Irán, civilización milenaria: El por qué de este viaje (Introducción)

Después de Sri Lanka, llegaron las navidades. Y fueron unas navidades tranquilas. Tras encadenar 2 viajes consecutivos ,a Jordania y Sri Lanka, tocaba descansar. A su vez, ya que todo cristo en la oficina iba a ausentarse ya que tomaron vacaciones, me otorgaría la posibilidad de hacer eso que tanto nos gusta a los informáticos, trabajar sin tener usuarios, poder tocarlo todo a nuestro antojo, tenerlo todo bajo nuestra merced. Y es que muchos equipos informáticos estaban ‘patas arriba’ y tocaba darles un repasito, o más bien un borrón y cuenta nueva. Y también aproveché esta tranquilidad navideña en el trabajo, para decidir el siguiente destino a descubrir.

No se si ya os he comentado que soy un enganchado al snowboard. Si por mi fuera, me tiraba meses en un resort de esquí todo lo que dura una temporada, para disfrutar de la montaña, su nieve y los descensos sobre una tabla de snowboard. Llevo más de 6 años practicando y, a pesar de que el invierno en Dubai no se siente como tal, pues sus 26 grados o más durante los meses de invierno hacen que te olvides de él, mi mente, como cada año, comienza a pensar en montaña, nieve y descensos. Entonces accedí al maravilloso Google y empecé a buscar información acerca de estaciones de ski por la zona. Habían 2 posibles destinos: Líbano e Irán. Rápidamente me centré en uno de los dos. Adivinad cuál.

En el Líbano no hay becario de IT, lo opuesto a Irán, donde en su capital, Teherán, se encontraba desarrollando la beca mi compañero Miguel Librero, alias Brero de aquí en adelante. Sevillano de origen, estatura media, moreno, pelo más rizao que las espirales del universo, y buena gente. Qué coño, él es la ostia. Y para más inri, compartimos piso en Madrid, durante el último mes de curso de la beca ICEX, previa incorporación a los destinos que cada uno teníamos asignados. Ya nos conocíamos, y nos habíamos echado unas buenas risas juntos; cercanos en edad, compartimos ciertos pensamientos, y somos IT; unidos por una misma pasión (jojojjojojo).

Y Brero no se esperaba lo que se iba a encontrar en Irán; él me iba comentando cositas sobre el país vía Gmail, y yo quería ver eso, ver qué se cocía allí. Pero sobre todo, quería ir para seguir con esa pasión llamada snowboard y, de paso, colgarme lo que para mi es una medalla, haber surfeado sobre nieve en tierras desconocidas.

Por esto que os he contado y, por haber visto años atrás un blog sobre esquí en otros países, llamado ‘blanco sobre negro’, el cual contenía un reportaje de Irán, hicieron que mi mente se centrara de pleno en el viaje a Teherán, capital de Irán, y tener como objetivo principal el acercarme a Dizin, el resort de esquí por excelencia del país. Inaugurado hace más de 40 años por su antiguo rey. En fotos pude ver (y después con mis propios ojos) que aún conserva las mismas infraestructuras, haciendo de él un lugar único, con una atmósfera que te envuelve transportándote al sucio y mecánico pasado; instalaciones construidas con metales pesados, oxidados por el paso del tiempo, edificios con  formas de los años 70, construcciones simples, sin la megalomanía que se desató a partir de los 80 en muchos de los resorts de esquí del mundo, construyendo auténticas moles de cemento, quebrantando el gran paisaje que ofrece la montaña con nieve.

Más que país desconocido, hoy día, cuando todos escuchamos el nombre de Irán, nos viene a la mente de todo menos cosas bonitas. Un país demonizado por los medios de comunicación, en el punto de mira de otros países (los cuales no voy a nombrar porque, como ya he dicho en otras ocasiones, paso que me investiguen el blog y me detengan, cosa poco probable pero por si acaso).Cuando se nombra este destino, nos hace pensar en cosas tales como represión y ambiente hostil, y peligroso. Vaya vaya… ya lo podía atisbar: esta iba a ser una oportunidad de lujo para reafirmar una vez más, que nada es lo que parece hasta que lo vives y ves con tus propios ojos.

Mi objetivo pues, quedó más que claro. Tras unas largas charlas con Brero acerca del alojamiento, acceso a la pista, dinero que me hacía falta durante mi estancia y demás: pasar 5 días en Teherán, del 2 al 7 de febrero, y marcarme un mínimo de 2 días de snowboard, si pudiera ser 3.

Y os preguntaréis cómo iba a poder aguantar temperaturas en un país donde, durante el invierno, nieva en su parte norte (Teherán está a más de 1000 m. de altura sobre el nivel del mar) si vengo de un sitio más que cálido y desértico y la prenda que más me abriga es una rebeca de ZARA, estilo Guardiola; pues, gracias a la visita de mi madre y mi hermano en enero, los cuales trajeron en sus maletas toda mi equipación de nieve, gafas de ventisca incluidas.¡Ah! Y también usé mi chaqueta técnica adquirida para el viaje a Jordania, que aguanta perfectamente temperaturas bajo cero, y la cual me sirvió mucho durante los meses venideros después del viaje (febrero y marzo), los cuales sus temperaturas mínimas eran de 15 grados y, junto con el fuerte viento, hacía que la sensación térmica fuera de 10 o menos. Vamos que me  vendieron la moto, cuando me dijeron que en Dubai hacía calor todo el año.

Ya lo tenía casi todo preparado; faltaba el transporte. Compré un billete de la compañía Qatar Airways. Avisé a Brero que, el jueves 2 de febrero a las 3 y media de la mañana aproximadamente, aterrizaría en Imam Khomeini Airport (IKA), aeropuerto principal de Teherán. No era billete directo, pues como becario, he de buscar el precio más asequible, y éste era más barato que un billete de Emirates. Además, los becarios estamos preparados para todo, podemos hacer dieciocho escalas si no los proponemos.

¡Se me olvidaba! Sobre el visado de entrada a Irán. Tuve que acercarme a su embajada, aquí en Dubai. Enorme y decorada al más puro estilo de mezquita iraní, con mosaicos dibujando filigranas de colores azules marinos, amarillo ocre y azul turquesa, y sus bonitas cúpulas, también adornadas con los mismos motivos e inscripciones en farsi, lengua que se habla en Irán, te daban una ligera idea del estilo de mezquita iraní, bastante diferente a la árabe.

Como dato curioso, decir que a la entrada de la embajada, te retienen todo material electrónico que lleves encima, desde móvil, pasando por memorias USB, cámaras y demás. No quieren que nada salga y entre de ahí… uuUUUUUUUuuuuUuUuh!!!! ¿Paranoia y delirio ante posibles espías?

Cuesta la friolera de 70 euros,  válido para un período de 3 meses desde la fecha de expedición, sólo podía entrar 1 vez, con estancia máxima de 15 días.Has de presentar varios documentos, entre ellos el ticket de ida/vuelta del país. El visado a su vez, te lo venden con seguro médico obligatorio, y lo mejor de todo es que no sabes qué es lo que cubre el seguro, pues en el libreto que te dan sobre el seguro médico, el apartado ‘excepciones’ ocupa casi todo. Entre ellas, podrás ver que no se responsabilizan si eres víctima de ataques nucleares, atentados, y demás ofensivas militares. Entre eso y el desconocimiento del país, hicieron que gastáramos unas cuantas bromas al respecto. ¿Y para qué sirve un seguro médico si muero carbonizado por la onda expansiva con el añadido de radiación nuclear proveniente de una bomba atómica? Sí, tienen razón, es algo para añadirlo al apartado excepciones. ¡Viva el humor negro!

Llegó el 1 de febrero, y después de la jornada laboral, fui rápidamente a casa a dormir ya que, el vuelo lo tenía durante la madrugada del 2 de Febrero. O al menos intentar dormir; aquel día tuve ‘rifi-rafe’ con mi compañera de piso de origen pakistaní, con la cual, durante mi estancia en el mismo, tuve una relación extraña con ella, de esas que no puedes catalogar. Digamos que, dejaba acariciarse hasta llegado cierto punto; y es que estas culturas tan diferentes, nunca lograré entenderlas. Ya que empiezas, tira hacia delante, ¿no?

No quería llegar tarde y llamé a un taxi para acercarme al aeropuerto, allí cené un mcdonalds mientras pensaba en lo sucedido en el piso. Me dirijo al mostrador y realizo el check-in. Las amables señoritas de Qatar Airways disponen de todo con una excelencia inalcanzable. Y LO CHILLO A LOS CUATRO VIENTOS: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡PREFIERO QATAR AIRWAYS A EMIRATES!!!!!!!!!!!

Una vuelta por el enorme Duty Free del aeropuerto internacional de Dubai, cumplir el recado de Miguel de comprarle tabaco (y un móvil Nokia dual SIM, que lo había comprado horas antes en la tienda oficial). Todo listo para viajar. Llega la hora, subo foto al facebook con el billete de avión en la mano. Sí ,es mi único ritual absurdo en facebook. Es una tontería pero, al menos, no llego a la imbecilidad de muchos, acerca de hacer fotos a un simple desayuno de mierda o un plato con algo de comida, o a hacerse fotos sacando morritos, o apuntando a los pies (¿por qué motivo?), o retratos con la cutre-cámara de su móvil apuntando desde lo alto, estirando el brazo al máximo, para así evitar que se vea la papada en la foto y parecer más esbelto/a, y subirlas en su perfil, a su vez, a estas fotos, les añaden comentarios con un valor intelectual equivalente a CERO: “De fiesta, qué bien lo estamos pasando”, “patint” (significa padeciendo), “Buenos días” (y adjuntan la foto de un desayuno de mierda de tostadas con tomate y un tercio de cerveza, ¡¡déjame el ardor de éstomago!!); qué listos son estos usuarios de facebook. Y voy a parar porque, para esto, podría escribir una entrada única en el blog.

Se acercaba la hora, el avión iba a despegar. Sentimientos a flor de piel, emoción por volar a un sitio totalmente desconocido y castigado, mediáticamente y económicamente hablando, por gran parte de los países de nuestro planeta.

Y es que es una pena que países como Irán, con una cultura y sociedad milenaria, se vea bajo el mando de ya sabéis quién. Este tema daría para escribir mucho pero me reservo la opinión para contárosla en persona.

Y mi idea era la de pretender dormir en el avión para, una vez aterrizara y llegara a casa de Brero, pudiera estar medio fresco y despierto, y así intentar acercarme al resort de esquí que Teherán tiene en su parte norte; Tochal. Un pequeño resort familiar, con pocos kilómetros esquiables pero, perfecto para realizar la toma de contacto antes de desplazarme.

Claro, ese era el plan pero, como dice el refrán, ‘del dicho al hecho hay un trecho’. Y vaya si cambió la cosa…

(Continuará)

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