Irán, civilización milenaria (III): Llegó el momento que tanto esperaba…

…Y que no podía creerlo, hasta que no estuviera allí arriba. Pero ese momento iba a llegar. En apenas 3 ó 4 horas, pasaría de estar sorteando el tráfico masivo de Teherán a surfear en las lomas su nevado sistema montañoso.

Eran las 6 de la mañana, sonó el despertador. Aquella noche dormí un poco mejor gracias a que inché el colchón de aire sobre el que dormía en exceso y así las pérdidas de aire nocturnas no llegaron a hacer que el colchón pasara de tener una forma de burbuja a  forma de cuenco. Así mi espalda no tocó el suelo, ergo pude dormir sin el frío que la noche anterior trepaba por mi espalda y concilié el sueño que tanto necesitaba para aquel duro y largo día.

Brero dormía plácidamente pero tuve que despertarle para pedirle más dinero; no se si os conté que las tarjetas te crédito normales no funcionan en Irán debido al embargo internacional que ciertos gobiernos y el sistema bancario mundial les ha sometido. Una ‘larga’ historia. Así que Brero era mi ‘banco’. Le pedí aproximadamente unos cuatro millones de riales persas. Sí, cuatro millones, pensaréis que soy rico pero NO, ¡soy un humilde becario!. Y es que cuatro millones de riales iraníes equivalen aproximadamente a unos 200 euros, dependiendo del cambio de moneda. Con ese dinero tenía que costearme todo: transporte, forfait, noche de hotel en pista, aquiler de equipo, comidas, etc…

A las 6 y media de la mañana ya estaba listo, maleta preparada y vestido con la ropa de nieve como si fuera a pistas, que es ciertamente, a lo que realmente iba. El trayecto duraría unas 2 horas largas; la carretera-atajo que existe para ir a pistas estaba sepultada por nieve y teníamos que salir de Teherán hacia el Oeste y después introducirnos dentro del sistema montañoso por la típica carretera comarcal, que transcurriría entre medio de montañas y pueblos, cada vez a más altura sobre el nivel del mar y viendo más y más nieve. Sorprendentemente puntual me esperaba quien iba a ser mi ‘driver’ (conductor), el cual no recuerdo ni el nombre pero, se le veía un tío majo, recio, casi cejijunto, típico macho iraní. Cargamos la maleta y nos ponemos en marcha. Aún no era de día, pero estaba amaneciendo.

Y pensaba que durante el trayecto podía echar una cabezada, dormir algo, ya que, para variar, la falta de sueño apremia en este tipo de viajes, donde tienes pocos días y quieres hacer de todo. Atrás quedó un día largo de turismo de ciudad por Teherán y un encuentro con Primavera; a ella le pedí que viniera conmigo a esquiar pero, existían dos impedimentos: uno era que ella tenía que trabajar. Aunque ese no era el mayor impedimento; el segundo y el más restrictivo era que, en Irán una mujer y un hombre no pueden entrar juntos a un hotel si no demuestran que están casados. Tal cual, ahí lo llevas. Seguro que habrán ‘sitios’ donde esa ley se pueda saltar pero, yo sabía de antemano en qué país me encontraba y sabía que iba a encontrarme con leyes como esta. No le di mucha importancia, si bien se que en el fondo este tipo de viajes es mejor hacerlo solo o con alguien de tu nivel pues, en la montaña y en los descensos, eres tú quien conecta con el entorno, la naturaleza, el deporte, la nieve y todo ese ecosistema, donde se encuentra la paz. Uffff… esta última frase no debería ir aquí pero es que me ha salido del alma.

El ‘driver’ no tenía mucha idea de hablar inglés y tampoco era tan joven y dinámico como el anterior taxista que me llevó a la pista de esquí la cual estaba cerrada cerrada aquel día; por lo que el viaje se convertiría en algo así como viaje de observación y análisis del entorno y sin diálogo. Suerte que íbamos en sentido opuesto al que toda la gente que vive en la provincia de Teherán hace a diario, que es moverse del extrarradio de esta enorme metrópolis al centro y alrededores para ir a trabajar, o hacer lo que sea. Nosotros íbamos en dirección a las montañas, a conectar con la naturaleza y a olvidarnos por un momento del mundo donde vivimos.

Y otra vez me ocurrió lo que siempre me suele ocurrir en este tipo de viajes; todo lo que te rodea es nuevo y, aunque realmente sea lo mismo que en otros países, tus ojos no dejan de ver cosas diferentes, nuevas, por lo que me fue muy difícil conciliar el sueño. Mi sed de visualizar y de empaparme del entorno hicieron que no conciliara el sueño apenas, durante gran parte del trayecto. Tras de mi quedaba en sentido opuesto, una cola kilométrica de 4 carriles del sentido opuesto de la autovía, llenos de coches, motos y camiones, intentando acceder a Teherán, mientras nosotros nos desplazábamos sin apenas densidad de tráfico camino hacia las montañas.

Llegamos a la intersección, tomamos la carretera comarcal; a lo lejos empiezo a vislumbrar las primeras montañas con pico nevado, aún estábamos ‘bajos’ respecto a la cota de nieve, pero poco a poco y a cada metro que avanzábamos, aquel elemento blanco aparecía cubriendo cada vez más todo lo que nos rodeaba.

Y ahí es cuando decido sacar la cámara, ya me olvido del sueño, me olvido de todo. En mi vida había visto semejante cantidad de nieve. Cada vez iba a más  y no sabía cuándo esto iba a detenerse. Las montañas parecían esponjas blancas, de lo redonditas que se hallaban por estar cubiertas del susodicho elemento blanco. Y es que antes de llegar, esta zona estuvo bajo una borrasca con abundante lluvia, nieve y frío durante 1 semana, haciendo que las precipitaciones de nieve fueran muy abundantes. Me emocionaba y me ponía nervioso tan solo de pensar cómo estarían las pistas de nieve, repletas y listas para desvirgar.

Eso sí, esta cantidad y calidad de nieve no viene de manera gratuita; hay que pagar un ‘alto precio’ como es sufrir la temperatura. Para que toda esta nieve se mantenga en una calidad excepcional, hace falta una humedad bajísima o inexistente, amén de unas temperaturas muy muy bajas. Le pregunté la temperatura al ‘driver’; faltaba menos de una hora para llegar a la pista y a las 8:28 a.m., el driver señala el termómetro del coche; el cabrón rondaba los -14 grados centígrados. ¡¡Y Aún no estábamos siquiera en la altura de la base de la estación!!

Y hablando de la estación, os comentaré un poco sobre la misma. Me dirigía al resort de esquí llamado ‘Dizin Ski Resort’ (en inglés; en farsi no lo escribo pues no tengo ni idea, aunque me gustaría). Dicho resort fue construido, junto como los otros que rodean Teherán, durante la época del Sha de persia, antiguo gobernador de Irán, el cual abandonó el país en 1979 debido al cambio político y por lo tanto religioso. El Sha amaba el esquí e hizo construir estos resorts para el disfrute de los mismos por toda la población; pero con el cambio político y de religión, aunque estos aún siguen abiertos, ya no eran una prioridad para el turismo del país y apenas han cambiado, remontes incluidos, en los más de 30 años que actualmente tiene la actual república islámica. Si si, es muy fashion y muy ‘retro’ ir a un resort de esquí que se ha ‘congelado en el tiempo’, pero no se hasta qué punto es seguro subir a la pista en remontes que tienen más de un cuarto de siglo, jojoojjojo. Por lo menos estoy aquí contándolo, ¡eso significa que van bien!

Cada metro que ascendíamos, más y más nieve. Hasta el punto de no ver nada sin cubrir de blanco, siquiera la última carretera de acceso al parking del resort. No se cómo el coche no patinó, siquiera sé como llegamos sanos y salvos ahí arriba. ¡¡Un coche que tendría más de 20 años!! ¿Tendría ruedas de un material hasta ahora desconocido por el pueblo occidental? ¡¡Porque yo los veía más que planos!! ¿Y el motor? ¿Cómo aguantaba tan baja temperatura, siendo tan viejo? Increíble, ¡¡pero cierto!! He aquí una vez más la batalla entre los elementos con tecnologías actuales y mucha electrónica y los elementos con mecánica de toda la vida. ¿Son los primeros poco fiables, debido a que integran mil componentes tecnológicos y microchips los cuales pueden fallar por cualquier tontería, frente a los sistemas mecánicos que apenas tienen electrónica y sabes con certeza lo que hay bajo el capó? El caso, repito ,es que conseguí llegar tras 2 horas y media de viaje. No podía creerlo; ante mi, veía nieve, mucha nieve. Y los remontes en marcha.

Y ahora tocaba una de gestiones; nos dirigimos a la recepción del hotel. Los trabajadores me observaban y sonreían, tal vez porque era occidental. ¿Sorprendidos? Ni idea, pero no era el único extranjero; un japonés con un portátil sentado navegando en ‘la interné’,  alguna mujer occidental por ahí también (!) y unos tíos que hablaban algún lenguaje de Europa del este hacían acto de presencia por el lobby; iban vestidos y preparados para esquiar. Con la ayuda del driver, hice el ‘check-in’ en el hotel, el cual está situado a pie de pistas, a escasos 100 metros del primer remonte.

Tras abonar ochocientos mil riales iraníes al ‘driver’ (lo escribo así para que suene más contundente y para que hagáis un ejercicio de convertir la moneda iraní a euro jijiji), tuve que abonar UN MILLON de riales para hacer noche en una habitación doble del hotel. Gracias que el recepcionista de la mañana hablaba inglés y pude entenderme fácilmente, todo quedó bien clarito. Las condiciones, como las de cualquier hotel, con salida a mediodía y todo eso. Y si tienes que quedarte hasta el cierre de pistas (16:00) pueden guardar tu maleta. También desayuno incluído; todo perfecto. Subí a dejar el equipaje y demás a la habitación; ahora tocaba la siguiente batalla, la de alquilar equipo de snowboard.

A todo esto, pensaréis, ¿y cómo va a bajar Sergio de las pistas una vez haya acabado sus dos días de snowboarding? ¿Llamará al taxista? ¿Descenderá directamente por la cara sur de la montaña hasta el punto más cercano de Teherán? ¿Usará la técnica de teletransportación de materia? Afortunadamente en este país, con tal de sacarse unos dineritos, todo el mundo hace de taxista. Tanto el ‘driver’ como el recepcionista me comentaron que a cada cierre de pistas, gente con su coche espera en el parking dispuesta a escuchar ofertas para que te acerquen al sitio que quieres. No me preocupé, total, ¿para qué? Os recuerdo que ¡¡SOMOS BECARIOS y ESTAMOS PREPARADOS ANTE TODO!!!!! ¡¡¡TOODOOOOOOO!!!!

Después de este delirio vuelvo con el tema del alquiler de equipación. Preguntando a la gente, todos me indican que vaya a una tiendecita a las afueras del hotel, cerca del parking, donde alquilaban equipo de esquí y snowboard. Dos chavales morenos y  jóvenes en la puerta, esperando a clientes. Ven que me acerco, dando la nota por ser occidental, llevar un traje completamente rojo y unas gafas de sol con lentes azules que, según varias personas, cuando el sol refleja en ellas, el destello puede alcanzar y verse a años luz de distancia. Dan el aviso al de dentro para que me reciba, y su inglés chabacano como de costubmre y que, por supuesto,  has de dominar. Porque no quieras encadenar frases complejas ni usar la gramática inglesa que has estudiado y aprendido esforzándote durante estos años atrás. Aquí todo es cuestión de expresiones corporales, palabras encadenadas y monosílabos. Y ante todo chillar y sonreír mucho. No se por qué, pero así seguro que no te querrán timar tanto… o algo.

Pactamos el precio tras un arduo diálogo (aunque tampoco perdí mucho el tiempo, pues éste vale oro y quería estar en las pistas ya) y me llevé el primer equipo. Digo primer equipo, porque tuve que llegar a un tercero. Después de adquirir el forfait y pasar por las ancianas y oxidadas puertas metálicas giratorias que daban acceso a la zona de los remontes y tras enfundar mis botas a la fijación de la tabla, tras un ligero impulso, una de las fijaciones salta por los aires y me quedé con ella enganchada a la bota. Me cabreé pero en parte pensé que era normal; No estás en Aspen o en Saint Moritz Sergio; bastante es que aún siga existiendo este deporte nieve allí.

Una larga pateada y vuelvo a la tienda, los jovenzuelos me miran, yo les miro a ellos, les digo ‘MY FRIENDS, I HAVE A PROBLEM’ y les enseño la fijación que se ha partido. Volví en apenas 15 minutos así que sabían de sobra que no era problema de haber descendido a lo loco, sino del equipo. Se movilizan rápidamente y empiezan a mostrarme más  y más. Adquiero la segunda tabla, apenas hago un par de pruebas, la veo bien. Me dirijo de nuevo a la zona de remontes, enfundo la bota en la fijación, con la carraca empiezo a fijar el plástico de la fijación y … ¡ZASSSSSSSSS! ¡¡ el plástico se parte !! Nooooooooooooo!! ¡¡¡Por quéeeeeeeeeeeeeeee!!

El tiempo pasa y mi ansia se acrecienta, ¡quiero disfrutar de una puta vez y no estar sufriendo por la equipación de mierda! Bastante cabreado me dirijo de nuevo a la tienda. Los chavales de la tienda me miran, una vez más. Su cara ya no es la misma que la primera vez que me vieron; la mía tampoco. Del enfado paso a la frustración porque ya han sido experiencias varias de este tipo y de nada vale cabrearse, tan sólo buscar una solución. Les digo MY FRIENDS, WHY… PLEASE, HELP ME. Y rápidamente buscan otra tabla y fijaciones, a la cual le hago pruebas exhasustivas. Esta sí, parece la buena, a pesar de que los cantos no estuvieran muy afilados, sabía que valía. A la tercera va la vencida, o eso dicen. Y sí, acerté. Y dicho sea de paso, todas esas idas y venidas me sirvieron para calentar y aclimatarme a la altura. ¡No hay mal que por bien no venga!

Tras las prisas y haberme atascado en las puertas metálicas giratorias y tras haber sido ayudado por los iraníes que rondaban por la zona de remontes, conseguí subirme al huevo que daba acceso a la zona intermedia de la estación. La estación tiene una altura en la base de 2600 msnm (metros sobre el nivel del mar) y la altura máxima, según me dijeron, es de aproximadamente 3600 msnm. El frío hacía acto de presencia; eran cerca de las 10:15 am y aquella mañana en la base rondábamos los -16ºC. Me aconsejaron no subir a la cima hasta pasado mediodía, pues la temperatura ahí arriba rondaba los -23ºC. Gracias a mi madre, que vino de visita a Dubai y que me trajo toda la equipación de nieve, pude aguantar esas temperaturas. ¡A ella le debo el viaje a Irán! ¡Y también lo pagó con un poco de su salud, pues no estaría muy tranquila cuando le informé que los conflictos entre los países del Golfo Pérsico crecían, jajaajajaja. Pero la tranquilicé, diciéndo que como mucho, ahí en las montañas, sólo vería los misiles pasar por encima de mi cabeza (chiste malo, jijujijujiju).

No puedo creer lo que veo ante mis ojos. El poderoso dios Sol ofreciéndonos algunos de sus rayos para combatir el intenso frío, pero ese frío a su vez es gratificante pues está conservando con unas condiciones EXCELENTES la NIEVE POLVO de las pistas. Prácticamente todo el dominio es esquiable, los fuera pistas están ahí, veo algunas marcas y pienso en seguirlas pues no hay peligro de aludes (la inclinación no es muy alta). No conozco la estación y no me meteré en sitios raros pero donde vea algunas marcas de fuera pista, por ahí iré (sin alejarme mucho de la zona principal). Esto hay que inmortalizarlo. Me subo a un ‘huevo’, un remonte cabina con forma del mismo que se abre y cierra por la mitad, que debe tener más de 30 años; apenas cierra bien y tenemos que ser expertos en el ‘Tetris’ para encajar dentro esquíes, tablas y demás. Los esquíes asoman por la mitad del huevo, sí, por donde se abre y se cierra. ¡Todo son ventajas! ¡Aprovecha que no se cierra bien para poder llevar tu equipo cómodamente!

Y aquí es cuando me bloqueo mentalmente, porque por mucho que intente describir este momento, se que no voy a poder haceros sentir lo que yo sentí y viví aquel día. Tan solo algunos amantes de este deporte sabrán de lo que hablo. Pero a esta sensación, tenéis que sumarle el encontrarme en uno de los destinos más ‘complicados’ del planeta a día de hoy, totalmente desconocido para muchos occidentales y para colmo, con definiciones tergiversadas sobre la realidad del país. Algo realmente único.

Una estación de esquí que perfectamente podría competir contra cualquier estación del mundo, porque aquella cantidad, calidad de nieve y clima nada tiene que envidiar a la las condiciones climatológicas y de nieve polvo del Colorado en EEUU, de Alpes y otras estaciones del mundo.

Y la gente, gente normal y corriente como pueden ser las personas de otros países, disfrutando todos de aquel maravilloso día y de este gran deporte que, desgraciadamente, no es practicable durante todo el año y que es bastante caro.

Creo que aquel día no lloré de la emoción ahí arriba porque si no, se me hubieran congelado las lágrimas. Me enfundo la tabla a las botas y desciendo. Hacía justo un año que no surfeaba; la última vez que pisé la nieve fue del 3 al 5 de enero del 2011, en Sierra Nevada. Aquel día también nos encontramos con una cantidad de nieve, incluso con la zona de la Laguna abierta, en la cual nunca había estado. Pero en los 6 años que llevo practicando snowboard, nunca había estado en un sitio con tanta nieve y con unas pistas similares a las de sierra nevada, sin árboles, hace que todo el dominio sea esquiable y por lo tanto puedas surfear por donde te de la gana (manteniendo siempre la precaución de no irte mucho fuera de pista).

Y tocó una de encuentros, por ahí arriba, ya que como éramos pocos parece que había más ‘colegueo’ y podías charlar con la gente sobre cosas como aquel maravilloso día que nos hizo tras una semana de nieves.

Mientras observaba la inmensidad de lo que me rodeaba, pedí hacer una foto a una persona mayor. Esta persona, rápidamente captó mi acento español y me preguntó de donde era, le dije de España y acto seguido se sorprendió y se alegró bastante. ¿Por qué motivo? Pues resulta que esta persona mayor fue ex-esquiador olímpico iraní y compartió momentos y competiciones con Francisco Fernández Ochoa, alias ‘Paquito Ochoa’ nuestro más grande y reconocido esquiador olímpico español. Debido a que muchas de las competiciones se celebraban en los Alpes, este esquiador iraní hablaba más francés que inglés y tuve que comunicarme con él en el idioma de nuestros vecinos europeos. Tuve que quitarle el polvo al francés y me costó un poco pero, nos entendimos a la perfección. Qué bonito es saber idiomas y poder hablar con todo el mundo.

El tío me explicó cosas como que una vez ya retirado, montó una escuela de esquí y actualmente es el dueño, a la vez que disfruta de su pasión. Y también se sorprendía como yo de aquel día tan maravilloso que hacía para la práctica de los deportes de invierno. También me comentó que esta estación, en verano, en sus pistas crece el césped y se convierte en una de las pocas estaciones naturales del mundo la cual se practica el descenso de esquí sobre césped. Increíble pero cierto. ¿Quién me iba a decir a mi esto? Viajar es vivir y encontrar, y vivir más es conocer más.

Alegremente los 2 hicimos un descenso y me fijé en él y en cómo esquiaba. Su técnica era increíble, de la ‘old school’ (antigua escuela, a la vieja usanza). Descendía con el estilo de los pies juntos, aquel estilo tan famoso de los años 70-80 que ahora ha sido sustituido por el ‘carving’, o lo que es lo mismo, bajar ‘espatarrao’  a muy altas velocidades, haciendo grandes curvas y exponiendo tus rodillas a serias lesiones en caso de accidente. Y los palilleros del carving no respetan mucho que digamos, a la gente que va tranquilamente por la pista. Muchos de ellos se creen el Alonso de la F1, las balas disparadas de la pista, los más rápidos. Y no te interpongas en su camino, pues lo mínimo que vas a recibir es un gesto con el brazo, insulto, o algo más. ¡¡Palilleros, dejaos el carving agresivo!!

Y más anécdotas. Resulta que tuve un pequeño problema con las gafas de ventisca; éstas ya tienen sus añitos y la esponja que se encuentra entre la parte interior de las gafas y que hace contacto con la cara se había despegado un poco, se me metía por dentro y hacía que el campo visual fuera reducido, amén de que me entrara un poco de aire gélido. Preguntando a la gente sobre alguna tienda o taller de reparación, uno de ellos me envió a un sitio donde había lo que parecía ser un taller, pero no había nadie. A su lado estaba la ‘prayer room’ (mezquita) pero tampoco había nadie rezando. Total decido esperar un poco, hacer un par de fotos y aparecen un par de personas… uno de ellos un viejete muy amable que le cuento el problema, con señales y signos claro, ya que de inglés, ni pajolera idea. Tras mi explicación, él me sonríe y hace el gesto en la cara de como si le saliera una bombilla encima de la cabeza, vamos, que tuvo una idea. Se metió al taller conlas gafas y veo que coge un bote que por la pinta que tenía, debería tener unos doscientos cincuenta años. Era cola. Y la usa para adherir de nuevo, la esponja a la gafa con la misma. Le pregunté, como pude, si era de secado rápido. Me dijeron que esperara un poco… ajjajajajjajaj.

Supe que la cola no era de pegado rápido cuando me coloqué las gafas en el rostro, incluso tras haber esperado, relajadamente, a la par que comía un par de barritas energéticas y bebida isotónica. Una parte de la esponja encolada tenía aún rebaba sobrante de ésta, y se me quedó pegada a la mejilla. Por suerte, la cola no era de secado rápido y pude despegarlas. Esperé un rato más y las fijé a mi cara de manera más cuidadosa para que, a pesar de no estar pegadas del todo, no se movieran mucho. Gracias a la amabilidad del viejete, el cual le pagué algo (¡tirando la casa por la ventana!), pude seguir mis descensos de una manera normal.

Durante todo este día en la nieve, anduve solo. Quería descender cuanto más, mejor. La forma física no era la perfecta pero el entusiasmo y las ganas combatían y vencían el cansancio. Ya era hora, ya estaba preparado. Decido subir a la cima.

La vista que tenía ante mis ojos era asombrosa. Una de las cadenas montañosas más impresionantes que he visto en mi vida, con un regalo al fondo; sobresalía de manera espectacular el monte Damavand, montana en forma de volcán, de aproximadamente unos 5700 msnm. Majestuoso e único. Pedí a una pareja que me inmortalizaran con aquella montaña de fondo, dejándoles mi cámara fotográfica. Fue toda una odisea aguantar ahí arriba. El frío era EXAGERADO. La poca carne que tenía al descubierto, labios y mejillas) apenas las podía mover ni sentir. La pareja me pidió que les hiciera una foto y cuando saqué la mano de mi guante, se me heló al instante y me costó disparar la foto. Había que calentarse y tocó descender rápidamente de ahí arriba. Las condiciones de la nieve en los primeros metros de descenso desde la cima eran extrañas. Nunca había visto nada semejante. La nieve era polvo, pero hacía tanto frío que era como un polvo congelado. Atención, no era hielo, no habían placas de hielo, pero la nieve estaba increíblemente dura, compactada, congelada. Aún así, no fue impedimento para disfrutar de los descensos.

Y otra sorpresa más aguardaba este resort de esquí. ¡¡Un bar-restaurante cerca del snow-park, con música techno-minimal sonando a todo trapo!!! No dejo de sorprenderme y cada vez veo que esta gente sería igual de occidental, de no ser por quienes mandan sobre ellos. Es el momento para hacer un vídeo (que lo podéis encontrar en enlace al álbum de fotos, al final del relato), pues me encuentro cerca de la cima, con unas vistas increíbles y ese momento tenía que inmortalizarlo… no todos los días se encuentra uno a 3500 msnm, escuchando techno-mínimal en un resort de esquí en Irán. Qué lástima que ninguno de vosotros hubiera estado aquí conmigo, para disfrutar el momento juntos; pero nada es perfecto como ya bien sabréis.

Joder, ¡qué hambre tengo! Y es que fueron muchos los descensos antes de parar para comer. Paro en la parte media de la estación donde estaba el restaurante más grande, que para mi asombro es de la cadena de comida rápida SFC, ‘Super Fried Chicken’, cadena de restaurantes iraníes cuyo logo es una mezcla-copia de las 2 cadenas norteamericanas KFC ‘Kentucky Fried Chicken’ Y Hardee’s. Fijaos en el logotipo, ¡¡la estrella es del Hardee’s y el tipo del etra es la de KFC !!! JAjajajjajaj Y para evitar movidas de copyright, han prolongado una de las puntas de la estrella copiada del logo del Hardee’s. I+D Iraní, ‘owned’ a los estados unidos!

Una hamburguesa de kilo, un pequeño reposo y a descender unas pocas veces más en estas maravillosas pistas. No conocía el límite y mis piernas aún respondían. Se acercaba la tarde-noche, la hora de cierre eran las 16:00. Cercano a esa hora, me subo a lo más alto y empiezo a descender. Con cada vez menos luz natural, bajo muy relajadamente, disfrutando de la inmensidad y el momento. Apenas gente a mi alrededor. Me paro a media altura, el frío aún era soportable a pesar de estar sentado con el culo tocando la nieve. Unos pensamientos, meditación y bajo a la base. El día de esquí había terminado. Y mi sensación de grandeza aumentaba.

Tras la vuelta a la habitación del hotel, tocaba hacer unos estiramientos, OBLIGATORIO después de todo deporte, una ducha y dar una vuelta. Era relativamente pronto, así que con la emoción del momento y la energía aún emanando de mi ser, decidí dar una vuelta e investigar por los aledaños del hotel y también dentro del mismo. Las instalaciones eran cojonudas, tenías restaurante enorme, cafetería, zona de juegos con billar, cartas, etc… todo muy bien calefactado. Las habitaciones estaban muy bien y el balcón estaba orientado a las pistas, la vista era INCREIBLE. E increíble pero cierto, resultó ser la censura de la tele, la cual sólo tenía canales iraníes.

Después salí al parking  del hotel, a hacer unas fotos de las montañas y demás cosas que me rodeaban. Aún había algo de luz natural, oscureciendo pero perfecto para hacer fotos. Decir que fuera apenas aguanté 10 minutos, pues mis pantalones y ‘bambas’ no podían soportar el frío que hacía ahí afuera. Perfectamente unos -12 grados centígrados a las 5 de la tarde.

Y de repente me entró el cansancio, pero aún era pronto e hice una de las mías; hice una siesta pre-cena para que al levantarme, tuviera energía para cenar a gusto y poder fumarme una shisha en la cafetería. También disponían de Wifi y aunque no llevara el portátil, tenía el móvil y afortunadamente en este país no está baneado el Whatsapp, así que pude charlar con mis amiguetes un rato; ya no estaba tan ‘forever alone’.

Y es aquí cuando me sucedió algo extraño, de nuevo. Después de la copiosa cena y tras haber pagado por ella unos ciento veinte mil riales iraníes, me dirigí a la cafetería, pedí una shisha, un té y unos dulces iraníes de postre. Estaba a punto de explotar pero necesitaba comer para reponer fuerzas, ya que quedaba un día más. Mi cuerpo y cabeza creo empezaron a sentir mal de altura; o tal vez fuera la shisha fumada a 2500 m. de altura sin tener mucha costumbre después de aquel día tan fatigoso. Me encontraba más solo que la una, con mi Whatsapp y chateando con algunos amigos cuando, un chaval que también se encontraba solo me dirigió la palabra; o se la dirigí yo a él, pero realmente ni me acuerdo.

Resulta que el chaval estaba al principio con unas chicas, pero éstas se fueron y ya empezamos a hablar. Un chaval iraní de estatura media, pelo negro, sonriente, sin los pelos de las cejas unidos aún y de no más de 24 años, con un portátil y conectado al FACEBOOK… señores. Esto es raro, ¿sabéis que en este país está ‘baneado’ (que no se puede acceder) al Facebook? Pero este chaval poseía en su portátil una tecnología, llamada VPN, que en romano paladín significa tener una conexión virtual para poder esquivar posibles restricciones de Internet que impongan los gobiernos o cualquier otra entidad. El chaval pilotaba. Pues bien, en resumidas cuentas, me comentó que el tío había trabajado para el gobierno iraní, siendo diplomático en Turquía, o algo así, y no sé qué mierdas más me contó porque entre su inglés paupérrimo, la shisha y mi estado de agotamiento, apenas captaba bien las cosas que me decía; sólo se que vi todo su puto Facebook, y sólo hacía que mostrarme fotos de fiestas, de tías, de sus ex-novias, de botellas de alcohol, y de más fiestas y de más alcohol. Ah, y algunas fotos más de fiestas y alcohol.

Y yo pensando, bien, chaval, esto es el día a día en nuestra querida España, supongo que para ti todo esto será una novedad, vaya, debido a las restricciones del país de donde provienes. Y el tío, de repente, me ofrece su portátil para que accediera a mi Facebook y así enseñarle fotos y demás. Aquí es cuando sospeché. ¿Por qué? Durante el transcurso de este momento con el chavalín y antes de que éste me ofreciera su portátil, envié mensajes a Brero acerca del personaje que me había encontrado y me alertó de lo siguiente. Brero Me dijo:

– Lleva cuidado, puede ser un espía de occidentales.
– ¡Pero qué dices, hombre! ¿Qué vas fumado? -Le contesté, pues para mi, carecía  de sentido.

Mi paranoia creció  ya que Brero me dijo que a ellos, cierta agencia o lo que furea, les habían hecho fotos por la calle y se las enviaban a la oficina para comprobar que todo era ‘correcto’. Se ve que existe un cierto control por esa zona sobre la gente de fuera. Total, que me andé con ojo, hasta que el chaval me ofreció que me conectara al Facebook y ahí es cuando salí airoso del momento diciéndole: si quieres agrégame tú al facebook y ya cuando llegue a mi país y te acepte podrás ver todo mi perfil. Hicimos una búsqueda a mi perfil, me encontró y le dio a aceptar amigos, pero yo ya lo aceptaría al llegar a Dubai.

Por último, quedé con el chaval en bajar a Teherán ambos juntos, para compartir gastos, y el tío quería bajar pronto, a las 12:00, pero yo le convencí para que estirara un poco más y vernos a las 14:00, ya que para mi esto es una oportunidad única y debo aprovechar al máximo el momento…

Pero mira por donde, al día siguiente no iba a encontrarle a él a la hora acordada en la recepción del hotel, ni tampoco iba a encontrar su envío de petición de amistad a mi facebook, ni un mínimo rastro siquiera de él…

Me fui a dormir, agotado. No podía más, incluso me costó  dormir debido al agotamiento. Pero aquel segundo día, sacaría coraje y fuerzas suficientes para aprovechar lo que quedaría en mi segundo día en la nieve en Dizin Ski Resort.

Continuará.

PD: todas las fotos del día y VIDEOS INTERESANTES si pincháis en este enlace, que es el álbum online de las fotos:

2012-02-04 Teheran – llegó el momento que tanto esperaba
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