Maldivas, colores para la eternidad (I): Un día por los aires

Terminamos aquel duro día en la oficina, unos antes que otros, antes de que todo saltara ‘por los aires’, huimos de allí. Partimos lo más rápido posible a nuestras casas para descansar un poco y hacer la maleta; nos esperaba una larga noche por delante. Y es que en los aviones no se suele dormir muy bien, así que mejor descansar algo, por lo que pueda pasar.

Aquel miércoles 4 de Abril quedamos en nuestro restaurante favorito los 4 componentes del viaje; Edurne, David, Laurita y yo. Habíamos quedado para cenar lo que sería nuestro último ‘chicken shawarma’ hasta nuestra vuelta de Maldivas. He de decir que este plato me volvía loco; cada semana me haría lo menos 3 platos. A un precio ridículo para la cantidad que ponían (4 euros) con eso y una Fanta naranja de color nuclear (en UAE la fanta BRILLA) te quedabas más que saciado.

David y yo lo teníamos más que fácil, pues vivíamos justo al lado del Zaroob. Edurne vivía en la villa ICEX, pero en 3 paradas de metro estaría con nosotros. La última en llegar sería Laurita, que vivía en JLT, y cierto es que padecimos un poco por ella, por si llegaba o no a tiempo, pues es un poquillo despistada… El avión salía aproximadamente a las  00:45 ergo deberíamos aparecer por el aeropuerto a las 10 y media de la noche, para facturar y todas esas cosas que ya bien nos conocemos. Aprovechamos pues para quedar a eso de la 9 de la noche y cenar en Zaroob. Primero quedamos David y yo; luego se unió Edurne y comenzamos a pedir mientras esperábamos a Laurita. Todos con nuestra maleta de mano a nuestro lado, sin miedo a ser robada por estar en el lugar en que si robas vas directo a la carcel, sin pasar por la casilla de salida. Todos con una sonrisa de oreja a oreja, pues íbamos camino al paraíso, camino a realizar un viaje más.

Las bromas aparecían en los diálogos para difuminar nuestra pequeña sensación de incertidumbre, pues Laurita no llegaba y había que pirarse al aeropuerto. Pedimos en abundancia por si Laurita quería comer algo; afortunadamente llegó, medio exhausta y contando que había tenido alguna movida en el metro con un tío, que le había parado para decirle algo y como ella no habla ni nada… al final el tío casi se le declara para casarse con ella; como siempre, única para atraer situaciones inusuales.

Tras cenar todos, nos apresuramos a coger un taxi; gracias a Dubai y sus 14.000 taxis, esto es tarea fácil (excepto los jueves noche). Tan sólo asomarme a la calle y levantar el brazo y tendrás un taxi en ‘cero coma’. La  afluencia de taxis es increíble, siempre verás alguno. Nos dirigimos a la terminal 2, la terminal de los pakis, indios y demás ‘labour man’ aquí en Dubai. De esta terminal salen muchos de los vuelos a India, Pakistan, Bangladesh, Nepal y un largo etc. Y ellos aquí son mayoría. Una vez más la  imagen de sus ‘maletas’; sacos de tela con vete a saber lo que llevan dentro, atados con ropajes y cuerdas para que no estallen. Siempre he sentido curiosidad por saber qué llevan ahí; alguna chinche seguro. Pasamos los controles rutinarios y nos apresuramos el mostrador para coger los tickets de embarque y demás. Para David esto es nuevo; es su primer viaje, seguro que tiene una sensación única, una sensación de satisfacción y alegría, al perder la virginidad y volar por primera vez desde Dubai a cualquier sitio.

Como os conté en el prólogo, el vuelo ya se había atrasado 1 hora y la escala que teníamos que hacer en en el aeropuerto de Colombo, Sri Lanka era de 2 horas. Con esa hora de retraso ya sólo teníamos 1 hora para realizar el ‘transfer’ (pasar de un avión a otro). Pero bueno, ni nos asustamos de esto, debido a que son aviones de la misma compañía, y estarán comunicados, ¿a qué si? ¡Seguro que todo irá bien!

Pues bien, ya cerca de la puerta de embarque, pasa el tiempo y cerca de la hora de embarque, aparece lo que ninguno nos esperábamos; retraso del vuelo. Como lo leéis, el vuelo se iba a atrasar un poco más, aproximadamente una hora, sin motivo aparente. Y aquí es cuando empezamos a preocuparnos en cierta medida sobre qué pasaría en el aeropuerto al realizar el transfer, ¿perderíamos el avión o nos esperarían, al llegar justo a la hora de despegue del segundo avión? A estas alturas ya andábamos algo preocupados, pero muy poco; ¿quién se va a pensar que una compañía va a dejar en tierra a SUS PASAJEROS? Jajajjajajajaja…..

Embarcamos y bombardeamos a preguntas tanto a azafatas como al que controla el cotarro en el avión; a mi a pesado no me ganan. Edurne me apoyaba también, tendríamos que hacer presión para que vieran que al menos 4 pasajeros deberían hacer un transfer para pillar un segundo avión hacia su destino final y que por culpa de retrasos ajenos podríamos perderlo. Total que, tras mucho preguntar a azafatas y dar mucho por culo, vino un ‘moreno’ con corbata y pin de SriLankan Airlines, o sea algo de mando y control tendría, y nos comunicó que no nos preocupáramos, que el avión esperaría antes de su despegue a Male (Maldivas). Nos quedamos más tranquilos. ¡Esta vez alguien trajeado perteneciente a la compañía nos había prometido que no íbamos a perder el vuelo! ¿Cómo vamos a desconfiar de él? Sale el vuelo, justo 1 hora más tarde… Nos mirábamos los unos a los otros, reflejando algo de incertidumbre, la justa. En una fila nos situábamos Edurne, David y yo; atrás estaba Laurita sentada con alguien más, la cual no tardó nada en hacer migas y empezar a hablar con dicha persona, dando la lata gran parte del viaje y sin apenas poder dormir. Jojjojojojo, íbamos a llegar echos una mierda a Sri Lanka, pero bueno, no pasa nada, ¡el paraíso nos espera!

alaaaa

4 horas y media de vuelo, donde creo que algo de sueño conciliamos, aunque por aquel entonces aún no disponía del increíble antifaz que me compré en China para dormir de noche (esto ocurrirá en Agosto de ese mismo año) y no resultaba tan fácil dormir en un avión. La verdad que dimos muchos cabezazos y fue prácticamente imposible dormir. Se acercaba la hora de aterrizaje. Se acercaba la hora de la verdad, en pocos minutos sabríamos si perderíamos el avión o no. Tras la maniobra de aterrizaje y con el segundo ‘boarding pass’ en la mano, salimos escopetados, corriendo hacia la siguiente puerta de embarque donde se encontraba nuestro vuelo. Ya nos olía mal desde un primer momento porque cuando esto ocurre con otras compañías, al menos alguien de la misma está esperándote fuera y te guía hacia la siguiente puerta de embarque para embarcar lo más rápido posible. Aquí no nos esperaba nadie, así que con el nerviosismo en el cuerpo, aún fue más difícil encontrar la puerta de embarque. Tras un leve momento, la encontramos y ahí delante de ella, estábamos nosotros junto con algunos pasajeros más; una familia británica con niños incluido, un par de parejas y nosotros. Miramos a través de la ventana y vemos el avión que nos  va a llevar a Maldivas; nos relajamos, pues creemos que no va a despegar sin nosotros, sobre todo cuando la puerta  de embarque sigue abierta, los de seguridad del aeropuerto y alguna azafata de SriLankan Airlines están aún allí.

La familia comienza el embarque, se quitan cinturones, etc… (sin sentido, pues venimos directos de otro vuelo de la misma compañía). En ese mismo instante que una de las pasajeras ha pasado el filtro, le hacen que se detenga, se queda ahí, pasado el filtro. Nadie nos dice nada, de repente la unica azafata que había de SriLankan Airlines se pira hacia adentro del finger, los de seguridad nos miran y sonríen pero nada más. Nos preguntamos a nosotros mismos qué está pasando, después nos miramos y nos hacemos las preguntas unos a los otros. No sabemos nada. Lo único que supimos unos pocos minutos más tarde es que, el avión se desconectó del finguer para entrar en la pista y despegó, sin nosotros, delante de nuestras narices.

azafatas de la gran SriLankan airlines

No me lo podía creer, ni yo, ni nadie. Asombrados, impactados, estremecidos por este momento de mierda, de cómo sentirte NADIE en medio de LA NADA; nos dejaron en tierra, sin más. La primera reacción fue quedarnos sin palabras tras ver como nadie del personal allí presente nos decía algo ni se inmutaron siquiera. Y es que seguro no hablaban inglés. Nuestra segunda reacción fue el cabreo, seguida de la ira y con algo de impotencia mezclada, pues el avión ya se había ido.

Aquí es cuando se me fue la olla completamente. No podía tolerar lo sucedido. De cómo semejante dejadez por parte de la compañía aérea me superó. Lo vi tan, tan injusto que, según me ha contado Edurne (pues yo ya ni me acuerdo, seguro estaba poseído), empecé a chillarles, a todos:

– WE ARE ALL HUMANS!! WHY, WHY???? WE ALL ARE HUMANS !!

´Todos somos humanos’, significa. Como os digo, yo ya ni me acordaba de esto, pero Edurne me remarca que dejé loco a todo el personal, tanto a los del aeropuerto como los que habíamos perdido el vuelo, me dijo que me miraron atónitos, pensando que a este chaval se le había ido al garete la última neurona, jajjaja. La verdad y conociéndome, seguro dije eso porque me parecía injusto que esos cabrones sonrientes ataviados con uniformes de seguridad y demás trabajos de aeropuerto, no nos tuvieran ni una pizca de afecto y empatía hacia nosotros, pues nos dejaron en tierra como si fueramos perros, y el avión estaba ahí delante. Sorprendidos y tras montar el circo e incluso realizando alguna intentona de pasar la puerta, aún sabiendo que ya no valía para nada, nos hacen abandonar el lugar.

Todo estaba a punto de saltar por los aires. Entonces nos indicaron que fuéramos a las oficinas de la compañía, situados en el centro del aeropuerto, para reclamar, lo único que nos queda. Queríamos que corriera la sangre. Yo en parte, ya me lo esperaba, no se por qué pero mi sensación fue que esa compañía de mierda no va a parar un vuelo por unos cuantos que vengan con retraso. Vale, si es un retraso de varias horas después del siguiente vuelo lo entiendo pero, esto fue demasiado, ver cómo nos cerraron las puertas y ver cómo el avión se iba, delante de nuestras narices, encendió la llama y todo explotó. Sumarle la falta de sueño y el cambio de hora (eran aproximadamente las 8 de la mañana, si mal recuerdo).

reventando

Llegamos al mostrador y ahí empezamos a cagarnos directamente en todo  y en todos. Pero no éramos los únicos; ese vuelo de Dubai tenía pasajeros que iban a conectar con otros destinos. Por lo que me enteré aquella mañana, aparte de conexión con Maldivas, también tenía conexión con Kuala Lumpur (Malasia). Así que el panorama era de aproximadamente unas 20-30 personas en el mostrador, algunas hablando, otras ladrando, niños llorando mientras tanto, dirigiéndonos todos a los trabajadores de la SriLankan Airlines, y poniendo a prueba, seguro, uno de sus cursos de mediación con el cliente cuando éste pierde un vuelo, o se vuelve loco. Estos cabrones de la compañía, siquiera borraban la sonrisa de su cara; una de dos, o tomaban drogas o llevan una prótesis, no me jodas. Los rallamos a más no poder. Aquí también se me fue la olla y Edurne y los demás fliparon cuando empecé a soltar el ‘WE ARE ALL HUMANS’ a grito pelado. Y bien, sí, estamos en el país de la sonrisa, Sri Lanka, donde todo el mundo sonríe, pero NO ME JODAS y NO SONRIAS cuando acabo de perder un vuelo y me vas a hacer palmar más dinero, ya que nos tocaría coger otro vuelo y pedir un taxi-barco, para llegar a nuestra isla de destino.

jodeos todos

Pasaban los minutos, nos poníamos todos cada vez más nerviosos; a mi se me fue la olla y saqué la cámara de fotos y empecé a ‘joder la marrana’ haciéndole fotos a ellos. Jajajaja, estaba ido de mi, aquí la verdad nos reímos un rato porque de la impotencia y desesperación pasamos al ‘ya todo me da igual’. ¡Pero ese estado lo conseguimos tras estar chillándoles e intentando hablar con un responsable durante más de una hora!

guiri reclamando

Edurne intentaba tranquilizarme, mientras David se partía la polla de las cosas que les decía a los de atrás del mostrador; Laurita hablaba con todos los demás afectados. Gracias a Dios que el padre de familia que también iba a Maldivas, un inglés de aproximadamente unos 40 y pocos años, bajito, pelo rapado, gafas y muy, muy educado, es más, yo diría que era extremadamente educado, consiguió, en perfecto inglés, llamar la atención de uno de los trabajadores para transmitirle nuestras quejas y reclamaciones; al final fuimos atendidos.

el trofeo

Y algo, algo conseguimos. Nos dieron un sobrecito con varias cosas dentro. Conseguimos 2 llamadas de 3 minutos a cualquier parte del mundo para comunicar nuestro retraso, unas cuantas horas de hotel para descansar previo a nuestro siguiente vuelo, que partiría a las 2 de la tarde de Colombo a Male y un super mega desayuno en el aeropuerto.

Bien, algo de comida, ya era hora, estábamos que nos moríamos de hambre también. En el grupo éramos dos limas, Edurne y yo. Entre los 2 fijo que podríamos comernos una vaca entera. Llegamos al restaurante del aeropuerto donde sirven los desayunos, con sensación de alegría y de ‘ya todo da igual, problema resuelto’. Y el staff del aeropuerto volvió a hacer de las suyas. Más de 40 minutos de reloj, tardaron en servir el desayuno. Nos hicieron el vacío, a pesar de que parte de la comida estaba ahí, en bandeja,  pedimos otras cosas que debían ser cocinadas, ¡y no venían! Obviamente, con la movida que nos había pasado anteriormente, no fue nada difícil que se nos cruzaran los cables de nuevo. Me levanté y pregunté que qué pasaba con el desayuno, si estaban importándolo de algún otro país. Que cómo es posible tenernos más de media hora para 1 huevo frito y 2 salchichas, SIN NADIE ALREDEDOR ESPERANDO A SER SERVIDO. Conclusión: si vienes a estos países, vente armado de paciencia y si tienes algún problema, ten paciencia en reserva porque te va a hacer falta. Al final logramos llenar nuestros estómagos.

Volviendo al hilo del vuelo, afortunadamente, nosotros, sólo perdimos 5 horas de viaje; los que tenían conexión con Kuala Lumpur, perdieron un día entero, pues tendrían que esperar a que otro vuelo saliera hacia su destino… al día siguiente. Dentro de lo peor, salimos ‘bien parados’ y al final te toca tragar, pues no puedes hacer nada, son sus reglas, ellos son los grandes que surcan los cielos y tú vas montado en ellos, dentro de su lomo. Los derechos no existen y menos en estos países así que tocó tomárselo a cachondeo y comenzamos a hacer chistes y reír sobre el asunto. La falta de sueño también hacía que dijéramos cada vez más tonterías.

Como por ejemplo, camino al hotel ‘Transfer’. Un hotel dentro del mismo aeropuerto, con un nombre  bastante curioso. Y es que creíamos que este hotel no estaba aquí de casualidad; estos cabrones y sus retrasos harán perder más de un vuelo al día y dos, gracias al retraso entre ‘transfers’ y claro, ¡la gente que reclama tiene que dormir al menos, para coger su vuelo en cuanto se lo reasignen! Pues bien, de camino al hotel pasámos por las oficinas de Emirates de ese aeropuerto y me paré delante de la puerta, dándoles las gracias por ser una gran compañía y lamentándome de que por qué no había volado con ellos, pues no hubiéramos perdido seguro ningún avión. A su vez, me cagaba en los muertos de la compañía de SriLankan Airlines y veneraba a Emirates o cualquier otra compañía cuya oficina se encontrara de camino al hotel. Estaba ido de olla, pero lo que nos pudimos reír con las sandeces que soltábamos por la boca.

Por fin pudimos dormir un rato; las chicas a una habitación doble y David y yo a otra. Hay que decir que las habitaciones no estaban nada mal, así que nos acomodamos, y nos echamos una ‘siesta del borreguillo’, esas siestas de mediodía que tan bien sientan. Sonó el despertador y tocó poner rumbo a la puerta de embarque asignada. Nos apresuramos pues con todo lo que habíamos sufrido, ni de coña queríamos perder de nuevo el vuelo. Coincidimos todos en el hall, entregando las llaves, y tras soltar algún par de burradas más, nos fuimos de allí.

tocada de huevos

Puerta de embarque, más gente espera, nosotros aún tras el descanso, andamos algo cansados, hablando sobre lo sucedido; ha habido mucha tensión y nervios y no habremos dormido más de 3 horas. El avión salía a las 14.00 horas aproximadamente. Antes de todo esto, con nuestros grandísimos 6 minutos de llamadas gratis para comunicar nuestro retraso, hice una llamada al dueño del hostal, al Jefe. (el Jefe de aquí en adelante). El Jefe resultaría ser local de Guraidhoo (la isla donde nos dirigíamos), un buen personaje, agradable, moreno, simpático, un tío de negocios, que vestía camisas de flores con pantalones de lino y chanclas; junto con la gafas de sol, hacía de este hombre un auténtico mafias. Pero resultó muy agradable y nos puso las cosas fáciles durante sus días en e hostal. Le llamé para decirle que perdimos el vuelo y que necesitaríamos el taxi-barco, pues a la hora de llegada a Male, ya no habría ningún ferry posible para embarcar. Aceptó sin ningún problema, estaba dispuesto a salvarnos el culo, previo pago, claro está. Seguro que en sus ojos el símbolo del dolar haría act de aparicíon, en el momento de la llamada.

Nuestro plan era llegar a las 9 y media de la mañana a Male, dar una vuelta por la misma y embarcarnos en el ferry público destino Guraidhoo, que partía a las 14.15. Justo a esa hora estábamos dentro del avión y tocaba partir. Al fin, de nuevo, nuestro viaje continúa, sin ningún problema. ¡¡El paraíso más cerca!! Despegamos. El vuelo, corto, apenas 1h30 minutos, apenas tiempo para echar otra cabezada, saco la cámara, aburrido, intentando ver algún atolón por la ventana. Intentando vislumbrar el paraíso.

oh my god

A través de la ventana. Emoción, ansiedad, esperanza, ganas. Colores únicos que veo a través de ella; aquellos colores que he visto durante 30 años de mi vida en fotos, televisión e Internet iban a aparecer delante de nuestras narices en breve. Es increíble lo que veo, aún no me lo creo, o tal vez es la falta de sueño, pues recordaos que llevamos desde las 9 y media de la noche del día anterior viajando. Aterrizamos sobre las 3 y media, 4 de la tarde en Male. Ya está, lo conseguimos. Maldivas, ya estamos dentro, después del control de inmigración y estampa en el pasaporte.

Lo siguiente era buscar al Jefe, el cual estaría esperándonos para dirigirnos al taxi-barco. Previo a eso, pasamos por la oficina de cambio de moneda. Desde Dubai traíamos dólares, moneda internacionalmente aceptada, amén que en Maldivas aceptan pago con dólares americanos. Pero hay algo bonito y clásico  y que hace que te envuelvas más aún en el viaje, y es cambiar a moneda local. Al final nos dimos cuenta que en Maldivas no tenía mucho uso pero ,¿y lo que fardábamos con nuestro taco de cienes de rufiyas (moneda local de Maldivas), que apenas cabían en nuestras carteras, e hicieron de cada pago una odisea? ¡No apto para despistados!

Ahí lo tienes, el Jefe haciendo acto de presencia. Sonriente, nos espera, nos pregunta cómo estamos y le comentamos la movida así por encima; hace referencia a que estas cosas suelen pasar con SriLankan Airlines, que a él también le ha pasado lo mismo cuando ha tenido que salir de la isla para hacer cualquier historia, y que en la vida volverá a volar con ellos. Nosotros asentamos con la cabeza y decimos que también NUNCA MAS volveremos a volar con una compañía de semejante calibre de PATANES.

barquito

El aeropuerto de Male es pequeñito pero con mucha actividad, miles de turistas de todo el mundo llegan aquí para partir a una de sus 900 islas habitadas, algunas con un simple hotel de lujo con menos de 10 habitaciones, otras islas grandes con su gente local viviendo y haciendo el día a día; otras islas, como la nuestra (Guraidhoo) mezclan ambas cosas. En la zona de llegadas al aeropuerto, un porrón de guías turísticos esperan a sus pasajeros.

colores para la eternidad

Pasamos toda esa marabunta de guías, de gente buscando a su guía con cartelitos de Sir. Owen, Mr. Kenen y demás nombres así, provenientes de todo el mundo, hasta llegar a la zona de los taxi-barcos. Allá nos esperaba, nuestro barquito privado, que bien pagamos, a unos 50 euros por cabeza, por 1 una hora y pico de viaje hasta destino. Asombrado, el agua tiene un increíble color azul, y eso que estamos en la cutre isla del aeropuerto.

barqueros

Ya está, los 4 embarcados, el Jefe y el barquero. Motores en marcha, 2 grandes y potentes. Dispuestos a surcar las aguas de Maldivas hasta Guraidhoo. Arrancamos, partimos. Lo conseguimos, ya estamos aquí. Sonrientes, felices y silenciosos, pues estábamos disfrutando del paseo en lancha, de la brisa marina, de las vistas de las islas que nos rodean, amén de lo cansados que estábamos por lidiar la batalla contra compañías aéreas de mierda y no haber dormido mucho.

colores azules

De nuevo, en contacto con el mar, pero no con un mar especial, sino el océano índico, cerca del ecuador, donde siempre es verano, y la temperatura del agua ronda los 27 grados o más, excelente condición para bucear horas y horas sin que el cuerpo coja frío. Y qué colores, qué azules, algo nunca visto.

azul de la ostia

De repente, aparece un azul que nunca había visto en persona. Tan sólo lo había vislumbrado en ciertas fotos de Internet. Pero esta vez era real. Estaba delante de mis ojos, ese azul tropical, azul paraíso, azul increíble… un azul que seguro a nadie le disgusta. Los 4 becarios estábamos flipando, pues era como estar surcando una piscina de tamaño descomunal, y el agua aún estaba más clara que en una propia piscina. No tenemos palabras, sólo sentimientos que expresar y ganas locas por llegar a algún sitio parecido y tirarnos durante horas sin hacer nada, tan sólo que disfrutar  de estos colores.

Un paseo largo

Fue un paseo largo, pero agradable. Azules nunca vistos, a punto de ser probados. Bucear en aguas cristalinas, relajarse en playas de arena blanca y fina. Estábamos cerca. Pero si de algo tenía curiosidad era de ver cómo de sucia estaba nuestra isla, Pues en los comentarios del hostal hacían especial incapié en ello. Tras cruzar muchas islas, llegamos a Guraidhoo, hasta el agua del puerto es azul cristalina. Mucho arrecife de coral, hay que tener cuidado por donde pasa la barca para que no rompa el casco. Desembarcamos, la mitad del pueblo en el puerto, observándonos. Pero a eso ya estamos acostumbrados, somos becarios ICEX y nos recorremos medio mundo para forjar nuestro espíritu, cuerpo y alma. Para David era la primera vez, aunque él ya había estado de Erasmus y demás, así que no le pillaba muy de sorpresa.

Había un poco de  basura flotando por el puerto, pero tampoco le di mucha importancia, pues todos los puertos son así. Nos llevaron camino al hotel por las calles de la isla. Básicamente las calles cruzaban una con otra, de manera perpendicular; la manera perfecta para confundirse de calle y perderse. Había que tomar referencias de puntos clave como la tienda de souvenirs, o el supermercado del pueblo. Las primeras imágenes nos recuerdan que seguimos en un país musulmán; las mujeres con el velo puesto, a pesar del calor y humedad que hacían (aquí creo incluso será peor que en Dubai, pero por la humedad). Los ojos de todos los hombres se clavan inmediatamente en Edurne y Laurita, las únicas mujeres con el pelo descubierto y algo menos de ropa; ya les avisamos que llevaran ropa discreta para los momentos de la isla. Lo que no sabríamos es que más adelante acabarían haciéndoles declaraciones de amor… y demás, jeje. Nos recogen las maletas con un carro, mientras, nosotros andamos tranquilamente. Llegamos a las habitaciones, dejamos todo, las chicas a dormir a una doble, David y yo a la otra habitación de enfrente.

jojojojoj

Nos despojamos de todo y yo ya estaba ansioso de dar una vuelta por los alrededores, para ver cómo era la isla y sus playas. Esperando a las chicas (ellas siempre tardan más, aunque yo a veces soy muuuucha tela), pensábamos en lo que hacer. Serían cerca de las 5 de la tarde, y estábamos bastante sudados por el viajecito y la humedad, así que pensé en ir a la playa a dare un baño. Aquí nos encontraríamos de bruces con la realidad de los comentarios sobre la isla en el portal de Booking.com. La isla realmente no ofrecía mucho, si bien algo de vida local para observar y fotografiar, un par de supermercados, algún bar/restaurante que otro la ostia de raro, y la playa. Pero esta playa no era una playa paradisíaca ni normal. Esta playa estaba jodidamente jodida.

vertedero 1

-“No, no puede ser verdad” -decía yo
– “Oohtiaaa…..” -David, sorprendido por lo que cada  vez veíamos más de cerca.

mierda por doquier

Edurne y Laurita, a veces sin palabras, otras veces con cara de sorpresa increíble. Yo ya les avisé de los comentarios, pero es que sinceramente ni yo pensaba que esto fuera a ser así. Estábamos en una isla de un supuesto paraíso tropical rodeados no de mierda, sino de mierda y escombros con los que puedes ser capaz de construir armas, vehículos o hasta casas, con tanto despojo.

En parte me sentía responsable de éste viaje, yo les había metido a ellos la idea y el concepto de hacer este viaje, y que nos lo pasaríamos de puta madre, amén de ver cosas insólitas. Pues bien, ¿estábamos viendo algo insólito, cierto? De cómo estar en Maldivas por 30 euros persona/noche, rodeados de vida local y de mierda por un tubo. Tuvimos que sacarle la broma al asunto, porque si te paras a pensarlo, era bastante deprimente.

africanos ?

Edurne mostró su negativa rotunda a darse un baño, y la entiendo; David y yo nos metimos para adentro, con chanclas, porque cuanto más nos acercábamos a la orilla, más mierda y cosas cortantes veíamos dentro. Laurita, que no tenía miedo a nada, también se aventuró en darse un chapuzón. A esa hora, también hicieron acto de presencia unos cuantos niños, locales de la isla. Mientras, las niñas jugaban metros atrás, en el parque ataviadas con la abaya.

ellas también tienen derecho

David estaba acojonao, y yo no es que andara de valiente, si no todo lo contrario. El fondo marino estaba lleno de coral muerto y de cosas raras, basura, que como te cortes con algo de eso, creo apenas duras 15 minutos. Ni llamar a tu madre para despedirte puedes. Lo que hicimos fue nadar en modo morsa, sin tocar el fondo. Yo llevaba unas gafas de natación que hacían el papel para ver un poco el fondo, y así poder guiar a David y Laurita, y evitar su prematura muerte por objetos desconocidos.

barcos

Los niños no tenían miedo y ahí andaban, nadando más o menos cerca nuestro. Ellos estaban en una zona que no tocaban fondo y cierto es que ahí estaba todo más limpio. Aún así, seguía siendo peligroso. Lo más gracioso era que, justo enfrente nuestra, un resort-hotel Holiday INN hacía acto de presencia, y su playa, aparte de parecer más limpia, estaba vigilada.

mmmmm

No podíamos pues, cruzar a la otra orilla, ya que ésta era privada, sólo para clientes del hotel. Esos huéspedes alojados en el hotel HOLIDAY INN estarían, seguro, pagando 3 veces más la noche que nosotros, por tener un trozo de orilla más limpio; pero en el fondo estaban en la misma agua de mierda, y con peores vistas aún, vistas a nosotros, a los mendigos de la isla. JAJAJAJAJ, se jodan y se queden su parte limpia, no la quiero. Ya tuvimos bastante, refrescándonos en el agua y entre trampas mortales; decidimos salir fuera, vuelta al hotel, ducha y hacer algo más.

retrato

No tan rápido. Observo a mi alrededor y pienso; este momento resultó ideal para hacer fotos. Unos colores que en la vida había visto, se presentaban ante de mi de manera muy atractiva y decidí quedarme echando unas fotos. Hice algunos retratos de los nuestros, que las podéis ver en el álbum, pero aquí destacaré alguna otra:

luna casi llenaLa luna, casi llena. Increíble.

Mierda en lataMierda, en lata.

puesta de solPuesta de sol entre palmeras. Bonita como ella sola.

Batman vuelveBatman existe y vive en Maldivas.

Marea baja, niños, mierda Marea baja, niños y mierda.

nice houseSimpática casa cerca del hotel.

Y mil sitios más donde realizar fotos, con esos fantásticos colores.

Camino al hotel, muertos en vida pero con aún algo de energía. Nos espera un breve tiempo de relax, antes de la cena. Nos dimos una ducha y la sensación de que nos bañábamos con agua salada un poco estancada estaba presente. A su vez, una amiga cucaracha del tamaño de un elefante hacía acto de presencia por el depósito del agua, metiéndose en él y haciéndo que David sintiera un asco increíble. Yo le dije que no se preocupara, que pase de ella y que por la noche aseguramos la puerta cerrándola con toalla, para que no nos coma por la noche, jajaja.

jojoojojo

Aún flipábamos con el montón de billetes que apenas simbolizaban 40 dólares o algo así, que fue lo que cambiamos. Pero es que acabo de acordarme que el cabrón de la oficina de cambio se quitó, gracias a nosotros, toda la morralla de billetes de 5 rufiyas. Es más, nos dio prácticamente todo en billetes de 5 rufiyas, que vienen a ser unos 25 céntimos de euro. Ni cerrar la cartera podíamos.

Toca cenar. Estábamos ansiosos por ello, pero también éramos realistas y sabíamos que no iban a traer manjares de dioses. La cena se basaba en un pequeño menú, con apenas 4 platos a elegir, los cuales teníamos que avisar al cocinero de lo que queríamos casi 2 horas antes, para tenerla lista a la hora que queríamos. Ya sabéis, a ritmo tropical. Pero suerte que avisamos nada más llegar del excelente baño en la playa limpia (jaja) y no esperamos mucho. Nos sentamos a charlar un rato, hablar sobre las primeras impresiones de todo , sobre como nos sentíamos, unas bromas, etc… También, mientras esperábamos la cena, discutimos con el Jefe sobre la ruta de viaje de los 2 próximos días que teníamos por delante. Prácticamente estaba todo decidido y el Jefe se dedicó a explicarlo todo. Básicamente, el primer día iríamos en barco a una zona de buceo, con bonitos y grandes arrecifes, para después acabar en una isla nosotros solos y pasar desde mediodía hasta la puesta de sol en la misma. El segundo día se basaría en irnos a una isla-banco de arena y después irnos a una isla-resort donde se encontraba un buen hotel, con restaurante y comida occidental para pasar todo el día hasta la puesta de sol y después volver. Al día siguiente, tocaría la vuelta de buena mañana.

foton

Pero eso quedaba aún muy lejos, y no hacíamos nada más que pensar en lo que nos depararía al día siguiente. Gracias a dios nos aliviamos, después del susto que nos llevamos con aquella playa ‘limpia’; yo ya les prometí que la cosa cambiaría y merecería la pena haber venido aquí. Yo confiaba ciégamente en el Jefe y sus guías (ciégamente y a la fuerza, eran los únicos que teníamos de nuestro lado, jeje). Edurne, David y Laurita estaban más tranquilos pues.

Vino la cena, tocaba disfrutar. Primero una sopa de pescado, después algo de arroz con curry (muy rico, por cierto). Pan, y algunas movidas más que apenas recuerdo, pero que se podían comer. Todo eso acompañado de un zumo ultra azucarado, que te ponía más ciego que 10 vodkas. Hablando de vodkas, con nosotros en el hotel se hospedaba un joven de nacionalidad rusa. De aquí en adelante, Dimitri. De estatura baja, pero complexión fuerte, rubio pelo rizado, ojo azules enormes como platos, cara fina y prolongada y una nariz de judío. Impasible y pacífico, terriblemente pacífico. Y con un reloj en la muñeca más grande que nuestra cabeza. He aquí el completo perfil de ‘diver’, buceador a bombona, donde cuanto más tranquilo estés y menos oxígeno consumas, más durarás bajo del mar.

Dimitri comía en mesa aparte y la primera noche apenas hablamos con él, pero a la segunda noche ya se unió a nosotros. Él tenía su ruta hecha pero al segundo día se le encontraríamos en la isla ‘resort’. Tras acabar la cena, convencí al grupo para dar una última vuelta. Aún no eran ni la 9 de la noche y si bien estábamos destrozadillos, aún logré sacarles fuerzas de la nada para dar una pequeña vuelta por la isla. Ya sabéis lo que me gusta inspeccionar y explorar nuevas zonas. Esto no iba a ser menos, bajo la luna casi llena, en pleno ambiente tropical.

hamacacacacaca

La isla estaba terriblemente tranquila, Esta gente sigue las horas del sol y aquí amanece a la 6 pero a las 6 y pico ya va cayendo la noche. Por lo tanto, excepto algunos ‘gamberrillos’, gente relajada paseando en la noche y gente adulta que caminaba a los pocos bares de la isla, nadie más hacía acto de presencia. Ni una mujer, por cierto.

palmeras y cielo

Encima de nuestras cabezas, la luna y las estrellas, y los putos murciélagos del tamaño de un Boeing 777. Auténticos ‘Batman’ pasando cerca de nuestras cabezas, entre ramas de árboles y palmeras, asustando sobre todo a Laurita, la cual poco a poco iba pillándoles más miedo y risa. Sus pequeños chillidos poco a poco irían yendo a más, conforme avanzaba el viaje…

También andaba ofuscado por encontrar tiendas de souvenirs, ya sabéis lo que me gustan las pulseras… pero todo estaba cerrado y los de las tiendas andaban deambulando por las calles; les avisé que mañana haría compra sí o sí, que se prepararan, jojojo.

Y antes de volver al hotel, acabamos en otra playa, pero en la otra punta de la isla. Y el aspecto tendía a ser el mismo. Orilla llena de mierda, pero esta vez con un añadido, caracolillos de mar que salían con cada venida de ola y se escondían bajo la arena a cada paso que dábamos.

caragol

El sonido de las olas del mar, de noche, sin ningún ruido, en medio de la nada, bajo la luna llena, y con una grata compañía. Una grata compañía que medio-forcé para que vinieran conmigo, pues les expliqué que ‘el tiempo es oro’ y que ‘hacer más es vivir más’. Previo descojone por su parte, creo nunca estuvieron de acuerdo conmigo. Pero yo estoy convencido que es así. ¿O acaso no sabes más si lees más? En la vida es lo mismo. No voy a quedarme en un hotel pudiendo dar una pequeña vuelta por los alrededores, para, quién sabe, ¡poder aprender de algo que ocurra o que veas en esos momentos!

Ya estábamos todos muy cansados, demasiado. El día ha sido larguísimo, con dos vuelos incluidos. No sabemos ni qué hora es pero, toca volver el camino de vuelta al hotel y de noche entre esas calles, va a ser algo más difícil. Al final dibujamos en las calles con nuestras andadas una ‘L’, guiándonos con la luna, y logramos llegar a nuestra choza, con cara de cansados; tocaba reposar.

Con el pijama puesto, angelitos a la espera de soñar con ellos. pero más que soñar con angelitos, soñaríamos con las playas y con el paraíso tropical que nos esperaría mañana. Edurne iba a iniciarse en el mundo del buceo, ella como ciudadana de un pueblo en el Norte de España, no estaba muy familiarizada con el mar, o sea para ella esto iba a ser algo más que nuevo. Y yo creo que sí le gustó. Laurita iba a disfrutar como una niña, seguro, en el agua. Y David se soltaría la melena bajo el agua también, viendo cosas que nunca hubiera visto de no ser por el pesado de su compadre de oficina. Sí, ese soy yo, servidor.  Pero gracias a mi podrán decir que perdieron un vuelo, viéndolo despegar enfrente de sus narices, mientras que los currantes del aeropuerto seguían sonriendo y que estuvieron en una de las playas más sucia de Maldivas pero, era el precio que había que pagar para saltar al paraíso.

Pero eso es lo que por ahora, ellos podrían decir, pues mañana tocaría algo más de acción, en un entorno muy agradable. Más emociones y colores nos esperaban…

2012-04-05 Maldivas – Por los aires

Álbum de fotos del primer día en Maldivas.

Maldivas, colores para la eternidad: Prólogo

Todo volvió a la normalidad a su cauce, a la rutina diaria. Volvía a Dubai, tras dejar Irán el 7 de febrero del 2012; atrás dejé el mono de nieve y rebajé mi ansia de conocer sitios raros. ¿Aún así os creéis que dejé de pensar en el siguiente destino?

Nuevas incorporaciones en la oficina, a principios del 2012, en enero, las 2 becarias del Gobierno Vasco, Marta y Edurne, hicieron aparición. Después, a principios de Febrero, Laura de Extenda hacía su aparación por la oficina (Laurita de aquí en adelante). Y a mediados de febrero hacía acto de presencia David, también de Extenda. 4 nuevos becarios, frescos, sin conocimiento de lo que se cocía tanto en Oriente Medio, como en Dubai, ni siquiera en la Ofecomes. Las puertas de un nuevo mundo se abrían ante ellos; ofreciendo algo que seguro nunca en su vida olvidarán.

Mientras, servidor iba amoldándose al estilo de vida dubaití. Amén de hacer mi trabajo, pasaba el tiempo libre en la playa, y los fines de semana iba a bailar salsa. Había una excelente comunidad de salsa, bastante internacional debido al lugar (en Dubai hay más de 150 nacionalidades del mundo conviviendo unos con otros). También se montaba alguna fiesta que otra en casas, como siempre, para que la gente pudiera beber sin control ni pagando esas cantidades ingentes de más de 10 euros una copa, encima mal echada.

Pero yo quería viajar, quería seguir volando y eso también ocupaba mi tiempo libre, planificando qué hacer y qué visitar. Esto se juntó con la entrada de los nuevos becarios, los cuales en poco tiempo se dieron cuenta que, este lugar es un excelente sitio para poder hacer viajes a muchísimas partes del mundo por un precio más que asequible. Además, la carga laboral en la oficina iría en aumento… y debíamos quitarnos el estrés de cualquier forma.

Hice buenas migas con los nuevos becarios. Todos ellos cercanos a mi edad (alguna me pasaba, jeje) y con unas ideas y pensamientos similares. Se puede decir que compenetramos bastante bien. Y no tardé en exponer, cual mapa en una mesa de una zona a punto de ser conquistada en una reunión de guerra, mis ideas y conjeturas sobre cómo pasar las vacaciones en este país.

Teníamos una pequeña ventaja; combinábamos algunas vacaciones del calendario español junto con las locales. Esto, junto con los fines de semana de viernes y sábado, hizo que pudiéramos elegir alguna fecha que otra para irnos donde fuera, sin gastar un día de vacaciones (los cuales los estaba reservando para el gran viaje asiático). A todos ellos, los nuevos becarios, les expuse mi plan. Eran la tercera semana de febrero, apenas llevaba 2 semanas desde mi vuelta de Irán pero ya sabía fecha para el siguiente desplazamiento: Semana Santa. Sí sí, por mucho país árabe en el que estábamos, en la oficina nos marcamos una buena semana santa… ¿qué pasa? Estamos en territorio nacional, ergo somos súper católicos, ¿OK?

Semana santa presentaba un excelente calendario de 4 días seguidos, del 4 al 8 de abril durante los cuales, si nos íbamos de vacaciones, no gastaríamos ningún día. Durante cada día me dedicaba a machacar psicológicamente sobre esta idea a los nuevos becarios. Alguna vez seguro que fui algo pesado. Pero conseguí mi propósito; Laurita, Edurne y David se apuntaron a realizar una escapada en esas fechas.

Ahora tocaban un par cosas más. Lo primero, fue convencer a nuestros superiores de permitir que nos fuéramos esas fechas; habían muchísimas agendas y demás trabajos que realizar y ellos no estaban por la labor de dejarnos escapar pero, gracias a nuestro jefazo, el cual entendió perfectamente la carga laboral que teníamos y que a su vez confió en nosotros, comunicó a todos que los días oficiales de vacaciones se deberían respetar. Vamos, que podíamos irnos siempre que todo se deje hecho y no haya trabajo atrasado. Ergo la pelota estaba en nuestro campo y podíamos jugar con ella. Lo segundo, buscar un destino a visitar. Buscar una tierra, una bandera, una región, una nueva experiencia. Ellos, los becarios, se metieron mucha caña en zanjar sus asuntos y trabajo para poder irse sin presiones durante esos días y delegaron en mi el buscar un destino.

Me apetecía… me apetecía más playa. A pesar de haber estado en Sri Lanka y haber perdido la virginidad en cuanto a viajes de playas tropicales se refiere, aún quería algo más auténtico. Algo con arena más blanca, con agua más azul y transparente,  algo con el sol irradiando al máximo e iluminándonos todo el día. Algo remotamente perdido, algo único e irrepetible, algo para ricos pero que, gracias a nuestras circunstancias y astucia, pueda realizarse. De repente, divisé un pequeño punto en el Google Maps. Unas islas, no muy lejos de Dubai, a un precio de vuelo asequible. Y unas islas que cuando las nombras, no hace falta decir nada más. Maldivas.

Sí, Maldivas. Junto a las islas de Seychelles, éstas son mundialmente  conocidas por ser un paraíso en la tierra, el cielo hecho realidad, el “summum” del buceo, del relax y de la desconexión. Maldivas entró en mi mente y nunca más se fue. No se si debido a que no habían destinos más atractivos, o por cabezonería mía pero, ahora tocaba “venderles la moto” a los becarios.

Expuse mi plan durante día, tarde y noche a todos y cada uno de aquellos becarios de la oficina, es más, lo expuse públicamente, pero especialmente iba dirigido a ellos, a los nuevos, los cuales venían con ganas de viajar. No fue fácil convencerlos, tuve que ser muy pesado (más de lo normal, jojojoj), aunque cierto es que, a mi favor jugó el poco tiempo que llevaban en Dubai, junto con su carga laboral y la falta de tiempo de reacción, no fue difícil convencerles. Tened en cuenta también mi gran palique y sabiduría (JAJJAJAJAJ), mis dotes comerciales y la manera en la que te puedo exponer algo (quien me conoce medio bien, sabe de lo que hablo) … y ¡”voilà”! Ya eramos 4.

La verdad es que tuvimos bastante suerte. Las causas reales por las que escogimos Maldivas fueron:

– El exotismo del destino
– El precio del billete de avión (370 euros ida/vuelta, en semana santa!)
– Destino relativamente cerca (a unas 5 horas de Dubai)
– Las fotos con las que bombardeaba todos los días a los becarios, sacadas de Google Images. Probad si no, a escribir “Maldivas” en http://images.google.es y ahora me decís que no os entran ganas de ir.

Sumadle que Laurita, Edurne y David tampoco han estado en sus vidas en una isla tropical. Barajamos otros destinos como Bangkok, Kuala Lumpur, etc… pero estos estaban bastante más lejos, los vuelos y sus escalas no eran buenas y en esos 4 días perdías más de 1 día debido a los horarios de vuelo. Total  que, depositaron fe ciega en mi y tuve que organizar todo el viaje.

Al final tras muchas discusiones y diálogos en las comidas, decidimos una tarde de marzo comprar los billetes de avión. Si mal recuerdo, los compramos 2 ó 3 semanas antes. Y pasó algo muy gracioso (para mi, no para ellos). Resulta que en la web de la compañía con la que íbamos a volar, SriLankan Airlines, anunciaba últimas tarifas del vuelo Dubai-Male (capital de Maldivas). Estaba en casa de David comprando el ticket cuando la tarifa anunciada era de unos 360 euros. Hago todo el trámite y adquiero el ticket sin ningún problema. Acto seguido, David refresca la pagina web y accede a comprar el ticket; éste había subido de precio, 20 euros más. A David se le quedó cara de OWNED mientras yo me partía la caja de risa. Pero no llamadme cabrón, es que fue muy gracioso a la vez que una “hijoputez” que te pase eso. A Edurne y Laurita también les pasó lo mismo… y sinceramente no sé si saben que a mi me costó el billete 20 euritos menos… así que os debo una copa, ¿vale? AJAJJAJAJ… ya sabéis, intentar ser siempre los primeros. JAJAAJJA

¿Y como ir a un sitio donde la gente se gasta un pastizal, con un bajo presupuesto? No preguntadme por qué, pero en todo sitio siempre habrá algo ‘barato’. Y encontré un pequeño y aparentemente decente hostal por 32 euros persona/noche, en una isla no muy lejos de Male. Doy gracias una vez más a booking.com, la mejor web del mundo mundial para viajar y encontrar un techo para dormir. Inmediatamente reservé para 4 personas en el Rip Tide Vacation Inn, situado en Guraidhoo, una isla al sur de Male.

Y ahora lo voy a confesar, becarios míos. La verdad es que me la jugué un poco, porque sinceramente no sabía si la isla la que íbamos tendría tours, o no, o cuánto valían (tal vez podrían valer miles de euros o no, ¡o simplemente no haber!) Y me fié de los comentarios que los usuarios de booking.com depositan en el hotel. La nota no era muy alta… y todos hacían incapié en lo mismo, lo “sucia” que estaba la isla. Pero yo no me creía eso, ¡es imposible que un paraíso tropical esté sucio! O al menos, no cabía en mi cabeza y puede ser que la suciedad fuera en las calles, ¡pero no en las playas! Más tarde, en el siguiente relato, veréis con vuestros ojos esta suciedad a la que los usuarios de la web de Booking.com se referían…

En dichos comentarios también clarificaban que los del hotel organizaban tours para realizar buceos por islitas cercanas. Así que dicho y hecho… ¡me la jugué a un carta! Hotel reservado para 4. El sueño, más cerca de hacerse realidad.

Laurita estaba inquieta por viajar, amén de lo ‘terremoto’ que es esta mujer, esos días estaba si cabe más nerviosilla, pero contenta, porque nos ibamos a ir un destino que jamás hubiera pisado si no llega a estar en Dubai. Y ojo, que aunque hubiera estado en Dubai, si no llega a ser por mi… (modo fantasma OFF).

Edurne se mostraba ilusionada, éste iba a ser su segundo viaje, ya se fueron Laurita y ella a Jordania, estuvieron juntas y ambas se definieron una a otra como buenas compañeras de viaje. Edurne remarcó que con Laurita nos lo íbamos a pasar en grande… esa gracia sevillana haría su acto de aparición en muchos momentos. Nunca había buceado y esto para ella era una novedad. También estaba algo preocupada por el nivel de protector solar a utilizar y la frecuencia a aplicar, pues nos íbamos a un sitio donde la sombra brillaría por su ausencia y ella no es que sea muy morena precisamente, jejjejeje. La entiendo perfectamente, Edurne es la sensatez en persona.

David… David era nuevo en esto. David estaba siempre nervioso por los viajes, no veía nunca nada claro. El pobre se agobiaba porque tenía mucho trabajo y siempre temía que nuestros jefazos no le dejaran coger vacaciones y/o irse cuando él quisiera. Yo le alentaba a ser valiente, que no es ni más ni menos que pedir lo que te corresponde, jejeejeje. Pero David confió en mi y se aventuró a este viaje, el cual creo que me lo agradecerá para siempre 🙂

Y que deciros de mi… Yo, en mi línea, pura inercia, sin parar de buscar información para este viaje; visitas a esta web, a esta otra, que si el mapa, que si ahora la guía de viajes, que si llamada telefónica al hotel para confirmar si tenían viajes o no, que si existía transporte público desde Male hasta la isla o teníamos que buscarnos la vida para llegar. El coste estimado del viaje, un presupuesto, la presentación del viaje tras las consultas… En resumen, la excelencia de un tour operador, ofrecida de manera gratuita a todos aquellos que quisieron venirse conmigo en este viaje.

Teníamos programado despegar un jueves 5 de abril, a las 00:30 de la madrugada. O eso es lo que ponía en el primer ticket, porque días después de adquirirlos, la compañía se puso en contacto con nosotros, diciendo que el vuelo se retrasaría una hora y nos enviaron al email los nuevos tickets. Nos pusimos algo nerviosos. La escala entre Dubai y Male sería en Colombo (Sri Lanka), de tan sólo 2 horas, y con este retraso, íbamos a perder una hora…

Pero esto fue nada en comparación a lo que nos encontramos unas cuantas horas después, aquel día, tras despegar de Dubai. Y yo que pensaba lo tenía todo bajo control, jajajaja, iluso de mi…

Aquel miércoles noche, antes de despegar, quedamos en nuestro local favorito, Zaroob, para cenar antes de ir al aeropuerto…. Continuará

Irán, civilización milenaria (III): Llegó el momento que tanto esperaba…

…Y que no podía creerlo, hasta que no estuviera allí arriba. Pero ese momento iba a llegar. En apenas 3 ó 4 horas, pasaría de estar sorteando el tráfico masivo de Teherán a surfear en las lomas su nevado sistema montañoso.

Eran las 6 de la mañana, sonó el despertador. Aquella noche dormí un poco mejor gracias a que inché el colchón de aire sobre el que dormía en exceso y así las pérdidas de aire nocturnas no llegaron a hacer que el colchón pasara de tener una forma de burbuja a  forma de cuenco. Así mi espalda no tocó el suelo, ergo pude dormir sin el frío que la noche anterior trepaba por mi espalda y concilié el sueño que tanto necesitaba para aquel duro y largo día.

Brero dormía plácidamente pero tuve que despertarle para pedirle más dinero; no se si os conté que las tarjetas te crédito normales no funcionan en Irán debido al embargo internacional que ciertos gobiernos y el sistema bancario mundial les ha sometido. Una ‘larga’ historia. Así que Brero era mi ‘banco’. Le pedí aproximadamente unos cuatro millones de riales persas. Sí, cuatro millones, pensaréis que soy rico pero NO, ¡soy un humilde becario!. Y es que cuatro millones de riales iraníes equivalen aproximadamente a unos 200 euros, dependiendo del cambio de moneda. Con ese dinero tenía que costearme todo: transporte, forfait, noche de hotel en pista, aquiler de equipo, comidas, etc…

A las 6 y media de la mañana ya estaba listo, maleta preparada y vestido con la ropa de nieve como si fuera a pistas, que es ciertamente, a lo que realmente iba. El trayecto duraría unas 2 horas largas; la carretera-atajo que existe para ir a pistas estaba sepultada por nieve y teníamos que salir de Teherán hacia el Oeste y después introducirnos dentro del sistema montañoso por la típica carretera comarcal, que transcurriría entre medio de montañas y pueblos, cada vez a más altura sobre el nivel del mar y viendo más y más nieve. Sorprendentemente puntual me esperaba quien iba a ser mi ‘driver’ (conductor), el cual no recuerdo ni el nombre pero, se le veía un tío majo, recio, casi cejijunto, típico macho iraní. Cargamos la maleta y nos ponemos en marcha. Aún no era de día, pero estaba amaneciendo.

Y pensaba que durante el trayecto podía echar una cabezada, dormir algo, ya que, para variar, la falta de sueño apremia en este tipo de viajes, donde tienes pocos días y quieres hacer de todo. Atrás quedó un día largo de turismo de ciudad por Teherán y un encuentro con Primavera; a ella le pedí que viniera conmigo a esquiar pero, existían dos impedimentos: uno era que ella tenía que trabajar. Aunque ese no era el mayor impedimento; el segundo y el más restrictivo era que, en Irán una mujer y un hombre no pueden entrar juntos a un hotel si no demuestran que están casados. Tal cual, ahí lo llevas. Seguro que habrán ‘sitios’ donde esa ley se pueda saltar pero, yo sabía de antemano en qué país me encontraba y sabía que iba a encontrarme con leyes como esta. No le di mucha importancia, si bien se que en el fondo este tipo de viajes es mejor hacerlo solo o con alguien de tu nivel pues, en la montaña y en los descensos, eres tú quien conecta con el entorno, la naturaleza, el deporte, la nieve y todo ese ecosistema, donde se encuentra la paz. Uffff… esta última frase no debería ir aquí pero es que me ha salido del alma.

El ‘driver’ no tenía mucha idea de hablar inglés y tampoco era tan joven y dinámico como el anterior taxista que me llevó a la pista de esquí la cual estaba cerrada cerrada aquel día; por lo que el viaje se convertiría en algo así como viaje de observación y análisis del entorno y sin diálogo. Suerte que íbamos en sentido opuesto al que toda la gente que vive en la provincia de Teherán hace a diario, que es moverse del extrarradio de esta enorme metrópolis al centro y alrededores para ir a trabajar, o hacer lo que sea. Nosotros íbamos en dirección a las montañas, a conectar con la naturaleza y a olvidarnos por un momento del mundo donde vivimos.

Y otra vez me ocurrió lo que siempre me suele ocurrir en este tipo de viajes; todo lo que te rodea es nuevo y, aunque realmente sea lo mismo que en otros países, tus ojos no dejan de ver cosas diferentes, nuevas, por lo que me fue muy difícil conciliar el sueño. Mi sed de visualizar y de empaparme del entorno hicieron que no conciliara el sueño apenas, durante gran parte del trayecto. Tras de mi quedaba en sentido opuesto, una cola kilométrica de 4 carriles del sentido opuesto de la autovía, llenos de coches, motos y camiones, intentando acceder a Teherán, mientras nosotros nos desplazábamos sin apenas densidad de tráfico camino hacia las montañas.

Llegamos a la intersección, tomamos la carretera comarcal; a lo lejos empiezo a vislumbrar las primeras montañas con pico nevado, aún estábamos ‘bajos’ respecto a la cota de nieve, pero poco a poco y a cada metro que avanzábamos, aquel elemento blanco aparecía cubriendo cada vez más todo lo que nos rodeaba.

Y ahí es cuando decido sacar la cámara, ya me olvido del sueño, me olvido de todo. En mi vida había visto semejante cantidad de nieve. Cada vez iba a más  y no sabía cuándo esto iba a detenerse. Las montañas parecían esponjas blancas, de lo redonditas que se hallaban por estar cubiertas del susodicho elemento blanco. Y es que antes de llegar, esta zona estuvo bajo una borrasca con abundante lluvia, nieve y frío durante 1 semana, haciendo que las precipitaciones de nieve fueran muy abundantes. Me emocionaba y me ponía nervioso tan solo de pensar cómo estarían las pistas de nieve, repletas y listas para desvirgar.

Eso sí, esta cantidad y calidad de nieve no viene de manera gratuita; hay que pagar un ‘alto precio’ como es sufrir la temperatura. Para que toda esta nieve se mantenga en una calidad excepcional, hace falta una humedad bajísima o inexistente, amén de unas temperaturas muy muy bajas. Le pregunté la temperatura al ‘driver’; faltaba menos de una hora para llegar a la pista y a las 8:28 a.m., el driver señala el termómetro del coche; el cabrón rondaba los -14 grados centígrados. ¡¡Y Aún no estábamos siquiera en la altura de la base de la estación!!

Y hablando de la estación, os comentaré un poco sobre la misma. Me dirigía al resort de esquí llamado ‘Dizin Ski Resort’ (en inglés; en farsi no lo escribo pues no tengo ni idea, aunque me gustaría). Dicho resort fue construido, junto como los otros que rodean Teherán, durante la época del Sha de persia, antiguo gobernador de Irán, el cual abandonó el país en 1979 debido al cambio político y por lo tanto religioso. El Sha amaba el esquí e hizo construir estos resorts para el disfrute de los mismos por toda la población; pero con el cambio político y de religión, aunque estos aún siguen abiertos, ya no eran una prioridad para el turismo del país y apenas han cambiado, remontes incluidos, en los más de 30 años que actualmente tiene la actual república islámica. Si si, es muy fashion y muy ‘retro’ ir a un resort de esquí que se ha ‘congelado en el tiempo’, pero no se hasta qué punto es seguro subir a la pista en remontes que tienen más de un cuarto de siglo, jojoojjojo. Por lo menos estoy aquí contándolo, ¡eso significa que van bien!

Cada metro que ascendíamos, más y más nieve. Hasta el punto de no ver nada sin cubrir de blanco, siquiera la última carretera de acceso al parking del resort. No se cómo el coche no patinó, siquiera sé como llegamos sanos y salvos ahí arriba. ¡¡Un coche que tendría más de 20 años!! ¿Tendría ruedas de un material hasta ahora desconocido por el pueblo occidental? ¡¡Porque yo los veía más que planos!! ¿Y el motor? ¿Cómo aguantaba tan baja temperatura, siendo tan viejo? Increíble, ¡¡pero cierto!! He aquí una vez más la batalla entre los elementos con tecnologías actuales y mucha electrónica y los elementos con mecánica de toda la vida. ¿Son los primeros poco fiables, debido a que integran mil componentes tecnológicos y microchips los cuales pueden fallar por cualquier tontería, frente a los sistemas mecánicos que apenas tienen electrónica y sabes con certeza lo que hay bajo el capó? El caso, repito ,es que conseguí llegar tras 2 horas y media de viaje. No podía creerlo; ante mi, veía nieve, mucha nieve. Y los remontes en marcha.

Y ahora tocaba una de gestiones; nos dirigimos a la recepción del hotel. Los trabajadores me observaban y sonreían, tal vez porque era occidental. ¿Sorprendidos? Ni idea, pero no era el único extranjero; un japonés con un portátil sentado navegando en ‘la interné’,  alguna mujer occidental por ahí también (!) y unos tíos que hablaban algún lenguaje de Europa del este hacían acto de presencia por el lobby; iban vestidos y preparados para esquiar. Con la ayuda del driver, hice el ‘check-in’ en el hotel, el cual está situado a pie de pistas, a escasos 100 metros del primer remonte.

Tras abonar ochocientos mil riales iraníes al ‘driver’ (lo escribo así para que suene más contundente y para que hagáis un ejercicio de convertir la moneda iraní a euro jijiji), tuve que abonar UN MILLON de riales para hacer noche en una habitación doble del hotel. Gracias que el recepcionista de la mañana hablaba inglés y pude entenderme fácilmente, todo quedó bien clarito. Las condiciones, como las de cualquier hotel, con salida a mediodía y todo eso. Y si tienes que quedarte hasta el cierre de pistas (16:00) pueden guardar tu maleta. También desayuno incluído; todo perfecto. Subí a dejar el equipaje y demás a la habitación; ahora tocaba la siguiente batalla, la de alquilar equipo de snowboard.

A todo esto, pensaréis, ¿y cómo va a bajar Sergio de las pistas una vez haya acabado sus dos días de snowboarding? ¿Llamará al taxista? ¿Descenderá directamente por la cara sur de la montaña hasta el punto más cercano de Teherán? ¿Usará la técnica de teletransportación de materia? Afortunadamente en este país, con tal de sacarse unos dineritos, todo el mundo hace de taxista. Tanto el ‘driver’ como el recepcionista me comentaron que a cada cierre de pistas, gente con su coche espera en el parking dispuesta a escuchar ofertas para que te acerquen al sitio que quieres. No me preocupé, total, ¿para qué? Os recuerdo que ¡¡SOMOS BECARIOS y ESTAMOS PREPARADOS ANTE TODO!!!!! ¡¡¡TOODOOOOOOO!!!!

Después de este delirio vuelvo con el tema del alquiler de equipación. Preguntando a la gente, todos me indican que vaya a una tiendecita a las afueras del hotel, cerca del parking, donde alquilaban equipo de esquí y snowboard. Dos chavales morenos y  jóvenes en la puerta, esperando a clientes. Ven que me acerco, dando la nota por ser occidental, llevar un traje completamente rojo y unas gafas de sol con lentes azules que, según varias personas, cuando el sol refleja en ellas, el destello puede alcanzar y verse a años luz de distancia. Dan el aviso al de dentro para que me reciba, y su inglés chabacano como de costubmre y que, por supuesto,  has de dominar. Porque no quieras encadenar frases complejas ni usar la gramática inglesa que has estudiado y aprendido esforzándote durante estos años atrás. Aquí todo es cuestión de expresiones corporales, palabras encadenadas y monosílabos. Y ante todo chillar y sonreír mucho. No se por qué, pero así seguro que no te querrán timar tanto… o algo.

Pactamos el precio tras un arduo diálogo (aunque tampoco perdí mucho el tiempo, pues éste vale oro y quería estar en las pistas ya) y me llevé el primer equipo. Digo primer equipo, porque tuve que llegar a un tercero. Después de adquirir el forfait y pasar por las ancianas y oxidadas puertas metálicas giratorias que daban acceso a la zona de los remontes y tras enfundar mis botas a la fijación de la tabla, tras un ligero impulso, una de las fijaciones salta por los aires y me quedé con ella enganchada a la bota. Me cabreé pero en parte pensé que era normal; No estás en Aspen o en Saint Moritz Sergio; bastante es que aún siga existiendo este deporte nieve allí.

Una larga pateada y vuelvo a la tienda, los jovenzuelos me miran, yo les miro a ellos, les digo ‘MY FRIENDS, I HAVE A PROBLEM’ y les enseño la fijación que se ha partido. Volví en apenas 15 minutos así que sabían de sobra que no era problema de haber descendido a lo loco, sino del equipo. Se movilizan rápidamente y empiezan a mostrarme más  y más. Adquiero la segunda tabla, apenas hago un par de pruebas, la veo bien. Me dirijo de nuevo a la zona de remontes, enfundo la bota en la fijación, con la carraca empiezo a fijar el plástico de la fijación y … ¡ZASSSSSSSSS! ¡¡ el plástico se parte !! Nooooooooooooo!! ¡¡¡Por quéeeeeeeeeeeeeeee!!

El tiempo pasa y mi ansia se acrecienta, ¡quiero disfrutar de una puta vez y no estar sufriendo por la equipación de mierda! Bastante cabreado me dirijo de nuevo a la tienda. Los chavales de la tienda me miran, una vez más. Su cara ya no es la misma que la primera vez que me vieron; la mía tampoco. Del enfado paso a la frustración porque ya han sido experiencias varias de este tipo y de nada vale cabrearse, tan sólo buscar una solución. Les digo MY FRIENDS, WHY… PLEASE, HELP ME. Y rápidamente buscan otra tabla y fijaciones, a la cual le hago pruebas exhasustivas. Esta sí, parece la buena, a pesar de que los cantos no estuvieran muy afilados, sabía que valía. A la tercera va la vencida, o eso dicen. Y sí, acerté. Y dicho sea de paso, todas esas idas y venidas me sirvieron para calentar y aclimatarme a la altura. ¡No hay mal que por bien no venga!

Tras las prisas y haberme atascado en las puertas metálicas giratorias y tras haber sido ayudado por los iraníes que rondaban por la zona de remontes, conseguí subirme al huevo que daba acceso a la zona intermedia de la estación. La estación tiene una altura en la base de 2600 msnm (metros sobre el nivel del mar) y la altura máxima, según me dijeron, es de aproximadamente 3600 msnm. El frío hacía acto de presencia; eran cerca de las 10:15 am y aquella mañana en la base rondábamos los -16ºC. Me aconsejaron no subir a la cima hasta pasado mediodía, pues la temperatura ahí arriba rondaba los -23ºC. Gracias a mi madre, que vino de visita a Dubai y que me trajo toda la equipación de nieve, pude aguantar esas temperaturas. ¡A ella le debo el viaje a Irán! ¡Y también lo pagó con un poco de su salud, pues no estaría muy tranquila cuando le informé que los conflictos entre los países del Golfo Pérsico crecían, jajaajajaja. Pero la tranquilicé, diciéndo que como mucho, ahí en las montañas, sólo vería los misiles pasar por encima de mi cabeza (chiste malo, jijujijujiju).

No puedo creer lo que veo ante mis ojos. El poderoso dios Sol ofreciéndonos algunos de sus rayos para combatir el intenso frío, pero ese frío a su vez es gratificante pues está conservando con unas condiciones EXCELENTES la NIEVE POLVO de las pistas. Prácticamente todo el dominio es esquiable, los fuera pistas están ahí, veo algunas marcas y pienso en seguirlas pues no hay peligro de aludes (la inclinación no es muy alta). No conozco la estación y no me meteré en sitios raros pero donde vea algunas marcas de fuera pista, por ahí iré (sin alejarme mucho de la zona principal). Esto hay que inmortalizarlo. Me subo a un ‘huevo’, un remonte cabina con forma del mismo que se abre y cierra por la mitad, que debe tener más de 30 años; apenas cierra bien y tenemos que ser expertos en el ‘Tetris’ para encajar dentro esquíes, tablas y demás. Los esquíes asoman por la mitad del huevo, sí, por donde se abre y se cierra. ¡Todo son ventajas! ¡Aprovecha que no se cierra bien para poder llevar tu equipo cómodamente!

Y aquí es cuando me bloqueo mentalmente, porque por mucho que intente describir este momento, se que no voy a poder haceros sentir lo que yo sentí y viví aquel día. Tan solo algunos amantes de este deporte sabrán de lo que hablo. Pero a esta sensación, tenéis que sumarle el encontrarme en uno de los destinos más ‘complicados’ del planeta a día de hoy, totalmente desconocido para muchos occidentales y para colmo, con definiciones tergiversadas sobre la realidad del país. Algo realmente único.

Una estación de esquí que perfectamente podría competir contra cualquier estación del mundo, porque aquella cantidad, calidad de nieve y clima nada tiene que envidiar a la las condiciones climatológicas y de nieve polvo del Colorado en EEUU, de Alpes y otras estaciones del mundo.

Y la gente, gente normal y corriente como pueden ser las personas de otros países, disfrutando todos de aquel maravilloso día y de este gran deporte que, desgraciadamente, no es practicable durante todo el año y que es bastante caro.

Creo que aquel día no lloré de la emoción ahí arriba porque si no, se me hubieran congelado las lágrimas. Me enfundo la tabla a las botas y desciendo. Hacía justo un año que no surfeaba; la última vez que pisé la nieve fue del 3 al 5 de enero del 2011, en Sierra Nevada. Aquel día también nos encontramos con una cantidad de nieve, incluso con la zona de la Laguna abierta, en la cual nunca había estado. Pero en los 6 años que llevo practicando snowboard, nunca había estado en un sitio con tanta nieve y con unas pistas similares a las de sierra nevada, sin árboles, hace que todo el dominio sea esquiable y por lo tanto puedas surfear por donde te de la gana (manteniendo siempre la precaución de no irte mucho fuera de pista).

Y tocó una de encuentros, por ahí arriba, ya que como éramos pocos parece que había más ‘colegueo’ y podías charlar con la gente sobre cosas como aquel maravilloso día que nos hizo tras una semana de nieves.

Mientras observaba la inmensidad de lo que me rodeaba, pedí hacer una foto a una persona mayor. Esta persona, rápidamente captó mi acento español y me preguntó de donde era, le dije de España y acto seguido se sorprendió y se alegró bastante. ¿Por qué motivo? Pues resulta que esta persona mayor fue ex-esquiador olímpico iraní y compartió momentos y competiciones con Francisco Fernández Ochoa, alias ‘Paquito Ochoa’ nuestro más grande y reconocido esquiador olímpico español. Debido a que muchas de las competiciones se celebraban en los Alpes, este esquiador iraní hablaba más francés que inglés y tuve que comunicarme con él en el idioma de nuestros vecinos europeos. Tuve que quitarle el polvo al francés y me costó un poco pero, nos entendimos a la perfección. Qué bonito es saber idiomas y poder hablar con todo el mundo.

El tío me explicó cosas como que una vez ya retirado, montó una escuela de esquí y actualmente es el dueño, a la vez que disfruta de su pasión. Y también se sorprendía como yo de aquel día tan maravilloso que hacía para la práctica de los deportes de invierno. También me comentó que esta estación, en verano, en sus pistas crece el césped y se convierte en una de las pocas estaciones naturales del mundo la cual se practica el descenso de esquí sobre césped. Increíble pero cierto. ¿Quién me iba a decir a mi esto? Viajar es vivir y encontrar, y vivir más es conocer más.

Alegremente los 2 hicimos un descenso y me fijé en él y en cómo esquiaba. Su técnica era increíble, de la ‘old school’ (antigua escuela, a la vieja usanza). Descendía con el estilo de los pies juntos, aquel estilo tan famoso de los años 70-80 que ahora ha sido sustituido por el ‘carving’, o lo que es lo mismo, bajar ‘espatarrao’  a muy altas velocidades, haciendo grandes curvas y exponiendo tus rodillas a serias lesiones en caso de accidente. Y los palilleros del carving no respetan mucho que digamos, a la gente que va tranquilamente por la pista. Muchos de ellos se creen el Alonso de la F1, las balas disparadas de la pista, los más rápidos. Y no te interpongas en su camino, pues lo mínimo que vas a recibir es un gesto con el brazo, insulto, o algo más. ¡¡Palilleros, dejaos el carving agresivo!!

Y más anécdotas. Resulta que tuve un pequeño problema con las gafas de ventisca; éstas ya tienen sus añitos y la esponja que se encuentra entre la parte interior de las gafas y que hace contacto con la cara se había despegado un poco, se me metía por dentro y hacía que el campo visual fuera reducido, amén de que me entrara un poco de aire gélido. Preguntando a la gente sobre alguna tienda o taller de reparación, uno de ellos me envió a un sitio donde había lo que parecía ser un taller, pero no había nadie. A su lado estaba la ‘prayer room’ (mezquita) pero tampoco había nadie rezando. Total decido esperar un poco, hacer un par de fotos y aparecen un par de personas… uno de ellos un viejete muy amable que le cuento el problema, con señales y signos claro, ya que de inglés, ni pajolera idea. Tras mi explicación, él me sonríe y hace el gesto en la cara de como si le saliera una bombilla encima de la cabeza, vamos, que tuvo una idea. Se metió al taller conlas gafas y veo que coge un bote que por la pinta que tenía, debería tener unos doscientos cincuenta años. Era cola. Y la usa para adherir de nuevo, la esponja a la gafa con la misma. Le pregunté, como pude, si era de secado rápido. Me dijeron que esperara un poco… ajjajajajjajaj.

Supe que la cola no era de pegado rápido cuando me coloqué las gafas en el rostro, incluso tras haber esperado, relajadamente, a la par que comía un par de barritas energéticas y bebida isotónica. Una parte de la esponja encolada tenía aún rebaba sobrante de ésta, y se me quedó pegada a la mejilla. Por suerte, la cola no era de secado rápido y pude despegarlas. Esperé un rato más y las fijé a mi cara de manera más cuidadosa para que, a pesar de no estar pegadas del todo, no se movieran mucho. Gracias a la amabilidad del viejete, el cual le pagué algo (¡tirando la casa por la ventana!), pude seguir mis descensos de una manera normal.

Durante todo este día en la nieve, anduve solo. Quería descender cuanto más, mejor. La forma física no era la perfecta pero el entusiasmo y las ganas combatían y vencían el cansancio. Ya era hora, ya estaba preparado. Decido subir a la cima.

La vista que tenía ante mis ojos era asombrosa. Una de las cadenas montañosas más impresionantes que he visto en mi vida, con un regalo al fondo; sobresalía de manera espectacular el monte Damavand, montana en forma de volcán, de aproximadamente unos 5700 msnm. Majestuoso e único. Pedí a una pareja que me inmortalizaran con aquella montaña de fondo, dejándoles mi cámara fotográfica. Fue toda una odisea aguantar ahí arriba. El frío era EXAGERADO. La poca carne que tenía al descubierto, labios y mejillas) apenas las podía mover ni sentir. La pareja me pidió que les hiciera una foto y cuando saqué la mano de mi guante, se me heló al instante y me costó disparar la foto. Había que calentarse y tocó descender rápidamente de ahí arriba. Las condiciones de la nieve en los primeros metros de descenso desde la cima eran extrañas. Nunca había visto nada semejante. La nieve era polvo, pero hacía tanto frío que era como un polvo congelado. Atención, no era hielo, no habían placas de hielo, pero la nieve estaba increíblemente dura, compactada, congelada. Aún así, no fue impedimento para disfrutar de los descensos.

Y otra sorpresa más aguardaba este resort de esquí. ¡¡Un bar-restaurante cerca del snow-park, con música techno-minimal sonando a todo trapo!!! No dejo de sorprenderme y cada vez veo que esta gente sería igual de occidental, de no ser por quienes mandan sobre ellos. Es el momento para hacer un vídeo (que lo podéis encontrar en enlace al álbum de fotos, al final del relato), pues me encuentro cerca de la cima, con unas vistas increíbles y ese momento tenía que inmortalizarlo… no todos los días se encuentra uno a 3500 msnm, escuchando techno-mínimal en un resort de esquí en Irán. Qué lástima que ninguno de vosotros hubiera estado aquí conmigo, para disfrutar el momento juntos; pero nada es perfecto como ya bien sabréis.

Joder, ¡qué hambre tengo! Y es que fueron muchos los descensos antes de parar para comer. Paro en la parte media de la estación donde estaba el restaurante más grande, que para mi asombro es de la cadena de comida rápida SFC, ‘Super Fried Chicken’, cadena de restaurantes iraníes cuyo logo es una mezcla-copia de las 2 cadenas norteamericanas KFC ‘Kentucky Fried Chicken’ Y Hardee’s. Fijaos en el logotipo, ¡¡la estrella es del Hardee’s y el tipo del etra es la de KFC !!! JAjajajjajaj Y para evitar movidas de copyright, han prolongado una de las puntas de la estrella copiada del logo del Hardee’s. I+D Iraní, ‘owned’ a los estados unidos!

Una hamburguesa de kilo, un pequeño reposo y a descender unas pocas veces más en estas maravillosas pistas. No conocía el límite y mis piernas aún respondían. Se acercaba la tarde-noche, la hora de cierre eran las 16:00. Cercano a esa hora, me subo a lo más alto y empiezo a descender. Con cada vez menos luz natural, bajo muy relajadamente, disfrutando de la inmensidad y el momento. Apenas gente a mi alrededor. Me paro a media altura, el frío aún era soportable a pesar de estar sentado con el culo tocando la nieve. Unos pensamientos, meditación y bajo a la base. El día de esquí había terminado. Y mi sensación de grandeza aumentaba.

Tras la vuelta a la habitación del hotel, tocaba hacer unos estiramientos, OBLIGATORIO después de todo deporte, una ducha y dar una vuelta. Era relativamente pronto, así que con la emoción del momento y la energía aún emanando de mi ser, decidí dar una vuelta e investigar por los aledaños del hotel y también dentro del mismo. Las instalaciones eran cojonudas, tenías restaurante enorme, cafetería, zona de juegos con billar, cartas, etc… todo muy bien calefactado. Las habitaciones estaban muy bien y el balcón estaba orientado a las pistas, la vista era INCREIBLE. E increíble pero cierto, resultó ser la censura de la tele, la cual sólo tenía canales iraníes.

Después salí al parking  del hotel, a hacer unas fotos de las montañas y demás cosas que me rodeaban. Aún había algo de luz natural, oscureciendo pero perfecto para hacer fotos. Decir que fuera apenas aguanté 10 minutos, pues mis pantalones y ‘bambas’ no podían soportar el frío que hacía ahí afuera. Perfectamente unos -12 grados centígrados a las 5 de la tarde.

Y de repente me entró el cansancio, pero aún era pronto e hice una de las mías; hice una siesta pre-cena para que al levantarme, tuviera energía para cenar a gusto y poder fumarme una shisha en la cafetería. También disponían de Wifi y aunque no llevara el portátil, tenía el móvil y afortunadamente en este país no está baneado el Whatsapp, así que pude charlar con mis amiguetes un rato; ya no estaba tan ‘forever alone’.

Y es aquí cuando me sucedió algo extraño, de nuevo. Después de la copiosa cena y tras haber pagado por ella unos ciento veinte mil riales iraníes, me dirigí a la cafetería, pedí una shisha, un té y unos dulces iraníes de postre. Estaba a punto de explotar pero necesitaba comer para reponer fuerzas, ya que quedaba un día más. Mi cuerpo y cabeza creo empezaron a sentir mal de altura; o tal vez fuera la shisha fumada a 2500 m. de altura sin tener mucha costumbre después de aquel día tan fatigoso. Me encontraba más solo que la una, con mi Whatsapp y chateando con algunos amigos cuando, un chaval que también se encontraba solo me dirigió la palabra; o se la dirigí yo a él, pero realmente ni me acuerdo.

Resulta que el chaval estaba al principio con unas chicas, pero éstas se fueron y ya empezamos a hablar. Un chaval iraní de estatura media, pelo negro, sonriente, sin los pelos de las cejas unidos aún y de no más de 24 años, con un portátil y conectado al FACEBOOK… señores. Esto es raro, ¿sabéis que en este país está ‘baneado’ (que no se puede acceder) al Facebook? Pero este chaval poseía en su portátil una tecnología, llamada VPN, que en romano paladín significa tener una conexión virtual para poder esquivar posibles restricciones de Internet que impongan los gobiernos o cualquier otra entidad. El chaval pilotaba. Pues bien, en resumidas cuentas, me comentó que el tío había trabajado para el gobierno iraní, siendo diplomático en Turquía, o algo así, y no sé qué mierdas más me contó porque entre su inglés paupérrimo, la shisha y mi estado de agotamiento, apenas captaba bien las cosas que me decía; sólo se que vi todo su puto Facebook, y sólo hacía que mostrarme fotos de fiestas, de tías, de sus ex-novias, de botellas de alcohol, y de más fiestas y de más alcohol. Ah, y algunas fotos más de fiestas y alcohol.

Y yo pensando, bien, chaval, esto es el día a día en nuestra querida España, supongo que para ti todo esto será una novedad, vaya, debido a las restricciones del país de donde provienes. Y el tío, de repente, me ofrece su portátil para que accediera a mi Facebook y así enseñarle fotos y demás. Aquí es cuando sospeché. ¿Por qué? Durante el transcurso de este momento con el chavalín y antes de que éste me ofreciera su portátil, envié mensajes a Brero acerca del personaje que me había encontrado y me alertó de lo siguiente. Brero Me dijo:

– Lleva cuidado, puede ser un espía de occidentales.
– ¡Pero qué dices, hombre! ¿Qué vas fumado? -Le contesté, pues para mi, carecía  de sentido.

Mi paranoia creció  ya que Brero me dijo que a ellos, cierta agencia o lo que furea, les habían hecho fotos por la calle y se las enviaban a la oficina para comprobar que todo era ‘correcto’. Se ve que existe un cierto control por esa zona sobre la gente de fuera. Total, que me andé con ojo, hasta que el chaval me ofreció que me conectara al Facebook y ahí es cuando salí airoso del momento diciéndole: si quieres agrégame tú al facebook y ya cuando llegue a mi país y te acepte podrás ver todo mi perfil. Hicimos una búsqueda a mi perfil, me encontró y le dio a aceptar amigos, pero yo ya lo aceptaría al llegar a Dubai.

Por último, quedé con el chaval en bajar a Teherán ambos juntos, para compartir gastos, y el tío quería bajar pronto, a las 12:00, pero yo le convencí para que estirara un poco más y vernos a las 14:00, ya que para mi esto es una oportunidad única y debo aprovechar al máximo el momento…

Pero mira por donde, al día siguiente no iba a encontrarle a él a la hora acordada en la recepción del hotel, ni tampoco iba a encontrar su envío de petición de amistad a mi facebook, ni un mínimo rastro siquiera de él…

Me fui a dormir, agotado. No podía más, incluso me costó  dormir debido al agotamiento. Pero aquel segundo día, sacaría coraje y fuerzas suficientes para aprovechar lo que quedaría en mi segundo día en la nieve en Dizin Ski Resort.

Continuará.

PD: todas las fotos del día y VIDEOS INTERESANTES si pincháis en este enlace, que es el álbum online de las fotos:

2012-02-04 Teheran – llegó el momento que tanto esperaba

Sri Lanka, el paraíso en la tierra (V): Esto se acaba. Cada lugar, único y especial

Nuestro último amanecer en Sri Lanka. Concretamente, donde nos quedamos a dormir aquella noche, en Kandy. Atrás dejamos el largo día anterior, donde amanecimos en lo alto de una región montañosa, cogimos un tren, nos dirigimos hacia la capital cultural y mística de Sri Lanka, conectamos con los antepasados en el templo de la reliquia de Buda, y pasamos una divertida noche con un local, que poco le faltó para abrazarnos y besarnos.

Ante nuestros ojos pues, un nuevo amanecer de ensueño. Un amanecer que, desde mi punto de vista, tiene cabida y dejará con la boca abierta y la mente pensativa a todos los públicos que puedan asistir a estos viajes; empezando por intrépidos aventureros que quieren experimentar nuevas sensaciones, a ellos les hará detenerse en el camino, reflexionar y relajarse. Pasando por gente solitaria, que busca la paz interior, la serenidad y desconexión, ellos encontrarán la paz que buscan en un sitio como este. Y finalizando, por ejemplo, por aquellas parejas que buscan un nido de amor; nada mejor que perderse en lo alto de una ciudad, en un hotel con vistas a un valle tropical, con el color verde palmera y el silencio como protagonistas, ofreciendo serenidad y un romanticismo único, digno de cualquier película de cine; momento perfecto para que ambos se fundan en un abrazo, después de una profunda y sincera mirada entre ellos.

Obviamente, las parejas con niños también tienen cabida en este tipo de viajes pero, si os digo la verdad, no vi ni una. Todos eran turistas de mayor o menor edad; en solitario, pareja o grupos, de todas las nacionalidades, pero sin niños. O si que los habría, pero nada destacable. Los únicos niños/as, los del país en cuestión. Y es que, aunque falto de experiencia con los niños, no creo que Asia, excepto en aquellos paraísos tropicales y resorts donde la familia se sentirá protegida dentro de una burbuja con actividades para todos ellos, sea destino como para viajar y venir con niños.

Retomando el hilo del último día. Un fuerte desayuno, a lo inglés y sumándole mi voraz hambre matinal, doblemente fuerte. Toca rumbo a Sigiriya, a visitar uno de los templos más importantes del país. Y previo a ello, pasaremos por un orfanato de elefantes y el templo del oro. Sí, tras este viaje, podéis llamarme ‘el templos’.

Un pequeño inciso. Como amante  del turismo activo, donde se puede interactuar con el medio (véase deportes de agua en destinos de playa, snowboard en la montaña, etc), he de decir que no es de mi preferencia dar vueltas por una isla y atiborrarme de templos y más templos, de imagenes de Buda; el bucle de Buda. Diez mil millones de estatuas de Él, por toda la isla. Aunque no me voy a quedar en este aspecto tan superficial y simple, pues yo pensaba que me iba a aburrir, y no fue así. Mientras uno visita la historia pasada del diferentes regiones del mundo, a la vez, uno mismo crea su propia historia. Me refiero a todo aquel acontecimiento o cosa que sucede cuando estás en un sitio, en cualquier sitio.

Si bien, por mi mente dispersa y debido a mis preferencias en cuanto a viajes, no he prestado mucha atención a la historia que rodea este tipo de templos, como otras personas podrían hacerlo o lo hacen (mención especial a Jesús, ex-becario Cámara Madrid que gracias a él nos empapamos de toda la historia relacionada con Petra), en este viaje he sacado partido de ello, haciendo y creando historia, mi propia historia, nuestra historia. Aquellas vivencias, experiencias y momentos, que siempre son únicos, no se volverán a repetir de la misma manera.

Y cuando viajamos, por supuesto que hay que prestar atencion a la historia pasada que rodea esos templos, pero también a la historia viva que está rodeándote en cada momento que pasas ahí (y durante tu vida normal y rutinaria, no solo en viajes). En este caso, por ejemplo, aquella noche con el local en Kandy y sus historias, o aquella curiosa pelea de monos en un templo y ver como uno de ellos se retira con la oreja a trozos; todo eso es historia, historia viva. Vale, lo sé, no será tan transcendental como la historia pasada que ha marcado el curso del ser humano en el planeta, pero joder, ¡¡también es historia!! Es nuestra historia, y todos nosotros tenemos derecho a ello, ¡a crear nuestra historia!

Y siguiendo el curso del rumbo de este día, Sumith nos esperaba, puntual como siempre para partir. Nuestra primera parada seria en el orfanato de elefantes, con posibilidad de verles ‘en acción’ y montarse en uno de ellos. Llegamos al orfanato, repleto de turistas y de tiendecitas de souvenirs, bajamos del coche y nos dirigimos al río donde se juntan.

Fuimos directamente a verlos, pues no quisimos montar en un elefante; era bastante caro y realmente, ni Antonio ni yo tuvimos especial atracción en sentarnos encima de un paquidermo. Tal vez, el hecho de que fuera el último día, y que ya nos habíamos dejado bastante dinero (y lo que nos faltaba) y el cansancio, hicieron que pasáramos de hacerlo.

Los elefantes son bonitos, nada ruidosos y aparentemente mansos. Están ahí relajados, en sus charcas, ríos y zonas de agua, lavándose y pasando el rato. Algunos están atados, no se por qué, tal vez sean los más salvajes y a esos hay que tenerlos controlados. Ver a esos gigantes moverse lentamente e interactuar entre ellos relaja bastante, sobretodo a aquellos elefantes pequeñitos, siguiendo a su madre sin despegarse de ella, y ella acariciándole y guiándole con la trompa… muy tierno y bonito.

Nos tomamos un helado para recuperar azúcar, pues hacía un calor increíble; hasta los elefantes tenían que recibir su dosis de agua fresca encima de su gran lomo. Volviendo camino a nuestro medio de transporte, una vez más caí bajo el embrujo de los souvenirs. Pero no compré nada, pude contenerme; esa misma mañana, en Kandy, al dejar nuestro hotel y pasando por una ruta la cual tenía una parada en un sitio con vistas a la ciudad, unos ‘comerciantes’ nos abordaron amáblemente para vendernos sus productos. Ya sabéis que me chiflan las pulseritas y esas mariconadas varias, y estoy harto del MADE IN CHINA. Buscaba algo diferente (y aún sigo buscando). De repente, vislumbré una pulsera negra, sencilla, con una especie de hilos gruesos entrelazados unos con otros; me acerco, la cojo y la observo con detenimiento; automáticamente el tendero dice: “ELEPHANT HAIR MY FRIEND, IS REAL”. En cristiano, que los hilitos gruesos negros entrelazados eran pelo de elefante, concretamente de la cola,  y que eran reales. Harto de tener que esquivar a timadores, embaucadores y mentirosos del país, le dije que no me lo creía. Él, cogió un mechero y le metió fuego a la pulsera; dejó la llama el suficientemente tiempo para que, si la pulsera fuera de plástico, desprendiera ese olor característico. Salió un ‘tufillo’ que rápidamente olisqueé y, mi sorpresa fue, que olía a pelo quemado. Si, como vulgarmente decimos, ‘aquí huele a pollooooooooo’ cuando se quema uno la piel o los pelos. No dudé en comprarla, y aún la llevo puesta.

El camino es largo, pero se hace llevadero en nuestro medio de transporte que Sumith, nuestro guía, eligió para este viaje. A pesar de mi más de metro ochenta de altura, podía casi estirar las piernas del todo, y junto a la inclinación del asiento de atrás, parecía que estuviera volando en la ‘first class’ de Emirates, la aerolínea. Aprovechas para ver paisaje, y dormir, pues aún queda un largo día.

Era mediodía y teníamos que coger fuerzas para la marcha. Paramos en otro restaurante de carretera, recomendado y conocido por Sumith; él no quería que nos pasara nada con la comida y sabe a qué sitios llevar a los turistas. Si aún esos sitios parecían peculiares, no me quiero imaginar cómo serán los otros restaurantes; hasta él mismo decía que mejor parar donde suele parar la gente, por si acaso. No me gusta para nada la idea de ‘irme por la pata bajo’ en medio donde Buda perdió la chancla.

Y este restaurante no era como el primero, donde podías elegir cubiertos para comer. Aquí no habían cubiertos; tocaba usar la mano de nuevo. Y, para mi sorpresa… ¡NINGUNA NOVEDAD CON EL MENU! Esta gente siempre come lo mismo: Arroz hervido como base y 5 tipos de salsa con especias de la muerte mortales (mi amigo el chili y sus colegas), junto con verduras y legumbres. ¡AH! Se me olvidaba, la gran variación es ponerle carne chamuscada de origen desconocido, o pescado frito, carbonizado  hasta tal punto que si lo miras con un microscopio, no tiene siquiera átomos. Pero en el fondo, estaba rico y uno se acostumbra a todo… gracias a la Coca-Cola. Esta vez no tuve que tomarme 2 botellines por el picante; sino con uno ya bastó, e incluso me dejé un culo. He de decir que me puse las botas, y Antonio también gozó. El silencio reinaba, concentrados en comer, disfrutando del menú y también sintiendo el nivel de picor en nuestro paladar, para darle un sorbo a la Coca-Cola, en el momento que aumentara.

Y ya por fin, llegamos al templo de oro. Una gran campana dorada en la puerta principal. Y una fachada del templo que abruma; una gran cara dorada, con ojos saltones y una enorme boca abierta, enseñando todos sus dientes. Pero ese no era el templo real, sino un museo; el templo dorado está subiendo unas cuantas escaleras, se accede por la parte izquierda y has de respetar la costumbre de ir tapado (pantalón largo con el bochornoso calor) y descalzo. Suerte que soy un poco ‘gitanillo’, me gusta andar descalzo y ya tengo algunos callos que hacen que pueda andar tranquilamente sobre sitios duros y ásperos. Pero también he de decir que mola mucho entrar a un templo, cuya creación data de hace 2000 años atrás, descalzo; tiene su rollo.

Para ser una de mis primeras incursiones a templos budistas, creo que no está mal. Este templo, construido en lo alto de una colina, al cual accedes subiendo unas escaleras de construcción y altura irregular, se encuentra debajo de una gran roca. Me refiero a que, las 5 cuevas de las que se compone el templo, están excavadas dentro de una enorme roca, que es por así decirlo, la parte alta de la montaña.

De las 5 cuevas, 3 de ellas fueron creadas hace 2000 años, y el paso del tiempo se nota en ellas; pero han sido muy bien conservadas, hasta aún hay colores dentro de ellas, en los esbozos y pinturas realizadas por aquellos monjes y artistas en aquella época. El hecho de estar en la oscuridad y alejadas de la civilización, ha hecho que se conserven maravillosamente. Las otras 2 cuevas son de reciente creación (hará unos 100 ó 200 años). Pero todas han sido bien conservadas porque han habido monjes cuidando de ellas.

Puedes optar por un guía para que te explique movidas de las cuevas pero, seguí en mi línea de ver,oír y callar. Bueno, callar no mucho, ya me conocéis; alguna sandez que otra decía al respecto de ciertas cosas que veía. Y es que había una sala con doscientos millones de figuritas iguales. Joder, mira que son repetitivos estos tíos.

Los monos campaban a sus anchas, acostumbrados plénamente a convivir con turistas. Esa extraña armonía entre monos macarras y seres humanos. En la primera cueva que entramos, ahí teníamos ante nuestras narices a 2 monos, uno enfrente de otro, y nos los topamos. Cruce de miradas, y el mono decide moverse del sitio, saltar delante mío y salir de la cueva. ‘Es tu turno’, parece que quiso decir o expresar. El cabroncete iría fuera a pelearse con otro mono. Y digo esto porque entre ellos, se reparten ostias como panes, por aquello de ser el líder de la manada y demás movidas del mundo animal (y del mundo humano también). Fotografié a un mono, que iba camino a la nada, cabizbajo y con un trocito menos de oreja, sangrando. A estos monos cabrones mejor no tocarles, siquiera mirarles, no sea que te peguen un bocao o zarpazo y te transmitan de todo menos buen rollo.

Sumith nos dio una hora para ver el templo, pensábamos que no nos daría tiempo pero, nos dio de sobra. Ya empezaba a cansarme de bucles de estatuas, hasta que vimos algo curioso: una especie de brecha en el techo de una de las cuevas, por donde discurría un hilo de agua que, llegado a un punto del mismo, caía a una vasija. Esta vasija estaba dentro de una jaula de protección; el agua es ni más ni menos que agua sagrada; proviene de no saben donde, y sí, es raro de cojones ver a algo que gotea desde el techo, en lo alto de una montaña sin aparente río cercano ni nada similar. ¿Misterios del planeta?

Descendemos, mientras disfrutamos una vez más de las maravillosas vistas que nos ofrece Sri Lanka y sus elevados montes, monasterios y templos budistas. Qué paz, serenidad y armonía se respira en estos sitios…

Sumith se sorprendió de la puntualidad; hasta él mismo sabe que los españoles no tenemos fama de puntuales, sino todo lo contrario. Bajamos a la hora concretada, pues aún quedaba mucho por ver.Es decir, faltaba lo mejor, las garras del león: SIGIRIYA.

Sigirya, antigua capital milenaria de Sri Lanka. Uno de los más importantes sitios turísticos de Sri Lanka, y patrimonio de la humanidad, otorgado por la UNESCO. Situado en el mismo centro del país, a unos 160 km. de la capital Colombo. El camino desde la capital es largo, debido al estado de las carreteras, que como ya os he explicado en este blog, son bastante peculiares.

Su templo, se alza en una enorme roca cuya cumbre llega a los 370 metros de altura. Rodeado de maravillosos jardines, con lagos y canales creados por ellos mismos, para el regadío. Los restos, que datan del siglo 2 A.C., transportan tu mente al pasado. la humedad de la isla, y por lo tanto el moho, hacen acto de presencia en cada muro, pared, escalera, o rincón donde el sol apenas incide y el verde musgo campa a sus anchas.

Senderos, cuevas, grutas, que junto con la escasa afluencia de turistas, hace que disfrutes relajadamente del momento.

Comenzamos la ascensión al templo. No disponíamos de todo el tiempo del mundo, eran las 4 de la tarde y el sol caería en un par de horas; nuestro objetivo era ver la puesta de sol desde la cima. Ver al rey Sol cayendo por el horizonte un día más, para dar paso a la noche.

Un camino en el que has de luchar ante una gran inclinación, donde sorteas todo tipo de escaleras, tanto naturales como metálicas y oxidadas por el paso del tiempo y la humedad, haciendo que no te fíes mucho de donde pones el pie, pasando por pasillos con pintadas de la época, donde unas mujeres enseñan sus pechos a todo turista. Impresionante, qué mente más abierta hace 2000 años, ¿no es cierto? Los de la región donde vivo actualmente (no los nombro directamente porque paso de movidas, que me espíen el blog y vengan a mi casa a detenerme) tendrían que aprender de ello y a no ir tan tapados.

Y llegamos a la puerta principal de Sigiriya, las garras del león. Unas enormes garras, patas de león, talladas en la misma roca enorme donde estaba el antiguo templo, te dan la bienvenida para que ahora empieces a subir unas escaleras aún con más inclinación que las anteriores.

Esto fue la risa, porque Antonio y yo coincidimos en que tenemos algo de vértigo. Incluso yo, que me encantan las atracciones fuertes de parques temáticos como Port Aventura, no me explico el por qué de eso. Mientras subes, no pasa nada porque vas cara a la montaña, y no ves el vacío; pero tan sólo pensar en la bajada, hacía que me sudaran las palmas de las manos instantáneamente. En serio, si algún día venís, en una de las partes del descenso, la escasa altura de la barandilla de la escalera y su falta de consistencia, junto con el acantilado vertical que hay a tu derecha, van a hacer que pongas a prueba tu acrofobia (miedo a las alturas).

Logramos llegar a la cima, no os lo he comentado antes pero, a cada paso que das y girabas la cabeza, las vistas eran cada vez más impresionante. Al fondo, una estatua de Buda (¡NOVEDAD!) muy alta y de color blanco. Y todo rodeado de un gran manto verde, de árboles y palmeras tropicales, junto con esa niebla semi-densa, que nunca desaparece, en la selva de Sri Lanka.

Apenas contaría unos 20-30 turistas en la cima, algo maravilloso para no sentirte como en una atracción de feria más y sentir así el encanto del lugar y el momento. Y, mira por donde, nuestros ‘temores’ se hicieron realidad: un perro en lo alto de la cima. Sí, una vez más, vimos un perro donde menos nos lo esperábamos. Antonio y yo nos sacamos el sombrero ante este perro moribundo, a la vez que nos echamos a reír, de cómo es posible que en este país todo esta plagado de perros. Y lo comentábamos desde que desembarcamos del coche de Sumith, en los jardines del templo:

-Fijo que subimos arriba del todo y nos vemos un puto perro. ¡Ya verás! Están por todas partes.
– ¡¡Jojojo!! No caerá esa breva.

Dicho y hecho, ante nuestros ojos, ‘tirao como un perro’, él. Sin moverse, sin inmutarse, esperando a que cayera la noche, o yo qué sé, para moverse de ahí. La ostia, ¿cómo es posible que un perro haya subido hasta arriba? No tiene sentido, ¡si ahí arriba no hay nada para ellos! Vale que están por todas partes de la isla, se reproducen sin control y dan un por culo bastante serio durante las noches ,cuando se vuelven activos porque hace menos calor, y tendrán que comer algo y seguir reproduciéndose pero… de ahí a ver uno de ellos reinando en la cima del templo icono de Sri Lanka, ¡es de broma de cámara oculta!

Y unas cuantas vueltas por la cima, unas fotos. Unas lecturas a los paneles informativos sobre cómo lograban regar los diferentes niveles y pisos que tiene la cima del templo, en lo alto de la montaña; agua obtenida mayoritariamente de las lluvias pero, a su vez canalizada de una manera estratégica para que pudiera sortear alturas. Algo misterioso.

Y un lugar para la relajación, para la reflexión, para el disfrute. Para echar la vista al fondo y ver que nuestra mirada se pierde más allá del horizonte que vemos. Sorteamos unas piedras y llegamos a una especie de balcón, un sitio muy bonito. Vemos el atardecer y las montañas al fondo. Y, me vais a disculpar pero, no soy capaz, ni creo que lo seré, de plasmar sentimientos que tienen lugar ahí arriba, en los relatos de mi blog. Tan sólo os invito a que si tenéis la oportunidad, vengáis.

Pero ya no sólo a este sitio sino, en muchos otros. Porque, como bien hace referencia mi título, en cada lugar ocurre algo, y en ese lugar se produce un momento único y especial. Y lo que se produce aquí, también se puede producir allá, o donde sea, siempre que vayas con la actitud adecuada. Y cualquier sitio vale; si bien unos más que otros, debido a, por ejemplo, el misticismo que les rodea como muchas ruinas y templos que he visitado. Pero seguro estoy, que también podréis encontrar ese tipo de momentos en cualquier playa de España, colina, rincón, o donde sea, pues a mi me ha pasado.

Cae el sol, la luz se vuelve tenue, comenzamos el descenso. Mientras bajamos, aún suben más turistas; espero llevaran buena linterna, les bendecimos a lo ‘typical spanish’, soltando un ‘olé tus cojones’. Sorteamos a varios alemanes patosos y lentos y llegamos a la superficie, donde los jardines, casi a oscuras. Un guía nos indicaba una ruta diferente para salir del lugar, y .. ¡NOVEDAD! mas Souvenirs. Gracias a Dios ya era tarde y con la poca luz, apenas pude ver qué vendían y no compré nada.

Y nos quedaba un largo camino de vuelta, aproximadamente unas 4 horas, hasta el aeropuerto de Colombo. La vuelta no se hizo tan pesada, era de noche, estábamos cansados del ascenso y descenso del templo, y de todo el día que llevábamos de pateada, logramos echar pues, una buena siesta dentro de nuestro medio de transporte.

Y aún faltó algo más por descubrir aquel día. Es acerca del ‘driver’, el conductor del vehículo. Ese hombre mayor,con piel muy morena y pelo blanco como la nieve. También mencionado por Antonio y yo durante el viaje como ‘el abuelo’, ‘el colgao’ o ‘el temerario’. Resulta que durante gran parte del viaje dentro del vehículo, este hombre soltaba unas parrafadas increíbles a Sumith. Nuestro querido guía, siempre permanecía atento a él; a veces asentaba con la cabeza y otras discutía con él. Antonio y yo pensamos y dijimos en alto, más de una vez, la chapa que le estará soltando a Sumith, madre mía. Pensabamos que era un simple conductor, un trabajador, uno más.

Tras realizar la parada de rigor para comer algo, ir al W.C. público llamado esquina de cualquier calle y demás, salió el tema del ‘driver’. Para nuestro asombro, Sumith de repente le nombra a él en inglés con la palabra ‘father’. Sí, father significa padre. Era su padre. Padre e hijo han estado viajando con nosotros, guiándonos durante estos 3 últimos días en Sri Lanka. Ahora entendemos las chapas que le daba, las conversaciones eternas. Sumith es un joven emprendedor de 28 años que lleva a cargo muchas actividades turísticas de la zona. Sumith era más joven que nosotros pero ahí la tenías, al frente de su negocio y con su padre como apoyo.

Las risas entre Antonio y yo fueron abundantes, sobretodo por el tema de las ‘chapas’, la ‘tostada’, el torrao que le metía el padre de Sumith, pensábamos, en clave de humor, que el pobre viejete ya chocheaba, tantos años de driver no tienen que ser buenos (algún día os contaré la historia del cabrón del conductor de un autobús, cuando hice un viaje a Andorra, a mano llevaba el móvil, las gafas de sol y una botella de whisky).

Aclarada esta situación, nos dirigimos al aeropuerto. Desembarcamos en el mismo y nos despedimos acaloradamente de nuestros queridos guías. Antes de irnos, Sumith nos hace rellenar una especie de formulario, donde tenemos que rellenar con nuestros datos y escribir si nos ha gustado él como guía y el viaje. Creo que con leer el blog, sabréis de sobra la valoración que le puse.

Y una vez más, el proceso de embarque en los aeropuertos estos tan, tan diferentes a lo acostumbrado en Europa. Y no nos íbamos a ir sin que nos pasara otra graciosa anécdota.

Resulta que, una vez dentro del aeropuerto, está prohibido fumar. Antonio se moría por fumar un ‘piti’. Buscamos una zona para ello pero no encontramos nada. Haciendo tiempo para hacer el check-in, y con un ‘trolley’ con todas las maletas encima, esperábamos en una zona de descanso. Un avispado currante, local, nos echaba el ojo. Antonio le preguntó al mismo si se podía fumar. El tío dijo que no pero, atención, él disponía de un sitio secreto para que fumáramos sin tener que salir fuera y repetir ese proceso de check-in previo, con la susodicha perdida de tiempo  que conlleva.

Y, como la expresión dice, de perdidos al río. Aceptamos que este personaje nos indique dónde se puede fumar sin que te vean. Pensaba que iba a llevarnos a las afueras del aeropuerto, o algo. Pero no, damos unos cuantos pasos, desde donde nos encontrábamos, los aseos, para meternos, ni más ni menos, ¡¡que en el aseo de minusválidos!! “COME COME”, decía el listillo, que en cristiano significa venid. Embriagados por la sensación de lo prohibido, y sin tener aún ni idea de por qué lo hice, pues ya no fumo, hasta yo me metí dentro. Lo mejor fue cuando, una vez cerrada la puerta, nos indica que podemos vigilar nuestro equipaje por la ranura que se queda entre la puerta el marco de la misma. La ostia, qué descojone. Antonio se enchufa el piti, y él currante le pide uno a él. Su cara cambió de repente, se le puso un rostro de ‘malvado’, con alevosía. Una cara de pillo, la cual nos producía desconfianza pero muchas risas. El listillo aprovechó también para pedir dinero por habernos mostrado semejante enclave de lujo para evadir la seguridad si queríamos fumar dentro. Antonio le da algo, pero le da algo irrisorio; estábamos hasta el moño ya de los timadores.

Apuran las últimas caladas, y nos indica que él saldrá primero para ver si había alguien vigilando. Nos da el OK y salimos los 2. Madre mía, ¡acabamos de cometer una infracción máxima en un aeropuerto, y los currelas dándonos soporte! jajajjajajajjajaj, es de chiste lo que la gente hace por dinero en este tipo de países. Cualquier oportunidad es buena para ello.

Nos situamos en la cola de embarque, y ese cabroncete seguía merodeándonos… Con la desconfianza a flor de piel, esperábamos cualquier posibilidad, que nos la liara en algún momento, o vete a saber qué. Del trato de confianza que tuvimos en el aseo mientras infringíamos la ley, pasó a mantenerse distante, mirando con un rostro serio, de cómplice de que algo había sucedido. Y mostrándonos como que él estaba ahí para lo que hiciera falta.

Decir que no le hicimos ni puto caso. Hasta el gorro.

El cansancio apremiaba, y con ello, las sandeces que decía iban ‘in crescendo’. No tardé en ir a una tienda de gafas en el Duty Free para hacer el panoli, probándome gafas y soltando tonterías a las dependientas, nada acostumbradas al desparpajo y payasería español. Comimos algo antes de la  vuelta, embarcamos y con esto, lo bueno ya acabó…

…O eso dicen, que todo lo bueno se acaba. Pero yo no lo creo. Por supuesto que estos momentos no vas a tenerlos durante todos los días de tu vida, y habrán momentos no tan buenos, o sea, malos. Pero son necesarios para que exista ese equilibrio y balance, para así distinguir entre los mismos.

Y me aventuro a decir que, aún así, muchos de los momentos que vivimos son excelentes. No todos, por supuesto, no quiero ir de ‘jippie flower’ ni mucho menos. A lo que me refiero es que, no todo lo bueno se acaba. Porque creo que, cualquier momento es bueno, incluso gran parte de los malos, mientras no sean catastróficos, se convertirán en buenos a la larga.

Si esto no fuera así, no estaría ahora mismo escribiendo este blog desde Dubai, por y para vosotros. Y para mi y para el recuerdo, de lo que está siendo esta maravillosa experiencia de vida. Porque vivir es aprender, y vivir más es aprender más. Y os aseguro que, aprender, puedes aprender en todo lugar, ya sea en Sri Lanka, o en un rincón de tu casa.

Espero que os haya gustado a todos mi relato de este maravilloso viaje. son las 22:19 de un 18 de mayo de 2012, voy a bailar un rato. Aún tengo que adjuntar fotos, espero publicarlo si no hoy, mañana.

Enlace al álbum de fotos

2011-12-06 Sri Lanka – Cada lugar y momento, único y especial

Nos vemos con los ojos. Abrazos a todos/as.

Sri Lanka, el paraíso en la tierra (IV): Viaje al pasado

Amanecía de nuevo, pero esta vez más temprano que el día anterior, cuando nos encontrábamos en Hikkaduwa y partimos rumbo a Ella. Y si aquel día nos pareció largo, este lo iba a ser más. Porque ese día, íbamos a viajar al pasado, y eso lleva tiempo. Pero no el tiempo que vosotros pensáis… sino el tiempo que tarda tu mente para imaginarte en aquellas épocas.

amanece

A las 5 de la madrugada, en pie; había que coger el tren desde la estación de Ella, que construyeron los ingleses, hará unos 80 años (o más), para moverse por esta parte del país y transportar mercancías. Con este tren nos desplazaríamos a un pueblo donde Sumith, nuestro guía, nos recogería para ir a uno de los muchos campos de té de Sri Lanka, un té de denominación propia, té de Ceylon, mundialmente conocido. Y, acto seguido, seguir conduciendo hasta Kandy, capital cultural de Sri Lanka, donde asistiríamos a la ceremonia de la reliquia del diente de Buda, entre otras parafernalias y misticismos variados.

Un amanecer de ensueño, digno de película. Una neblina persistente rodeaba las montañas, y hacía frío, como para ir con un par de mangas. Esta vez teníamos que darnos prisa, el tren no esperaba a nadie. Un fuerte desayuno con café incluido y a la carretera. Sumith y el ‘driver’ nos esperaban. He de decir que no tomo café pero en estos casos, como viajes largos, creo es necesario, y 1 al año no hace daño 😀

Apresuramos a comprar el ticket en aquella peculiar estación, acudimos al mostrador y previo pago, nos dan un trozo de cartón bastante grueso, muy original; a la antigua. Apenas éramos 4 personas esperando el tren, y mientras tanto, mi asombro no dejaba de aumentar con el silencio y la paz del momento que nos rodeaba.

En medio de aquel silencio, se escucha el traqueteo y ruidos mecánicos varios, sí, como ese ruido de locomotora antigua que has escuchado en las películas. El viejo tren de madera construido por los ingleses hará más de 80 años hace su aparición. El tren emite un sonido estridente, por el frenazo; el tren se detiene, ya toca subir. Nos queda un largo camino de 2 horas; un largo camino que para nada iba a resultar pesado, pues el entorno en el que nos encontrábamos era único y visto por primera vez. Nada dejaba de asombrarme.

El tren comienza su marcha, serían aproximadamente las 6 y media de la mañana. Nos sentamos en la parte trasera del furgón, en el vagón ‘mirador’, que es, bastante más caro que el vagón normal donde viaja la gente local. Caro, para ellos; para nosotros, el precio daba risa. Este vagón al ser el último, tiene unos cristales delante que hacen que puedas ver todo lo que el tren deja atrás, aparte de los lados. Los sillones, muy confortables a la par que viejos. Y el aspecto general del vagón, con aseo propio incluido, denota que éste fue diseñado para la gente VIP de la época, los que tenían pasta, los que más pagaban; la ‘first class’.

Estaremos 2 horas cruzando montañas, laderas y pasando a través de campos de cultivo y de te. Ahora toca observar por el vagón. Los niños y niñas, ya despiertos, iban camino al colegio siguiendo la vía del tren. Uniformes blancos para ellas, y corbatas. Para ellos, algo más discreto. Su piel morena destaca aún más con sus luminosos uniformes. Y su pelo; qué peludos son los habitantes de Sri Lanka.

Un grupo de militares aparece por un lado de la vía al pasar el tren. De maniobras, y perfectamente camuflados. Caras serias, era muy temprano.

Los labradores, ya estaban trabajando la tierra. Fijo que se despertarían mucho antes que nosotros, para conseguir aquello que les da para comer y vivir.

Dentro del tren, cómodamente sentados, el tiempo pasaba lentamente pero sin resultarnos pesado; más bien todo lo contrario. Disfrutando de las vistas del maravilloso paisaje, cruzando bosques con árboles altísimos, bordeando verdes colinas y lomas con plantas de té; donde se extrae y se elabora el famoso té de Ceylon.

Aparte de nosotros, unos cuantos turistas más disfrutaban en el vagón con vistas; una parejita europea con mochilas grandes como única pertenencia y un aire bastante desaliñado, a lo ‘backpacker’. Una familia europea con hijos, bastante tranquilos durante todo el viaje, por cierto. Y también habían turistas que por su aspecto, vendrían de la India. Y cuando esta gente viaja, parece que viaja en serio y a lo grande, porque eran un grupo bastante numeroso. El olor a curry y demás especias hacía presencia.

Después de alimentar nuestro cuerpo y alma con esas impresionantes vistas y panorámicas, decidimos dar una vuelta por el tren. Estábamos en la parte trasera del mismo, e iríamos caminando hacia donde está la locomotora, atravesándolo todo. Un revisor se situaba justo después de nuestro primer vagón, le preguntamos si podemos aventurarnos; gesticula con la mano y lo tomamos como un ‘adelante’.

El traqueteo del tren se siente más, y el ruido aumenta; el mecanismo de la locomotora de más de 80 años se siente por todo el cuerpo, aunque sólo viaje a una media de 20 km/h. Estos vagones ya no parecen tan confortables, son para el día a día. En ellos se sientan los autóctonos, los cuales usan este transporte para desplazarse entre pueblecitos de la zona, para ir a trabajar, o cualquier otro menester. Sentimos sus miradas como si de clavos sobre nuestra frente se trataran y nos intentaran atravesar. ¿Qué harán por ahí 2 personas tan diferentes? Pensarían. Ellos, muy tranquilos, apenas ruidosos, a su aire. Algunos, sentados, otros durmiendo, o viendo también ese paisaje a través de sus pequeñas ventanas (comparadas con las de nuestro vagón). Las puertas para embarcar a los vagones del tren están abiertas; puedes asomarte y sentir la brisa, respirar ese aire puro; con una mano bien sujeta al agarrador y medio cuerpo asomando, disfruto del momento como algo extraordinario que és.

Y suerte que llevábamos algo para picar, porque me entró algo de hambre. Durante nuestro paseíto, pasamos por un vagón-restaurante, el cual ponía a disposición toda esa típica comida del país. Pero su aspecto, era si cabe, intrigante, misterioso. No se si nuestros estómagos occidentales hubieran estado preparados para comer semejantes productos, almacenados y expuestos en la propia barra de madera del tren, en contacto con ‘todo’. Mejor no tentar la suerte.

Tras varias paradas, unas 13, (Sumith nos dio el nombre de la estación donde teníamos que bajar, pero también nos dio el número exacto de paradas, porque vaya nombrecitos…) bajamos del tren, tras más de 2 horas de lento, pero armonioso e increíble viaje. Sumith nos espera, sonriente como siempre, un poco tímido, pero muy, muy amable. Nos montamos a la furgoneta que alquilamos y nos ponemos camino a la factoría de te de Mackwood’s. Desconozco la marca pero, tiene pinta de ser buena.

Ya llegados a los pies de la factoría, y tras atravesar unas cuantas colinas y lomas de montaña verdes, atestadas de plantas de té y de mujeres recogiendo la hoja, decidimos hacernos una foto con una de ellas, previo pago, para variar. Es la segunda foto con un local y, parece ser que algo tienen en común, no miran a la cámara cuando les haces la foto.

Amablemente, nos recibe un guía de la factoría. En esta antigua fábrica, se ha dejado en marcha una única línea de producción para ver, en tiempo real, cómo es elaborado el te. El proceso es guay, y, a grosso modo os lo explico, dependiendo del filtrado de las hojas y su tamaño, la calidad y el sabor amargo será mayor o menor.

Compartimos ruta con unas mujeres australianas, de avanzada edad, con las cuales nos reímos bastante; ya no me acuerdo bien pero, creo que alguna nos tiró los trastos, jojojo. Después del recorrido, parada obligada para probar el te, pasar por la tienda a comprar alguna muestra que otra por un precio ridículo en comparación con España (y seguro que más países), más fotos, y a seguir el camino. Destino: Kandy.

Y sospechábamos de la ‘fragoneta’, mientras descendíamos desde lo alto de las montañas de té hasta el nivel cercano a cero metros sobre el nivel del mar, porque tanto Sumith como el conductor no paraban de hablar de una manera más rápida y estresante que de costumbre. Hasta que definitivamente, pararon en una zona donde había un puesto de frutas, verduras y demás, con el aparente motivo de parar para descansar y comer algo. Antonio y yo ya estamos ‘curtíos’, él más que yo porque llevaba más tiempo por Oriente Medio, nos olíamos algo. Le preguntamos si pasa algo con la furgoneta.

Y al final, Sumith declaró: el ‘fadding’. O dígase también, aquel efecto que se produce cuando, bajando una colina, frenas demasiado debido a la pendiente y hace que se recaliente todo el sistema de frenado (discos, pastillas) haciendo que cada vez frenes menos hasta que… pues eso, que si no paras hasta que se enfríe todo de nuevo, estás jodido. Y mientras comprábamos un bote de miel super extraña, el conductor echaba agua a los frenos, y de estos surgía el vapor, junto con el ruido de cuando viertes líquidos sobre partes metálicas incandescentes. Antonio y yo nos miramos y pensamos: ‘que sea lo que Dios quiera, o Alá, o Buda, o quien rija en ese momento y en ese país nuestro destino’.

Y tras una una parada en una cascada, unas cuantas fotos, intentar cazar una rana, subirse a un par de árboles y hacer el mono, un poco de relax, y una larga ruta en carretera, llegamos a Kandy, la capital cultural de Sri Lanka.

Kandy es una ciudad ajetreada, con denso tráfico, como en la mayoría del país. una ciudad rodeada de montañas, un gran lago, un par de calles principales, y mucha gente. Negocios callejeros, restaurantes con comida picante, o muy picante, un Pizza Hut y alguna que otra franquicia internacional más. Kandy carece de bares y ocio nocturno tal y como concebimos nosotros el ocio nocturno; lo descubriríamos más tarde, después de cenar, cuando quisimos dar una vuelta por la ciudad.

Aparcamos cerca del centro y nos dirigimos a comer, era mediodía y teníamos un hambre del copón. De camino, vi a un hombre vendiendo lotería. ¡¡AL FIN!! Después de meses sin nada de azar, tuve al alcance, por unos 5 euros, unos cuantos boletos, que los repartí entre los 4 que íbamos. Ese momento fue como una fiesta, todos rascando los típicos cupones que si salen 3 figuritas iguales, obtienes premios o dinero. Sumith, nuestro guía, y el conductor, estaban flipando de ver como el españolito repartía azar. Y es que ya sabéis que suelo ‘liarla’ de vez en cuando, el cachondeo forma parte de mi modo de vida … y ¡qué leches!, ¡vamos a reírnos un rato,a ver si toca algo!

Al final no tocó nada. Hubiera suerte o no, pagábamos siempre las comidas a Sumith y el conductor. La verdad que nos daba igual, porque el precio para 4 personas apenas llegaría a 6 u 8 euros… algo que me deja y me dejará sorprendido siempre, pagar tan poco por comer. Esta vez la comida picaba más de lo normal, y estaba harto de comer con la mano; pedí cubiertos y fui de occidental.

No vi tiendas de souvenirs ni nada por el estilo. ¿Os conté que me aficioné a comprar souvenirs en este viaje? Realmente se me fue de las manos… Yo, que siempre he sido práctico a la hora de viajar, y no comprar nada, tan sólo lo necesario, de repente me vi envuelto en una espiral voraz de compras. Todo tipo de artilugios y accesorios del país. No se por qué, pero es que me gustaban esos bañadores a 3 euros la pieza, y las pulseritas, tobilleras, y demás… individualmente el coste era bajo pero, cuando compras muchas cosas, ya se disparaba el precio total.

Retomando lo anterior, después de comer fuimos al templo del diente de Buda, última ‘atracción’ del día. Cuenta la leyenda que una mujer se quedó con el diente y tuvo que huir para que no se lo robaran, no se por qué, y ésta huyó hasta Sri Lanka, y ahí fue depositado. Bueno, la verdad es que según el panfleto, el diente, alias la reliquia de Buda, había dado vueltas por toda la isla, siendo custodiado por monjes budistas en diferentes templos. Dicho templo en Kandy, fue víctima de un atentado terrorista, tuvieron que reconstruirlo, y actualmente el diente se encuentra ahí. Lo que íbamos a presenciar más adelante, era una especie de ceremonia, un ritual, que daba paso a enseñar al público, a través de una ventana, dónde es guardado el diente, para rendirle culto y honor, y de paso, dar dinero al monje que dice que no te quedes parado más de 3 segundos para echarle un ojo.

Profundizando en la visita al templo, mientras esperábamos a la hora pertinente, fuimos espectadores de un desfile de calle, parafernalia budista, con un tío paseando un elefante encadenao, y gente danzando y sonriente. Ritmos tribales y percusiones. Sensaciones diferentes; me pregunto si ellos sentirían lo mismo al ver nuestra Semana Santa y  ritos similares. Yo creo que sí; pues la novedad muchas veces es de buen ver y deja asombrada a la persona.

Tras ponernos los pantalones largos, requisito obligado, por respeto a la religión budista, para entrar al templo, y quitarnos las chanclas, ya pudimos comenzar la visita. Sumith, nuestro guía, nos acompañó en todo momento. El templo estaba genial, muy auténtico y colorido. Con montón de objetos de la época, vasijas, figuritas y demás. Muy llamativo. Destacaré el techo que cubría la parte principal del templo, donde se halla la reliquia de Buda, el diente. Un techo con flores de oro macizas incrustadas en el mismo; aún estando así de alto, estas flores se ven enormes (tenéis la foto más abajo).  Deben ser caras; quién pudiera llevarse una florecita de oro maciza, del tamaño de una paella para 6, a casa.

También visitamos una sala con una gran estatua de Buda, rodeado de varias estatuas del mismo. Él y sus estatuas. Como apunte interesante, deciros que no se le puede dar la espalda a Buda, vamos que no puedes hacerte fotos con él de fondo, porque le estás dando la espalda, o el culo, y eso es una falta de respeto en su religión. Ojito, como te pille un segurata, te la lía.

Hablando de seguratas, uno de ellos se enrolló y nos llevó a un sitio SUPER SECRETO. ¡WOW! Era un balconcito, en la planta de arriba del templo, con vistas al exterior del mismo y de parte de la ciudad, nos lo pintó como algo SUPER SECRETO, algo ÚNICO… que no se lo ofrece a todos. No me acuerdo muy bien pero creo que tuvimos que pagarle algo, y obviamente, le pagamos una mierda, dinero para chicles y poco más. Harto de sentirnos estafados, nosotros ya no nos cortábamos a la hora de dar o no dar. A quien se lo merece, por supuesto. Pero, ese segurata, cuántas veces habrá hecho lo mismo durante parte del día, y cuánto dinero se habrá sacado? Dado que hay mil tipos de turistas, prefiero que los tópicos sigan en pie hasta el fin de los días, y que los europeos (excepto españoles) y australianos sean los que paguen todas las propinas habidas y por haber; y que los japoneses sean robados y estafados siempre, a pesar de ir en grupo y con uno o varios guías (pringaos, jojojo).

Y los tambores sonaron, y nos apresuramos a ir a la parte central del templo, a hacer cola para pasar delante, pero a varios metros de distancia, de la reliquia de Buda, su diente. no vimos los actos ceremoniales, sino fuimos directamente a hacer la cola por la cantidad de gente que había; mejor pillar buen sitio. Tras un largo rato esperando, pasamos y veo la campana que recubre la reliquia, de oro macizo y atestada de piedras preciosas y demás joyas. Pago algo de dinero antes de situarme a su frente,  para variar, y me voy a otra parte, para poder hacer fotos a distancia, mientras me daba codazos con los otros 294239843892 turistas que pretendían hacer lo mismo.

Mucho oro y piedras preciosas. Tras un largo rato observando el brillo y resplandor del metal precioso, nos dirigimos a las afueras, del templo. Caía la noche y teniamos que volver al hotel.

Y aquí empieza la última parte de ese día, largo donde los haya, y si habéis llegado hasta aquí leyendo es que os interesará también qué pasó al final de la tarde-noche. Sumith, como siempre, eligió un hotel increíble, en lo alto de una montaña, con vistas al valle de la ciudad. Increíble y sin palabras, tranquilo y silencioso.. hasta que la noche profunda cae y los perros empiezan a aullar sin cesar.

Antonio y yo, como siempre, queríamos saber más de la zona, empaparnos de la vida auténtica de las calles de Kandy. En el hotel nos esperaba un ‘taxista’, con su tuc-tuc como vehículo para transportar pasajeros. Su nombre, Fernando, de origen portugués. Se emocionó al saber que éramos españoles y nos contó su vida mientras bajábamos a la ciudad para cenar algo.

Fernando parecía joven, y cuando nos dijo su edad, nos quedamos de piedra. Bajito, fibrado y con unos ojos grandes y saltones, su sonrisa permanente y su relajada forma de ser hizo que estuviéramos casi en plena confianza con él ,a pesar de las movidas anteriores que hemos tenido en este país. El tío sabía cómo camelarse a los turistas, sabía en qué sitios podíamos tomar algo a ‘altas horas’. Altas horas allí, significa a partir de las 11 de la noche. Nos dejó en el Pizza Hut que había avistado hora antes, y dijo que nos esperaría. Nosotros le dijimos que no se preocupara, que ya nos buscaríamos la vida para volver, pero él sabía que tenía premio si esperaba. Y acertó; tras acabar de cenar y dar un par de vueltas por la zona, vimos que no había ni un alma y de repente, le vemos enfrente de nosotros. – ‘Amigouuss’, nos dice. Y nosotros le saludamos efusivamente y le comentamos que nos lleve a un sitio para hablar y tomar un té tranquilamente.

Fernando nos llevó a un hotel-restaurante-terraza de un inglés que vino hace muchos años a la isla. Por suerte, esta mente europea deja abierto su bar hasta horas más tardías que las que acostumbran los demás negocios, y gente como nosotros podemos acabar la noche. Como teníamos que subir al hotel de nuevo, negociamos con él un precio para que estuviera con nosotros hasta el fin de trayecto, y le invitamos a tomarse algo con nosotros.

Parece que la cerveza Lyon, la marca nacional, servida en botellas de cristal de un litro, es como un elixir de la verdad. Fernando nos contó todo: tiene una mujer, con 2 hijos pequeños, trabaja de taxista, el tuc-tuc es suyo propio. También tiene un negociete de transporte de paquetes de un lado a otro, y guía a turistas. Conforme daba más tragos, soltaba más detalles. También descubrimos que era cinturón negro y no sé qué Dan de Taekwondo (!), y hasta nos hizo un par de demostraciones y patadas al aire, jaja.

Se hacía tarde y el guiri dio la orden a sus súbditos de cerrar el chiringuito. Antonio acababa su cerveza y yo mi té (me volví un té-adicto durante el viaje) a la vez que Fernando le daba los últimos lingotazos a su ‘litrona’, para subir bien ‘entonao’ y alegre. Qué pensaría su mujer, cuando éste volviera a casa como una cuba. Nos hicimos un par de fotos con él, que quedarán para el recuerdo. Una vez más, nos involucramos lo máximo posible esa noche, con gente local, para vivir experiencias únicas e historias que, con el paso del tiempo, siempre recordarás.

Y lo recordaré porque Fernando salió alegremente del bar, invitado por un par de españoles, dando abrazos y alabándonos, y apuntando nuestros números a la vez que nos decía que éramos buena gente y buenos amigos, que estaba muy contento de haber estado con nosotros, y no paraba de agradecernos una y otra vez la compañía. Hasta el punto de parecernos raro, porque fijaos lo que hace el alcohol, o la persona, o yo qué sé, que tras dejarnos en el hotel, aún volvió a llamarme una vez más a mi móvil ‘Srilankeño’ para darnos las gracias. Fue la ostia, porque a el tío ya le bailaba la voz, iba pedo y contento. Esa noche se llevó buena compañia, unos dineritos y una cerveza gratis. Y nosotros, también nos llevamos un trocito más de aquél país, que quedaría guardado en nuestra cabeza, para siempre.

Porque viajar hace grande a una persona, y aprendes de todo lo que te sucede y rodea. Y ya no es sólo viajar, sino vivir. Cuanto más vives y más te relacionas, más aprendes. Aprende de todo lo de tu alrededor.

Una noche más, y la última, antes de volver a levantarnos para visitar unos cuantos sitios más de este maravilloso país. Un abrazo a todos y todas, se os echa de menos.

Acá enlace al álbum, que no tiene desperdicio, más de 250 fotos y un vídeo del tren, ¡a qué esperas!

2011-12-05 Sri Lanka – Viaje al pasado, Ella a Kandy

Sri Lanka, el paraíso en la tierra (III): Camino a Ella

Ella nos esperaba.

No, no era una mujer. Ella es un pueblo de Sri Lanka, en la parte sureste de la isla, situado a unos 120 kilómetros hacia el interior desde Hikkaduwa, lugar donde nos encontrábamos. En medio de montañas, a unos 1000 y pico metros de altura, rodeado de bosque y frondosa vegetación, y con clima tropical pero fresco debido a la altura; ese mismo día, íbamos a conocer lo que es un lugar paz, serenidad y meditación. Un lugar que, aquellos que vivimos en el primer mundo, no solemos tenerlo al alcance, pues el enclave, digno de película, nos transporta del mundo real y ruidoso donde vivimos a la más absoluta serenidad. Una vez allí, haríamos noche para, a la mañana siguiente, despertarnos y subirnos a un tren que recorrería parte de la montaña, pasando por los famosos campos de té Ceylon, que son mundialmente conocidos. Pero no sin antes dar un pequeño paseo en coche por la isla hasta Ella.

Tercer día de viaje. Nos levantamos de buena mañana, sobre las 7:00 am, después de estar 2 días disfrutando de las playas de Hikkaduwa; sinceramente, no quería irme de ahí, me hubiera gustado quedarme 1 ó 2 meses más, aprendiendo surf. Gracias a nuestra pericia, concretamos el día anterior que por favor se levantara alguien del hotel un poco antes de lo normal, para que nos prepararan el desayuno; a regañadientes aceptaron, pero aún así no se presentaron a la hora. Y es que esta gente vive a un ritmo muy relajado.

Y no pasaron ni 20 minutos desde que nos levantamos que ya tuvimos un anécdota más para contar, que afortunadamente no cayó sobre nosotros. No sé si os acordáis, la primera noche, cuando casi nos quedamos en la calle durmiendo porque nos fuimos dejando la llave en recepción y esta gente cerraba antes de media noche. Por suerte espabilamos y la conseguimos, aporreando la puerta de una habitación en la planta baja del hotel, donde asomaba un haz de luz por la ventana, y pensamos que ahí habría alguien, al menos para dormir en su habitación xD.

Sin aún estar despejados del todo, desayunando aún medio dormidos en el ‘restaurante’ del hotel, el cual está justo al lado de recepción (está todo comunicado, es un patio) vemos como un hombre de 1,90, ojos azules, pel grisáceo y cara de pocos amigos se acerca. En inglés, clama a los 4 vientos dónde está el dueño del hotel, o al menos que se presente el de recepción. Nosotros no hacemos mucho caso, y seguimos a lo nuestro, pero con las expectativas puestas en ver qué pasaría. Mientras la mujer de recepción, los 2 pinches de cocina y el cocinero revoloteaban por la zona, el gran hombre fornido y cabreado, les preguntaba que quién era el encargado. Estos, sin hacerle mucho caso señalan a la mujer de recepción. Nosotros ya nos hacíamos una pequeña idea de lo que podía haber pasado.

El hombre cabreado empieza a ‘ladrar’ a la mujer de la recepción:

– ¡Donde estaban ustedes ayer por la noche, a mi nadie me dijo que ibais a cerrar y dejé la llave en recepción! Y mi sorpresa que al llegar, ¡¡todo estaba apagado, no había nadie!! He tenido que dormir fuera hoy. Esto es incomprensible, esto es intolerante! ¡Se supone que la recepción debe estar abierta las 24h del día!

La de recepción no hizo apenas caso, se dedicó a decir lo siento y enseguida fue a otras tareas. El hombre cabreado, tras ver cómo pasaba de su cara, se ensañó con el cocinero, y con los camareros. Repetía una y otra vez lo mismo: ¡pero como es posible, he dormido en la calle, esto no puede ser! ¡Vaya servicio! Antonio y yo, nos miramos uno al otro, sin apenas hablar pero ya con la mirada y la sonrisa en la cara, sobraban las palabras. Al pringao le había pasao lo mismo que nosotros, pero este ni consiguió despertar a ninguno de los que duermen allí, o no lo intentó lo suficiente, como para que le dieran su llave. JAJAJJJJAJAJAAJAJJJAJJA!!!

Quién sabe; la noche anterior fue como un sábado noche en España, tal vez los currantes del hotel estuvieron de fiestecilla y estos ni se levantaron, o no estarían cuando el alemán vino a por las llaves. Madre miiiiiiiaaaaaaaaa!!! A saber dónde habría pasado la noche el pringao!! Fue demasiado cómico, de buena mañana, ver a un tío cabreadísimo, de 2 metros, increpando a los locales y currantes del hotel, y ver cómo estos ‘sudaban’ de su cara de una manera increíble. A la vez que hablaban entre ellos en su idioma y esbozaban una pequeña sonrisa. Aquella mañana, ese hombre aprendió una lección; y es que en ciertos países, la lógica no es tan lógica como uno cree. Seguro que ya no le pasa otra vez y preguntará.

Nos montamos en nuestro transporte, con nuestro guía Sumith y una persona mayor, el ‘driver’ (conductor). Serían 3 días más dando vueltas por la mitad sur del país, visitando varios templos y zonas de interés turístico.

Y los perros… perros ‘everywhere’. Perros por todas partes, tirados en la superficie, o deambulando, cuales zombies de una película de cine. Por el día tan quietos pero, a la noche, se volvían activos, dando un por culo brutal, ladrando y haciendo ruidos, misteriosamente, no sabemos por qué. Suponemos, se volverían más activos debido a que a la noche ya no hacía tanto calor … y se moverían para buscar algo de comida, o lo que sea. Nunca entenderé cómo podían sobrevivir.

Contemplando el paisaje tropical ,con el mar cristalino y azul, que tanto me fascina, nos dirigimos rumbo al sur de la isla, a un pueblo costero (si mal recuerdo era Galle), donde nos pararíamos a ver a los típicos pescadores de Sri Lanka y su método especial de pesca. Básicamente se trata en esperar horas y horas sentado en un palo clavado a unos cuantos metros mar adentro después de la orilla, y pescar con una caña. Un simpático hombrecillo se bajó de su palo al ver que le hacía fotos; y, amáblemente, se puso a mi lado para que nos fotografiaran, no sin antes decir que esto costaba dinero. Qué listos, ¿eh? xD

Seguimos nuestro camino en coche, y pasamos cerca de un parque nacional, vallado, donde viven muchos elefantes. Estos, no son tontos y con el paso del tiempo se han percatado del paso de turistas. La valla está pegada a la carretera y para verlos, sólo hace falta que parar allá donde veas unas orejas ‘aleteando’. Sí son elefantes y están esperando que les tires comida. A los márgenes de la carretera hay puestecillos de comida varia; unos cuantos plátanos y harás feliz al elefante.

Entre ellos y nosotros, nos separa una valla eléctrica. Si la tocas, mueres, pero no vimos ningún cartel de advertencia. Suerte que vamos con guía. Los que me conocéis seguro que no os asombraréis si os digo que intenté tirar todo tipo de artilugios que encontraba al borde de la carretera contra la valla, para ver si saltaban chispas, o algo.  Ramas, botes, etc… lo que fuera. Nada hizo que el parque nacional saltara por los aires debido a un cortocircuito.

Entró el hambre y Sumith nos paró en un ‘restaurante’ de carretera. Ojo… ojito al dato. No habían cubiertos. Un buffet libre, con arroz como base y 5 platos de especias, a cada cual más picante, para embadurnar el arroz. Una coca cola (o 2) para apagar la llama que salía del estómago por la boca y listo. ¿Comer sin cubiertos? Toda una experiencia. Con los dedos excepto el pulgar, formas una especie de ‘cuenco’, en forma de cuchara. Vas pegando la especia al arroz, creando una especie de masa, como ‘pellizcando’ la comida. Una vez haces una bola, la coges y la empujas a tu boca con el dedo pulgar, moviéndolo desde la palma de la mano hacia la punta de los dedos ,como una palanca. Bueno, no está mal, algo que deberíais probar… pero nuestra querida dieta mediterránea no acepta esa forma de comer. Demasiado aceite y sopitas como para usar la mano desnuda.

Durmiendo relajadamente en el coche, y omitiendo que nos jugábamos la vida cada 2×3 en la carretera por lo que ya os comenté acerca de su manera de conducir, vamos ascendiendo, montaña arriba, poniendo el coche (la tartana) a prueba. Dejamos de lado el sol y el cielo azul para entrar en un frondoso bosque con la neblina típica de la película gorilas en la niebla. Despertamos mientras ascendemos y asombrados por el paisaje, paramos para hacer unas fotos a una gran cascada y unos cuantos monos que estaban por ahí dando por culo a los turistas. Ojo que roban, hay que cerrar el coche y llevar las pertenencias bien amarradas para que no se las lleven.

Pensaba que me iba a dar un chungo en el estómago cuando, del hambre que tenía, me comí una mazorca de maíz que estaba previamente hervida en una olla con aguas turbias. El tendero la sacó de esa agua turbia y la limpió con agua más turbia aún. No lo pensé bien en ese momento, sino al rato. Le di unos cuantos bocados y de repente me vi como si estuviera adquiriendo participaciones de una tómbola con premios como ‘esfinter a la ligera’ y cosas así. Por suerte no pasó nada.

Al fin, casi cayendo la  noche, llegamos a nuestro destino. En lo alto de la montaña, en medio de la nada. Unos pocos habitantes locales, unos cuantos turistas, algún hotelito que otro, restaurantes y la estación de tren de Ella, por donde transcurre el tren que los ingleses dispusieron unos cuantos años atrás para el transporte de pasajeros y mercancías. Lo que no sabíamos aún es que íbamos a subir en el mismo tren que el de hace 34923493 años, a esa velocidad y ese traqueteo tan … tan a lo antiguo.

Ella, como pueblo, no tiene mucho, sino el enclave. Situado en medio del valle, en todo lo alto, y nosotros situados en uno de los mejores enclaves. Con unas excelentes vistas desde nuestro hotel al mismo, y a la derecha una cascada, la imagen era de ensueño. Un lugar perfecto, de postal. Un lugar donde ir a descansar, meditar, hacer trekking, ir con pareja, amigos,… disfrutar. Disfrutar del momento, y de las oportunidades que la vida nos brinda día a día, segundo tras segundo. Pensando en el futuro, con cabeza, pero quién sabe qué pasará mañana. Disfruta del momento pues no sabes qué habrá mañana, pero con cabeza.

Y tras este ‘break’ filosófico sigo con Ella. El pueblo ofrece una serie de cafeterías, donde filosofar, y restaurantes con comida de muchas partes del planeta (hasta una pizzería italiana nos encontramos ahí arriba) pero, como siempre, lo mejor es probar la comida local. Pero sin duda, lo mejor de Ella, fue el hotel donde nos hospedamos, en lo alto de una montaña, con unas vistas que no puedo describir con palabras, sino con imágenes.

Fuimos al sitio más raro que vimos, donde preparaban una especie de ‘kebabs’ pero a su estilo. Estaba muy, muy rico. Después nos movimos a una cafetería, genialmente decorada, con frases célebres escritas por la pared, donde nos sentamos para charlar un poco de la vida y demás, y probar té de Ceylon, té originario de Sri Lanka, mundialmente conocido. Logramos intercambiar palabras con un par de ‘guiris’, pero se fueron pronto. Nosotros íbamos con nuestro horario español y vacacional y ellas, no, o no se interesaron mucho por nosotros xD

El té de canela me encanta, con leche y con un poco de azúcar. Y en esta cafetería tenían un buen té de canela. Tan bueno como que me traje 2 cajitas, yo, que nunca compro té. Y no soy aficionado pero, ya he hecho té en un par de ocasiones desde que estoy aquí. Claro, haría más si este país fuera un país frío, donde apenas puedes salir a la calle. Pero es que Dubai es calorcito y buen tiempo (excepto en verano, que es peor que el infierno) e invita a estar siempre por ahí. O tal vez sea yo, un culo inquieto, que nunca para por casa. Sí, será eso.

A la vuelta hacia el hotel, caminando por un sendero de tierra montaña arriba, gasté lo poco que me quedaba de batería, recomendación de Javi, ex-becario de PromoMadrid, el cual controla un huevo de fotografía y me dijo que siempre es mejor vaciar batería. Comparto su opinión. A las baterías hay que darles ‘juego’. Mucho uso, para que siempre estén vivas.

Decir que mientras anochecía, a la salida del hotel nos encontramos a una pareja de españoles que estaban de ruta turística por Sri Lanka, pero ellos iban en dirección contraria a la nuestra. Ya habían tomado el tren. Dialogamos de todo un poco y le contamos cosas sobre Dubai y las costumbres de aquí. Se quedaban ‘flipados’. Y es que esta cultura y el sitio donde vivo actualmente, ¡no tiene nada que ver con lo vivido hasta ahora! Si bien Dubai es lo más liberal dentro del mundo islámico, hay ciertas cosas que cuando uno las escucha se queda sorprendido. Ojalá estuvierais aquí para vivir esta experiencia.

Seguiré relatando para que tengáis percepción de lo que tengo a mi alrededor, y para que los recuerdos no se diluyan en la memoria con el paso del tiempo. Cosa que siempre pasa, pero, con esfuerzo, escritura, fotos y dedicación, haré que cuando eche un ojo a este blog en unos años, sonría y pueda contar casi con el mismo detalle que cuando pasó.

Un abrazo a todos/as. Y aquí el enlace al álbum de fotos, con vídeo incluido.

2011-12-04 Sri Lanka – Ella

Sri Lanka, el paraíso en la tierra (II) Un día más en la playa, Hikkaduwa

Imagina que amanece, y ante tus ojos se muestra el paraíso, aquella imagen que siempre has tenido en tu mente de lo que podía ser ese sitio que, para ti, tiene todo aquello que siempre has querido ver.

Un sol radiante sobre un mar azul y cristalino, una arena de textura fina y suave. El sonido de las olas rompiendo en la orilla, el sonido del relax; sin ruidos de gran ciudad ni similares. Una velocidad de vida acorde al momento, lenta, tranquila, sin prisas, relajada. No hay nada que hacer… o si; todo lo que hay que hacer es disfrutar del momento.

Un momento que aparece nada más levantarse, abrir la puerta de la habitación y asomarse al balcón. El mar nos esperaba. Refrescarnos en él, bucear, y seguir refrescándonos. Una siesta en la orilla, comer, y seguir bañándote. Qué vida, ¿eh?

Y es que el segundo día en Hikkaduwa no nos iba a suponer un quebradero de cabeza. O eso pensábamos jejeje, ahora os contaré por qué.

Amanecimos antes de mediodía y nuestro objetivo era pasar el día de manera relajada, y poder bucear, intentar ver algo de vida marina. Enfrente de nuestro hostal, en el mar, se alza una pequeña isla rocosa la cual dicen que tiene fauna marina. Pues bien, nos ponemos manos a la obra y bajamos a la playa, buscando al local con barca propia que, tras negociar con él, nos ofrezca un buen precio por paseo en barco + gafas de bucear. Y es que aquí te cobran todo, excepto respirar.

El día anterior ya tuvimos una pequeña visita de un par de locales; merodeaban por la playa del hostal en búsqueda de ‘personas con cabeza de pollo’, o lo que es lo mismo, turistas a los que van a intentar desplumar. Así es, creo, como nos ven. Uno de ellos nos ofreció ropa y algún collar que otro, mientras el otro nos ofrecía sus servicios de barco y buceo. Les dijimos, millones de veces que HOY NO, sino mañana. Y esa mañana llegó, ahí estaban de nuevo, campeando la zona, para pillar algún incauto.

Gracias a nuestra experiencia comercial, Antonio y yo decidimos ‘pedir varios presupuestos’; o sea, preguntar a 2 ó 3 personas diferentes el precio que costaba viajar a la isla en barquito y dejarnos ahí un rato buceando, recogernos y dejarnos en tierra firme.

Total vimos que todos rondaban el mismo precio, y volvimos a aquellos simpáticos hombrecillos autóctonos, a negociar de nuevo con ellos. Aparte del precio por llevarnos a la isla y esperarnos una hora mientras buceábamos, en el precio estarían incluidas las gafas de buceo y aletas, que también se suele pagar aparte. Este punto lo remarcamos en nuestro contrato verbal, lo remarcamos bastante, fijando el precio final INCLUYENDO las gafas y aletas de buceo. Y, no se si ese día haría mucho viento pero, las palabras volaron, ahora os cuento.

Nos acercaron a la isla con la barquita, la cual tenía en el centro un cristal cutre, lleno de algas, para poder ver el fondo del mar. Sólo veíamos roca; alguien nos dijo que debido al tsunami del 2004 y las corrientes cambiantes del índico, el coral estaba muriendo. Lo corroboro, no había una puta mierda de coral vivo. Pero da igual, es el fondo del mar, es transparente, hay más cosas aparte de coral, como bancos de peces y todo eso. En el fondo lo pasamos bien, sufrimos de ciertas corrientes fuertes, y los de la barca nos pegaban el toque cuando nos íbamos lejos del sitio. Eran listos, y estaban atentos a que no nos pasáramos más de la hora establecida.

Ahí en la foto de arriba, tenéis al cabrón de la barca. Pasó la hora, que me supo a poco, flotando en el agua el tiempo pasa demasiado rápido… los de la barca nos sacaron del agua y  apresudaramente nos acercaron a la orilla. Tras tocar tierra firme, tocaba pagar, y uno de ellos, tras darle la pasta acordada antes de montarnos, nos pide algo más por las gafas. Aquí es cuando empieza el lío. Y es que, cuando uno es turista por estas tierras, intentan engañarle al máximo. El tío pedía más dinero porque decía que las gafas de bucear no estaban incluidas en el precio. Y eso que, antes de montar, le remarcamos millones de veces un ‘ALL INCLUDED, YES?’ mil veces se lo dijimos, a veces más alto, otras más claro. Pero completamente comprensible.

Empiezo a ponerme nervioso porque el tío pesado no para de decirnos que le paguemos, y le alzo la voz, le digo que no tiene razón. Antonio dice que me calme, que le deje a él las negociaciones. Mientras estamos en pleno lío, me fijo en un grupo de locales que había atras: mujeres, hombres, niños y abuelos, todos del mismo clan, del de la barca, chillando y hablando. En especial uno de ellos diciéndole al piloto de la barca cosas, de manera calurosa, mientras el otro nos pedía más dinero; eramos 2 contra un huevo. Hasta ahora nos dijeron que estos sitios eran seguros e hicimos lo que quisimos. Mientras seguíamos con el mismo discurso, cual cinta reproducida en bucle infinito, no le pagamos más ni teníamos intención de ello, y nos fuimos andando por la playa, alejándonos de manera lenta, sin que se notara que queríamos huir, y buscando un sitio para comer y estar relajados. El tío nos perseguía, mientras el jefe del ‘clan’ le chillaba. Por suerte no bajamos la guardia; hasta Antonio abandonó su tranquilidad y templanza para decirle que nos dejara en paz, que lo pactado pactado está y que no trate de engañarnos. Tras casi 20 minutos, o más, dejaron de seguirnos y nos fuimos bastante lejos de ahí,  pensando que seríamos perseguidos, o aniquilados, más adelante. Encima sabían donde dormíamos, joojoojjojoj.

Me quedé con ganas de bucear; nos acercamos a una zona que está tras un arrecife y dicen que hay ‘pescaos y demás’. Tras asentarnos en un lugar alejados del peligro, fui a un puestecito de playa donde alquilan equipo de buceo (snorkel), pillé unas gafas y pagué al chaval, un local de la isla, bajito con pelo largo y teñido rubio donde el sol reflejaba cual espejo. La cara no la describo, son siempre las mismas pero más o menos oscuras, con o sin bigote. Pero son todos iguales. Vuelvo a la zona y me dedico a bucear un rato; deciros que vi más peces que en la isla de marras donde nos llevaron los cabrones de la barca; hasta vi un par de morenas paseando delante mío, que casi me cago en el bañador del susto, menudos ‘moustros’. Salgo del agua, despierto a Antonio de su siesta;  es tarde y tenemos que comer. Devuelvo las gafas en el mismo sitio donde las alquilé, pero había otro tipo, parecido. Se las doy y le dije que le pagué a otro, dice que ‘no problem’ y me  voy. No problem los cojones… Ahora os explicaré.

Aún con la paranoia persecutoria que nos generó el haber peleado con un clan local, decidimos ir a un restaurante donde habían montones de gente local comiendo. Nos sentamos. Llega el camarero, nos da la carta, con los precios repasados; es decir, con un tachón o pegatinas encima. Era la carta para turistas, aún así el precio no era alto. Pedimos la bebida mientras decidimos qué comer, hacemos la comanda. El tío dice ‘ok, ok’. Se va, pasan 15 minutos, vuelve. Con la bebida a medias y con un hambre que te cagas sólo le esperábamos de vuelta con platos; pues no, nos comunica que no cocina. Que la cocina se ha cerrado y que no cocina, sus huevos. Nosotros flipando, le preguntamos que por qué, si aún salen platos. El tío se ralla, se mete para adentro, habla con más gente. No sabemos que pasa. Vuelve de nuevo y nos vuelve a dar las cartas. Antonio y yo nos emparanoyamos, demasiados sucesos en tan poco tiempo. No nos fiamos un pelo, a la vez que nos salen esas carcajadas de risa que no se puede contener por el ‘sin sentido’ de situación y lo cómica que resulta. Amén de hacer gracia y sarcasmo sobre nosotros mismos, y sobre cómo nos verían los locales, unos pimpollos dispuestos a ser desplumados por los habitantes de la zona.

Esto no es todo, mientras pasa eso llega una tercera entidad, llamémosle así, de locales. Esta vez es un hombre mayor con otro. El hombre mayor habla, me pregunta a mi si he pagado las gafas de bucear, sí aquella que alquilé hace un rato y las pagué a un chaval y cuando volví había otro. A punto de írseme la pinza, Antonio me ve y me dice que me calme, que no pasa nada, que dialoguemos con serenidad. Gracias a eso y a respirar profundamente le digo: ‘my friend, of course I’ve paid that’. Me pregunta que a quien le he pagado, le describo físicamente al cabroncete que le pagué. El tío se pira, y me trae a un chaval casi igual pero no el mismo, le digo que ese no era y con total serenidad le aseguro que pagué a otro, que aquí no estamos para robar ni joder. Por suerte se pira con indicios de no volver más. A su vez, hacemos bomba de humo; salimos del restaurante echando ostias, hacia la carretera, para pillar un tuc-tuc e irnos lo más lejos posible. Ya eran demasiados líos en una mañana XDDDDDDDDDD

Y, gracias a todo esto, encontramos el camino a seguir. Porque, una vez más, se reafirman frases como la de ‘no hay mal que por bien no venga’. Nos fuimos a la zona donde están todos los bares, locales y zona de surf para principiantes; la mayoría de extranjeros vienen a esta playa. Y lo corroboramos cuando llegamos; apenas gente local, todo extranjeros. Jojo, se ve que nos gusta involucrarnos, nuestro hotel está en la zona local y aquí está la zona de turistas y extranjeros.

Muertos de hambre, nos sentamos en uno de los restaurantes de playa, a escasos 20 metros de la orilla. Eran las 4 de la tarde. El sol caía tras el mar, nos fijamos y vemos numerosos surfistas con su tabla, esperando olas. Mientras comemos, charlamos sobre el surf y lo que debe molar. Era tarde, pero nunca es tarde para muchas cosas. Decidimos probar el surf; queríamos saber qué se sentía. No teníamos ni puta idea, bueno yo; Antonio ya practicó un poco y me explicó un par de cosas. El mar estaba calmado  y entramos en la zona de principiantes, unas olas perfectas para el aprendizaje, y sin peligro ninguno porque el fondo es de arena y no hay corrientes fuertes.

Zampamos lo justo y sin hacer digestión nos metemos dentro, por suerte hacía mucho calor y no había peligro de corte (sí, ese mito de las madres, que dicen que después de comer tienen que pasar 2 horas para que no te pegue un corte de digestión y morir). Alquilamos unas tablas de surf por 2 euros la hora, el tío nos preguntó si sabíamos, le dijimos que no pero que no pasaba nada, que nos fijábamos en otro. Apenas nos explicó un par de cosillas y nos metimos adentro.

¿Os digo una cosa? En mi vida he visto algo tan sufrido como los inicios del surf, los primeros minutos, sobre esa plancha de fibra de vidrio, y tú intentando mantener el equilibrio para no caerte hacia los lados, mientras remas con los brazos para adentrarte en el mar, tragando agua, comiéndote olas y cayéndote una y otra vez. Pensé si realmente era tan grata la recompensa como para aguantar todo esto, esta lucha contra el mar.

Llega la primera ola, y nada, la segunda tampoco, y así. tan sólo conseguía cogerlas acostado con la panza sobre la tabla. Hasta que por fin, la última pude ponerme de rodillas. En 1 hora, conseguí medio levantarme pero antes de caerme me quedé de rodillas sobre la tabla. Mi primera ola xD

Entonces, empecé a descubrir el rollo del surf. Lo que engancha. Una vez pasas la barrera de la ola rompiendo, entras en un pequeño vaivén hasta que te vas situando para coger la ola. Mientras tanto, esperas, relajado, mirando hacia el horizonte. Sin pensar en nada, concentrándote en qué ola tienes que coger. Desconexión total en un medio totalmente natural,  nuestros orígenes, el mar.

Decir que a partir de la tercera ola y tras charlar con un surfero español que andaba de vacaciones por ahí, el cual me explicó un par de técnicas, conseguí mantener el equilibrio acostado sobre la tabla. Ya podía remar tranquilamente, y fondear esperando las olas. Eso si, ahora entendí por qué los surfistas tienen esos brazos y espalda, todo el día remando te ponen como un toro,¡¡ madre mía !!

Agotados tras nuestra increíble experiencia, ambos hacíamos alusiones a cómo empezó el día, con miedo a ser degollados por los locales y tras mil enfrentamientos, ver cómo un día de mierda puede convertirse en algo maravilloso.

Ese mismo día, conocimos a un grupo de valencianos. Nos dieron una alegría, ver a gente de tu tierra fuera mola. Mientras comíamos, un local y relaciones públicas, nos comunicó que había una discoteca con una fiesta-rave con música electrónica; no me acuerdo del nombre, pero vamos no tiene pérdida, si algún día vais, sólo hay 3 discotecas en Hikkaduwa. Les comentamos a los valencianos que fueran y dijeron que sí, que allí nos veríamos por la noche.

Camino al hotel, hicimos unas paradas de rigor en tiendas, comprando de todo un poco. Bañadores, pulseras, camisetas, etc. Dudábamos de nuestra capacidad en las maletas ante tanta compra. Llegamos al hotel y nos dio tiempo a descansar un poco, una ducha, embadurnarnos de spray anti picaduras de mosquito e ir a cenar.

Y de repente, lluvia. Y no llovió de la manera a la que estamos acostumbrados. Madre mía qué tromba de agua… increíble. En pocas palabras, el clima nos ofreció un poco de lo que era el monzón. Estás tan tranquilo, y de repente el cielo empieza a echar agua a cántaros; lo mejor de todo es que sigues con una temperatura de 29 grados y no tienes frío, pero te mojas de una manera increíble, pues no hay balcones.

Después, fuimos a la discoteca a ver qué se cocía. La entrada, oscura. Unos seguratas indicando la entrada; muy simpáticos, sería porque somos turistas y nos íbamos a dejar los cuartos consumiendo. Una casa, justo enfrente de la playa, a escasos 5 metros, con una barra, pista de baile y mesas alrededor. Una tienda para comprar cosas y unas escaleras que subían a un chillout. Y un DJ, poniendo temazo tras otro de música electrónica minimalista. Por un momento mi cerebro viajó a MetroDanceClub, en Bigastro, Alicante. Ahí estábamos, a 8000 kms de casa, de fiesta. No puedo quejarme de NADA.

Hicieron acto de presencia los valencianos, charlamos un poco con ellos, buena gente. De las chicas, nos olvidamos. Aparte de pocas, como os dije en otra ocasión, se ve que cuando se van tan lejos de su país, les gusta probar lo exótico, lo diferente. Y todos los locales guaperillas (por llamarlos de alguna manera) con el pelo teñido de rubio platino, se las llevaban de calle. Una buena noche, unos bailes, un día más fuera de casa, viviendo experiencias inolvidables. Y aún faltaba más por llegar. A la mañana siguiente, tocaba poner rumbo a Ella, un pueblo perdido, tirando hacia el centro de Sri Lanka. No sin antes pasar por algún sitio curioso que otro…

Aquí os dejo, como de costumbre, el enlace al álbum, y no os perdáis por favor el vídeo, que está a lo último de todo. Buena música. Un abrazo a todos/as.

2011-12-03 Sri Lanka – Otro dia mas en Hikkaduwa

Sri Lanka: El paraíso en la tierra (I) Llegada a Colombo y desplazamiento a Hikkaduwa

Apenas aterricé de Jordania, el 27 de diciembre, y ya tenía en mente el siguiente viaje. Me apetecía visitar una playa paradisíaca, algo exótico y medio  lejano, aprovechando la ventaja de encontrarme en medio del medio oriente (valga la redundancia) y tener vuelos a casi todas partes del mundo a un precio módico, el destino estaba medio decidido.

Este viaje no iba a hacerlo solo. Antonio, el becario regional de Cámara Galicia, contaba los días que le quedaban en la oficina con los dedos de las manos. Aún le quedaban vacaciones y hablamos sobre una escapada. El vino el 28 de noviembre, debido a que se quedó con los otros becarios regionales 1 día más por Jordania, aprovechando para visitar Israel. Qué dedcir que tuvieron problemas en la frontera pero, nada que no pudieran solventar jeje.

Cierto es que apuramos bastante la compra de billetes, teníamos el vuelo para el 2 de diciembre y los compramos al día siguiente de venir Antonio. Qué decir que los vuelos con la compañía de ‘low cost’ ya no eran tan low cost por su proximidad ante fecha, y escogimos por comidad tanto de horarios como de avión, a la compañía aérea local, EMIRATES.

Emirates es más que una compañía, es una institución aérea, que mima tanto a su cliento como a su empleado, haciendo que cada viaje sea una nueva experiencia. No, no soy comercial de Emirates, esta gente ya sabe venderse sola, pero es que con ellos… sólo tengo buenas experiencias. Compramos un vuelo directo a Colombo, la capital de Sri Lanka, por unos 250 € ida vuelta. (De España a Colombo cuesta unos 840 € ida/vuelta).

Allí, en las afueras de Colombo, tras aterrizar en el aeropuerto, nos esperaría nuestro guía. Su nombre, Sumith, un ‘chaval’ de 28 años (aprox.) que tiene una agencia de turismo y viajes. Contactamos con él gracias a Raúl, el analista de mercado de nuestra oficina; hace años, cuando viajó allí, usó como guía a esta persona. Como todo salio bien, se guardó el contacto y, cada becario que ha ido a Sri Lanka, ha contactado con él para realizar cualquier visita guiada, o desplazamiento por la isla, con la ayuda de Sumith.

Como decía, tras llegar al aeropuerto sobre las 8 de la mañana y recogernos, nos dirigimos rumbo a Hikkaduwa, un pueblo al suroeste de la isla, donde descansaremos 2 días, de los 5 que tenemos planeado pasar en este país, en un enclave único de playa, mar y olas, frecuentemente habitada por surferos durante la estación de surf (que dura unos 6 meses, debido a las mareas y demás historias de mar). Qué decir que coincidimos con el comienzo de la misma.

Mi sensación tras montarme al coche y ver todo aquel verde fue de asombro. Era la primera vez que estaba en un clima tropical. Recuerdo que no paré de hacer fotos a todo aquello que se movía; la gente, su manera de conducir, su manera de mirarte… perros, vacas, palmeras, cocoteros, más fruta tropical, más playas paradisíacas, templos, budas, etc. Asombrado me hallaba, echando fotos sin parar.

Y es que este país es … tan, tan diferente. Una cultur totalmente diferente a la nuestra, y se refleja en todas partes. Sobre todo en una de ellas, la conducción. ¿Por qué necesitamos el guía? Veréis, esta isla, cuyas ciudades o urbes están conectadas por una carretera de 1 carril para cada sentido, alberga mucho tráfico. ¿Cómo sortean el tráfico, si no hay vías alternativas? Pues sacando carriles de donde no hay. Me refiero a que, donde caben 2 caben 3, y cosas así. Me pilláis, ¿no? Vale, os lo explico más detalladamente con las normas que ellos siguen, al pie de la letra. En una carretera de 2 carriles, para conseguir fluidez en la misma, si un coche va más rápido que el que tiene delante, éste tiene que adelantarle SI O SI. ¿Cómo? Pues asomando por la mediana hasta encontrar el momento. El momento es relativo, aunque parezca que no sea seguro, se apuesta fuerte y adelantan aunque por delante venga otro. Por suerte, ese coche en dirección contraria se aparta, un poco, para caber 3 donde caben 2. A su vez, los ‘tuc-tuc’ (una especie de vespas de 3 ruedas, parecidas a motocarros, para transportar personas) pueden adelantarte por la izquierda. Estos vehículos usan el arcén para adelantar, respetan, pues la mediana ya está siendo utilizada por coches normales. No os extrañéis que mientra os adelante alguien por la derecha, por la izquierda lo haga un tuc-tuc.

Bien, ya llevamos… 4 filas de vehículos en una carretera con 1 carril para cada sentido: el coche que viene, el coche que adelanta, el coche que viene de frente y tiene que esquivar al que adelanta, el tuc-tuc por la derecha del coche que viene, y también otro tuc-tuc por carril contrario, muy pegado. 5 filas de vehículos. ¿Creéis que esto es todo? Nooooooooo!!!!!! En esta isla también viven animales. Lograremos ver en cantidades abundantes a vacas y perros. Y te preguntarás por qué hablo de ellos, pues bien. Resulta que ellos también se mueven y caminan, por la isla, y usan el arcén así que, dichos animales pasan a ser una parte más del escenario de adelantamiento de coches, tuc-tuc y demás historias. Por lo tanto, a veces nos encontraremos con 7 filas con contenido vario, en un sitio donde tendría que haber sólamente 1 coche para cada sentido. Cuando acabó el viaje conté las veces en las que podía haberme ido al otro barrio; unas 3242239049034903.

Después de esta ‘breve’ descripción de cómo conducir por Sri Lanka, lo recomendable es que nos cojamos un guía, porque seguro que no tendremos la misma fluidez que ellos tienen para conducir y desenvolverse en este entorno tan diferente al nuestro.

Camino a Hikkaduwa, hicimos una paradilla en un zoo de tortugas. Aquí las mantienen en cautividad porque hoy día con la vida moderna, están en peligro de extinción. Estas tortugas son patrimonio de la humanidad y cada visita que se realiza a este centro, cuando pagamos, ayudamos a que sigan conservando la especie. Son muy bonitas. Y deciros que no se si es leyenda urbana pero, las tortugas se comen a las medusas, y últimamente hay un montón y estoy hasta el gorro de que me piquen. Ojalá hubieran más!

Nos despedimos de los amistosos personajes del zoo de tortugas para seguir nuestro camino. Hago fotos sin parar… a todo lo que se mueve y lo que no se mueve. Quiero que todo lo que vea se plasme en mi retina y a su vez en formato digital. Esto sólo se hace una vez en la vida. Paramos cerca de un Buda enorme, uno de los 203492309423904 templos que tiene la isla, es el primero que interceptamos, toca foto de rigor pues.

El camino no se hizo muy largo, la furgona tenía, en la parte de atrás, 2 sillones implantados, que hacían del viaje una gozada, pues se podían reclinar y poder estirar las piernas para sobar. Aprovechando el cojín que nos apalancamos del vuelo de Emirates, nuestros viajes en coche fueron bastante cómodos.

Ya llegamos a nuestro destino; un hotel llamado MAMAS, o al menos eso ponía en la entrada. Un rancio olor a marisco invadía la entrada; 4 rusos devorando 3 enormes bandejas del mismo, y un ‘staff’ sonriente y dándonos la bienvenida. Nos despedimos de Sumith hasta la tarde, ahora tocaba dejar la maleta y disfrutar de la playa, situada justo enfrente del hotel.

Fuertes corrientes en un mar cristalino; esto no es el caldo del Mar Mediterráneo, si no el océano índico…aquí no hay que perder de vista dónde uno nada. Impresionante la fuerza del agua, llevándonos hacia adentro, y teniendo que nadar en diagonal para avanzar, nada de ir de frente luchando contra la corriente, si no uno se agota y puede llevarnos a una situación angustiosa.

Serían las 3 de la tarde y nos echamos una siesta en aquella playa paradisíaca, rodeado de gente que quería vendernos cosas. Ahí ya empezamos a notar el mercadeo y la trama ante el turista. Una vez más, y después de lo vivido en Jordania, me sentía como un ser humano con cabeza de pollo a la vista de los autóctonos. esperando a ser engañado una y otra vez y teniendo que regatear hasta el límite. Nos vendieron desde viajes de buceo y barco con cristal para ver el fondo marino, hasta gafas y aletas para bucear, camisetas, y un largo etc.

Caía la noche y aún no habíamos comido. Aquí fue nuestra primera, y no última, cagada de turista hambriento. Decidimos no movernos del sitio para ir a comer. Nos sentamos y pedimos la carta. La especialidad del restaurante era ‘seafood’ (marisco). En ese momento nos llega a la mente aquella imagen de los rusos devorando varias bandejas de gambas, cangrejos, etc. Al cambio eran unos 20 euros por barba, 40 euros en total. Tampoco era mucho para una mariscada como tal, por lo tanto aceptamos y la ordenamos.

Tras una larga espera, vemos que sólo nos trae una bandeja, no varias como habíamos visto a los rusos. Y es que pecamos de inocentes y de hambre, la cual no te deja pensar a veces. Pensamos que con los 20 euros por cabeza nos traerían lo mismo que a ellos pero, hasta ese momento no supimos que los rusos pagarían 3 veces más lo nuestro por semejante festín. No estuvo del todo mal pero hay que decir que yo creo nos jugamos el tipo, comiendo pescado de un sitio donde la limpieza brilla por su ausencia.

Sumadle la caída del sol, el anochecer, y los mosquitos, que hicieron su aperición, y se unieron a la cena, pero no a la del marisco, si no a la de mi cuerpo, me merendaron vivo. Picaduras del tamaño de balazos. Acabamos prontito y nos fuimos rápidamente a la habitación a ducharnos y ponernos el repelente de mosquitos; no quería que me tocara la lotería con el premio gordo de Malaria. (Nada usual y raro que pase, pero por si acaso).

Tras la ducha y el embadurnamiento de repelente de mosquito, nos dirigimos rumbo a la oficina de Sumith, para concretar los destinos del viaje y el precio del mismo. De camino, nos distraemos con las tiendas que tiene la única calle principal del pueblo. Como productos estrella están los bañadores falsos, a 3 euros la pieza (regateando) y las tiendas de souvenirs surferos (pulseritas, collares, etc…)

Después de una charla con Sumith, sobre el recorrido del viaje, seguimos viendo tiendas, a cada cual más curiosa, y fuimos a cenar. Nos movíamos en tuc-tuc. Antes no lo dije pero, es un vehículo típico de la India y demás países colindantes, bastante majo para moverte en distancias cortas y en sitios calurosos. Nada más sentarnos a cenar y ver los precios, nos vino a la mente el precio que habíamos pagado por la mariscada de la comida. Y es que, en el lugar de la cena, nos hartamos a comer por unos 4 euros por cabeza, ¡en primera línea de playa! Vamos que, con los 40 euros que pagamos por la ‘mariscada’ a los del hotel donde nos hospedamos, les pagamos 4  sueldos de un mes, seguro.

Habíamos oído hablar de fiesta en el pueblo, Javi, antiguo becario PromoMadrid, visitó Sri Lanka antes que nosotros, y nos comentó que habían un par de garitos de marcha. Preguntamos al ‘driver’ del ‘tuc-tuc’ dónde había fiesta, y con una sonrisa de oreja a oreja, asintió con la cabeza mientras decía giiiiiirrrrrlsssss, paaaaaartyyyyyyyyy, y un sinfín de vocablos que apenas podíamos entender. Nos llevó a lo que es una especie de hotel-restaurante con una discoteca al aire libre. Los turistas eramos más que bien recibidos, mientras los locales eran revisados de arriba a abajo en la entrada. 3 porteros nos dieron paso.

Allí se reunían tanto locales, como turistas. El turista suele ser hombre, surfero, que ha venido a probar las olas de Sri Lanka, o está de paso para visitar todo el país y hace como nosotros, quedarse unos días antes de ir a ver templos y demás. Aunque por lo que vieron mis ojos, el perfil era de ‘surfero’, bebiendo y relajándose para amanecer al día siguiente y esperar más olas en el mar. Música techno, buen rollo por norma general y ambiente distendido reinaban el local. Las chicas, curiosamente, todas aquellas rubias de Europa, Australia, y demás, estaban emparejadas con locales. Y es que hay una leyenda que, las inglesas, australianas y demás, cuando van lejos de su casa, amén que pierden el norte  cuando beben (eso lo sabéis muchos de vosotros), se muestran interesadas por el ‘producto local’. Intentaré haceros una descripción del autóctono de Hikkaduwa: chavalitos jóvenes, piel morena tirando a negra como el tizón, estatura media-bajita, fuertecillos, pelo negro largo y ondulado a lo surfero, y bigote. Sí, bigote, no me preguntéis por qué. Los más modernos se tintaban mechas, o directamente, todo el pelo tintado de rubio. Cierto es que es algo exótico… y quién sabe, eso despertaba interés en las turistas.

Total que, se hacía tarde y teníamos que volver al hotel para dormir ya que al día siguiente probaríamos el snorkel, surf, compras, y más playa. Os recuerdo que aquella tarde salimos alegremente del hotel, dejando llave en recepción, pensando que era 24h, como en todo hotel ‘normal’. Pero claro, estamos en otro país, y fallamos al no preguntar. Sorprendidos a la vuelta nos encontramos el hotel ‘cerrado’. Lo entrecomillo porque cerrado para ellos significa apagar las luces y volcar un par de mesas en la entrada para dificultar la entrada xD

Un perro nos dio la bienvenida, pero claro, el no tiene las llaves, y tampoco tendrá idea. Vimos alguna luz de habitación enchufada pero pasábamos de tocar. A esto que venían 3 sombras desde la playa, botellas en mano y hablando de manera calurosa. Eran 3 locales. Les preguntamos por qué está cerrado, si saben algo. Se ríen, preguntan de donde somos, y… ¡sorpresa! Se flipan al saber que somos de España. España y su fútbol, tanto que me quejo de él como adoctrinamiento de masas, pero qué ventaja y buen rollo me está dando por el mundo. ¡No os lo podéis imaginar!

Después de charlar un ratillo, centramos la conversación en cómo poder dormir en nuestra habitación. Uno de ellos dice que sabía dónde vivía la dueña del hotel. Total que Antonio, valiente él, decidió pillar un ‘tuc-tuc’ e irse con uno de los 3, mientras yo me quedé con los otros 2, en medio de la noche, y en la puerta del hotel ,esperando que Antonio trajera alguna buena nueva. El tiempo pasaba lentamente. Tardó un rato en venir, dando la noticia de que a la casa que fue ni le abrieron ni nada. Tras despedirnos del grupillo de los 3 locales, los cuales nos desearon buena suerte, decidimos ir más allá y tocar a una habitación iluminada que había en la planta baja, justo al lado del restaurante. Aporreamos bien fuerte… ¡MILAGRO! sale un chavalín de los que curra en el hotel-restaurante, con la cara echa un cromo. Le comentamos lo sucedido, pero no tiene ni pajolera idea de inglés. Total que con señas y demás, le indicamos que somos inquilinos de la habitación de arriba. Lo conseguimos, evitamos dormir aquella noche en la playa. Creerme que calor hacía, pero mejor dormir tapado y no a merced del clima y de los mosquitos.

Así acabó este largo día, el cual pensábamos que dio mucho de sí. Pero no sabíamos que el día siguiente, aún nos esperaría muuuuuucho más…

…To be continued

Álbum de fotos aquí:

2011-12-02 Sri Lanka – Llegada a Colombo e Ikkaduwa primer dia

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (IV) Visita a la capital, Amán

Y, muy a mi pesar, llegó el último día, de este estupendo viaje, aprovechado al 110% y encima sin gastar días de vacaciones, pues nos fuimos en el típico fin de semana ‘largo’, cuando el día antes o después suele ser vacacional. Momento perfecto para pirarse y visitar algún país cercano.

aman 1

Aquella mañana nos levantamos en Wadi Musa con las ideas claras. Después de pelearnos con la ducha de mierda una vez más y despedirnos de la dueña del hotel, no sin antes rallarla un poco más, abandonamos la ciudad. Mis compañeros iban a seguir el viaje por Oriente Medio y proximidades, concretamente a ellos les tocaba Israel, iban a visitar Jerusalén. En mi caso, yo ya me volvía a Dubai, no quería gastar días de vacaciones, debido a que hay que aprovechar lo máximo posible estos días para escaparse en verano (Ramadán, 50 grados y demás). Aunque… si lo llego a saber, me quedo y podría haberme puesto la medallita de visitar Jerusalén, tierra santa y conflictiva a su vez.

Volviendo al hilo, como ellos iban a visitar Jerusalén y yo tenía que volver, tenían que ‘soltarme’ en Amán o alrededores. Amán es la capital de Jordania, la ciudad más poblada del país, con unos 2 millones de habitantes, el centro administrativo y económico del país y una de las ciudades más antiguamente pobladas del mundo. Como buena capital tiene tráfico, pero si le sumamos que andamos por Oriente Medio, creedme que el tráfico se multiplica a niveles de escándalo.

En consecuencia del tráfico y por recomendación de varias personas, volvimos de nuevo al pueblo donde dormimos la primera noche, Manaba, ya que es el pueblo más grande cerca de Amán, donde existe una línea de bus que conecta el pueblo con la capital. Goza de una buena conexión y apenas hay tráfico. Aquí podría hacer un inciso, explayándome acerca de ‘buenas conexiones, poco tráfico y demás cualidades positivas de los países en Oriente Medio’. Aquí lo bueno es equivalente a algo medio kaótico en España. Para que os hagáis una idea, el autobús no tiene paradas fijas, va parando donde ve gente. Total que para no perder horas entrando a Amán, decidimos parar en Manaba para soltarme y que cogiera un bus de línea.

Y es aquí cuando espero entre en juego vuestra imaginación; porque no os podéis imaginar el cuadro de estación de autobuses en el que me encontré. Imaginaos la estación de autobuses más sucia de España, ¿ok? Sumadle más suciedad, y más y más. Ahí ya os vais aproximando a haceros una idea de como era esa estación. Sumadle gente, mucha gente,  la mayoría hombres, todos mirandote, pensando qué coj***s hace un tío con una Samsonite de mano mirando hacia todas partes buscando la manera de llegar a Jordania. Lamentablemente no tengo fotos de ese momento… una pena.

Momentos antes de despedirme de mis compañeros, y tras haber encontrado el bus que te transporta a Amán, les dije a mis compañeros que esperaran un poco, que me estaba haciendo pis y que si podían esperar al lado del bus mientras buscaba un bar. Iluso de mi, no encontré ninguno, y empezaba a ponerme nervioso por si el bus se iba sin mi, y  vete a saber cuándo volvía el otro. Total que ni corto ni perezoso, me metí al portal de una casa donde el tío que habitaba tenía montada una especie de cafetería con una tetera y le pedí por favor si tenía aseo. No disponía de aseo ahí, pero me abrió su casa para ir al suyo. Pasando en medio de su familia y saludando, un ‘guiri’ como yo irrumpiendo por ahí usando su aseo.  He de decir pues, que se cumple la ‘leyenda’, que en esta cultura, son muy amables y serviciales, incluso me ofreció té, pero le di la gracias y le dije que tenía prisa; el bus se me escapaba.

Total que, cuando vuelvo de nuevo, veo a estos con mi maleta pero sin el autobús a sus espaldas. Resultó que el bus se fue; claro, yo pregunté si era el bus destino Amán pero no cuando salía. Por suerte, había salido un minuto antes, y gracias al tráfico, aún seguía cerca. Los ex-becarios regionales me indicaron con el dedo, por dónde iba el autobús y, despidiéndome de ellos, a su vez, empecé a correr para ver si podía pararlo y poder subir. Una despedida fugaz, pero sabía (o esperaba) que iba a verles de nuevo. Ellos se fueron pensando si llegaría o no, porque menudo cuadro. en la situación y en qué sitio más raro me encontraba.

Pegué un chillido al conductor, el autobús paró y tuve que saltar 2 charcos para subir al mismo; 2 charcos que si uno cae ahí y accidentalmente le pega un trago a esa agua, no sale vivo. El autobús siguió su recorrido mientras yo tomaba asiento, le pregunté al ‘autobusero’ cuanto valía, para pagarle, pero me hacía un gesto con la mano, indicando algo como ‘pagar más tarde’.

Pregunté al abuelete sentado atrás mío, el cual el cabroncete se ve que iba acalorado de más y sólo hacía que abrir la ventana de par en par, con 7 grados fuera y haciendo que entrara una ‘brisa’ de lo más fresca, si este bus iba dirección a Amán, me afirmó y ya me quedé tranquilo. Porque un viejo es igual a sabiduría (o eso dicen).

Las primeras experiencias nunca se olvidan, y verte en un terreno completamente diferente, con gente que no habla ningún idioma el cual tú conozcas, hace que la experiencia sea más vital si cabe, y se aproxima a una aventura, por el hecho de ir abriéndote paso ante pequeñas dificultades, véase idioma, entenderse con el que tienes enfrente, que no te timen, y un largo etc.

Desde un pueblo que está a 25 kms de la capital, tardé casi 2 horas en llegar, a la estación de buses norte de Amán. Sufrí el arduo tráfico de la ciudad, agravado aún más por una pequeña manifestación. El objetivo era ver algo de la ciudad antes de coger el vuelo a las 9 de la noche. Me recomendaron visitar las ruinas ciudadela romana de Amán.

Bajé del autobús con hambre y me dirigí a uno de esos característicos puestos de bocadillos y shawarmas, pedí uno y me dirigí a la zona de los taxistas, los cuales ya me echaron el ojo nada más bajar del autobús; llevar una maleta de mano y mirar hacia todos lados, hace que apestes a turista. Les indiqué que quería visitar la ciudadela y entre ellos se pelearon, ofreciendo uno de ellos el mejor precio, mientras los demás se cagaban en él, en su idioma, pero por las miradas, haciendo aspavientos con los brazos y su lenguaje soez se podía intuir lo que le decían al taxista que ofreció el mejor precio. Amablemente, me acercó a las ruinas de la ciudadela romana de Amán y me dio su tarjeta, para que llamara cuando acabara; se ofrecía a llevarme por la ciudad y darme una vuelta turística.

La ciudadela es muy muy bonita, pero como toda ruina, no se conserva en buen estado, si bien te da la impresión de lo que hubo ahí construido una vez. Una pequeña ciudad, con su zona de mercadeo, su palacio, iglesia, baños romanos, etc. Todo bien explicado. Hice unas cuantas fotos, se respiraba un ambiente tranquilo, pues estaba en la parte más alta de la ciudad, sin apenas tráfico, en una especie de loma/montaña. Supongo que tomo toda ciudad antigua, en la parte más alta de la ciudad y amurallada, para que las posibles invasiones fueran más difíciles de producirse o contrarrestarlas.

También entré al museo, donde guardaban muchos objetos extraídos de excavaciones cercanas. Entre ellos, las reliquias de dicho museo aparecieron ante mi; unas estatuas que databan del 6500 A.C (!!!!!), son las primeras esculturas conocidas que han sido creadas por el hombre, y son realmente inquietantes, una de ellas con 2 cabezas. Te quedas mirando a esos ojos y te quedas rallado, qué pensarían o verían para realizar dichas esculturas. ¿Aliens? 😀

Finalicé la visita a toda la ciudadela y me dirigía a llamar al taxista, cuando nada más salir por la puerta, me abordaron unos cuantos de ellos, que estaban por la puerta. Tras escuchar mi petición de bajar a la ciudad y visitar alguna zona turística más, uno de ellos destacó entre todos, soltando el mejor precio e indicándome una ruta turística hasta dejarme en el aeropuerto. Por 25 euros, este hombre me ofrecía bajar al centro y comer juntos el típico plato jordano, visitar la ‘mezquita azul’, visitar el museo de coches del rey de Jordania y llevarme de vuelta al aeropuerto, que estaba a las afueras. Eran las 13:00, el tiempo apremiaba pero su serenidad me asombró, al preguntarle si me iba a dar tiempo a todo eso. El me dijo: ‘por supuesto’. Confié en él y os he decir que me salió bien.

centro pueblo

Tras la típica charla que se suele dar en estos países sobre Barcelona o Real Madrid, nos dirigimos a comer. Él me dijo que me esperaba fuera, yo no me fiaba del todo; lo que hizo fue dejarme las llaves de su taxi mientras comía. Automáticamente me fié de él. Tras zamparme un gran plato de arroz con carne y una especie de salsa de yogurt, nos dirigimos rumbo a la mezquita azul, antes del rezo de la tarde.

Esta mezquita es la más grande de la ciudad, es bonita por fuera y está abierta al público. Iba a ser la primera vez que accedía a una mezquita, expectante me hallaba ante lo que me podía encontrar dentro. Un misterio, revelado momentos después. Tras quitarme los deportivos ,accedí dentro de la mezquita, pisando la gran alfombra que cubría el suelo. Una gran bóveda con una inmensa lámpara colgada sobre mi cabeza, y un espacio abierto a todo musulmán que tiene que rezar, mirando a la meca. En un lado, el puesto donde el Imán (el que reza y guía a los demás) se sitúa y narra párrafos del Corán.

No se por que, había una persona rezando. Desconozco si se puede ir a toda hora que uno quiera; yo supongo que si. Será como cuando te acercas a una iglesia y rezas o te confiesas… o algo así xD

Tras acabar la visitilla y comprar un par de souvenirs en la tienda abajo de la mezquita, le echo un ojo al edificio que tenía enfrente y, mi sorpresa es que me encuentro una cruz más alta que un piso de 5 plantas. Sí, en efecto, era una iglesia cristiana ortodoxa, justo enfrente de una mezquita. Y es que en Jordania, concretamente en Amán, conviven varias religiones, sin conflictos.

Quedaba la última visita por realizar, acercarnos al museo de coches del Rey de Jordania. Esta sección podría ir dedicada a mi querido amigo Antonio, que se encuentra trabajando en Suiza y es un amante de los coches, su pasión. Resulta que tanto el rey como su hijo son unos apasionados al motor, rallyes y demás deportes relacionados con el motor. Y como buenos reyes, disponen de coches, o más bien dicho, cochazos. Pasando desde clásicos, por modelos únicos creados para ellos, coches blindados y acabando por los típicos ferraris, porsches, que si tienes un poco de dinero suelto en el bolsillo, puedes comprar. Mención especial a modelos únicos, como aquel mercedes que os muestro en una foto… en mi vida he visto algo tan exclusivo.

Así, tras finalizar la ruta por este bonito museo, el taxista me esperaba, para llevarme camino al aeropuerto. Íbamos sobrados de tiempo pero, no nos fiábamos del tráfico. Llegué una hora antes de lo previsto, la cual la gasté dando una vuelta por el inmenso duty free, lleno de productos del mar muerto, barros y demás productos de belleza. Cené en un pizza hut (¿he dicho que me sus pizzas me vuelven loco?). Pagué al taxista, me despedí de él, no sin antes aceptar su tarjeta de visita, y me comentó que diera sus datos de contacto a todo aquel que se plantee ir a Jordania; pues hace más servicios turísticos. A mi me cuidó bien, y en este tipo de países, tener a alguien que te haga las cosas bien, sin ‘movidas raras’, es siempre bien recibido.

Porque, aunque haya estado en un país que geográficamente se parece mucho al nuestro, su cultura es completamente diferente… ¿o no? Tras 3 días, y viendo lo que está pasando en España y lo que suele pasar por nuestro país… creo que hemos heredado la picaresca de nuestros amigos los árabes, aquellos que estuvieron en España durante 800 años.

Salió el avión, vuelta a Dubai, a trabajar de nuevo. Trabajar pero sólo 5 días, pues se acercaba el siguiente viaje programado. Sri Lanka: Un paraíso en la tierra.

Enlaces al álbum de fotos de este artículo:

2011-11-27 Jordania – visita a la capital Amman

Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (III) Petra, la ciudad eterna

Y nada más entrar por la puerta de mi nuevo hogar, el cual está justo enfrente de la Sheik Zayed Road (la autopista principal de Dubai, que la cruza desde una punta a la otra) andaba buscando el silencio. Silencio que, aún con ventanas de doble cristal y termosellado, enontrarlo es difícil; porque tener una autovía enfrente, con 6 carriles hacia cada sentido, hace que el ruidito de los coches se escuche aunque sea lo más mínimo.

A excepción de la villa, la cual está aislada’ en una zona residencial, y tan sólo el silencio era perturbado por el ruido de ferraris y demás coches potentes chirriando ruedas, o por las fiestas de la villa 1, el silencio sí existía a la hora de dormir. No como en mi nuevo piso, donde cuesta encontrar el silencio. Es más, en ningún punto de Dubai he encontrado el silencio absoluto, como gran ciudad que es y debido al gran ajetreo diario que contiene.

Hago todo este análisis porque, viajando por estos lares, he descubierto el silencio. El silencio es aquello que aparece cuando no hay ruido, cuando no hay nada. El silencio se siente y se puede contemplar, y va acompañado, normalmente de paisajes naturales, no explotados por el hombre, donde el aleteo de un pájaro o una leve pisada se puede escuchar (lo del aleteo de un pájaro ha quedado guay, eh?). Pude contemplar y sentir el silencio en Petra, la ciudad eterna, sólo corrompida por los turistas, pero aún hay sitios donde pocos llegan y, depende de la hora, puedes estar solo, contemplando la inmensidad y sintiendo el silencio.

Wadi Musa es la ciudad más cercana a Petra. Una pequeña ciudad, que podríamos llamarlo pueblo, donde encontrarás de todo un poco, excepto mujeres (tónica general en Jordania). Me impactó el hecho bastante; de cómo ver a todos aquellos hombres reunidos, comiendo en la calle, fumando shisha, charlando, pasando el tiempo… y ninguna mujer en la calle. Cuando digo ninguna es NINGUNA. Todo esto a partir de media tarde. Supongo que en esa zona se lleva a ‘rajatabla’ la cultura árabe, y ellas apenas salen de su casa; o no se qué estarán haciendo pero os digo de verdad que no vimos ni una mujer por la calle. Las únicas, alguna que otra turista alojada por el mismo motivo que nosotros.

En esta ciudad, como de costumbre, podrás comer los mejores shawarmas y platos típicos de la zona. A mi me pierden, o sea, me vuelven loco estos platos, hechos a la leña y brasas, con un sabor excelente y, ese toque picante del chili y demás especias. Joder, tan sólo de recordarlo, me ruge el estómago.

Aquella mañana nos despertamos con unos ‘agradables’ 3 grados centígrados; acostumbrados al calor de Dubai, fue un poco chocante, encontrarse de repente en pleno clima montañoso invernal. Suerte que me compré la Columbia, tirada de precio en el Dubai Mall. Gente, si venís aquí no dudéis en preguntar por ropa de nieve, que está a un muy buen precio.

Javi y yo fuimos a buscar comida para aquel día; nos pedimos unos shawarma y fuimos a por algo de fruta al mercado. De sobra sabíamos que los locales iban a vendernos la fruta al precio que ellos quisieran; es la risa, sabes que te van a tangar y esperas con la mente preparada, para realizar la conversión a euros. Es toda una aventura. Nos entró la risa cuando vimos que el tío se pensaba el precio, después de haber pesado las manzanas y demás frutas; pensaba “a ver cuánto les meto a estos…”

Una vez tangados, nos dirigimos rumbo a Petra, con nuestro flamante coche de alquiler donde, por suerte, mis compañeros de viaje dejaban que me sentara en la plaza delantera ya que mis largas piernas, seguro no cabrían en aquel zulito de la parte de atrás; menos mal que los becarios regionales encajaban en el coche a la perfección y aparte se sobaban instanáneamente, sobretodo Juan Carlos, que ya me comentaron su facilidad para dormirse.

Entrar a Petra cuesta la friolera de 50 ‘jordan’, uno de los varios nombres que le puedes dar a la moneda local. Traducido en euros, aproximadamente unos 55-60, depende de cómo esté el cambio. La entrada sólo incluye visita al recinto, pudiendo acceder a cualquier zona que tus piernas aguanten, ya que abre desde muy muy temprano hasta las 5 de la tarde. Puedes quedarte por la noche, creo, pero espero que tengas mapa, luz, brújula y una buena orientación porque… es una ciudad en medio de montañas.

Una gran ciudad, una megápoli, que data del año 1500 antes de cristo, o sea, ¡¡¡super antigua!!! Y aún así, sus fachadas se conservan decentemente. Os voy a decir la verdad, se me ha olvidado gran parte de lo que leí en los paneles informativos de ciertas ruinas… no os voy a poder contar mucho de la historia de la ciudad. Gracias a Jesús (ex-becario Cámara Madrid), sabíamos de que iba el rollo de Petra, ya que él sabe historia, y es algo así como que en su día, unos nómadas decidieron asentarse en la zona y dicha zona fue creciendo, incluso se convirtió en uno de los centros más importantes de mercadeo del mundo, por aquel entonces. Esto, me lo creo, porque la ciudad es IMPRESIONANTEMENTE GRANDE, para el tiempo del que data.

Para visitarla toda, un turista normal necesita 2 días, y los becarios sólo 1. Aquella mañana, ibamos dopadísimos, con ganas de ver todo; nos marcamos 2 subidas, las más largas y gastamos toooodo el día, desde primera hora de la mañana hasta que cayó el sol, recorriendo la ciudad de un lado a otro.

Comentaros también que esas grandes fachadas que se ven talladas en las faldas de las montañas que rodean Petra, son monasterios y tumbas de antiguos Reyes. Algunos sabréis seguro más que yo y, en las antiguas culturas, cuando alguien importante moría, se le construía una tumba impresionante; véase los egipcios y otras antiguas civilizaciones.

Para el tiempo que ha pasado, la ciudad está bien conservada. Si bien el turista puede hacer más daño de lo normal porque, como es normal, por esta zona no todo está bien controlado y, espero la gente no le salga el mal y se lleve algún mosaico o pinte un corazón con las iniciales de su novia y él en alguna de las paredes o columnas, casi todas accesibles.

La arquitectura es impresionante, todo está hecho a lo grande, y te paras a pensar en los años que tiene esta ciudad, y no dejas de sorprenderte. Puedes contemplar la magnitud de Petra desde un par de puntos altos de la zona, subiendo las faldas de las montañas que la rodean. Los habitantes locales ofrecen burros para subir, por si no quieres sudar. Has de regatear, como es de costumbre, para conseguir un buen precio. Al turista también le envuelven unos cuantos mercaderes, tratando de recrear el pasado pero, con miles de souvenirs. miles o millones.

De los mejores momentos, fue cuando un abuelete quiso venderme una moneda DE LA EPOCA ROMANA, OJO… por 2 euros!!! O sea, una moneda HISTORICA, por 2 euros!! Yo reía por dentro de mi, mientras miraba su rostro castigado por los años y el sol, y él esperaba, sonriéndome y mostrando su negra dentadura, un ‘OK..OK’ por mi parte, para cerrar el trato. Me fui pensando que gracias a vivir aquí, ya no me engañarán tanto, porque cada día que pasas por Oriente Medio y Asia, el regateo puede surgir. Este viejete causó un pequeño hondo en mi pensamiento, e hizo que casi intentara pegar el palo de una moneda romana DE VERDAD, en un museo de ruinas romanas en Jordania. Casi imposible pero se me pasó por la cabeza xD

Aquel día echamos cientos de fotos. Sorprendidos por la magnitud y la inmensidad de aquel entorno, medio transportados al pasado, observando lo que en su día fue algo grande, enorme. Unas vistas excelentes, una relajación tanto visual como mental impresionante. En las zonas altas, un silencio casi total, en la inmensidad, sólo quebrantado a veces por algunos turistas voceando (entre ellos nosotros de vez en cuando). A nuestro lado, niños locales intentando vendernos cositas, el mercadeo que les inculcan de pequeños, de lo que van a vivir durante el resto de sus días.

Porque imagino, que de ahí no será fácil salir; apenas tienen recursos para estudiar o aprender y seguirán la estela del turista; porque seguro de que entre todos los que éramos, siempre compra alguien, o cae en la trampa .Mención especial a los japoneses, los turistas más confiados y ‘tontos’ habidos y por haber, ¿por qué creéis que van siempre todos juntos y en autobus? Aún así les destripan, jojojojjjojo.

Volviendo al hilo principal, Petra ya nos mostraba su despedida, con la puesta de sol. Tuvimos que hacer la última subida a un monasterio importante, situado también en una zona muy alta, a una velocidad de vértigo. Todos los turistas estaban bajando, mientras nosotros, los españolitos, subíamos a un ritmo desenfrenado para ver todo Petra en un día. Puede que nos quedara algo por visitar pero… seguro ni sale en la guía. Con esta última subida y, por lo tanto, bajada, fuimos de los últimos turistas en abandonar la ciudad. Ya casi de noche, nos dirigimos al hotel para morir y resucitar al día siguiente, no sin antes ducharnos y dar una pequeña vuelta por la ciudad, fumar shisha de nuevo (bueno, vale, sí… estaba enganchado porque eran vacaciones y sólo la pedí yo), y descansar porque, al día siguiente, tocaba seguir. Para ellos, rumbo a Israel, para mi, rumbo a Amán, la capital de Jordania, a visitar los puntos de interes de la ciudad y volver a casa, ya que el largo fin de semana llegaba a su fin.

Mención especial a:

– La mujer que regentaba el hotel, que aguantó la pesadez de mis preguntas y ralladas varias, acerca de la ciudad, Petra, y cualquier otra tontería que se me ocurría.. bastante tenía la pobre con enchufar de nuevo el automático (que saltaba aleatoriamente cuando habían picos de consumo de electricidad y todos nos quedábamos a oscuras en el hotel) como para encima aguantarme.

– Al novio, rollo, marido, o lo que fuera, de la mujer que regentaba el hotel. Un ‘local’ con kandora y RASTAS… sí sí… RASTAS. No te lo pierdas, un TRANSGRESOR, un MODERNO en el mundo árabe. Gracias a él, el charcoal estaba siempre al rojo vivo (aquello que se usa para calentar la shisha y que el tabaco prenda, nombre que se la da a las brasas) y esperaba pacientemente a que nos fueramos a dormir para… 😀

– Al guiri del hotel que compartía espacio con nosotros en una sobremesa mientras los becarios tomaban unos copazos de Gin Tonic que, tras una media hora sufriendo y llorando por dentro, no pudo contenerse más y nos pidió un vasito. Inglés sin su dosis de alcohol, no es inglés. Gracias a la copa y la shisha que nos estábamos fumando, recibí la sabia teoría, que según él y sus fuentes (un estudio realizado por científicos pakistaníes), corrobora que la shisha es menos perjudicial que el tabaco.

– Al frutero del mercado y, en general, a todos los cabroncetes de los que viven por Wadi Musa que, aleatoriamente, te sueltan el precio que les da la gana cuando vas a comprar, y regatear es jodidamente duro, porque los guiris van ‘con el taco por delante’…  o sea, saben que si no tú no compras, otros comprarán.

– A los compañeros de viaje, una vez más, excelentes compañeros. Nos reímos bastante, hablamos de todo, de la vida, de lo bueno, de lo no tan bueno… Una pena se hayan ido, empezábamos a hacer buenas migas.

– A los antepasados de Petra por dejar una ciudad tan bonita para el turisteo.

– A los niños y niñas de Petra, aquellos que apenas alcanzaban los 10 años de edad y ya querían vendernos algo. Algunas niñas, guapísimas ellas, cuyo destino ya sabíamos, que no iban a tener oportunidad de ser independientes, ni parecerse de lejos a la mujer occidental.

– Al silencio, aquel que reina allá donde no hay vida moderna y te transporta al pasado, a la meditación, a la relajación y a la contemplación de tu entorno, tal y como es, sin factores externos de ruido, música, o lo que sea.

Enlaces de álbumes con todas las fotos

2011-11-26 Jordania – Petra
2011-11-26 Jordania – Petra fotos de Javipromo

Hasta pronto.