Irán, civilización milenaria (V): Hasta quién sabe cuando, pero espero sea pronto

“Amanece, que no es poco”. O eso dicen, más aún si cabe en sitios ‘tan peligrosos’ donde, según la gente, me hallaba. Atrás quedan esas frases de mucha gente conocida, amigos y familia, frases con un denominador común, la peligrosidad que podría ser el hecho de encontrarme en un lugar tan radical y extremista que existe sobre la faz de la tierra. Uno de los pocos países que aún le mantiene el puso al grande, a los ‘yankees’. Uno de los países donde sí es cierto que se aplica una estricta ley basada en una religión. Y uno de los países que carece de libertad de expresión.

Pero aún así, he podido conocer de primera mano, sin peligros, como muchos pensaban y auguraban. Sin acontecimientos y barreras que pudieran evitar una comunicación fluida con la gente. Más bien ha sido todo lo contrario. He disfrutado como nunca antes he podido disfrutar, conociendo lo que para nosotros desde occidente es desconocido. Aprendiendo más sobre este pueblo, su cultura, su modo de vida, sus pros y sus contras, y un largo etc.

Y lo seguiré diciendo, es una lástima que no sean 100% libres porque, si yo los he conocido bajo un régimen totalitario y aún así, su calor y su humanidad es palpable (en cuanto al pueblo me refiero), me puedo hacer una ligera idea de lo grande que sería visitar esta tierra y su gente, en condiciones ‘normales’, de democracia y todas esas demás libertades que tanto nos gustan a los occidentales. Tan sólo 5 días y 4 noches, apenas he podido ver un pequeño trocito de la punta del iceberg y sí, lo he visto desde una posición cómoda, con dinero, el cual rige nuestras vidas a día de hoy.

Y seguro que no es oro todo lo que reluce y una gran parte de la población estará hasta los mismísimos cojones de su actual situación (tan sólo hay que ver los jóvenes cuyos padres tienen recursos y dinero, se van fuera del país) y quieren un gran cambio, o no, ¡o lo que sea! Pero como turista que he sido, me lo he pasado en grande, y no quiero dar la sensación que ha sido gracias al ‘sufrimiento’ que padece el pueblo hoy día. Lo que he podido ver estos días aquí ha sido gente haciendo su vida normal, tal como les ha tocado, sonriendo cuando pueden y buscándose la vida de la mejor manera posible, porque este pueblo, esta civilización, sabe cómo sobrevivir. Lo llevan en la sangre desde hace miles de años.

Y me encantaría seguir explorando este iceberg, descubrir cómo es y cómo es de grande por bajo, pero todo llega a su fin. Toca volver a Dubai.

Aquella mañana me levanté que parecía me habían dado una paliza. Por supuesto, pero la paliza me la di yo mismo los 2 días anteriores, en las montañas, surfeando como un loco bajo el fulgurante sol, la increíble nieve polvo y las gélidas temperaturas de Dizin Ski Resort. Amén que me fui tarde a dormir pues había cenado con Primavera la noche anterior y habíamos hablado de quedar para hoy. Es lunes,  6 de febrero de 2012, Brero y compañía han de ir a trabajar, Primavera está de entrevistas de trabajo y yo acabo de levantarme; he de hacer tiempo antes de quedar con ella, pues esperaba su llamada para irnos a comer y dar una vuelta, la última, por Teherán.

No había mucho tiempo disponible, pero ya no me importaba, estaba más que satisfecho con todo lo hecho estos días atrás. Tampoco vas a ponerte a pensar en el pasado ni en el futuro, simplemente en este tipo de viajes has de vivir el momento, pues éste será si cabe, amén de ser irrepetible como todos nuestros momentos en la vida, un momento extraordinario, inusual, mágico, sorprendente ante encontrarte en lo desconocido y un sinfín de adjetivos más que escribiría si fuera escritor de verdad.

Cierro la maleta y me bajo a la agencia de taxis para concertar el taxi de vuelta al aeropuerto. El vuelo de vuelta era a media tarde-noche así que tendría de tiempo hasta las 5 de la tarde para hacer el moñas. Tras zanjar hora y precio, vuelvo a casa. Primavera me llama, está lista,  ya ha acabado. Le digo que la espero en casa, que por favor venga a por mi y que me enseñe un poquito más Teherán.

La casa está sola, pero Primavera no quiere subir. Bajo y nos vamos a comer. La verdad es que tenía mucha hambre y tan sólo de pensar en cualquier plato iraní, se me hacía la boca agua. Le dije que me llevara al típico restaurante de aquí, para comer una vez más el arroz con azafrán iraní y algo de carne, esa tan rica que la preparan al grill (parrilla, en cristiano).

kfc

Fuimos a un restaurante el cual la ventana daba a una calle donde podía ver el famoso SFC, nombre completo Super Star Fried Chicken, el cual es la copia iraní del KFC (Kentucky Fried Chicken) y Hardee’s (cadena americana de comida rápida). Me hacía gracia ver cómo la comida rápida se introduce en el país, copiando las tipologías y logos de las cadenas americanas. Es un ‘sin sentido’ que me encanta, el mundo al revés, lo absurdo. Por suerte nosotros íbamos a degustar excelente cocina iraní.

Subimos a la planta superior del restaurante y todos los comensales, gente joven y no tan joven, comen agradablemente mientras ven a un extranjero con una de las suyas. Algunos clavan la mirada en mi y me hubiera encantado saber qué estarían pensando pero, quedémonos con el misterio y la intriga, el cual lo hace exótico, sentirte el raro en un sitio. Nos sentamos allá donde nos indican y una vez más no hay cuchillo en los cubiertos; ellos comen con cuchara y tenedor. Y la carne la trocean con la cuchara (¡lo juro!).

La gula hace acto de presencia y pido cosas como un loco. Primavera me ayuda con la traducción. Total, último día aquí y los precios son de risa (vistos desde el prisma occidental) así que pido cosas como si de una boda se tratase. La CocaCola que no falte ¿O era Pepsi? El caso es que también la tienen… ya veo ya, ¡el embargo americano!

Empezamos a comer, sin prisa pero sin pausa, y este momento fue genial para mi. A veces Primavera me daba de comer, me refiero a que ella te la de comer lo que previamente ha preparado con algo parecido al pan de pita , arroz y carne. Sus mimos y cuidados me hicieron recordar mucha cosas, entre ellos que el amor y el cuidado hacia las personas ha existido, existe y existirá siempre (o eso espero). A ella le brillaban los ojos, a mi también. Y nuestros rostros esbozaban sonrisa, no había lugar para más. Tal vez el saber que esto tenía un final, ¿propiciaba que este momento fuera más bonito que si esto ocurriera entre una pareja normal que han de verse todos los días? ¿Acaso estábamos disfrutando más aún porque sabíamos que tenía un final?

Por su parte, no lo se y por la mía tampoco lo tengo muy claro. Está claro que lo vives más intensamente pues sabes que se va acabar. Pero estos momentos aún me hacen ver que hay esperanza en encontrar a alguien en esta vida que cuide de ti y viceversa. Pues ya sabemos todos que hoy día, cada vez se soportan menos entre unos y otros. Hay muchas rupturas, cambios de pareja, pérdidas y un largo etcétera sobre las relaciones humanas. Desde mi punto de vista, cada vez se nos individualiza más; somos una sociedad de consumo y parece ser que el consumo ha llegado al campo de las personas. Nos consumimos unos a otros y solo nos importa el yo. Desde mi punto de vista, nos están aislando, nos están ‘individualizando’, haciendo que cada vez pensemos menos en los demás. Y esto no puede ser así, no debe ser así, debemos pararlo.

Disfrutamos de la agradable comida para, una vez llenos, emprender una caminata hacia ninguna parte por la calles de Teherán. Primavera iba a llevarme a un bazar y de camino cruzaríamos varios sitios. Así podría ver la arquitectura de la zona, lo que me rodea y la gente en la calle, la gente de a diario, que en el fondo no se diferencian tanto a nosotros.

parque teheran

Van de aquí a allá, hacen sus compras, se reúnen en la calle, charlan, ríen, toman café o té, y un sinfín de cosas más.Gente normal, haciendo vida normal, manque les parezca raro a la gente que desconoce completamente este país. Aquí he venido para escribiros e ilustraros lo que yo vi.

gato morsa teheran

Un gato más grande que un tigre acercándose a mis piernas.

obamaaarrlll

Una feria del libro, con un invitado especial entre los ejemplares.

helado

Nieve, mucha nieve, fuente congelada y frío.

movimiento

Gente yendo y viniendo, de aquí para allá.

cafeta

Gente joven tomando algo en una cafetería, con grupos de chicos y chicas mezclados, simplemente que ellas tienen el pelo cubierto.

mirada

Primavera andando delante mío, pues yo me paraba a contemplar el entorno y buscar una buena foto.

Se acercaba la hora de volver a casa; así que nos dirigimos a un bazar cercano para ver si quería y podía comprar algo. Y mientras andábamos por la calle, ella se abalanzó sobre mi y me cogió el brazo para seguir andando. Yo, asustado le dije:

-¿¡¡Pero qué haces!!?? ¡A ver si nos van a detener por ir así y nos meten en la cárcel! ¡Que la policía de la moral esa chunga está vigilando seguro!
-Sergio, no me importa, es más, ¿no sabías que como extranjero a ti no te detendrían, sino sólo a mi? Pero me da igual…

Entonces, esbocé una sonrisa y a mi también me dio igual. Vi una vez más que, aún habiendo barreras varias, aún hay personas y sentimientos por encima de ellas…

… Eeeh, que ni ella ni yo no somos tontos y el ir abrazados no duró mucho, ¡¡que con el fuego no se juega!! ¡¡jajajjajajajaja!!

Cercanos al bazar, el gentío aumentaba y yo miraba a mi alrededor una vez más:

ajetreoo

Ajetreo en las calles. Tráfico.

mosque teheran

Mezquita.

ojito

Ojos, labios, rostros persas, las chicas más guapas del mundo.

batamanta

Un grupo de fieles en la calle hablando.

bazar teheran

Un bazar con mil  y un olores diferentes, productos jamás vistos.

jooo

Yo, en medio de la nada y del todo. Creciendo como persona.

¡¡ Es tarde !! ¡Volvamos a casa! Nos apresuramos en coger un taxi, maniobra rápida gracias a Primavera. Volvimos a casa y … pues sí, pensaba que íbamos a estar solos, ¿¡qué pasa!? Como si vosotros/as no fuerais a pensar lo mismo, ¡Ja! Pero grande fue mi sorpresa y Brero no me había advertido, que los lunes una señora de avanzada edad les limpiaba la casa. Por lo tanto… ¡¡¡OWNED!!! O lo que es lo mismo … ¡¡Zas, en toda la boca!!

Nada mas entrar en casa la señora de la limpieza, una mujer mayor, una abuela, de baja estatura, pelo blanco, leve chepa (avanzada dedad) y gafas con cristales que te hacen los ojos más grandes (hipermetropía exagerada), hacía acto de presencia. Me dio la bienvenida en farsi, me miraba y sonreía. Yo afirmaba con la cabeza mientra dentro de mi sentía un pequeño chasco, pues no íbamos a estar solos ese poco rato que nos quedaba. Pero no pasa nada, pues nos reímos bastante durante ese momento con la señora, pues ella quería decirme cosas, ¡pero yo no entendía nada!

Tan pronto como la señora acabó, Brero entraba por la puerta, había acabado de trabajar. Ya volvían a casa. Sus compañeros se quedaron echando unas horitas más en la oficina, y no se yo si fue por acto de voluntad propia o forzados por tener a mano a unos becarios excelentes que resultan ser una ‘tarifa plana’ de gasto para el estado español, y ofrecemos buenos resultados, ¡vaya que sí!

Terminando de hacer la maleta invité a pasar a Primavera a la habitación, quería despedirme de ella, entre risas, bromas, tonterías y picardía, nos besamos una vez más. Y ya no hubo tiempo de más.

Me despedí de Primavera, me despedí de Brero. Cogí la maleta, camino a la calle a coger el taxi que me esperaba, y de ahí al aeropuerto.

Tras llegar al aeropuerto, quise buscar un souvenir típico de Irán pero, las tuve el problema de falta de divisa  local y de dólares para poder cambiar, amén que los precios eran demasiado altos para comprar cualquier estatuilla o tontería similar. También me fijé en las chicas, las cuales la mayoría de ellas deambulaban por el aeropuerto con dos grandes tiritas, en forma de T, tapándoles la nariz. Aquí se despejó el enigma, se aclaró el mito, muchas de ellas se hacen la operación de cirugía estética. Pero es que en esta vida nada es perfecto, como bien he dicho en otras ocasiones. Sin ese ‘problema’, tal vez ellas lo fueran. Tal vez.

Y sentado haciendo tiempo, mi cabeza pensaba y se despedía de todo.

Tocaba despedirse de todo aquello que durante 5 días me mantuvo sorprendido, vivo e ilusionado. Atrás queda esa gran fiesta de jueves, ese primer paseo por las calles de Teherán, esos 2 días realizando el hobby-deporte que más me gusta en las montañas perdidas de un sitio raro y exótico. Atrás queda esa deliciosa comida, esa gente amable, esas miradas penetrantes de todos/as pensando qué hace un extranjero por estos lares…

Atrás queda el supuesto espía, mi compañero de nieve durante el segundo día, mi shisha en Teherán mientras hablaba con mis amigos vía whatsapp…

Atrás queda un gran encuentro, un gran momento y unos grandes días vividos con ella.

Pero lo que queda presente, en mi cabeza, en textos y en mi memoria, son las experiencias vividas. Y las experiencias son sabiduría, y saber más, es vivir más.

Desde aquí doy gracias a todo aquel/aquella que ha estado en mi vida por haberme influenciado, para llegar a este punto, a este maravilloso viaje. ¿Por qué digo esto? Pues porque opino y creo que somos lo que nos rodea, empezando por la familia y acabando hasta por aquel que, aunque apenas haya podido estar a tu lado, a lo mejor te ha hecho ver las cosas de otra manera.

Gracias a todos/as, sin vosotros, esto no hubiera sido posible.

Enlace al álbum de fotos:

2012-02-06 Teheran – Hasta quién sabe cuando, pero espero que sea pronto

Irán, civilización milenaria (IV): Un día más en las montañas persas

Amanece, que no es poco.

Y es que, pase lo que pase, al día siguiente siempre amanecerá. Otro día más, otra vez. Algo nuevo, algo no tan nuevo, pero al fin y al cabo, uno más. Y poder disfrutar de esto, es algo tan simple como maravilloso. Lo más maravilloso del mundo.

Aquella mañana decidí levantarme un poco más tarde de lo habitual de lo que uno suele hacerlo para subir a pistas, debido a factores tales como el agotamiento del día anterior, o el tremendo frío que haría pasar la mañana de una manera no muy agradable. Por suerte y gracias a la droga legal, el ibuprofeno alivió ese dolorcillo de cabeza que tan asustado me tenía, por si me impedía disfrutar al 100% este segundo día.

Y lo primero que uno hace cuando está en un hotel a pie de pistas dispuesto a ir a esquiar, es mirar a través de la ventana. Hay que verificar el tiempo que hace, si está soleado, nublado o si va a nevar, o tal vez si ha nevado durante la noche. Esto es para hacerse una idea de lo que nos espera arriba, pero tampoco puede resultar muy útil porque, ¿cuán de rápido no cambia el tiempo en zonas montañosas? Aún así creo que es rito obligatorio, mirar por la ventana, para ver que la nieve sigue ahí y nadie se la ha llevado.

Con una mano me restregaba los ojos mientras con la otra desplazaba las gruesas cortinas del balcón. Estaban calientes como un horno a doscientos grados; la calefacción estaba justo tras de ellas; no fui consciente de ello pero creo que tampoco había peligro para que las cortinas ‘se pegaran fuego’. Ahora ya puedo mirar a través de mi ventana. Increíble. Mi cerebro recibe un chute de endorfinas y a su vez adrenalina; el día parecía, aún si cabe, mejor que el anterior. Ni una sola nube en el horizonte, ni una. Un cielo azul, más azul que el propio océano. Y la nieve fresca e intacta sobre las laderas, esperando a ser surfeada.

Espabilé, me enfundé en el traje de nieve y bajé a romper el ayuno. Como comida más importante del día que es, pedí un desayuno digno de titanes para poder aguantar lo máximo posible surfeando. Soy de esas personas que puede engullir un elefante recién levantado. Y este tema la verdad que lo tengo bastante en mente, sobre todo cuando hablo con gente que me comenta que sólo puede tomar un café recién levantado/a, que según ellos, no les entra nada más. Y me gustaría que algún experto en fisionomía me pudiera cerciorar si esto és cierto, que hay gente que realmente no puede comer por la mañana. Sinceramente, yo creo que no, que todo el mundo puede comer por la mañana; otra cosa es la lavada de cerebro que lleven encima, o las costumbres raras que hayan tomado. Pero si de algo estoy seguro es que romper el ayuno es maravilloso y debe ser copioso si vamos a requerir de mucha energía para el desarrollo del día entero.

vaya mañana…

Después de este comentario haciéndome pasar por un pseudo científico del palo, sigo con el relato. Aquella mañana, mientras tomaba el desayuno, pensé sobre lo acontecido la noche anterior con el chaval-posible-espía-iraní. Amén de carecer de sentido, pensé que había quedado con él para bajar juntos a Teherán tras media jornada de esquí, es decir, a las 13:00. Pero eran las 09:30 y aún no estaba surfeando así que decidí que no estaría a la hora, pues habría poco tiempo para disfrutar mi último día en pistas. Y no me preocupaba el hecho de no poder bajar sin ayuda de un local; eso aquí es prácticamente imposible si tienes algo de dinero y buenas dotes de negociador.

Camino a pistas. Ya no me enganché de nuevo en el torno giratorio para entrar el área de esquiadores, ni en el de los propios remontes. Todo resultaba más fluido, aquel segundo día, pues ya me conocía la zona. Lo llaman adaptación al medio y todos disponemos de ello. Primero un remonte, después otro. Y no se cómo lo hice, pero entable conversación con una persona dentro del ‘huevo’. Desgraciadamente ya no me acuerdo de su nombre. Lo llamaremos “El esquiador”. De origen iraní, bajito, calvo, pero recio, cara de buena gente pero ‘ojito con él’, como buen persa adulto, estos son unos buenos negociantes. El diálogo entre nosotros se amenizó cuando El esquiador me comentó que vivía en Dubai. Yo le dije que también estaba viviendo allí. La diferencia es que él llevaba más de 15 años viviendo y trabajando en Dubai, yo apenas llevaba 4 meses.

Y rápidamente, como buen busca vidas que soy, le pregunté sobre su estancia, si iba a quedarse en pistas o volver a Teherán; le comenté que era mi último día. Él me dijo que también y le pregunté que a qué hora quería bajar. Él quería bajar pronto pero, como buen negociador que soy, le convencí para que se quedara hasta las 14:00 para así poder disfrutar de este único, maravilloso e irrepetible día de esquí en el mejor resort de esquí de Oriente Medio, Dizin. Esbocé una gran sonrisa y el sentimieno de alivio se apoderó de mi; me había quitado un gran peso de encima, buscar un medio de vuelta a la ciudad. Le vendí la moto, no me costó mucho convencerle, así que delante nuestro disponíamos de unas 4 horitas para hacer el cabra por la montaña.

Y durante todo este tiempo sólo había momento para el disfrute del esquí y snowboard, para nada más. Un momento perfecto para desconectar del mundo real, para hacer deporte y sentirte libre en medio de la naturaleza, para realizar aquello que amas sumándole que dispones de unas condiciones excelentes. Si la perfección existe, aquel día la encontré y estuve con ella un rato largo.

El esquiador y yo ibamos de arriba a abajo y viceversa. Los remontes, solitarios, cero colas. Las bajadas, con esas condiciones de sol y nieve perfectas, rápidas. Tan sólo nos detuvimos un tiempo en la cima. Nos detuvimos para hacer unas fotos al majestuoso monte Damavand, de 5700 metros de altura, que se veía con aún más claridad que el día anterior. Damavand y todas las montañas que le rodeaban estaban saturadas de nieve, haciendo de éste un paisaje increíble e inaudito, porque dicen que nunca había nevado tanto como este último año.

Y allí andaba yo, con mi compañero de esquí. A falta de amigos, toca buscar aliados. Él fue un buen aliado y yo fui su buen compañero. Aquella mañana nos reímos mucho. El esquiador y yo compenetramos bastante bien. Hablábamos de todo un poco, desde bromas sin sentido hasta la situación política del país y de cómo aconteció todo esto que estaba ocurriendo en Irán. Este tema es tan largo y delicado que mejor dejarlo aparcado para contároslo tomando unas cervezas. Lo que si que tuvimos fue alguna que otra anécdota graciosa.

Sabía que aquellos japoneses del hotel no tramaban nada bueno. Lo sabía, lo intuía. Aquellos relajados seres que estaban sentados día y noche  en la recepción del hotel, enganchados a un portátil, la liaron aquella segunda mañana. Subimos unas cuantas veces por un remonte que daba acceso a la parte más remota del resort de esquí, con abundante nieve virgen. Tras la tercera subida vemos que las lomas repletas de nieve ya no eran las mismas; habían 3 enormes desprendimientos, lo que vienen a ser aludes de nieve. Pero 3 casi seguidos uno tras otro.¿Y a que no sabéis quién lo había provocado? Sí, esos 2 cabroncetes. El trabajador del remonte nos avisaba cada vez que subíamos de no surfear por esa zona, que había riesgo de aludes. Nosotros como responsables que somos y para evitar el peligro, apenas nos acercábamos a esa zona. Pero se ve que los japoneses no lo hicieron.

Y dicho y hecho. Provocaron 3 aludes, uno seguido tras otro, a escasos 40 metros de distancia uno del otro, por intentar esquiar por una loma. La nieve llegó hasta casi la pista. El trabajador del remonte nos comentó muy indignado, que los japoneses habían hecho eso y que por favor le hagamos caso y no andemos por zonas fuera de pista. Está claro que los japoneses no son muy espabilaos, yo creo que no entendían una mierda de inglés paupérrimo del trabajador del remonte y como buenos orientales, sonreirían y le dirían que SI, asentando con la cabeza, pero sin entender una mierda, así que tiraron por donde les dio la gana. Tuvieron suerte.

¿Y por qué no hay fotos de esto? Pues sinceramente, aquel día era el último día. Y como no sabía, ni sé, si volveré algún día, aquel día lo exprimí al máximo, sin parar. No paramos ni para comer; todo el día a base de barritas energéticas y agua o bebida isotónica.

Íbamos tan a piñón que, en una de las subidas, a mi colega El esquiador se le olvidó ponerse los esquíes. Resulta que en estos remontes no desembragables, al menos con la tabla de snowboard, tienes que subirte a ellos con la tabla en las manos. Sinceramente no está muy bien preparado tanto las rampas de llegada como salida de los remontes para las tablas y es mejor tenerla en la mano. ¿Qué ocurre? En ciertas rampas de llegada existe una gran altura entre la silla y la misma,aparte que con la velocidad con la que llegas no daría tiempo a hacer una salida normal. Pues bien, en uno de esos remontes para bajar de él, tenía literalmente que tirarme contra la nieve y caer al suelo, con la tabla entre mis brazos, porque no había otra opción. Bueno sí, la de seguir enganchado hacia abajo, que miedo me daría pues la tecnología de esos remontes brillaba por su ausencia. El esquiador, con sus esquíes puestos y gracias a que ellos van de frente, pueden hacer u salida horizontal sin problemas, impulsándose con los bastones. No es un gran problema para ellos, mientras lleves el equipo puesto. Y él siempre se reía de mis caídas forzadas, pero esto no acabaría así.

¿Y qué pasó? El esquiador olvidó de subir al remonte con la equipación puesta. No se por qué, ni seguro él tampoco, por qué subió con los esquíes y bastones en la mano. Al breve tiempo de estar en el remonte se dio cuenta de lo que había hecho. Yo empecé a reírme y a decirle ‘te vas a enterar lo que es bueno’. El gran problema lo tenía él, pues yo sólo tengo una gran pieza la cual sustentar entre mis brazos al saltar pero, él dispone de 4 piezas (2 esquíes y 2 bastones) para coger entre sus brazos, algo bastante más aparatoso. El resultado fue que, tras la fuerte llegada a la rampa de salida, entre que El esquiador nunca había bajado de esa manera de un remonte a tal velocidad y que el tío era bajito y la altura entre la silla y el suelo era considerable, todo saltó por los aires. El esquiador hizo lo que yo llamo ‘el salto del ángel’; de tener todo cogido entre sus brazos y pecho a ver que no podía hacer nada y decidió abrir sus brazos al aire, de par en par, desplegándolos, haciendo que el material saltara por los aires desperdigándose por la zona de llegada. Y él se clavo bien clavao en la nieve… Muchas risas y un momento más que divertido, que seguro muchos de vosotros habréis tenido en la nieve.

La hora acordada para terminar la jornada de esquí se acercaba. Disfrutábamos de nuestros últimos paseos por la mejor nieve que jamas haya probado en mi vida. Marcábamos surcos, aprendíamos a surfear más aún por nieve virgen. Sensaciones únicas que llegaron a su fin después de mediodía. Mi cuerpo no daba más de si, mucha caña en tan poco tiempo y hacia meses que no realizaba deporte regularmente. Se puede decir que acabé más que satisfecho. Como bien digo, no tengo palabras suficientes para expresar mi emoción. Ambos volvimos al hotel, previo paso por la tienda de alquiler de material de snowboard, de los cuales me despedí de manera efusiva.

Estaba radiante de energía, a pesar de la paliza. La satisfacción y euforia del momento estaban por encima de todo. Acababa de cumplir uno de mis sueños; esquiar en sitios muy raros y remotos.

El esquiador y yo nos citamos en el lobby del hotel, después de recoger todas nuestras pertenencia y cambiarnos. Yo fui un poco más lento y él aprovechó para buscar un coche de vuelta a Teherán. Él habla farsi y trabaja en temas de comercio. ¿qué mejor que dejarle a alguién como él las negociaciones? Dicho y hecho, El esquiador consiguió que un coche nos bajara a los dos por el módicoprecio de 600.000 riales entre los 2. Increíble, yo pagué para la subida, yó solo, 500.000 riales. ¿Asusta, eh? En euros, no equivale a más de 25 euros lo que yo pagué por 2 horas y media de coche de las pistas hasta la ciudad. Con él pagué al cambio unos 14 euros. Aquí te sientes rico directa o indirectamente.

Ah, echo la vista atrás una vez más. Unas fotos, una sonrisa, una sensación de plenitud total. Atrás queda uno de los mejores días de mi vida.

No habíamos comido así que le comenté a El esquiador que parásemos en algún pueblo cercano para comer lo que fuera y seguir el viaje. Había que reponer fuerzas. Subimos al taxi y tomamos rumbo a Teherán. El taxi era viejo y horrible, amén de tener la luna delantera quebrada. El conductor tenía una pinta de chungo que te cagas, amén de que conducía la ostia de rápido. Me senté en la parte trasera del taxi y gracias a las chaquetas y demás bultos de ropa invernal pude hacerme una especie de cama-jaima. Pero este cabrón conducía realmente agresivo. Quería adelantar a todos, incluido él mismo. Tuve que decirle que ‘aguantara los machos’ porque quería volver de una pieza. El esquiador y el taxista se rieron, claro, se pensarían que el extranjero se estaría haciendo caca en los pantalones… Pues no, no era así. Simplemente quería un poco de tranquilidad. No quería irme acantilado abajo después de haber tenidouno de los mejores días de mi vida. Aunque estaba tan cansado que no se si hubiera reaccionado.

Cerraba y abría los ojos constantemente, en diferentes ritmos. Pequeñas siestas que se interrumpían con los volantazos de aquel cabrón. Por suerte bendije el tráfico de la autopista de entrada a Teherán y ya pude descansar tranquilamente mientras nos adentrábamos en la megápolis.

 Después de indicarle a El esquiador dónde tenía que dejarme el taxi, empecé a pensar. Ya había dormido algo en aquel largo trayecto de casi 3 horas y estaba más descansado. Pensé en qué hacer aquella tarde noche. Sí, aún tenía energías para hacer algo. Y más si aquel plan pudiera ser quedar con Primavera.

Primavera me dijo que la llamara a la vuelta, que a lo mejor podríamos hacer algo. Aún era pronto, alrededor de las 5 y algo de la tarde cuando ya casi estaba en casa. Tendría que llamarla tan pronto llegara a casa de Brero. Pero tardé un poco más de la cuenta debido a que El esquiador tenía que ir dirección aeropuerto y no entramos de pleno a la ciudad, así que me dejaron en una zona donde habían más taxis, para que yo cogiera uno de ellos e ir yo solo a casa de Brero. El esquiador le explicó al viejo taxista la dirección. Acto seguido nos despedimos, le di las gracias por aquel fabuloso día. Nunca se me olvidará.

Aquel nuevo taxista era el típico taxista iraní del que Brero me había hablado. Viejo, gruñón pero simpático a la vez… y se pasaba por el forro cualquier regla de tráfico que podáis conocer. Él estaba por encima de todos, incluso de la policía. Después de serpentear entre doscientos millones de coches, llegó a un semáforo en ámbar y la policía le dio el alto par no pasar; pues no os podéis imaginar cómo le increpó al agente de tráfico, ventanilla bajada, aspavientos y vete a saber lo que le estaría diciendo. Yo sólo quería no ser deportado. Este taxista era una mezcla entre cabrón y graciosete.

Tras esta mini aventura por el centro de la ciudad, llegué a mi destino, medio exhausto. Toqué el timbre, Brero me abrió y pude dejar mis pertenencias de nuevo en su habitación. Me esperaban 2 cosas; el móvil para enviarle un mensaje a Primavera y la genial cama hinchable para echar  otra siesta por si había que hacer algo a la noche. Escribí a Primavera  y mientras esperaba respuesta, hacía tiempo en el salón. Así de repente apareció un conocido de Brero y compañía. Subió con aromas exóticos, acto seguido mostró la bolsa con un contenido raro, hojas y bolitas verdes. Y algunos de sus colegas cogieron esas cositas y las liaron en un papel y … Oops, ¿Pero no es Irán un país super super restrictivo?

Primavera contestó al mensaje, a las 20.00 pasaría por mi, de nuevo, con su hermana y el novio de su hermana, para dar otra vuelta. Genial, me fui a dormir un ratito, lo que la cama hinchable me dejó. Me levanto, me ducho, espero un rato más debido a que siempre llegan tarde. Tocan el timbre. Con fuerzas medio renovadas, me dispongo a dar una vuelta con Primavera. No se dónde íbamos a ir esta vez, pero me da igual. El hecho en si ya era genial.

Juntos de nuevo, en la parte trasera del coche. La hermana conducía hacia no sé donde. Ella hablaba mucho, como de costumbre, con su novio. Yo a veces irrumpía entre el diálogo y les comentaba lo genial que me fue en Dizin. También hablaba con Primavera, a parte de hacer los tontitos, como si fuéramos quinceañeros. Me comentó el plan, el cual consistía en ir a un restaurante a las afueras de Teherán, situado en la carretera. Un gran restaurante muy bonito y con una comida excelente.Yo la creía. Confiaba en todos ellos ciégamente. Conmigo fueron maravillosos y hospitalarios. Nunca sabré cómo devolver el trato recibido.

Y de camino al restaurante, otra anécdota más. Irán dio para muchas anécdotas, vaya que si. De repente, en el panel de mandos del coche se ilumina la lucecita del agua del radiador. El Peugeot 206 se está quedando sin agua y por mucho frío y nieve que hubiera fuera, si un coche se queda sin anticongelante, explota. La hermana comenzó a hablar cada vez más y más rápido y más fuerte. Algo iba mal. Estábamos en medio de la autopista y por supuesto tuvimos que parar.

Unas cuantas llamadas de teléfono, entre verificaciones y comprobaciones ciegas del motor, pues no éramos mecánicos. Y aquí vi una vez más cómo esta sociedad es diferente a la cual estoy acostumbrado. El coche estaba tirado en la cuneta cuando de repente un camión aminora la marcha y para delante de nosotros; se disponía a prestarnos ayuda. Linterna, líquido anticongelante y demás para verificar qué le pasaba al coche. Descubren una pieza la cual falta, entonces deciden hacer un apaño casero de los manguitos para que no pierda agua. En eso que viene otro coche con 2 personas más y se paran también a ayudarnos. Todos quieren ayudar. Pero quieren ayudar tanto que entre ellos mismos se rallan y el camionero, que acaba hasta los huevos de no se qué, acaba marchándose del lugar. Nos quedamos un buen rato más sin solucionarlo; dicen que fue el camionero que tiró la pieza necesaria para poder hacer el apaño casero. Anduvimos un buen rato buscándola por la carretera pero no encontramos nada.

La nieve no paraba de caer, el frío se apoderaba de nosotros. No había calefacción y mis ropas no es que fueran las más adecuadas, exceptuando la chaqueta Columbia. Primavera y yo nos sentamos en la parte de atrás, casi obligados por la hermana, guerrera como ninguna, lidiando con todos, pues es su coche y tiene que encontrar una solución. Y es que estas mujeres, o al menos las que vi e interactué con ellas, son de armas tomar. Incluso desplazaba a su novio en los intentos por verificar el motor.

Mientras, Primavera y yo hacíamos los tontos alrededor del coche, dentro, fuera, pero no podíamos ayudar, pues al lado del motor ya había montada una buena reunión de personas, así que me dediqué a ella y sólo ella.

La hermana, cabezona como ella sola, al final, casi después de 1 hora (o más) arreglaron el problema gracias a los 2 chicos que se quedaron reparando el coche y pudimos continuar la marcha. Increíble fue este otro gesto que vi, la hermana quiso darles dinero y éstos se fueron literalmente corriendo y apartándole las manos con el dinero. He aquí un buen ejemplo de hospitalidad.

Nos moríamos de hambre y frío, pero por suerte estábamos cerca del restaurante. La decoración cargante, excesiva y hortera resultaba graciosa, a la vez que acogedora. Muchas estatuas persas y muñecos, riachuelos, y demás tonterías esparcidas por todo el restaurante, hacían de él un lugar diferente. Tomamos asiento y aquí comenzó el festín persa. Arroz y carne, ensaladas, bebidas, platos varios, te, shisha, etc.

Charlas, risas y buenos momentos. Nada malo si no todo lo contrario. La cena nos costó 50 euros los 4, pero pongo la mano en el fuego que ese menú en un restaurante normal cuatriplica el precio. Sobró demasiada comida, y es que a esta gente les encanta la abundancia… forma parte de su cultura. Todo un ritual, con te y shisha, del cual disfruté en la mejor compañía.

Abandonamos el restaurante y me vino a la cabeza que faltaba menos de un día para mi vuelta; esta era la última noche en Teherán. Primavera y yo sentados en la parte trasera del coche, nos mirábamos a los ojos. Ya apenas había diálogo. Primavera no podía estar conmigo más tiempo aquella noche, ella tenía que volver a casa entre otras cosas porque al día siguiente tenía algo que hacer por la mañana, un par de entrevistas, me dijo. Yo le dije que no tenía nada que hacer, ya que Brero y compañía iban a trabajar y mi única tarea era hacer la maleta antes de volver al aeropuerto.Entonces Primavera aceptó llamarme después de que ella acabara sus tareas, para dar una última vuelta por Teherán, así como comer por ahí y demás. Obviamente le dije que sí, que esperaría (ansiosamente) su llamada para verla una última vez.

Ya de vuelta a casa de Brero, en el portal, Primavera y yo nos despedimos efusivamente. Di las gracias a la hermana y a su novio por tan grata compañía. Aquella noche dormí bien, dormí agusto, caí rendido. Esta vez el colchón hinchable de mierda no impidió mi descanso.

Había disfrutado de uno de los mejores días de mi vida, y sabía que iba a verla una vez más. Sabía que íbamos a reir de nuevo, a comer juntos, a ‘surfear’ ella y yo, otra vez, tal vez la última, en Teherán.

2012-02-05 Teheran – Un día más en las montañas persas

Irán, civilización milenaria (II): dando una vuelta por Teherán

No, no es que hiciera un frío siberiano en la calle tal como para que, a pesar de estar bajo techo, se me helaran hasta las pestañas. Lo que ocurría era que el colchón, el cual estaba perdiendo aire ya casi rozaba el suelo, haciendo que la helor del mismo trepara por mi espalda hasta invadir todo mi cuerpo. Decidí usar la técnica de la croqueta, la cual consta en rebozarse y enrollarse entre las sabanas, mantas,  y todo lo que tengas encima, para finalmente quedar como un caramelo en un envoltorio. Gracias a esta técnica pude conciliar el sueño, después de aquel largo día. Pero nos levantamos pronto, era cerca de mediodía y para todo lo que había hecho el día anterior, no dormí las horas necesarias.

Aquel 2º día en Irán iba a ser más tranquilo que el anterior, en cuanto a fiesta se refiere. Pero nos movimos bastante por la ciudad. La ruta no fue para nada planificada, pues todo salió sobre la marcha. Primero tocaba limpiar todos los escombros generados por la fiesta del día anterior, fregar y dejarlo todo más o menos limpio para cuando viniera la señora de la limpieza, que le diera el repaso final. Pero vamos, creo que con lo que hicimos ya se quedó bien limpio. Joder, parte del suelo parecía la parte trasera de un sello mojado; a cada paso quedabas, te quedabas pegado. Y es que se lió parda aquella noche. Atrás quedaban los diálogos, risas, bailes, Primaveras y demás historias de la noche, las cuales, muchas de las noches son únicas porque no suelen repetirse, ya que siempre pasa algo diferente. Y si añades el detonante del tequila por en medio, éstás serán más únicas todavía. Si es que logras acordarte de ellas, claro.

Nos entró un hambre voraz. Nos encontrábamos en el primer día del fin de semana, el día santo (viernes) y la gente estaría ociosa, de ‘finde’. Decidimos ir a un restaurante muy famoso, con platos típicos iranís, pero al llegar, resultó estar abarrotado. Y es que los viernes, la gente aprovecha para quedar todos en familia o en grupo de amigos, para salir y comer/cenar algo. Es el día santo y por lo tanto el día libre de casi todo ciudadano de Teherán.

—— CORTE VACACIONAL ——-

Hola, he vuelto de nuevo, hoy es 3 de septiembre de 2012 y me dispongo a retomar de nuevo el blog. Cierto es que este viaje, realizado en febrero, queda lejos atrás pero en mi memoria aún conservo, si cabe, la mayor parte de los momentos que creo debo contar y darles una narrativa interesante, para que las palabras os envuelvan y os hagan sentir casi las mismas sensaciones que cuando yo estuve allí. Voy a ello.

—— VUELTA AL GRANO ——–

La gente paseaba ociosamente, hombres y mujeres, por la calle. Poca gente joven, tal vez muchos de ellos durmiendo, o vete a saber haciendo qué. Me hubiera gustado saber más sobré que hace la ‘juventud’ iraní (al menos de la zona Norte de Teherán, los más occidentalizados) en su día a día en este país. Pero vamos… me puedo imaginar que muchos de ellos harían lo mismo que hice la noche anterior; una fiesta privada en casa de algún amigo/a, más o menos relajada, pero fiesta. ¿Cómo era eso de que, más de 2 copas se considera salir? Jejeje.

Qué puto frío. O qué puto frío, comparado con Dubai; hasta el calor de Sevilla me parecerá de risa después del año en Dubai. 2 pares de calcetines que llevaba y unas zapatillas de primavera. Algo hicieron pero, ojalá hubiera tenido a mano mis botas de nieve. Pensaba en el frío cuando de repente…¡La ostia! ¿Qué es eso que veo? El cielo comienza a despejarse. La tormenta que ha sacudido Teherán por una semana ha decidido marcharse, dando lugar a nubes y claros. El cielo, azul. La vista, lejana, pues de tanto que ha llovido y nevado, la atmósfera d la ciudad se ha limpiado, haciendo desaparecer esa nube de polución, ese ‘sombrero gris’, que cubre la ciudad muy a menudo. Y de fondo, las montañas. Me asombro, me excito. Nervios, estaré allí en unas pocas horas… Las montañas de Teherán, repletas de nieve. ¡Qué coño, están a reventar!! 1 semana nevando, imaginaos, tanto los que sabéis de nieve como que no, lo que significa que haya estado 1 semana precipitando copos de nieve, uno encima de otro, sobre las altas y gélidas montañas de la región. Me cabrea no poder hacer mejor fotos, apenas tengo suficiente campo de visión como para ver la cordillera que rodea Teherán. Pero bueno, ya las veré más tarde. A regañadientes y sin realizar muchas fotos a las mismas, continúo la marcha y las fotos.

Seguimos andando un poco más y para variar, no paraba de fijarme en mi entorno a la vez que echaba alguna foto que otra, intentando sacar el mejor cuadro posible de lo que fotografiaba, haciendo un esfuerzo para que éstas salgan más o menos interesantes; la entrada de un parque, una parada de bus con publicidad para concienciar al ciudadano del uso del transporte público, gente trabajando, gente paseando. Edificios a cada cual uno más raro que el otro (arquitectura diferente), un modelo de coche de una conocida marca alemana igual al que se comercializa en Europa pero, con un nombre completamente diferente a la par que cómico, publicidad del ‘socio’ que les gobierna publicada en todas partes (edificios, carteles publicitarios, estatuas, etc.)

Nos detuvimos en una pizzería italiana y nos marcamos un menú. Los 4 estábamos hambrientos y sedientos, unos más que otros, después de la fiesta de ayer. A nuestro alrededor, chicos y chicas. Para mi asombro y comparando con los emiratíes, los persas se mezclan entre ellos, no como estos últimos nombrados, los cuales resulta tarea ardua verlos en grupos de hombres y mujeres (chicos y chicas) en alguna cafetería, centro comercial, o donde sea. Siempre verás blanco o negro. Cuando veas blanco y negro (refiriéndome a sus trajes autóctonos) es que están casados o que lo estarán. Qué duro debe ser, ser uno de blanco, o una de negro.

Por contra y conforme pasan las horas y veo a mi alrededor, los persas son diferentes. Poco a poco voy dándome cuenta que estoy en una sociedad normal y corriente, con sus comercios, tiendas, acciones del día a día y, lo más importante, con su gente. Esa sociedad, una sociedad aparentemente normal, que vive el día a día sin tener mucho en mente su pequeño problema (aquel que manda en su tierra y todo eso) que les restringe de algunas libertades. Aunque todos sabemos que hecha la ley, hecha la trampa. Y vaya si saben hacer trampas, se lo montan bien de espaldas a la ley.

Finalizamos nuestra deliciosa pizza italiana-iraní y Fernando y Jorge deciden volver a casa, están más que molidos por la fiesta del día anterior. Brero decide quedarse conmigo, para dar una vuelta por la ciudad y mostrarme los puntos de interés, que ahora iré contando. Y a día de hoy (os recuerdo que estoy redactando esto a principios de septiembre) y conociendo más a Brero, se que tuvo que hacer un esfuerzo titánico en levantarse temprano, ir a comer conmigo y, sin hacer siesta, irnos juntos a dar una vuelta por Teherán. Y es que el día anterior le vi como un tornado, revoloteando por la fiesta. Y yo ya he vivido con él en Madrid y se hizo famoso en nuestro piso compartido por sus ‘sobadas’ de más de 12 horas, cuando el día anterior, o la noche, eran largas y agitadas. Hasta una vez tuvimos que despertarlo enchufándole un altavoz al oído, con el sonido de una bocina ‘troll’. Y aún así yo creo se despertó antes por nuestras risas y ruidos que por la bocina en si. Compañero, cómo te gusta dormir y más después de una fiesta pero, a pesar de haberlo dado todo la noche anterior, ahí estabas conmigo, de paseo por Teherán. ¡Olé por tu proeza!

Anduvimos calle abajo, buscando un taxi para que nos acercara al gran bazar de Teherán. Un bazar donde antaño se movía más del 15% de la economía total del país, ahora le han restado poder y se han deslocalizado comercios y demás, pues eran tan poderoso que, según me han contado, si los comerciantes se ponían en pie de guerra, para protestar contra algo que no les gustaba y hacían huelgas, paralizaban la economía del país.

Y cogimos el taxi. A la aventura, en una enorme ciudad de más de 14 millones de habitantes, nos dirigíamos hacia el sur. Y de vuelta a la típica conducción iraní, de ir como locos y pasar a escasos milímetros entre coches, con la premisa de ‘si no se escucha golpe ni rozadura, es que todo va bien’. Pero no había tiempo para sentir temor por la conducción, pues a mi alrededor podía vislumbrar la arquitectura de la capital de Irán, junto con su gente y la vida diaria, aquello que tanto me fascina siempre que he ido de viaje, ver cómo viven en otras regiones distintas a la mía.

Con la cámara en mano y enchufada, haciendo fotos como podía, siempre que el taxi se ponía en los carriles de los extremos con visibilidad total de las fachadas de los edificios y aceras. Y conforme más bajas al sur, más auténtico es Teherán. Sumémosle a sus viejos edificios, la tristeza del otoño causante del desprendimiento de hojas de los árboles en las calles, mostrando estos sus desnudos troncos. A su vez, un frío seco, muy seco, como nunca antes había sentido, hacía que se me encogiera el alma, que se escondiera tras de mi. Pero la fascinación por el descubrir y ver cosas nuevas, hacen que todas las anteriores trabas pasen a un segundo plano, haciendo disfrutar de ese momento, un momento único.

Aterrizamos con el taxi en las cercanías del bazar. Por desgracia, el bazar no estaba al 100% abierto, pues el viernes, día en el que nos acercamos, es día santo y la gente libra. Algunos pocos comercios abiertos, gente paseando tranquilamente comprando dulces y postres de los puestos ambulantes. Vi también una tienda de alfombras persas, eché un ojo y tal vez me arrepienta de no haber preguntado precio, pues baratas no parecían.

Unos militares disfrutando del sol en sus caras, intentando creo, calentarse, pues el frío que hacía era importante. Y todo rodeado de carteles propagandísticos del régimen actual, intentando, por lo que veo, hacer que la gente sepa lo que hay.

Aún nos quedaban cosas por ver. Una de ellas, sobre la que siempre quiero conocer para tener referencias a la hora de visitar grandes ciudades y comparar, es su transporte urbano. Teherán posee una red subterránea de metro. ¿A que no os lo podíais imaginar? Pues sí, tiene una red de metro de 3 líneas y unas cuantas más en construcción, que hace que la vida sea más fácil ya que, moverse por una ciudad de 14 millones de habitantes no es moco de pavo; el tráfico de vehículos es infernal, como por ejemplo, las colas de 2 horas y media para entrar a Teherán capital, si vienes a trabajar a la ciudad y vives a las afueras de la misma. Un rollo Madrid pero a lo bestia.

Y de repente te vas dando cuenta que Teherán es una ciudad más, como muchas otras ciudades del mundo, donde la gente vive normalmente bajo sus costumbres y su cultura, y si no fuera por el régimen, seguro que serían la ostia. Porque un país que es el segundo exportador de petróleo en el mundo es mucho país, amén de su civilización milenaria, existente desde hace miles de años, les hace desde mi punto de vista, ser especiales.

Compramos el ticket y abordamos la estación, escogiendo la línea que nos iba a acercar hasta los aledaños de la Torre Azadi, alias la torre de la libertad, construida en 1971 haciendo honor al Sha (emperador de Irán) que fue derrocado tras el cambio al régimen islámico en 1979, conservando el monumento y nombrándolo torre de la libertad. Libertad, curioso…¿eh?

Hacia tiempo que no me sentía tan observado. Es más, creo que nunca me he sentido más observado que dentro de los vagones del metro de Teherán, donde Brero y yo eramos los únicos occidentales. Los únicos ‘blanquitos’ del lugar, en un día santo, pasadas las cinco de la tarde, dirigiéndose a visitar el monumento más emblemático de Teherán y rodeado de iraníes, clavando sus miradas en nuestros pálidos rostros. ¡¡Es que eramos los únicos!! Y para colmo, hablando en voz medio-alta, como ya sabéis hablamos los españoles, más alto de lo normal.

Descendimos del vagón para salir al exteror de la estación subterránea. Ante mis ojos, más regalos propagandísticos pro-régimen. “Obama asesino”, “Wanted dead or alive”, y algunos otros carteles, pegados por las paredes o colgando de postes. Curioso, ver en vivo algo que actualmente es presentado como conflicto a nivel mundial. Sí, estaba dentro de lo que ellos llaman ‘el eje del mal’, estaba ‘con los malos’. Pero desde mi punto de vista, no creo que sean tan malos. Los otros seguro que también serán igual de malos. Los transeúntes nos miran y se ríen, mientras hacemos fotos a esos carteles. Yo lo hago con algo de cautela, no vaya a ser que algo o alguien me caiga encima y me diga “Eh, chaval… ¿qué estás haciendo? ¿De qué bando estás?” Tenía un poco de paranoia mental pero vaya, a veces hay que correr riesgos, jaajajaj.

Echamos la vista al fondo y vemos que hemos salido bastante lejos de la torre, nos dirigimos a un taxista, éste nos recoge y nos acerca a la misma por apenas ‘cuatro duros’. Ante mis ojos el monumento se hace grande. Y junto con el paisaje de fondo, las altas montañas nevadas que rodean la capital de Irán, hace que el momento sea mágico. Caía el sol, ya era difícil sacar una buena foto con suficiente luz sin aumentar la ISO, quería retratar ese momento y lo hice lo mejor que pude pero, lo siento chavales, esa imagen quedará par mi retina.

La torre se ubica en una plaza en medio de una carretera; dicha plaza hace la función de rotonda de unos cuantos carriles y aún así, la congestión del tráfico es elevada. Nos disponemos a cruzar con el método iraní, que significa ni más ni menos que usar la predicción para cruzar Tienes que vislumbrar el futuro, ver los huecos que los coches que pasa y que pasarán te han dejado para ir avanzando pasito a pasito hasta cruzar la calle. Una aventurilla más.

Unas fotos debajo del monumento, unos saltos y más fotos. Inmortalizar el momento. Observar la puesta de sol, ver las montañas nevadas de fondo, donde iba a dirigirme al día siguiente. Contemplar la inmensidad de la zona, lo mágico del momento. Momentos únicos que nunca más van a repetirse.

Cae el sol, decidimos volver. No se si lo reflejé en párrafos anteriores pero, tenía una cita. A las 8 de la tarde Primavera iba a recogerme con su hermana, de nombre Jazmín, y el novio de ésta, para cenar en algún lugar de Teherán. Teníamos que volver lo más rápido posible, el cansancio post-fiesta hacía estragos y tenía que descansar un poquillo. Tras preguntar a dos millones de taxistas, al fin logramos convencer a uno que nos llevara a casa. Y es que estábamos lejos de cojones. Tan lejos que, durante el trayecto y tras cruzar un puente, dio tiempo a que se nos pinchara una rueda. Si señor, primer pinchazo en Teherán, primer problema con el coche (y no sería el último que tuviera). Nos detuvimos en un sitio curioso, justo en la unión de los carriles normales junto un carril de incorporación por la parte derecha, entre los dos, pisando zona de rallas. Por suerte no obstruimos mucho el tráfico, pero los carriles eran estrechos y algunos coches tenían que hacer malabares para pasarnos y no rozar tanto a nuestro taxi, como a los coches de los carriles adyacentes.

Y como no, decidimos inmortalizar el momento. Acojonados porque el puente temblaba que daba gusto, ¡menudo tráfico!

Tras un muy largo camino, con pinchazo incluido, llegamos a casa. Brero se retira a descansar y yo me dirijo a mi colchón que está a ras del suelo, donde la espalda se convierte en un bloque de hielo debido al frío, para descansar un rato antes de la cita con Primavera y compañía. Tras despertarme, ducharme y acicalarme, me senté con estos a esperar la llamada perdida de Primavera, que indicaría que ya estaba para recogerme. No me acordaba que en esta cultura también tardan; esto no es Europa y por supuesto si te dicen una hora, échale media hora más de retraso como mínimo. Impaciente me hallaba hasta que sonó el móvil. Me despido de Brero y compañía y me dirijo al coche de Jazmín.

El coche de Jazmín era un Peugeot 206 color gris. Un Peugeot más de los doscientos millones de vehículos marca Peugeot que hay en Teherán. Es increíble la cuota de mercado que tiene la marca francesa aquí. Y asombrosamente muchos de ellos son el modelo Peugeot 206. Me acomodé en el asiento de atrás del coche, junto con Primavera. Como conductora, teníamos a Jazmín y también estaba con nosotros Arash, novio de Jazmín, un gran tío, muy majo, que conocí en la fiesta de la noche anterior y que, entre otras cosas, me hizo de ‘Wingman’ para que Primavera y su hermana tardaran en irse y así tener yo más tiempo. Jeje.

No sabía donde íbamos, pero me daba igual. En estos casos es lo mejor que puedes hacer. Que alguien local, nacido allí, te lleve al sitio que él quiera. Sobre todo cuando se trata de países como estos, los cuales brillan por su falta de comunicación con el exterior y realmente uno no sabe qué es lo que se puede encontrar en él hasta que no está allí. Nos dirigíamos rumbo a un restaurante al norte de Teherán, donde termina la civilización y empiezan las montañas. Risas, charlas y demás, en el coche. Jazmín hablaba por los codos con su novio; ella habla si cabe más que yo, pero hablaba en farsi así que no entendía nada. Era como si estuviera recitando un cuento, pues no paraba de hablar. ¡Y para nada me molestaba! Amén que la lengua farsi suena muy bien (al menos el farsi con acento de Teherán), yo iba a mi rollo con Primavera; ella me enseñaba frasecitas en farsi del rollo ‘te quiero’ y otras bobadas, las cuales yo repetía como un loro y con ese toque de humor añadido que le otorgo, el cual muchos de los que me conocéis os podéis hacer una idea del ‘circo’ que puedo llegar a montar con 2 simples frases. Primavera se partía de la risa.

Llegamos al sitio, en el punto más alto de la ciudad, con las laderas de la montaña forradas con pinos y algo de nieve a nuestras espaldas y de fondo, la ciudad iluminada de Teherán. Aquella zona era como el típico sitio de montaña, con casitas de piedra por calles estrechas. Un fuerte y agradable aroma de carne a la brasa y gente yendo y viniendo de un lado a otro, todos con mismo propósito: evitar el increíble frío de aquellos días en un restaurante cálido para cenar y relajarnos, pasar un buen rato.

Yo estaba encantado de estar por allí, apenas tenía siquiera que pensar, tan sólo disfrutar. Con la mejor compañía posible, adentramos en un restaurante donde un gran fuego iluminaba la cocina a mano derecha que, junto con el delicioso olor de la ternera a la brasa, hacían de ese lugar una apuesta segura para ponerse las botas con la mejor comida iraní. Nos sentamos en una alfombra, en el suelo y como todos hacen, nos quitamos los zapatos. Cojines y almohadas a nuestros lados para estar tirado al más puro estilo persa, mientras esperamos la comida, té y shisha.

Me preguntaron qué me gustaría comer; les di el poder de la elección, pues a mi me gusta todo, excepto la coliflor hervida, alimento el cual odio a muerte. Algunos compañeros de beca os podrán contar las veces que, cuando bajábamos al restaurante de las Emirates Towers, donde solíamos comer, comentaba a los camareros y cocineros que la coliflor es un alimento que no debería existir en la tierra y que por favor me dieran una hoja de sugerencias para escribir que eliminaran la coliflor de ciertos platos que ellos servían a la hora de comer.

Y llegó la hora de disfrutar, de charlar, de las miradas cómplices con Primavera y de ver cómo una vez más no puedes mostrar afecto, porque estás en un país con el régimen que ya sabéis cuál es y hace que todo afecto entre personas deba de ser puertas hacia adentro, algo que según yo pienso, es antinatural.

El menú estaba escrito íntegramente en farsi así que ni siquiera supe lo que pidieron, pero básicamente y como toda comida iraní, ésta se basa en algo de verduras, carne de ternera y pollo y arroz, amén de más cosas, pero eso es lo básico. ¡Y qué rico estaba! Y bebí un poco de té, con poco azucar, al estilo iraní, amargo como él solo. Y la shisha, ¡qué rica estaba! En el jarrón de cristal no llevaba agua sino algo diferente, era líquido de color  blanco, tal vez agua mezclada con leche, o vete a saber. El caso es que todo estaba riquísimo. Compartíamos la shisha mientras hablábamos y me comentaban cositas acerca de su cultura y sus costumbres.

Se acercaba la medianoche y todos teníamos que irnos, principalmente porque el restaurante cerraba. El camino de vuelta fue largo, pero a mi me daba igual. Es más, incluso mejor, así podía pasar más tiempo con Primavera, en aquella parte trasera del coche, la cual fue nuestro sitio más íntimo. Nunca olvidaré su mirada, aún más bonita si cabe gracias a esos ojos. Y su ternura, la cual hacía que me sintiera muy confortable junto a ella. Y de repente recordé que el amor aún existe, al menos en Irán.

La invité a venir conmigo a la estación de esquí pero, una vez más, esta cultura impiden de manera ridícula una relación entre 2 personas; para que un hombre y una mujer compartan habitación en hotel, han de estar casados o de lo contrario no está permitido que duerman juntos. A su vez, ella trabajaba, así que fue imposible que viniera a la nieve.

¿Pero sabéis qué? Mejor, porque hay ciertas cosas que no puedes hacer con tu amada, ya que eso que vas a hacer mientras ella está ahí también es tu ‘otro amor’, y ella se puede enfadar. Esta vez mejor que Primavera no se viniera, pues tocaba una cita, de nuevo, con mi verdadero amor, de nombre nieve, en el sitio que siempre solemos elegir para vernos, la montaña. En un lugar único, en una estación de esquí llamada Dizin, a 2 horas de Teherán, dirección norte. En Irán, el país en el que nunca pensé que iba a visitar pero por circunstancias de la vida, aquí me hallo.

Me despedí de Primavera y los demás, con la mente más puesta en el día siguiente que en el momento. Tenía que preparar toda la maleta con la equipación de nieve, dormir y salir ‘pitando’ de allí a las 6 de la mañana, hora en la cual tenía una cita con el taxista de la agencia de taxis con los que había acordado el desplazamiento desde Teherán hasta la estación de esquí.

Llego a casa y Brero y compañía no estaban. A pesar que me dijeron que vendrían conmigo a esquiar, vi que no estaban muy por la labor pues, era más de medianoche y aún no habían aparecido por casa. Llamo a Brero y su tono de voz le delata, iba medio pedo. Otra fiesta más. Esta vez estaban en el bar de un canadiense donde sirven alcohol. Si, señores, en un país donde está prohibido el alcohol tanto la venta como su consumo, allí servían. Y el canadiense no se cortaba, según Brero me contaba. Has de conocerle tan sólo un poco, para que te sirva alcohol de estraperlo. Lleva muchísimos años en la ciudad me dice, y ya todos le conocen, sobre todo los expatriados. Y es que siempre existirá una vía de escape, porque al campo no se le pueden poner vallas.

-“Ya si eso y tal vamos mañana, nos levantamos y vamos juntos, pero que si vemos que llegamos tarde y nos liamos y tal y cual, a lo mejor no” -Me comenta Brero por teléfono.

¿Está claro, no? ¡jajajajajaj! Pero a mi me daba igual, ya estaba concienciado para subirme por mis propios medios ahí arriba. A disfrutar de nuevo, con mi amada, nieve, esta vez a unos 5500 kms. lejos de casa. Porque a veces no hace falta compañía en ciertos sitios, porque a veces una desconexión es necesaria. Porque cierto tipo de deportes es mejor practicarlos sólo que acompañado, pues cada uno lleva un ritmo. Ansioso me retiré a la cama, para dormir unas pocas horas antes de levantarme y comenzar lo que sería mi tercer día en Teherán, el mejor de todos ellos. Ella, la montaña y yo.

Mención especial a mis amigos que les gusta el Snowboard; ojalá hubieran estado aquí conmigo disfrutando este maravilloso momento que yo iba a vivir en unas pocas horas. Besos y abrazos a todos/as.

Enlace al álbum de fotos:

2012-02-03 Teheran – dando una vuelta por Teherán

Cerrado por vacaciones

Estimados lectores/as,

Tan sólo quedan unas pocas horas para empezar lo que va a ser lo que yo llamo ‘el gran viaje’. El gran viaje consta de ni más ni menos, una visita a ciertos sitios, pasando por 5 países diferentes:

– Beijing (China)
– Puerto Galera y Boracay (Filipinas)
– Bangkok (Tailandia)
– Templos de Angkor Wat (Camboya)
– Ho Chi Minh City (Vietnam)

Y tengo que disculparme ante todos vosotros/as, queridos lectores, pues no he completado el relato de Irán y tampoco he podido empezar el de Maldivas. Ambos relatos contienen muchas aventurillas y momentos, los cuales he tenido que apuntar en una hoja aparte, del rollo esquema para que, cuando vuelva, reanude la redacción y pueda contarlos como si no hubiera pasado mucho tiempo, ni borrado nada de la memoria.

Y es que no hay nada mejor (ya lo dije en mis primeras entradas de blog), que recordar algo, escribiéndolo y con fotografías. Con esto conseguiremos un mejor recuerdo del momento, combinando las 2 poderosas fuerzas que son la palabra y la imagen. Porque una imagen vale más que mil palabras y una imagen ha de ser descrita con más de 1000 palabras; así conseguiremos revivir esos días que tanto nos marcaron y también haremos sentir al lector dentro de la historia relatada.

No tengo palabras para expresar lo que siento ante este acontecimiento. Nunca pensaría que fuera a hacer algo así, pero la vida da tantas vueltas que nunca sabes dónde vas a parar. Eso sí, más o menos sabrás donde vas a parar pues cada uno marcamos nuestro camino y por lo tanto, nuestro destino. Y aún siempre habrán factores externos; ergo no preocuparos tanto, pero si luchad por aquello que queréis conseguir.

Seguiría escribiendo, pero me enrollaría cual persiana; cada relato que hago, más me extiendo en el mismo y lo peor, ¡más me gusta! Creo que dentro de poco perderé adeptos… de lo contrario, vais a tener que leeros unos ladrillos que ni los de la burbuja inmobiliaria en España durante estos año atrás (jojojo).

Un abrazo a todos/as, volveré la última semana de agosto, con mil experiencias y movidas, para compartir con todos.

Que os vaya bien el verano. Espero disfrutéis lo máximo que podáis, con vuestros cercanos y parientes. Experimentar y vivir, con control, con honestidad, pensando en el prójimo y en los que tenéis más cerca; pues nunca sabrás qué pasará mañana (y menos hoy en día).

¡¡¡HASTA PRONTO!!!

Rise of the phoenix

Irán, civilización milenaria (I): Un primer y largo día

Embarcábamos en el avión, previo ritual de hacer un par de fotos a los ‘tickets’ de avión y subirlas al Facebook, indicando en mi absurdo estado, el cual no sé si le importará a mucha gente, que me piraba de viaje una vez más. El vuelo lo iba a realizar con Qatar Airways (mejor compañía que Emirates, por supuesto) y hacía una pequeña escala en Doha, capital de Qatar. Era el billete más barato con diferencia de otros y, os recuerdo que somos becarios y podemos con todo, hasta con escalas de un millón de horas, entre vuelos.

El vuelo comenzó aproximadamente a la 1 de la madrugada y, si bien es cierto que no pensé que iba a dormir mucho, tampoco imaginé que me iba a ser imposible dormir; ya dentro del avión, vi que me tocó el premio gordo, madre con hijo pequeño, justo detrás mía. Unas cuantas filas más atrás, otra madre con su hijo (o hija) también se preparaban para dar la noche en el avión. No se qué ostias pasa con los niños en los aviones. Es como si de repente, les apretarán un botón y éstos empezaran a actuar de modo ‘diabólico’, con energía ilimitada, llorando, moviéndose, pataleando, chillando y llorando más y más.

Si a esto le sumas que estas maravillosas madres pasaban de sus hijos bastante, tenemos la combinación perfecta. Una máquina de generar ruido estridente, con permiso total para llorar y gritar, haciendo que el viaje se convierta en lo más incómodo que te puedas echar a la cara. ¿Es que a ninguna madre se le ocurre decir al niño o niña, que aparte de él, hay más gente en el avión y es de mala educación hacer lo que está haciendo? Y aunque sea muy pequeño, seguro que algo capta, que son muy listos. En vez de esto, una de las madres se dedicaba a taparle la boca (a veces) al niño. La otra madre, ya ni me acuerdo de si le decía al niño que se cayara o no. Sólo se que usé los cascos como orejeras para no escuchar tanto, y también me lié una especie de bufanda a la cabeza, que la mujer mayor que estaba sentada a mi lado, extrajo de su abaya (el vestido negro que llevan las musulmanas) y me la prestó; me vio tan agobiado que me la ofreció para taparme, mientras me miraba y asentía con la cabeza que la situación era muy molesta. Sólo sé que quería descansar un poco por la noche, pues esa misma mañana me hubiera gustado levantarme fresco para ir a hacer snowboard. Pero no fue así.

Después de una escala, algunas turbulencias y un par de horas largas; llegué al aeropuerto de Imam Khomeini International Airport, a las afueras de Teherán. He de decir que una extraña energía me invadió en aquel momento. Si ya de por sí soy ‘un culo inquieto’, imaginaos cuando una inyección de energía generada por la incertidumbre, emoción y ansia de conocer un sitio nuevo, que apenas has oído hablar sobre él y lo poco que has leído/oído no es de agrado, envuelve mi cuerpo y mente. Con los ojos abiertos como platos, desembarqué en dicho aeropuerto y me dirigí a recoger la maleta. Salió mojada y muy fría. Bienvenido al invierno de verdad.

Mientras esperaba la maleta, alzaba la vista y me fijaba en la gente de mi alrededor. Ellas, con una especie de bufanda que les tapa la cabeza, pero se les permite asomar el flequillo. Ellos, nada que ver con los árabes. Son persas, y son diferentes. Desde mi punto de vista, ellas son más guapas y ellos son hombres normales y corrientes, alguno que otro igual de cejijunto que los árabes.

Un aeropuerto antiguo, pequeño y curioso. Luces tenues, el silencio como norma general, un ambiente raramente tranquilo. Y ahora es cuando uno piensa, ¿qué cojones hago después de recoger la maleta? Haciendo caso de las indicaciones que Miguel, mi amigo y también becario de informática en la oficina de Teherán (Brero de aquí en adelante) me dijo, no me fue nada difícil encontrar alguien que se ofreciera a llevarme a la capital de Irán. Con mi pinta de guiri y una hoja con la dirección de casa de Brero impresa en ella, tendría una suculenta pieza de caza mayor para los estafadores; me abordaron un par o tres transeúntes a los pocos segundos. Mi confianza y nivel de regateo, ya forjados en Dubai, hicieron que no titubeara demasiado y me decanté por elegir al primero de ellos, el cual le dije que le pagaba 20 dólares desde el aeropuerto a mi destino.

Él me dijo 25, yo 20, y así estuvimos negociando durante todo el camino del aeropuerto a casa. Esta persona, la cual se identificó como un policía del país al que no le llegaba el sueldo para mantener a su familia y tenía que hacer de taxista, fue la que me llevó a casa de Brero. De estatura media, pelo medio-largo negro y ondulado, pantalones vaqueros, chaqueta de cuero, jersey de lana y zapatos con suela de goma gruesa. Y así el 90% de los hombres en Teherán, hombres con un estereotipo y vestimenta similar a la de los años 70-80. En este país es como si todo hubiera quedado congelado, detenido en el tiempo, hace 40 años, cuando ocurrió el cambio de gobierno.

Su antiguo coche no me generaba mucha confianza pero, a su vez, me fiaba de él, o me tenía que fiar de él, por huevos. Me agarré a un clavo ardiendo. En este caso el clavo ardiendo es la seguridad del ciudadano, que predomina en los países islámicos. Esto que hice, no creo que pudiera haberlo hecho en otras partes del mundo, donde en algún lugar, seguro, me hubieran robado hasta las pestañas, nada más aparecer sólo por el aeropuerto. Con la calefacción a todo trapo, evité que me quedara congelado, ya que después de venir del calor dubaití uno se hace al calor y soporta menos el frío, y para más inri estaba lloviendo (agua-nieve) y cero grados exterior. Mi mente proyectó una imagen de la estación de esquí nevada y recibiendo un glorioso paquete, dispuesto a ser desvirgado por mi tabla de snowboard, sonreí y el frío me importó menos.

El ‘policía-taxista’ sacaba pipas del bolsillo de su antigua y mugrosa chaqueta de cuero, me las ofrecía y yo las comía con gusto, tenía más hambre que el perro de un ciego. Eran las 4 de la mañana y me quedaba 1 hora de camino. El taxista apenas hablaba inglés, y las veces que lo intentaba, yo desistía, pero de manera agradable, por supuesto; un diálogo de besugos acojonante, pero a la vez gracioso, porque el tío se reía, y yo también. Y, aleatoriamente, me soltaba la frase de ‘please, 25 dolar’ y yo le decía:’no, 20, I am not rich’. Que no soy rico, ¡cojones! ¡Que soy un becario, aprendiendo del oficio de la vida, entre otros asuntos!

Durante el trayecto, intenté dormir pero, la emoción y la inquietud de saber que estaba en un país conflictivo, hacían que no pudiera conciliar el sueño y me fijaba en todo lo que había a mi alrededor, y más. Atrás quedaban las bromas de la oficina con Raúl, ex-becario y que ahora trabaja ubicado en el CDN. No pasaba día que me soltaba un ‘olé tus cojones’. Y es que por aquel momento (Febrero 2012) salían noticias cada semana sobre los movimientos de tropas de guerra por el mar arábigo y todo el golfo pérsico, y también del embargo bancario mundial al que ha sido sometido el país. Claro está que no invitaba amablemente la situación a visitar Irán, imagínaos que llego a despeinarme por la onda expansiva de una bomba nuclear, no mola, ¿verdad?

Pasamos cerca de una enorme mezquita muy chula; lástima que hasta aquí no hiciera fotos. Era de noche, y el coche se movía mucho. Y cuando digo mucho, es mucho. La autopista, si es que se le puede llamar así, estaba castigada por el paso de los años y por vete a saber qué. Llena de agujeros, de charcos de agua del tamaño de un lago; no había momento divertido en el que o botabas, o hacías ‘aquaplanning’. Pero el ‘policiataxista’ controlaba, vaya que sí, y fue un viaje emocionante. De repente luces y algo más de tráfico, entramos en Teherán. Sí, todo esto por intuición, digo yo que sería la ciudad porque ya empezaba a ver calles, puentes, luces de colores en los puentes (les gusta mucho decorarlos) y algo más de tráfico. Y más agujeros y socabones repletos de agua, perfecto para seguir disfrutando del ‘aquaplanning’.

Deciros que el tío no tenía ni pajolera idea de dónde vivía Brero y tuvimos que ir preguntando a transeúntes que deambulaban por las calles de Teherán, a las 4  y media de la madrugada, con una lluvia y un frío de cojones. Estos momentos para mi fueron increíbles. Estas son las aventurillas del S.XXI, a las que un mortal puede tener acceso. Y las recomiendo encarecidamente, aunque si bien no todo el mundo tiene este perfil de busca vidas y ‘echao p’alante’, otros sí. Pero creo que, la mayoría de expatriados tenemos este mismo perfil, con mayor o menor nivel de ser intrépido y deberíamos viajar a algún país ‘raro’ en algún momento dado. Porque, desde mi punto de vista, hacer más es vivir más y, por lo tanto, aprendes más.

Telefonazo a Brero, y notando la sangría que el Roaming produce en los saldos de los teléfonos móviles, hablé con él; ya estábamos cerca. Milagrosamente,  a la 5 de la madrugada, encontré su casa. Brero me esperaba, bajó con la cara de aún dormido, ataviado con una chaqueta y el pijama debajo. Aquí el taxista fue listo, sabía que en esta zona de Teherán la gente es más rica que en otras y empezó a rallar a Brero con la cifra de 25 dólares por trayecto, que le hacía falta el dinero. Yo le dije que no, que ni de coña, que lo negociado fueron 20 dólares, pero Brero cedió.

– ‘Pero tío!’ ¿Por qué? – le digo
– Es que me estaba agobiando…
– Aaahh, tendrías que haberme dejado…

Más adelante, en su viaje a Dubai, Brero descubriría por qué no hay que ceder y cómo mis habilidades de negocio y regateo aumentaron a niveles insospechados.

Él tenía que levantarse en un par de horas para entrar a la oficina. Rápidamente, me explicó los detalles de todo lo necesario. Al lado de su casa había una agencia de taxis 24 horas, la cual me mostró y me presentó ante ellos, ya que esa mañana tras dormir un poco, quería subir a la pista de esquí cerca del norte de la ciudad. Esta agencia de taxis me dio la vida e hizo que fuera capaz de moverme donde quisiera.

Ya en su casa, enorme y diáfana, con 3 habitaciones y 2 baños, se auguraba algo genial para esa misma noche del jueves a las 20.00; había convocada una fiesta con motivo de la despedida de Jorgue, su amigo brasileño. Son las 5 y media de la madrugada, Brero dispone de una cama hinchable, la cual iba a crujir de lo cansado que estaba, hacía un frío del carajo, la calefacción en su habitación no funciona bien del todo y las ventanas no son herméticas pero, os recuerdo una vez más, ¡¡SOMOS BECARIOS Y PODEMOS CON TODO!!

Antes de irme a la cama, me hago millonario. Me refiero a que Brero me da los dos millones de riales iraníes que iba a disponer para el inicio de mi estancia. Por aquel entonces, un euro equivalía a 23.000 riales aproximadamente, o 2,3 ‘tomanes’, palabra que usan para las transacciones monetarias. Y es que es más cómodo hablar en unidades que en millares o millones. si tienes un billete de 50.000 riales (2 euros), ellos dicen 5 tomanes (quitar 4 ceros). Me costó un poco pillarlo, no os lo voy a negar.

Me tapo, me echo por encima un par de toallas e intento conciliar el sueño, pensando en que tenía que levantarme cerca de las 10 de la mañana para intentar subir a la pista de esquí llamada Tochal, justo en el norte de Teherán, para el primer contacto con la nieve. Y aquí pequé de novato.

Dormí lo que pude y lo que mi cabeza pensante me dejó; a las 11 me levanté y me dirigí, con la ropa de nieve (idónea para el momento pues el mercurio no apuntaba en la calle más de 2 grados) a la agencia de taxis. Y qué rabia me da olvidarme del nombre, pero mi primer desplazamiento fue  con un chaval joven iraní, que hablaba inglés bastante bien; llamémosle el taxista joven. El taxista joven me preguntó si tenía hambre, le dije que por supuesto si no, no podría esquiar.

Nos acercamos con el coche a una especie de centro comercial y me indica un sitio para tomar café. Eran las 11 y media de la mañana y la vida en la calle iba apareciendo, cada vez más y más gente en su día a día. Y es que en una ciudad con 14 millones de habitantes, ¿cuándo no dejas de ver  gente? Muchas de sus miradas se fijaban en mi, y en mi atuendo  que en esta ocasión era para practicar snowboard. La gente pensaría algo como: “¿Pero a este tío que se le ha perdido aquí?” y (aquí dejadme soñar) seguro que algunas de ellas pensarían: “Vaya vaya, un extranjero, qué interesante…”

Cafetería normal y corriente, como las de toda la vida, con su café, pasteles y demás bollería. Chicos y chicas juntos. Ellas con la bufanda tapándoles el negro y largo pelo. Me asombro y veo más interacción aquí que entre personas en Dubai. Empiezo a ver a un pueblo normal, con gente normal, actuando de manera normal. Creo que el norte de Teherán es la parte más ‘occidentalizada’, o la menos influida por su religión. En ningún momento me sentí extraño. Tras el café con leche y bollería, invitado por el joven taxista, nos apresuramos a volver al taxi y pusimos rumbo al norte de Teherán. Impaciente me hallaba para llegar. Y haciendo fotos de cada lado de la calle, de todo lo que veía era nuevo para mi, algo fascinante.

Ellas, muy guapas. Qué ojos, y qué rostros. Chicas, ¿no habéis pensado alguna vez en haceros las cejas rectas o de punta hacia arriba? Qué exótico todo.

Aquí se lleva el copiar marcas de grandes multinacionales, e incluso fusionarlas, veáse el logotipo de Hardee’s (burguer americano) y KFC, llamándole SFC (Superstar Fried Chicken) con el logotipo de Hardee’s y la tipografía de KFC. ¡La risa!

Quien promovió todo el cambio, aparece una y otra vez por la ciudad. Propaganda, a tope.

Y ya, por fin, nieve. Atónito yo, ante mis ojos, ella hacia presencia. Montañas completamente nevadas, nieve por las calles. No cabía en mi mismo. Una sensación indescriptible. Un sueño se estaba haciendo realidad.

A pesar de que dudábamos si la pista estaba abierta o no, me dio igual. Decidimos probar suerte. Lamentablemente, recibimos la mala noticia; esta estación de esquí no es muy grande (parecida a las estaciones de Valdelinares o Javalambre) Y no dispone de un horario a tiempo completo como me imaginé que tendría; estaba cerrada pues solamente abrió esa misma mañana. Vaya, Sergio, ¿no pensaste que estabas a 6000 kilómetros de casa y tal vez las cosas funcionen un poco diferente a las de tu país? No obstante, el viaje no fue en vano. Unas cuantas fotos, tocar la nieve, ver cosas nuevas, respirar aire frío (cosa que hacía tiempo no hacía).

Y sí, me jodió bastante no haber subido esa mañana, hubiera sido genial, el primer contacto con la nieve. Pero bien es cierto que hacía mal tiempo y seguro que arriba no se vería nada. Me deleité con el paisaje, mirando hacia el horizonte y vislumbrando Teherán de arriba a abajo, pues estábamos en una de las zonas altas de la ciudad.

Un ameno trayecto con el taxista, el cual me hacía muchas preguntas, entre ellas la típica de la zona: si estoy casado. No, joder, no estoy casado. Eres la persona un millón doscientas cincuenta mil veintiocho que me lo pregunta. ¿Acaso tengo cara de casado? Qué importante o qué impositivo, es en su cultura, el casarse. Diferencias culturales, somos lo que nos rodea.

Tras unas cuantas fotos, cogimos de nuevo el coche y volvimos a la oficina, cerca de casa de Brero. Éste estaba todavía trabajando, y aproveché para ir a ver la oficina comercial en Teherán. Cogí otro taxi y dirección en mano, me llevó. Ubicada en una antigua casa de más de 2 plantas, jardín, piscina (no utilizable) y demás lujos ‘a la antigua’, su pintoresca construcción de los años 60-70 le dan un aspecto característico y junto con el gris invierno, nos sentimos como si hubiéramos viajado en el tiempo, retrocediendo unos 40 ó 50 años atrás. Realmente te sentirías en otra época, si no fuera por los móviles, televisión o Internet.

Tras charlar un rato con la gente de la oficina, conocer a Fernando y Javi, sus 2 compañeros de piso, y comer un plato típico persa, que consta de arroz y carne, llegó el fin de jornada laboral, que daba paso al disfrute del fin de semana, el mismo que tenemos en Dubai, viernes y sábado. Tocaba preparar la fiesta de la noche. Despedida de su amigo Jorge.

Y yo me preguntaba cómo conseguirían el alcohol, y lo que no sabéis es que hay un gran mercado ‘underground’, un mercado negro, el cual puedes conseguir de todo. Y cuando digo todo, es de todo. Pero esto es otro tema y no vamos a profundizar, no sea que me entren las fuerzas especiales un día por la ventana, tras publicar algo en el blog.

Una compra en el supermercado, unos refrescos, snacks, a un precio de risa, la vecina que preparó unos platos típicos persas. Tenía que dormir; son las 17:30 y acordaos que mi día había empezado el miércoles y, después de currar todo el día, tener que preparar la maleta, haber tenido la confrontación y el rifi-rafe con mi ex-compañera de piso, haber cogido el vuelo a las 01:00 am (ya es jueves), no haber conciliado el sueño en el avión debido a los maravillosos niños, haber  viajado en el taxi con las condiciones meteorológicas adversas y la carretera más peligrosa del mundo, haber llegado de madrugada a casa de Brero, haber intentado echar una cabezada de 6 a 10 AM despertándome cada media hora para  irme fresco a la pista de esquí, haber llegado a la pista de esquí y ver que estaba cerrada, volver de nuevo e ir a la oficina comercial, comer y volver a casa andando, hacer una pequeña compra para la fiesta, estaba rendido. Pedí tiempo muerto y logré dormir otras dos horillas, que me dieron la vida.

eran cerca de las 20:00 y ya habíamos retirado todos los muebles del gran espacio diáfano que tiene la casa. La cocina y salón es todo uno, separados por una barra americana, y el espacio es ENORME, lo corroboro. En la anterior fiesta que se celebró, Brero me contó que tal vez habrían unas 60 personas, ¡en un apartamento! Se les fue de las manos. Y viendo las fotos lo corroboro también, menudas caritas.

Esta fiesta no iba a quedarse corta y retiramos de nuevo todo mueble para dejar un gran espacio. Mesas y sillones, pegados a la pared, para que se sentaran alrededor del gran espacio generado. Las enormes alfombras, directas a la habitación de Brero,

Y a las 20.00, poco a poco iba llegando gente, a cuenta gotas. Parecía que no arrancaba, pero se iba llenando de gente cada vez más y más. El equipo de música ya estaba preparado, para liarla. ¿Policía? Es igual, a los expatriados no les hacen ‘nada’, mientras no quemes la casa o algo similar, por supuesto. ¿Pero qué tiene de malo tener un poco de juerga en fin de semana? Gracias a dios que los vecinos no se quejan. Realmente no tiene que ser nada agradable lidiar con la policía de un país como éste. Aunque, por suerte, con los expatriados hacen la vista gorda, son algo más permisivos que con sus conciudadanos.

Me presentaban a todo aquel que llegaba, un gran esfuerzo en memorizar nombres, si cabe, imposible. Y me sorprendió que no todos eran iraníes; también había mucho expatriado de diferentes partes del mundo. Hasta cubanos, señoras y señores. ¡Un cubano en Irán! Y no solo uno, sino dos. Al final de la noche me encontré con otro cubano, el cual me alegró bastante saber su opinión respecto a mis bailes. Si bien llevaba desde que aterricé en Dubai bailando 3 veces por semana, o más, mi técnica y estilo habían mejorado, hasta tal punto de ser catalogado como cubano, por un cubano. ¿Por qué? le pregunté. Él respondió: ‘Compañero, ¡te mueveh como mih hermanos y amigoh de Cuba!’ Esbocé una gran sonrisa y seguí haciendo el moñas por la fiesta.

Y también habían chicas, vaya si habían. De todos los países pero abundaban ni más ni menos que persas, con esos rasgos tan característicos y esa belleza iraní, única en el mundo. Curiosa me pareció su manera de entrar a las fiestas pero claro, es por imposición. Aparte que era invierno, ellas no pueden mostrar carne, sólo pies, manos y un poco el flequillo de su pelo. Venían tapadas hasta las cejas y, conforme entraban por la puerta, no saludaban a casi nadie, sólo al que les abrió la puerta y, acto seguido, corrían al aseo, o habitación, con el detalle que llevaban un gran bolso en la mano. Chicas rápidas donde las haya, 10 minutos más tarde, salían vestidas como cualquier chica occidental en plena noche de fin de semana, incluso vi alguna falda cuya anchura era inferior a alguno de mis cinturones.

Ahora sí, ya estaban preparadas para saludar, sonreír y mostrarse al público. No hay problema sin solución. Ese bolso guardaba algo más que el típico universo de mujer; ¡la muda de fiesta!

La noche transcurría, la gente se animaba, algunos empezaban ya con los ‘shots’ o chupitos, como bien queráis llamarlo. La cocina era un hervidero de gente, sirviendo copas a tutiplén. Un muy buen ambiente, bastante diálogo con los asistentes de la fiesta y algo de baile. Le dije a Brero que por favor, seleccionara alguna canción de música latina, salsa, bachata; aquella que hace mover el cuerpo sin necesidad de nada más. Y empecé a bailar, a mover el cuerpo al son del ritmo latino. La gente miraba y preguntaba dónde había aprendido a bailar, o si era profesor, les daba las gracias y que ni mucho menos era profesor, simplemente que me he aficionado a esto y me gusta muchísimo tanto seguir aprendiendo como enseñar.

Y saqué a alguna persa a bailar. Enseñarle un poco el básico, guiarla bien y a disfrutar. Y realmente quedaban fascinadas de ver como un chico las mueve de un lado a otro, viendo que ‘sabes’ y controlas giros, paradas, etc. Aunque, he de decir que a una de ellas le di tantas vueltas que creo acabé por matarla aquella noche. Ya la había visto en la cocina dándole duro al tequila, cuando se animó a bailar. Y vaya si le gustó,que no soltaba, pero la pobre no se daba cuenta que se iba resbalando poco a poco y tenía que sujetarla para que no se cayera a veces. Yo quería parar pero ella se animaba de nuevo y a darle de nuevo vueltas y vueltas. Mis mas sinceras disculpas, pues no le sentó nada bien el darle tanto meneo, acto seguido se fue apagando poco a poco y dio paso a la escena que todos podemos protagonizar si te pasas con el alcohol. Acabó K.O.(aunque resucitó a las 2 horas, con la cara echa un cromo, como si hubiera sobado 12 horas).

Y la gente de la fiesta veía que bailaba y ellos también se animaban a bailar. Si señor, al fin, una fiesta en una casa, donde la gente baila.

Pasaban las horas, unos iban, otros venían. Brero iba como una peonza, dando vueltas por su casa, como si no la conociera y haciendo fotos (no todas las que debiera, pues iba como un terremoto), apenas hablé con él esa noche, iba charlando con la gente de la fiesta, muy majos todos ellos. De repente, entre mis idas y venidas por la casa, un encontronazo en la cocina. Ella, de nombre, Primavera.

El rostro de Primavera es puramente persa, con grandes rasgos marcados, cejas y labios gruesos y unos ojos de mirada penetrante. De estatura media y con un escueto y ajustado vestido negro, y un taconazo de vértigo. Empezamos a hablar y hablar, sentados, de pie. Bailamos algo, pero poco, sobre todo hubo diálogo, risas y conexión. Un sentimiento el cual ya había casi olvidado, cosa que suele ocurrir en Dubai, pero esto es tema aparte.

Pasaban las horas y Jorge el brasileño hizo acto de presencia. Cuántos lazos se establecieron entre toda esta gente, en esta comunidad de expatriados que, a pesar de que a Jorge le quedaran 2 horas para coger su vuelo de ida sin vuelta a su tierra natal, él pasara por la fiesta, para despedirse de todos ellos. Algunos lloraron, otros entre abrazos, sonreían y charlaban. Todo un poco más exaltado de lo normal, como suele pasar cuando hay copeo por en medio. Pero muy, muy buen rollo. Yo hablé con él un poco, lo justo para ver que es un tío grande. Unos van, otros vienen, uno de los contras de estar viajando por el mundo, siempre hay posibilidad de que tus grandes lazos con gente se deshagan debido a que muchos vuelven a su tierra natal, o se mueven a otra parte del mundo.

Y volví al ajo, al diálogo con Primavera. Y ella se asustó, puso su mano en el corazón y me dijo que tenía que irse, que su corazón empezaba a latir y sentir de nuevo, y tenía miedo. Miedo a caer en las redes del amor. Me reí bastante y la vez vi el gran sentido del humor que tiene y a pesar de las barreras lingüísticas entre gente de diferentes culturas, nos entendimos  muy bien.

Eran cerca de las 4 de la mañana, o más, ya ni me acuerdo. Sólo se que ya no podía ni con mi alma. Brero y sus compañeros de piso, ya estaban en la fase de resaca. La pobre chica la cual acabé con ella con las vueltas bailando, resucitó y se fue también con todas sus demás amigas. La gente se enfundaba sus abrigos, ellas se ponían de nuevo su vestimenta de largo, obligada. Tapan su melena. Primavera estaba con su hermana y el novio de su hermana, los cuales también conocí y hablé con ellos, sobre todo con el novio de la hermana, para pedir apoyo y que estirara lo máximo el tiempo antes de que se fueran; aún tenía un par de cosas pendientes con Primavera, que revoloteaba por el piso. Y como bien pasó, se fue la última, he hizo la típica jugada de mujer que quiere ser deseada y se mostró lejana; y yo también me marqué esa típica jugada de hombre duro y recio que sabe que ella desea que vayas, pero no vas. Y al final vino ella, antes de bajarse con el ascensor y nos dimos los 3 besos típicos de despedida, pero el último no fue en la mejilla. Y se fue.

Sí, fue un momento bonito, de esos de película, o de romance. Seguro que ahora mismo, si me lee alguna chica, estará sonriendo porque, se lo que os gusta este tipo de historietas. Y si me lee algún chico, fijo que más de uno pensáis que soy una nenaza, o algunos habrán pensado aquello de ‘vaya mariconada estás contando compañero’. Qué risas. No sabía si iba a verla más. Es una sensación rara, seguro que a alguno os ha pasado y ya sabéis más o menos cómo pude haberme sentido en aquel momento. Un momento de placer y  de cuestionarse uno mismo cosas; en la mente quedó dando vueltas un “Por qué…”.

Brero deambuleaba camino a su cama y yo ya sabía que me iba a dar la noche roncando. Gracias a Dios llevaba unos tapones de silicona para los oídos, he hice buen uso de ellos. Al fin pude echarme en la cama hinchable, para dormir. Me tapé lo máximo que pude, hacía un frío que pelaba, me eché un par de toallas por encima de la manta, para dar más calor aún. Me enfundé el buff en la cabeza para mantenerla calentita, pues entraba una brisa helada de no se dónde cojones, y a dormir unas cuantas horas, que mientras éstas pasaban, el aire también pasaba de quedarse dentro del colchón, dando lugar a despertarse al día siguiente semi-hundido entre el colchón y el suelo, cual morsa varada.

Atrás quedaba un largo día, tan largo como este post, y espero que algún valiente lo lea y disfrute con él. Lo compensaré con el día siguiente, que no fue tan largo aunque, le estoy pillando el gusto a esto de escribir, ¿quién sabe si me enrollaré más si cabe, en el siguiente relato? ¡¡Un abrazo a todos y todas!!

2012-02-02 Teheran – un primer y largo día rodeado de persas

Irán, civilización milenaria: El por qué de este viaje (Introducción)

Después de Sri Lanka, llegaron las navidades. Y fueron unas navidades tranquilas. Tras encadenar 2 viajes consecutivos ,a Jordania y Sri Lanka, tocaba descansar. A su vez, ya que todo cristo en la oficina iba a ausentarse ya que tomaron vacaciones, me otorgaría la posibilidad de hacer eso que tanto nos gusta a los informáticos, trabajar sin tener usuarios, poder tocarlo todo a nuestro antojo, tenerlo todo bajo nuestra merced. Y es que muchos equipos informáticos estaban ‘patas arriba’ y tocaba darles un repasito, o más bien un borrón y cuenta nueva. Y también aproveché esta tranquilidad navideña en el trabajo, para decidir el siguiente destino a descubrir.

No se si ya os he comentado que soy un enganchado al snowboard. Si por mi fuera, me tiraba meses en un resort de esquí todo lo que dura una temporada, para disfrutar de la montaña, su nieve y los descensos sobre una tabla de snowboard. Llevo más de 6 años practicando y, a pesar de que el invierno en Dubai no se siente como tal, pues sus 26 grados o más durante los meses de invierno hacen que te olvides de él, mi mente, como cada año, comienza a pensar en montaña, nieve y descensos. Entonces accedí al maravilloso Google y empecé a buscar información acerca de estaciones de ski por la zona. Habían 2 posibles destinos: Líbano e Irán. Rápidamente me centré en uno de los dos. Adivinad cuál.

En el Líbano no hay becario de IT, lo opuesto a Irán, donde en su capital, Teherán, se encontraba desarrollando la beca mi compañero Miguel Librero, alias Brero de aquí en adelante. Sevillano de origen, estatura media, moreno, pelo más rizao que las espirales del universo, y buena gente. Qué coño, él es la ostia. Y para más inri, compartimos piso en Madrid, durante el último mes de curso de la beca ICEX, previa incorporación a los destinos que cada uno teníamos asignados. Ya nos conocíamos, y nos habíamos echado unas buenas risas juntos; cercanos en edad, compartimos ciertos pensamientos, y somos IT; unidos por una misma pasión (jojojjojojo).

Y Brero no se esperaba lo que se iba a encontrar en Irán; él me iba comentando cositas sobre el país vía Gmail, y yo quería ver eso, ver qué se cocía allí. Pero sobre todo, quería ir para seguir con esa pasión llamada snowboard y, de paso, colgarme lo que para mi es una medalla, haber surfeado sobre nieve en tierras desconocidas.

Por esto que os he contado y, por haber visto años atrás un blog sobre esquí en otros países, llamado ‘blanco sobre negro’, el cual contenía un reportaje de Irán, hicieron que mi mente se centrara de pleno en el viaje a Teherán, capital de Irán, y tener como objetivo principal el acercarme a Dizin, el resort de esquí por excelencia del país. Inaugurado hace más de 40 años por su antiguo rey. En fotos pude ver (y después con mis propios ojos) que aún conserva las mismas infraestructuras, haciendo de él un lugar único, con una atmósfera que te envuelve transportándote al sucio y mecánico pasado; instalaciones construidas con metales pesados, oxidados por el paso del tiempo, edificios con  formas de los años 70, construcciones simples, sin la megalomanía que se desató a partir de los 80 en muchos de los resorts de esquí del mundo, construyendo auténticas moles de cemento, quebrantando el gran paisaje que ofrece la montaña con nieve.

Más que país desconocido, hoy día, cuando todos escuchamos el nombre de Irán, nos viene a la mente de todo menos cosas bonitas. Un país demonizado por los medios de comunicación, en el punto de mira de otros países (los cuales no voy a nombrar porque, como ya he dicho en otras ocasiones, paso que me investiguen el blog y me detengan, cosa poco probable pero por si acaso).Cuando se nombra este destino, nos hace pensar en cosas tales como represión y ambiente hostil, y peligroso. Vaya vaya… ya lo podía atisbar: esta iba a ser una oportunidad de lujo para reafirmar una vez más, que nada es lo que parece hasta que lo vives y ves con tus propios ojos.

Mi objetivo pues, quedó más que claro. Tras unas largas charlas con Brero acerca del alojamiento, acceso a la pista, dinero que me hacía falta durante mi estancia y demás: pasar 5 días en Teherán, del 2 al 7 de febrero, y marcarme un mínimo de 2 días de snowboard, si pudiera ser 3.

Y os preguntaréis cómo iba a poder aguantar temperaturas en un país donde, durante el invierno, nieva en su parte norte (Teherán está a más de 1000 m. de altura sobre el nivel del mar) si vengo de un sitio más que cálido y desértico y la prenda que más me abriga es una rebeca de ZARA, estilo Guardiola; pues, gracias a la visita de mi madre y mi hermano en enero, los cuales trajeron en sus maletas toda mi equipación de nieve, gafas de ventisca incluidas.¡Ah! Y también usé mi chaqueta técnica adquirida para el viaje a Jordania, que aguanta perfectamente temperaturas bajo cero, y la cual me sirvió mucho durante los meses venideros después del viaje (febrero y marzo), los cuales sus temperaturas mínimas eran de 15 grados y, junto con el fuerte viento, hacía que la sensación térmica fuera de 10 o menos. Vamos que me  vendieron la moto, cuando me dijeron que en Dubai hacía calor todo el año.

Ya lo tenía casi todo preparado; faltaba el transporte. Compré un billete de la compañía Qatar Airways. Avisé a Brero que, el jueves 2 de febrero a las 3 y media de la mañana aproximadamente, aterrizaría en Imam Khomeini Airport (IKA), aeropuerto principal de Teherán. No era billete directo, pues como becario, he de buscar el precio más asequible, y éste era más barato que un billete de Emirates. Además, los becarios estamos preparados para todo, podemos hacer dieciocho escalas si no los proponemos.

¡Se me olvidaba! Sobre el visado de entrada a Irán. Tuve que acercarme a su embajada, aquí en Dubai. Enorme y decorada al más puro estilo de mezquita iraní, con mosaicos dibujando filigranas de colores azules marinos, amarillo ocre y azul turquesa, y sus bonitas cúpulas, también adornadas con los mismos motivos e inscripciones en farsi, lengua que se habla en Irán, te daban una ligera idea del estilo de mezquita iraní, bastante diferente a la árabe.

Como dato curioso, decir que a la entrada de la embajada, te retienen todo material electrónico que lleves encima, desde móvil, pasando por memorias USB, cámaras y demás. No quieren que nada salga y entre de ahí… uuUUUUUUUuuuuUuUuh!!!! ¿Paranoia y delirio ante posibles espías?

Cuesta la friolera de 70 euros,  válido para un período de 3 meses desde la fecha de expedición, sólo podía entrar 1 vez, con estancia máxima de 15 días.Has de presentar varios documentos, entre ellos el ticket de ida/vuelta del país. El visado a su vez, te lo venden con seguro médico obligatorio, y lo mejor de todo es que no sabes qué es lo que cubre el seguro, pues en el libreto que te dan sobre el seguro médico, el apartado ‘excepciones’ ocupa casi todo. Entre ellas, podrás ver que no se responsabilizan si eres víctima de ataques nucleares, atentados, y demás ofensivas militares. Entre eso y el desconocimiento del país, hicieron que gastáramos unas cuantas bromas al respecto. ¿Y para qué sirve un seguro médico si muero carbonizado por la onda expansiva con el añadido de radiación nuclear proveniente de una bomba atómica? Sí, tienen razón, es algo para añadirlo al apartado excepciones. ¡Viva el humor negro!

Llegó el 1 de febrero, y después de la jornada laboral, fui rápidamente a casa a dormir ya que, el vuelo lo tenía durante la madrugada del 2 de Febrero. O al menos intentar dormir; aquel día tuve ‘rifi-rafe’ con mi compañera de piso de origen pakistaní, con la cual, durante mi estancia en el mismo, tuve una relación extraña con ella, de esas que no puedes catalogar. Digamos que, dejaba acariciarse hasta llegado cierto punto; y es que estas culturas tan diferentes, nunca lograré entenderlas. Ya que empiezas, tira hacia delante, ¿no?

No quería llegar tarde y llamé a un taxi para acercarme al aeropuerto, allí cené un mcdonalds mientras pensaba en lo sucedido en el piso. Me dirijo al mostrador y realizo el check-in. Las amables señoritas de Qatar Airways disponen de todo con una excelencia inalcanzable. Y LO CHILLO A LOS CUATRO VIENTOS: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡PREFIERO QATAR AIRWAYS A EMIRATES!!!!!!!!!!!

Una vuelta por el enorme Duty Free del aeropuerto internacional de Dubai, cumplir el recado de Miguel de comprarle tabaco (y un móvil Nokia dual SIM, que lo había comprado horas antes en la tienda oficial). Todo listo para viajar. Llega la hora, subo foto al facebook con el billete de avión en la mano. Sí ,es mi único ritual absurdo en facebook. Es una tontería pero, al menos, no llego a la imbecilidad de muchos, acerca de hacer fotos a un simple desayuno de mierda o un plato con algo de comida, o a hacerse fotos sacando morritos, o apuntando a los pies (¿por qué motivo?), o retratos con la cutre-cámara de su móvil apuntando desde lo alto, estirando el brazo al máximo, para así evitar que se vea la papada en la foto y parecer más esbelto/a, y subirlas en su perfil, a su vez, a estas fotos, les añaden comentarios con un valor intelectual equivalente a CERO: “De fiesta, qué bien lo estamos pasando”, “patint” (significa padeciendo), “Buenos días” (y adjuntan la foto de un desayuno de mierda de tostadas con tomate y un tercio de cerveza, ¡¡déjame el ardor de éstomago!!); qué listos son estos usuarios de facebook. Y voy a parar porque, para esto, podría escribir una entrada única en el blog.

Se acercaba la hora, el avión iba a despegar. Sentimientos a flor de piel, emoción por volar a un sitio totalmente desconocido y castigado, mediáticamente y económicamente hablando, por gran parte de los países de nuestro planeta.

Y es que es una pena que países como Irán, con una cultura y sociedad milenaria, se vea bajo el mando de ya sabéis quién. Este tema daría para escribir mucho pero me reservo la opinión para contárosla en persona.

Y mi idea era la de pretender dormir en el avión para, una vez aterrizara y llegara a casa de Brero, pudiera estar medio fresco y despierto, y así intentar acercarme al resort de esquí que Teherán tiene en su parte norte; Tochal. Un pequeño resort familiar, con pocos kilómetros esquiables pero, perfecto para realizar la toma de contacto antes de desplazarme.

Claro, ese era el plan pero, como dice el refrán, ‘del dicho al hecho hay un trecho’. Y vaya si cambió la cosa…

(Continuará)

Primer viajecito: Qatar

Hoy mismo a las 22:15 sale el vuelo destino Doha, Qatar (o Catar, la RAE ha dicho que a partir de ahora es Catar, qué mal queda xD). El motivo, el gran encuentro empresarial entre empresas española y cataríes, para hablar y ver oportunidades de negocio.

Un evento que nos ha llevado locos a todos los de la oficina; unos más implicados que otros, pero a todos nos ha llevado de cabeza. En mi caso, me desplazo para apoyo informático y logístico. Ante ‘pánico informático’, allí estaré yo, intentando calmar a la gente y relajar la tensión ante errores informáticos, aquellos que tanto os gusta, a los que trabajáis en entorno de Windows, cuando estáis acabando un documento y PLOFFF, se va a tomar por culo xDD

Nos vamos a un hotel 5 estrellas 😀 situado en el mismo recinto del encuentro empresarial. No se si dará tiempo a hacer algo de turismo por la zona. El turismo típico es una rutilla por el desierto, ver sus playas (creo) xD y poco más. En ese país, están de proyectos y creciendo … bajo sus pies tienen una pequeña bolsa de gas natural, que durará aproximadamente 150-200 años, fácilmente.

Y es que los recursos naturales serán cada vez más cotizados y demandados… a saber qué nos depara el futuro. Pero mientras ,disfrutemos de lo que tenemos alrededor. Prometo alguna fotillo que otra.

Aaahh!! Y también tengo que subir un montón de posts acerca de Dubai, los tengo olvidados! Joder,es que la semanita ha ido tan de culooo!!!

Recuerdo que sois todos bienvenidos aquí! Un abrazoo

Dubai, another world: nada es perfecto, chinches por doquier

Ya decía yo que no todo podía seguir en armonía, que nada es perfecto eso lo sabemos todos y todo parecía ir bien hasta que… aparecieron ellas: las chinches.

Ni siquiera me he molestado en buscar mucha información acerca de ellas, pero lo que os comentaré aquí será información sacada de primera mano, cual reportero en primera línea de fuego de la batalla; pero esta vez con estos bichitos de mierda, que molestan muchísimo; sobretodo si eres alérgico. Ilustro al susodicho:

Ahí lo tenéis. A ‘grosso modo’ es como un mosquito pero sin alas. Le chifla el sudor de la gente y habita allá donde más tiempo pasamos: en la cama y sofás. Pone sus huevos ahí cerca, para que no pierdan costumbre las futuras crías y sigan jodiéndote.

Lo único que hacen es picar. Pican como los mosquitos y chupan la sangre. Si los matas, explotan y sale la sangre almacenada de sus picaduras. Por suerte y está estudiado, no transmiten enfermedades, sólo se dedican, una vez más, a molestar.

Desgraciadamente estos pequeñitos son extremadamente resistentes y están catalogados como plaga, por lo tanto, tienes que usar agentes químicos para erradicarlos (fumigar la casa, lavar la ropa con agua muy caliente, ponerla al sol, o fumigarla, y un sin fin de cosas). Aún fumigando, no garantiza su éxito de erradicación total porque, a veces se esconden por la casita, esperando a que vuelvas a tu camita y vayan andando, atraídos por tu sudor corporal, a pincharte de nuevo.

En Europa este bicho está erradicado, por suerte. Pero en Oriente Medio y creo que en Asia, están a la orden del día estas plagas. En Dubai hace años, hubo una gran plaga, y a día de hoy, aparte de encontrar estos animales en casa lujosas, hoteles y demás, aún siguen ocurriendo casos en casas particulares. El gran ajetreo de esta ciudad y la cantidad de transeuntes provenientes de la India y demás lugares no muy limpios, hacen que estos bichos tengan un medio de transporte (ropa, maletas) y puedan acampar donde les plazca.

Estaba yo hasta hace poco, tranquilamente durmiendo por las noches, hasta que una mañana me levanté con picores en los pies y como picaduras de mosquitos. Al día siguiente la cosa fue a peor: brazos y piernas con granitos, como si me hubieran picao 30492039 mosquitos juasjausjasujasu. Fue justo el día siguiente de la fiesta del 12 de octubre en Abu Dhabi; pensé que algo de la comida me sentó mal pero, mis compis estaban bien así que no pudo ser. De repente hablé con nuestro casero y me dijo que podrían ser estos bichitos. Y ahí fue cuando empecé a saber de ellos. Estos putos, pasearon por todo mi cuerpo y a la vez que me picaban, como soy alérgico, mi piel reaccionaba y me salió una urticaria la cual me picaba como los demonios. Y claro si te pica, te rascas y caes en un bucle el cual resulta bastante molesto.

Lavamos toda la ropa de cama, bajé toda mi ropa abajo, la medio inspeccionamos, la mitad de la ropa fue a la lavandería (que por suerte es barata aquí, a 1 euro por pieza, excepto los trajes por 4 euros), puse todo al sol para matar a este bicho.

La casera llamó a los de control de plagas. Yo me imaginaba unas personas rollo cazafantasmas o algo así pero no, vino el hindú de turno con un cutre-aparato para fumigar XDDDDD pero nos daba garantía de erradicación total y sin que aparezcan por un mínimo de 6 meses. Total que fumigaron y nos fuimos ese día a la playa JBR en Marina.

A la noche volvimos, casi nos tira para atrás el olor de la fumigación pero lo aguantamos como tipos duros que somos. El pobre Álvaro estaba malo y no se cómo salió vivo de ésta; con fiebres tifoideas y un olor del morirse a fumigación xD.

Dejé que pasara un día después de la fumigación y ya me aventuré a montar toda la habitación de arriba, gracias a Damber (nuestro casero) que me ayudó a poner todo, cojines inclusive. Ya por fin sabía, que esa noche iba a dormir tranquilo… o eso pensaba.

Cuando me hago al ánimo y esa noche subo a mi habitación para dormir, me fijo que, en uno de los cojines grandes hay un punto negro sospechoso. Yo, con mi paranoya mental de ver bichos en todas partes e inspeccionar cualquier cosa, me fijé en eso y me acerqué hasta ver lo que era: UNA PUTA CHINCHE!!!!!!!!!!!!!!!!! ENORME!

Era … era como el MONSTRUO FINAL. Lo catalogaremos así. Tal vez fue como la última prueba; Sergio, alguien te puso una última prueba, para superar tus males y miedos ante las chinches; tenías que eliminarla.

Costó un poco, son muy delgadas y escurridizas, aunque la aplastes, seguirá viva; tienes que aplastarla con GANAS. Pillé un pañuelo, la cogí y la reduje a micras. Su cadáver aún sigue en ese pañuelo y ese pañuelo aún sigue en la habitación; del rollo ‘muestro el cadaver’ para que, si alguna otra chinche se le ocurre pasar por mi habitación, que vea lo que le puede pasar.

Y después de este ladrillo, me declaro semi-experto en chinches y voy a dormir, espero dormir solo, no acompañado de estos bichitos asquerositos. Tal vez si no fuera alérgico…

Dubai: Another world

Despué de 1 semana de gestiones interminables que duraron hasta el mismísimo día antes de la salida (gracias Laura Hernández), después de una fiesta de despedida con todos mis amigos el viernes 30 de septiembre, la boda de Pedro y Lourdes el sábado día 1 de octubre, unas cuantas lágrimas ante la cantidad de sentimientos acumulados en el momento antes de irme a mi casa después de la boda, despidiéndome de mis amigos…

Después de despedirme de mi madre y verla contenta porque su hijo se va, una vez más, a buscarse la vida, y verla que está menos preocupada porque, su hijo salió vivo de aquella primera experiencia vital en Suiza…

Después de 3 aviones, 6000 kms, casi 10 horas de vuelo, un dolor de cabeza que me quería morir al final del último vuelo, de aterrizar en uno de los aeropuertos más estrambóticos del mundo, del primer impacto visual de ver tanta gente de diferente cultura con todo lo que ello conlleva (vestimenta, pensamiento y forma de actuar), de estamparnos el visado de turista en el pasaporte…

Después de pasar de 20ºC y 20% de humedad dentro del aeropuerto a 38ºC y 90% de humedad en el exterior y quedarme sin habla, de coger nuestro primer taxi dubaití, echar la vista a un lado y ver el Burj Dubai y sus 828 metros de altura…

Ya definitivamente puedo decir que ESTOY EN DUBAI!!!!!!!!!!!!!!!

carretera principal dubai

Ahora mismo a las 3.00 del 3 de octubre del 2011 se cumplen las primeras 24 horas en suelo dubaití y, os escribiría mil cosas pero es tarde, tan solo un previo de 4 fotos de esta mañana, con una humedad, calor y ‘boira’ altísima la cual hace que no se vieran lo preciosos que son estos rascacielos.

Damas y caballeros, tengo que deciros que esto es totalmente diferente a lo vivido hasta el momento. Poco a poco iré escribiendo acerca de ello, pues me veo obligado a plasmar esto para que mis cercanos tengan constancia de lo que vivo, se emocionen como me emociono yo y quién sabe, activarles ese gusanillo para que se vayan también fuera durante una temporada y vivir nuevas experiencias.

burj khalifa al fondo
dubai de fondo
torres

Estas fotos han sido tomadas antes de entrar al trabajo, aprisa y corriendo, fascinado por la magnitud de lo que me rodeaba. Al salir no he hecho fotos, hemos ido directos al super y demás cosas básicas.

Esta noche la vista al burj khalifa era fantástica, dentro de poco, cámara en mano, iré desvelándoos secretos y cosas de esta ciudad, completamente distinta a lo conocido.

Un abrazo a todos, os llevo en el pensamiento y corazón!

Madrid no deja indiferente a nadie (IV) – Último día de clase

Y llegó el último día, y con el último día llegó el momento final, aquel que todos estábamos esperando: acabar el curso de una puñetera vez. Pero hubo más que un simple curso de 6 semanas.

Un curso que puso a prueba nuestras capacidades como, por ejemplo, la de concentración, atención, o la de mantenerse despierto. Porque cada ponente nuevo que salía a darnos la charla, era tooodo un enigma por descubrir, y temíamos por nuestra integridad, pensando de qué manera nos taladraría el cerebro. Siempre pensábamos que no podía haber un ponente más ‘pesao’ que el anterior, pero sí, cada vez se superaban más. Aunque al final lo consiguieron, todos aprendimos bastante acerca de ICEX, su funcionamiento y las oficinas en la que estamos destinados, gracias sobretodo a las últimas clases, que fueron amenas y divertidas (este espacio está patrocinado por mi mismo y mi forma de hacer la pelota, por si algún día alguien del ICEX lee esto, que no se cabree, no todo lo del curso fue malo XD)

Un curso que, conforme pasaban los días, de manera indirecta, nos unía cada vez más a todos nosotros, los futuros becarios. Es lo que tiene estar tantas horas juntos, ¡que conoces a la gente que te rodea! Y resulta que esa gente es de puta madre. Y conforme pasan los días sabes que a alguno que otro les vas a echar de menos, pues te hubiera gustado estar más con ellos, conocerlos más, reir y un largo etc.

Porque no hay nada tan divertido como ‘volver al cole’ de nuevo, y rememorar esos tiempos en los que el cabroncete de clase no paraba de gastar bromitas, o el empollón de turno se excusaba, alegando que la suerte estuvo de su mano. Y esas risas y bromas que surgen gracias a la inventiva e imaginación de alumnos tan sumamente distraídos que requieren de algo divertido para que sus cerebros no se ‘calen’ y sigan en marcha.

Y sí, queridos señores del ICEX, la noche anterior al último día de curso, salimos. Y vaya si salimos, algunos durmieron cerca del CECO, otros directamente fuimos de empalme, pasando por casa para una duchita; otros ni eso, ¿para qué? Total, todo iba a acabar ya. Ya sabíamos el desenlace, por eso no dudamos en pasarlo en grande esa última mañana.

Llegó el ‘recreo’, algunos siguieron calentando motores, otros, prefirieron aparcar un rato su cuerpo y alma en la cafetería del CECO, donde solíamos hacer nuestros descansos debatiendo sobre cosas serias y no tan serias, peleándose con la puta máquina de los sandwichs cuyos discos no giraban y no podías coger el sandwich que te molaba, y los últimos días nos distraíamos viendo a las COMEX revolotear por la zona…. Jiiiiiiiiijijijijiji!!

Os dejo un pequeño album de fotos, donde fotografío a muchos becarios literalmente sobados, en el limbo. Y es que la noche anterior estuvo genial: Cenita todos juntos + Joy Eslava. Realmente, donde estuviéramos, daba igual, el caso era estar todos juntos, pues fue la última noche y a ésta le seguiría el último día.

– No importa el recipiente, si no el contenido –

2011-09-23 fin de curso sobando