en España. Para que os hagáis una idea, el autobús no tiene paradas fijas, va parando donde ve gente. Total que para no perder horas entrando a Amán, decidimos parar en Manaba para soltarme y que cogiera un bus de línea.

Y es aquí cuando espero entre en juego vuestra imaginación; porque no os podéis imaginar el cuadro de estación de autobuses en el que me encontré. Imaginaos la estación de autobuses más sucia de España, ¿ok? Sumadle más suciedad, y más y más. Ahí ya os vais aproximando a haceros una idea de como era esa estación. Sumadle gente, mucha gente,  la mayoría hombres, todos mirandote, pensando qué coj***s hace un tío con una Samsonite de mano mirando hacia todas partes buscando la manera de llegar a Jordania. Lamentablemente no tengo fotos de ese momento… una pena.

Momentos antes de despedirme de mis compañeros, y tras haber encontrado el bus que te transporta a Amán, les dije a mis compañeros que esperaran un poco, que me estaba haciendo pis y que si podían esperar al lado del bus mientras buscaba un bar. Iluso de mi, no encontré ninguno, y empezaba a ponerme nervioso por si el bus se iba sin mi, y  vete a saber cuándo volvía el otro. Total que ni corto ni perezoso, me metí al portal de una casa donde el tío que habitaba tenía montada una especie de cafetería con una tetera y le pedí por favor si tenía aseo. No disponía de aseo ahí, pero me abrió su casa para ir al suyo. Pasando en medio de su familia y saludando, un ‘guiri’ como yo irrumpiendo por ahí usando su aseo.  He de decir pues, que se cumple la ‘leyenda’, que en esta cultura, son muy amables y serviciales, incluso me ofreció té, pero le di la gracias y le dije que tenía prisa; el bus se me escapaba.

Total que, cuando vuelvo de nuevo, veo a estos con mi maleta pero sin el autobús a sus espaldas. Resultó que el bus se fue; claro, yo pregunté si era el bus destino Amán pero no cuando salía. Por suerte, había salido un minuto antes, y gracias al tráfico, aún seguía cerca. Los ex-becarios regionales me indicaron con el dedo, por dónde iba el autobús y, despidiéndome de ellos, a su vez, empecé a correr para ver si podía pararlo y poder subir. Una despedida fugaz, pero sabía (o esperaba) que iba a verles de nuevo. Ellos se fueron pensando si llegaría o no, porque menudo cuadro. en la situación y en qué sitio más raro me encontraba.

Pegué un chillido al conductor, el autobús paró y tuve que saltar 2 charcos para subir al mismo; 2 charcos que si uno cae ahí y accidentalmente le pega un trago a esa agua, no sale vivo. El autobús siguió su recorrido mientras yo tomaba asiento, le pregunté al ‘autobusero’ cuanto valía, para pagarle, pero me hacía un gesto con la mano, indicando algo como ‘pagar más tarde’.

Pregunté al abuelete sentado atrás mío, el cual el cabroncete se ve que iba acalorado de más y sólo hacía que abrir la ventana de par en par, con 7 grados fuera y haciendo que entrara una ‘brisa’ de lo más fresca, si este bus iba dirección a Amán, me afirmó y ya me quedé tranquilo. Porque un viejo es igual a sabiduría (o eso dicen).

Las primeras experiencias nunca se olvidan, y verte en un terreno completamente diferente, con gente que no habla ningún idioma el cual tú conozcas, hace que la experiencia sea más vital si cabe, y se aproxima a una aventura, por el hecho de ir abriéndote paso ante pequeñas dificultades, véase idioma, entenderse con el que tienes enfrente, que no te timen, y un largo etc.

Desde un pueblo que está a 25 kms de la capital, tardé casi 2 horas en llegar, a la estación de buses norte de Amán. Sufrí el arduo tráfico de la ciudad, agravado aún más por una pequeña manifestación. El objetivo era ver algo de la ciudad antes de coger el vuelo a las 9 de la noche. Me recomendaron visitar las ruinas ciudadela romana de Amán.

Bajé del autobús con hambre y me dirigí a uno de esos característicos puestos de bocadillos y shawarmas, pedí uno y me dirigí a la zona de los taxistas, los cuales ya me echaron el ojo nada más bajar del autobús; llevar una maleta de mano y mirar hacia todos lados, hace que apestes a turista. Les indiqué que quería visitar la ciudadela y entre ellos se pelearon, ofreciendo uno de ellos el mejor precio, mientras los demás se cagaban en él, en su idioma, pero por las miradas, haciendo aspavientos con los brazos y su lenguaje soez se podía intuir lo que le decían al taxista que ofreció el mejor precio. Amablemente, me acercó a las ruinas de la ciudadela romana de Amán y me dio su tarjeta, para que llamara cuando acabara; se ofrecía a llevarme por la ciudad y darme una vuelta turística.

La ciudadela es muy muy bonita, pero como toda ruina, no se conserva en buen estado, si bien te da la impresión de lo que hubo ahí construido una vez. Una pequeña ciudad, con su zona de mercadeo, su palacio, iglesia, baños romanos, etc. Todo bien explicado. Hice unas cuantas fotos, se respiraba un ambiente tranquilo, pues estaba en la parte más alta de la ciudad, sin apenas tráfico, en una especie de loma/montaña. Supongo que tomo toda ciudad antigua, en la parte más alta de la ciudad y amurallada, para que las posibles invasiones fueran más difíciles de producirse o contrarrestarlas.

También entré al museo, donde guardaban muchos objetos extraídos de excavaciones cercanas. Entre ellos, las reliquias de dicho museo aparecieron ante mi; unas estatuas que databan del 6500 A.C (!!!!!), son las primeras esculturas conocidas que han sido creadas por el hombre, y son realmente inquietantes, una de ellas con 2 cabezas. Te quedas mirando a esos ojos y te quedas rallado, qué pensarían o verían para realizar dichas esculturas. ¿Aliens? 😀

Finalicé la visita a toda la ciudadela y me dirigía a llamar al taxista, cuando nada más salir por la puerta, me abordaron unos cuantos de ellos, que estaban por la puerta. Tras escuchar mi petición de bajar a la ciudad y visitar alguna zona turística más, uno de ellos destacó entre todos, soltando el mejor precio e indicándome una ruta turística hasta dejarme en el aeropuerto. Por 25 euros, este hombre me ofrecía bajar al centro y comer juntos el típico plato jordano, visitar la ‘mezquita azul’, visitar el museo de coches del rey de Jordania y llevarme de vuelta al aeropuerto, que estaba a las afueras. Eran las 13:00, el tiempo apremiaba pero su serenidad me asombró, al preguntarle si me iba a dar tiempo a todo eso. El me dijo: ‘por supuesto’. Confié en él y os he decir que me salió bien.

centro pueblo

Tras la típica charla que se suele dar en estos países sobre Barcelona o Real Madrid, nos dirigimos a comer. Él me dijo que me esperaba fuera, yo no me fiaba del todo; lo que hizo fue dejarme las llaves de su taxi mientras comía. Automáticamente me fié de él. Tras zamparme un gran plato de arroz con carne y una especie de salsa de yogurt, nos dirigimos rumbo a la mezquita azul, antes del rezo de la tarde.

Esta mezquita es la más grande de la ciudad, es bonita por fuera y está abierta al público. Iba a ser la primera vez que accedía a una mezquita, expectante me hallaba ante lo que me podía encontrar dentro. Un misterio, revelado momentos después. Tras quitarme los deportivos ,accedí dentro de la mezquita, pisando la gran alfombra que cubría el suelo. Una gran bóveda con una inmensa lámpara colgada sobre mi cabeza, y un espacio abierto a todo musulmán que tiene que rezar, mirando a la meca. En un lado, el puesto donde el Imán (el que reza y guía a los demás) se sitúa y narra párrafos del Corán.

No se por que, había una persona rezando. Desconozco si se puede ir a toda hora que uno quiera; yo supongo que si. Será como cuando te acercas a una iglesia y rezas o te confiesas… o algo así xD

Tras acabar la visitilla y comprar un par de souvenirs en la tienda abajo de la mezquita, le echo un ojo al edificio que tenía enfrente y, mi sorpresa es que me encuentro una cruz más alta que un piso de 5 plantas. Sí, en efecto, era una iglesia cristiana ortodoxa, justo enfrente de una mezquita. Y es que en Jordania, concretamente en Amán, conviven varias religiones, sin conflictos.

Quedaba la última visita por realizar, acercarnos al museo de coches del Rey de Jordania. Esta sección podría ir dedicada a mi querido amigo Antonio, que se encuentra trabajando en Suiza y es un amante de los coches, su pasión. Resulta que tanto el rey como su hijo son unos apasionados al motor, rallyes y demás deportes relacionados con el motor. Y como buenos reyes, disponen de coches, o más bien dicho, cochazos. Pasando desde clásicos, por modelos únicos creados para ellos, coches blindados y acabando por los típicos ferraris, porsches, que si tienes un poco de dinero suelto en el bolsillo, puedes comprar. Mención especial a modelos únicos, como aquel mercedes que os muestro en una foto… en mi vida he visto algo tan exclusivo.

Así, tras finalizar la ruta por este bonito museo, el taxista me esperaba, para llevarme camino al aeropuerto. Íbamos sobrados de tiempo pero, no nos fiábamos del tráfico. Llegué una hora antes de lo previsto, la cual la gasté dando una vuelta por el inmenso duty free, lleno de productos del mar muerto, barros y demás productos de belleza. Cené en un pizza hut (¿he dicho que me sus pizzas me vuelven loco?). Pagué al taxista, me despedí de él, no sin antes aceptar su tarjeta de visita, y me comentó que diera sus datos de contacto a todo aquel que se plantee ir a Jordania; pues hace más servicios turísticos. A mi me cuidó bien, y en este tipo de países, tener a alguien que te haga las cosas bien, sin ‘movidas raras’, es siempre bien recibido.

Porque, aunque haya estado en un país que geográficamente se parece mucho al nuestro, su cultura es completamente diferente… ¿o no? Tras 3 días, y viendo lo que está pasando en España y lo que suele pasar por nuestro país… creo que hemos heredado la picaresca de nuestros amigos los árabes, aquellos que estuvieron en España durante 800 años.

Salió el avión, vuelta a Dubai, a trabajar de nuevo. Trabajar pero sólo 5 días, pues se acercaba el siguiente viaje programado. Sri Lanka: Un paraíso en la tierra.

Enlaces al álbum de fotos de este artículo:

2011-11-27 Jordania – visita a la capital Amman

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (III) Petra, la ciudad eterna

Y nada más entrar por la puerta de mi nuevo hogar, el cual está justo enfrente de la Sheik Zayed Road (la autopista principal de Dubai, que la cruza desde una punta a la otra) andaba buscando el silencio. Silencio que, aún con ventanas de doble cristal y termosellado, enontrarlo es difícil; porque tener una autovía enfrente, con 6 carriles hacia cada sentido, hace que el ruidito de los coches se escuche aunque sea lo más mínimo.

A excepción de la villa, la cual está aislada’ en una zona residencial, y tan sólo el silencio era perturbado por el ruido de ferraris y demás coches potentes chirriando ruedas, o por las fiestas de la villa 1, el silencio sí existía a la hora de dormir. No como en mi nuevo piso, donde cuesta encontrar el silencio. Es más, en ningún punto de Dubai he encontrado el silencio absoluto, como gran ciudad que es y debido al gran ajetreo diario que contiene.

Hago todo este análisis porque, viajando por estos lares, he descubierto el silencio. El silencio es aquello que aparece cuando no hay ruido, cuando no hay nada. El silencio se siente y se puede contemplar, y va acompañado, normalmente de paisajes naturales, no explotados por el hombre, donde el aleteo de un pájaro o una leve pisada se puede escuchar (lo del aleteo de un pájaro ha quedado guay, eh?). Pude contemplar y sentir el silencio en Petra, la ciudad eterna, sólo corrompida por los turistas, pero aún hay sitios donde pocos llegan y, depende de la hora, puedes estar solo, contemplando la inmensidad y sintiendo el silencio.

Wadi Musa es la ciudad más cercana a Petra. Una pequeña ciudad, que podríamos llamarlo pueblo, donde encontrarás de todo un poco, excepto mujeres (tónica general en Jordania). Me impactó el hecho bastante; de cómo ver a todos aquellos hombres reunidos, comiendo en la calle, fumando shisha, charlando, pasando el tiempo… y ninguna mujer en la calle. Cuando digo ninguna es NINGUNA. Todo esto a partir de media tarde. Supongo que en esa zona se lleva a ‘rajatabla’ la cultura árabe, y ellas apenas salen de su casa; o no se qué estarán haciendo pero os digo de verdad que no vimos ni una mujer por la calle. Las únicas, alguna que otra turista alojada por el mismo motivo que nosotros.

En esta ciudad, como de costumbre, podrás comer los mejores shawarmas y platos típicos de la zona. A mi me pierden, o sea, me vuelven loco estos platos, hechos a la leña y brasas, con un sabor excelente y, ese toque picante del chili y demás especias. Joder, tan sólo de recordarlo, me ruge el estómago.

Aquella mañana nos despertamos con unos ‘agradables’ 3 grados centígrados; acostumbrados al calor de Dubai, fue un poco chocante, encontrarse de repente en pleno clima montañoso invernal. Suerte que me compré la Columbia, tirada de precio en el Dubai Mall. Gente, si venís aquí no dudéis en preguntar por ropa de nieve, que está a un muy buen precio.

Javi y yo fuimos a buscar comida para aquel día; nos pedimos unos shawarma y fuimos a por algo de fruta al mercado. De sobra sabíamos que los locales iban a vendernos la fruta al precio que ellos quisieran; es la risa, sabes que te van a tangar y esperas con la mente preparada, para realizar la conversión a euros. Es toda una aventura. Nos entró la risa cuando vimos que el tío se pensaba el precio, después de haber pesado las manzanas y demás frutas; pensaba “a ver cuánto les meto a estos…”

Una vez tangados, nos dirigimos rumbo a Petra, con nuestro flamante coche de alquiler donde, por suerte, mis compañeros de viaje dejaban que me sentara en la plaza delantera ya que mis largas piernas, seguro no cabrían en aquel zulito de la parte de atrás; menos mal que los becarios regionales encajaban en el coche a la perfección y aparte se sobaban instanáneamente, sobretodo Juan Carlos, que ya me comentaron su facilidad para dormirse.

Entrar a Petra cuesta la friolera de 50 ‘jordan’, uno de los varios nombres que le puedes dar a la moneda local. Traducido en euros, aproximadamente unos 55-60, depende de cómo esté el cambio. La entrada sólo incluye visita al recinto, pudiendo acceder a cualquier zona que tus piernas aguanten, ya que abre desde muy muy temprano hasta las 5 de la tarde. Puedes quedarte por la noche, creo, pero espero que tengas mapa, luz, brújula y una buena orientación porque… es una ciudad en medio de montañas.

Una gran ciudad, una megápoli, que data del año 1500 antes de cristo, o sea, ¡¡¡super antigua!!! Y aún así, sus fachadas se conservan decentemente. Os voy a decir la verdad, se me ha olvidado gran parte de lo que leí en los paneles informativos de ciertas ruinas… no os voy a poder contar mucho de la historia de la ciudad. Gracias a Jesús (ex-becario Cámara Madrid), sabíamos de que iba el rollo de Petra, ya que él sabe historia, y es algo así como que en su día, unos nómadas decidieron asentarse en la zona y dicha zona fue creciendo, incluso se convirtió en uno de los centros más importantes de mercadeo del mundo, por aquel entonces. Esto, me lo creo, porque la ciudad es IMPRESIONANTEMENTE GRANDE, para el tiempo del que data.

Para visitarla toda, un turista normal necesita 2 días, y los becarios sólo 1. Aquella mañana, ibamos dopadísimos, con ganas de ver todo; nos marcamos 2 subidas, las más largas y gastamos toooodo el día, desde primera hora de la mañana hasta que cayó el sol, recorriendo la ciudad de un lado a otro.

Comentaros también que esas grandes fachadas que se ven talladas en las faldas de las montañas que rodean Petra, son monasterios y tumbas de antiguos Reyes. Algunos sabréis seguro más que yo y, en las antiguas culturas, cuando alguien importante moría, se le construía una tumba impresionante; véase los egipcios y otras antiguas civilizaciones.

Para el tiempo que ha pasado, la ciudad está bien conservada. Si bien el turista puede hacer más daño de lo normal porque, como es normal, por esta zona no todo está bien controlado y, espero la gente no le salga el mal y se lleve algún mosaico o pinte un corazón con las iniciales de su novia y él en alguna de las paredes o columnas, casi todas accesibles.

La arquitectura es impresionante, todo está hecho a lo grande, y te paras a pensar en los años que tiene esta ciudad, y no dejas de sorprenderte. Puedes contemplar la magnitud de Petra desde un par de puntos altos de la zona, subiendo las faldas de las montañas que la rodean. Los habitantes locales ofrecen burros para subir, por si no quieres sudar. Has de regatear, como es de costumbre, para conseguir un buen precio. Al turista también le envuelven unos cuantos mercaderes, tratando de recrear el pasado pero, con miles de souvenirs. miles o millones.

De los mejores momentos, fue cuando un abuelete quiso venderme una moneda DE LA EPOCA ROMANA, OJO… por 2 euros!!! O sea, una moneda HISTORICA, por 2 euros!! Yo reía por dentro de mi, mientras miraba su rostro castigado por los años y el sol, y él esperaba, sonriéndome y mostrando su negra dentadura, un ‘OK..OK’ por mi parte, para cerrar el trato. Me fui pensando que gracias a vivir aquí, ya no me engañarán tanto, porque cada día que pasas por Oriente Medio y Asia, el regateo puede surgir. Este viejete causó un pequeño hondo en mi pensamiento, e hizo que casi intentara pegar el palo de una moneda romana DE VERDAD, en un museo de ruinas romanas en Jordania. Casi imposible pero se me pasó por la cabeza xD

Aquel día echamos cientos de fotos. Sorprendidos por la magnitud y la inmensidad de aquel entorno, medio transportados al pasado, observando lo que en su día fue algo grande, enorme. Unas vistas excelentes, una relajación tanto visual como mental impresionante. En las zonas altas, un silencio casi total, en la inmensidad, sólo quebrantado a veces por algunos turistas voceando (entre ellos nosotros de vez en cuando). A nuestro lado, niños locales intentando vendernos cositas, el mercadeo que les inculcan de pequeños, de lo que van a vivir durante el resto de sus días.

Porque imagino, que de ahí no será fácil salir; apenas tienen recursos para estudiar o aprender y seguirán la estela del turista; porque seguro de que entre todos los que éramos, siempre compra alguien, o cae en la trampa .Mención especial a los japoneses, los turistas más confiados y ‘tontos’ habidos y por haber, ¿por qué creéis que van siempre todos juntos y en autobus? Aún así les destripan, jojojojjjojo.

Volviendo al hilo principal, Petra ya nos mostraba su despedida, con la puesta de sol. Tuvimos que hacer la última subida a un monasterio importante, situado también en una zona muy alta, a una velocidad de vértigo. Todos los turistas estaban bajando, mientras nosotros, los españolitos, subíamos a un ritmo desenfrenado para ver todo Petra en un día. Puede que nos quedara algo por visitar pero… seguro ni sale en la guía. Con esta última subida y, por lo tanto, bajada, fuimos de los últimos turistas en abandonar la ciudad. Ya casi de noche, nos dirigimos al hotel para morir y resucitar al día siguiente, no sin antes ducharnos y dar una pequeña vuelta por la ciudad, fumar shisha de nuevo (bueno, vale, sí… estaba enganchado porque eran vacaciones y sólo la pedí yo), y descansar porque, al día siguiente, tocaba seguir. Para ellos, rumbo a Israel, para mi, rumbo a Amán, la capital de Jordania, a visitar los puntos de interes de la ciudad y volver a casa, ya que el largo fin de semana llegaba a su fin.

Mención especial a:

– La mujer que regentaba el hotel, que aguantó la pesadez de mis preguntas y ralladas varias, acerca de la ciudad, Petra, y cualquier otra tontería que se me ocurría.. bastante tenía la pobre con enchufar de nuevo el automático (que saltaba aleatoriamente cuando habían picos de consumo de electricidad y todos nos quedábamos a oscuras en el hotel) como para encima aguantarme.

– Al novio, rollo, marido, o lo que fuera, de la mujer que regentaba el hotel. Un ‘local’ con kandora y RASTAS… sí sí… RASTAS. No te lo pierdas, un TRANSGRESOR, un MODERNO en el mundo árabe. Gracias a él, el charcoal estaba siempre al rojo vivo (aquello que se usa para calentar la shisha y que el tabaco prenda, nombre que se la da a las brasas) y esperaba pacientemente a que nos fueramos a dormir para… 😀

– Al guiri del hotel que compartía espacio con nosotros en una sobremesa mientras los becarios tomaban unos copazos de Gin Tonic que, tras una media hora sufriendo y llorando por dentro, no pudo contenerse más y nos pidió un vasito. Inglés sin su dosis de alcohol, no es inglés. Gracias a la copa y la shisha que nos estábamos fumando, recibí la sabia teoría, que según él y sus fuentes (un estudio realizado por científicos pakistaníes), corrobora que la shisha es menos perjudicial que el tabaco.

– Al frutero del mercado y, en general, a todos los cabroncetes de los que viven por Wadi Musa que, aleatoriamente, te sueltan el precio que les da la gana cuando vas a comprar, y regatear es jodidamente duro, porque los guiris van ‘con el taco por delante’…  o sea, saben que si no tú no compras, otros comprarán.

– A los compañeros de viaje, una vez más, excelentes compañeros. Nos reímos bastante, hablamos de todo, de la vida, de lo bueno, de lo no tan bueno… Una pena se hayan ido, empezábamos a hacer buenas migas.

– A los antepasados de Petra por dejar una ciudad tan bonita para el turisteo.

– A los niños y niñas de Petra, aquellos que apenas alcanzaban los 10 años de edad y ya querían vendernos algo. Algunas niñas, guapísimas ellas, cuyo destino ya sabíamos, que no iban a tener oportunidad de ser independientes, ni parecerse de lejos a la mujer occidental.

– Al silencio, aquel que reina allá donde no hay vida moderna y te transporta al pasado, a la meditación, a la relajación y a la contemplación de tu entorno, tal y como es, sin factores externos de ruido, música, o lo que sea.

Enlaces de álbumes con todas las fotos

2011-11-26 Jordania – Petra
2011-11-26 Jordania – Petra fotos de Javipromo

Hasta pronto.

Dubai, another world: Unas navidades diferentes, como todo aquí

Y digo diferentes, porque no han sido ni  buenas, ni malas. Aunque, si lo miramos desde un punto de vista de comodidad, confort y placer, podría decir que no han sido las navidades más agradables. Pero vamos, nada más allá de la ‘gravedad’ que pueda tener unos pequeños problemas, que a veces magnificamos y, si se miran desde fuera, no son nada, y, para colmo, dan risa.

Uno ha de aprender a mirarse desde fuera, observarse desde lo lejos, en relación a la multitud que habita el planeta; tan solo eres uno más y tus problemas no son ni más ni menos que los de los otros.

Ahora mismo estoy en el salón con incienso enchufao, y me estoy poniendo místico; no os asustéis si digo sandeces.

La historia es que si uno no está agusto donde come y duerme; donde suele ser el sitio que más tiempo empleas, no estará agusto en los demás ámbitos de su vida durante ese momento. Entonces es cuando uno ha de cambiar de situación. Y dicha situación, ha de ser cambiada por todos los medios ya que, tarde o temprano uno puede ‘petar’.

Los cambios no suelen ser siempre a mejor pero, ha de intentarse que sea así. He cambiado de casa; ahora estoy en un ámbito más internacional y sólo hablo inglés. De este año fuera, espero llevarme, entre varias cosas más, un segundo idioma mejorado. Y esto sólo se consigue con esfuerzo, dedicación y obviamente, rodeado de gente de habla inglesa.

Y no, no vale el indio o el ‘paki’ con su inglés de mierda que, desgraciadamente, hace que te rebajes a su nivel porque ellos no van a evolucionar. ¿Para qué? Ellos no tienen miramiento por nada ni nadie, sólo piensan en ellos, en su negocio, en su dinero, y en cómo estafarte, y la mayoría de vez les da igual lo que le digas; esto es dubai y su chip laboral. Para muestra, un botón:

Andaba yo buscando una lavandería donde llevar todas las camisas y demás ropa para limpiarlas y aplicarles calor y, buceando en varias de ellas, todas regentadas por los mencionados anteriormente, recibía siempre las mismas respuestas cuando preguntaba qué método usaban para planchar, y si era muy caliente o no ya que mi ropa podía tener ‘bichitos’ (los que ya conocéis): YES, YES. SAME, SAME. YES, HOT. NO DISCOUNT SAME PRICE SAME, SAME, etc. No despejan dudas al cliente, sólo quieren que quedes con ellos a una hora, que les des la máxima ropa posible y pagues. No way.

Y al final encontré una lavandería ‘decente’, donde vi una plancha enorme que soltaba vapor. Así que, mientras volvía del trabajo decidí llamar al tío para que viniera a mi casa a recoger la ropa, explicándole detalladamente que iba a tardar 20 minutos y que por favor fuera en 20-30 minutos, que no se diera prisa. Obviamente no me quedé tranquilo, porque ya han sido unas cuantas ‘jugarretas’ de estos tipejos, y suponía que algo iba a pasar. Tras su respuesta de ‘YES, YES’ y colgar el teléfono, pasados 5 minutos y estando yo en el metro, recibo una llamada perdida.

Esta gente, siempre hace lo mismo, no van a gastar su saldo, dan llamadas perdidas cuales ratas de alcantarilla intentando que les llames tú; son peores que las novias quinceañeras. Obviamente, yo ya paso de llamar y más sabiendo que quien me daba la perdida era el cabrón de la lavandería, que una vez más y como de costumbre en todos los de su área, hacen lo que les da la real gana.

Tras la tercera perdida, el capullín decidió llamar preguntándome que qué hacía que no estaba en casa, que él ya estaba allí. Uno puede cabrearse o pasar completamente de todo y fluir… mira por donde y tras unas cuantas, ya empiezo a fluir. Amablemente, y en un inglés de mierda, le dije: I TELL YOU 20 MINUTES, WAIT WAIT. YES SIR WAIT. Acto seguido le solté la frase estandar que vale para todo, el ‘OK, OK’ (vale para saludar, despedir, mandar a la mierda, lo que quieras,…) y colgué. ¿Por qué? Porque sabía que iba a esperar; porque esa gente es muy lista y sabe que si eres europeo tienes ‘dinerito’ y si tienes dinerito creen que te sobra o no intentas negociar y te pueden timar.

Llegué a casa y le rallé vilmente, aplicándole su propia medicina, explicándole quinientas veces que lo quería HOT, HOT y FREE DELIVERY, que eran muchas prendas. Él sólo respondía YES, YES. Y se llevó toda mi ropa. Realmente, el que sale perdiendo aquí siempre eres tú, raro es que ganes pero tienes que intentar perder lo menos posible, o que todo te resbale porque el tío me dijo que venía en coche, sin embargo vi como se llevaba todo en bici XDDDDDDDDDDDDD. ¿Véis? ¡¡¡Hacen lo que les da la puta gana!!!

¿Para qué mirar por el cliente o atender sus peticiones? Esto es Oriente Medio, y estamos en Asia, aquí todo funciona diferente y, te has de amoldar. Más de uno puede acabar de los nervios con esta gente… y es que aquí aprendes a ser paciente, si o si.

Volviendo al hilo de las navidades diferentes, puedo decir que mientras vosotros estabais esperando las gambas o los regalos, yo estaba ordenando la ropa que este personaje me devolvió (de las cuales una camisa está medio carbonizada) y pensando aún donde iba a cenar. Me sentía muy, muy extraño, eran las primeras navidades fuera de casa, sin nadie cercano a mi lado, y para colmo sumadle un cambio de apartamento justo días antes… estaba completamente desubicado. Aparte, sumadle el hecho de que aquí siempre hace calor y estamos en Oriente Medio, donde la navidad (supuestamente) no existe (hay decoración). La navidad no la sientes como tal pero, está de trasfondo.

Decidí pues llamar a mi nueva casera, la cual ya me dijo que, en nochebuena, los que nos quedamos desamparados aquí y estamos bajo su tutela hogareña, podemos ir a su casa, que preparará comida típica de Bulgaria y habrá regalitos. Acepté.

Antes de la cena, me fui al Spinneys y compré algo de ibéricos en la sección non-muslim, esperando que les gustara el chorizo, olivas, jamón serrano y demás. 3 tonterías, 20 euros… guau, si que está caro aquí el tema. Futuras visitas, ya sabéis que traer.

Se sorprendieron de que trajera cosas para cenar, me remarcaron mil y una veces que no hacía falta, pero son nuestras costumbres, llevar cosicas a las casas para comer, ¡y no iba a ser menos aquí!

La velada fue fantástica; La casera, su hija, su novio, el hermano del novio, Morgán el compañero francés que vive en su piso, pero parece más español que francés (producto de haber vivido durante 1 año en Villena y haberse pegado la ‘fiesta padre’), mi compañera de piso, la asistenta y yo. Ahí estábamos todos, unos fumando, otros bebiendo, todos charlando, esperando a que se cocinara aquella deliciosa comida típica búlgara: una especie de pastel con queso dentro y unos pimientos rellenos de carne, arroz, cebolla y otras verduras y especias. Todo al horno, algo fantástico.

Nos felicitamos las navidades, y de repente, un regalo. Papá Noel me dejó un regalo aquella noche; un despertador clásico. Detallazo, pues ya sabemos todos que ese ‘papá noel’ me conocía de tan solo 3 días… en ese mismo instante me sentí arropado, acogido. Por un momento se me olvidaron aquellas pequeñas angustias que sentía al ver que estaba solo, y que toda mi familia y mi gente estaba, mínimo, a 6000 kms de distancia.

Antes de entregar los regalos, llamé a mi madre, y a mi padre. Ambos quitaron hierro al asunto; para que veáis cuánto de subjetivos son los pensamientos de cada uno. Yo ‘sufriendo’ porque estaba lejos de casa, y sin embargo mi madre diciendo que no me preocupara, que nos ibamos a ver pronto. Y es lo más lógico, lo más racional, porque ella lo ve desde fuera, y yo estaba dentro, mirándome desde dentro, sin ver el aspecto global del asunto. Eres una persona más, que por motivos laborales, está fuera de casa y, aunque no puedas pasar las navidades con tus allegados, estás conociendo mundo, viajando, y ganando experiencia de vida y laboral. Por dios, sería demasiado egoísta tener todo esto y aún encima que tu familia y amigos estuvieran a tu lado, ¿no es así?

Y es que no se puede tener todo en esta vida… y, definitivamente, las cosas tienen la importancia que tienen. Para colmo, está Internet, un maravilloso invento que hace que ya no estés incomunicado allá donde te muevas. Cuando hablo con la gente vía Skype, parece que estén aquí al lado… es tan… tan artificial. Tal vez… sería mejor, o más auténtico, comunicarse como antaño… cuando tenías que enviar cartas para que supieran cómo estabas, o volver a casa tras 1 año sin hablar. Fijo que el reencuentro tendrías más sentido.

Definitivamente, hay momentos en la vida bastante diferentes a los que solemos estar acostumbrados pero, si los vives y los analizas, podrás aprender de ello y ver que, incluso siendo ‘malos’, tampoco es tan trágico. Y cuando pase el tiempo, seguro te reirás de esos momentos a los que le dabas importancia.

Un saludo a todos y todas desde Oriente Medio!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Feliz navidad y próspero año nuevo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (II) Mar muerto

Aquella primera noche en Manaba, un pueblecito cerca de Amman, la capital de Jordania, nos iba a hacer recordar lo que era dormir con manta. En este país el invierno existe como tal, y la mínima posiblemente estaría a unos 6-8 grados centígrados. Dormimos bajo el peso de unas mantas, ya tocaba recordar qué era el invierno, no sea que se nos fuera a olvidar.

Tocaba madrugar, aquella mañana pondríamos rumbo a Wadi Musa, la ciudad situada justo al lado de Petra, una de las varias maravillas del mundo (varias porque no sé cuántas hay), no sin antes pasar por el Mar Muerto. Es más, aquel día nuestro principal destino era el Mar Muerto y darse un baño en el mismo; decían, que podías sentirte como un corcho flotante. Habría que ‘verlo para creerlo’.

Sinceramente y con el frío que hacía al amanecer, no me cabía en la cabeza cómo es posible que hubiera leído comentarios por foros y páginas web relatando que la gente se baña en noviembre, diciembre, incluso todos los meses del año. Dentro de poco lo descubriría.

Tras un fuerte desayuno pusimos rumbo en nuestro preciado coche, y lo que nos costó conseguirlo (tiempo sobretodo). Resulta que la gente por estos países es muy ‘pilla’, muy lista, siempre quieren ‘hacerte la púa’, clavártela, y un largo etc. de sinónimos de engañar, o ver si cuela. Y es que el cabroncete del rent a car nos dio un coche el cual no funcionaba el mechero del coche, y si no funciona el mechero del coche, no funciona el cargador del GPS; y sin GPS en Jordania, estás jodido. Tuvimos que decirle como unas 4 veces que no funcionaba; nos cambió el GPS pero insistimos en que no era el GPS, si no el puto conector de mechero! Y el tío se iba, venía, desaparecía, pensábamos que se estaba escaqueando,hasta que pasadas 1 hora, apareció con otro coche, con llantas!!!!!!!!!!! Y funcionaba el mechero!

El hecho de ir a un país en desarrollo sin GPS es catalogado como ‘aventura total’. Las carreteras son pésimas, apenas hay señales y, las que hay, están escritas muchas de ellas en idioma local. Este país seguía esa tónica. Si no hubiéramos tenido GPS, nos hubiera costado HORAS encontrar Manaba; desde la mismísima salida del aeropuerto ya tenías que hacer la típica elección de ¿izquierda o derecha?. Sin GPS es como jugar a la lotería. No quisimos apostar, no sea que se nos llevara la mala suerte.

Tuvimos que subir un pequeño puerto de montaña para después ir descendiendo. ¿Por qué? Os preguntaréis. Pues por una sencilla razón: el Mar Muerto está situado a -400 metros sobre el nivel del mar.  Está por debajo del nivel del mar! Es el punto más bajo de la tierra donde el hombre se puede acercar con total normalidad (si catalogamos ‘normalidad’ el estar en esa zona, jeje). El puerto, montaña árida, sin vegetación, y conforme bajabas, ya ibas viendo a lo lejos el paisaje verde de árboles como olivos, y palmeras… Sí, palmeras… las mismas que en Elche… las que plantaron nuestros amigos árabes, hace cientos de años.

En lo alto del ‘puerto de montaña’, nos esperaba el primer control militar del viaje. Militares del ejército que habían montado un ‘puesto de vigilancia’ con su Hummer H1 equipado con metralleta y un soldado preparado para disparar si era necesario xD, y cientos de moscas pegadas a la chapa del vehículo (sin sentido ninguno). nos hicieron el típico chequeo de pasaportes y nos dejaron pasar. La nota curiosa del momento fue que uno de los que estaban allí,  no sabemos si militar o ciudadano, nos preguntó de donde era y al decirle ‘España’, esbozó una gran sonrisa y empezó a hablar español pero… con acento mexicano!!!!!!! USTEDES SOOOOOON ESPAÑOOOOOOOOLESSSSSSSSSSS …. QUE BUEEEEENO…!! ajjajajjajaj!! No había visto una mecla tan intercultural como un militar jordano con pinta de árabe 100% hablar español con acento mexicano! Momento bastante bizarro porque a su vez los otros militares nos presionaban para que nos fuéramos de ahí. No pudimos sacar fotos; si llega a saltar el flash nos tiran una ráfaga xD

Tras un rato conduciendo, por fin vemos algo. Un charco de proporciones descomunales, un lago gigante, no, un mar. El Mar Muerto. Nosotros, en territorio jordano, enfrente, Israel, en medio, un mar con la mayor concentración de sal en agua del mundo. La carretera llega hasta el mar y después continúa por su costado, acercándose o alejandose, dependiendo del desnivel y la zona por la que pasamos; vemos algunos resorts que ofrecen entrada con restaurante, y zona apta para entrar al mar muerto y bañarse. Supongo que ofrecerían duchas, porque también había otras zonas las cuales no tenían nada; zonas las cuales llegabas a la orilla (orilla de sal, nada de arena, qué os pensabais) aparcando el coche unos metros antes de la misma para darte un bañito.

Bajo la ventana y saco la mano, sorprendentemente el aire es más cálido, se nota que estamos a -400 metros debajo del nivel del mar (por cada 100 metros arriba o abajo, la temperatura sube/baja 0,7ºC) Al final iba a ser verdad eso que te podías bañar en cualquier época del año.

Nos detuvimos en algún sitio que otro, estábamos bastante emocionados buscando un lugar para bañarse sin tener que pagar por un resort y hacer ‘lo mismo’ que hacen todos los turistas; a saber cuánto te cobran en esos sitios, a nosotros nos gusta la aventurilla. Después de distraernos un rato en unas ruinas romanas, custodiadas por un viejo de unos 148 años (o más), decidimos seguir hacia delante y cuando viéramos alguna zona amplia, parar con el coche para descender.

Dicho y hecho, tras un ratito conduciendo, llegamos a una zona óptima; a lo lejos vemos un coche que ha podido acercarse lo suficiente a la orilla como para no tener que pegarte un pateo largo ni bajar el desnivel montañoso de la zona, el cual varía bastante. El calor apretaba, era casi mediodía, nos cambiamos a ropa de baño; esto no se hace todos los días, ¡había que bañarse en el Mar Muerto!

Y el día acompañó, yo creo que ‘ahí abajo’, llegamos a unos 20 grados, o más! Sumadle el sol, que caía con fuerza sobre nuestras cabezas… el día era agradable y perfecto para flotar.

Las primeras sensaciones fueron raras; empezando por el entorno; imaginaos todo petrificado y salado, la tierra/orilla que rodea el mar es marrón oscuro y conforme te acercas a la orilla se vuelve blanca para dar paso a una orilla de sal. Lo que fuera la arena, es sustituida por miles de bolitas de diferentes tamaños de sal, y una vez ya empiezas a meterte en el agua, la superficie y el fondo del mar es de sal. Sí, sal, ¡tooodo sal! verlo para creerlo!

El agua tiene un toque ‘aceitoso’, cuando sales de la misma, y te secas, es como quitarse una pequeña capa de aceite; aún así, la sal se queda pegada en tu cuerpo, y verás su efecto a la media hora, tras ‘secarte’, tu piel se convierte en blanca, no por nada, sino por toda la sal que se te ha quedado pegada después del bañito. Nadie se sale de rositas de un baño en el mar muerto.

A todos nosotros nos picaba alguna parte del cuerpo, y es que esa agua cura, cicatriza, o no se qué coño hace, y tampoco sé si es sano o no bañarse ahí, pero la gente lo hace y nadie se ha muerto (jojojjoojoj). Lo único que leímos es que no recomiendan meter la cabeza, y otros lo PROHÍBEN; si se te mete agua en el ojo, te quedas sin ver un largo rato, y más te vale que tengas agua a mano para aclarártelo. Y, cuenta  la leyenda, que si te metes un trago de esa agua, mueres, tal cual. Esto es una broma exagerada pero, adornemos el blog de ‘legendas’, que me gusta.

Son momentos que no se olvidan, el probar cosas nuevas y raras. De ver cómo una persona flota cual tabla de madera o corcho en el agua, y si intenta hundirse no puede; puedes quedarte de pie, tal cual, en medio del agua, sin tocar el fondo, que no te hundes. Puedes ponerte en posición ‘paracaidista’, que tampoco te vas a hundir. Es increíble, pero cierto, las leyes de la física están ahí y las puedes sentir; ¡¡¡flotas!!!

Tras “secarnos”, la sal iba apareciendo por nuestro cuerpo. Rumbo a Wadi Musa, soñábamos con encontrar algún sitio con ducha… si, ya lo digo yo. Ilusos. xDDD el GPS nos guió montaña arriba, pues Wadi Musa está a unos 1100 metros de altura aproximadamente, y conforme abandonábamos el mar muerto y alrededores, el frío comenzó a hacer presencia.

Paramos en lo alto de una montaña, para deleitarnos con las vistas, pero sobretodo me quedé sorprendido del silencio. El silencio sepulcral de aquel entorno, ni un ruido, el vacío, la nada. Sólo nuestros pasos, voces, o algún coche que pasaba, nada más. Era un sitio con ruido CERO. No puedo expresar con palabras lo que es, tenéis que sentirlo. Cuando chillabas, el eco hacía acto de presencia.

Era día santo, apenas habían cosas abiertas; ese día se lo toman bastante a pecho en las zonas rurales y pueblecitos, y teníamos un hambre del copón. Por suerte un viejo nos indicó la dirección de un ‘bar/restaurante’, abierto al aire libre sin calefacción y con un frío que te cagas, donde preparaban un Shawarma casi tan bueno como el del primer día… qué leches, estaba igual de bueno, o más! Aquí en Jordania el shawarma es increíblemente delicioso. Hecho a la brasa, es auténtico. Como de costumbre, no habían cubiertos.

Antonio, resfriado, pero como si no le pasara nada, seguía conduciendo sin problema ninguno, con esa tranquilidad que le caracteriza. Yo hacia de copiloto, indicando absurdamente los kilómetros que faltaban para llegar a nuestro destino; qué complicado es decir cada 5 minutos (faltan X kilómetros para girar a la derecha), en una ruta de unos 50 kms o más. JJAJJJAJ, más bien lo hacía para que no se durmiera… ¡por si acaso!

Llegados a Wadi Musa, encontramos el hotel, muy acogedor pero a la vez cutre de la ostia. El suelo de moqueta con pelos de 5 centímetros de largo.  Las camas, más duras que el cemento armado. Y para el aseo, podría hacer un artículo propio, porque en mi vida había visto un aseo tan jodidamente mal hecho. Resulta que el grifo estaría a unos 50 centímetros de altura sobre el lavabo, y cuando te lavabas las manos, parecía que las ponías bajo una cascada y salpicaba todo. Sumadle que, las dimensiones del lavabo eran más pequeñas que una caja de zapatos de la talla 36, así que cuando te lavabas los dientes e ibas a enjuagarte, ponías la boca bajo el hilo de agua y … tachaaaaaannn, el agua salía toooooooda fuera!!!!! jajajaajj el aseo parecía un lago! de la cantidad de agua que había por el suelo!. La ducha… no tenía término medio. O te quemabas o te congelabas; Javi se puso malo al INSTANTE, conforme acabó de ducharse!

Esa noche salimos, para ver un poco el pueblo y cenar, tenía hambre de shawarma, de nuevo. Y es que muchos locales están con las brasas en la calle y joder… uno no puede resistirse ante semejante olor de carne a la brasa!!! Es más, estoy escribiendo esto y me está entrando un hambre tan sólo de recordarlo… madre mía!!

Acabamos de cenar y nos fuimos a un bar de shisha; típico bareto de pueblo, pero sin alcohol. Té, shisha, jordanos jugando a las cartas y nosotros, fumando shisha auténtica. Aquella noche me encontré un guiri que me explicó el por qué la shisha es menos perjudicial que el tabaco (cosa que mis compis de viaje me decían que NO, pero yo creo al guiri borracho del hotel que me comió la bola); este tema lo explayaré más adelante.

Tocaba dormir ya… Fue un largo día y al día siguiente nos esperaba un buen palizón: Petra, la ciudad eterna. Y el objetivo: verla en un solo día. Como de costumbre os dejo enlace a los álbumes tanto mío como de Javi, él tiene una cámara mejor, así que salen más bonitas las fotos jejjejejejje. Un saludo a todos/as!.

 

2011-11-25 Jordania Javipromo Mar Muerto
2011-11-25 Jordania – Mar Muerto
2011-11-25 Jordania – Primera noche Wadi Musa

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (I)

Si pudiera resumir en una sola frase las sensaciones de Jordania, elegiría la que he puesto como título. Porque desde el primer momento en el que pisas Jordania, su tierra, su color, su vegetación es muy, muy similar a varias regiones de nuestro país. Y bueno, hoy día estamos bastante distantes a la hora de comprar nuestras costumbres con las de sus habitantes, sobretodo por el tema en relación a la mujer pero, se nota que nos conquistaron hace muchísimos años y aún conservamos costumbres suyas, como la de ‘arrejuntarse’ para charlar/beber/comer/reír/hacerloquesea.

A veces nos encontramos zonas muy similares a las de Alicante, murcia y similares, por su tierra seca pero con árboles como olivos, limoneros, naranjos, y algunos más. Cuando nos adentramos en montaña arriba, estos parajes me recuerdan en parte a los pueblecitos situados en la parte baja de Sierra Nevada. También tiene una zona desértica, la cual es cruzada por la única autopista existente en el país (y vaya autopista… lo comentaré más adelante xD). También tiene algo de verde, pero no tanto como nuestro norte de España. En resumidas cuentas, esto es muy similar a nuestro país, geográficamente hablando.

Este iba a ser el primer gran viaje de la beca, un desplazamiento a otro país para hacer turismo y ver qué se cuece por ambientes diferentes al de mi país de origen y a su ve de donde vivo actualmente. Y es que en Jordania, no tenía tan claro que íbamos a adentrar tanto en su cultura. Si bien, creo que ahora mismo, un dato vale más que mil palabras: en 3 días que estuve merodeando por allí no vi mujeres. Las únicas y pocas, o tapadas o turistas.

Para realizar este viaje, me uní a mis compañeros de la oficina, los ‘regionales’. Becarios no del ICEX pero que trabajan en oficinas ICEX. Estos han sido elegidos por organismos regionales de ayuda a la empresa española, pero de la región de donde proceden, a la exportación y búsqueda de negocio en el extranjero, como Camara de Madrid, PromoMadrid, IPEX, IVEX, Cámara de Galicia, y un largo etc. Me fui con Javi, Juan Carlos, Jesús y Antonio. Compañeros que se piran en breve, pues ya han pasado un año (todos excepto Antonio, medio año por problemas de su organismo regional) y toca volver a casa… aunque con algo se andan entre manos y puede que los vea pronto; un profesional que conozca el mercado extranjero y más si es en zona emergente como oriente medio, es plato muy jugoso para el empresario español que quiere exportar. En ocasiones se los rifan (a los becarios).

El destino ya estaba elegido y, casualidades de la vida, tenía que salir ese fin de semana para renovar mi visado de turista, pues aún no disponía del visado definitivo (ni aún lo tengo xD). Además, ese fin de semana era un ‘fin de semana largo’; se juntaba con un festivo, en este caso el del nuevo año islámico, haciendo  que tuviéramos 3 días para disfrutar. Todo se juntó con una buena combinación de horarios de vuelo y pude pasar 3 días junto con los becarios regionales; después de estos 3 días, yo volví a mi actual casa mientras que ellos continuaron su viaje por Israel y después el Líbano.

Y así, tal cual, con la maleta preparada esa misma mañana, nos fuimos a las 18:40 del jueves 24 de noviembre, después de acabar en la oficina  soltando una maravillosa ‘bomba de humo’ xDD; desaparecimos 15 minutos antes de lo previsto. Destino, aeropuerto de Aman, capital de Jordania. Objetivo: alquilar coche y hacer la primera noche en Manaba, ciudad a las afueras de la caótica capital, colapsada diariamente por el intenso tráfico, como es costumbre en estos países. Damos gracias a Augusto, ex-becario y ahora expatriado español currando en Dubai, que nos aconsejó ir a ese pueblecito.

Y menos mal que el coche que alquilamos venía con GPS, y que los becarios regionales, tras un año viajando por el oriente medio, se las sepan casi todas y que si intentas moverte en coche por estos países ‘la llevas clara’; ¡como que apenas habían señales de tráfico y la mitad en árabe! Aún así tuvimos un pequeño amago de perdernos pero llegamos a destino marcado para esa noche.

Mánaba es un pequeño pueblecito cuya gente, deduzco, se dedicará en gran parte a la agricultura y ganadería. Llegamos un jueves noche, que es el inicio del fin de semana. (sería como un viernes en España; por lo tanto podemos nombrar los jueves del mundo árabe como Juernes Reales, no como los de España, que llamáis Juernes xq salís de fiesta pero al día siguiente tenéis que currar, pringaos xD) La actividad nocturna se restringía a gente de mediana edad o jóvenes, todos con chaqueta de cuero, en grupitos por la calle mirando hacia un lado, hacia otro, fumando, comiendo y poco más.

Comentar que logramos llegar al pueblo pero no encontrábamos el hotel ni por casualidad así que, bajé la ventanilla del coche y pregunté a un paisano  que andaba con su hijo pequeño. Ya supuse que, tenía que lidiar con él entre señas e ‘inglés a lo indio’. Conseguimos entendernos, nos dijo un ‘GUAIT CHU MINUTS’. Los comentarios graciosos durante esos 2 minutos fueron varios, hablábamos entre nosotros que tal vez vendría con ‘sus colegas’ para ‘pegarnos el palo’, otros ya pensábamos que iba a llamar a sus primos del pueblo para avisar que los turistas pringaos, los blanquitos, han aterrizado y serán presa fácil para timarles, y un largo etc. de comentarios irónicos, haciendo pasar más ameno el momento extraño parados en una rotonda rodeado de gente ajena mirándonos fijamente. Éramos los forasteros.

Para sorpresa nuestra, los 2 minutos que pidió el hombre resultaron que tenía que cambiarse de ropa y nos guió hasta el hotel. Conseguimos llegar no sin antes haber dado 4 ó 5 vueltas por la ciudad y creyendo una vez más que nos iba a llevar a un sitio sin salida para que sus primos y él nos contaran un cuento xDD (ironía al poder).

Los regionales me comentaron que en estos países la gente te ayuda mucho… pero tanto tú como el que te ayuda sabéis de sobra que hay que pagar propina. Así que me dispuse a pagarle algo pero éste rechazó enérgicamente el dinero. Se lo di a su hijo pequeño y también nos dijo que NO. Vamos, lo que aparentaba ser un tío chungo que nos iba a marear o hacer vete a saber qué, resultó ser una persona que nos ayudó sin pedir nada a cambio. Al final, va a ser  verdad lo de que en esta cultura, son muy hospitalarios y te ayudan a muchas cosas. Aparte remarcar que estas ciudades son seguras; y no se por qué, pero yo creo que las leyes son tan estrictas aquí que, si haces algo, te jodes bien jodido, y por eso nadie hace nada.

Inmediatamente nos acomodamos en el hotel, repartidos en 2 habitaciones, una de 3 y una de 2; esa misma noche iba a saber que roncaba fuertemente, mis compañeros me lo dijeron.. qué raro, y eso que hace 2 años que ya no fumo! Espero sea por las almohadas de mierda que hay en hoteles… o porque ronco ya que puede venir de herencia jejejeje.

El hotel era muy baratito, para ser los 4, y estaba decente, bastante decente para el precio. Tras dejar los bártulos, nos fuimos en búsqueda de comida, cena en este caso. Nos guiábamos por las luces y el olor de comida y humo; cuanto más luces más céntrica es la calle y si hueles a brasas es que se está cocinando carne para un shawarma…

Aquí no te la puedes jugar con la comida; debe estar bien cocinada, para eliminar todo posible bicho viviente. La verdura… pues damos por hecho que está bien lavada, mejor no pensar y digerir directamente. Pero aquí se suele cocinar todo bastante, al fuego o a la brasa y qué decir que está riquísimo. Joder, y los que me conocéis sabéis cómo disfruto comiendo y esta opinión es meramente subjetiva pero, ¡TODO ESTA RIQUISIMO! Los shawarmas y platos típicos de aquí, junto con el pan especial que parece una torta gigante… genial y sabroso!

Tras disfrutar de este genial plato, charlar un rato y ser atacados de vuelta al hotel por unos gatos que vivían en el contenedor por el cual pasamos demasiado cerca, nos disponíamos a descansar para, a la mañana siguiente, levantarnos muy temprano e ir en búsqueda del mar muerto. A continuación, álbum de fotos y, muy pronto, segundo capítulo. Un saludo a todos!

2011-11-24 Jordania – Manaba primera noche

Dubai, another world: Travesía a nado en Burj-al-Arab

Mi primera travesía oficial, ¡¡¡¡y vaya sitio para estrenarse!!!!

Días antes de la travesía, mientras hablaba con alguien acerca de la natación, me comentó que cada año suelen realizar una travesía al hotel más lujoso del mundo (7 estrellas, de buen rollo). Sin ir más lejos, lo retuve en mi memoria pensando en buscarlo, dios sabe cuando, sobre google.

Y a los pocos días me da por ‘googlearlo’, y para mi asombro, ¡el acontecimiento iba a tener lugar a la semana siguiente! Asombrado por la proximidad del especial evento, empecé a buscar más información sobre cómo apuntarme y demás.

Resulta que cada año, ‘medicines sans frontiers’ (médicos sin fronteras), ONG, realiza este acto benéfico con el fin de recaudar dinero destinado a actos de solidaridad varios. Y vaya si recaudan, con una participación de 275 AED (55 euros aprox.), una cantidad de más de 650 participantes y gent que dona más dinero del que cuesta la participación, recaudaron (si no me falla la memoria) más de 200.000 AED, que son más de 40.000 euros.

11 de noviembre del 2011, día especial por eso de las 11:11 del 11 del 11 del 2011. Tampoco lo veo tan especial porque el año es 2011, no es el 1111; eso SI sería especial. Para mi este día fue especial, pues me estrené oficilamente en una travesía, y vaya sitio para estrenarse, en Dubai, rodeando el hotel más lujoso del mundo. Con un recorrido de 800 metros, más menos depende de si te acercaras mucho al hotel o no, es tarea fácil para todo el mundo y tarea que da risa a los profesionales.

Me lo tomé tranquilamente, quería disfrutar del momento, nadando relajadamente viendo, con cada respiración hacia la derecha y a la ve que sacas la cabeza, el hotel sobre mi cabeza. Una mañana no muy calmada, venían olas grandes, sin corriente pero habían olas grandecitas que te hacían subir y bajar más de lo normal. Aún así no hubo riesgo ninguno para todos, amén que estábamos vigilados por 10492304923 de socorristas en barco, en canoa, desde el hotel, desde la orilla, etc.

Creo que nadar es uno de los deportes más completos que existen aparte de seguro. Primero, ejercitas toda la musculatura, desde la punta de los dedos hasta la punta de los pies. Acto seguido es un deporte aeróbico que requiere de capacidad pulmonar, la cual vas obteniendo conforme nadas más y más. Y por último, aunque hay más beneficios, destaco la ausencia de impacto entre articulaciones, como cuando corres, vas en bici, vas al gym o cualquier otro deporte. Vale que algunos me han comentado que de tanto nadar se ‘desgastan’ (no me sale ahora mismo la palabra técnica, vaya) la zona de los hombros, etc. Pero es que, todo en exceso es malo, hasta el deporte! XD

Volviendo a la travesía; gente joven, gente no tan joven, madres, niños, de todas las nacionalidades del mundo, algunos deportistas de alto rendimiento (sí, como el que ganó la carrera de individual hombre, marcándose 800 m. en 7 min. 42 seg., ¿rápido verdad? xD), etc. todos juntos por una misma causa, pasarlo bien durante esa mañana disfrutando del deporte, del entorno y del buen ambiente que se podía respirar. Y es que aunque el madrugue fue importante, (la gente de travesía conoce bien que hay que levantarse muy pronto) no habían caras largas, sino todo lo contrario. Gente sonriendo y feliz.

Porque el deporte es vida; y tu vida será más saludable si al menos lo practicas con regularidad, 3 veces por semana 1h al día (por ejemplo). Os recuerdo que cada día que pasa, nuestros trabajos son más y más sedentarios, y nuestro cuerpo está preparado para tener ‘acción’, no para postrarlo delante de un ordenador más de 8h al día y consiguiendo que poco a poco no valgamos para nada. Aparte, ¿ qué mejor que encontrar un deporte que te gusta ? ¡Un deporte que te gusta y aún te pone en forma!

A continuación os dejo con el enlace al álbum donde almaceno todas las fotos del evento. Un abrazo a todos!

2011-11-11 Dubai – Burj al Arab Swim travesy