Maldivas, colores para la eternidad (I): Un día por los aires

Terminamos aquel duro día en la oficina, unos antes que otros, antes de que todo saltara ‘por los aires’, huimos de allí. Partimos lo más rápido posible a nuestras casas para descansar un poco y hacer la maleta; nos esperaba una larga noche por delante. Y es que en los aviones no se suele dormir muy bien, así que mejor descansar algo, por lo que pueda pasar.

Aquel miércoles 4 de Abril quedamos en nuestro restaurante favorito los 4 componentes del viaje; Edurne, David, Laurita y yo. Habíamos quedado para cenar lo que sería nuestro último ‘chicken shawarma’ hasta nuestra vuelta de Maldivas. He de decir que este plato me volvía loco; cada semana me haría lo menos 3 platos. A un precio ridículo para la cantidad que ponían (4 euros) con eso y una Fanta naranja de color nuclear (en UAE la fanta BRILLA) te quedabas más que saciado.

David y yo lo teníamos más que fácil, pues vivíamos justo al lado del Zaroob. Edurne vivía en la villa ICEX, pero en 3 paradas de metro estaría con nosotros. La última en llegar sería Laurita, que vivía en JLT, y cierto es que padecimos un poco por ella, por si llegaba o no a tiempo, pues es un poquillo despistada… El avión salía aproximadamente a las  00:45 ergo deberíamos aparecer por el aeropuerto a las 10 y media de la noche, para facturar y todas esas cosas que ya bien nos conocemos. Aprovechamos pues para quedar a eso de la 9 de la noche y cenar en Zaroob. Primero quedamos David y yo; luego se unió Edurne y comenzamos a pedir mientras esperábamos a Laurita. Todos con nuestra maleta de mano a nuestro lado, sin miedo a ser robada por estar en el lugar en que si robas vas directo a la carcel, sin pasar por la casilla de salida. Todos con una sonrisa de oreja a oreja, pues íbamos camino al paraíso, camino a realizar un viaje más.

Las bromas aparecían en los diálogos para difuminar nuestra pequeña sensación de incertidumbre, pues Laurita no llegaba y había que pirarse al aeropuerto. Pedimos en abundancia por si Laurita quería comer algo; afortunadamente llegó, medio exhausta y contando que había tenido alguna movida en el metro con un tío, que le había parado para decirle algo y como ella no habla ni nada… al final el tío casi se le declara para casarse con ella; como siempre, única para atraer situaciones inusuales.

Tras cenar todos, nos apresuramos a coger un taxi; gracias a Dubai y sus 14.000 taxis, esto es tarea fácil (excepto los jueves noche). Tan sólo asomarme a la calle y levantar el brazo y tendrás un taxi en ‘cero coma’. La  afluencia de taxis es increíble, siempre verás alguno. Nos dirigimos a la terminal 2, la terminal de los pakis, indios y demás ‘labour man’ aquí en Dubai. De esta terminal salen muchos de los vuelos a India, Pakistan, Bangladesh, Nepal y un largo etc. Y ellos aquí son mayoría. Una vez más la  imagen de sus ‘maletas’; sacos de tela con vete a saber lo que llevan dentro, atados con ropajes y cuerdas para que no estallen. Siempre he sentido curiosidad por saber qué llevan ahí; alguna chinche seguro. Pasamos los controles rutinarios y nos apresuramos el mostrador para coger los tickets de embarque y demás. Para David esto es nuevo; es su primer viaje, seguro que tiene una sensación única, una sensación de satisfacción y alegría, al perder la virginidad y volar por primera vez desde Dubai a cualquier sitio.

Como os conté en el prólogo, el vuelo ya se había atrasado 1 hora y la escala que teníamos que hacer en en el aeropuerto de Colombo, Sri Lanka era de 2 horas. Con esa hora de retraso ya sólo teníamos 1 hora para realizar el ‘transfer’ (pasar de un avión a otro). Pero bueno, ni nos asustamos de esto, debido a que son aviones de la misma compañía, y estarán comunicados, ¿a qué si? ¡Seguro que todo irá bien!

Pues bien, ya cerca de la puerta de embarque, pasa el tiempo y cerca de la hora de embarque, aparece lo que ninguno nos esperábamos; retraso del vuelo. Como lo leéis, el vuelo se iba a atrasar un poco más, aproximadamente una hora, sin motivo aparente. Y aquí es cuando empezamos a preocuparnos en cierta medida sobre qué pasaría en el aeropuerto al realizar el transfer, ¿perderíamos el avión o nos esperarían, al llegar justo a la hora de despegue del segundo avión? A estas alturas ya andábamos algo preocupados, pero muy poco; ¿quién se va a pensar que una compañía va a dejar en tierra a SUS PASAJEROS? Jajajjajajajaja…..

Embarcamos y bombardeamos a preguntas tanto a azafatas como al que controla el cotarro en el avión; a mi a pesado no me ganan. Edurne me apoyaba también, tendríamos que hacer presión para que vieran que al menos 4 pasajeros deberían hacer un transfer para pillar un segundo avión hacia su destino final y que por culpa de retrasos ajenos podríamos perderlo. Total que, tras mucho preguntar a azafatas y dar mucho por culo, vino un ‘moreno’ con corbata y pin de SriLankan Airlines, o sea algo de mando y control tendría, y nos comunicó que no nos preocupáramos, que el avión esperaría antes de su despegue a Male (Maldivas). Nos quedamos más tranquilos. ¡Esta vez alguien trajeado perteneciente a la compañía nos había prometido que no íbamos a perder el vuelo! ¿Cómo vamos a desconfiar de él? Sale el vuelo, justo 1 hora más tarde… Nos mirábamos los unos a los otros, reflejando algo de incertidumbre, la justa. En una fila nos situábamos Edurne, David y yo; atrás estaba Laurita sentada con alguien más, la cual no tardó nada en hacer migas y empezar a hablar con dicha persona, dando la lata gran parte del viaje y sin apenas poder dormir. Jojjojojojo, íbamos a llegar echos una mierda a Sri Lanka, pero bueno, no pasa nada, ¡el paraíso nos espera!

alaaaa

4 horas y media de vuelo, donde creo que algo de sueño conciliamos, aunque por aquel entonces aún no disponía del increíble antifaz que me compré en China para dormir de noche (esto ocurrirá en Agosto de ese mismo año) y no resultaba tan fácil dormir en un avión. La verdad que dimos muchos cabezazos y fue prácticamente imposible dormir. Se acercaba la hora de aterrizaje. Se acercaba la hora de la verdad, en pocos minutos sabríamos si perderíamos el avión o no. Tras la maniobra de aterrizaje y con el segundo ‘boarding pass’ en la mano, salimos escopetados, corriendo hacia la siguiente puerta de embarque donde se encontraba nuestro vuelo. Ya nos olía mal desde un primer momento porque cuando esto ocurre con otras compañías, al menos alguien de la misma está esperándote fuera y te guía hacia la siguiente puerta de embarque para embarcar lo más rápido posible. Aquí no nos esperaba nadie, así que con el nerviosismo en el cuerpo, aún fue más difícil encontrar la puerta de embarque. Tras un leve momento, la encontramos y ahí delante de ella, estábamos nosotros junto con algunos pasajeros más; una familia británica con niños incluido, un par de parejas y nosotros. Miramos a través de la ventana y vemos el avión que nos  va a llevar a Maldivas; nos relajamos, pues creemos que no va a despegar sin nosotros, sobre todo cuando la puerta  de embarque sigue abierta, los de seguridad del aeropuerto y alguna azafata de SriLankan Airlines están aún allí.

La familia comienza el embarque, se quitan cinturones, etc… (sin sentido, pues venimos directos de otro vuelo de la misma compañía). En ese mismo instante que una de las pasajeras ha pasado el filtro, le hacen que se detenga, se queda ahí, pasado el filtro. Nadie nos dice nada, de repente la unica azafata que había de SriLankan Airlines se pira hacia adentro del finger, los de seguridad nos miran y sonríen pero nada más. Nos preguntamos a nosotros mismos qué está pasando, después nos miramos y nos hacemos las preguntas unos a los otros. No sabemos nada. Lo único que supimos unos pocos minutos más tarde es que, el avión se desconectó del finguer para entrar en la pista y despegó, sin nosotros, delante de nuestras narices.

azafatas de la gran SriLankan airlines

No me lo podía creer, ni yo, ni nadie. Asombrados, impactados, estremecidos por este momento de mierda, de cómo sentirte NADIE en medio de LA NADA; nos dejaron en tierra, sin más. La primera reacción fue quedarnos sin palabras tras ver como nadie del personal allí presente nos decía algo ni se inmutaron siquiera. Y es que seguro no hablaban inglés. Nuestra segunda reacción fue el cabreo, seguida de la ira y con algo de impotencia mezclada, pues el avión ya se había ido.

Aquí es cuando se me fue la olla completamente. No podía tolerar lo sucedido. De cómo semejante dejadez por parte de la compañía aérea me superó. Lo vi tan, tan injusto que, según me ha contado Edurne (pues yo ya ni me acuerdo, seguro estaba poseído), empecé a chillarles, a todos:

– WE ARE ALL HUMANS!! WHY, WHY???? WE ALL ARE HUMANS !!

´Todos somos humanos’, significa. Como os digo, yo ya ni me acordaba de esto, pero Edurne me remarca que dejé loco a todo el personal, tanto a los del aeropuerto como los que habíamos perdido el vuelo, me dijo que me miraron atónitos, pensando que a este chaval se le había ido al garete la última neurona, jajjaja. La verdad y conociéndome, seguro dije eso porque me parecía injusto que esos cabrones sonrientes ataviados con uniformes de seguridad y demás trabajos de aeropuerto, no nos tuvieran ni una pizca de afecto y empatía hacia nosotros, pues nos dejaron en tierra como si fueramos perros, y el avión estaba ahí delante. Sorprendidos y tras montar el circo e incluso realizando alguna intentona de pasar la puerta, aún sabiendo que ya no valía para nada, nos hacen abandonar el lugar.

Todo estaba a punto de saltar por los aires. Entonces nos indicaron que fuéramos a las oficinas de la compañía, situados en el centro del aeropuerto, para reclamar, lo único que nos queda. Queríamos que corriera la sangre. Yo en parte, ya me lo esperaba, no se por qué pero mi sensación fue que esa compañía de mierda no va a parar un vuelo por unos cuantos que vengan con retraso. Vale, si es un retraso de varias horas después del siguiente vuelo lo entiendo pero, esto fue demasiado, ver cómo nos cerraron las puertas y ver cómo el avión se iba, delante de nuestras narices, encendió la llama y todo explotó. Sumarle la falta de sueño y el cambio de hora (eran aproximadamente las 8 de la mañana, si mal recuerdo).

reventando

Llegamos al mostrador y ahí empezamos a cagarnos directamente en todo  y en todos. Pero no éramos los únicos; ese vuelo de Dubai tenía pasajeros que iban a conectar con otros destinos. Por lo que me enteré aquella mañana, aparte de conexión con Maldivas, también tenía conexión con Kuala Lumpur (Malasia). Así que el panorama era de aproximadamente unas 20-30 personas en el mostrador, algunas hablando, otras ladrando, niños llorando mientras tanto, dirigiéndonos todos a los trabajadores de la SriLankan Airlines, y poniendo a prueba, seguro, uno de sus cursos de mediación con el cliente cuando éste pierde un vuelo, o se vuelve loco. Estos cabrones de la compañía, siquiera borraban la sonrisa de su cara; una de dos, o tomaban drogas o llevan una prótesis, no me jodas. Los rallamos a más no poder. Aquí también se me fue la olla y Edurne y los demás fliparon cuando empecé a soltar el ‘WE ARE ALL HUMANS’ a grito pelado. Y bien, sí, estamos en el país de la sonrisa, Sri Lanka, donde todo el mundo sonríe, pero NO ME JODAS y NO SONRIAS cuando acabo de perder un vuelo y me vas a hacer palmar más dinero, ya que nos tocaría coger otro vuelo y pedir un taxi-barco, para llegar a nuestra isla de destino.

jodeos todos

Pasaban los minutos, nos poníamos todos cada vez más nerviosos; a mi se me fue la olla y saqué la cámara de fotos y empecé a ‘joder la marrana’ haciéndole fotos a ellos. Jajajaja, estaba ido de mi, aquí la verdad nos reímos un rato porque de la impotencia y desesperación pasamos al ‘ya todo me da igual’. ¡Pero ese estado lo conseguimos tras estar chillándoles e intentando hablar con un responsable durante más de una hora!

guiri reclamando

Edurne intentaba tranquilizarme, mientras David se partía la polla de las cosas que les decía a los de atrás del mostrador; Laurita hablaba con todos los demás afectados. Gracias a Dios que el padre de familia que también iba a Maldivas, un inglés de aproximadamente unos 40 y pocos años, bajito, pelo rapado, gafas y muy, muy educado, es más, yo diría que era extremadamente educado, consiguió, en perfecto inglés, llamar la atención de uno de los trabajadores para transmitirle nuestras quejas y reclamaciones; al final fuimos atendidos.

el trofeo

Y algo, algo conseguimos. Nos dieron un sobrecito con varias cosas dentro. Conseguimos 2 llamadas de 3 minutos a cualquier parte del mundo para comunicar nuestro retraso, unas cuantas horas de hotel para descansar previo a nuestro siguiente vuelo, que partiría a las 2 de la tarde de Colombo a Male y un super mega desayuno en el aeropuerto.

Bien, algo de comida, ya era hora, estábamos que nos moríamos de hambre también. En el grupo éramos dos limas, Edurne y yo. Entre los 2 fijo que podríamos comernos una vaca entera. Llegamos al restaurante del aeropuerto donde sirven los desayunos, con sensación de alegría y de ‘ya todo da igual, problema resuelto’. Y el staff del aeropuerto volvió a hacer de las suyas. Más de 40 minutos de reloj, tardaron en servir el desayuno. Nos hicieron el vacío, a pesar de que parte de la comida estaba ahí, en bandeja,  pedimos otras cosas que debían ser cocinadas, ¡y no venían! Obviamente, con la movida que nos había pasado anteriormente, no fue nada difícil que se nos cruzaran los cables de nuevo. Me levanté y pregunté que qué pasaba con el desayuno, si estaban importándolo de algún otro país. Que cómo es posible tenernos más de media hora para 1 huevo frito y 2 salchichas, SIN NADIE ALREDEDOR ESPERANDO A SER SERVIDO. Conclusión: si vienes a estos países, vente armado de paciencia y si tienes algún problema, ten paciencia en reserva porque te va a hacer falta. Al final logramos llenar nuestros estómagos.

Volviendo al hilo del vuelo, afortunadamente, nosotros, sólo perdimos 5 horas de viaje; los que tenían conexión con Kuala Lumpur, perdieron un día entero, pues tendrían que esperar a que otro vuelo saliera hacia su destino… al día siguiente. Dentro de lo peor, salimos ‘bien parados’ y al final te toca tragar, pues no puedes hacer nada, son sus reglas, ellos son los grandes que surcan los cielos y tú vas montado en ellos, dentro de su lomo. Los derechos no existen y menos en estos países así que tocó tomárselo a cachondeo y comenzamos a hacer chistes y reír sobre el asunto. La falta de sueño también hacía que dijéramos cada vez más tonterías.

Como por ejemplo, camino al hotel ‘Transfer’. Un hotel dentro del mismo aeropuerto, con un nombre  bastante curioso. Y es que creíamos que este hotel no estaba aquí de casualidad; estos cabrones y sus retrasos harán perder más de un vuelo al día y dos, gracias al retraso entre ‘transfers’ y claro, ¡la gente que reclama tiene que dormir al menos, para coger su vuelo en cuanto se lo reasignen! Pues bien, de camino al hotel pasámos por las oficinas de Emirates de ese aeropuerto y me paré delante de la puerta, dándoles las gracias por ser una gran compañía y lamentándome de que por qué no había volado con ellos, pues no hubiéramos perdido seguro ningún avión. A su vez, me cagaba en los muertos de la compañía de SriLankan Airlines y veneraba a Emirates o cualquier otra compañía cuya oficina se encontrara de camino al hotel. Estaba ido de olla, pero lo que nos pudimos reír con las sandeces que soltábamos por la boca.

Por fin pudimos dormir un rato; las chicas a una habitación doble y David y yo a otra. Hay que decir que las habitaciones no estaban nada mal, así que nos acomodamos, y nos echamos una ‘siesta del borreguillo’, esas siestas de mediodía que tan bien sientan. Sonó el despertador y tocó poner rumbo a la puerta de embarque asignada. Nos apresuramos pues con todo lo que habíamos sufrido, ni de coña queríamos perder de nuevo el vuelo. Coincidimos todos en el hall, entregando las llaves, y tras soltar algún par de burradas más, nos fuimos de allí.

tocada de huevos

Puerta de embarque, más gente espera, nosotros aún tras el descanso, andamos algo cansados, hablando sobre lo sucedido; ha habido mucha tensión y nervios y no habremos dormido más de 3 horas. El avión salía a las 14.00 horas aproximadamente. Antes de todo esto, con nuestros grandísimos 6 minutos de llamadas gratis para comunicar nuestro retraso, hice una llamada al dueño del hostal, al Jefe. (el Jefe de aquí en adelante). El Jefe resultaría ser local de Guraidhoo (la isla donde nos dirigíamos), un buen personaje, agradable, moreno, simpático, un tío de negocios, que vestía camisas de flores con pantalones de lino y chanclas; junto con la gafas de sol, hacía de este hombre un auténtico mafias. Pero resultó muy agradable y nos puso las cosas fáciles durante sus días en e hostal. Le llamé para decirle que perdimos el vuelo y que necesitaríamos el taxi-barco, pues a la hora de llegada a Male, ya no habría ningún ferry posible para embarcar. Aceptó sin ningún problema, estaba dispuesto a salvarnos el culo, previo pago, claro está. Seguro que en sus ojos el símbolo del dolar haría act de aparicíon, en el momento de la llamada.

Nuestro plan era llegar a las 9 y media de la mañana a Male, dar una vuelta por la misma y embarcarnos en el ferry público destino Guraidhoo, que partía a las 14.15. Justo a esa hora estábamos dentro del avión y tocaba partir. Al fin, de nuevo, nuestro viaje continúa, sin ningún problema. ¡¡El paraíso más cerca!! Despegamos. El vuelo, corto, apenas 1h30 minutos, apenas tiempo para echar otra cabezada, saco la cámara, aburrido, intentando ver algún atolón por la ventana. Intentando vislumbrar el paraíso.

oh my god

A través de la ventana. Emoción, ansiedad, esperanza, ganas. Colores únicos que veo a través de ella; aquellos colores que he visto durante 30 años de mi vida en fotos, televisión e Internet iban a aparecer delante de nuestras narices en breve. Es increíble lo que veo, aún no me lo creo, o tal vez es la falta de sueño, pues recordaos que llevamos desde las 9 y media de la noche del día anterior viajando. Aterrizamos sobre las 3 y media, 4 de la tarde en Male. Ya está, lo conseguimos. Maldivas, ya estamos dentro, después del control de inmigración y estampa en el pasaporte.

Lo siguiente era buscar al Jefe, el cual estaría esperándonos para dirigirnos al taxi-barco. Previo a eso, pasamos por la oficina de cambio de moneda. Desde Dubai traíamos dólares, moneda internacionalmente aceptada, amén que en Maldivas aceptan pago con dólares americanos. Pero hay algo bonito y clásico  y que hace que te envuelvas más aún en el viaje, y es cambiar a moneda local. Al final nos dimos cuenta que en Maldivas no tenía mucho uso pero ,¿y lo que fardábamos con nuestro taco de cienes de rufiyas (moneda local de Maldivas), que apenas cabían en nuestras carteras, e hicieron de cada pago una odisea? ¡No apto para despistados!

Ahí lo tienes, el Jefe haciendo acto de presencia. Sonriente, nos espera, nos pregunta cómo estamos y le comentamos la movida así por encima; hace referencia a que estas cosas suelen pasar con SriLankan Airlines, que a él también le ha pasado lo mismo cuando ha tenido que salir de la isla para hacer cualquier historia, y que en la vida volverá a volar con ellos. Nosotros asentamos con la cabeza y decimos que también NUNCA MAS volveremos a volar con una compañía de semejante calibre de PATANES.

barquito

El aeropuerto de Male es pequeñito pero con mucha actividad, miles de turistas de todo el mundo llegan aquí para partir a una de sus 900 islas habitadas, algunas con un simple hotel de lujo con menos de 10 habitaciones, otras islas grandes con su gente local viviendo y haciendo el día a día; otras islas, como la nuestra (Guraidhoo) mezclan ambas cosas. En la zona de llegadas al aeropuerto, un porrón de guías turísticos esperan a sus pasajeros.

colores para la eternidad

Pasamos toda esa marabunta de guías, de gente buscando a su guía con cartelitos de Sir. Owen, Mr. Kenen y demás nombres así, provenientes de todo el mundo, hasta llegar a la zona de los taxi-barcos. Allá nos esperaba, nuestro barquito privado, que bien pagamos, a unos 50 euros por cabeza, por 1 una hora y pico de viaje hasta destino. Asombrado, el agua tiene un increíble color azul, y eso que estamos en la cutre isla del aeropuerto.

barqueros

Ya está, los 4 embarcados, el Jefe y el barquero. Motores en marcha, 2 grandes y potentes. Dispuestos a surcar las aguas de Maldivas hasta Guraidhoo. Arrancamos, partimos. Lo conseguimos, ya estamos aquí. Sonrientes, felices y silenciosos, pues estábamos disfrutando del paseo en lancha, de la brisa marina, de las vistas de las islas que nos rodean, amén de lo cansados que estábamos por lidiar la batalla contra compañías aéreas de mierda y no haber dormido mucho.

colores azules

De nuevo, en contacto con el mar, pero no con un mar especial, sino el océano índico, cerca del ecuador, donde siempre es verano, y la temperatura del agua ronda los 27 grados o más, excelente condición para bucear horas y horas sin que el cuerpo coja frío. Y qué colores, qué azules, algo nunca visto.

azul de la ostia

De repente, aparece un azul que nunca había visto en persona. Tan sólo lo había vislumbrado en ciertas fotos de Internet. Pero esta vez era real. Estaba delante de mis ojos, ese azul tropical, azul paraíso, azul increíble… un azul que seguro a nadie le disgusta. Los 4 becarios estábamos flipando, pues era como estar surcando una piscina de tamaño descomunal, y el agua aún estaba más clara que en una propia piscina. No tenemos palabras, sólo sentimientos que expresar y ganas locas por llegar a algún sitio parecido y tirarnos durante horas sin hacer nada, tan sólo que disfrutar  de estos colores.

Un paseo largo

Fue un paseo largo, pero agradable. Azules nunca vistos, a punto de ser probados. Bucear en aguas cristalinas, relajarse en playas de arena blanca y fina. Estábamos cerca. Pero si de algo tenía curiosidad era de ver cómo de sucia estaba nuestra isla, Pues en los comentarios del hostal hacían especial incapié en ello. Tras cruzar muchas islas, llegamos a Guraidhoo, hasta el agua del puerto es azul cristalina. Mucho arrecife de coral, hay que tener cuidado por donde pasa la barca para que no rompa el casco. Desembarcamos, la mitad del pueblo en el puerto, observándonos. Pero a eso ya estamos acostumbrados, somos becarios ICEX y nos recorremos medio mundo para forjar nuestro espíritu, cuerpo y alma. Para David era la primera vez, aunque él ya había estado de Erasmus y demás, así que no le pillaba muy de sorpresa.

Había un poco de  basura flotando por el puerto, pero tampoco le di mucha importancia, pues todos los puertos son así. Nos llevaron camino al hotel por las calles de la isla. Básicamente las calles cruzaban una con otra, de manera perpendicular; la manera perfecta para confundirse de calle y perderse. Había que tomar referencias de puntos clave como la tienda de souvenirs, o el supermercado del pueblo. Las primeras imágenes nos recuerdan que seguimos en un país musulmán; las mujeres con el velo puesto, a pesar del calor y humedad que hacían (aquí creo incluso será peor que en Dubai, pero por la humedad). Los ojos de todos los hombres se clavan inmediatamente en Edurne y Laurita, las únicas mujeres con el pelo descubierto y algo menos de ropa; ya les avisamos que llevaran ropa discreta para los momentos de la isla. Lo que no sabríamos es que más adelante acabarían haciéndoles declaraciones de amor… y demás, jeje. Nos recogen las maletas con un carro, mientras, nosotros andamos tranquilamente. Llegamos a las habitaciones, dejamos todo, las chicas a dormir a una doble, David y yo a la otra habitación de enfrente.

jojojojoj

Nos despojamos de todo y yo ya estaba ansioso de dar una vuelta por los alrededores, para ver cómo era la isla y sus playas. Esperando a las chicas (ellas siempre tardan más, aunque yo a veces soy muuuucha tela), pensábamos en lo que hacer. Serían cerca de las 5 de la tarde, y estábamos bastante sudados por el viajecito y la humedad, así que pensé en ir a la playa a dare un baño. Aquí nos encontraríamos de bruces con la realidad de los comentarios sobre la isla en el portal de Booking.com. La isla realmente no ofrecía mucho, si bien algo de vida local para observar y fotografiar, un par de supermercados, algún bar/restaurante que otro la ostia de raro, y la playa. Pero esta playa no era una playa paradisíaca ni normal. Esta playa estaba jodidamente jodida.

vertedero 1

-“No, no puede ser verdad” -decía yo
– “Oohtiaaa…..” -David, sorprendido por lo que cada  vez veíamos más de cerca.

mierda por doquier

Edurne y Laurita, a veces sin palabras, otras veces con cara de sorpresa increíble. Yo ya les avisé de los comentarios, pero es que sinceramente ni yo pensaba que esto fuera a ser así. Estábamos en una isla de un supuesto paraíso tropical rodeados no de mierda, sino de mierda y escombros con los que puedes ser capaz de construir armas, vehículos o hasta casas, con tanto despojo.

En parte me sentía responsable de éste viaje, yo les había metido a ellos la idea y el concepto de hacer este viaje, y que nos lo pasaríamos de puta madre, amén de ver cosas insólitas. Pues bien, ¿estábamos viendo algo insólito, cierto? De cómo estar en Maldivas por 30 euros persona/noche, rodeados de vida local y de mierda por un tubo. Tuvimos que sacarle la broma al asunto, porque si te paras a pensarlo, era bastante deprimente.

africanos ?

Edurne mostró su negativa rotunda a darse un baño, y la entiendo; David y yo nos metimos para adentro, con chanclas, porque cuanto más nos acercábamos a la orilla, más mierda y cosas cortantes veíamos dentro. Laurita, que no tenía miedo a nada, también se aventuró en darse un chapuzón. A esa hora, también hicieron acto de presencia unos cuantos niños, locales de la isla. Mientras, las niñas jugaban metros atrás, en el parque ataviadas con la abaya.

ellas también tienen derecho

David estaba acojonao, y yo no es que andara de valiente, si no todo lo contrario. El fondo marino estaba lleno de coral muerto y de cosas raras, basura, que como te cortes con algo de eso, creo apenas duras 15 minutos. Ni llamar a tu madre para despedirte puedes. Lo que hicimos fue nadar en modo morsa, sin tocar el fondo. Yo llevaba unas gafas de natación que hacían el papel para ver un poco el fondo, y así poder guiar a David y Laurita, y evitar su prematura muerte por objetos desconocidos.

barcos

Los niños no tenían miedo y ahí andaban, nadando más o menos cerca nuestro. Ellos estaban en una zona que no tocaban fondo y cierto es que ahí estaba todo más limpio. Aún así, seguía siendo peligroso. Lo más gracioso era que, justo enfrente nuestra, un resort-hotel Holiday INN hacía acto de presencia, y su playa, aparte de parecer más limpia, estaba vigilada.

mmmmm

No podíamos pues, cruzar a la otra orilla, ya que ésta era privada, sólo para clientes del hotel. Esos huéspedes alojados en el hotel HOLIDAY INN estarían, seguro, pagando 3 veces más la noche que nosotros, por tener un trozo de orilla más limpio; pero en el fondo estaban en la misma agua de mierda, y con peores vistas aún, vistas a nosotros, a los mendigos de la isla. JAJAJAJAJ, se jodan y se queden su parte limpia, no la quiero. Ya tuvimos bastante, refrescándonos en el agua y entre trampas mortales; decidimos salir fuera, vuelta al hotel, ducha y hacer algo más.

retrato

No tan rápido. Observo a mi alrededor y pienso; este momento resultó ideal para hacer fotos. Unos colores que en la vida había visto, se presentaban ante de mi de manera muy atractiva y decidí quedarme echando unas fotos. Hice algunos retratos de los nuestros, que las podéis ver en el álbum, pero aquí destacaré alguna otra:

luna casi llenaLa luna, casi llena. Increíble.

Mierda en lataMierda, en lata.

puesta de solPuesta de sol entre palmeras. Bonita como ella sola.

Batman vuelveBatman existe y vive en Maldivas.

Marea baja, niños, mierda Marea baja, niños y mierda.

nice houseSimpática casa cerca del hotel.

Y mil sitios más donde realizar fotos, con esos fantásticos colores.

Camino al hotel, muertos en vida pero con aún algo de energía. Nos espera un breve tiempo de relax, antes de la cena. Nos dimos una ducha y la sensación de que nos bañábamos con agua salada un poco estancada estaba presente. A su vez, una amiga cucaracha del tamaño de un elefante hacía acto de presencia por el depósito del agua, metiéndose en él y haciéndo que David sintiera un asco increíble. Yo le dije que no se preocupara, que pase de ella y que por la noche aseguramos la puerta cerrándola con toalla, para que no nos coma por la noche, jajaja.

jojoojojo

Aún flipábamos con el montón de billetes que apenas simbolizaban 40 dólares o algo así, que fue lo que cambiamos. Pero es que acabo de acordarme que el cabrón de la oficina de cambio se quitó, gracias a nosotros, toda la morralla de billetes de 5 rufiyas. Es más, nos dio prácticamente todo en billetes de 5 rufiyas, que vienen a ser unos 25 céntimos de euro. Ni cerrar la cartera podíamos.

Toca cenar. Estábamos ansiosos por ello, pero también éramos realistas y sabíamos que no iban a traer manjares de dioses. La cena se basaba en un pequeño menú, con apenas 4 platos a elegir, los cuales teníamos que avisar al cocinero de lo que queríamos casi 2 horas antes, para tenerla lista a la hora que queríamos. Ya sabéis, a ritmo tropical. Pero suerte que avisamos nada más llegar del excelente baño en la playa limpia (jaja) y no esperamos mucho. Nos sentamos a charlar un rato, hablar sobre las primeras impresiones de todo , sobre como nos sentíamos, unas bromas, etc… También, mientras esperábamos la cena, discutimos con el Jefe sobre la ruta de viaje de los 2 próximos días que teníamos por delante. Prácticamente estaba todo decidido y el Jefe se dedicó a explicarlo todo. Básicamente, el primer día iríamos en barco a una zona de buceo, con bonitos y grandes arrecifes, para después acabar en una isla nosotros solos y pasar desde mediodía hasta la puesta de sol en la misma. El segundo día se basaría en irnos a una isla-banco de arena y después irnos a una isla-resort donde se encontraba un buen hotel, con restaurante y comida occidental para pasar todo el día hasta la puesta de sol y después volver. Al día siguiente, tocaría la vuelta de buena mañana.

foton

Pero eso quedaba aún muy lejos, y no hacíamos nada más que pensar en lo que nos depararía al día siguiente. Gracias a dios nos aliviamos, después del susto que nos llevamos con aquella playa ‘limpia’; yo ya les prometí que la cosa cambiaría y merecería la pena haber venido aquí. Yo confiaba ciégamente en el Jefe y sus guías (ciégamente y a la fuerza, eran los únicos que teníamos de nuestro lado, jeje). Edurne, David y Laurita estaban más tranquilos pues.

Vino la cena, tocaba disfrutar. Primero una sopa de pescado, después algo de arroz con curry (muy rico, por cierto). Pan, y algunas movidas más que apenas recuerdo, pero que se podían comer. Todo eso acompañado de un zumo ultra azucarado, que te ponía más ciego que 10 vodkas. Hablando de vodkas, con nosotros en el hotel se hospedaba un joven de nacionalidad rusa. De aquí en adelante, Dimitri. De estatura baja, pero complexión fuerte, rubio pelo rizado, ojo azules enormes como platos, cara fina y prolongada y una nariz de judío. Impasible y pacífico, terriblemente pacífico. Y con un reloj en la muñeca más grande que nuestra cabeza. He aquí el completo perfil de ‘diver’, buceador a bombona, donde cuanto más tranquilo estés y menos oxígeno consumas, más durarás bajo del mar.

Dimitri comía en mesa aparte y la primera noche apenas hablamos con él, pero a la segunda noche ya se unió a nosotros. Él tenía su ruta hecha pero al segundo día se le encontraríamos en la isla ‘resort’. Tras acabar la cena, convencí al grupo para dar una última vuelta. Aún no eran ni la 9 de la noche y si bien estábamos destrozadillos, aún logré sacarles fuerzas de la nada para dar una pequeña vuelta por la isla. Ya sabéis lo que me gusta inspeccionar y explorar nuevas zonas. Esto no iba a ser menos, bajo la luna casi llena, en pleno ambiente tropical.

hamacacacacaca

La isla estaba terriblemente tranquila, Esta gente sigue las horas del sol y aquí amanece a la 6 pero a las 6 y pico ya va cayendo la noche. Por lo tanto, excepto algunos ‘gamberrillos’, gente relajada paseando en la noche y gente adulta que caminaba a los pocos bares de la isla, nadie más hacía acto de presencia. Ni una mujer, por cierto.

palmeras y cielo

Encima de nuestras cabezas, la luna y las estrellas, y los putos murciélagos del tamaño de un Boeing 777. Auténticos ‘Batman’ pasando cerca de nuestras cabezas, entre ramas de árboles y palmeras, asustando sobre todo a Laurita, la cual poco a poco iba pillándoles más miedo y risa. Sus pequeños chillidos poco a poco irían yendo a más, conforme avanzaba el viaje…

También andaba ofuscado por encontrar tiendas de souvenirs, ya sabéis lo que me gustan las pulseras… pero todo estaba cerrado y los de las tiendas andaban deambulando por las calles; les avisé que mañana haría compra sí o sí, que se prepararan, jojojo.

Y antes de volver al hotel, acabamos en otra playa, pero en la otra punta de la isla. Y el aspecto tendía a ser el mismo. Orilla llena de mierda, pero esta vez con un añadido, caracolillos de mar que salían con cada venida de ola y se escondían bajo la arena a cada paso que dábamos.

caragol

El sonido de las olas del mar, de noche, sin ningún ruido, en medio de la nada, bajo la luna llena, y con una grata compañía. Una grata compañía que medio-forcé para que vinieran conmigo, pues les expliqué que ‘el tiempo es oro’ y que ‘hacer más es vivir más’. Previo descojone por su parte, creo nunca estuvieron de acuerdo conmigo. Pero yo estoy convencido que es así. ¿O acaso no sabes más si lees más? En la vida es lo mismo. No voy a quedarme en un hotel pudiendo dar una pequeña vuelta por los alrededores, para, quién sabe, ¡poder aprender de algo que ocurra o que veas en esos momentos!

Ya estábamos todos muy cansados, demasiado. El día ha sido larguísimo, con dos vuelos incluidos. No sabemos ni qué hora es pero, toca volver el camino de vuelta al hotel y de noche entre esas calles, va a ser algo más difícil. Al final dibujamos en las calles con nuestras andadas una ‘L’, guiándonos con la luna, y logramos llegar a nuestra choza, con cara de cansados; tocaba reposar.

Con el pijama puesto, angelitos a la espera de soñar con ellos. pero más que soñar con angelitos, soñaríamos con las playas y con el paraíso tropical que nos esperaría mañana. Edurne iba a iniciarse en el mundo del buceo, ella como ciudadana de un pueblo en el Norte de España, no estaba muy familiarizada con el mar, o sea para ella esto iba a ser algo más que nuevo. Y yo creo que sí le gustó. Laurita iba a disfrutar como una niña, seguro, en el agua. Y David se soltaría la melena bajo el agua también, viendo cosas que nunca hubiera visto de no ser por el pesado de su compadre de oficina. Sí, ese soy yo, servidor.  Pero gracias a mi podrán decir que perdieron un vuelo, viéndolo despegar enfrente de sus narices, mientras que los currantes del aeropuerto seguían sonriendo y que estuvieron en una de las playas más sucia de Maldivas pero, era el precio que había que pagar para saltar al paraíso.

Pero eso es lo que por ahora, ellos podrían decir, pues mañana tocaría algo más de acción, en un entorno muy agradable. Más emociones y colores nos esperaban…

2012-04-05 Maldivas – Por los aires

Álbum de fotos del primer día en Maldivas.

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Maldivas, colores para la eternidad: Prólogo

Todo volvió a la normalidad a su cauce, a la rutina diaria. Volvía a Dubai, tras dejar Irán el 7 de febrero del 2012; atrás dejé el mono de nieve y rebajé mi ansia de conocer sitios raros. ¿Aún así os creéis que dejé de pensar en el siguiente destino?

Nuevas incorporaciones en la oficina, a principios del 2012, en enero, las 2 becarias del Gobierno Vasco, Marta y Edurne, hicieron aparición. Después, a principios de Febrero, Laura de Extenda hacía su aparación por la oficina (Laurita de aquí en adelante). Y a mediados de febrero hacía acto de presencia David, también de Extenda. 4 nuevos becarios, frescos, sin conocimiento de lo que se cocía tanto en Oriente Medio, como en Dubai, ni siquiera en la Ofecomes. Las puertas de un nuevo mundo se abrían ante ellos; ofreciendo algo que seguro nunca en su vida olvidarán.

Mientras, servidor iba amoldándose al estilo de vida dubaití. Amén de hacer mi trabajo, pasaba el tiempo libre en la playa, y los fines de semana iba a bailar salsa. Había una excelente comunidad de salsa, bastante internacional debido al lugar (en Dubai hay más de 150 nacionalidades del mundo conviviendo unos con otros). También se montaba alguna fiesta que otra en casas, como siempre, para que la gente pudiera beber sin control ni pagando esas cantidades ingentes de más de 10 euros una copa, encima mal echada.

Pero yo quería viajar, quería seguir volando y eso también ocupaba mi tiempo libre, planificando qué hacer y qué visitar. Esto se juntó con la entrada de los nuevos becarios, los cuales en poco tiempo se dieron cuenta que, este lugar es un excelente sitio para poder hacer viajes a muchísimas partes del mundo por un precio más que asequible. Además, la carga laboral en la oficina iría en aumento… y debíamos quitarnos el estrés de cualquier forma.

Hice buenas migas con los nuevos becarios. Todos ellos cercanos a mi edad (alguna me pasaba, jeje) y con unas ideas y pensamientos similares. Se puede decir que compenetramos bastante bien. Y no tardé en exponer, cual mapa en una mesa de una zona a punto de ser conquistada en una reunión de guerra, mis ideas y conjeturas sobre cómo pasar las vacaciones en este país.

Teníamos una pequeña ventaja; combinábamos algunas vacaciones del calendario español junto con las locales. Esto, junto con los fines de semana de viernes y sábado, hizo que pudiéramos elegir alguna fecha que otra para irnos donde fuera, sin gastar un día de vacaciones (los cuales los estaba reservando para el gran viaje asiático). A todos ellos, los nuevos becarios, les expuse mi plan. Eran la tercera semana de febrero, apenas llevaba 2 semanas desde mi vuelta de Irán pero ya sabía fecha para el siguiente desplazamiento: Semana Santa. Sí sí, por mucho país árabe en el que estábamos, en la oficina nos marcamos una buena semana santa… ¿qué pasa? Estamos en territorio nacional, ergo somos súper católicos, ¿OK?

Semana santa presentaba un excelente calendario de 4 días seguidos, del 4 al 8 de abril durante los cuales, si nos íbamos de vacaciones, no gastaríamos ningún día. Durante cada día me dedicaba a machacar psicológicamente sobre esta idea a los nuevos becarios. Alguna vez seguro que fui algo pesado. Pero conseguí mi propósito; Laurita, Edurne y David se apuntaron a realizar una escapada en esas fechas.

Ahora tocaban un par cosas más. Lo primero, fue convencer a nuestros superiores de permitir que nos fuéramos esas fechas; habían muchísimas agendas y demás trabajos que realizar y ellos no estaban por la labor de dejarnos escapar pero, gracias a nuestro jefazo, el cual entendió perfectamente la carga laboral que teníamos y que a su vez confió en nosotros, comunicó a todos que los días oficiales de vacaciones se deberían respetar. Vamos, que podíamos irnos siempre que todo se deje hecho y no haya trabajo atrasado. Ergo la pelota estaba en nuestro campo y podíamos jugar con ella. Lo segundo, buscar un destino a visitar. Buscar una tierra, una bandera, una región, una nueva experiencia. Ellos, los becarios, se metieron mucha caña en zanjar sus asuntos y trabajo para poder irse sin presiones durante esos días y delegaron en mi el buscar un destino.

Me apetecía… me apetecía más playa. A pesar de haber estado en Sri Lanka y haber perdido la virginidad en cuanto a viajes de playas tropicales se refiere, aún quería algo más auténtico. Algo con arena más blanca, con agua más azul y transparente,  algo con el sol irradiando al máximo e iluminándonos todo el día. Algo remotamente perdido, algo único e irrepetible, algo para ricos pero que, gracias a nuestras circunstancias y astucia, pueda realizarse. De repente, divisé un pequeño punto en el Google Maps. Unas islas, no muy lejos de Dubai, a un precio de vuelo asequible. Y unas islas que cuando las nombras, no hace falta decir nada más. Maldivas.

Sí, Maldivas. Junto a las islas de Seychelles, éstas son mundialmente  conocidas por ser un paraíso en la tierra, el cielo hecho realidad, el “summum” del buceo, del relax y de la desconexión. Maldivas entró en mi mente y nunca más se fue. No se si debido a que no habían destinos más atractivos, o por cabezonería mía pero, ahora tocaba “venderles la moto” a los becarios.

Expuse mi plan durante día, tarde y noche a todos y cada uno de aquellos becarios de la oficina, es más, lo expuse públicamente, pero especialmente iba dirigido a ellos, a los nuevos, los cuales venían con ganas de viajar. No fue fácil convencerlos, tuve que ser muy pesado (más de lo normal, jojojoj), aunque cierto es que, a mi favor jugó el poco tiempo que llevaban en Dubai, junto con su carga laboral y la falta de tiempo de reacción, no fue difícil convencerles. Tened en cuenta también mi gran palique y sabiduría (JAJJAJAJAJ), mis dotes comerciales y la manera en la que te puedo exponer algo (quien me conoce medio bien, sabe de lo que hablo) … y ¡”voilà”! Ya eramos 4.

La verdad es que tuvimos bastante suerte. Las causas reales por las que escogimos Maldivas fueron:

– El exotismo del destino
– El precio del billete de avión (370 euros ida/vuelta, en semana santa!)
– Destino relativamente cerca (a unas 5 horas de Dubai)
– Las fotos con las que bombardeaba todos los días a los becarios, sacadas de Google Images. Probad si no, a escribir “Maldivas” en http://images.google.es y ahora me decís que no os entran ganas de ir.

Sumadle que Laurita, Edurne y David tampoco han estado en sus vidas en una isla tropical. Barajamos otros destinos como Bangkok, Kuala Lumpur, etc… pero estos estaban bastante más lejos, los vuelos y sus escalas no eran buenas y en esos 4 días perdías más de 1 día debido a los horarios de vuelo. Total  que, depositaron fe ciega en mi y tuve que organizar todo el viaje.

Al final tras muchas discusiones y diálogos en las comidas, decidimos una tarde de marzo comprar los billetes de avión. Si mal recuerdo, los compramos 2 ó 3 semanas antes. Y pasó algo muy gracioso (para mi, no para ellos). Resulta que en la web de la compañía con la que íbamos a volar, SriLankan Airlines, anunciaba últimas tarifas del vuelo Dubai-Male (capital de Maldivas). Estaba en casa de David comprando el ticket cuando la tarifa anunciada era de unos 360 euros. Hago todo el trámite y adquiero el ticket sin ningún problema. Acto seguido, David refresca la pagina web y accede a comprar el ticket; éste había subido de precio, 20 euros más. A David se le quedó cara de OWNED mientras yo me partía la caja de risa. Pero no llamadme cabrón, es que fue muy gracioso a la vez que una “hijoputez” que te pase eso. A Edurne y Laurita también les pasó lo mismo… y sinceramente no sé si saben que a mi me costó el billete 20 euritos menos… así que os debo una copa, ¿vale? AJAJJAJAJ… ya sabéis, intentar ser siempre los primeros. JAJAAJJA

¿Y como ir a un sitio donde la gente se gasta un pastizal, con un bajo presupuesto? No preguntadme por qué, pero en todo sitio siempre habrá algo ‘barato’. Y encontré un pequeño y aparentemente decente hostal por 32 euros persona/noche, en una isla no muy lejos de Male. Doy gracias una vez más a booking.com, la mejor web del mundo mundial para viajar y encontrar un techo para dormir. Inmediatamente reservé para 4 personas en el Rip Tide Vacation Inn, situado en Guraidhoo, una isla al sur de Male.

Y ahora lo voy a confesar, becarios míos. La verdad es que me la jugué un poco, porque sinceramente no sabía si la isla la que íbamos tendría tours, o no, o cuánto valían (tal vez podrían valer miles de euros o no, ¡o simplemente no haber!) Y me fié de los comentarios que los usuarios de booking.com depositan en el hotel. La nota no era muy alta… y todos hacían incapié en lo mismo, lo “sucia” que estaba la isla. Pero yo no me creía eso, ¡es imposible que un paraíso tropical esté sucio! O al menos, no cabía en mi cabeza y puede ser que la suciedad fuera en las calles, ¡pero no en las playas! Más tarde, en el siguiente relato, veréis con vuestros ojos esta suciedad a la que los usuarios de la web de Booking.com se referían…

En dichos comentarios también clarificaban que los del hotel organizaban tours para realizar buceos por islitas cercanas. Así que dicho y hecho… ¡me la jugué a un carta! Hotel reservado para 4. El sueño, más cerca de hacerse realidad.

Laurita estaba inquieta por viajar, amén de lo ‘terremoto’ que es esta mujer, esos días estaba si cabe más nerviosilla, pero contenta, porque nos ibamos a ir un destino que jamás hubiera pisado si no llega a estar en Dubai. Y ojo, que aunque hubiera estado en Dubai, si no llega a ser por mi… (modo fantasma OFF).

Edurne se mostraba ilusionada, éste iba a ser su segundo viaje, ya se fueron Laurita y ella a Jordania, estuvieron juntas y ambas se definieron una a otra como buenas compañeras de viaje. Edurne remarcó que con Laurita nos lo íbamos a pasar en grande… esa gracia sevillana haría su acto de aparición en muchos momentos. Nunca había buceado y esto para ella era una novedad. También estaba algo preocupada por el nivel de protector solar a utilizar y la frecuencia a aplicar, pues nos íbamos a un sitio donde la sombra brillaría por su ausencia y ella no es que sea muy morena precisamente, jejjejeje. La entiendo perfectamente, Edurne es la sensatez en persona.

David… David era nuevo en esto. David estaba siempre nervioso por los viajes, no veía nunca nada claro. El pobre se agobiaba porque tenía mucho trabajo y siempre temía que nuestros jefazos no le dejaran coger vacaciones y/o irse cuando él quisiera. Yo le alentaba a ser valiente, que no es ni más ni menos que pedir lo que te corresponde, jejeejeje. Pero David confió en mi y se aventuró a este viaje, el cual creo que me lo agradecerá para siempre 🙂

Y que deciros de mi… Yo, en mi línea, pura inercia, sin parar de buscar información para este viaje; visitas a esta web, a esta otra, que si el mapa, que si ahora la guía de viajes, que si llamada telefónica al hotel para confirmar si tenían viajes o no, que si existía transporte público desde Male hasta la isla o teníamos que buscarnos la vida para llegar. El coste estimado del viaje, un presupuesto, la presentación del viaje tras las consultas… En resumen, la excelencia de un tour operador, ofrecida de manera gratuita a todos aquellos que quisieron venirse conmigo en este viaje.

Teníamos programado despegar un jueves 5 de abril, a las 00:30 de la madrugada. O eso es lo que ponía en el primer ticket, porque días después de adquirirlos, la compañía se puso en contacto con nosotros, diciendo que el vuelo se retrasaría una hora y nos enviaron al email los nuevos tickets. Nos pusimos algo nerviosos. La escala entre Dubai y Male sería en Colombo (Sri Lanka), de tan sólo 2 horas, y con este retraso, íbamos a perder una hora…

Pero esto fue nada en comparación a lo que nos encontramos unas cuantas horas después, aquel día, tras despegar de Dubai. Y yo que pensaba lo tenía todo bajo control, jajajaja, iluso de mi…

Aquel miércoles noche, antes de despegar, quedamos en nuestro local favorito, Zaroob, para cenar antes de ir al aeropuerto…. Continuará

Sri Lanka, el paraíso en la tierra (V): Esto se acaba. Cada lugar, único y especial

Nuestro último amanecer en Sri Lanka. Concretamente, donde nos quedamos a dormir aquella noche, en Kandy. Atrás dejamos el largo día anterior, donde amanecimos en lo alto de una región montañosa, cogimos un tren, nos dirigimos hacia la capital cultural y mística de Sri Lanka, conectamos con los antepasados en el templo de la reliquia de Buda, y pasamos una divertida noche con un local, que poco le faltó para abrazarnos y besarnos.

Ante nuestros ojos pues, un nuevo amanecer de ensueño. Un amanecer que, desde mi punto de vista, tiene cabida y dejará con la boca abierta y la mente pensativa a todos los públicos que puedan asistir a estos viajes; empezando por intrépidos aventureros que quieren experimentar nuevas sensaciones, a ellos les hará detenerse en el camino, reflexionar y relajarse. Pasando por gente solitaria, que busca la paz interior, la serenidad y desconexión, ellos encontrarán la paz que buscan en un sitio como este. Y finalizando, por ejemplo, por aquellas parejas que buscan un nido de amor; nada mejor que perderse en lo alto de una ciudad, en un hotel con vistas a un valle tropical, con el color verde palmera y el silencio como protagonistas, ofreciendo serenidad y un romanticismo único, digno de cualquier película de cine; momento perfecto para que ambos se fundan en un abrazo, después de una profunda y sincera mirada entre ellos.

Obviamente, las parejas con niños también tienen cabida en este tipo de viajes pero, si os digo la verdad, no vi ni una. Todos eran turistas de mayor o menor edad; en solitario, pareja o grupos, de todas las nacionalidades, pero sin niños. O si que los habría, pero nada destacable. Los únicos niños/as, los del país en cuestión. Y es que, aunque falto de experiencia con los niños, no creo que Asia, excepto en aquellos paraísos tropicales y resorts donde la familia se sentirá protegida dentro de una burbuja con actividades para todos ellos, sea destino como para viajar y venir con niños.

Retomando el hilo del último día. Un fuerte desayuno, a lo inglés y sumándole mi voraz hambre matinal, doblemente fuerte. Toca rumbo a Sigiriya, a visitar uno de los templos más importantes del país. Y previo a ello, pasaremos por un orfanato de elefantes y el templo del oro. Sí, tras este viaje, podéis llamarme ‘el templos’.

Un pequeño inciso. Como amante  del turismo activo, donde se puede interactuar con el medio (véase deportes de agua en destinos de playa, snowboard en la montaña, etc), he de decir que no es de mi preferencia dar vueltas por una isla y atiborrarme de templos y más templos, de imagenes de Buda; el bucle de Buda. Diez mil millones de estatuas de Él, por toda la isla. Aunque no me voy a quedar en este aspecto tan superficial y simple, pues yo pensaba que me iba a aburrir, y no fue así. Mientras uno visita la historia pasada del diferentes regiones del mundo, a la vez, uno mismo crea su propia historia. Me refiero a todo aquel acontecimiento o cosa que sucede cuando estás en un sitio, en cualquier sitio.

Si bien, por mi mente dispersa y debido a mis preferencias en cuanto a viajes, no he prestado mucha atención a la historia que rodea este tipo de templos, como otras personas podrían hacerlo o lo hacen (mención especial a Jesús, ex-becario Cámara Madrid que gracias a él nos empapamos de toda la historia relacionada con Petra), en este viaje he sacado partido de ello, haciendo y creando historia, mi propia historia, nuestra historia. Aquellas vivencias, experiencias y momentos, que siempre son únicos, no se volverán a repetir de la misma manera.

Y cuando viajamos, por supuesto que hay que prestar atencion a la historia pasada que rodea esos templos, pero también a la historia viva que está rodeándote en cada momento que pasas ahí (y durante tu vida normal y rutinaria, no solo en viajes). En este caso, por ejemplo, aquella noche con el local en Kandy y sus historias, o aquella curiosa pelea de monos en un templo y ver como uno de ellos se retira con la oreja a trozos; todo eso es historia, historia viva. Vale, lo sé, no será tan transcendental como la historia pasada que ha marcado el curso del ser humano en el planeta, pero joder, ¡¡también es historia!! Es nuestra historia, y todos nosotros tenemos derecho a ello, ¡a crear nuestra historia!

Y siguiendo el curso del rumbo de este día, Sumith nos esperaba, puntual como siempre para partir. Nuestra primera parada seria en el orfanato de elefantes, con posibilidad de verles ‘en acción’ y montarse en uno de ellos. Llegamos al orfanato, repleto de turistas y de tiendecitas de souvenirs, bajamos del coche y nos dirigimos al río donde se juntan.

Fuimos directamente a verlos, pues no quisimos montar en un elefante; era bastante caro y realmente, ni Antonio ni yo tuvimos especial atracción en sentarnos encima de un paquidermo. Tal vez, el hecho de que fuera el último día, y que ya nos habíamos dejado bastante dinero (y lo que nos faltaba) y el cansancio, hicieron que pasáramos de hacerlo.

Los elefantes son bonitos, nada ruidosos y aparentemente mansos. Están ahí relajados, en sus charcas, ríos y zonas de agua, lavándose y pasando el rato. Algunos están atados, no se por qué, tal vez sean los más salvajes y a esos hay que tenerlos controlados. Ver a esos gigantes moverse lentamente e interactuar entre ellos relaja bastante, sobretodo a aquellos elefantes pequeñitos, siguiendo a su madre sin despegarse de ella, y ella acariciándole y guiándole con la trompa… muy tierno y bonito.

Nos tomamos un helado para recuperar azúcar, pues hacía un calor increíble; hasta los elefantes tenían que recibir su dosis de agua fresca encima de su gran lomo. Volviendo camino a nuestro medio de transporte, una vez más caí bajo el embrujo de los souvenirs. Pero no compré nada, pude contenerme; esa misma mañana, en Kandy, al dejar nuestro hotel y pasando por una ruta la cual tenía una parada en un sitio con vistas a la ciudad, unos ‘comerciantes’ nos abordaron amáblemente para vendernos sus productos. Ya sabéis que me chiflan las pulseritas y esas mariconadas varias, y estoy harto del MADE IN CHINA. Buscaba algo diferente (y aún sigo buscando). De repente, vislumbré una pulsera negra, sencilla, con una especie de hilos gruesos entrelazados unos con otros; me acerco, la cojo y la observo con detenimiento; automáticamente el tendero dice: “ELEPHANT HAIR MY FRIEND, IS REAL”. En cristiano, que los hilitos gruesos negros entrelazados eran pelo de elefante, concretamente de la cola,  y que eran reales. Harto de tener que esquivar a timadores, embaucadores y mentirosos del país, le dije que no me lo creía. Él, cogió un mechero y le metió fuego a la pulsera; dejó la llama el suficientemente tiempo para que, si la pulsera fuera de plástico, desprendiera ese olor característico. Salió un ‘tufillo’ que rápidamente olisqueé y, mi sorpresa fue, que olía a pelo quemado. Si, como vulgarmente decimos, ‘aquí huele a pollooooooooo’ cuando se quema uno la piel o los pelos. No dudé en comprarla, y aún la llevo puesta.

El camino es largo, pero se hace llevadero en nuestro medio de transporte que Sumith, nuestro guía, eligió para este viaje. A pesar de mi más de metro ochenta de altura, podía casi estirar las piernas del todo, y junto a la inclinación del asiento de atrás, parecía que estuviera volando en la ‘first class’ de Emirates, la aerolínea. Aprovechas para ver paisaje, y dormir, pues aún queda un largo día.

Era mediodía y teníamos que coger fuerzas para la marcha. Paramos en otro restaurante de carretera, recomendado y conocido por Sumith; él no quería que nos pasara nada con la comida y sabe a qué sitios llevar a los turistas. Si aún esos sitios parecían peculiares, no me quiero imaginar cómo serán los otros restaurantes; hasta él mismo decía que mejor parar donde suele parar la gente, por si acaso. No me gusta para nada la idea de ‘irme por la pata bajo’ en medio donde Buda perdió la chancla.

Y este restaurante no era como el primero, donde podías elegir cubiertos para comer. Aquí no habían cubiertos; tocaba usar la mano de nuevo. Y, para mi sorpresa… ¡NINGUNA NOVEDAD CON EL MENU! Esta gente siempre come lo mismo: Arroz hervido como base y 5 tipos de salsa con especias de la muerte mortales (mi amigo el chili y sus colegas), junto con verduras y legumbres. ¡AH! Se me olvidaba, la gran variación es ponerle carne chamuscada de origen desconocido, o pescado frito, carbonizado  hasta tal punto que si lo miras con un microscopio, no tiene siquiera átomos. Pero en el fondo, estaba rico y uno se acostumbra a todo… gracias a la Coca-Cola. Esta vez no tuve que tomarme 2 botellines por el picante; sino con uno ya bastó, e incluso me dejé un culo. He de decir que me puse las botas, y Antonio también gozó. El silencio reinaba, concentrados en comer, disfrutando del menú y también sintiendo el nivel de picor en nuestro paladar, para darle un sorbo a la Coca-Cola, en el momento que aumentara.

Y ya por fin, llegamos al templo de oro. Una gran campana dorada en la puerta principal. Y una fachada del templo que abruma; una gran cara dorada, con ojos saltones y una enorme boca abierta, enseñando todos sus dientes. Pero ese no era el templo real, sino un museo; el templo dorado está subiendo unas cuantas escaleras, se accede por la parte izquierda y has de respetar la costumbre de ir tapado (pantalón largo con el bochornoso calor) y descalzo. Suerte que soy un poco ‘gitanillo’, me gusta andar descalzo y ya tengo algunos callos que hacen que pueda andar tranquilamente sobre sitios duros y ásperos. Pero también he de decir que mola mucho entrar a un templo, cuya creación data de hace 2000 años atrás, descalzo; tiene su rollo.

Para ser una de mis primeras incursiones a templos budistas, creo que no está mal. Este templo, construido en lo alto de una colina, al cual accedes subiendo unas escaleras de construcción y altura irregular, se encuentra debajo de una gran roca. Me refiero a que, las 5 cuevas de las que se compone el templo, están excavadas dentro de una enorme roca, que es por así decirlo, la parte alta de la montaña.

De las 5 cuevas, 3 de ellas fueron creadas hace 2000 años, y el paso del tiempo se nota en ellas; pero han sido muy bien conservadas, hasta aún hay colores dentro de ellas, en los esbozos y pinturas realizadas por aquellos monjes y artistas en aquella época. El hecho de estar en la oscuridad y alejadas de la civilización, ha hecho que se conserven maravillosamente. Las otras 2 cuevas son de reciente creación (hará unos 100 ó 200 años). Pero todas han sido bien conservadas porque han habido monjes cuidando de ellas.

Puedes optar por un guía para que te explique movidas de las cuevas pero, seguí en mi línea de ver,oír y callar. Bueno, callar no mucho, ya me conocéis; alguna sandez que otra decía al respecto de ciertas cosas que veía. Y es que había una sala con doscientos millones de figuritas iguales. Joder, mira que son repetitivos estos tíos.

Los monos campaban a sus anchas, acostumbrados plénamente a convivir con turistas. Esa extraña armonía entre monos macarras y seres humanos. En la primera cueva que entramos, ahí teníamos ante nuestras narices a 2 monos, uno enfrente de otro, y nos los topamos. Cruce de miradas, y el mono decide moverse del sitio, saltar delante mío y salir de la cueva. ‘Es tu turno’, parece que quiso decir o expresar. El cabroncete iría fuera a pelearse con otro mono. Y digo esto porque entre ellos, se reparten ostias como panes, por aquello de ser el líder de la manada y demás movidas del mundo animal (y del mundo humano también). Fotografié a un mono, que iba camino a la nada, cabizbajo y con un trocito menos de oreja, sangrando. A estos monos cabrones mejor no tocarles, siquiera mirarles, no sea que te peguen un bocao o zarpazo y te transmitan de todo menos buen rollo.

Sumith nos dio una hora para ver el templo, pensábamos que no nos daría tiempo pero, nos dio de sobra. Ya empezaba a cansarme de bucles de estatuas, hasta que vimos algo curioso: una especie de brecha en el techo de una de las cuevas, por donde discurría un hilo de agua que, llegado a un punto del mismo, caía a una vasija. Esta vasija estaba dentro de una jaula de protección; el agua es ni más ni menos que agua sagrada; proviene de no saben donde, y sí, es raro de cojones ver a algo que gotea desde el techo, en lo alto de una montaña sin aparente río cercano ni nada similar. ¿Misterios del planeta?

Descendemos, mientras disfrutamos una vez más de las maravillosas vistas que nos ofrece Sri Lanka y sus elevados montes, monasterios y templos budistas. Qué paz, serenidad y armonía se respira en estos sitios…

Sumith se sorprendió de la puntualidad; hasta él mismo sabe que los españoles no tenemos fama de puntuales, sino todo lo contrario. Bajamos a la hora concretada, pues aún quedaba mucho por ver.Es decir, faltaba lo mejor, las garras del león: SIGIRIYA.

Sigirya, antigua capital milenaria de Sri Lanka. Uno de los más importantes sitios turísticos de Sri Lanka, y patrimonio de la humanidad, otorgado por la UNESCO. Situado en el mismo centro del país, a unos 160 km. de la capital Colombo. El camino desde la capital es largo, debido al estado de las carreteras, que como ya os he explicado en este blog, son bastante peculiares.

Su templo, se alza en una enorme roca cuya cumbre llega a los 370 metros de altura. Rodeado de maravillosos jardines, con lagos y canales creados por ellos mismos, para el regadío. Los restos, que datan del siglo 2 A.C., transportan tu mente al pasado. la humedad de la isla, y por lo tanto el moho, hacen acto de presencia en cada muro, pared, escalera, o rincón donde el sol apenas incide y el verde musgo campa a sus anchas.

Senderos, cuevas, grutas, que junto con la escasa afluencia de turistas, hace que disfrutes relajadamente del momento.

Comenzamos la ascensión al templo. No disponíamos de todo el tiempo del mundo, eran las 4 de la tarde y el sol caería en un par de horas; nuestro objetivo era ver la puesta de sol desde la cima. Ver al rey Sol cayendo por el horizonte un día más, para dar paso a la noche.

Un camino en el que has de luchar ante una gran inclinación, donde sorteas todo tipo de escaleras, tanto naturales como metálicas y oxidadas por el paso del tiempo y la humedad, haciendo que no te fíes mucho de donde pones el pie, pasando por pasillos con pintadas de la época, donde unas mujeres enseñan sus pechos a todo turista. Impresionante, qué mente más abierta hace 2000 años, ¿no es cierto? Los de la región donde vivo actualmente (no los nombro directamente porque paso de movidas, que me espíen el blog y vengan a mi casa a detenerme) tendrían que aprender de ello y a no ir tan tapados.

Y llegamos a la puerta principal de Sigiriya, las garras del león. Unas enormes garras, patas de león, talladas en la misma roca enorme donde estaba el antiguo templo, te dan la bienvenida para que ahora empieces a subir unas escaleras aún con más inclinación que las anteriores.

Esto fue la risa, porque Antonio y yo coincidimos en que tenemos algo de vértigo. Incluso yo, que me encantan las atracciones fuertes de parques temáticos como Port Aventura, no me explico el por qué de eso. Mientras subes, no pasa nada porque vas cara a la montaña, y no ves el vacío; pero tan sólo pensar en la bajada, hacía que me sudaran las palmas de las manos instantáneamente. En serio, si algún día venís, en una de las partes del descenso, la escasa altura de la barandilla de la escalera y su falta de consistencia, junto con el acantilado vertical que hay a tu derecha, van a hacer que pongas a prueba tu acrofobia (miedo a las alturas).

Logramos llegar a la cima, no os lo he comentado antes pero, a cada paso que das y girabas la cabeza, las vistas eran cada vez más impresionante. Al fondo, una estatua de Buda (¡NOVEDAD!) muy alta y de color blanco. Y todo rodeado de un gran manto verde, de árboles y palmeras tropicales, junto con esa niebla semi-densa, que nunca desaparece, en la selva de Sri Lanka.

Apenas contaría unos 20-30 turistas en la cima, algo maravilloso para no sentirte como en una atracción de feria más y sentir así el encanto del lugar y el momento. Y, mira por donde, nuestros ‘temores’ se hicieron realidad: un perro en lo alto de la cima. Sí, una vez más, vimos un perro donde menos nos lo esperábamos. Antonio y yo nos sacamos el sombrero ante este perro moribundo, a la vez que nos echamos a reír, de cómo es posible que en este país todo esta plagado de perros. Y lo comentábamos desde que desembarcamos del coche de Sumith, en los jardines del templo:

-Fijo que subimos arriba del todo y nos vemos un puto perro. ¡Ya verás! Están por todas partes.
– ¡¡Jojojo!! No caerá esa breva.

Dicho y hecho, ante nuestros ojos, ‘tirao como un perro’, él. Sin moverse, sin inmutarse, esperando a que cayera la noche, o yo qué sé, para moverse de ahí. La ostia, ¿cómo es posible que un perro haya subido hasta arriba? No tiene sentido, ¡si ahí arriba no hay nada para ellos! Vale que están por todas partes de la isla, se reproducen sin control y dan un por culo bastante serio durante las noches ,cuando se vuelven activos porque hace menos calor, y tendrán que comer algo y seguir reproduciéndose pero… de ahí a ver uno de ellos reinando en la cima del templo icono de Sri Lanka, ¡es de broma de cámara oculta!

Y unas cuantas vueltas por la cima, unas fotos. Unas lecturas a los paneles informativos sobre cómo lograban regar los diferentes niveles y pisos que tiene la cima del templo, en lo alto de la montaña; agua obtenida mayoritariamente de las lluvias pero, a su vez canalizada de una manera estratégica para que pudiera sortear alturas. Algo misterioso.

Y un lugar para la relajación, para la reflexión, para el disfrute. Para echar la vista al fondo y ver que nuestra mirada se pierde más allá del horizonte que vemos. Sorteamos unas piedras y llegamos a una especie de balcón, un sitio muy bonito. Vemos el atardecer y las montañas al fondo. Y, me vais a disculpar pero, no soy capaz, ni creo que lo seré, de plasmar sentimientos que tienen lugar ahí arriba, en los relatos de mi blog. Tan sólo os invito a que si tenéis la oportunidad, vengáis.

Pero ya no sólo a este sitio sino, en muchos otros. Porque, como bien hace referencia mi título, en cada lugar ocurre algo, y en ese lugar se produce un momento único y especial. Y lo que se produce aquí, también se puede producir allá, o donde sea, siempre que vayas con la actitud adecuada. Y cualquier sitio vale; si bien unos más que otros, debido a, por ejemplo, el misticismo que les rodea como muchas ruinas y templos que he visitado. Pero seguro estoy, que también podréis encontrar ese tipo de momentos en cualquier playa de España, colina, rincón, o donde sea, pues a mi me ha pasado.

Cae el sol, la luz se vuelve tenue, comenzamos el descenso. Mientras bajamos, aún suben más turistas; espero llevaran buena linterna, les bendecimos a lo ‘typical spanish’, soltando un ‘olé tus cojones’. Sorteamos a varios alemanes patosos y lentos y llegamos a la superficie, donde los jardines, casi a oscuras. Un guía nos indicaba una ruta diferente para salir del lugar, y .. ¡NOVEDAD! mas Souvenirs. Gracias a Dios ya era tarde y con la poca luz, apenas pude ver qué vendían y no compré nada.

Y nos quedaba un largo camino de vuelta, aproximadamente unas 4 horas, hasta el aeropuerto de Colombo. La vuelta no se hizo tan pesada, era de noche, estábamos cansados del ascenso y descenso del templo, y de todo el día que llevábamos de pateada, logramos echar pues, una buena siesta dentro de nuestro medio de transporte.

Y aún faltó algo más por descubrir aquel día. Es acerca del ‘driver’, el conductor del vehículo. Ese hombre mayor,con piel muy morena y pelo blanco como la nieve. También mencionado por Antonio y yo durante el viaje como ‘el abuelo’, ‘el colgao’ o ‘el temerario’. Resulta que durante gran parte del viaje dentro del vehículo, este hombre soltaba unas parrafadas increíbles a Sumith. Nuestro querido guía, siempre permanecía atento a él; a veces asentaba con la cabeza y otras discutía con él. Antonio y yo pensamos y dijimos en alto, más de una vez, la chapa que le estará soltando a Sumith, madre mía. Pensabamos que era un simple conductor, un trabajador, uno más.

Tras realizar la parada de rigor para comer algo, ir al W.C. público llamado esquina de cualquier calle y demás, salió el tema del ‘driver’. Para nuestro asombro, Sumith de repente le nombra a él en inglés con la palabra ‘father’. Sí, father significa padre. Era su padre. Padre e hijo han estado viajando con nosotros, guiándonos durante estos 3 últimos días en Sri Lanka. Ahora entendemos las chapas que le daba, las conversaciones eternas. Sumith es un joven emprendedor de 28 años que lleva a cargo muchas actividades turísticas de la zona. Sumith era más joven que nosotros pero ahí la tenías, al frente de su negocio y con su padre como apoyo.

Las risas entre Antonio y yo fueron abundantes, sobretodo por el tema de las ‘chapas’, la ‘tostada’, el torrao que le metía el padre de Sumith, pensábamos, en clave de humor, que el pobre viejete ya chocheaba, tantos años de driver no tienen que ser buenos (algún día os contaré la historia del cabrón del conductor de un autobús, cuando hice un viaje a Andorra, a mano llevaba el móvil, las gafas de sol y una botella de whisky).

Aclarada esta situación, nos dirigimos al aeropuerto. Desembarcamos en el mismo y nos despedimos acaloradamente de nuestros queridos guías. Antes de irnos, Sumith nos hace rellenar una especie de formulario, donde tenemos que rellenar con nuestros datos y escribir si nos ha gustado él como guía y el viaje. Creo que con leer el blog, sabréis de sobra la valoración que le puse.

Y una vez más, el proceso de embarque en los aeropuertos estos tan, tan diferentes a lo acostumbrado en Europa. Y no nos íbamos a ir sin que nos pasara otra graciosa anécdota.

Resulta que, una vez dentro del aeropuerto, está prohibido fumar. Antonio se moría por fumar un ‘piti’. Buscamos una zona para ello pero no encontramos nada. Haciendo tiempo para hacer el check-in, y con un ‘trolley’ con todas las maletas encima, esperábamos en una zona de descanso. Un avispado currante, local, nos echaba el ojo. Antonio le preguntó al mismo si se podía fumar. El tío dijo que no pero, atención, él disponía de un sitio secreto para que fumáramos sin tener que salir fuera y repetir ese proceso de check-in previo, con la susodicha perdida de tiempo  que conlleva.

Y, como la expresión dice, de perdidos al río. Aceptamos que este personaje nos indique dónde se puede fumar sin que te vean. Pensaba que iba a llevarnos a las afueras del aeropuerto, o algo. Pero no, damos unos cuantos pasos, desde donde nos encontrábamos, los aseos, para meternos, ni más ni menos, ¡¡que en el aseo de minusválidos!! “COME COME”, decía el listillo, que en cristiano significa venid. Embriagados por la sensación de lo prohibido, y sin tener aún ni idea de por qué lo hice, pues ya no fumo, hasta yo me metí dentro. Lo mejor fue cuando, una vez cerrada la puerta, nos indica que podemos vigilar nuestro equipaje por la ranura que se queda entre la puerta el marco de la misma. La ostia, qué descojone. Antonio se enchufa el piti, y él currante le pide uno a él. Su cara cambió de repente, se le puso un rostro de ‘malvado’, con alevosía. Una cara de pillo, la cual nos producía desconfianza pero muchas risas. El listillo aprovechó también para pedir dinero por habernos mostrado semejante enclave de lujo para evadir la seguridad si queríamos fumar dentro. Antonio le da algo, pero le da algo irrisorio; estábamos hasta el moño ya de los timadores.

Apuran las últimas caladas, y nos indica que él saldrá primero para ver si había alguien vigilando. Nos da el OK y salimos los 2. Madre mía, ¡acabamos de cometer una infracción máxima en un aeropuerto, y los currelas dándonos soporte! jajajjajajajjajaj, es de chiste lo que la gente hace por dinero en este tipo de países. Cualquier oportunidad es buena para ello.

Nos situamos en la cola de embarque, y ese cabroncete seguía merodeándonos… Con la desconfianza a flor de piel, esperábamos cualquier posibilidad, que nos la liara en algún momento, o vete a saber qué. Del trato de confianza que tuvimos en el aseo mientras infringíamos la ley, pasó a mantenerse distante, mirando con un rostro serio, de cómplice de que algo había sucedido. Y mostrándonos como que él estaba ahí para lo que hiciera falta.

Decir que no le hicimos ni puto caso. Hasta el gorro.

El cansancio apremiaba, y con ello, las sandeces que decía iban ‘in crescendo’. No tardé en ir a una tienda de gafas en el Duty Free para hacer el panoli, probándome gafas y soltando tonterías a las dependientas, nada acostumbradas al desparpajo y payasería español. Comimos algo antes de la  vuelta, embarcamos y con esto, lo bueno ya acabó…

…O eso dicen, que todo lo bueno se acaba. Pero yo no lo creo. Por supuesto que estos momentos no vas a tenerlos durante todos los días de tu vida, y habrán momentos no tan buenos, o sea, malos. Pero son necesarios para que exista ese equilibrio y balance, para así distinguir entre los mismos.

Y me aventuro a decir que, aún así, muchos de los momentos que vivimos son excelentes. No todos, por supuesto, no quiero ir de ‘jippie flower’ ni mucho menos. A lo que me refiero es que, no todo lo bueno se acaba. Porque creo que, cualquier momento es bueno, incluso gran parte de los malos, mientras no sean catastróficos, se convertirán en buenos a la larga.

Si esto no fuera así, no estaría ahora mismo escribiendo este blog desde Dubai, por y para vosotros. Y para mi y para el recuerdo, de lo que está siendo esta maravillosa experiencia de vida. Porque vivir es aprender, y vivir más es aprender más. Y os aseguro que, aprender, puedes aprender en todo lugar, ya sea en Sri Lanka, o en un rincón de tu casa.

Espero que os haya gustado a todos mi relato de este maravilloso viaje. son las 22:19 de un 18 de mayo de 2012, voy a bailar un rato. Aún tengo que adjuntar fotos, espero publicarlo si no hoy, mañana.

Enlace al álbum de fotos

2011-12-06 Sri Lanka – Cada lugar y momento, único y especial

Nos vemos con los ojos. Abrazos a todos/as.

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (III) Petra, la ciudad eterna

Y nada más entrar por la puerta de mi nuevo hogar, el cual está justo enfrente de la Sheik Zayed Road (la autopista principal de Dubai, que la cruza desde una punta a la otra) andaba buscando el silencio. Silencio que, aún con ventanas de doble cristal y termosellado, enontrarlo es difícil; porque tener una autovía enfrente, con 6 carriles hacia cada sentido, hace que el ruidito de los coches se escuche aunque sea lo más mínimo.

A excepción de la villa, la cual está aislada’ en una zona residencial, y tan sólo el silencio era perturbado por el ruido de ferraris y demás coches potentes chirriando ruedas, o por las fiestas de la villa 1, el silencio sí existía a la hora de dormir. No como en mi nuevo piso, donde cuesta encontrar el silencio. Es más, en ningún punto de Dubai he encontrado el silencio absoluto, como gran ciudad que es y debido al gran ajetreo diario que contiene.

Hago todo este análisis porque, viajando por estos lares, he descubierto el silencio. El silencio es aquello que aparece cuando no hay ruido, cuando no hay nada. El silencio se siente y se puede contemplar, y va acompañado, normalmente de paisajes naturales, no explotados por el hombre, donde el aleteo de un pájaro o una leve pisada se puede escuchar (lo del aleteo de un pájaro ha quedado guay, eh?). Pude contemplar y sentir el silencio en Petra, la ciudad eterna, sólo corrompida por los turistas, pero aún hay sitios donde pocos llegan y, depende de la hora, puedes estar solo, contemplando la inmensidad y sintiendo el silencio.

Wadi Musa es la ciudad más cercana a Petra. Una pequeña ciudad, que podríamos llamarlo pueblo, donde encontrarás de todo un poco, excepto mujeres (tónica general en Jordania). Me impactó el hecho bastante; de cómo ver a todos aquellos hombres reunidos, comiendo en la calle, fumando shisha, charlando, pasando el tiempo… y ninguna mujer en la calle. Cuando digo ninguna es NINGUNA. Todo esto a partir de media tarde. Supongo que en esa zona se lleva a ‘rajatabla’ la cultura árabe, y ellas apenas salen de su casa; o no se qué estarán haciendo pero os digo de verdad que no vimos ni una mujer por la calle. Las únicas, alguna que otra turista alojada por el mismo motivo que nosotros.

En esta ciudad, como de costumbre, podrás comer los mejores shawarmas y platos típicos de la zona. A mi me pierden, o sea, me vuelven loco estos platos, hechos a la leña y brasas, con un sabor excelente y, ese toque picante del chili y demás especias. Joder, tan sólo de recordarlo, me ruge el estómago.

Aquella mañana nos despertamos con unos ‘agradables’ 3 grados centígrados; acostumbrados al calor de Dubai, fue un poco chocante, encontrarse de repente en pleno clima montañoso invernal. Suerte que me compré la Columbia, tirada de precio en el Dubai Mall. Gente, si venís aquí no dudéis en preguntar por ropa de nieve, que está a un muy buen precio.

Javi y yo fuimos a buscar comida para aquel día; nos pedimos unos shawarma y fuimos a por algo de fruta al mercado. De sobra sabíamos que los locales iban a vendernos la fruta al precio que ellos quisieran; es la risa, sabes que te van a tangar y esperas con la mente preparada, para realizar la conversión a euros. Es toda una aventura. Nos entró la risa cuando vimos que el tío se pensaba el precio, después de haber pesado las manzanas y demás frutas; pensaba “a ver cuánto les meto a estos…”

Una vez tangados, nos dirigimos rumbo a Petra, con nuestro flamante coche de alquiler donde, por suerte, mis compañeros de viaje dejaban que me sentara en la plaza delantera ya que mis largas piernas, seguro no cabrían en aquel zulito de la parte de atrás; menos mal que los becarios regionales encajaban en el coche a la perfección y aparte se sobaban instanáneamente, sobretodo Juan Carlos, que ya me comentaron su facilidad para dormirse.

Entrar a Petra cuesta la friolera de 50 ‘jordan’, uno de los varios nombres que le puedes dar a la moneda local. Traducido en euros, aproximadamente unos 55-60, depende de cómo esté el cambio. La entrada sólo incluye visita al recinto, pudiendo acceder a cualquier zona que tus piernas aguanten, ya que abre desde muy muy temprano hasta las 5 de la tarde. Puedes quedarte por la noche, creo, pero espero que tengas mapa, luz, brújula y una buena orientación porque… es una ciudad en medio de montañas.

Una gran ciudad, una megápoli, que data del año 1500 antes de cristo, o sea, ¡¡¡super antigua!!! Y aún así, sus fachadas se conservan decentemente. Os voy a decir la verdad, se me ha olvidado gran parte de lo que leí en los paneles informativos de ciertas ruinas… no os voy a poder contar mucho de la historia de la ciudad. Gracias a Jesús (ex-becario Cámara Madrid), sabíamos de que iba el rollo de Petra, ya que él sabe historia, y es algo así como que en su día, unos nómadas decidieron asentarse en la zona y dicha zona fue creciendo, incluso se convirtió en uno de los centros más importantes de mercadeo del mundo, por aquel entonces. Esto, me lo creo, porque la ciudad es IMPRESIONANTEMENTE GRANDE, para el tiempo del que data.

Para visitarla toda, un turista normal necesita 2 días, y los becarios sólo 1. Aquella mañana, ibamos dopadísimos, con ganas de ver todo; nos marcamos 2 subidas, las más largas y gastamos toooodo el día, desde primera hora de la mañana hasta que cayó el sol, recorriendo la ciudad de un lado a otro.

Comentaros también que esas grandes fachadas que se ven talladas en las faldas de las montañas que rodean Petra, son monasterios y tumbas de antiguos Reyes. Algunos sabréis seguro más que yo y, en las antiguas culturas, cuando alguien importante moría, se le construía una tumba impresionante; véase los egipcios y otras antiguas civilizaciones.

Para el tiempo que ha pasado, la ciudad está bien conservada. Si bien el turista puede hacer más daño de lo normal porque, como es normal, por esta zona no todo está bien controlado y, espero la gente no le salga el mal y se lleve algún mosaico o pinte un corazón con las iniciales de su novia y él en alguna de las paredes o columnas, casi todas accesibles.

La arquitectura es impresionante, todo está hecho a lo grande, y te paras a pensar en los años que tiene esta ciudad, y no dejas de sorprenderte. Puedes contemplar la magnitud de Petra desde un par de puntos altos de la zona, subiendo las faldas de las montañas que la rodean. Los habitantes locales ofrecen burros para subir, por si no quieres sudar. Has de regatear, como es de costumbre, para conseguir un buen precio. Al turista también le envuelven unos cuantos mercaderes, tratando de recrear el pasado pero, con miles de souvenirs. miles o millones.

De los mejores momentos, fue cuando un abuelete quiso venderme una moneda DE LA EPOCA ROMANA, OJO… por 2 euros!!! O sea, una moneda HISTORICA, por 2 euros!! Yo reía por dentro de mi, mientras miraba su rostro castigado por los años y el sol, y él esperaba, sonriéndome y mostrando su negra dentadura, un ‘OK..OK’ por mi parte, para cerrar el trato. Me fui pensando que gracias a vivir aquí, ya no me engañarán tanto, porque cada día que pasas por Oriente Medio y Asia, el regateo puede surgir. Este viejete causó un pequeño hondo en mi pensamiento, e hizo que casi intentara pegar el palo de una moneda romana DE VERDAD, en un museo de ruinas romanas en Jordania. Casi imposible pero se me pasó por la cabeza xD

Aquel día echamos cientos de fotos. Sorprendidos por la magnitud y la inmensidad de aquel entorno, medio transportados al pasado, observando lo que en su día fue algo grande, enorme. Unas vistas excelentes, una relajación tanto visual como mental impresionante. En las zonas altas, un silencio casi total, en la inmensidad, sólo quebrantado a veces por algunos turistas voceando (entre ellos nosotros de vez en cuando). A nuestro lado, niños locales intentando vendernos cositas, el mercadeo que les inculcan de pequeños, de lo que van a vivir durante el resto de sus días.

Porque imagino, que de ahí no será fácil salir; apenas tienen recursos para estudiar o aprender y seguirán la estela del turista; porque seguro de que entre todos los que éramos, siempre compra alguien, o cae en la trampa .Mención especial a los japoneses, los turistas más confiados y ‘tontos’ habidos y por haber, ¿por qué creéis que van siempre todos juntos y en autobus? Aún así les destripan, jojojojjjojo.

Volviendo al hilo principal, Petra ya nos mostraba su despedida, con la puesta de sol. Tuvimos que hacer la última subida a un monasterio importante, situado también en una zona muy alta, a una velocidad de vértigo. Todos los turistas estaban bajando, mientras nosotros, los españolitos, subíamos a un ritmo desenfrenado para ver todo Petra en un día. Puede que nos quedara algo por visitar pero… seguro ni sale en la guía. Con esta última subida y, por lo tanto, bajada, fuimos de los últimos turistas en abandonar la ciudad. Ya casi de noche, nos dirigimos al hotel para morir y resucitar al día siguiente, no sin antes ducharnos y dar una pequeña vuelta por la ciudad, fumar shisha de nuevo (bueno, vale, sí… estaba enganchado porque eran vacaciones y sólo la pedí yo), y descansar porque, al día siguiente, tocaba seguir. Para ellos, rumbo a Israel, para mi, rumbo a Amán, la capital de Jordania, a visitar los puntos de interes de la ciudad y volver a casa, ya que el largo fin de semana llegaba a su fin.

Mención especial a:

– La mujer que regentaba el hotel, que aguantó la pesadez de mis preguntas y ralladas varias, acerca de la ciudad, Petra, y cualquier otra tontería que se me ocurría.. bastante tenía la pobre con enchufar de nuevo el automático (que saltaba aleatoriamente cuando habían picos de consumo de electricidad y todos nos quedábamos a oscuras en el hotel) como para encima aguantarme.

– Al novio, rollo, marido, o lo que fuera, de la mujer que regentaba el hotel. Un ‘local’ con kandora y RASTAS… sí sí… RASTAS. No te lo pierdas, un TRANSGRESOR, un MODERNO en el mundo árabe. Gracias a él, el charcoal estaba siempre al rojo vivo (aquello que se usa para calentar la shisha y que el tabaco prenda, nombre que se la da a las brasas) y esperaba pacientemente a que nos fueramos a dormir para… 😀

– Al guiri del hotel que compartía espacio con nosotros en una sobremesa mientras los becarios tomaban unos copazos de Gin Tonic que, tras una media hora sufriendo y llorando por dentro, no pudo contenerse más y nos pidió un vasito. Inglés sin su dosis de alcohol, no es inglés. Gracias a la copa y la shisha que nos estábamos fumando, recibí la sabia teoría, que según él y sus fuentes (un estudio realizado por científicos pakistaníes), corrobora que la shisha es menos perjudicial que el tabaco.

– Al frutero del mercado y, en general, a todos los cabroncetes de los que viven por Wadi Musa que, aleatoriamente, te sueltan el precio que les da la gana cuando vas a comprar, y regatear es jodidamente duro, porque los guiris van ‘con el taco por delante’…  o sea, saben que si no tú no compras, otros comprarán.

– A los compañeros de viaje, una vez más, excelentes compañeros. Nos reímos bastante, hablamos de todo, de la vida, de lo bueno, de lo no tan bueno… Una pena se hayan ido, empezábamos a hacer buenas migas.

– A los antepasados de Petra por dejar una ciudad tan bonita para el turisteo.

– A los niños y niñas de Petra, aquellos que apenas alcanzaban los 10 años de edad y ya querían vendernos algo. Algunas niñas, guapísimas ellas, cuyo destino ya sabíamos, que no iban a tener oportunidad de ser independientes, ni parecerse de lejos a la mujer occidental.

– Al silencio, aquel que reina allá donde no hay vida moderna y te transporta al pasado, a la meditación, a la relajación y a la contemplación de tu entorno, tal y como es, sin factores externos de ruido, música, o lo que sea.

Enlaces de álbumes con todas las fotos

2011-11-26 Jordania – Petra
2011-11-26 Jordania – Petra fotos de Javipromo

Hasta pronto.

Dubai, another world: Unas navidades diferentes, como todo aquí

Y digo diferentes, porque no han sido ni  buenas, ni malas. Aunque, si lo miramos desde un punto de vista de comodidad, confort y placer, podría decir que no han sido las navidades más agradables. Pero vamos, nada más allá de la ‘gravedad’ que pueda tener unos pequeños problemas, que a veces magnificamos y, si se miran desde fuera, no son nada, y, para colmo, dan risa.

Uno ha de aprender a mirarse desde fuera, observarse desde lo lejos, en relación a la multitud que habita el planeta; tan solo eres uno más y tus problemas no son ni más ni menos que los de los otros.

Ahora mismo estoy en el salón con incienso enchufao, y me estoy poniendo místico; no os asustéis si digo sandeces.

La historia es que si uno no está agusto donde come y duerme; donde suele ser el sitio que más tiempo empleas, no estará agusto en los demás ámbitos de su vida durante ese momento. Entonces es cuando uno ha de cambiar de situación. Y dicha situación, ha de ser cambiada por todos los medios ya que, tarde o temprano uno puede ‘petar’.

Los cambios no suelen ser siempre a mejor pero, ha de intentarse que sea así. He cambiado de casa; ahora estoy en un ámbito más internacional y sólo hablo inglés. De este año fuera, espero llevarme, entre varias cosas más, un segundo idioma mejorado. Y esto sólo se consigue con esfuerzo, dedicación y obviamente, rodeado de gente de habla inglesa.

Y no, no vale el indio o el ‘paki’ con su inglés de mierda que, desgraciadamente, hace que te rebajes a su nivel porque ellos no van a evolucionar. ¿Para qué? Ellos no tienen miramiento por nada ni nadie, sólo piensan en ellos, en su negocio, en su dinero, y en cómo estafarte, y la mayoría de vez les da igual lo que le digas; esto es dubai y su chip laboral. Para muestra, un botón:

Andaba yo buscando una lavandería donde llevar todas las camisas y demás ropa para limpiarlas y aplicarles calor y, buceando en varias de ellas, todas regentadas por los mencionados anteriormente, recibía siempre las mismas respuestas cuando preguntaba qué método usaban para planchar, y si era muy caliente o no ya que mi ropa podía tener ‘bichitos’ (los que ya conocéis): YES, YES. SAME, SAME. YES, HOT. NO DISCOUNT SAME PRICE SAME, SAME, etc. No despejan dudas al cliente, sólo quieren que quedes con ellos a una hora, que les des la máxima ropa posible y pagues. No way.

Y al final encontré una lavandería ‘decente’, donde vi una plancha enorme que soltaba vapor. Así que, mientras volvía del trabajo decidí llamar al tío para que viniera a mi casa a recoger la ropa, explicándole detalladamente que iba a tardar 20 minutos y que por favor fuera en 20-30 minutos, que no se diera prisa. Obviamente no me quedé tranquilo, porque ya han sido unas cuantas ‘jugarretas’ de estos tipejos, y suponía que algo iba a pasar. Tras su respuesta de ‘YES, YES’ y colgar el teléfono, pasados 5 minutos y estando yo en el metro, recibo una llamada perdida.

Esta gente, siempre hace lo mismo, no van a gastar su saldo, dan llamadas perdidas cuales ratas de alcantarilla intentando que les llames tú; son peores que las novias quinceañeras. Obviamente, yo ya paso de llamar y más sabiendo que quien me daba la perdida era el cabrón de la lavandería, que una vez más y como de costumbre en todos los de su área, hacen lo que les da la real gana.

Tras la tercera perdida, el capullín decidió llamar preguntándome que qué hacía que no estaba en casa, que él ya estaba allí. Uno puede cabrearse o pasar completamente de todo y fluir… mira por donde y tras unas cuantas, ya empiezo a fluir. Amablemente, y en un inglés de mierda, le dije: I TELL YOU 20 MINUTES, WAIT WAIT. YES SIR WAIT. Acto seguido le solté la frase estandar que vale para todo, el ‘OK, OK’ (vale para saludar, despedir, mandar a la mierda, lo que quieras,…) y colgué. ¿Por qué? Porque sabía que iba a esperar; porque esa gente es muy lista y sabe que si eres europeo tienes ‘dinerito’ y si tienes dinerito creen que te sobra o no intentas negociar y te pueden timar.

Llegué a casa y le rallé vilmente, aplicándole su propia medicina, explicándole quinientas veces que lo quería HOT, HOT y FREE DELIVERY, que eran muchas prendas. Él sólo respondía YES, YES. Y se llevó toda mi ropa. Realmente, el que sale perdiendo aquí siempre eres tú, raro es que ganes pero tienes que intentar perder lo menos posible, o que todo te resbale porque el tío me dijo que venía en coche, sin embargo vi como se llevaba todo en bici XDDDDDDDDDDDDD. ¿Véis? ¡¡¡Hacen lo que les da la puta gana!!!

¿Para qué mirar por el cliente o atender sus peticiones? Esto es Oriente Medio, y estamos en Asia, aquí todo funciona diferente y, te has de amoldar. Más de uno puede acabar de los nervios con esta gente… y es que aquí aprendes a ser paciente, si o si.

Volviendo al hilo de las navidades diferentes, puedo decir que mientras vosotros estabais esperando las gambas o los regalos, yo estaba ordenando la ropa que este personaje me devolvió (de las cuales una camisa está medio carbonizada) y pensando aún donde iba a cenar. Me sentía muy, muy extraño, eran las primeras navidades fuera de casa, sin nadie cercano a mi lado, y para colmo sumadle un cambio de apartamento justo días antes… estaba completamente desubicado. Aparte, sumadle el hecho de que aquí siempre hace calor y estamos en Oriente Medio, donde la navidad (supuestamente) no existe (hay decoración). La navidad no la sientes como tal pero, está de trasfondo.

Decidí pues llamar a mi nueva casera, la cual ya me dijo que, en nochebuena, los que nos quedamos desamparados aquí y estamos bajo su tutela hogareña, podemos ir a su casa, que preparará comida típica de Bulgaria y habrá regalitos. Acepté.

Antes de la cena, me fui al Spinneys y compré algo de ibéricos en la sección non-muslim, esperando que les gustara el chorizo, olivas, jamón serrano y demás. 3 tonterías, 20 euros… guau, si que está caro aquí el tema. Futuras visitas, ya sabéis que traer.

Se sorprendieron de que trajera cosas para cenar, me remarcaron mil y una veces que no hacía falta, pero son nuestras costumbres, llevar cosicas a las casas para comer, ¡y no iba a ser menos aquí!

La velada fue fantástica; La casera, su hija, su novio, el hermano del novio, Morgán el compañero francés que vive en su piso, pero parece más español que francés (producto de haber vivido durante 1 año en Villena y haberse pegado la ‘fiesta padre’), mi compañera de piso, la asistenta y yo. Ahí estábamos todos, unos fumando, otros bebiendo, todos charlando, esperando a que se cocinara aquella deliciosa comida típica búlgara: una especie de pastel con queso dentro y unos pimientos rellenos de carne, arroz, cebolla y otras verduras y especias. Todo al horno, algo fantástico.

Nos felicitamos las navidades, y de repente, un regalo. Papá Noel me dejó un regalo aquella noche; un despertador clásico. Detallazo, pues ya sabemos todos que ese ‘papá noel’ me conocía de tan solo 3 días… en ese mismo instante me sentí arropado, acogido. Por un momento se me olvidaron aquellas pequeñas angustias que sentía al ver que estaba solo, y que toda mi familia y mi gente estaba, mínimo, a 6000 kms de distancia.

Antes de entregar los regalos, llamé a mi madre, y a mi padre. Ambos quitaron hierro al asunto; para que veáis cuánto de subjetivos son los pensamientos de cada uno. Yo ‘sufriendo’ porque estaba lejos de casa, y sin embargo mi madre diciendo que no me preocupara, que nos ibamos a ver pronto. Y es lo más lógico, lo más racional, porque ella lo ve desde fuera, y yo estaba dentro, mirándome desde dentro, sin ver el aspecto global del asunto. Eres una persona más, que por motivos laborales, está fuera de casa y, aunque no puedas pasar las navidades con tus allegados, estás conociendo mundo, viajando, y ganando experiencia de vida y laboral. Por dios, sería demasiado egoísta tener todo esto y aún encima que tu familia y amigos estuvieran a tu lado, ¿no es así?

Y es que no se puede tener todo en esta vida… y, definitivamente, las cosas tienen la importancia que tienen. Para colmo, está Internet, un maravilloso invento que hace que ya no estés incomunicado allá donde te muevas. Cuando hablo con la gente vía Skype, parece que estén aquí al lado… es tan… tan artificial. Tal vez… sería mejor, o más auténtico, comunicarse como antaño… cuando tenías que enviar cartas para que supieran cómo estabas, o volver a casa tras 1 año sin hablar. Fijo que el reencuentro tendrías más sentido.

Definitivamente, hay momentos en la vida bastante diferentes a los que solemos estar acostumbrados pero, si los vives y los analizas, podrás aprender de ello y ver que, incluso siendo ‘malos’, tampoco es tan trágico. Y cuando pase el tiempo, seguro te reirás de esos momentos a los que le dabas importancia.

Un saludo a todos y todas desde Oriente Medio!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Feliz navidad y próspero año nuevo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!