Maldivas, colores para la eternidad (I): Un día por los aires

Terminamos aquel duro día en la oficina, unos antes que otros, antes de que todo saltara ‘por los aires’, huimos de allí. Partimos lo más rápido posible a nuestras casas para descansar un poco y hacer la maleta; nos esperaba una larga noche por delante. Y es que en los aviones no se suele dormir muy bien, así que mejor descansar algo, por lo que pueda pasar.

Aquel miércoles 4 de Abril quedamos en nuestro restaurante favorito los 4 componentes del viaje; Edurne, David, Laurita y yo. Habíamos quedado para cenar lo que sería nuestro último ‘chicken shawarma’ hasta nuestra vuelta de Maldivas. He de decir que este plato me volvía loco; cada semana me haría lo menos 3 platos. A un precio ridículo para la cantidad que ponían (4 euros) con eso y una Fanta naranja de color nuclear (en UAE la fanta BRILLA) te quedabas más que saciado.

David y yo lo teníamos más que fácil, pues vivíamos justo al lado del Zaroob. Edurne vivía en la villa ICEX, pero en 3 paradas de metro estaría con nosotros. La última en llegar sería Laurita, que vivía en JLT, y cierto es que padecimos un poco por ella, por si llegaba o no a tiempo, pues es un poquillo despistada… El avión salía aproximadamente a las  00:45 ergo deberíamos aparecer por el aeropuerto a las 10 y media de la noche, para facturar y todas esas cosas que ya bien nos conocemos. Aprovechamos pues para quedar a eso de la 9 de la noche y cenar en Zaroob. Primero quedamos David y yo; luego se unió Edurne y comenzamos a pedir mientras esperábamos a Laurita. Todos con nuestra maleta de mano a nuestro lado, sin miedo a ser robada por estar en el lugar en que si robas vas directo a la carcel, sin pasar por la casilla de salida. Todos con una sonrisa de oreja a oreja, pues íbamos camino al paraíso, camino a realizar un viaje más.

Las bromas aparecían en los diálogos para difuminar nuestra pequeña sensación de incertidumbre, pues Laurita no llegaba y había que pirarse al aeropuerto. Pedimos en abundancia por si Laurita quería comer algo; afortunadamente llegó, medio exhausta y contando que había tenido alguna movida en el metro con un tío, que le había parado para decirle algo y como ella no habla ni nada… al final el tío casi se le declara para casarse con ella; como siempre, única para atraer situaciones inusuales.

Tras cenar todos, nos apresuramos a coger un taxi; gracias a Dubai y sus 14.000 taxis, esto es tarea fácil (excepto los jueves noche). Tan sólo asomarme a la calle y levantar el brazo y tendrás un taxi en ‘cero coma’. La  afluencia de taxis es increíble, siempre verás alguno. Nos dirigimos a la terminal 2, la terminal de los pakis, indios y demás ‘labour man’ aquí en Dubai. De esta terminal salen muchos de los vuelos a India, Pakistan, Bangladesh, Nepal y un largo etc. Y ellos aquí son mayoría. Una vez más la  imagen de sus ‘maletas’; sacos de tela con vete a saber lo que llevan dentro, atados con ropajes y cuerdas para que no estallen. Siempre he sentido curiosidad por saber qué llevan ahí; alguna chinche seguro. Pasamos los controles rutinarios y nos apresuramos el mostrador para coger los tickets de embarque y demás. Para David esto es nuevo; es su primer viaje, seguro que tiene una sensación única, una sensación de satisfacción y alegría, al perder la virginidad y volar por primera vez desde Dubai a cualquier sitio.

Como os conté en el prólogo, el vuelo ya se había atrasado 1 hora y la escala que teníamos que hacer en en el aeropuerto de Colombo, Sri Lanka era de 2 horas. Con esa hora de retraso ya sólo teníamos 1 hora para realizar el ‘transfer’ (pasar de un avión a otro). Pero bueno, ni nos asustamos de esto, debido a que son aviones de la misma compañía, y estarán comunicados, ¿a qué si? ¡Seguro que todo irá bien!

Pues bien, ya cerca de la puerta de embarque, pasa el tiempo y cerca de la hora de embarque, aparece lo que ninguno nos esperábamos; retraso del vuelo. Como lo leéis, el vuelo se iba a atrasar un poco más, aproximadamente una hora, sin motivo aparente. Y aquí es cuando empezamos a preocuparnos en cierta medida sobre qué pasaría en el aeropuerto al realizar el transfer, ¿perderíamos el avión o nos esperarían, al llegar justo a la hora de despegue del segundo avión? A estas alturas ya andábamos algo preocupados, pero muy poco; ¿quién se va a pensar que una compañía va a dejar en tierra a SUS PASAJEROS? Jajajjajajajaja…..

Embarcamos y bombardeamos a preguntas tanto a azafatas como al que controla el cotarro en el avión; a mi a pesado no me ganan. Edurne me apoyaba también, tendríamos que hacer presión para que vieran que al menos 4 pasajeros deberían hacer un transfer para pillar un segundo avión hacia su destino final y que por culpa de retrasos ajenos podríamos perderlo. Total que, tras mucho preguntar a azafatas y dar mucho por culo, vino un ‘moreno’ con corbata y pin de SriLankan Airlines, o sea algo de mando y control tendría, y nos comunicó que no nos preocupáramos, que el avión esperaría antes de su despegue a Male (Maldivas). Nos quedamos más tranquilos. ¡Esta vez alguien trajeado perteneciente a la compañía nos había prometido que no íbamos a perder el vuelo! ¿Cómo vamos a desconfiar de él? Sale el vuelo, justo 1 hora más tarde… Nos mirábamos los unos a los otros, reflejando algo de incertidumbre, la justa. En una fila nos situábamos Edurne, David y yo; atrás estaba Laurita sentada con alguien más, la cual no tardó nada en hacer migas y empezar a hablar con dicha persona, dando la lata gran parte del viaje y sin apenas poder dormir. Jojjojojojo, íbamos a llegar echos una mierda a Sri Lanka, pero bueno, no pasa nada, ¡el paraíso nos espera!

alaaaa

4 horas y media de vuelo, donde creo que algo de sueño conciliamos, aunque por aquel entonces aún no disponía del increíble antifaz que me compré en China para dormir de noche (esto ocurrirá en Agosto de ese mismo año) y no resultaba tan fácil dormir en un avión. La verdad que dimos muchos cabezazos y fue prácticamente imposible dormir. Se acercaba la hora de aterrizaje. Se acercaba la hora de la verdad, en pocos minutos sabríamos si perderíamos el avión o no. Tras la maniobra de aterrizaje y con el segundo ‘boarding pass’ en la mano, salimos escopetados, corriendo hacia la siguiente puerta de embarque donde se encontraba nuestro vuelo. Ya nos olía mal desde un primer momento porque cuando esto ocurre con otras compañías, al menos alguien de la misma está esperándote fuera y te guía hacia la siguiente puerta de embarque para embarcar lo más rápido posible. Aquí no nos esperaba nadie, así que con el nerviosismo en el cuerpo, aún fue más difícil encontrar la puerta de embarque. Tras un leve momento, la encontramos y ahí delante de ella, estábamos nosotros junto con algunos pasajeros más; una familia británica con niños incluido, un par de parejas y nosotros. Miramos a través de la ventana y vemos el avión que nos  va a llevar a Maldivas; nos relajamos, pues creemos que no va a despegar sin nosotros, sobre todo cuando la puerta  de embarque sigue abierta, los de seguridad del aeropuerto y alguna azafata de SriLankan Airlines están aún allí.

La familia comienza el embarque, se quitan cinturones, etc… (sin sentido, pues venimos directos de otro vuelo de la misma compañía). En ese mismo instante que una de las pasajeras ha pasado el filtro, le hacen que se detenga, se queda ahí, pasado el filtro. Nadie nos dice nada, de repente la unica azafata que había de SriLankan Airlines se pira hacia adentro del finger, los de seguridad nos miran y sonríen pero nada más. Nos preguntamos a nosotros mismos qué está pasando, después nos miramos y nos hacemos las preguntas unos a los otros. No sabemos nada. Lo único que supimos unos pocos minutos más tarde es que, el avión se desconectó del finguer para entrar en la pista y despegó, sin nosotros, delante de nuestras narices.

azafatas de la gran SriLankan airlines

No me lo podía creer, ni yo, ni nadie. Asombrados, impactados, estremecidos por este momento de mierda, de cómo sentirte NADIE en medio de LA NADA; nos dejaron en tierra, sin más. La primera reacción fue quedarnos sin palabras tras ver como nadie del personal allí presente nos decía algo ni se inmutaron siquiera. Y es que seguro no hablaban inglés. Nuestra segunda reacción fue el cabreo, seguida de la ira y con algo de impotencia mezclada, pues el avión ya se había ido.

Aquí es cuando se me fue la olla completamente. No podía tolerar lo sucedido. De cómo semejante dejadez por parte de la compañía aérea me superó. Lo vi tan, tan injusto que, según me ha contado Edurne (pues yo ya ni me acuerdo, seguro estaba poseído), empecé a chillarles, a todos:

– WE ARE ALL HUMANS!! WHY, WHY???? WE ALL ARE HUMANS !!

´Todos somos humanos’, significa. Como os digo, yo ya ni me acordaba de esto, pero Edurne me remarca que dejé loco a todo el personal, tanto a los del aeropuerto como los que habíamos perdido el vuelo, me dijo que me miraron atónitos, pensando que a este chaval se le había ido al garete la última neurona, jajjaja. La verdad y conociéndome, seguro dije eso porque me parecía injusto que esos cabrones sonrientes ataviados con uniformes de seguridad y demás trabajos de aeropuerto, no nos tuvieran ni una pizca de afecto y empatía hacia nosotros, pues nos dejaron en tierra como si fueramos perros, y el avión estaba ahí delante. Sorprendidos y tras montar el circo e incluso realizando alguna intentona de pasar la puerta, aún sabiendo que ya no valía para nada, nos hacen abandonar el lugar.

Todo estaba a punto de saltar por los aires. Entonces nos indicaron que fuéramos a las oficinas de la compañía, situados en el centro del aeropuerto, para reclamar, lo único que nos queda. Queríamos que corriera la sangre. Yo en parte, ya me lo esperaba, no se por qué pero mi sensación fue que esa compañía de mierda no va a parar un vuelo por unos cuantos que vengan con retraso. Vale, si es un retraso de varias horas después del siguiente vuelo lo entiendo pero, esto fue demasiado, ver cómo nos cerraron las puertas y ver cómo el avión se iba, delante de nuestras narices, encendió la llama y todo explotó. Sumarle la falta de sueño y el cambio de hora (eran aproximadamente las 8 de la mañana, si mal recuerdo).

reventando

Llegamos al mostrador y ahí empezamos a cagarnos directamente en todo  y en todos. Pero no éramos los únicos; ese vuelo de Dubai tenía pasajeros que iban a conectar con otros destinos. Por lo que me enteré aquella mañana, aparte de conexión con Maldivas, también tenía conexión con Kuala Lumpur (Malasia). Así que el panorama era de aproximadamente unas 20-30 personas en el mostrador, algunas hablando, otras ladrando, niños llorando mientras tanto, dirigiéndonos todos a los trabajadores de la SriLankan Airlines, y poniendo a prueba, seguro, uno de sus cursos de mediación con el cliente cuando éste pierde un vuelo, o se vuelve loco. Estos cabrones de la compañía, siquiera borraban la sonrisa de su cara; una de dos, o tomaban drogas o llevan una prótesis, no me jodas. Los rallamos a más no poder. Aquí también se me fue la olla y Edurne y los demás fliparon cuando empecé a soltar el ‘WE ARE ALL HUMANS’ a grito pelado. Y bien, sí, estamos en el país de la sonrisa, Sri Lanka, donde todo el mundo sonríe, pero NO ME JODAS y NO SONRIAS cuando acabo de perder un vuelo y me vas a hacer palmar más dinero, ya que nos tocaría coger otro vuelo y pedir un taxi-barco, para llegar a nuestra isla de destino.

jodeos todos

Pasaban los minutos, nos poníamos todos cada vez más nerviosos; a mi se me fue la olla y saqué la cámara de fotos y empecé a ‘joder la marrana’ haciéndole fotos a ellos. Jajajaja, estaba ido de mi, aquí la verdad nos reímos un rato porque de la impotencia y desesperación pasamos al ‘ya todo me da igual’. ¡Pero ese estado lo conseguimos tras estar chillándoles e intentando hablar con un responsable durante más de una hora!

guiri reclamando

Edurne intentaba tranquilizarme, mientras David se partía la polla de las cosas que les decía a los de atrás del mostrador; Laurita hablaba con todos los demás afectados. Gracias a Dios que el padre de familia que también iba a Maldivas, un inglés de aproximadamente unos 40 y pocos años, bajito, pelo rapado, gafas y muy, muy educado, es más, yo diría que era extremadamente educado, consiguió, en perfecto inglés, llamar la atención de uno de los trabajadores para transmitirle nuestras quejas y reclamaciones; al final fuimos atendidos.

el trofeo

Y algo, algo conseguimos. Nos dieron un sobrecito con varias cosas dentro. Conseguimos 2 llamadas de 3 minutos a cualquier parte del mundo para comunicar nuestro retraso, unas cuantas horas de hotel para descansar previo a nuestro siguiente vuelo, que partiría a las 2 de la tarde de Colombo a Male y un super mega desayuno en el aeropuerto.

Bien, algo de comida, ya era hora, estábamos que nos moríamos de hambre también. En el grupo éramos dos limas, Edurne y yo. Entre los 2 fijo que podríamos comernos una vaca entera. Llegamos al restaurante del aeropuerto donde sirven los desayunos, con sensación de alegría y de ‘ya todo da igual, problema resuelto’. Y el staff del aeropuerto volvió a hacer de las suyas. Más de 40 minutos de reloj, tardaron en servir el desayuno. Nos hicieron el vacío, a pesar de que parte de la comida estaba ahí, en bandeja,  pedimos otras cosas que debían ser cocinadas, ¡y no venían! Obviamente, con la movida que nos había pasado anteriormente, no fue nada difícil que se nos cruzaran los cables de nuevo. Me levanté y pregunté que qué pasaba con el desayuno, si estaban importándolo de algún otro país. Que cómo es posible tenernos más de media hora para 1 huevo frito y 2 salchichas, SIN NADIE ALREDEDOR ESPERANDO A SER SERVIDO. Conclusión: si vienes a estos países, vente armado de paciencia y si tienes algún problema, ten paciencia en reserva porque te va a hacer falta. Al final logramos llenar nuestros estómagos.

Volviendo al hilo del vuelo, afortunadamente, nosotros, sólo perdimos 5 horas de viaje; los que tenían conexión con Kuala Lumpur, perdieron un día entero, pues tendrían que esperar a que otro vuelo saliera hacia su destino… al día siguiente. Dentro de lo peor, salimos ‘bien parados’ y al final te toca tragar, pues no puedes hacer nada, son sus reglas, ellos son los grandes que surcan los cielos y tú vas montado en ellos, dentro de su lomo. Los derechos no existen y menos en estos países así que tocó tomárselo a cachondeo y comenzamos a hacer chistes y reír sobre el asunto. La falta de sueño también hacía que dijéramos cada vez más tonterías.

Como por ejemplo, camino al hotel ‘Transfer’. Un hotel dentro del mismo aeropuerto, con un nombre  bastante curioso. Y es que creíamos que este hotel no estaba aquí de casualidad; estos cabrones y sus retrasos harán perder más de un vuelo al día y dos, gracias al retraso entre ‘transfers’ y claro, ¡la gente que reclama tiene que dormir al menos, para coger su vuelo en cuanto se lo reasignen! Pues bien, de camino al hotel pasámos por las oficinas de Emirates de ese aeropuerto y me paré delante de la puerta, dándoles las gracias por ser una gran compañía y lamentándome de que por qué no había volado con ellos, pues no hubiéramos perdido seguro ningún avión. A su vez, me cagaba en los muertos de la compañía de SriLankan Airlines y veneraba a Emirates o cualquier otra compañía cuya oficina se encontrara de camino al hotel. Estaba ido de olla, pero lo que nos pudimos reír con las sandeces que soltábamos por la boca.

Por fin pudimos dormir un rato; las chicas a una habitación doble y David y yo a otra. Hay que decir que las habitaciones no estaban nada mal, así que nos acomodamos, y nos echamos una ‘siesta del borreguillo’, esas siestas de mediodía que tan bien sientan. Sonó el despertador y tocó poner rumbo a la puerta de embarque asignada. Nos apresuramos pues con todo lo que habíamos sufrido, ni de coña queríamos perder de nuevo el vuelo. Coincidimos todos en el hall, entregando las llaves, y tras soltar algún par de burradas más, nos fuimos de allí.

tocada de huevos

Puerta de embarque, más gente espera, nosotros aún tras el descanso, andamos algo cansados, hablando sobre lo sucedido; ha habido mucha tensión y nervios y no habremos dormido más de 3 horas. El avión salía a las 14.00 horas aproximadamente. Antes de todo esto, con nuestros grandísimos 6 minutos de llamadas gratis para comunicar nuestro retraso, hice una llamada al dueño del hostal, al Jefe. (el Jefe de aquí en adelante). El Jefe resultaría ser local de Guraidhoo (la isla donde nos dirigíamos), un buen personaje, agradable, moreno, simpático, un tío de negocios, que vestía camisas de flores con pantalones de lino y chanclas; junto con la gafas de sol, hacía de este hombre un auténtico mafias. Pero resultó muy agradable y nos puso las cosas fáciles durante sus días en e hostal. Le llamé para decirle que perdimos el vuelo y que necesitaríamos el taxi-barco, pues a la hora de llegada a Male, ya no habría ningún ferry posible para embarcar. Aceptó sin ningún problema, estaba dispuesto a salvarnos el culo, previo pago, claro está. Seguro que en sus ojos el símbolo del dolar haría act de aparicíon, en el momento de la llamada.

Nuestro plan era llegar a las 9 y media de la mañana a Male, dar una vuelta por la misma y embarcarnos en el ferry público destino Guraidhoo, que partía a las 14.15. Justo a esa hora estábamos dentro del avión y tocaba partir. Al fin, de nuevo, nuestro viaje continúa, sin ningún problema. ¡¡El paraíso más cerca!! Despegamos. El vuelo, corto, apenas 1h30 minutos, apenas tiempo para echar otra cabezada, saco la cámara, aburrido, intentando ver algún atolón por la ventana. Intentando vislumbrar el paraíso.

oh my god

A través de la ventana. Emoción, ansiedad, esperanza, ganas. Colores únicos que veo a través de ella; aquellos colores que he visto durante 30 años de mi vida en fotos, televisión e Internet iban a aparecer delante de nuestras narices en breve. Es increíble lo que veo, aún no me lo creo, o tal vez es la falta de sueño, pues recordaos que llevamos desde las 9 y media de la noche del día anterior viajando. Aterrizamos sobre las 3 y media, 4 de la tarde en Male. Ya está, lo conseguimos. Maldivas, ya estamos dentro, después del control de inmigración y estampa en el pasaporte.

Lo siguiente era buscar al Jefe, el cual estaría esperándonos para dirigirnos al taxi-barco. Previo a eso, pasamos por la oficina de cambio de moneda. Desde Dubai traíamos dólares, moneda internacionalmente aceptada, amén que en Maldivas aceptan pago con dólares americanos. Pero hay algo bonito y clásico  y que hace que te envuelvas más aún en el viaje, y es cambiar a moneda local. Al final nos dimos cuenta que en Maldivas no tenía mucho uso pero ,¿y lo que fardábamos con nuestro taco de cienes de rufiyas (moneda local de Maldivas), que apenas cabían en nuestras carteras, e hicieron de cada pago una odisea? ¡No apto para despistados!

Ahí lo tienes, el Jefe haciendo acto de presencia. Sonriente, nos espera, nos pregunta cómo estamos y le comentamos la movida así por encima; hace referencia a que estas cosas suelen pasar con SriLankan Airlines, que a él también le ha pasado lo mismo cuando ha tenido que salir de la isla para hacer cualquier historia, y que en la vida volverá a volar con ellos. Nosotros asentamos con la cabeza y decimos que también NUNCA MAS volveremos a volar con una compañía de semejante calibre de PATANES.

barquito

El aeropuerto de Male es pequeñito pero con mucha actividad, miles de turistas de todo el mundo llegan aquí para partir a una de sus 900 islas habitadas, algunas con un simple hotel de lujo con menos de 10 habitaciones, otras islas grandes con su gente local viviendo y haciendo el día a día; otras islas, como la nuestra (Guraidhoo) mezclan ambas cosas. En la zona de llegadas al aeropuerto, un porrón de guías turísticos esperan a sus pasajeros.

colores para la eternidad

Pasamos toda esa marabunta de guías, de gente buscando a su guía con cartelitos de Sir. Owen, Mr. Kenen y demás nombres así, provenientes de todo el mundo, hasta llegar a la zona de los taxi-barcos. Allá nos esperaba, nuestro barquito privado, que bien pagamos, a unos 50 euros por cabeza, por 1 una hora y pico de viaje hasta destino. Asombrado, el agua tiene un increíble color azul, y eso que estamos en la cutre isla del aeropuerto.

barqueros

Ya está, los 4 embarcados, el Jefe y el barquero. Motores en marcha, 2 grandes y potentes. Dispuestos a surcar las aguas de Maldivas hasta Guraidhoo. Arrancamos, partimos. Lo conseguimos, ya estamos aquí. Sonrientes, felices y silenciosos, pues estábamos disfrutando del paseo en lancha, de la brisa marina, de las vistas de las islas que nos rodean, amén de lo cansados que estábamos por lidiar la batalla contra compañías aéreas de mierda y no haber dormido mucho.

colores azules

De nuevo, en contacto con el mar, pero no con un mar especial, sino el océano índico, cerca del ecuador, donde siempre es verano, y la temperatura del agua ronda los 27 grados o más, excelente condición para bucear horas y horas sin que el cuerpo coja frío. Y qué colores, qué azules, algo nunca visto.

azul de la ostia

De repente, aparece un azul que nunca había visto en persona. Tan sólo lo había vislumbrado en ciertas fotos de Internet. Pero esta vez era real. Estaba delante de mis ojos, ese azul tropical, azul paraíso, azul increíble… un azul que seguro a nadie le disgusta. Los 4 becarios estábamos flipando, pues era como estar surcando una piscina de tamaño descomunal, y el agua aún estaba más clara que en una propia piscina. No tenemos palabras, sólo sentimientos que expresar y ganas locas por llegar a algún sitio parecido y tirarnos durante horas sin hacer nada, tan sólo que disfrutar  de estos colores.

Un paseo largo

Fue un paseo largo, pero agradable. Azules nunca vistos, a punto de ser probados. Bucear en aguas cristalinas, relajarse en playas de arena blanca y fina. Estábamos cerca. Pero si de algo tenía curiosidad era de ver cómo de sucia estaba nuestra isla, Pues en los comentarios del hostal hacían especial incapié en ello. Tras cruzar muchas islas, llegamos a Guraidhoo, hasta el agua del puerto es azul cristalina. Mucho arrecife de coral, hay que tener cuidado por donde pasa la barca para que no rompa el casco. Desembarcamos, la mitad del pueblo en el puerto, observándonos. Pero a eso ya estamos acostumbrados, somos becarios ICEX y nos recorremos medio mundo para forjar nuestro espíritu, cuerpo y alma. Para David era la primera vez, aunque él ya había estado de Erasmus y demás, así que no le pillaba muy de sorpresa.

Había un poco de  basura flotando por el puerto, pero tampoco le di mucha importancia, pues todos los puertos son así. Nos llevaron camino al hotel por las calles de la isla. Básicamente las calles cruzaban una con otra, de manera perpendicular; la manera perfecta para confundirse de calle y perderse. Había que tomar referencias de puntos clave como la tienda de souvenirs, o el supermercado del pueblo. Las primeras imágenes nos recuerdan que seguimos en un país musulmán; las mujeres con el velo puesto, a pesar del calor y humedad que hacían (aquí creo incluso será peor que en Dubai, pero por la humedad). Los ojos de todos los hombres se clavan inmediatamente en Edurne y Laurita, las únicas mujeres con el pelo descubierto y algo menos de ropa; ya les avisamos que llevaran ropa discreta para los momentos de la isla. Lo que no sabríamos es que más adelante acabarían haciéndoles declaraciones de amor… y demás, jeje. Nos recogen las maletas con un carro, mientras, nosotros andamos tranquilamente. Llegamos a las habitaciones, dejamos todo, las chicas a dormir a una doble, David y yo a la otra habitación de enfrente.

jojojojoj

Nos despojamos de todo y yo ya estaba ansioso de dar una vuelta por los alrededores, para ver cómo era la isla y sus playas. Esperando a las chicas (ellas siempre tardan más, aunque yo a veces soy muuuucha tela), pensábamos en lo que hacer. Serían cerca de las 5 de la tarde, y estábamos bastante sudados por el viajecito y la humedad, así que pensé en ir a la playa a dare un baño. Aquí nos encontraríamos de bruces con la realidad de los comentarios sobre la isla en el portal de Booking.com. La isla realmente no ofrecía mucho, si bien algo de vida local para observar y fotografiar, un par de supermercados, algún bar/restaurante que otro la ostia de raro, y la playa. Pero esta playa no era una playa paradisíaca ni normal. Esta playa estaba jodidamente jodida.

vertedero 1

-“No, no puede ser verdad” -decía yo
– “Oohtiaaa…..” -David, sorprendido por lo que cada  vez veíamos más de cerca.

mierda por doquier

Edurne y Laurita, a veces sin palabras, otras veces con cara de sorpresa increíble. Yo ya les avisé de los comentarios, pero es que sinceramente ni yo pensaba que esto fuera a ser así. Estábamos en una isla de un supuesto paraíso tropical rodeados no de mierda, sino de mierda y escombros con los que puedes ser capaz de construir armas, vehículos o hasta casas, con tanto despojo.

En parte me sentía responsable de éste viaje, yo les había metido a ellos la idea y el concepto de hacer este viaje, y que nos lo pasaríamos de puta madre, amén de ver cosas insólitas. Pues bien, ¿estábamos viendo algo insólito, cierto? De cómo estar en Maldivas por 30 euros persona/noche, rodeados de vida local y de mierda por un tubo. Tuvimos que sacarle la broma al asunto, porque si te paras a pensarlo, era bastante deprimente.

africanos ?

Edurne mostró su negativa rotunda a darse un baño, y la entiendo; David y yo nos metimos para adentro, con chanclas, porque cuanto más nos acercábamos a la orilla, más mierda y cosas cortantes veíamos dentro. Laurita, que no tenía miedo a nada, también se aventuró en darse un chapuzón. A esa hora, también hicieron acto de presencia unos cuantos niños, locales de la isla. Mientras, las niñas jugaban metros atrás, en el parque ataviadas con la abaya.

ellas también tienen derecho

David estaba acojonao, y yo no es que andara de valiente, si no todo lo contrario. El fondo marino estaba lleno de coral muerto y de cosas raras, basura, que como te cortes con algo de eso, creo apenas duras 15 minutos. Ni llamar a tu madre para despedirte puedes. Lo que hicimos fue nadar en modo morsa, sin tocar el fondo. Yo llevaba unas gafas de natación que hacían el papel para ver un poco el fondo, y así poder guiar a David y Laurita, y evitar su prematura muerte por objetos desconocidos.

barcos

Los niños no tenían miedo y ahí andaban, nadando más o menos cerca nuestro. Ellos estaban en una zona que no tocaban fondo y cierto es que ahí estaba todo más limpio. Aún así, seguía siendo peligroso. Lo más gracioso era que, justo enfrente nuestra, un resort-hotel Holiday INN hacía acto de presencia, y su playa, aparte de parecer más limpia, estaba vigilada.

mmmmm

No podíamos pues, cruzar a la otra orilla, ya que ésta era privada, sólo para clientes del hotel. Esos huéspedes alojados en el hotel HOLIDAY INN estarían, seguro, pagando 3 veces más la noche que nosotros, por tener un trozo de orilla más limpio; pero en el fondo estaban en la misma agua de mierda, y con peores vistas aún, vistas a nosotros, a los mendigos de la isla. JAJAJAJAJ, se jodan y se queden su parte limpia, no la quiero. Ya tuvimos bastante, refrescándonos en el agua y entre trampas mortales; decidimos salir fuera, vuelta al hotel, ducha y hacer algo más.

retrato

No tan rápido. Observo a mi alrededor y pienso; este momento resultó ideal para hacer fotos. Unos colores que en la vida había visto, se presentaban ante de mi de manera muy atractiva y decidí quedarme echando unas fotos. Hice algunos retratos de los nuestros, que las podéis ver en el álbum, pero aquí destacaré alguna otra:

luna casi llenaLa luna, casi llena. Increíble.

Mierda en lataMierda, en lata.

puesta de solPuesta de sol entre palmeras. Bonita como ella sola.

Batman vuelveBatman existe y vive en Maldivas.

Marea baja, niños, mierda Marea baja, niños y mierda.

nice houseSimpática casa cerca del hotel.

Y mil sitios más donde realizar fotos, con esos fantásticos colores.

Camino al hotel, muertos en vida pero con aún algo de energía. Nos espera un breve tiempo de relax, antes de la cena. Nos dimos una ducha y la sensación de que nos bañábamos con agua salada un poco estancada estaba presente. A su vez, una amiga cucaracha del tamaño de un elefante hacía acto de presencia por el depósito del agua, metiéndose en él y haciéndo que David sintiera un asco increíble. Yo le dije que no se preocupara, que pase de ella y que por la noche aseguramos la puerta cerrándola con toalla, para que no nos coma por la noche, jajaja.

jojoojojo

Aún flipábamos con el montón de billetes que apenas simbolizaban 40 dólares o algo así, que fue lo que cambiamos. Pero es que acabo de acordarme que el cabrón de la oficina de cambio se quitó, gracias a nosotros, toda la morralla de billetes de 5 rufiyas. Es más, nos dio prácticamente todo en billetes de 5 rufiyas, que vienen a ser unos 25 céntimos de euro. Ni cerrar la cartera podíamos.

Toca cenar. Estábamos ansiosos por ello, pero también éramos realistas y sabíamos que no iban a traer manjares de dioses. La cena se basaba en un pequeño menú, con apenas 4 platos a elegir, los cuales teníamos que avisar al cocinero de lo que queríamos casi 2 horas antes, para tenerla lista a la hora que queríamos. Ya sabéis, a ritmo tropical. Pero suerte que avisamos nada más llegar del excelente baño en la playa limpia (jaja) y no esperamos mucho. Nos sentamos a charlar un rato, hablar sobre las primeras impresiones de todo , sobre como nos sentíamos, unas bromas, etc… También, mientras esperábamos la cena, discutimos con el Jefe sobre la ruta de viaje de los 2 próximos días que teníamos por delante. Prácticamente estaba todo decidido y el Jefe se dedicó a explicarlo todo. Básicamente, el primer día iríamos en barco a una zona de buceo, con bonitos y grandes arrecifes, para después acabar en una isla nosotros solos y pasar desde mediodía hasta la puesta de sol en la misma. El segundo día se basaría en irnos a una isla-banco de arena y después irnos a una isla-resort donde se encontraba un buen hotel, con restaurante y comida occidental para pasar todo el día hasta la puesta de sol y después volver. Al día siguiente, tocaría la vuelta de buena mañana.

foton

Pero eso quedaba aún muy lejos, y no hacíamos nada más que pensar en lo que nos depararía al día siguiente. Gracias a dios nos aliviamos, después del susto que nos llevamos con aquella playa ‘limpia’; yo ya les prometí que la cosa cambiaría y merecería la pena haber venido aquí. Yo confiaba ciégamente en el Jefe y sus guías (ciégamente y a la fuerza, eran los únicos que teníamos de nuestro lado, jeje). Edurne, David y Laurita estaban más tranquilos pues.

Vino la cena, tocaba disfrutar. Primero una sopa de pescado, después algo de arroz con curry (muy rico, por cierto). Pan, y algunas movidas más que apenas recuerdo, pero que se podían comer. Todo eso acompañado de un zumo ultra azucarado, que te ponía más ciego que 10 vodkas. Hablando de vodkas, con nosotros en el hotel se hospedaba un joven de nacionalidad rusa. De aquí en adelante, Dimitri. De estatura baja, pero complexión fuerte, rubio pelo rizado, ojo azules enormes como platos, cara fina y prolongada y una nariz de judío. Impasible y pacífico, terriblemente pacífico. Y con un reloj en la muñeca más grande que nuestra cabeza. He aquí el completo perfil de ‘diver’, buceador a bombona, donde cuanto más tranquilo estés y menos oxígeno consumas, más durarás bajo del mar.

Dimitri comía en mesa aparte y la primera noche apenas hablamos con él, pero a la segunda noche ya se unió a nosotros. Él tenía su ruta hecha pero al segundo día se le encontraríamos en la isla ‘resort’. Tras acabar la cena, convencí al grupo para dar una última vuelta. Aún no eran ni la 9 de la noche y si bien estábamos destrozadillos, aún logré sacarles fuerzas de la nada para dar una pequeña vuelta por la isla. Ya sabéis lo que me gusta inspeccionar y explorar nuevas zonas. Esto no iba a ser menos, bajo la luna casi llena, en pleno ambiente tropical.

hamacacacacaca

La isla estaba terriblemente tranquila, Esta gente sigue las horas del sol y aquí amanece a la 6 pero a las 6 y pico ya va cayendo la noche. Por lo tanto, excepto algunos ‘gamberrillos’, gente relajada paseando en la noche y gente adulta que caminaba a los pocos bares de la isla, nadie más hacía acto de presencia. Ni una mujer, por cierto.

palmeras y cielo

Encima de nuestras cabezas, la luna y las estrellas, y los putos murciélagos del tamaño de un Boeing 777. Auténticos ‘Batman’ pasando cerca de nuestras cabezas, entre ramas de árboles y palmeras, asustando sobre todo a Laurita, la cual poco a poco iba pillándoles más miedo y risa. Sus pequeños chillidos poco a poco irían yendo a más, conforme avanzaba el viaje…

También andaba ofuscado por encontrar tiendas de souvenirs, ya sabéis lo que me gustan las pulseras… pero todo estaba cerrado y los de las tiendas andaban deambulando por las calles; les avisé que mañana haría compra sí o sí, que se prepararan, jojojo.

Y antes de volver al hotel, acabamos en otra playa, pero en la otra punta de la isla. Y el aspecto tendía a ser el mismo. Orilla llena de mierda, pero esta vez con un añadido, caracolillos de mar que salían con cada venida de ola y se escondían bajo la arena a cada paso que dábamos.

caragol

El sonido de las olas del mar, de noche, sin ningún ruido, en medio de la nada, bajo la luna llena, y con una grata compañía. Una grata compañía que medio-forcé para que vinieran conmigo, pues les expliqué que ‘el tiempo es oro’ y que ‘hacer más es vivir más’. Previo descojone por su parte, creo nunca estuvieron de acuerdo conmigo. Pero yo estoy convencido que es así. ¿O acaso no sabes más si lees más? En la vida es lo mismo. No voy a quedarme en un hotel pudiendo dar una pequeña vuelta por los alrededores, para, quién sabe, ¡poder aprender de algo que ocurra o que veas en esos momentos!

Ya estábamos todos muy cansados, demasiado. El día ha sido larguísimo, con dos vuelos incluidos. No sabemos ni qué hora es pero, toca volver el camino de vuelta al hotel y de noche entre esas calles, va a ser algo más difícil. Al final dibujamos en las calles con nuestras andadas una ‘L’, guiándonos con la luna, y logramos llegar a nuestra choza, con cara de cansados; tocaba reposar.

Con el pijama puesto, angelitos a la espera de soñar con ellos. pero más que soñar con angelitos, soñaríamos con las playas y con el paraíso tropical que nos esperaría mañana. Edurne iba a iniciarse en el mundo del buceo, ella como ciudadana de un pueblo en el Norte de España, no estaba muy familiarizada con el mar, o sea para ella esto iba a ser algo más que nuevo. Y yo creo que sí le gustó. Laurita iba a disfrutar como una niña, seguro, en el agua. Y David se soltaría la melena bajo el agua también, viendo cosas que nunca hubiera visto de no ser por el pesado de su compadre de oficina. Sí, ese soy yo, servidor.  Pero gracias a mi podrán decir que perdieron un vuelo, viéndolo despegar enfrente de sus narices, mientras que los currantes del aeropuerto seguían sonriendo y que estuvieron en una de las playas más sucia de Maldivas pero, era el precio que había que pagar para saltar al paraíso.

Pero eso es lo que por ahora, ellos podrían decir, pues mañana tocaría algo más de acción, en un entorno muy agradable. Más emociones y colores nos esperaban…

2012-04-05 Maldivas – Por los aires

Álbum de fotos del primer día en Maldivas.

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3 pensamientos en “Maldivas, colores para la eternidad (I): Un día por los aires

    • Hola María Isabel, me encanta que leas mi blog, seguiré escribiendo, aún faltan algunos viajes más por relatar! Un saludo desde Centro Europa, donde vivo ahora mismo.

  1. La continuación se está haciendo esperar un pelin, no? a este paso los posts van a ser anuales!! abrazos Sergio!

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