Maldivas, colores para la eternidad (I): Un día por los aires

Terminamos aquel duro día en la oficina, unos antes que otros, antes de que todo saltara ‘por los aires’, huimos de allí. Partimos lo más rápido posible a nuestras casas para descansar un poco y hacer la maleta; nos esperaba una larga noche por delante. Y es que en los aviones no se suele dormir muy bien, así que mejor descansar algo, por lo que pueda pasar.

Aquel miércoles 4 de Abril quedamos en nuestro restaurante favorito los 4 componentes del viaje; Edurne, David, Laurita y yo. Habíamos quedado para cenar lo que sería nuestro último ‘chicken shawarma’ hasta nuestra vuelta de Maldivas. He de decir que este plato me volvía loco; cada semana me haría lo menos 3 platos. A un precio ridículo para la cantidad que ponían (4 euros) con eso y una Fanta naranja de color nuclear (en UAE la fanta BRILLA) te quedabas más que saciado.

David y yo lo teníamos más que fácil, pues vivíamos justo al lado del Zaroob. Edurne vivía en la villa ICEX, pero en 3 paradas de metro estaría con nosotros. La última en llegar sería Laurita, que vivía en JLT, y cierto es que padecimos un poco por ella, por si llegaba o no a tiempo, pues es un poquillo despistada… El avión salía aproximadamente a las  00:45 ergo deberíamos aparecer por el aeropuerto a las 10 y media de la noche, para facturar y todas esas cosas que ya bien nos conocemos. Aprovechamos pues para quedar a eso de la 9 de la noche y cenar en Zaroob. Primero quedamos David y yo; luego se unió Edurne y comenzamos a pedir mientras esperábamos a Laurita. Todos con nuestra maleta de mano a nuestro lado, sin miedo a ser robada por estar en el lugar en que si robas vas directo a la carcel, sin pasar por la casilla de salida. Todos con una sonrisa de oreja a oreja, pues íbamos camino al paraíso, camino a realizar un viaje más.

Las bromas aparecían en los diálogos para difuminar nuestra pequeña sensación de incertidumbre, pues Laurita no llegaba y había que pirarse al aeropuerto. Pedimos en abundancia por si Laurita quería comer algo; afortunadamente llegó, medio exhausta y contando que había tenido alguna movida en el metro con un tío, que le había parado para decirle algo y como ella no habla ni nada… al final el tío casi se le declara para casarse con ella; como siempre, única para atraer situaciones inusuales.

Tras cenar todos, nos apresuramos a coger un taxi; gracias a Dubai y sus 14.000 taxis, esto es tarea fácil (excepto los jueves noche). Tan sólo asomarme a la calle y levantar el brazo y tendrás un taxi en ‘cero coma’. La  afluencia de taxis es increíble, siempre verás alguno. Nos dirigimos a la terminal 2, la terminal de los pakis, indios y demás ‘labour man’ aquí en Dubai. De esta terminal salen muchos de los vuelos a India, Pakistan, Bangladesh, Nepal y un largo etc. Y ellos aquí son mayoría. Una vez más la  imagen de sus ‘maletas’; sacos de tela con vete a saber lo que llevan dentro, atados con ropajes y cuerdas para que no estallen. Siempre he sentido curiosidad por saber qué llevan ahí; alguna chinche seguro. Pasamos los controles rutinarios y nos apresuramos el mostrador para coger los tickets de embarque y demás. Para David esto es nuevo; es su primer viaje, seguro que tiene una sensación única, una sensación de satisfacción y alegría, al perder la virginidad y volar por primera vez desde Dubai a cualquier sitio.

Como os conté en el prólogo, el vuelo ya se había atrasado 1 hora y la escala que teníamos que hacer en en el aeropuerto de Colombo, Sri Lanka era de 2 horas. Con esa hora de retraso ya sólo teníamos 1 hora para realizar el ‘transfer’ (pasar de un avión a otro). Pero bueno, ni nos asustamos de esto, debido a que son aviones de la misma compañía, y estarán comunicados, ¿a qué si? ¡Seguro que todo irá bien!

Pues bien, ya cerca de la puerta de embarque, pasa el tiempo y cerca de la hora de embarque, aparece lo que ninguno nos esperábamos; retraso del vuelo. Como lo leéis, el vuelo se iba a atrasar un poco más, aproximadamente una hora, sin motivo aparente. Y aquí es cuando empezamos a preocuparnos en cierta medida sobre qué pasaría en el aeropuerto al realizar el transfer, ¿perderíamos el avión o nos esperarían, al llegar justo a la hora de despegue del segundo avión? A estas alturas ya andábamos algo preocupados, pero muy poco; ¿quién se va a pensar que una compañía va a dejar en tierra a SUS PASAJEROS? Jajajjajajajaja…..

Embarcamos y bombardeamos a preguntas tanto a azafatas como al que controla el cotarro en el avión; a mi a pesado no me ganan. Edurne me apoyaba también, tendríamos que hacer presión para que vieran que al menos 4 pasajeros deberían hacer un transfer para pillar un segundo avión hacia su destino final y que por culpa de retrasos ajenos podríamos perderlo. Total que, tras mucho preguntar a azafatas y dar mucho por culo, vino un ‘moreno’ con corbata y pin de SriLankan Airlines, o sea algo de mando y control tendría, y nos comunicó que no nos preocupáramos, que el avión esperaría antes de su despegue a Male (Maldivas). Nos quedamos más tranquilos. ¡Esta vez alguien trajeado perteneciente a la compañía nos había prometido que no íbamos a perder el vuelo! ¿Cómo vamos a desconfiar de él? Sale el vuelo, justo 1 hora más tarde… Nos mirábamos los unos a los otros, reflejando algo de incertidumbre, la justa. En una fila nos situábamos Edurne, David y yo; atrás estaba Laurita sentada con alguien más, la cual no tardó nada en hacer migas y empezar a hablar con dicha persona, dando la lata gran parte del viaje y sin apenas poder dormir. Jojjojojojo, íbamos a llegar echos una mierda a Sri Lanka, pero bueno, no pasa nada, ¡el paraíso nos espera!

alaaaa

4 horas y media de vuelo, donde creo que algo de sueño conciliamos, aunque por aquel entonces aún no disponía del increíble antifaz que me compré en China para dormir de noche (esto ocurrirá en Agosto de ese mismo año) y no resultaba tan fácil dormir en un avión. La verdad que dimos muchos cabezazos y fue prácticamente imposible dormir. Se acercaba la hora de aterrizaje. Se acercaba la hora de la verdad, en pocos minutos sabríamos si perderíamos el avión o no. Tras la maniobra de aterrizaje y con el segundo ‘boarding pass’ en la mano, salimos escopetados, corriendo hacia la siguiente puerta de embarque donde se encontraba nuestro vuelo. Ya nos olía mal desde un primer momento porque cuando esto ocurre con otras compañías, al menos alguien de la misma está esperándote fuera y te guía hacia la siguiente puerta de embarque para embarcar lo más rápido posible. Aquí no nos esperaba nadie, así que con el nerviosismo en el cuerpo, aún fue más difícil encontrar la puerta de embarque. Tras un leve momento, la encontramos y ahí delante de ella, estábamos nosotros junto con algunos pasajeros más; una familia británica con niños incluido, un par de parejas y nosotros. Miramos a través de la ventana y vemos el avión que nos  va a llevar a Maldivas; nos relajamos, pues creemos que no va a despegar sin nosotros, sobre todo cuando la puerta  de embarque sigue abierta, los de seguridad del aeropuerto y alguna azafata de SriLankan Airlines están aún allí.

La familia comienza el embarque, se quitan cinturones, etc… (sin sentido, pues venimos directos de otro vuelo de la misma compañía). En ese mismo instante que una de las pasajeras ha pasado el filtro, le hacen que se detenga, se queda ahí, pasado el filtro. Nadie nos dice nada, de repente la unica azafata que había de SriLankan Airlines se pira hacia adentro del finger, los de seguridad nos miran y sonríen pero nada más. Nos preguntamos a nosotros mismos qué está pasando, después nos miramos y nos hacemos las preguntas unos a los otros. No sabemos nada. Lo único que supimos unos pocos minutos más tarde es que, el avión se desconectó del finguer para entrar en la pista y despegó, sin nosotros, delante de nuestras narices.

azafatas de la gran SriLankan airlines

No me lo podía creer, ni yo, ni nadie. Asombrados, impactados, estremecidos por este momento de mierda, de cómo sentirte NADIE en medio de LA NADA; nos dejaron en tierra, sin más. La primera reacción fue quedarnos sin palabras tras ver como nadie del personal allí presente nos decía algo ni se inmutaron siquiera. Y es que seguro no hablaban inglés. Nuestra segunda reacción fue el cabreo, seguida de la ira y con algo de impotencia mezclada, pues el avión ya se había ido.

Aquí es cuando se me fue la olla completamente. No podía tolerar lo sucedido. De cómo semejante dejadez por parte de la compañía aérea me superó. Lo vi tan, tan injusto que, según me ha contado Edurne (pues yo ya ni me acuerdo, seguro estaba poseído), empecé a chillarles, a todos:

– WE ARE ALL HUMANS!! WHY, WHY???? WE ALL ARE HUMANS !!

´Todos somos humanos’, significa. Como os digo, yo ya ni me acordaba de esto, pero Edurne me remarca que dejé loco a todo el personal, tanto a los del aeropuerto como los que habíamos perdido el vuelo, me dijo que me miraron atónitos, pensando que a este chaval se le había ido al garete la última neurona, jajjaja. La verdad y conociéndome, seguro dije eso porque me parecía injusto que esos cabrones sonrientes ataviados con uniformes de seguridad y demás trabajos de aeropuerto, no nos tuvieran ni una pizca de afecto y empatía hacia nosotros, pues nos dejaron en tierra como si fueramos perros, y el avión estaba ahí delante. Sorprendidos y tras montar el circo e incluso realizando alguna intentona de pasar la puerta, aún sabiendo que ya no valía para nada, nos hacen abandonar el lugar.

Todo estaba a punto de saltar por los aires. Entonces nos indicaron que fuéramos a las oficinas de la compañía, situados en el centro del aeropuerto, para reclamar, lo único que nos queda. Queríamos que corriera la sangre. Yo en parte, ya me lo esperaba, no se por qué pero mi sensación fue que esa compañía de mierda no va a parar un vuelo por unos cuantos que vengan con retraso. Vale, si es un retraso de varias horas después del siguiente vuelo lo entiendo pero, esto fue demasiado, ver cómo nos cerraron las puertas y ver cómo el avión se iba, delante de nuestras narices, encendió la llama y todo explotó. Sumarle la falta de sueño y el cambio de hora (eran aproximadamente las 8 de la mañana, si mal recuerdo).

reventando

Llegamos al mostrador y ahí empezamos a cagarnos directamente en todo  y en todos. Pero no éramos los únicos; ese vuelo de Dubai tenía pasajeros que iban a conectar con otros destinos. Por lo que me enteré aquella mañana, aparte de conexión con Maldivas, también tenía conexión con Kuala Lumpur (Malasia). Así que el panorama era de aproximadamente unas 20-30 personas en el mostrador, algunas hablando, otras ladrando, niños llorando mientras tanto, dirigiéndonos todos a los trabajadores de la SriLankan Airlines, y poniendo a prueba, seguro, uno de sus cursos de mediación con el cliente cuando éste pierde un vuelo, o se vuelve loco. Estos cabrones de la compañía, siquiera borraban la sonrisa de su cara; una de dos, o tomaban drogas o llevan una prótesis, no me jodas. Los rallamos a más no poder. Aquí también se me fue la olla y Edurne y los demás fliparon cuando empecé a soltar el ‘WE ARE ALL HUMANS’ a grito pelado. Y bien, sí, estamos en el país de la sonrisa, Sri Lanka, donde todo el mundo sonríe, pero NO ME JODAS y NO SONRIAS cuando acabo de perder un vuelo y me vas a hacer palmar más dinero, ya que nos tocaría coger otro vuelo y pedir un taxi-barco, para llegar a nuestra isla de destino.

jodeos todos

Pasaban los minutos, nos poníamos todos cada vez más nerviosos; a mi se me fue la olla y saqué la cámara de fotos y empecé a ‘joder la marrana’ haciéndole fotos a ellos. Jajajaja, estaba ido de mi, aquí la verdad nos reímos un rato porque de la impotencia y desesperación pasamos al ‘ya todo me da igual’. ¡Pero ese estado lo conseguimos tras estar chillándoles e intentando hablar con un responsable durante más de una hora!

guiri reclamando

Edurne intentaba tranquilizarme, mientras David se partía la polla de las cosas que les decía a los de atrás del mostrador; Laurita hablaba con todos los demás afectados. Gracias a Dios que el padre de familia que también iba a Maldivas, un inglés de aproximadamente unos 40 y pocos años, bajito, pelo rapado, gafas y muy, muy educado, es más, yo diría que era extremadamente educado, consiguió, en perfecto inglés, llamar la atención de uno de los trabajadores para transmitirle nuestras quejas y reclamaciones; al final fuimos atendidos.

el trofeo

Y algo, algo conseguimos. Nos dieron un sobrecito con varias cosas dentro. Conseguimos 2 llamadas de 3 minutos a cualquier parte del mundo para comunicar nuestro retraso, unas cuantas horas de hotel para descansar previo a nuestro siguiente vuelo, que partiría a las 2 de la tarde de Colombo a Male y un super mega desayuno en el aeropuerto.

Bien, algo de comida, ya era hora, estábamos que nos moríamos de hambre también. En el grupo éramos dos limas, Edurne y yo. Entre los 2 fijo que podríamos comernos una vaca entera. Llegamos al restaurante del aeropuerto donde sirven los desayunos, con sensación de alegría y de ‘ya todo da igual, problema resuelto’. Y el staff del aeropuerto volvió a hacer de las suyas. Más de 40 minutos de reloj, tardaron en servir el desayuno. Nos hicieron el vacío, a pesar de que parte de la comida estaba ahí, en bandeja,  pedimos otras cosas que debían ser cocinadas, ¡y no venían! Obviamente, con la movida que nos había pasado anteriormente, no fue nada difícil que se nos cruzaran los cables de nuevo. Me levanté y pregunté que qué pasaba con el desayuno, si estaban importándolo de algún otro país. Que cómo es posible tenernos más de media hora para 1 huevo frito y 2 salchichas, SIN NADIE ALREDEDOR ESPERANDO A SER SERVIDO. Conclusión: si vienes a estos países, vente armado de paciencia y si tienes algún problema, ten paciencia en reserva porque te va a hacer falta. Al final logramos llenar nuestros estómagos.

Volviendo al hilo del vuelo, afortunadamente, nosotros, sólo perdimos 5 horas de viaje; los que tenían conexión con Kuala Lumpur, perdieron un día entero, pues tendrían que esperar a que otro vuelo saliera hacia su destino… al día siguiente. Dentro de lo peor, salimos ‘bien parados’ y al final te toca tragar, pues no puedes hacer nada, son sus reglas, ellos son los grandes que surcan los cielos y tú vas montado en ellos, dentro de su lomo. Los derechos no existen y menos en estos países así que tocó tomárselo a cachondeo y comenzamos a hacer chistes y reír sobre el asunto. La falta de sueño también hacía que dijéramos cada vez más tonterías.

Como por ejemplo, camino al hotel ‘Transfer’. Un hotel dentro del mismo aeropuerto, con un nombre  bastante curioso. Y es que creíamos que este hotel no estaba aquí de casualidad; estos cabrones y sus retrasos harán perder más de un vuelo al día y dos, gracias al retraso entre ‘transfers’ y claro, ¡la gente que reclama tiene que dormir al menos, para coger su vuelo en cuanto se lo reasignen! Pues bien, de camino al hotel pasámos por las oficinas de Emirates de ese aeropuerto y me paré delante de la puerta, dándoles las gracias por ser una gran compañía y lamentándome de que por qué no había volado con ellos, pues no hubiéramos perdido seguro ningún avión. A su vez, me cagaba en los muertos de la compañía de SriLankan Airlines y veneraba a Emirates o cualquier otra compañía cuya oficina se encontrara de camino al hotel. Estaba ido de olla, pero lo que nos pudimos reír con las sandeces que soltábamos por la boca.

Por fin pudimos dormir un rato; las chicas a una habitación doble y David y yo a otra. Hay que decir que las habitaciones no estaban nada mal, así que nos acomodamos, y nos echamos una ‘siesta del borreguillo’, esas siestas de mediodía que tan bien sientan. Sonó el despertador y tocó poner rumbo a la puerta de embarque asignada. Nos apresuramos pues con todo lo que habíamos sufrido, ni de coña queríamos perder de nuevo el vuelo. Coincidimos todos en el hall, entregando las llaves, y tras soltar algún par de burradas más, nos fuimos de allí.

tocada de huevos

Puerta de embarque, más gente espera, nosotros aún tras el descanso, andamos algo cansados, hablando sobre lo sucedido; ha habido mucha tensión y nervios y no habremos dormido más de 3 horas. El avión salía a las 14.00 horas aproximadamente. Antes de todo esto, con nuestros grandísimos 6 minutos de llamadas gratis para comunicar nuestro retraso, hice una llamada al dueño del hostal, al Jefe. (el Jefe de aquí en adelante). El Jefe resultaría ser local de Guraidhoo (la isla donde nos dirigíamos), un buen personaje, agradable, moreno, simpático, un tío de negocios, que vestía camisas de flores con pantalones de lino y chanclas; junto con la gafas de sol, hacía de este hombre un auténtico mafias. Pero resultó muy agradable y nos puso las cosas fáciles durante sus días en e hostal. Le llamé para decirle que perdimos el vuelo y que necesitaríamos el taxi-barco, pues a la hora de llegada a Male, ya no habría ningún ferry posible para embarcar. Aceptó sin ningún problema, estaba dispuesto a salvarnos el culo, previo pago, claro está. Seguro que en sus ojos el símbolo del dolar haría act de aparicíon, en el momento de la llamada.

Nuestro plan era llegar a las 9 y media de la mañana a Male, dar una vuelta por la misma y embarcarnos en el ferry público destino Guraidhoo, que partía a las 14.15. Justo a esa hora estábamos dentro del avión y tocaba partir. Al fin, de nuevo, nuestro viaje continúa, sin ningún problema. ¡¡El paraíso más cerca!! Despegamos. El vuelo, corto, apenas 1h30 minutos, apenas tiempo para echar otra cabezada, saco la cámara, aburrido, intentando ver algún atolón por la ventana. Intentando vislumbrar el paraíso.

oh my god

A través de la ventana. Emoción, ansiedad, esperanza, ganas. Colores únicos que veo a través de ella; aquellos colores que he visto durante 30 años de mi vida en fotos, televisión e Internet iban a aparecer delante de nuestras narices en breve. Es increíble lo que veo, aún no me lo creo, o tal vez es la falta de sueño, pues recordaos que llevamos desde las 9 y media de la noche del día anterior viajando. Aterrizamos sobre las 3 y media, 4 de la tarde en Male. Ya está, lo conseguimos. Maldivas, ya estamos dentro, después del control de inmigración y estampa en el pasaporte.

Lo siguiente era buscar al Jefe, el cual estaría esperándonos para dirigirnos al taxi-barco. Previo a eso, pasamos por la oficina de cambio de moneda. Desde Dubai traíamos dólares, moneda internacionalmente aceptada, amén que en Maldivas aceptan pago con dólares americanos. Pero hay algo bonito y clásico  y que hace que te envuelvas más aún en el viaje, y es cambiar a moneda local. Al final nos dimos cuenta que en Maldivas no tenía mucho uso pero ,¿y lo que fardábamos con nuestro taco de cienes de rufiyas (moneda local de Maldivas), que apenas cabían en nuestras carteras, e hicieron de cada pago una odisea? ¡No apto para despistados!

Ahí lo tienes, el Jefe haciendo acto de presencia. Sonriente, nos espera, nos pregunta cómo estamos y le comentamos la movida así por encima; hace referencia a que estas cosas suelen pasar con SriLankan Airlines, que a él también le ha pasado lo mismo cuando ha tenido que salir de la isla para hacer cualquier historia, y que en la vida volverá a volar con ellos. Nosotros asentamos con la cabeza y decimos que también NUNCA MAS volveremos a volar con una compañía de semejante calibre de PATANES.

barquito

El aeropuerto de Male es pequeñito pero con mucha actividad, miles de turistas de todo el mundo llegan aquí para partir a una de sus 900 islas habitadas, algunas con un simple hotel de lujo con menos de 10 habitaciones, otras islas grandes con su gente local viviendo y haciendo el día a día; otras islas, como la nuestra (Guraidhoo) mezclan ambas cosas. En la zona de llegadas al aeropuerto, un porrón de guías turísticos esperan a sus pasajeros.

colores para la eternidad

Pasamos toda esa marabunta de guías, de gente buscando a su guía con cartelitos de Sir. Owen, Mr. Kenen y demás nombres así, provenientes de todo el mundo, hasta llegar a la zona de los taxi-barcos. Allá nos esperaba, nuestro barquito privado, que bien pagamos, a unos 50 euros por cabeza, por 1 una hora y pico de viaje hasta destino. Asombrado, el agua tiene un increíble color azul, y eso que estamos en la cutre isla del aeropuerto.

barqueros

Ya está, los 4 embarcados, el Jefe y el barquero. Motores en marcha, 2 grandes y potentes. Dispuestos a surcar las aguas de Maldivas hasta Guraidhoo. Arrancamos, partimos. Lo conseguimos, ya estamos aquí. Sonrientes, felices y silenciosos, pues estábamos disfrutando del paseo en lancha, de la brisa marina, de las vistas de las islas que nos rodean, amén de lo cansados que estábamos por lidiar la batalla contra compañías aéreas de mierda y no haber dormido mucho.

colores azules

De nuevo, en contacto con el mar, pero no con un mar especial, sino el océano índico, cerca del ecuador, donde siempre es verano, y la temperatura del agua ronda los 27 grados o más, excelente condición para bucear horas y horas sin que el cuerpo coja frío. Y qué colores, qué azules, algo nunca visto.

azul de la ostia

De repente, aparece un azul que nunca había visto en persona. Tan sólo lo había vislumbrado en ciertas fotos de Internet. Pero esta vez era real. Estaba delante de mis ojos, ese azul tropical, azul paraíso, azul increíble… un azul que seguro a nadie le disgusta. Los 4 becarios estábamos flipando, pues era como estar surcando una piscina de tamaño descomunal, y el agua aún estaba más clara que en una propia piscina. No tenemos palabras, sólo sentimientos que expresar y ganas locas por llegar a algún sitio parecido y tirarnos durante horas sin hacer nada, tan sólo que disfrutar  de estos colores.

Un paseo largo

Fue un paseo largo, pero agradable. Azules nunca vistos, a punto de ser probados. Bucear en aguas cristalinas, relajarse en playas de arena blanca y fina. Estábamos cerca. Pero si de algo tenía curiosidad era de ver cómo de sucia estaba nuestra isla, Pues en los comentarios del hostal hacían especial incapié en ello. Tras cruzar muchas islas, llegamos a Guraidhoo, hasta el agua del puerto es azul cristalina. Mucho arrecife de coral, hay que tener cuidado por donde pasa la barca para que no rompa el casco. Desembarcamos, la mitad del pueblo en el puerto, observándonos. Pero a eso ya estamos acostumbrados, somos becarios ICEX y nos recorremos medio mundo para forjar nuestro espíritu, cuerpo y alma. Para David era la primera vez, aunque él ya había estado de Erasmus y demás, así que no le pillaba muy de sorpresa.

Había un poco de  basura flotando por el puerto, pero tampoco le di mucha importancia, pues todos los puertos son así. Nos llevaron camino al hotel por las calles de la isla. Básicamente las calles cruzaban una con otra, de manera perpendicular; la manera perfecta para confundirse de calle y perderse. Había que tomar referencias de puntos clave como la tienda de souvenirs, o el supermercado del pueblo. Las primeras imágenes nos recuerdan que seguimos en un país musulmán; las mujeres con el velo puesto, a pesar del calor y humedad que hacían (aquí creo incluso será peor que en Dubai, pero por la humedad). Los ojos de todos los hombres se clavan inmediatamente en Edurne y Laurita, las únicas mujeres con el pelo descubierto y algo menos de ropa; ya les avisamos que llevaran ropa discreta para los momentos de la isla. Lo que no sabríamos es que más adelante acabarían haciéndoles declaraciones de amor… y demás, jeje. Nos recogen las maletas con un carro, mientras, nosotros andamos tranquilamente. Llegamos a las habitaciones, dejamos todo, las chicas a dormir a una doble, David y yo a la otra habitación de enfrente.

jojojojoj

Nos despojamos de todo y yo ya estaba ansioso de dar una vuelta por los alrededores, para ver cómo era la isla y sus playas. Esperando a las chicas (ellas siempre tardan más, aunque yo a veces soy muuuucha tela), pensábamos en lo que hacer. Serían cerca de las 5 de la tarde, y estábamos bastante sudados por el viajecito y la humedad, así que pensé en ir a la playa a dare un baño. Aquí nos encontraríamos de bruces con la realidad de los comentarios sobre la isla en el portal de Booking.com. La isla realmente no ofrecía mucho, si bien algo de vida local para observar y fotografiar, un par de supermercados, algún bar/restaurante que otro la ostia de raro, y la playa. Pero esta playa no era una playa paradisíaca ni normal. Esta playa estaba jodidamente jodida.

vertedero 1

-“No, no puede ser verdad” -decía yo
– “Oohtiaaa…..” -David, sorprendido por lo que cada  vez veíamos más de cerca.

mierda por doquier

Edurne y Laurita, a veces sin palabras, otras veces con cara de sorpresa increíble. Yo ya les avisé de los comentarios, pero es que sinceramente ni yo pensaba que esto fuera a ser así. Estábamos en una isla de un supuesto paraíso tropical rodeados no de mierda, sino de mierda y escombros con los que puedes ser capaz de construir armas, vehículos o hasta casas, con tanto despojo.

En parte me sentía responsable de éste viaje, yo les había metido a ellos la idea y el concepto de hacer este viaje, y que nos lo pasaríamos de puta madre, amén de ver cosas insólitas. Pues bien, ¿estábamos viendo algo insólito, cierto? De cómo estar en Maldivas por 30 euros persona/noche, rodeados de vida local y de mierda por un tubo. Tuvimos que sacarle la broma al asunto, porque si te paras a pensarlo, era bastante deprimente.

africanos ?

Edurne mostró su negativa rotunda a darse un baño, y la entiendo; David y yo nos metimos para adentro, con chanclas, porque cuanto más nos acercábamos a la orilla, más mierda y cosas cortantes veíamos dentro. Laurita, que no tenía miedo a nada, también se aventuró en darse un chapuzón. A esa hora, también hicieron acto de presencia unos cuantos niños, locales de la isla. Mientras, las niñas jugaban metros atrás, en el parque ataviadas con la abaya.

ellas también tienen derecho

David estaba acojonao, y yo no es que andara de valiente, si no todo lo contrario. El fondo marino estaba lleno de coral muerto y de cosas raras, basura, que como te cortes con algo de eso, creo apenas duras 15 minutos. Ni llamar a tu madre para despedirte puedes. Lo que hicimos fue nadar en modo morsa, sin tocar el fondo. Yo llevaba unas gafas de natación que hacían el papel para ver un poco el fondo, y así poder guiar a David y Laurita, y evitar su prematura muerte por objetos desconocidos.

barcos

Los niños no tenían miedo y ahí andaban, nadando más o menos cerca nuestro. Ellos estaban en una zona que no tocaban fondo y cierto es que ahí estaba todo más limpio. Aún así, seguía siendo peligroso. Lo más gracioso era que, justo enfrente nuestra, un resort-hotel Holiday INN hacía acto de presencia, y su playa, aparte de parecer más limpia, estaba vigilada.

mmmmm

No podíamos pues, cruzar a la otra orilla, ya que ésta era privada, sólo para clientes del hotel. Esos huéspedes alojados en el hotel HOLIDAY INN estarían, seguro, pagando 3 veces más la noche que nosotros, por tener un trozo de orilla más limpio; pero en el fondo estaban en la misma agua de mierda, y con peores vistas aún, vistas a nosotros, a los mendigos de la isla. JAJAJAJAJ, se jodan y se queden su parte limpia, no la quiero. Ya tuvimos bastante, refrescándonos en el agua y entre trampas mortales; decidimos salir fuera, vuelta al hotel, ducha y hacer algo más.

retrato

No tan rápido. Observo a mi alrededor y pienso; este momento resultó ideal para hacer fotos. Unos colores que en la vida había visto, se presentaban ante de mi de manera muy atractiva y decidí quedarme echando unas fotos. Hice algunos retratos de los nuestros, que las podéis ver en el álbum, pero aquí destacaré alguna otra:

luna casi llenaLa luna, casi llena. Increíble.

Mierda en lataMierda, en lata.

puesta de solPuesta de sol entre palmeras. Bonita como ella sola.

Batman vuelveBatman existe y vive en Maldivas.

Marea baja, niños, mierda Marea baja, niños y mierda.

nice houseSimpática casa cerca del hotel.

Y mil sitios más donde realizar fotos, con esos fantásticos colores.

Camino al hotel, muertos en vida pero con aún algo de energía. Nos espera un breve tiempo de relax, antes de la cena. Nos dimos una ducha y la sensación de que nos bañábamos con agua salada un poco estancada estaba presente. A su vez, una amiga cucaracha del tamaño de un elefante hacía acto de presencia por el depósito del agua, metiéndose en él y haciéndo que David sintiera un asco increíble. Yo le dije que no se preocupara, que pase de ella y que por la noche aseguramos la puerta cerrándola con toalla, para que no nos coma por la noche, jajaja.

jojoojojo

Aún flipábamos con el montón de billetes que apenas simbolizaban 40 dólares o algo así, que fue lo que cambiamos. Pero es que acabo de acordarme que el cabrón de la oficina de cambio se quitó, gracias a nosotros, toda la morralla de billetes de 5 rufiyas. Es más, nos dio prácticamente todo en billetes de 5 rufiyas, que vienen a ser unos 25 céntimos de euro. Ni cerrar la cartera podíamos.

Toca cenar. Estábamos ansiosos por ello, pero también éramos realistas y sabíamos que no iban a traer manjares de dioses. La cena se basaba en un pequeño menú, con apenas 4 platos a elegir, los cuales teníamos que avisar al cocinero de lo que queríamos casi 2 horas antes, para tenerla lista a la hora que queríamos. Ya sabéis, a ritmo tropical. Pero suerte que avisamos nada más llegar del excelente baño en la playa limpia (jaja) y no esperamos mucho. Nos sentamos a charlar un rato, hablar sobre las primeras impresiones de todo , sobre como nos sentíamos, unas bromas, etc… También, mientras esperábamos la cena, discutimos con el Jefe sobre la ruta de viaje de los 2 próximos días que teníamos por delante. Prácticamente estaba todo decidido y el Jefe se dedicó a explicarlo todo. Básicamente, el primer día iríamos en barco a una zona de buceo, con bonitos y grandes arrecifes, para después acabar en una isla nosotros solos y pasar desde mediodía hasta la puesta de sol en la misma. El segundo día se basaría en irnos a una isla-banco de arena y después irnos a una isla-resort donde se encontraba un buen hotel, con restaurante y comida occidental para pasar todo el día hasta la puesta de sol y después volver. Al día siguiente, tocaría la vuelta de buena mañana.

foton

Pero eso quedaba aún muy lejos, y no hacíamos nada más que pensar en lo que nos depararía al día siguiente. Gracias a dios nos aliviamos, después del susto que nos llevamos con aquella playa ‘limpia’; yo ya les prometí que la cosa cambiaría y merecería la pena haber venido aquí. Yo confiaba ciégamente en el Jefe y sus guías (ciégamente y a la fuerza, eran los únicos que teníamos de nuestro lado, jeje). Edurne, David y Laurita estaban más tranquilos pues.

Vino la cena, tocaba disfrutar. Primero una sopa de pescado, después algo de arroz con curry (muy rico, por cierto). Pan, y algunas movidas más que apenas recuerdo, pero que se podían comer. Todo eso acompañado de un zumo ultra azucarado, que te ponía más ciego que 10 vodkas. Hablando de vodkas, con nosotros en el hotel se hospedaba un joven de nacionalidad rusa. De aquí en adelante, Dimitri. De estatura baja, pero complexión fuerte, rubio pelo rizado, ojo azules enormes como platos, cara fina y prolongada y una nariz de judío. Impasible y pacífico, terriblemente pacífico. Y con un reloj en la muñeca más grande que nuestra cabeza. He aquí el completo perfil de ‘diver’, buceador a bombona, donde cuanto más tranquilo estés y menos oxígeno consumas, más durarás bajo del mar.

Dimitri comía en mesa aparte y la primera noche apenas hablamos con él, pero a la segunda noche ya se unió a nosotros. Él tenía su ruta hecha pero al segundo día se le encontraríamos en la isla ‘resort’. Tras acabar la cena, convencí al grupo para dar una última vuelta. Aún no eran ni la 9 de la noche y si bien estábamos destrozadillos, aún logré sacarles fuerzas de la nada para dar una pequeña vuelta por la isla. Ya sabéis lo que me gusta inspeccionar y explorar nuevas zonas. Esto no iba a ser menos, bajo la luna casi llena, en pleno ambiente tropical.

hamacacacacaca

La isla estaba terriblemente tranquila, Esta gente sigue las horas del sol y aquí amanece a la 6 pero a las 6 y pico ya va cayendo la noche. Por lo tanto, excepto algunos ‘gamberrillos’, gente relajada paseando en la noche y gente adulta que caminaba a los pocos bares de la isla, nadie más hacía acto de presencia. Ni una mujer, por cierto.

palmeras y cielo

Encima de nuestras cabezas, la luna y las estrellas, y los putos murciélagos del tamaño de un Boeing 777. Auténticos ‘Batman’ pasando cerca de nuestras cabezas, entre ramas de árboles y palmeras, asustando sobre todo a Laurita, la cual poco a poco iba pillándoles más miedo y risa. Sus pequeños chillidos poco a poco irían yendo a más, conforme avanzaba el viaje…

También andaba ofuscado por encontrar tiendas de souvenirs, ya sabéis lo que me gustan las pulseras… pero todo estaba cerrado y los de las tiendas andaban deambulando por las calles; les avisé que mañana haría compra sí o sí, que se prepararan, jojojo.

Y antes de volver al hotel, acabamos en otra playa, pero en la otra punta de la isla. Y el aspecto tendía a ser el mismo. Orilla llena de mierda, pero esta vez con un añadido, caracolillos de mar que salían con cada venida de ola y se escondían bajo la arena a cada paso que dábamos.

caragol

El sonido de las olas del mar, de noche, sin ningún ruido, en medio de la nada, bajo la luna llena, y con una grata compañía. Una grata compañía que medio-forcé para que vinieran conmigo, pues les expliqué que ‘el tiempo es oro’ y que ‘hacer más es vivir más’. Previo descojone por su parte, creo nunca estuvieron de acuerdo conmigo. Pero yo estoy convencido que es así. ¿O acaso no sabes más si lees más? En la vida es lo mismo. No voy a quedarme en un hotel pudiendo dar una pequeña vuelta por los alrededores, para, quién sabe, ¡poder aprender de algo que ocurra o que veas en esos momentos!

Ya estábamos todos muy cansados, demasiado. El día ha sido larguísimo, con dos vuelos incluidos. No sabemos ni qué hora es pero, toca volver el camino de vuelta al hotel y de noche entre esas calles, va a ser algo más difícil. Al final dibujamos en las calles con nuestras andadas una ‘L’, guiándonos con la luna, y logramos llegar a nuestra choza, con cara de cansados; tocaba reposar.

Con el pijama puesto, angelitos a la espera de soñar con ellos. pero más que soñar con angelitos, soñaríamos con las playas y con el paraíso tropical que nos esperaría mañana. Edurne iba a iniciarse en el mundo del buceo, ella como ciudadana de un pueblo en el Norte de España, no estaba muy familiarizada con el mar, o sea para ella esto iba a ser algo más que nuevo. Y yo creo que sí le gustó. Laurita iba a disfrutar como una niña, seguro, en el agua. Y David se soltaría la melena bajo el agua también, viendo cosas que nunca hubiera visto de no ser por el pesado de su compadre de oficina. Sí, ese soy yo, servidor.  Pero gracias a mi podrán decir que perdieron un vuelo, viéndolo despegar enfrente de sus narices, mientras que los currantes del aeropuerto seguían sonriendo y que estuvieron en una de las playas más sucia de Maldivas pero, era el precio que había que pagar para saltar al paraíso.

Pero eso es lo que por ahora, ellos podrían decir, pues mañana tocaría algo más de acción, en un entorno muy agradable. Más emociones y colores nos esperaban…

2012-04-05 Maldivas – Por los aires

Álbum de fotos del primer día en Maldivas.

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Sri Lanka, el paraíso en la tierra (V): Esto se acaba. Cada lugar, único y especial

Nuestro último amanecer en Sri Lanka. Concretamente, donde nos quedamos a dormir aquella noche, en Kandy. Atrás dejamos el largo día anterior, donde amanecimos en lo alto de una región montañosa, cogimos un tren, nos dirigimos hacia la capital cultural y mística de Sri Lanka, conectamos con los antepasados en el templo de la reliquia de Buda, y pasamos una divertida noche con un local, que poco le faltó para abrazarnos y besarnos.

Ante nuestros ojos pues, un nuevo amanecer de ensueño. Un amanecer que, desde mi punto de vista, tiene cabida y dejará con la boca abierta y la mente pensativa a todos los públicos que puedan asistir a estos viajes; empezando por intrépidos aventureros que quieren experimentar nuevas sensaciones, a ellos les hará detenerse en el camino, reflexionar y relajarse. Pasando por gente solitaria, que busca la paz interior, la serenidad y desconexión, ellos encontrarán la paz que buscan en un sitio como este. Y finalizando, por ejemplo, por aquellas parejas que buscan un nido de amor; nada mejor que perderse en lo alto de una ciudad, en un hotel con vistas a un valle tropical, con el color verde palmera y el silencio como protagonistas, ofreciendo serenidad y un romanticismo único, digno de cualquier película de cine; momento perfecto para que ambos se fundan en un abrazo, después de una profunda y sincera mirada entre ellos.

Obviamente, las parejas con niños también tienen cabida en este tipo de viajes pero, si os digo la verdad, no vi ni una. Todos eran turistas de mayor o menor edad; en solitario, pareja o grupos, de todas las nacionalidades, pero sin niños. O si que los habría, pero nada destacable. Los únicos niños/as, los del país en cuestión. Y es que, aunque falto de experiencia con los niños, no creo que Asia, excepto en aquellos paraísos tropicales y resorts donde la familia se sentirá protegida dentro de una burbuja con actividades para todos ellos, sea destino como para viajar y venir con niños.

Retomando el hilo del último día. Un fuerte desayuno, a lo inglés y sumándole mi voraz hambre matinal, doblemente fuerte. Toca rumbo a Sigiriya, a visitar uno de los templos más importantes del país. Y previo a ello, pasaremos por un orfanato de elefantes y el templo del oro. Sí, tras este viaje, podéis llamarme ‘el templos’.

Un pequeño inciso. Como amante  del turismo activo, donde se puede interactuar con el medio (véase deportes de agua en destinos de playa, snowboard en la montaña, etc), he de decir que no es de mi preferencia dar vueltas por una isla y atiborrarme de templos y más templos, de imagenes de Buda; el bucle de Buda. Diez mil millones de estatuas de Él, por toda la isla. Aunque no me voy a quedar en este aspecto tan superficial y simple, pues yo pensaba que me iba a aburrir, y no fue así. Mientras uno visita la historia pasada del diferentes regiones del mundo, a la vez, uno mismo crea su propia historia. Me refiero a todo aquel acontecimiento o cosa que sucede cuando estás en un sitio, en cualquier sitio.

Si bien, por mi mente dispersa y debido a mis preferencias en cuanto a viajes, no he prestado mucha atención a la historia que rodea este tipo de templos, como otras personas podrían hacerlo o lo hacen (mención especial a Jesús, ex-becario Cámara Madrid que gracias a él nos empapamos de toda la historia relacionada con Petra), en este viaje he sacado partido de ello, haciendo y creando historia, mi propia historia, nuestra historia. Aquellas vivencias, experiencias y momentos, que siempre son únicos, no se volverán a repetir de la misma manera.

Y cuando viajamos, por supuesto que hay que prestar atencion a la historia pasada que rodea esos templos, pero también a la historia viva que está rodeándote en cada momento que pasas ahí (y durante tu vida normal y rutinaria, no solo en viajes). En este caso, por ejemplo, aquella noche con el local en Kandy y sus historias, o aquella curiosa pelea de monos en un templo y ver como uno de ellos se retira con la oreja a trozos; todo eso es historia, historia viva. Vale, lo sé, no será tan transcendental como la historia pasada que ha marcado el curso del ser humano en el planeta, pero joder, ¡¡también es historia!! Es nuestra historia, y todos nosotros tenemos derecho a ello, ¡a crear nuestra historia!

Y siguiendo el curso del rumbo de este día, Sumith nos esperaba, puntual como siempre para partir. Nuestra primera parada seria en el orfanato de elefantes, con posibilidad de verles ‘en acción’ y montarse en uno de ellos. Llegamos al orfanato, repleto de turistas y de tiendecitas de souvenirs, bajamos del coche y nos dirigimos al río donde se juntan.

Fuimos directamente a verlos, pues no quisimos montar en un elefante; era bastante caro y realmente, ni Antonio ni yo tuvimos especial atracción en sentarnos encima de un paquidermo. Tal vez, el hecho de que fuera el último día, y que ya nos habíamos dejado bastante dinero (y lo que nos faltaba) y el cansancio, hicieron que pasáramos de hacerlo.

Los elefantes son bonitos, nada ruidosos y aparentemente mansos. Están ahí relajados, en sus charcas, ríos y zonas de agua, lavándose y pasando el rato. Algunos están atados, no se por qué, tal vez sean los más salvajes y a esos hay que tenerlos controlados. Ver a esos gigantes moverse lentamente e interactuar entre ellos relaja bastante, sobretodo a aquellos elefantes pequeñitos, siguiendo a su madre sin despegarse de ella, y ella acariciándole y guiándole con la trompa… muy tierno y bonito.

Nos tomamos un helado para recuperar azúcar, pues hacía un calor increíble; hasta los elefantes tenían que recibir su dosis de agua fresca encima de su gran lomo. Volviendo camino a nuestro medio de transporte, una vez más caí bajo el embrujo de los souvenirs. Pero no compré nada, pude contenerme; esa misma mañana, en Kandy, al dejar nuestro hotel y pasando por una ruta la cual tenía una parada en un sitio con vistas a la ciudad, unos ‘comerciantes’ nos abordaron amáblemente para vendernos sus productos. Ya sabéis que me chiflan las pulseritas y esas mariconadas varias, y estoy harto del MADE IN CHINA. Buscaba algo diferente (y aún sigo buscando). De repente, vislumbré una pulsera negra, sencilla, con una especie de hilos gruesos entrelazados unos con otros; me acerco, la cojo y la observo con detenimiento; automáticamente el tendero dice: “ELEPHANT HAIR MY FRIEND, IS REAL”. En cristiano, que los hilitos gruesos negros entrelazados eran pelo de elefante, concretamente de la cola,  y que eran reales. Harto de tener que esquivar a timadores, embaucadores y mentirosos del país, le dije que no me lo creía. Él, cogió un mechero y le metió fuego a la pulsera; dejó la llama el suficientemente tiempo para que, si la pulsera fuera de plástico, desprendiera ese olor característico. Salió un ‘tufillo’ que rápidamente olisqueé y, mi sorpresa fue, que olía a pelo quemado. Si, como vulgarmente decimos, ‘aquí huele a pollooooooooo’ cuando se quema uno la piel o los pelos. No dudé en comprarla, y aún la llevo puesta.

El camino es largo, pero se hace llevadero en nuestro medio de transporte que Sumith, nuestro guía, eligió para este viaje. A pesar de mi más de metro ochenta de altura, podía casi estirar las piernas del todo, y junto a la inclinación del asiento de atrás, parecía que estuviera volando en la ‘first class’ de Emirates, la aerolínea. Aprovechas para ver paisaje, y dormir, pues aún queda un largo día.

Era mediodía y teníamos que coger fuerzas para la marcha. Paramos en otro restaurante de carretera, recomendado y conocido por Sumith; él no quería que nos pasara nada con la comida y sabe a qué sitios llevar a los turistas. Si aún esos sitios parecían peculiares, no me quiero imaginar cómo serán los otros restaurantes; hasta él mismo decía que mejor parar donde suele parar la gente, por si acaso. No me gusta para nada la idea de ‘irme por la pata bajo’ en medio donde Buda perdió la chancla.

Y este restaurante no era como el primero, donde podías elegir cubiertos para comer. Aquí no habían cubiertos; tocaba usar la mano de nuevo. Y, para mi sorpresa… ¡NINGUNA NOVEDAD CON EL MENU! Esta gente siempre come lo mismo: Arroz hervido como base y 5 tipos de salsa con especias de la muerte mortales (mi amigo el chili y sus colegas), junto con verduras y legumbres. ¡AH! Se me olvidaba, la gran variación es ponerle carne chamuscada de origen desconocido, o pescado frito, carbonizado  hasta tal punto que si lo miras con un microscopio, no tiene siquiera átomos. Pero en el fondo, estaba rico y uno se acostumbra a todo… gracias a la Coca-Cola. Esta vez no tuve que tomarme 2 botellines por el picante; sino con uno ya bastó, e incluso me dejé un culo. He de decir que me puse las botas, y Antonio también gozó. El silencio reinaba, concentrados en comer, disfrutando del menú y también sintiendo el nivel de picor en nuestro paladar, para darle un sorbo a la Coca-Cola, en el momento que aumentara.

Y ya por fin, llegamos al templo de oro. Una gran campana dorada en la puerta principal. Y una fachada del templo que abruma; una gran cara dorada, con ojos saltones y una enorme boca abierta, enseñando todos sus dientes. Pero ese no era el templo real, sino un museo; el templo dorado está subiendo unas cuantas escaleras, se accede por la parte izquierda y has de respetar la costumbre de ir tapado (pantalón largo con el bochornoso calor) y descalzo. Suerte que soy un poco ‘gitanillo’, me gusta andar descalzo y ya tengo algunos callos que hacen que pueda andar tranquilamente sobre sitios duros y ásperos. Pero también he de decir que mola mucho entrar a un templo, cuya creación data de hace 2000 años atrás, descalzo; tiene su rollo.

Para ser una de mis primeras incursiones a templos budistas, creo que no está mal. Este templo, construido en lo alto de una colina, al cual accedes subiendo unas escaleras de construcción y altura irregular, se encuentra debajo de una gran roca. Me refiero a que, las 5 cuevas de las que se compone el templo, están excavadas dentro de una enorme roca, que es por así decirlo, la parte alta de la montaña.

De las 5 cuevas, 3 de ellas fueron creadas hace 2000 años, y el paso del tiempo se nota en ellas; pero han sido muy bien conservadas, hasta aún hay colores dentro de ellas, en los esbozos y pinturas realizadas por aquellos monjes y artistas en aquella época. El hecho de estar en la oscuridad y alejadas de la civilización, ha hecho que se conserven maravillosamente. Las otras 2 cuevas son de reciente creación (hará unos 100 ó 200 años). Pero todas han sido bien conservadas porque han habido monjes cuidando de ellas.

Puedes optar por un guía para que te explique movidas de las cuevas pero, seguí en mi línea de ver,oír y callar. Bueno, callar no mucho, ya me conocéis; alguna sandez que otra decía al respecto de ciertas cosas que veía. Y es que había una sala con doscientos millones de figuritas iguales. Joder, mira que son repetitivos estos tíos.

Los monos campaban a sus anchas, acostumbrados plénamente a convivir con turistas. Esa extraña armonía entre monos macarras y seres humanos. En la primera cueva que entramos, ahí teníamos ante nuestras narices a 2 monos, uno enfrente de otro, y nos los topamos. Cruce de miradas, y el mono decide moverse del sitio, saltar delante mío y salir de la cueva. ‘Es tu turno’, parece que quiso decir o expresar. El cabroncete iría fuera a pelearse con otro mono. Y digo esto porque entre ellos, se reparten ostias como panes, por aquello de ser el líder de la manada y demás movidas del mundo animal (y del mundo humano también). Fotografié a un mono, que iba camino a la nada, cabizbajo y con un trocito menos de oreja, sangrando. A estos monos cabrones mejor no tocarles, siquiera mirarles, no sea que te peguen un bocao o zarpazo y te transmitan de todo menos buen rollo.

Sumith nos dio una hora para ver el templo, pensábamos que no nos daría tiempo pero, nos dio de sobra. Ya empezaba a cansarme de bucles de estatuas, hasta que vimos algo curioso: una especie de brecha en el techo de una de las cuevas, por donde discurría un hilo de agua que, llegado a un punto del mismo, caía a una vasija. Esta vasija estaba dentro de una jaula de protección; el agua es ni más ni menos que agua sagrada; proviene de no saben donde, y sí, es raro de cojones ver a algo que gotea desde el techo, en lo alto de una montaña sin aparente río cercano ni nada similar. ¿Misterios del planeta?

Descendemos, mientras disfrutamos una vez más de las maravillosas vistas que nos ofrece Sri Lanka y sus elevados montes, monasterios y templos budistas. Qué paz, serenidad y armonía se respira en estos sitios…

Sumith se sorprendió de la puntualidad; hasta él mismo sabe que los españoles no tenemos fama de puntuales, sino todo lo contrario. Bajamos a la hora concretada, pues aún quedaba mucho por ver.Es decir, faltaba lo mejor, las garras del león: SIGIRIYA.

Sigirya, antigua capital milenaria de Sri Lanka. Uno de los más importantes sitios turísticos de Sri Lanka, y patrimonio de la humanidad, otorgado por la UNESCO. Situado en el mismo centro del país, a unos 160 km. de la capital Colombo. El camino desde la capital es largo, debido al estado de las carreteras, que como ya os he explicado en este blog, son bastante peculiares.

Su templo, se alza en una enorme roca cuya cumbre llega a los 370 metros de altura. Rodeado de maravillosos jardines, con lagos y canales creados por ellos mismos, para el regadío. Los restos, que datan del siglo 2 A.C., transportan tu mente al pasado. la humedad de la isla, y por lo tanto el moho, hacen acto de presencia en cada muro, pared, escalera, o rincón donde el sol apenas incide y el verde musgo campa a sus anchas.

Senderos, cuevas, grutas, que junto con la escasa afluencia de turistas, hace que disfrutes relajadamente del momento.

Comenzamos la ascensión al templo. No disponíamos de todo el tiempo del mundo, eran las 4 de la tarde y el sol caería en un par de horas; nuestro objetivo era ver la puesta de sol desde la cima. Ver al rey Sol cayendo por el horizonte un día más, para dar paso a la noche.

Un camino en el que has de luchar ante una gran inclinación, donde sorteas todo tipo de escaleras, tanto naturales como metálicas y oxidadas por el paso del tiempo y la humedad, haciendo que no te fíes mucho de donde pones el pie, pasando por pasillos con pintadas de la época, donde unas mujeres enseñan sus pechos a todo turista. Impresionante, qué mente más abierta hace 2000 años, ¿no es cierto? Los de la región donde vivo actualmente (no los nombro directamente porque paso de movidas, que me espíen el blog y vengan a mi casa a detenerme) tendrían que aprender de ello y a no ir tan tapados.

Y llegamos a la puerta principal de Sigiriya, las garras del león. Unas enormes garras, patas de león, talladas en la misma roca enorme donde estaba el antiguo templo, te dan la bienvenida para que ahora empieces a subir unas escaleras aún con más inclinación que las anteriores.

Esto fue la risa, porque Antonio y yo coincidimos en que tenemos algo de vértigo. Incluso yo, que me encantan las atracciones fuertes de parques temáticos como Port Aventura, no me explico el por qué de eso. Mientras subes, no pasa nada porque vas cara a la montaña, y no ves el vacío; pero tan sólo pensar en la bajada, hacía que me sudaran las palmas de las manos instantáneamente. En serio, si algún día venís, en una de las partes del descenso, la escasa altura de la barandilla de la escalera y su falta de consistencia, junto con el acantilado vertical que hay a tu derecha, van a hacer que pongas a prueba tu acrofobia (miedo a las alturas).

Logramos llegar a la cima, no os lo he comentado antes pero, a cada paso que das y girabas la cabeza, las vistas eran cada vez más impresionante. Al fondo, una estatua de Buda (¡NOVEDAD!) muy alta y de color blanco. Y todo rodeado de un gran manto verde, de árboles y palmeras tropicales, junto con esa niebla semi-densa, que nunca desaparece, en la selva de Sri Lanka.

Apenas contaría unos 20-30 turistas en la cima, algo maravilloso para no sentirte como en una atracción de feria más y sentir así el encanto del lugar y el momento. Y, mira por donde, nuestros ‘temores’ se hicieron realidad: un perro en lo alto de la cima. Sí, una vez más, vimos un perro donde menos nos lo esperábamos. Antonio y yo nos sacamos el sombrero ante este perro moribundo, a la vez que nos echamos a reír, de cómo es posible que en este país todo esta plagado de perros. Y lo comentábamos desde que desembarcamos del coche de Sumith, en los jardines del templo:

-Fijo que subimos arriba del todo y nos vemos un puto perro. ¡Ya verás! Están por todas partes.
– ¡¡Jojojo!! No caerá esa breva.

Dicho y hecho, ante nuestros ojos, ‘tirao como un perro’, él. Sin moverse, sin inmutarse, esperando a que cayera la noche, o yo qué sé, para moverse de ahí. La ostia, ¿cómo es posible que un perro haya subido hasta arriba? No tiene sentido, ¡si ahí arriba no hay nada para ellos! Vale que están por todas partes de la isla, se reproducen sin control y dan un por culo bastante serio durante las noches ,cuando se vuelven activos porque hace menos calor, y tendrán que comer algo y seguir reproduciéndose pero… de ahí a ver uno de ellos reinando en la cima del templo icono de Sri Lanka, ¡es de broma de cámara oculta!

Y unas cuantas vueltas por la cima, unas fotos. Unas lecturas a los paneles informativos sobre cómo lograban regar los diferentes niveles y pisos que tiene la cima del templo, en lo alto de la montaña; agua obtenida mayoritariamente de las lluvias pero, a su vez canalizada de una manera estratégica para que pudiera sortear alturas. Algo misterioso.

Y un lugar para la relajación, para la reflexión, para el disfrute. Para echar la vista al fondo y ver que nuestra mirada se pierde más allá del horizonte que vemos. Sorteamos unas piedras y llegamos a una especie de balcón, un sitio muy bonito. Vemos el atardecer y las montañas al fondo. Y, me vais a disculpar pero, no soy capaz, ni creo que lo seré, de plasmar sentimientos que tienen lugar ahí arriba, en los relatos de mi blog. Tan sólo os invito a que si tenéis la oportunidad, vengáis.

Pero ya no sólo a este sitio sino, en muchos otros. Porque, como bien hace referencia mi título, en cada lugar ocurre algo, y en ese lugar se produce un momento único y especial. Y lo que se produce aquí, también se puede producir allá, o donde sea, siempre que vayas con la actitud adecuada. Y cualquier sitio vale; si bien unos más que otros, debido a, por ejemplo, el misticismo que les rodea como muchas ruinas y templos que he visitado. Pero seguro estoy, que también podréis encontrar ese tipo de momentos en cualquier playa de España, colina, rincón, o donde sea, pues a mi me ha pasado.

Cae el sol, la luz se vuelve tenue, comenzamos el descenso. Mientras bajamos, aún suben más turistas; espero llevaran buena linterna, les bendecimos a lo ‘typical spanish’, soltando un ‘olé tus cojones’. Sorteamos a varios alemanes patosos y lentos y llegamos a la superficie, donde los jardines, casi a oscuras. Un guía nos indicaba una ruta diferente para salir del lugar, y .. ¡NOVEDAD! mas Souvenirs. Gracias a Dios ya era tarde y con la poca luz, apenas pude ver qué vendían y no compré nada.

Y nos quedaba un largo camino de vuelta, aproximadamente unas 4 horas, hasta el aeropuerto de Colombo. La vuelta no se hizo tan pesada, era de noche, estábamos cansados del ascenso y descenso del templo, y de todo el día que llevábamos de pateada, logramos echar pues, una buena siesta dentro de nuestro medio de transporte.

Y aún faltó algo más por descubrir aquel día. Es acerca del ‘driver’, el conductor del vehículo. Ese hombre mayor,con piel muy morena y pelo blanco como la nieve. También mencionado por Antonio y yo durante el viaje como ‘el abuelo’, ‘el colgao’ o ‘el temerario’. Resulta que durante gran parte del viaje dentro del vehículo, este hombre soltaba unas parrafadas increíbles a Sumith. Nuestro querido guía, siempre permanecía atento a él; a veces asentaba con la cabeza y otras discutía con él. Antonio y yo pensamos y dijimos en alto, más de una vez, la chapa que le estará soltando a Sumith, madre mía. Pensabamos que era un simple conductor, un trabajador, uno más.

Tras realizar la parada de rigor para comer algo, ir al W.C. público llamado esquina de cualquier calle y demás, salió el tema del ‘driver’. Para nuestro asombro, Sumith de repente le nombra a él en inglés con la palabra ‘father’. Sí, father significa padre. Era su padre. Padre e hijo han estado viajando con nosotros, guiándonos durante estos 3 últimos días en Sri Lanka. Ahora entendemos las chapas que le daba, las conversaciones eternas. Sumith es un joven emprendedor de 28 años que lleva a cargo muchas actividades turísticas de la zona. Sumith era más joven que nosotros pero ahí la tenías, al frente de su negocio y con su padre como apoyo.

Las risas entre Antonio y yo fueron abundantes, sobretodo por el tema de las ‘chapas’, la ‘tostada’, el torrao que le metía el padre de Sumith, pensábamos, en clave de humor, que el pobre viejete ya chocheaba, tantos años de driver no tienen que ser buenos (algún día os contaré la historia del cabrón del conductor de un autobús, cuando hice un viaje a Andorra, a mano llevaba el móvil, las gafas de sol y una botella de whisky).

Aclarada esta situación, nos dirigimos al aeropuerto. Desembarcamos en el mismo y nos despedimos acaloradamente de nuestros queridos guías. Antes de irnos, Sumith nos hace rellenar una especie de formulario, donde tenemos que rellenar con nuestros datos y escribir si nos ha gustado él como guía y el viaje. Creo que con leer el blog, sabréis de sobra la valoración que le puse.

Y una vez más, el proceso de embarque en los aeropuertos estos tan, tan diferentes a lo acostumbrado en Europa. Y no nos íbamos a ir sin que nos pasara otra graciosa anécdota.

Resulta que, una vez dentro del aeropuerto, está prohibido fumar. Antonio se moría por fumar un ‘piti’. Buscamos una zona para ello pero no encontramos nada. Haciendo tiempo para hacer el check-in, y con un ‘trolley’ con todas las maletas encima, esperábamos en una zona de descanso. Un avispado currante, local, nos echaba el ojo. Antonio le preguntó al mismo si se podía fumar. El tío dijo que no pero, atención, él disponía de un sitio secreto para que fumáramos sin tener que salir fuera y repetir ese proceso de check-in previo, con la susodicha perdida de tiempo  que conlleva.

Y, como la expresión dice, de perdidos al río. Aceptamos que este personaje nos indique dónde se puede fumar sin que te vean. Pensaba que iba a llevarnos a las afueras del aeropuerto, o algo. Pero no, damos unos cuantos pasos, desde donde nos encontrábamos, los aseos, para meternos, ni más ni menos, ¡¡que en el aseo de minusválidos!! “COME COME”, decía el listillo, que en cristiano significa venid. Embriagados por la sensación de lo prohibido, y sin tener aún ni idea de por qué lo hice, pues ya no fumo, hasta yo me metí dentro. Lo mejor fue cuando, una vez cerrada la puerta, nos indica que podemos vigilar nuestro equipaje por la ranura que se queda entre la puerta el marco de la misma. La ostia, qué descojone. Antonio se enchufa el piti, y él currante le pide uno a él. Su cara cambió de repente, se le puso un rostro de ‘malvado’, con alevosía. Una cara de pillo, la cual nos producía desconfianza pero muchas risas. El listillo aprovechó también para pedir dinero por habernos mostrado semejante enclave de lujo para evadir la seguridad si queríamos fumar dentro. Antonio le da algo, pero le da algo irrisorio; estábamos hasta el moño ya de los timadores.

Apuran las últimas caladas, y nos indica que él saldrá primero para ver si había alguien vigilando. Nos da el OK y salimos los 2. Madre mía, ¡acabamos de cometer una infracción máxima en un aeropuerto, y los currelas dándonos soporte! jajajjajajajjajaj, es de chiste lo que la gente hace por dinero en este tipo de países. Cualquier oportunidad es buena para ello.

Nos situamos en la cola de embarque, y ese cabroncete seguía merodeándonos… Con la desconfianza a flor de piel, esperábamos cualquier posibilidad, que nos la liara en algún momento, o vete a saber qué. Del trato de confianza que tuvimos en el aseo mientras infringíamos la ley, pasó a mantenerse distante, mirando con un rostro serio, de cómplice de que algo había sucedido. Y mostrándonos como que él estaba ahí para lo que hiciera falta.

Decir que no le hicimos ni puto caso. Hasta el gorro.

El cansancio apremiaba, y con ello, las sandeces que decía iban ‘in crescendo’. No tardé en ir a una tienda de gafas en el Duty Free para hacer el panoli, probándome gafas y soltando tonterías a las dependientas, nada acostumbradas al desparpajo y payasería español. Comimos algo antes de la  vuelta, embarcamos y con esto, lo bueno ya acabó…

…O eso dicen, que todo lo bueno se acaba. Pero yo no lo creo. Por supuesto que estos momentos no vas a tenerlos durante todos los días de tu vida, y habrán momentos no tan buenos, o sea, malos. Pero son necesarios para que exista ese equilibrio y balance, para así distinguir entre los mismos.

Y me aventuro a decir que, aún así, muchos de los momentos que vivimos son excelentes. No todos, por supuesto, no quiero ir de ‘jippie flower’ ni mucho menos. A lo que me refiero es que, no todo lo bueno se acaba. Porque creo que, cualquier momento es bueno, incluso gran parte de los malos, mientras no sean catastróficos, se convertirán en buenos a la larga.

Si esto no fuera así, no estaría ahora mismo escribiendo este blog desde Dubai, por y para vosotros. Y para mi y para el recuerdo, de lo que está siendo esta maravillosa experiencia de vida. Porque vivir es aprender, y vivir más es aprender más. Y os aseguro que, aprender, puedes aprender en todo lugar, ya sea en Sri Lanka, o en un rincón de tu casa.

Espero que os haya gustado a todos mi relato de este maravilloso viaje. son las 22:19 de un 18 de mayo de 2012, voy a bailar un rato. Aún tengo que adjuntar fotos, espero publicarlo si no hoy, mañana.

Enlace al álbum de fotos

2011-12-06 Sri Lanka – Cada lugar y momento, único y especial

Nos vemos con los ojos. Abrazos a todos/as.

Sri Lanka, el paraíso en la tierra (IV): Viaje al pasado

Amanecía de nuevo, pero esta vez más temprano que el día anterior, cuando nos encontrábamos en Hikkaduwa y partimos rumbo a Ella. Y si aquel día nos pareció largo, este lo iba a ser más. Porque ese día, íbamos a viajar al pasado, y eso lleva tiempo. Pero no el tiempo que vosotros pensáis… sino el tiempo que tarda tu mente para imaginarte en aquellas épocas.

amanece

A las 5 de la madrugada, en pie; había que coger el tren desde la estación de Ella, que construyeron los ingleses, hará unos 80 años (o más), para moverse por esta parte del país y transportar mercancías. Con este tren nos desplazaríamos a un pueblo donde Sumith, nuestro guía, nos recogería para ir a uno de los muchos campos de té de Sri Lanka, un té de denominación propia, té de Ceylon, mundialmente conocido. Y, acto seguido, seguir conduciendo hasta Kandy, capital cultural de Sri Lanka, donde asistiríamos a la ceremonia de la reliquia del diente de Buda, entre otras parafernalias y misticismos variados.

Un amanecer de ensueño, digno de película. Una neblina persistente rodeaba las montañas, y hacía frío, como para ir con un par de mangas. Esta vez teníamos que darnos prisa, el tren no esperaba a nadie. Un fuerte desayuno con café incluido y a la carretera. Sumith y el ‘driver’ nos esperaban. He de decir que no tomo café pero en estos casos, como viajes largos, creo es necesario, y 1 al año no hace daño 😀

Apresuramos a comprar el ticket en aquella peculiar estación, acudimos al mostrador y previo pago, nos dan un trozo de cartón bastante grueso, muy original; a la antigua. Apenas éramos 4 personas esperando el tren, y mientras tanto, mi asombro no dejaba de aumentar con el silencio y la paz del momento que nos rodeaba.

En medio de aquel silencio, se escucha el traqueteo y ruidos mecánicos varios, sí, como ese ruido de locomotora antigua que has escuchado en las películas. El viejo tren de madera construido por los ingleses hará más de 80 años hace su aparición. El tren emite un sonido estridente, por el frenazo; el tren se detiene, ya toca subir. Nos queda un largo camino de 2 horas; un largo camino que para nada iba a resultar pesado, pues el entorno en el que nos encontrábamos era único y visto por primera vez. Nada dejaba de asombrarme.

El tren comienza su marcha, serían aproximadamente las 6 y media de la mañana. Nos sentamos en la parte trasera del furgón, en el vagón ‘mirador’, que es, bastante más caro que el vagón normal donde viaja la gente local. Caro, para ellos; para nosotros, el precio daba risa. Este vagón al ser el último, tiene unos cristales delante que hacen que puedas ver todo lo que el tren deja atrás, aparte de los lados. Los sillones, muy confortables a la par que viejos. Y el aspecto general del vagón, con aseo propio incluido, denota que éste fue diseñado para la gente VIP de la época, los que tenían pasta, los que más pagaban; la ‘first class’.

Estaremos 2 horas cruzando montañas, laderas y pasando a través de campos de cultivo y de te. Ahora toca observar por el vagón. Los niños y niñas, ya despiertos, iban camino al colegio siguiendo la vía del tren. Uniformes blancos para ellas, y corbatas. Para ellos, algo más discreto. Su piel morena destaca aún más con sus luminosos uniformes. Y su pelo; qué peludos son los habitantes de Sri Lanka.

Un grupo de militares aparece por un lado de la vía al pasar el tren. De maniobras, y perfectamente camuflados. Caras serias, era muy temprano.

Los labradores, ya estaban trabajando la tierra. Fijo que se despertarían mucho antes que nosotros, para conseguir aquello que les da para comer y vivir.

Dentro del tren, cómodamente sentados, el tiempo pasaba lentamente pero sin resultarnos pesado; más bien todo lo contrario. Disfrutando de las vistas del maravilloso paisaje, cruzando bosques con árboles altísimos, bordeando verdes colinas y lomas con plantas de té; donde se extrae y se elabora el famoso té de Ceylon.

Aparte de nosotros, unos cuantos turistas más disfrutaban en el vagón con vistas; una parejita europea con mochilas grandes como única pertenencia y un aire bastante desaliñado, a lo ‘backpacker’. Una familia europea con hijos, bastante tranquilos durante todo el viaje, por cierto. Y también habían turistas que por su aspecto, vendrían de la India. Y cuando esta gente viaja, parece que viaja en serio y a lo grande, porque eran un grupo bastante numeroso. El olor a curry y demás especias hacía presencia.

Después de alimentar nuestro cuerpo y alma con esas impresionantes vistas y panorámicas, decidimos dar una vuelta por el tren. Estábamos en la parte trasera del mismo, e iríamos caminando hacia donde está la locomotora, atravesándolo todo. Un revisor se situaba justo después de nuestro primer vagón, le preguntamos si podemos aventurarnos; gesticula con la mano y lo tomamos como un ‘adelante’.

El traqueteo del tren se siente más, y el ruido aumenta; el mecanismo de la locomotora de más de 80 años se siente por todo el cuerpo, aunque sólo viaje a una media de 20 km/h. Estos vagones ya no parecen tan confortables, son para el día a día. En ellos se sientan los autóctonos, los cuales usan este transporte para desplazarse entre pueblecitos de la zona, para ir a trabajar, o cualquier otro menester. Sentimos sus miradas como si de clavos sobre nuestra frente se trataran y nos intentaran atravesar. ¿Qué harán por ahí 2 personas tan diferentes? Pensarían. Ellos, muy tranquilos, apenas ruidosos, a su aire. Algunos, sentados, otros durmiendo, o viendo también ese paisaje a través de sus pequeñas ventanas (comparadas con las de nuestro vagón). Las puertas para embarcar a los vagones del tren están abiertas; puedes asomarte y sentir la brisa, respirar ese aire puro; con una mano bien sujeta al agarrador y medio cuerpo asomando, disfruto del momento como algo extraordinario que és.

Y suerte que llevábamos algo para picar, porque me entró algo de hambre. Durante nuestro paseíto, pasamos por un vagón-restaurante, el cual ponía a disposición toda esa típica comida del país. Pero su aspecto, era si cabe, intrigante, misterioso. No se si nuestros estómagos occidentales hubieran estado preparados para comer semejantes productos, almacenados y expuestos en la propia barra de madera del tren, en contacto con ‘todo’. Mejor no tentar la suerte.

Tras varias paradas, unas 13, (Sumith nos dio el nombre de la estación donde teníamos que bajar, pero también nos dio el número exacto de paradas, porque vaya nombrecitos…) bajamos del tren, tras más de 2 horas de lento, pero armonioso e increíble viaje. Sumith nos espera, sonriente como siempre, un poco tímido, pero muy, muy amable. Nos montamos a la furgoneta que alquilamos y nos ponemos camino a la factoría de te de Mackwood’s. Desconozco la marca pero, tiene pinta de ser buena.

Ya llegados a los pies de la factoría, y tras atravesar unas cuantas colinas y lomas de montaña verdes, atestadas de plantas de té y de mujeres recogiendo la hoja, decidimos hacernos una foto con una de ellas, previo pago, para variar. Es la segunda foto con un local y, parece ser que algo tienen en común, no miran a la cámara cuando les haces la foto.

Amablemente, nos recibe un guía de la factoría. En esta antigua fábrica, se ha dejado en marcha una única línea de producción para ver, en tiempo real, cómo es elaborado el te. El proceso es guay, y, a grosso modo os lo explico, dependiendo del filtrado de las hojas y su tamaño, la calidad y el sabor amargo será mayor o menor.

Compartimos ruta con unas mujeres australianas, de avanzada edad, con las cuales nos reímos bastante; ya no me acuerdo bien pero, creo que alguna nos tiró los trastos, jojojo. Después del recorrido, parada obligada para probar el te, pasar por la tienda a comprar alguna muestra que otra por un precio ridículo en comparación con España (y seguro que más países), más fotos, y a seguir el camino. Destino: Kandy.

Y sospechábamos de la ‘fragoneta’, mientras descendíamos desde lo alto de las montañas de té hasta el nivel cercano a cero metros sobre el nivel del mar, porque tanto Sumith como el conductor no paraban de hablar de una manera más rápida y estresante que de costumbre. Hasta que definitivamente, pararon en una zona donde había un puesto de frutas, verduras y demás, con el aparente motivo de parar para descansar y comer algo. Antonio y yo ya estamos ‘curtíos’, él más que yo porque llevaba más tiempo por Oriente Medio, nos olíamos algo. Le preguntamos si pasa algo con la furgoneta.

Y al final, Sumith declaró: el ‘fadding’. O dígase también, aquel efecto que se produce cuando, bajando una colina, frenas demasiado debido a la pendiente y hace que se recaliente todo el sistema de frenado (discos, pastillas) haciendo que cada vez frenes menos hasta que… pues eso, que si no paras hasta que se enfríe todo de nuevo, estás jodido. Y mientras comprábamos un bote de miel super extraña, el conductor echaba agua a los frenos, y de estos surgía el vapor, junto con el ruido de cuando viertes líquidos sobre partes metálicas incandescentes. Antonio y yo nos miramos y pensamos: ‘que sea lo que Dios quiera, o Alá, o Buda, o quien rija en ese momento y en ese país nuestro destino’.

Y tras una una parada en una cascada, unas cuantas fotos, intentar cazar una rana, subirse a un par de árboles y hacer el mono, un poco de relax, y una larga ruta en carretera, llegamos a Kandy, la capital cultural de Sri Lanka.

Kandy es una ciudad ajetreada, con denso tráfico, como en la mayoría del país. una ciudad rodeada de montañas, un gran lago, un par de calles principales, y mucha gente. Negocios callejeros, restaurantes con comida picante, o muy picante, un Pizza Hut y alguna que otra franquicia internacional más. Kandy carece de bares y ocio nocturno tal y como concebimos nosotros el ocio nocturno; lo descubriríamos más tarde, después de cenar, cuando quisimos dar una vuelta por la ciudad.

Aparcamos cerca del centro y nos dirigimos a comer, era mediodía y teníamos un hambre del copón. De camino, vi a un hombre vendiendo lotería. ¡¡AL FIN!! Después de meses sin nada de azar, tuve al alcance, por unos 5 euros, unos cuantos boletos, que los repartí entre los 4 que íbamos. Ese momento fue como una fiesta, todos rascando los típicos cupones que si salen 3 figuritas iguales, obtienes premios o dinero. Sumith, nuestro guía, y el conductor, estaban flipando de ver como el españolito repartía azar. Y es que ya sabéis que suelo ‘liarla’ de vez en cuando, el cachondeo forma parte de mi modo de vida … y ¡qué leches!, ¡vamos a reírnos un rato,a ver si toca algo!

Al final no tocó nada. Hubiera suerte o no, pagábamos siempre las comidas a Sumith y el conductor. La verdad que nos daba igual, porque el precio para 4 personas apenas llegaría a 6 u 8 euros… algo que me deja y me dejará sorprendido siempre, pagar tan poco por comer. Esta vez la comida picaba más de lo normal, y estaba harto de comer con la mano; pedí cubiertos y fui de occidental.

No vi tiendas de souvenirs ni nada por el estilo. ¿Os conté que me aficioné a comprar souvenirs en este viaje? Realmente se me fue de las manos… Yo, que siempre he sido práctico a la hora de viajar, y no comprar nada, tan sólo lo necesario, de repente me vi envuelto en una espiral voraz de compras. Todo tipo de artilugios y accesorios del país. No se por qué, pero es que me gustaban esos bañadores a 3 euros la pieza, y las pulseritas, tobilleras, y demás… individualmente el coste era bajo pero, cuando compras muchas cosas, ya se disparaba el precio total.

Retomando lo anterior, después de comer fuimos al templo del diente de Buda, última ‘atracción’ del día. Cuenta la leyenda que una mujer se quedó con el diente y tuvo que huir para que no se lo robaran, no se por qué, y ésta huyó hasta Sri Lanka, y ahí fue depositado. Bueno, la verdad es que según el panfleto, el diente, alias la reliquia de Buda, había dado vueltas por toda la isla, siendo custodiado por monjes budistas en diferentes templos. Dicho templo en Kandy, fue víctima de un atentado terrorista, tuvieron que reconstruirlo, y actualmente el diente se encuentra ahí. Lo que íbamos a presenciar más adelante, era una especie de ceremonia, un ritual, que daba paso a enseñar al público, a través de una ventana, dónde es guardado el diente, para rendirle culto y honor, y de paso, dar dinero al monje que dice que no te quedes parado más de 3 segundos para echarle un ojo.

Profundizando en la visita al templo, mientras esperábamos a la hora pertinente, fuimos espectadores de un desfile de calle, parafernalia budista, con un tío paseando un elefante encadenao, y gente danzando y sonriente. Ritmos tribales y percusiones. Sensaciones diferentes; me pregunto si ellos sentirían lo mismo al ver nuestra Semana Santa y  ritos similares. Yo creo que sí; pues la novedad muchas veces es de buen ver y deja asombrada a la persona.

Tras ponernos los pantalones largos, requisito obligado, por respeto a la religión budista, para entrar al templo, y quitarnos las chanclas, ya pudimos comenzar la visita. Sumith, nuestro guía, nos acompañó en todo momento. El templo estaba genial, muy auténtico y colorido. Con montón de objetos de la época, vasijas, figuritas y demás. Muy llamativo. Destacaré el techo que cubría la parte principal del templo, donde se halla la reliquia de Buda, el diente. Un techo con flores de oro macizas incrustadas en el mismo; aún estando así de alto, estas flores se ven enormes (tenéis la foto más abajo).  Deben ser caras; quién pudiera llevarse una florecita de oro maciza, del tamaño de una paella para 6, a casa.

También visitamos una sala con una gran estatua de Buda, rodeado de varias estatuas del mismo. Él y sus estatuas. Como apunte interesante, deciros que no se le puede dar la espalda a Buda, vamos que no puedes hacerte fotos con él de fondo, porque le estás dando la espalda, o el culo, y eso es una falta de respeto en su religión. Ojito, como te pille un segurata, te la lía.

Hablando de seguratas, uno de ellos se enrolló y nos llevó a un sitio SUPER SECRETO. ¡WOW! Era un balconcito, en la planta de arriba del templo, con vistas al exterior del mismo y de parte de la ciudad, nos lo pintó como algo SUPER SECRETO, algo ÚNICO… que no se lo ofrece a todos. No me acuerdo muy bien pero creo que tuvimos que pagarle algo, y obviamente, le pagamos una mierda, dinero para chicles y poco más. Harto de sentirnos estafados, nosotros ya no nos cortábamos a la hora de dar o no dar. A quien se lo merece, por supuesto. Pero, ese segurata, cuántas veces habrá hecho lo mismo durante parte del día, y cuánto dinero se habrá sacado? Dado que hay mil tipos de turistas, prefiero que los tópicos sigan en pie hasta el fin de los días, y que los europeos (excepto españoles) y australianos sean los que paguen todas las propinas habidas y por haber; y que los japoneses sean robados y estafados siempre, a pesar de ir en grupo y con uno o varios guías (pringaos, jojojo).

Y los tambores sonaron, y nos apresuramos a ir a la parte central del templo, a hacer cola para pasar delante, pero a varios metros de distancia, de la reliquia de Buda, su diente. no vimos los actos ceremoniales, sino fuimos directamente a hacer la cola por la cantidad de gente que había; mejor pillar buen sitio. Tras un largo rato esperando, pasamos y veo la campana que recubre la reliquia, de oro macizo y atestada de piedras preciosas y demás joyas. Pago algo de dinero antes de situarme a su frente,  para variar, y me voy a otra parte, para poder hacer fotos a distancia, mientras me daba codazos con los otros 294239843892 turistas que pretendían hacer lo mismo.

Mucho oro y piedras preciosas. Tras un largo rato observando el brillo y resplandor del metal precioso, nos dirigimos a las afueras, del templo. Caía la noche y teniamos que volver al hotel.

Y aquí empieza la última parte de ese día, largo donde los haya, y si habéis llegado hasta aquí leyendo es que os interesará también qué pasó al final de la tarde-noche. Sumith, como siempre, eligió un hotel increíble, en lo alto de una montaña, con vistas al valle de la ciudad. Increíble y sin palabras, tranquilo y silencioso.. hasta que la noche profunda cae y los perros empiezan a aullar sin cesar.

Antonio y yo, como siempre, queríamos saber más de la zona, empaparnos de la vida auténtica de las calles de Kandy. En el hotel nos esperaba un ‘taxista’, con su tuc-tuc como vehículo para transportar pasajeros. Su nombre, Fernando, de origen portugués. Se emocionó al saber que éramos españoles y nos contó su vida mientras bajábamos a la ciudad para cenar algo.

Fernando parecía joven, y cuando nos dijo su edad, nos quedamos de piedra. Bajito, fibrado y con unos ojos grandes y saltones, su sonrisa permanente y su relajada forma de ser hizo que estuviéramos casi en plena confianza con él ,a pesar de las movidas anteriores que hemos tenido en este país. El tío sabía cómo camelarse a los turistas, sabía en qué sitios podíamos tomar algo a ‘altas horas’. Altas horas allí, significa a partir de las 11 de la noche. Nos dejó en el Pizza Hut que había avistado hora antes, y dijo que nos esperaría. Nosotros le dijimos que no se preocupara, que ya nos buscaríamos la vida para volver, pero él sabía que tenía premio si esperaba. Y acertó; tras acabar de cenar y dar un par de vueltas por la zona, vimos que no había ni un alma y de repente, le vemos enfrente de nosotros. – ‘Amigouuss’, nos dice. Y nosotros le saludamos efusivamente y le comentamos que nos lleve a un sitio para hablar y tomar un té tranquilamente.

Fernando nos llevó a un hotel-restaurante-terraza de un inglés que vino hace muchos años a la isla. Por suerte, esta mente europea deja abierto su bar hasta horas más tardías que las que acostumbran los demás negocios, y gente como nosotros podemos acabar la noche. Como teníamos que subir al hotel de nuevo, negociamos con él un precio para que estuviera con nosotros hasta el fin de trayecto, y le invitamos a tomarse algo con nosotros.

Parece que la cerveza Lyon, la marca nacional, servida en botellas de cristal de un litro, es como un elixir de la verdad. Fernando nos contó todo: tiene una mujer, con 2 hijos pequeños, trabaja de taxista, el tuc-tuc es suyo propio. También tiene un negociete de transporte de paquetes de un lado a otro, y guía a turistas. Conforme daba más tragos, soltaba más detalles. También descubrimos que era cinturón negro y no sé qué Dan de Taekwondo (!), y hasta nos hizo un par de demostraciones y patadas al aire, jaja.

Se hacía tarde y el guiri dio la orden a sus súbditos de cerrar el chiringuito. Antonio acababa su cerveza y yo mi té (me volví un té-adicto durante el viaje) a la vez que Fernando le daba los últimos lingotazos a su ‘litrona’, para subir bien ‘entonao’ y alegre. Qué pensaría su mujer, cuando éste volviera a casa como una cuba. Nos hicimos un par de fotos con él, que quedarán para el recuerdo. Una vez más, nos involucramos lo máximo posible esa noche, con gente local, para vivir experiencias únicas e historias que, con el paso del tiempo, siempre recordarás.

Y lo recordaré porque Fernando salió alegremente del bar, invitado por un par de españoles, dando abrazos y alabándonos, y apuntando nuestros números a la vez que nos decía que éramos buena gente y buenos amigos, que estaba muy contento de haber estado con nosotros, y no paraba de agradecernos una y otra vez la compañía. Hasta el punto de parecernos raro, porque fijaos lo que hace el alcohol, o la persona, o yo qué sé, que tras dejarnos en el hotel, aún volvió a llamarme una vez más a mi móvil ‘Srilankeño’ para darnos las gracias. Fue la ostia, porque a el tío ya le bailaba la voz, iba pedo y contento. Esa noche se llevó buena compañia, unos dineritos y una cerveza gratis. Y nosotros, también nos llevamos un trocito más de aquél país, que quedaría guardado en nuestra cabeza, para siempre.

Porque viajar hace grande a una persona, y aprendes de todo lo que te sucede y rodea. Y ya no es sólo viajar, sino vivir. Cuanto más vives y más te relacionas, más aprendes. Aprende de todo lo de tu alrededor.

Una noche más, y la última, antes de volver a levantarnos para visitar unos cuantos sitios más de este maravilloso país. Un abrazo a todos y todas, se os echa de menos.

Acá enlace al álbum, que no tiene desperdicio, más de 250 fotos y un vídeo del tren, ¡a qué esperas!

2011-12-05 Sri Lanka – Viaje al pasado, Ella a Kandy

Sri Lanka: El paraíso en la tierra (I) Llegada a Colombo y desplazamiento a Hikkaduwa

Apenas aterricé de Jordania, el 27 de diciembre, y ya tenía en mente el siguiente viaje. Me apetecía visitar una playa paradisíaca, algo exótico y medio  lejano, aprovechando la ventaja de encontrarme en medio del medio oriente (valga la redundancia) y tener vuelos a casi todas partes del mundo a un precio módico, el destino estaba medio decidido.

Este viaje no iba a hacerlo solo. Antonio, el becario regional de Cámara Galicia, contaba los días que le quedaban en la oficina con los dedos de las manos. Aún le quedaban vacaciones y hablamos sobre una escapada. El vino el 28 de noviembre, debido a que se quedó con los otros becarios regionales 1 día más por Jordania, aprovechando para visitar Israel. Qué dedcir que tuvieron problemas en la frontera pero, nada que no pudieran solventar jeje.

Cierto es que apuramos bastante la compra de billetes, teníamos el vuelo para el 2 de diciembre y los compramos al día siguiente de venir Antonio. Qué decir que los vuelos con la compañía de ‘low cost’ ya no eran tan low cost por su proximidad ante fecha, y escogimos por comidad tanto de horarios como de avión, a la compañía aérea local, EMIRATES.

Emirates es más que una compañía, es una institución aérea, que mima tanto a su cliento como a su empleado, haciendo que cada viaje sea una nueva experiencia. No, no soy comercial de Emirates, esta gente ya sabe venderse sola, pero es que con ellos… sólo tengo buenas experiencias. Compramos un vuelo directo a Colombo, la capital de Sri Lanka, por unos 250 € ida vuelta. (De España a Colombo cuesta unos 840 € ida/vuelta).

Allí, en las afueras de Colombo, tras aterrizar en el aeropuerto, nos esperaría nuestro guía. Su nombre, Sumith, un ‘chaval’ de 28 años (aprox.) que tiene una agencia de turismo y viajes. Contactamos con él gracias a Raúl, el analista de mercado de nuestra oficina; hace años, cuando viajó allí, usó como guía a esta persona. Como todo salio bien, se guardó el contacto y, cada becario que ha ido a Sri Lanka, ha contactado con él para realizar cualquier visita guiada, o desplazamiento por la isla, con la ayuda de Sumith.

Como decía, tras llegar al aeropuerto sobre las 8 de la mañana y recogernos, nos dirigimos rumbo a Hikkaduwa, un pueblo al suroeste de la isla, donde descansaremos 2 días, de los 5 que tenemos planeado pasar en este país, en un enclave único de playa, mar y olas, frecuentemente habitada por surferos durante la estación de surf (que dura unos 6 meses, debido a las mareas y demás historias de mar). Qué decir que coincidimos con el comienzo de la misma.

Mi sensación tras montarme al coche y ver todo aquel verde fue de asombro. Era la primera vez que estaba en un clima tropical. Recuerdo que no paré de hacer fotos a todo aquello que se movía; la gente, su manera de conducir, su manera de mirarte… perros, vacas, palmeras, cocoteros, más fruta tropical, más playas paradisíacas, templos, budas, etc. Asombrado me hallaba, echando fotos sin parar.

Y es que este país es … tan, tan diferente. Una cultur totalmente diferente a la nuestra, y se refleja en todas partes. Sobre todo en una de ellas, la conducción. ¿Por qué necesitamos el guía? Veréis, esta isla, cuyas ciudades o urbes están conectadas por una carretera de 1 carril para cada sentido, alberga mucho tráfico. ¿Cómo sortean el tráfico, si no hay vías alternativas? Pues sacando carriles de donde no hay. Me refiero a que, donde caben 2 caben 3, y cosas así. Me pilláis, ¿no? Vale, os lo explico más detalladamente con las normas que ellos siguen, al pie de la letra. En una carretera de 2 carriles, para conseguir fluidez en la misma, si un coche va más rápido que el que tiene delante, éste tiene que adelantarle SI O SI. ¿Cómo? Pues asomando por la mediana hasta encontrar el momento. El momento es relativo, aunque parezca que no sea seguro, se apuesta fuerte y adelantan aunque por delante venga otro. Por suerte, ese coche en dirección contraria se aparta, un poco, para caber 3 donde caben 2. A su vez, los ‘tuc-tuc’ (una especie de vespas de 3 ruedas, parecidas a motocarros, para transportar personas) pueden adelantarte por la izquierda. Estos vehículos usan el arcén para adelantar, respetan, pues la mediana ya está siendo utilizada por coches normales. No os extrañéis que mientra os adelante alguien por la derecha, por la izquierda lo haga un tuc-tuc.

Bien, ya llevamos… 4 filas de vehículos en una carretera con 1 carril para cada sentido: el coche que viene, el coche que adelanta, el coche que viene de frente y tiene que esquivar al que adelanta, el tuc-tuc por la derecha del coche que viene, y también otro tuc-tuc por carril contrario, muy pegado. 5 filas de vehículos. ¿Creéis que esto es todo? Nooooooooo!!!!!! En esta isla también viven animales. Lograremos ver en cantidades abundantes a vacas y perros. Y te preguntarás por qué hablo de ellos, pues bien. Resulta que ellos también se mueven y caminan, por la isla, y usan el arcén así que, dichos animales pasan a ser una parte más del escenario de adelantamiento de coches, tuc-tuc y demás historias. Por lo tanto, a veces nos encontraremos con 7 filas con contenido vario, en un sitio donde tendría que haber sólamente 1 coche para cada sentido. Cuando acabó el viaje conté las veces en las que podía haberme ido al otro barrio; unas 3242239049034903.

Después de esta ‘breve’ descripción de cómo conducir por Sri Lanka, lo recomendable es que nos cojamos un guía, porque seguro que no tendremos la misma fluidez que ellos tienen para conducir y desenvolverse en este entorno tan diferente al nuestro.

Camino a Hikkaduwa, hicimos una paradilla en un zoo de tortugas. Aquí las mantienen en cautividad porque hoy día con la vida moderna, están en peligro de extinción. Estas tortugas son patrimonio de la humanidad y cada visita que se realiza a este centro, cuando pagamos, ayudamos a que sigan conservando la especie. Son muy bonitas. Y deciros que no se si es leyenda urbana pero, las tortugas se comen a las medusas, y últimamente hay un montón y estoy hasta el gorro de que me piquen. Ojalá hubieran más!

Nos despedimos de los amistosos personajes del zoo de tortugas para seguir nuestro camino. Hago fotos sin parar… a todo lo que se mueve y lo que no se mueve. Quiero que todo lo que vea se plasme en mi retina y a su vez en formato digital. Esto sólo se hace una vez en la vida. Paramos cerca de un Buda enorme, uno de los 203492309423904 templos que tiene la isla, es el primero que interceptamos, toca foto de rigor pues.

El camino no se hizo muy largo, la furgona tenía, en la parte de atrás, 2 sillones implantados, que hacían del viaje una gozada, pues se podían reclinar y poder estirar las piernas para sobar. Aprovechando el cojín que nos apalancamos del vuelo de Emirates, nuestros viajes en coche fueron bastante cómodos.

Ya llegamos a nuestro destino; un hotel llamado MAMAS, o al menos eso ponía en la entrada. Un rancio olor a marisco invadía la entrada; 4 rusos devorando 3 enormes bandejas del mismo, y un ‘staff’ sonriente y dándonos la bienvenida. Nos despedimos de Sumith hasta la tarde, ahora tocaba dejar la maleta y disfrutar de la playa, situada justo enfrente del hotel.

Fuertes corrientes en un mar cristalino; esto no es el caldo del Mar Mediterráneo, si no el océano índico…aquí no hay que perder de vista dónde uno nada. Impresionante la fuerza del agua, llevándonos hacia adentro, y teniendo que nadar en diagonal para avanzar, nada de ir de frente luchando contra la corriente, si no uno se agota y puede llevarnos a una situación angustiosa.

Serían las 3 de la tarde y nos echamos una siesta en aquella playa paradisíaca, rodeado de gente que quería vendernos cosas. Ahí ya empezamos a notar el mercadeo y la trama ante el turista. Una vez más, y después de lo vivido en Jordania, me sentía como un ser humano con cabeza de pollo a la vista de los autóctonos. esperando a ser engañado una y otra vez y teniendo que regatear hasta el límite. Nos vendieron desde viajes de buceo y barco con cristal para ver el fondo marino, hasta gafas y aletas para bucear, camisetas, y un largo etc.

Caía la noche y aún no habíamos comido. Aquí fue nuestra primera, y no última, cagada de turista hambriento. Decidimos no movernos del sitio para ir a comer. Nos sentamos y pedimos la carta. La especialidad del restaurante era ‘seafood’ (marisco). En ese momento nos llega a la mente aquella imagen de los rusos devorando varias bandejas de gambas, cangrejos, etc. Al cambio eran unos 20 euros por barba, 40 euros en total. Tampoco era mucho para una mariscada como tal, por lo tanto aceptamos y la ordenamos.

Tras una larga espera, vemos que sólo nos trae una bandeja, no varias como habíamos visto a los rusos. Y es que pecamos de inocentes y de hambre, la cual no te deja pensar a veces. Pensamos que con los 20 euros por cabeza nos traerían lo mismo que a ellos pero, hasta ese momento no supimos que los rusos pagarían 3 veces más lo nuestro por semejante festín. No estuvo del todo mal pero hay que decir que yo creo nos jugamos el tipo, comiendo pescado de un sitio donde la limpieza brilla por su ausencia.

Sumadle la caída del sol, el anochecer, y los mosquitos, que hicieron su aperición, y se unieron a la cena, pero no a la del marisco, si no a la de mi cuerpo, me merendaron vivo. Picaduras del tamaño de balazos. Acabamos prontito y nos fuimos rápidamente a la habitación a ducharnos y ponernos el repelente de mosquitos; no quería que me tocara la lotería con el premio gordo de Malaria. (Nada usual y raro que pase, pero por si acaso).

Tras la ducha y el embadurnamiento de repelente de mosquito, nos dirigimos rumbo a la oficina de Sumith, para concretar los destinos del viaje y el precio del mismo. De camino, nos distraemos con las tiendas que tiene la única calle principal del pueblo. Como productos estrella están los bañadores falsos, a 3 euros la pieza (regateando) y las tiendas de souvenirs surferos (pulseritas, collares, etc…)

Después de una charla con Sumith, sobre el recorrido del viaje, seguimos viendo tiendas, a cada cual más curiosa, y fuimos a cenar. Nos movíamos en tuc-tuc. Antes no lo dije pero, es un vehículo típico de la India y demás países colindantes, bastante majo para moverte en distancias cortas y en sitios calurosos. Nada más sentarnos a cenar y ver los precios, nos vino a la mente el precio que habíamos pagado por la mariscada de la comida. Y es que, en el lugar de la cena, nos hartamos a comer por unos 4 euros por cabeza, ¡en primera línea de playa! Vamos que, con los 40 euros que pagamos por la ‘mariscada’ a los del hotel donde nos hospedamos, les pagamos 4  sueldos de un mes, seguro.

Habíamos oído hablar de fiesta en el pueblo, Javi, antiguo becario PromoMadrid, visitó Sri Lanka antes que nosotros, y nos comentó que habían un par de garitos de marcha. Preguntamos al ‘driver’ del ‘tuc-tuc’ dónde había fiesta, y con una sonrisa de oreja a oreja, asintió con la cabeza mientras decía giiiiiirrrrrlsssss, paaaaaartyyyyyyyyy, y un sinfín de vocablos que apenas podíamos entender. Nos llevó a lo que es una especie de hotel-restaurante con una discoteca al aire libre. Los turistas eramos más que bien recibidos, mientras los locales eran revisados de arriba a abajo en la entrada. 3 porteros nos dieron paso.

Allí se reunían tanto locales, como turistas. El turista suele ser hombre, surfero, que ha venido a probar las olas de Sri Lanka, o está de paso para visitar todo el país y hace como nosotros, quedarse unos días antes de ir a ver templos y demás. Aunque por lo que vieron mis ojos, el perfil era de ‘surfero’, bebiendo y relajándose para amanecer al día siguiente y esperar más olas en el mar. Música techno, buen rollo por norma general y ambiente distendido reinaban el local. Las chicas, curiosamente, todas aquellas rubias de Europa, Australia, y demás, estaban emparejadas con locales. Y es que hay una leyenda que, las inglesas, australianas y demás, cuando van lejos de su casa, amén que pierden el norte  cuando beben (eso lo sabéis muchos de vosotros), se muestran interesadas por el ‘producto local’. Intentaré haceros una descripción del autóctono de Hikkaduwa: chavalitos jóvenes, piel morena tirando a negra como el tizón, estatura media-bajita, fuertecillos, pelo negro largo y ondulado a lo surfero, y bigote. Sí, bigote, no me preguntéis por qué. Los más modernos se tintaban mechas, o directamente, todo el pelo tintado de rubio. Cierto es que es algo exótico… y quién sabe, eso despertaba interés en las turistas.

Total que, se hacía tarde y teníamos que volver al hotel para dormir ya que al día siguiente probaríamos el snorkel, surf, compras, y más playa. Os recuerdo que aquella tarde salimos alegremente del hotel, dejando llave en recepción, pensando que era 24h, como en todo hotel ‘normal’. Pero claro, estamos en otro país, y fallamos al no preguntar. Sorprendidos a la vuelta nos encontramos el hotel ‘cerrado’. Lo entrecomillo porque cerrado para ellos significa apagar las luces y volcar un par de mesas en la entrada para dificultar la entrada xD

Un perro nos dio la bienvenida, pero claro, el no tiene las llaves, y tampoco tendrá idea. Vimos alguna luz de habitación enchufada pero pasábamos de tocar. A esto que venían 3 sombras desde la playa, botellas en mano y hablando de manera calurosa. Eran 3 locales. Les preguntamos por qué está cerrado, si saben algo. Se ríen, preguntan de donde somos, y… ¡sorpresa! Se flipan al saber que somos de España. España y su fútbol, tanto que me quejo de él como adoctrinamiento de masas, pero qué ventaja y buen rollo me está dando por el mundo. ¡No os lo podéis imaginar!

Después de charlar un ratillo, centramos la conversación en cómo poder dormir en nuestra habitación. Uno de ellos dice que sabía dónde vivía la dueña del hotel. Total que Antonio, valiente él, decidió pillar un ‘tuc-tuc’ e irse con uno de los 3, mientras yo me quedé con los otros 2, en medio de la noche, y en la puerta del hotel ,esperando que Antonio trajera alguna buena nueva. El tiempo pasaba lentamente. Tardó un rato en venir, dando la noticia de que a la casa que fue ni le abrieron ni nada. Tras despedirnos del grupillo de los 3 locales, los cuales nos desearon buena suerte, decidimos ir más allá y tocar a una habitación iluminada que había en la planta baja, justo al lado del restaurante. Aporreamos bien fuerte… ¡MILAGRO! sale un chavalín de los que curra en el hotel-restaurante, con la cara echa un cromo. Le comentamos lo sucedido, pero no tiene ni pajolera idea de inglés. Total que con señas y demás, le indicamos que somos inquilinos de la habitación de arriba. Lo conseguimos, evitamos dormir aquella noche en la playa. Creerme que calor hacía, pero mejor dormir tapado y no a merced del clima y de los mosquitos.

Así acabó este largo día, el cual pensábamos que dio mucho de sí. Pero no sabíamos que el día siguiente, aún nos esperaría muuuuuucho más…

…To be continued

Álbum de fotos aquí:

2011-12-02 Sri Lanka – Llegada a Colombo e Ikkaduwa primer dia

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (IV) Visita a la capital, Amán

Y, muy a mi pesar, llegó el último día, de este estupendo viaje, aprovechado al 110% y encima sin gastar días de vacaciones, pues nos fuimos en el típico fin de semana ‘largo’, cuando el día antes o después suele ser vacacional. Momento perfecto para pirarse y visitar algún país cercano.

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Aquella mañana nos levantamos en Wadi Musa con las ideas claras. Después de pelearnos con la ducha de mierda una vez más y despedirnos de la dueña del hotel, no sin antes rallarla un poco más, abandonamos la ciudad. Mis compañeros iban a seguir el viaje por Oriente Medio y proximidades, concretamente a ellos les tocaba Israel, iban a visitar Jerusalén. En mi caso, yo ya me volvía a Dubai, no quería gastar días de vacaciones, debido a que hay que aprovechar lo máximo posible estos días para escaparse en verano (Ramadán, 50 grados y demás). Aunque… si lo llego a saber, me quedo y podría haberme puesto la medallita de visitar Jerusalén, tierra santa y conflictiva a su vez.

Volviendo al hilo, como ellos iban a visitar Jerusalén y yo tenía que volver, tenían que ‘soltarme’ en Amán o alrededores. Amán es la capital de Jordania, la ciudad más poblada del país, con unos 2 millones de habitantes, el centro administrativo y económico del país y una de las ciudades más antiguamente pobladas del mundo. Como buena capital tiene tráfico, pero si le sumamos que andamos por Oriente Medio, creedme que el tráfico se multiplica a niveles de escándalo.

En consecuencia del tráfico y por recomendación de varias personas, volvimos de nuevo al pueblo donde dormimos la primera noche, Manaba, ya que es el pueblo más grande cerca de Amán, donde existe una línea de bus que conecta el pueblo con la capital. Goza de una buena conexión y apenas hay tráfico. Aquí podría hacer un inciso, explayándome acerca de ‘buenas conexiones, poco tráfico y demás cualidades positivas de los países en Oriente Medio’. Aquí lo bueno es equivalente a algo medio kaótico en España. Para que os hagáis una idea, el autobús no tiene paradas fijas, va parando donde ve gente. Total que para no perder horas entrando a Amán, decidimos parar en Manaba para soltarme y que cogiera un bus de línea.

Y es aquí cuando espero entre en juego vuestra imaginación; porque no os podéis imaginar el cuadro de estación de autobuses en el que me encontré. Imaginaos la estación de autobuses más sucia de España, ¿ok? Sumadle más suciedad, y más y más. Ahí ya os vais aproximando a haceros una idea de como era esa estación. Sumadle gente, mucha gente,  la mayoría hombres, todos mirandote, pensando qué coj***s hace un tío con una Samsonite de mano mirando hacia todas partes buscando la manera de llegar a Jordania. Lamentablemente no tengo fotos de ese momento… una pena.

Momentos antes de despedirme de mis compañeros, y tras haber encontrado el bus que te transporta a Amán, les dije a mis compañeros que esperaran un poco, que me estaba haciendo pis y que si podían esperar al lado del bus mientras buscaba un bar. Iluso de mi, no encontré ninguno, y empezaba a ponerme nervioso por si el bus se iba sin mi, y  vete a saber cuándo volvía el otro. Total que ni corto ni perezoso, me metí al portal de una casa donde el tío que habitaba tenía montada una especie de cafetería con una tetera y le pedí por favor si tenía aseo. No disponía de aseo ahí, pero me abrió su casa para ir al suyo. Pasando en medio de su familia y saludando, un ‘guiri’ como yo irrumpiendo por ahí usando su aseo.  He de decir pues, que se cumple la ‘leyenda’, que en esta cultura, son muy amables y serviciales, incluso me ofreció té, pero le di la gracias y le dije que tenía prisa; el bus se me escapaba.

Total que, cuando vuelvo de nuevo, veo a estos con mi maleta pero sin el autobús a sus espaldas. Resultó que el bus se fue; claro, yo pregunté si era el bus destino Amán pero no cuando salía. Por suerte, había salido un minuto antes, y gracias al tráfico, aún seguía cerca. Los ex-becarios regionales me indicaron con el dedo, por dónde iba el autobús y, despidiéndome de ellos, a su vez, empecé a correr para ver si podía pararlo y poder subir. Una despedida fugaz, pero sabía (o esperaba) que iba a verles de nuevo. Ellos se fueron pensando si llegaría o no, porque menudo cuadro. en la situación y en qué sitio más raro me encontraba.

Pegué un chillido al conductor, el autobús paró y tuve que saltar 2 charcos para subir al mismo; 2 charcos que si uno cae ahí y accidentalmente le pega un trago a esa agua, no sale vivo. El autobús siguió su recorrido mientras yo tomaba asiento, le pregunté al ‘autobusero’ cuanto valía, para pagarle, pero me hacía un gesto con la mano, indicando algo como ‘pagar más tarde’.

Pregunté al abuelete sentado atrás mío, el cual el cabroncete se ve que iba acalorado de más y sólo hacía que abrir la ventana de par en par, con 7 grados fuera y haciendo que entrara una ‘brisa’ de lo más fresca, si este bus iba dirección a Amán, me afirmó y ya me quedé tranquilo. Porque un viejo es igual a sabiduría (o eso dicen).

Las primeras experiencias nunca se olvidan, y verte en un terreno completamente diferente, con gente que no habla ningún idioma el cual tú conozcas, hace que la experiencia sea más vital si cabe, y se aproxima a una aventura, por el hecho de ir abriéndote paso ante pequeñas dificultades, véase idioma, entenderse con el que tienes enfrente, que no te timen, y un largo etc.

Desde un pueblo que está a 25 kms de la capital, tardé casi 2 horas en llegar, a la estación de buses norte de Amán. Sufrí el arduo tráfico de la ciudad, agravado aún más por una pequeña manifestación. El objetivo era ver algo de la ciudad antes de coger el vuelo a las 9 de la noche. Me recomendaron visitar las ruinas ciudadela romana de Amán.

Bajé del autobús con hambre y me dirigí a uno de esos característicos puestos de bocadillos y shawarmas, pedí uno y me dirigí a la zona de los taxistas, los cuales ya me echaron el ojo nada más bajar del autobús; llevar una maleta de mano y mirar hacia todos lados, hace que apestes a turista. Les indiqué que quería visitar la ciudadela y entre ellos se pelearon, ofreciendo uno de ellos el mejor precio, mientras los demás se cagaban en él, en su idioma, pero por las miradas, haciendo aspavientos con los brazos y su lenguaje soez se podía intuir lo que le decían al taxista que ofreció el mejor precio. Amablemente, me acercó a las ruinas de la ciudadela romana de Amán y me dio su tarjeta, para que llamara cuando acabara; se ofrecía a llevarme por la ciudad y darme una vuelta turística.

La ciudadela es muy muy bonita, pero como toda ruina, no se conserva en buen estado, si bien te da la impresión de lo que hubo ahí construido una vez. Una pequeña ciudad, con su zona de mercadeo, su palacio, iglesia, baños romanos, etc. Todo bien explicado. Hice unas cuantas fotos, se respiraba un ambiente tranquilo, pues estaba en la parte más alta de la ciudad, sin apenas tráfico, en una especie de loma/montaña. Supongo que tomo toda ciudad antigua, en la parte más alta de la ciudad y amurallada, para que las posibles invasiones fueran más difíciles de producirse o contrarrestarlas.

También entré al museo, donde guardaban muchos objetos extraídos de excavaciones cercanas. Entre ellos, las reliquias de dicho museo aparecieron ante mi; unas estatuas que databan del 6500 A.C (!!!!!), son las primeras esculturas conocidas que han sido creadas por el hombre, y son realmente inquietantes, una de ellas con 2 cabezas. Te quedas mirando a esos ojos y te quedas rallado, qué pensarían o verían para realizar dichas esculturas. ¿Aliens? 😀

Finalicé la visita a toda la ciudadela y me dirigía a llamar al taxista, cuando nada más salir por la puerta, me abordaron unos cuantos de ellos, que estaban por la puerta. Tras escuchar mi petición de bajar a la ciudad y visitar alguna zona turística más, uno de ellos destacó entre todos, soltando el mejor precio e indicándome una ruta turística hasta dejarme en el aeropuerto. Por 25 euros, este hombre me ofrecía bajar al centro y comer juntos el típico plato jordano, visitar la ‘mezquita azul’, visitar el museo de coches del rey de Jordania y llevarme de vuelta al aeropuerto, que estaba a las afueras. Eran las 13:00, el tiempo apremiaba pero su serenidad me asombró, al preguntarle si me iba a dar tiempo a todo eso. El me dijo: ‘por supuesto’. Confié en él y os he decir que me salió bien.

centro pueblo

Tras la típica charla que se suele dar en estos países sobre Barcelona o Real Madrid, nos dirigimos a comer. Él me dijo que me esperaba fuera, yo no me fiaba del todo; lo que hizo fue dejarme las llaves de su taxi mientras comía. Automáticamente me fié de él. Tras zamparme un gran plato de arroz con carne y una especie de salsa de yogurt, nos dirigimos rumbo a la mezquita azul, antes del rezo de la tarde.

Esta mezquita es la más grande de la ciudad, es bonita por fuera y está abierta al público. Iba a ser la primera vez que accedía a una mezquita, expectante me hallaba ante lo que me podía encontrar dentro. Un misterio, revelado momentos después. Tras quitarme los deportivos ,accedí dentro de la mezquita, pisando la gran alfombra que cubría el suelo. Una gran bóveda con una inmensa lámpara colgada sobre mi cabeza, y un espacio abierto a todo musulmán que tiene que rezar, mirando a la meca. En un lado, el puesto donde el Imán (el que reza y guía a los demás) se sitúa y narra párrafos del Corán.

No se por que, había una persona rezando. Desconozco si se puede ir a toda hora que uno quiera; yo supongo que si. Será como cuando te acercas a una iglesia y rezas o te confiesas… o algo así xD

Tras acabar la visitilla y comprar un par de souvenirs en la tienda abajo de la mezquita, le echo un ojo al edificio que tenía enfrente y, mi sorpresa es que me encuentro una cruz más alta que un piso de 5 plantas. Sí, en efecto, era una iglesia cristiana ortodoxa, justo enfrente de una mezquita. Y es que en Jordania, concretamente en Amán, conviven varias religiones, sin conflictos.

Quedaba la última visita por realizar, acercarnos al museo de coches del Rey de Jordania. Esta sección podría ir dedicada a mi querido amigo Antonio, que se encuentra trabajando en Suiza y es un amante de los coches, su pasión. Resulta que tanto el rey como su hijo son unos apasionados al motor, rallyes y demás deportes relacionados con el motor. Y como buenos reyes, disponen de coches, o más bien dicho, cochazos. Pasando desde clásicos, por modelos únicos creados para ellos, coches blindados y acabando por los típicos ferraris, porsches, que si tienes un poco de dinero suelto en el bolsillo, puedes comprar. Mención especial a modelos únicos, como aquel mercedes que os muestro en una foto… en mi vida he visto algo tan exclusivo.

Así, tras finalizar la ruta por este bonito museo, el taxista me esperaba, para llevarme camino al aeropuerto. Íbamos sobrados de tiempo pero, no nos fiábamos del tráfico. Llegué una hora antes de lo previsto, la cual la gasté dando una vuelta por el inmenso duty free, lleno de productos del mar muerto, barros y demás productos de belleza. Cené en un pizza hut (¿he dicho que me sus pizzas me vuelven loco?). Pagué al taxista, me despedí de él, no sin antes aceptar su tarjeta de visita, y me comentó que diera sus datos de contacto a todo aquel que se plantee ir a Jordania; pues hace más servicios turísticos. A mi me cuidó bien, y en este tipo de países, tener a alguien que te haga las cosas bien, sin ‘movidas raras’, es siempre bien recibido.

Porque, aunque haya estado en un país que geográficamente se parece mucho al nuestro, su cultura es completamente diferente… ¿o no? Tras 3 días, y viendo lo que está pasando en España y lo que suele pasar por nuestro país… creo que hemos heredado la picaresca de nuestros amigos los árabes, aquellos que estuvieron en España durante 800 años.

Salió el avión, vuelta a Dubai, a trabajar de nuevo. Trabajar pero sólo 5 días, pues se acercaba el siguiente viaje programado. Sri Lanka: Un paraíso en la tierra.

Enlaces al álbum de fotos de este artículo:

2011-11-27 Jordania – visita a la capital Amman

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (III) Petra, la ciudad eterna

Y nada más entrar por la puerta de mi nuevo hogar, el cual está justo enfrente de la Sheik Zayed Road (la autopista principal de Dubai, que la cruza desde una punta a la otra) andaba buscando el silencio. Silencio que, aún con ventanas de doble cristal y termosellado, enontrarlo es difícil; porque tener una autovía enfrente, con 6 carriles hacia cada sentido, hace que el ruidito de los coches se escuche aunque sea lo más mínimo.

A excepción de la villa, la cual está aislada’ en una zona residencial, y tan sólo el silencio era perturbado por el ruido de ferraris y demás coches potentes chirriando ruedas, o por las fiestas de la villa 1, el silencio sí existía a la hora de dormir. No como en mi nuevo piso, donde cuesta encontrar el silencio. Es más, en ningún punto de Dubai he encontrado el silencio absoluto, como gran ciudad que es y debido al gran ajetreo diario que contiene.

Hago todo este análisis porque, viajando por estos lares, he descubierto el silencio. El silencio es aquello que aparece cuando no hay ruido, cuando no hay nada. El silencio se siente y se puede contemplar, y va acompañado, normalmente de paisajes naturales, no explotados por el hombre, donde el aleteo de un pájaro o una leve pisada se puede escuchar (lo del aleteo de un pájaro ha quedado guay, eh?). Pude contemplar y sentir el silencio en Petra, la ciudad eterna, sólo corrompida por los turistas, pero aún hay sitios donde pocos llegan y, depende de la hora, puedes estar solo, contemplando la inmensidad y sintiendo el silencio.

Wadi Musa es la ciudad más cercana a Petra. Una pequeña ciudad, que podríamos llamarlo pueblo, donde encontrarás de todo un poco, excepto mujeres (tónica general en Jordania). Me impactó el hecho bastante; de cómo ver a todos aquellos hombres reunidos, comiendo en la calle, fumando shisha, charlando, pasando el tiempo… y ninguna mujer en la calle. Cuando digo ninguna es NINGUNA. Todo esto a partir de media tarde. Supongo que en esa zona se lleva a ‘rajatabla’ la cultura árabe, y ellas apenas salen de su casa; o no se qué estarán haciendo pero os digo de verdad que no vimos ni una mujer por la calle. Las únicas, alguna que otra turista alojada por el mismo motivo que nosotros.

En esta ciudad, como de costumbre, podrás comer los mejores shawarmas y platos típicos de la zona. A mi me pierden, o sea, me vuelven loco estos platos, hechos a la leña y brasas, con un sabor excelente y, ese toque picante del chili y demás especias. Joder, tan sólo de recordarlo, me ruge el estómago.

Aquella mañana nos despertamos con unos ‘agradables’ 3 grados centígrados; acostumbrados al calor de Dubai, fue un poco chocante, encontrarse de repente en pleno clima montañoso invernal. Suerte que me compré la Columbia, tirada de precio en el Dubai Mall. Gente, si venís aquí no dudéis en preguntar por ropa de nieve, que está a un muy buen precio.

Javi y yo fuimos a buscar comida para aquel día; nos pedimos unos shawarma y fuimos a por algo de fruta al mercado. De sobra sabíamos que los locales iban a vendernos la fruta al precio que ellos quisieran; es la risa, sabes que te van a tangar y esperas con la mente preparada, para realizar la conversión a euros. Es toda una aventura. Nos entró la risa cuando vimos que el tío se pensaba el precio, después de haber pesado las manzanas y demás frutas; pensaba “a ver cuánto les meto a estos…”

Una vez tangados, nos dirigimos rumbo a Petra, con nuestro flamante coche de alquiler donde, por suerte, mis compañeros de viaje dejaban que me sentara en la plaza delantera ya que mis largas piernas, seguro no cabrían en aquel zulito de la parte de atrás; menos mal que los becarios regionales encajaban en el coche a la perfección y aparte se sobaban instanáneamente, sobretodo Juan Carlos, que ya me comentaron su facilidad para dormirse.

Entrar a Petra cuesta la friolera de 50 ‘jordan’, uno de los varios nombres que le puedes dar a la moneda local. Traducido en euros, aproximadamente unos 55-60, depende de cómo esté el cambio. La entrada sólo incluye visita al recinto, pudiendo acceder a cualquier zona que tus piernas aguanten, ya que abre desde muy muy temprano hasta las 5 de la tarde. Puedes quedarte por la noche, creo, pero espero que tengas mapa, luz, brújula y una buena orientación porque… es una ciudad en medio de montañas.

Una gran ciudad, una megápoli, que data del año 1500 antes de cristo, o sea, ¡¡¡super antigua!!! Y aún así, sus fachadas se conservan decentemente. Os voy a decir la verdad, se me ha olvidado gran parte de lo que leí en los paneles informativos de ciertas ruinas… no os voy a poder contar mucho de la historia de la ciudad. Gracias a Jesús (ex-becario Cámara Madrid), sabíamos de que iba el rollo de Petra, ya que él sabe historia, y es algo así como que en su día, unos nómadas decidieron asentarse en la zona y dicha zona fue creciendo, incluso se convirtió en uno de los centros más importantes de mercadeo del mundo, por aquel entonces. Esto, me lo creo, porque la ciudad es IMPRESIONANTEMENTE GRANDE, para el tiempo del que data.

Para visitarla toda, un turista normal necesita 2 días, y los becarios sólo 1. Aquella mañana, ibamos dopadísimos, con ganas de ver todo; nos marcamos 2 subidas, las más largas y gastamos toooodo el día, desde primera hora de la mañana hasta que cayó el sol, recorriendo la ciudad de un lado a otro.

Comentaros también que esas grandes fachadas que se ven talladas en las faldas de las montañas que rodean Petra, son monasterios y tumbas de antiguos Reyes. Algunos sabréis seguro más que yo y, en las antiguas culturas, cuando alguien importante moría, se le construía una tumba impresionante; véase los egipcios y otras antiguas civilizaciones.

Para el tiempo que ha pasado, la ciudad está bien conservada. Si bien el turista puede hacer más daño de lo normal porque, como es normal, por esta zona no todo está bien controlado y, espero la gente no le salga el mal y se lleve algún mosaico o pinte un corazón con las iniciales de su novia y él en alguna de las paredes o columnas, casi todas accesibles.

La arquitectura es impresionante, todo está hecho a lo grande, y te paras a pensar en los años que tiene esta ciudad, y no dejas de sorprenderte. Puedes contemplar la magnitud de Petra desde un par de puntos altos de la zona, subiendo las faldas de las montañas que la rodean. Los habitantes locales ofrecen burros para subir, por si no quieres sudar. Has de regatear, como es de costumbre, para conseguir un buen precio. Al turista también le envuelven unos cuantos mercaderes, tratando de recrear el pasado pero, con miles de souvenirs. miles o millones.

De los mejores momentos, fue cuando un abuelete quiso venderme una moneda DE LA EPOCA ROMANA, OJO… por 2 euros!!! O sea, una moneda HISTORICA, por 2 euros!! Yo reía por dentro de mi, mientras miraba su rostro castigado por los años y el sol, y él esperaba, sonriéndome y mostrando su negra dentadura, un ‘OK..OK’ por mi parte, para cerrar el trato. Me fui pensando que gracias a vivir aquí, ya no me engañarán tanto, porque cada día que pasas por Oriente Medio y Asia, el regateo puede surgir. Este viejete causó un pequeño hondo en mi pensamiento, e hizo que casi intentara pegar el palo de una moneda romana DE VERDAD, en un museo de ruinas romanas en Jordania. Casi imposible pero se me pasó por la cabeza xD

Aquel día echamos cientos de fotos. Sorprendidos por la magnitud y la inmensidad de aquel entorno, medio transportados al pasado, observando lo que en su día fue algo grande, enorme. Unas vistas excelentes, una relajación tanto visual como mental impresionante. En las zonas altas, un silencio casi total, en la inmensidad, sólo quebrantado a veces por algunos turistas voceando (entre ellos nosotros de vez en cuando). A nuestro lado, niños locales intentando vendernos cositas, el mercadeo que les inculcan de pequeños, de lo que van a vivir durante el resto de sus días.

Porque imagino, que de ahí no será fácil salir; apenas tienen recursos para estudiar o aprender y seguirán la estela del turista; porque seguro de que entre todos los que éramos, siempre compra alguien, o cae en la trampa .Mención especial a los japoneses, los turistas más confiados y ‘tontos’ habidos y por haber, ¿por qué creéis que van siempre todos juntos y en autobus? Aún así les destripan, jojojojjjojo.

Volviendo al hilo principal, Petra ya nos mostraba su despedida, con la puesta de sol. Tuvimos que hacer la última subida a un monasterio importante, situado también en una zona muy alta, a una velocidad de vértigo. Todos los turistas estaban bajando, mientras nosotros, los españolitos, subíamos a un ritmo desenfrenado para ver todo Petra en un día. Puede que nos quedara algo por visitar pero… seguro ni sale en la guía. Con esta última subida y, por lo tanto, bajada, fuimos de los últimos turistas en abandonar la ciudad. Ya casi de noche, nos dirigimos al hotel para morir y resucitar al día siguiente, no sin antes ducharnos y dar una pequeña vuelta por la ciudad, fumar shisha de nuevo (bueno, vale, sí… estaba enganchado porque eran vacaciones y sólo la pedí yo), y descansar porque, al día siguiente, tocaba seguir. Para ellos, rumbo a Israel, para mi, rumbo a Amán, la capital de Jordania, a visitar los puntos de interes de la ciudad y volver a casa, ya que el largo fin de semana llegaba a su fin.

Mención especial a:

– La mujer que regentaba el hotel, que aguantó la pesadez de mis preguntas y ralladas varias, acerca de la ciudad, Petra, y cualquier otra tontería que se me ocurría.. bastante tenía la pobre con enchufar de nuevo el automático (que saltaba aleatoriamente cuando habían picos de consumo de electricidad y todos nos quedábamos a oscuras en el hotel) como para encima aguantarme.

– Al novio, rollo, marido, o lo que fuera, de la mujer que regentaba el hotel. Un ‘local’ con kandora y RASTAS… sí sí… RASTAS. No te lo pierdas, un TRANSGRESOR, un MODERNO en el mundo árabe. Gracias a él, el charcoal estaba siempre al rojo vivo (aquello que se usa para calentar la shisha y que el tabaco prenda, nombre que se la da a las brasas) y esperaba pacientemente a que nos fueramos a dormir para… 😀

– Al guiri del hotel que compartía espacio con nosotros en una sobremesa mientras los becarios tomaban unos copazos de Gin Tonic que, tras una media hora sufriendo y llorando por dentro, no pudo contenerse más y nos pidió un vasito. Inglés sin su dosis de alcohol, no es inglés. Gracias a la copa y la shisha que nos estábamos fumando, recibí la sabia teoría, que según él y sus fuentes (un estudio realizado por científicos pakistaníes), corrobora que la shisha es menos perjudicial que el tabaco.

– Al frutero del mercado y, en general, a todos los cabroncetes de los que viven por Wadi Musa que, aleatoriamente, te sueltan el precio que les da la gana cuando vas a comprar, y regatear es jodidamente duro, porque los guiris van ‘con el taco por delante’…  o sea, saben que si no tú no compras, otros comprarán.

– A los compañeros de viaje, una vez más, excelentes compañeros. Nos reímos bastante, hablamos de todo, de la vida, de lo bueno, de lo no tan bueno… Una pena se hayan ido, empezábamos a hacer buenas migas.

– A los antepasados de Petra por dejar una ciudad tan bonita para el turisteo.

– A los niños y niñas de Petra, aquellos que apenas alcanzaban los 10 años de edad y ya querían vendernos algo. Algunas niñas, guapísimas ellas, cuyo destino ya sabíamos, que no iban a tener oportunidad de ser independientes, ni parecerse de lejos a la mujer occidental.

– Al silencio, aquel que reina allá donde no hay vida moderna y te transporta al pasado, a la meditación, a la relajación y a la contemplación de tu entorno, tal y como es, sin factores externos de ruido, música, o lo que sea.

Enlaces de álbumes con todas las fotos

2011-11-26 Jordania – Petra
2011-11-26 Jordania – Petra fotos de Javipromo

Hasta pronto.

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (II) Mar muerto

Aquella primera noche en Manaba, un pueblecito cerca de Amman, la capital de Jordania, nos iba a hacer recordar lo que era dormir con manta. En este país el invierno existe como tal, y la mínima posiblemente estaría a unos 6-8 grados centígrados. Dormimos bajo el peso de unas mantas, ya tocaba recordar qué era el invierno, no sea que se nos fuera a olvidar.

Tocaba madrugar, aquella mañana pondríamos rumbo a Wadi Musa, la ciudad situada justo al lado de Petra, una de las varias maravillas del mundo (varias porque no sé cuántas hay), no sin antes pasar por el Mar Muerto. Es más, aquel día nuestro principal destino era el Mar Muerto y darse un baño en el mismo; decían, que podías sentirte como un corcho flotante. Habría que ‘verlo para creerlo’.

Sinceramente y con el frío que hacía al amanecer, no me cabía en la cabeza cómo es posible que hubiera leído comentarios por foros y páginas web relatando que la gente se baña en noviembre, diciembre, incluso todos los meses del año. Dentro de poco lo descubriría.

Tras un fuerte desayuno pusimos rumbo en nuestro preciado coche, y lo que nos costó conseguirlo (tiempo sobretodo). Resulta que la gente por estos países es muy ‘pilla’, muy lista, siempre quieren ‘hacerte la púa’, clavártela, y un largo etc. de sinónimos de engañar, o ver si cuela. Y es que el cabroncete del rent a car nos dio un coche el cual no funcionaba el mechero del coche, y si no funciona el mechero del coche, no funciona el cargador del GPS; y sin GPS en Jordania, estás jodido. Tuvimos que decirle como unas 4 veces que no funcionaba; nos cambió el GPS pero insistimos en que no era el GPS, si no el puto conector de mechero! Y el tío se iba, venía, desaparecía, pensábamos que se estaba escaqueando,hasta que pasadas 1 hora, apareció con otro coche, con llantas!!!!!!!!!!! Y funcionaba el mechero!

El hecho de ir a un país en desarrollo sin GPS es catalogado como ‘aventura total’. Las carreteras son pésimas, apenas hay señales y, las que hay, están escritas muchas de ellas en idioma local. Este país seguía esa tónica. Si no hubiéramos tenido GPS, nos hubiera costado HORAS encontrar Manaba; desde la mismísima salida del aeropuerto ya tenías que hacer la típica elección de ¿izquierda o derecha?. Sin GPS es como jugar a la lotería. No quisimos apostar, no sea que se nos llevara la mala suerte.

Tuvimos que subir un pequeño puerto de montaña para después ir descendiendo. ¿Por qué? Os preguntaréis. Pues por una sencilla razón: el Mar Muerto está situado a -400 metros sobre el nivel del mar.  Está por debajo del nivel del mar! Es el punto más bajo de la tierra donde el hombre se puede acercar con total normalidad (si catalogamos ‘normalidad’ el estar en esa zona, jeje). El puerto, montaña árida, sin vegetación, y conforme bajabas, ya ibas viendo a lo lejos el paisaje verde de árboles como olivos, y palmeras… Sí, palmeras… las mismas que en Elche… las que plantaron nuestros amigos árabes, hace cientos de años.

En lo alto del ‘puerto de montaña’, nos esperaba el primer control militar del viaje. Militares del ejército que habían montado un ‘puesto de vigilancia’ con su Hummer H1 equipado con metralleta y un soldado preparado para disparar si era necesario xD, y cientos de moscas pegadas a la chapa del vehículo (sin sentido ninguno). nos hicieron el típico chequeo de pasaportes y nos dejaron pasar. La nota curiosa del momento fue que uno de los que estaban allí,  no sabemos si militar o ciudadano, nos preguntó de donde era y al decirle ‘España’, esbozó una gran sonrisa y empezó a hablar español pero… con acento mexicano!!!!!!! USTEDES SOOOOOON ESPAÑOOOOOOOOLESSSSSSSSSSS …. QUE BUEEEEENO…!! ajjajajjajaj!! No había visto una mecla tan intercultural como un militar jordano con pinta de árabe 100% hablar español con acento mexicano! Momento bastante bizarro porque a su vez los otros militares nos presionaban para que nos fuéramos de ahí. No pudimos sacar fotos; si llega a saltar el flash nos tiran una ráfaga xD

Tras un rato conduciendo, por fin vemos algo. Un charco de proporciones descomunales, un lago gigante, no, un mar. El Mar Muerto. Nosotros, en territorio jordano, enfrente, Israel, en medio, un mar con la mayor concentración de sal en agua del mundo. La carretera llega hasta el mar y después continúa por su costado, acercándose o alejandose, dependiendo del desnivel y la zona por la que pasamos; vemos algunos resorts que ofrecen entrada con restaurante, y zona apta para entrar al mar muerto y bañarse. Supongo que ofrecerían duchas, porque también había otras zonas las cuales no tenían nada; zonas las cuales llegabas a la orilla (orilla de sal, nada de arena, qué os pensabais) aparcando el coche unos metros antes de la misma para darte un bañito.

Bajo la ventana y saco la mano, sorprendentemente el aire es más cálido, se nota que estamos a -400 metros debajo del nivel del mar (por cada 100 metros arriba o abajo, la temperatura sube/baja 0,7ºC) Al final iba a ser verdad eso que te podías bañar en cualquier época del año.

Nos detuvimos en algún sitio que otro, estábamos bastante emocionados buscando un lugar para bañarse sin tener que pagar por un resort y hacer ‘lo mismo’ que hacen todos los turistas; a saber cuánto te cobran en esos sitios, a nosotros nos gusta la aventurilla. Después de distraernos un rato en unas ruinas romanas, custodiadas por un viejo de unos 148 años (o más), decidimos seguir hacia delante y cuando viéramos alguna zona amplia, parar con el coche para descender.

Dicho y hecho, tras un ratito conduciendo, llegamos a una zona óptima; a lo lejos vemos un coche que ha podido acercarse lo suficiente a la orilla como para no tener que pegarte un pateo largo ni bajar el desnivel montañoso de la zona, el cual varía bastante. El calor apretaba, era casi mediodía, nos cambiamos a ropa de baño; esto no se hace todos los días, ¡había que bañarse en el Mar Muerto!

Y el día acompañó, yo creo que ‘ahí abajo’, llegamos a unos 20 grados, o más! Sumadle el sol, que caía con fuerza sobre nuestras cabezas… el día era agradable y perfecto para flotar.

Las primeras sensaciones fueron raras; empezando por el entorno; imaginaos todo petrificado y salado, la tierra/orilla que rodea el mar es marrón oscuro y conforme te acercas a la orilla se vuelve blanca para dar paso a una orilla de sal. Lo que fuera la arena, es sustituida por miles de bolitas de diferentes tamaños de sal, y una vez ya empiezas a meterte en el agua, la superficie y el fondo del mar es de sal. Sí, sal, ¡tooodo sal! verlo para creerlo!

El agua tiene un toque ‘aceitoso’, cuando sales de la misma, y te secas, es como quitarse una pequeña capa de aceite; aún así, la sal se queda pegada en tu cuerpo, y verás su efecto a la media hora, tras ‘secarte’, tu piel se convierte en blanca, no por nada, sino por toda la sal que se te ha quedado pegada después del bañito. Nadie se sale de rositas de un baño en el mar muerto.

A todos nosotros nos picaba alguna parte del cuerpo, y es que esa agua cura, cicatriza, o no se qué coño hace, y tampoco sé si es sano o no bañarse ahí, pero la gente lo hace y nadie se ha muerto (jojojjoojoj). Lo único que leímos es que no recomiendan meter la cabeza, y otros lo PROHÍBEN; si se te mete agua en el ojo, te quedas sin ver un largo rato, y más te vale que tengas agua a mano para aclarártelo. Y, cuenta  la leyenda, que si te metes un trago de esa agua, mueres, tal cual. Esto es una broma exagerada pero, adornemos el blog de ‘legendas’, que me gusta.

Son momentos que no se olvidan, el probar cosas nuevas y raras. De ver cómo una persona flota cual tabla de madera o corcho en el agua, y si intenta hundirse no puede; puedes quedarte de pie, tal cual, en medio del agua, sin tocar el fondo, que no te hundes. Puedes ponerte en posición ‘paracaidista’, que tampoco te vas a hundir. Es increíble, pero cierto, las leyes de la física están ahí y las puedes sentir; ¡¡¡flotas!!!

Tras “secarnos”, la sal iba apareciendo por nuestro cuerpo. Rumbo a Wadi Musa, soñábamos con encontrar algún sitio con ducha… si, ya lo digo yo. Ilusos. xDDD el GPS nos guió montaña arriba, pues Wadi Musa está a unos 1100 metros de altura aproximadamente, y conforme abandonábamos el mar muerto y alrededores, el frío comenzó a hacer presencia.

Paramos en lo alto de una montaña, para deleitarnos con las vistas, pero sobretodo me quedé sorprendido del silencio. El silencio sepulcral de aquel entorno, ni un ruido, el vacío, la nada. Sólo nuestros pasos, voces, o algún coche que pasaba, nada más. Era un sitio con ruido CERO. No puedo expresar con palabras lo que es, tenéis que sentirlo. Cuando chillabas, el eco hacía acto de presencia.

Era día santo, apenas habían cosas abiertas; ese día se lo toman bastante a pecho en las zonas rurales y pueblecitos, y teníamos un hambre del copón. Por suerte un viejo nos indicó la dirección de un ‘bar/restaurante’, abierto al aire libre sin calefacción y con un frío que te cagas, donde preparaban un Shawarma casi tan bueno como el del primer día… qué leches, estaba igual de bueno, o más! Aquí en Jordania el shawarma es increíblemente delicioso. Hecho a la brasa, es auténtico. Como de costumbre, no habían cubiertos.

Antonio, resfriado, pero como si no le pasara nada, seguía conduciendo sin problema ninguno, con esa tranquilidad que le caracteriza. Yo hacia de copiloto, indicando absurdamente los kilómetros que faltaban para llegar a nuestro destino; qué complicado es decir cada 5 minutos (faltan X kilómetros para girar a la derecha), en una ruta de unos 50 kms o más. JJAJJJAJ, más bien lo hacía para que no se durmiera… ¡por si acaso!

Llegados a Wadi Musa, encontramos el hotel, muy acogedor pero a la vez cutre de la ostia. El suelo de moqueta con pelos de 5 centímetros de largo.  Las camas, más duras que el cemento armado. Y para el aseo, podría hacer un artículo propio, porque en mi vida había visto un aseo tan jodidamente mal hecho. Resulta que el grifo estaría a unos 50 centímetros de altura sobre el lavabo, y cuando te lavabas las manos, parecía que las ponías bajo una cascada y salpicaba todo. Sumadle que, las dimensiones del lavabo eran más pequeñas que una caja de zapatos de la talla 36, así que cuando te lavabas los dientes e ibas a enjuagarte, ponías la boca bajo el hilo de agua y … tachaaaaaannn, el agua salía toooooooda fuera!!!!! jajajaajj el aseo parecía un lago! de la cantidad de agua que había por el suelo!. La ducha… no tenía término medio. O te quemabas o te congelabas; Javi se puso malo al INSTANTE, conforme acabó de ducharse!

Esa noche salimos, para ver un poco el pueblo y cenar, tenía hambre de shawarma, de nuevo. Y es que muchos locales están con las brasas en la calle y joder… uno no puede resistirse ante semejante olor de carne a la brasa!!! Es más, estoy escribiendo esto y me está entrando un hambre tan sólo de recordarlo… madre mía!!

Acabamos de cenar y nos fuimos a un bar de shisha; típico bareto de pueblo, pero sin alcohol. Té, shisha, jordanos jugando a las cartas y nosotros, fumando shisha auténtica. Aquella noche me encontré un guiri que me explicó el por qué la shisha es menos perjudicial que el tabaco (cosa que mis compis de viaje me decían que NO, pero yo creo al guiri borracho del hotel que me comió la bola); este tema lo explayaré más adelante.

Tocaba dormir ya… Fue un largo día y al día siguiente nos esperaba un buen palizón: Petra, la ciudad eterna. Y el objetivo: verla en un solo día. Como de costumbre os dejo enlace a los álbumes tanto mío como de Javi, él tiene una cámara mejor, así que salen más bonitas las fotos jejjejejejje. Un saludo a todos/as!.

 

2011-11-25 Jordania Javipromo Mar Muerto
2011-11-25 Jordania – Mar Muerto
2011-11-25 Jordania – Primera noche Wadi Musa

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (I)

Si pudiera resumir en una sola frase las sensaciones de Jordania, elegiría la que he puesto como título. Porque desde el primer momento en el que pisas Jordania, su tierra, su color, su vegetación es muy, muy similar a varias regiones de nuestro país. Y bueno, hoy día estamos bastante distantes a la hora de comprar nuestras costumbres con las de sus habitantes, sobretodo por el tema en relación a la mujer pero, se nota que nos conquistaron hace muchísimos años y aún conservamos costumbres suyas, como la de ‘arrejuntarse’ para charlar/beber/comer/reír/hacerloquesea.

A veces nos encontramos zonas muy similares a las de Alicante, murcia y similares, por su tierra seca pero con árboles como olivos, limoneros, naranjos, y algunos más. Cuando nos adentramos en montaña arriba, estos parajes me recuerdan en parte a los pueblecitos situados en la parte baja de Sierra Nevada. También tiene una zona desértica, la cual es cruzada por la única autopista existente en el país (y vaya autopista… lo comentaré más adelante xD). También tiene algo de verde, pero no tanto como nuestro norte de España. En resumidas cuentas, esto es muy similar a nuestro país, geográficamente hablando.

Este iba a ser el primer gran viaje de la beca, un desplazamiento a otro país para hacer turismo y ver qué se cuece por ambientes diferentes al de mi país de origen y a su ve de donde vivo actualmente. Y es que en Jordania, no tenía tan claro que íbamos a adentrar tanto en su cultura. Si bien, creo que ahora mismo, un dato vale más que mil palabras: en 3 días que estuve merodeando por allí no vi mujeres. Las únicas y pocas, o tapadas o turistas.

Para realizar este viaje, me uní a mis compañeros de la oficina, los ‘regionales’. Becarios no del ICEX pero que trabajan en oficinas ICEX. Estos han sido elegidos por organismos regionales de ayuda a la empresa española, pero de la región de donde proceden, a la exportación y búsqueda de negocio en el extranjero, como Camara de Madrid, PromoMadrid, IPEX, IVEX, Cámara de Galicia, y un largo etc. Me fui con Javi, Juan Carlos, Jesús y Antonio. Compañeros que se piran en breve, pues ya han pasado un año (todos excepto Antonio, medio año por problemas de su organismo regional) y toca volver a casa… aunque con algo se andan entre manos y puede que los vea pronto; un profesional que conozca el mercado extranjero y más si es en zona emergente como oriente medio, es plato muy jugoso para el empresario español que quiere exportar. En ocasiones se los rifan (a los becarios).

El destino ya estaba elegido y, casualidades de la vida, tenía que salir ese fin de semana para renovar mi visado de turista, pues aún no disponía del visado definitivo (ni aún lo tengo xD). Además, ese fin de semana era un ‘fin de semana largo’; se juntaba con un festivo, en este caso el del nuevo año islámico, haciendo  que tuviéramos 3 días para disfrutar. Todo se juntó con una buena combinación de horarios de vuelo y pude pasar 3 días junto con los becarios regionales; después de estos 3 días, yo volví a mi actual casa mientras que ellos continuaron su viaje por Israel y después el Líbano.

Y así, tal cual, con la maleta preparada esa misma mañana, nos fuimos a las 18:40 del jueves 24 de noviembre, después de acabar en la oficina  soltando una maravillosa ‘bomba de humo’ xDD; desaparecimos 15 minutos antes de lo previsto. Destino, aeropuerto de Aman, capital de Jordania. Objetivo: alquilar coche y hacer la primera noche en Manaba, ciudad a las afueras de la caótica capital, colapsada diariamente por el intenso tráfico, como es costumbre en estos países. Damos gracias a Augusto, ex-becario y ahora expatriado español currando en Dubai, que nos aconsejó ir a ese pueblecito.

Y menos mal que el coche que alquilamos venía con GPS, y que los becarios regionales, tras un año viajando por el oriente medio, se las sepan casi todas y que si intentas moverte en coche por estos países ‘la llevas clara’; ¡como que apenas habían señales de tráfico y la mitad en árabe! Aún así tuvimos un pequeño amago de perdernos pero llegamos a destino marcado para esa noche.

Mánaba es un pequeño pueblecito cuya gente, deduzco, se dedicará en gran parte a la agricultura y ganadería. Llegamos un jueves noche, que es el inicio del fin de semana. (sería como un viernes en España; por lo tanto podemos nombrar los jueves del mundo árabe como Juernes Reales, no como los de España, que llamáis Juernes xq salís de fiesta pero al día siguiente tenéis que currar, pringaos xD) La actividad nocturna se restringía a gente de mediana edad o jóvenes, todos con chaqueta de cuero, en grupitos por la calle mirando hacia un lado, hacia otro, fumando, comiendo y poco más.

Comentar que logramos llegar al pueblo pero no encontrábamos el hotel ni por casualidad así que, bajé la ventanilla del coche y pregunté a un paisano  que andaba con su hijo pequeño. Ya supuse que, tenía que lidiar con él entre señas e ‘inglés a lo indio’. Conseguimos entendernos, nos dijo un ‘GUAIT CHU MINUTS’. Los comentarios graciosos durante esos 2 minutos fueron varios, hablábamos entre nosotros que tal vez vendría con ‘sus colegas’ para ‘pegarnos el palo’, otros ya pensábamos que iba a llamar a sus primos del pueblo para avisar que los turistas pringaos, los blanquitos, han aterrizado y serán presa fácil para timarles, y un largo etc. de comentarios irónicos, haciendo pasar más ameno el momento extraño parados en una rotonda rodeado de gente ajena mirándonos fijamente. Éramos los forasteros.

Para sorpresa nuestra, los 2 minutos que pidió el hombre resultaron que tenía que cambiarse de ropa y nos guió hasta el hotel. Conseguimos llegar no sin antes haber dado 4 ó 5 vueltas por la ciudad y creyendo una vez más que nos iba a llevar a un sitio sin salida para que sus primos y él nos contaran un cuento xDD (ironía al poder).

Los regionales me comentaron que en estos países la gente te ayuda mucho… pero tanto tú como el que te ayuda sabéis de sobra que hay que pagar propina. Así que me dispuse a pagarle algo pero éste rechazó enérgicamente el dinero. Se lo di a su hijo pequeño y también nos dijo que NO. Vamos, lo que aparentaba ser un tío chungo que nos iba a marear o hacer vete a saber qué, resultó ser una persona que nos ayudó sin pedir nada a cambio. Al final, va a ser  verdad lo de que en esta cultura, son muy hospitalarios y te ayudan a muchas cosas. Aparte remarcar que estas ciudades son seguras; y no se por qué, pero yo creo que las leyes son tan estrictas aquí que, si haces algo, te jodes bien jodido, y por eso nadie hace nada.

Inmediatamente nos acomodamos en el hotel, repartidos en 2 habitaciones, una de 3 y una de 2; esa misma noche iba a saber que roncaba fuertemente, mis compañeros me lo dijeron.. qué raro, y eso que hace 2 años que ya no fumo! Espero sea por las almohadas de mierda que hay en hoteles… o porque ronco ya que puede venir de herencia jejejeje.

El hotel era muy baratito, para ser los 4, y estaba decente, bastante decente para el precio. Tras dejar los bártulos, nos fuimos en búsqueda de comida, cena en este caso. Nos guiábamos por las luces y el olor de comida y humo; cuanto más luces más céntrica es la calle y si hueles a brasas es que se está cocinando carne para un shawarma…

Aquí no te la puedes jugar con la comida; debe estar bien cocinada, para eliminar todo posible bicho viviente. La verdura… pues damos por hecho que está bien lavada, mejor no pensar y digerir directamente. Pero aquí se suele cocinar todo bastante, al fuego o a la brasa y qué decir que está riquísimo. Joder, y los que me conocéis sabéis cómo disfruto comiendo y esta opinión es meramente subjetiva pero, ¡TODO ESTA RIQUISIMO! Los shawarmas y platos típicos de aquí, junto con el pan especial que parece una torta gigante… genial y sabroso!

Tras disfrutar de este genial plato, charlar un rato y ser atacados de vuelta al hotel por unos gatos que vivían en el contenedor por el cual pasamos demasiado cerca, nos disponíamos a descansar para, a la mañana siguiente, levantarnos muy temprano e ir en búsqueda del mar muerto. A continuación, álbum de fotos y, muy pronto, segundo capítulo. Un saludo a todos!

2011-11-24 Jordania – Manaba primera noche

Dubai, another world: Travesía a nado en Burj-al-Arab

Mi primera travesía oficial, ¡¡¡¡y vaya sitio para estrenarse!!!!

Días antes de la travesía, mientras hablaba con alguien acerca de la natación, me comentó que cada año suelen realizar una travesía al hotel más lujoso del mundo (7 estrellas, de buen rollo). Sin ir más lejos, lo retuve en mi memoria pensando en buscarlo, dios sabe cuando, sobre google.

Y a los pocos días me da por ‘googlearlo’, y para mi asombro, ¡el acontecimiento iba a tener lugar a la semana siguiente! Asombrado por la proximidad del especial evento, empecé a buscar más información sobre cómo apuntarme y demás.

Resulta que cada año, ‘medicines sans frontiers’ (médicos sin fronteras), ONG, realiza este acto benéfico con el fin de recaudar dinero destinado a actos de solidaridad varios. Y vaya si recaudan, con una participación de 275 AED (55 euros aprox.), una cantidad de más de 650 participantes y gent que dona más dinero del que cuesta la participación, recaudaron (si no me falla la memoria) más de 200.000 AED, que son más de 40.000 euros.

11 de noviembre del 2011, día especial por eso de las 11:11 del 11 del 11 del 2011. Tampoco lo veo tan especial porque el año es 2011, no es el 1111; eso SI sería especial. Para mi este día fue especial, pues me estrené oficilamente en una travesía, y vaya sitio para estrenarse, en Dubai, rodeando el hotel más lujoso del mundo. Con un recorrido de 800 metros, más menos depende de si te acercaras mucho al hotel o no, es tarea fácil para todo el mundo y tarea que da risa a los profesionales.

Me lo tomé tranquilamente, quería disfrutar del momento, nadando relajadamente viendo, con cada respiración hacia la derecha y a la ve que sacas la cabeza, el hotel sobre mi cabeza. Una mañana no muy calmada, venían olas grandes, sin corriente pero habían olas grandecitas que te hacían subir y bajar más de lo normal. Aún así no hubo riesgo ninguno para todos, amén que estábamos vigilados por 10492304923 de socorristas en barco, en canoa, desde el hotel, desde la orilla, etc.

Creo que nadar es uno de los deportes más completos que existen aparte de seguro. Primero, ejercitas toda la musculatura, desde la punta de los dedos hasta la punta de los pies. Acto seguido es un deporte aeróbico que requiere de capacidad pulmonar, la cual vas obteniendo conforme nadas más y más. Y por último, aunque hay más beneficios, destaco la ausencia de impacto entre articulaciones, como cuando corres, vas en bici, vas al gym o cualquier otro deporte. Vale que algunos me han comentado que de tanto nadar se ‘desgastan’ (no me sale ahora mismo la palabra técnica, vaya) la zona de los hombros, etc. Pero es que, todo en exceso es malo, hasta el deporte! XD

Volviendo a la travesía; gente joven, gente no tan joven, madres, niños, de todas las nacionalidades del mundo, algunos deportistas de alto rendimiento (sí, como el que ganó la carrera de individual hombre, marcándose 800 m. en 7 min. 42 seg., ¿rápido verdad? xD), etc. todos juntos por una misma causa, pasarlo bien durante esa mañana disfrutando del deporte, del entorno y del buen ambiente que se podía respirar. Y es que aunque el madrugue fue importante, (la gente de travesía conoce bien que hay que levantarse muy pronto) no habían caras largas, sino todo lo contrario. Gente sonriendo y feliz.

Porque el deporte es vida; y tu vida será más saludable si al menos lo practicas con regularidad, 3 veces por semana 1h al día (por ejemplo). Os recuerdo que cada día que pasa, nuestros trabajos son más y más sedentarios, y nuestro cuerpo está preparado para tener ‘acción’, no para postrarlo delante de un ordenador más de 8h al día y consiguiendo que poco a poco no valgamos para nada. Aparte, ¿ qué mejor que encontrar un deporte que te gusta ? ¡Un deporte que te gusta y aún te pone en forma!

A continuación os dejo con el enlace al álbum donde almaceno todas las fotos del evento. Un abrazo a todos!

2011-11-11 Dubai – Burj al Arab Swim travesy

Dubai, another world: De la playa de levante en Santa Pola a Jumeira Beach Residence

Mis primeros pensamientos cuando supe que mi destino era Dubai tuvieron relación con la playa. Dubai es igual a calor todo el año (excesivo calor en verano, vaya) y ya había leído y oído que, a la playa puedes ir siempre que quieras y puedas.

Si habéis leido el anterior post, que hablo sobre la playa y mi vínculo hacia el mar y ella misma, veréis el por qué de mi ansia por visitarla. Y es que para mi, no hay mejor entorno natural que la playa y calorcito.

Llegamos un 3 de octubre a Dubai, a las 3.00 am con 36 grados y un 90% de humedad. Al día siguiente, desde la oficina, tenemos amplias vistas pues estamos en la planta 26. Aunque apenas se podía ver el mar, debido al calor y la humedad, las partículas en suspensión de polvo/arena/mierda/polución. pero yo, ya sabía que, tarde o temprano, acabaríamos yendo a la playa.

A la playa no pudimos acercarnos el primer fin de semana; hacía muchísimo calor todavía y nos comentaron que el agua aún ardía. Sin ir más lejos, yo estimo que la temperatura del agua el fin de semana que nos bañamos estaría sobre los 35 grados… o más.

El 15 de octubre, con la llegada de Gon, pareja de Pati (becaria ICEX) nos animamos a ver su piso nuevo, situado Dubai Marina, a 100 metros de la zona residencia Jumeira Beach Residence, justo enfrente de la playa. Está muy muy bien situado, tienen la parada de metro a 2 minutos andando!

Ese día ya tocaba playita… había que probar!! Ilusionado como un niño me puse a hacer fotos a diestro y siniestro de todo lo que me rodeaba; fotografiar es genial y cada vez me gusta más. Captar esas instantáneas, congeladas para toda la vida …o en este caso, para la vida que te dure el archivo en la memoria de turno, ya sea tarjeta o disco duro de ordenador XDD

Volviendo a la descripción del entorno, JBR (Jumeira Beach Residence) fue una de las primeras urbanizaciones construidas en Dubai a gran escala. Grandes rascacielos son levantados, muy juntos unos con otros, a lo largo de la costa, dentro de Dubai Marina, una isla artificial creada por el ser humano en Dubai, haciendo entrar un canal de agua del mar por un lado y saliendo por otro. Dicho canal rodea la zona de JBR, y demás edificios. Dentro de esta zona, varios barcos atracados esperan a que sus dueños aparquen el ferrari/porsche/lambo/maseratti/etc. y se suban a ellos, para darles una vuelta por el mar.

Lujo y glamour, coches y barcos, relojes y caballos … XD todo eso queda de lado cuando uno va a la playa, ya que no lleva ni el coche, ni el caballo, ni ná. Solo el bañador y a disfrutar.

Me fijo en el entorno y está lleno de gente de todas partes del mundo. Desde locales hasta turistas, desde chicas con la baya hasta europeas con tanga provocando, haciendo que los indios agiten la cabeza más de lo normal y poniendo en la cuerda floja el nivel de tolerancia del emirato. Pero he de decir que, este sitio de musulmán tiene poco, en la playa hay mucho buen rollo y no he visto nada raro en cuanto a ruborizarse porque alguien vaya con un bañador más ligero de lo normal.

Llegó la hora de comer y estábamos hambrientos; Gon nos indicó un buen restaurante libanés situado justo en el ‘paseo marítimo’ de JBR. Aparte de este restaurante, hay muchísimos más, con cocina típica de todas las naciones que os podáis imaginar. Mucha variedad, como es típico aquí en Dubai. Y los precios, excepto si te metes a los hoteles 5 estrellas que hay por la zona, todos son bastante asequibles… decir que nos inchamos a comer en el libanés por… 15 euros al cambio!

Mis compañeros fueron a ver un partido de fútbol. Los que me conocéis sabeís de sobra que, no me gusta mucho el fútbol. Sólo el clásico del Barça-Madrid y por meter mierda un poquito. Así que ni corto ni perezoso, me fui a la playa a hacer una siesta y ver la magnífica puesta de sol, fotografiada días atrás desde mi casa… y ahora iba a ser retrada desde la playa.

Repito, la puesta de sol es mágica, a mi me encanta. Ver como esa bola de fuego se queda en todo lo alto y va bajando poco a poco hasta esconderse por el mar. La escena es muy, muy bonita. Altamente recomendable. Cómo tiene que ser, en una playa más salvaje…

Cayó la noche y me fui a casa, pensando en volver lo antes posible, en encontrar a gente para jugar al voley-playa… volver para nadar en este maravilloso mar y seguir haciendo deporte aquí. Desde aquí lanzo un mensaje, si alguien está en Dubai, lee este blog, le gusta el voley playa y quiere jugar, que me deje un mensaje en el muro. Podemos jugar hasta las 11 de la noche en pistas iluminadas en la playa de Umm Suqeim!!!

Finalizando, compañeros y compañeras de blog, espero os haya gustado el reportaje y, como de costumbre, os dejo un enlace con todas las fotos que hice ese día, hay un montón!! Un abrazo a todos/as.

2011-10-15 Dubai – Finde en JBR Marina