Sri Lanka, el paraíso en la tierra (III): Camino a Ella

Ella nos esperaba.

No, no era una mujer. Ella es un pueblo de Sri Lanka, en la parte sureste de la isla, situado a unos 120 kilómetros hacia el interior desde Hikkaduwa, lugar donde nos encontrábamos. En medio de montañas, a unos 1000 y pico metros de altura, rodeado de bosque y frondosa vegetación, y con clima tropical pero fresco debido a la altura; ese mismo día, íbamos a conocer lo que es un lugar paz, serenidad y meditación. Un lugar que, aquellos que vivimos en el primer mundo, no solemos tenerlo al alcance, pues el enclave, digno de película, nos transporta del mundo real y ruidoso donde vivimos a la más absoluta serenidad. Una vez allí, haríamos noche para, a la mañana siguiente, despertarnos y subirnos a un tren que recorrería parte de la montaña, pasando por los famosos campos de té Ceylon, que son mundialmente conocidos. Pero no sin antes dar un pequeño paseo en coche por la isla hasta Ella.

Tercer día de viaje. Nos levantamos de buena mañana, sobre las 7:00 am, después de estar 2 días disfrutando de las playas de Hikkaduwa; sinceramente, no quería irme de ahí, me hubiera gustado quedarme 1 ó 2 meses más, aprendiendo surf. Gracias a nuestra pericia, concretamos el día anterior que por favor se levantara alguien del hotel un poco antes de lo normal, para que nos prepararan el desayuno; a regañadientes aceptaron, pero aún así no se presentaron a la hora. Y es que esta gente vive a un ritmo muy relajado.

Y no pasaron ni 20 minutos desde que nos levantamos que ya tuvimos un anécdota más para contar, que afortunadamente no cayó sobre nosotros. No sé si os acordáis, la primera noche, cuando casi nos quedamos en la calle durmiendo porque nos fuimos dejando la llave en recepción y esta gente cerraba antes de media noche. Por suerte espabilamos y la conseguimos, aporreando la puerta de una habitación en la planta baja del hotel, donde asomaba un haz de luz por la ventana, y pensamos que ahí habría alguien, al menos para dormir en su habitación xD.

Sin aún estar despejados del todo, desayunando aún medio dormidos en el ‘restaurante’ del hotel, el cual está justo al lado de recepción (está todo comunicado, es un patio) vemos como un hombre de 1,90, ojos azules, pel grisáceo y cara de pocos amigos se acerca. En inglés, clama a los 4 vientos dónde está el dueño del hotel, o al menos que se presente el de recepción. Nosotros no hacemos mucho caso, y seguimos a lo nuestro, pero con las expectativas puestas en ver qué pasaría. Mientras la mujer de recepción, los 2 pinches de cocina y el cocinero revoloteaban por la zona, el gran hombre fornido y cabreado, les preguntaba que quién era el encargado. Estos, sin hacerle mucho caso señalan a la mujer de recepción. Nosotros ya nos hacíamos una pequeña idea de lo que podía haber pasado.

El hombre cabreado empieza a ‘ladrar’ a la mujer de la recepción:

– ¡Donde estaban ustedes ayer por la noche, a mi nadie me dijo que ibais a cerrar y dejé la llave en recepción! Y mi sorpresa que al llegar, ¡¡todo estaba apagado, no había nadie!! He tenido que dormir fuera hoy. Esto es incomprensible, esto es intolerante! ¡Se supone que la recepción debe estar abierta las 24h del día!

La de recepción no hizo apenas caso, se dedicó a decir lo siento y enseguida fue a otras tareas. El hombre cabreado, tras ver cómo pasaba de su cara, se ensañó con el cocinero, y con los camareros. Repetía una y otra vez lo mismo: ¡pero como es posible, he dormido en la calle, esto no puede ser! ¡Vaya servicio! Antonio y yo, nos miramos uno al otro, sin apenas hablar pero ya con la mirada y la sonrisa en la cara, sobraban las palabras. Al pringao le había pasao lo mismo que nosotros, pero este ni consiguió despertar a ninguno de los que duermen allí, o no lo intentó lo suficiente, como para que le dieran su llave. JAJAJJJJAJAJAAJAJJJAJJA!!!

Quién sabe; la noche anterior fue como un sábado noche en España, tal vez los currantes del hotel estuvieron de fiestecilla y estos ni se levantaron, o no estarían cuando el alemán vino a por las llaves. Madre miiiiiiiaaaaaaaaa!!! A saber dónde habría pasado la noche el pringao!! Fue demasiado cómico, de buena mañana, ver a un tío cabreadísimo, de 2 metros, increpando a los locales y currantes del hotel, y ver cómo estos ‘sudaban’ de su cara de una manera increíble. A la vez que hablaban entre ellos en su idioma y esbozaban una pequeña sonrisa. Aquella mañana, ese hombre aprendió una lección; y es que en ciertos países, la lógica no es tan lógica como uno cree. Seguro que ya no le pasa otra vez y preguntará.

Nos montamos en nuestro transporte, con nuestro guía Sumith y una persona mayor, el ‘driver’ (conductor). Serían 3 días más dando vueltas por la mitad sur del país, visitando varios templos y zonas de interés turístico.

Y los perros… perros ‘everywhere’. Perros por todas partes, tirados en la superficie, o deambulando, cuales zombies de una película de cine. Por el día tan quietos pero, a la noche, se volvían activos, dando un por culo brutal, ladrando y haciendo ruidos, misteriosamente, no sabemos por qué. Suponemos, se volverían más activos debido a que a la noche ya no hacía tanto calor … y se moverían para buscar algo de comida, o lo que sea. Nunca entenderé cómo podían sobrevivir.

Contemplando el paisaje tropical ,con el mar cristalino y azul, que tanto me fascina, nos dirigimos rumbo al sur de la isla, a un pueblo costero (si mal recuerdo era Galle), donde nos pararíamos a ver a los típicos pescadores de Sri Lanka y su método especial de pesca. Básicamente se trata en esperar horas y horas sentado en un palo clavado a unos cuantos metros mar adentro después de la orilla, y pescar con una caña. Un simpático hombrecillo se bajó de su palo al ver que le hacía fotos; y, amáblemente, se puso a mi lado para que nos fotografiaran, no sin antes decir que esto costaba dinero. Qué listos, ¿eh? xD

Seguimos nuestro camino en coche, y pasamos cerca de un parque nacional, vallado, donde viven muchos elefantes. Estos, no son tontos y con el paso del tiempo se han percatado del paso de turistas. La valla está pegada a la carretera y para verlos, sólo hace falta que parar allá donde veas unas orejas ‘aleteando’. Sí son elefantes y están esperando que les tires comida. A los márgenes de la carretera hay puestecillos de comida varia; unos cuantos plátanos y harás feliz al elefante.

Entre ellos y nosotros, nos separa una valla eléctrica. Si la tocas, mueres, pero no vimos ningún cartel de advertencia. Suerte que vamos con guía. Los que me conocéis seguro que no os asombraréis si os digo que intenté tirar todo tipo de artilugios que encontraba al borde de la carretera contra la valla, para ver si saltaban chispas, o algo.  Ramas, botes, etc… lo que fuera. Nada hizo que el parque nacional saltara por los aires debido a un cortocircuito.

Entró el hambre y Sumith nos paró en un ‘restaurante’ de carretera. Ojo… ojito al dato. No habían cubiertos. Un buffet libre, con arroz como base y 5 platos de especias, a cada cual más picante, para embadurnar el arroz. Una coca cola (o 2) para apagar la llama que salía del estómago por la boca y listo. ¿Comer sin cubiertos? Toda una experiencia. Con los dedos excepto el pulgar, formas una especie de ‘cuenco’, en forma de cuchara. Vas pegando la especia al arroz, creando una especie de masa, como ‘pellizcando’ la comida. Una vez haces una bola, la coges y la empujas a tu boca con el dedo pulgar, moviéndolo desde la palma de la mano hacia la punta de los dedos ,como una palanca. Bueno, no está mal, algo que deberíais probar… pero nuestra querida dieta mediterránea no acepta esa forma de comer. Demasiado aceite y sopitas como para usar la mano desnuda.

Durmiendo relajadamente en el coche, y omitiendo que nos jugábamos la vida cada 2×3 en la carretera por lo que ya os comenté acerca de su manera de conducir, vamos ascendiendo, montaña arriba, poniendo el coche (la tartana) a prueba. Dejamos de lado el sol y el cielo azul para entrar en un frondoso bosque con la neblina típica de la película gorilas en la niebla. Despertamos mientras ascendemos y asombrados por el paisaje, paramos para hacer unas fotos a una gran cascada y unos cuantos monos que estaban por ahí dando por culo a los turistas. Ojo que roban, hay que cerrar el coche y llevar las pertenencias bien amarradas para que no se las lleven.

Pensaba que me iba a dar un chungo en el estómago cuando, del hambre que tenía, me comí una mazorca de maíz que estaba previamente hervida en una olla con aguas turbias. El tendero la sacó de esa agua turbia y la limpió con agua más turbia aún. No lo pensé bien en ese momento, sino al rato. Le di unos cuantos bocados y de repente me vi como si estuviera adquiriendo participaciones de una tómbola con premios como ‘esfinter a la ligera’ y cosas así. Por suerte no pasó nada.

Al fin, casi cayendo la  noche, llegamos a nuestro destino. En lo alto de la montaña, en medio de la nada. Unos pocos habitantes locales, unos cuantos turistas, algún hotelito que otro, restaurantes y la estación de tren de Ella, por donde transcurre el tren que los ingleses dispusieron unos cuantos años atrás para el transporte de pasajeros y mercancías. Lo que no sabíamos aún es que íbamos a subir en el mismo tren que el de hace 34923493 años, a esa velocidad y ese traqueteo tan … tan a lo antiguo.

Ella, como pueblo, no tiene mucho, sino el enclave. Situado en medio del valle, en todo lo alto, y nosotros situados en uno de los mejores enclaves. Con unas excelentes vistas desde nuestro hotel al mismo, y a la derecha una cascada, la imagen era de ensueño. Un lugar perfecto, de postal. Un lugar donde ir a descansar, meditar, hacer trekking, ir con pareja, amigos,… disfrutar. Disfrutar del momento, y de las oportunidades que la vida nos brinda día a día, segundo tras segundo. Pensando en el futuro, con cabeza, pero quién sabe qué pasará mañana. Disfruta del momento pues no sabes qué habrá mañana, pero con cabeza.

Y tras este ‘break’ filosófico sigo con Ella. El pueblo ofrece una serie de cafeterías, donde filosofar, y restaurantes con comida de muchas partes del planeta (hasta una pizzería italiana nos encontramos ahí arriba) pero, como siempre, lo mejor es probar la comida local. Pero sin duda, lo mejor de Ella, fue el hotel donde nos hospedamos, en lo alto de una montaña, con unas vistas que no puedo describir con palabras, sino con imágenes.

Fuimos al sitio más raro que vimos, donde preparaban una especie de ‘kebabs’ pero a su estilo. Estaba muy, muy rico. Después nos movimos a una cafetería, genialmente decorada, con frases célebres escritas por la pared, donde nos sentamos para charlar un poco de la vida y demás, y probar té de Ceylon, té originario de Sri Lanka, mundialmente conocido. Logramos intercambiar palabras con un par de ‘guiris’, pero se fueron pronto. Nosotros íbamos con nuestro horario español y vacacional y ellas, no, o no se interesaron mucho por nosotros xD

El té de canela me encanta, con leche y con un poco de azúcar. Y en esta cafetería tenían un buen té de canela. Tan bueno como que me traje 2 cajitas, yo, que nunca compro té. Y no soy aficionado pero, ya he hecho té en un par de ocasiones desde que estoy aquí. Claro, haría más si este país fuera un país frío, donde apenas puedes salir a la calle. Pero es que Dubai es calorcito y buen tiempo (excepto en verano, que es peor que el infierno) e invita a estar siempre por ahí. O tal vez sea yo, un culo inquieto, que nunca para por casa. Sí, será eso.

A la vuelta hacia el hotel, caminando por un sendero de tierra montaña arriba, gasté lo poco que me quedaba de batería, recomendación de Javi, ex-becario de PromoMadrid, el cual controla un huevo de fotografía y me dijo que siempre es mejor vaciar batería. Comparto su opinión. A las baterías hay que darles ‘juego’. Mucho uso, para que siempre estén vivas.

Decir que mientras anochecía, a la salida del hotel nos encontramos a una pareja de españoles que estaban de ruta turística por Sri Lanka, pero ellos iban en dirección contraria a la nuestra. Ya habían tomado el tren. Dialogamos de todo un poco y le contamos cosas sobre Dubai y las costumbres de aquí. Se quedaban ‘flipados’. Y es que esta cultura y el sitio donde vivo actualmente, ¡no tiene nada que ver con lo vivido hasta ahora! Si bien Dubai es lo más liberal dentro del mundo islámico, hay ciertas cosas que cuando uno las escucha se queda sorprendido. Ojalá estuvierais aquí para vivir esta experiencia.

Seguiré relatando para que tengáis percepción de lo que tengo a mi alrededor, y para que los recuerdos no se diluyan en la memoria con el paso del tiempo. Cosa que siempre pasa, pero, con esfuerzo, escritura, fotos y dedicación, haré que cuando eche un ojo a este blog en unos años, sonría y pueda contar casi con el mismo detalle que cuando pasó.

Un abrazo a todos/as. Y aquí el enlace al álbum de fotos, con vídeo incluido.

2011-12-04 Sri Lanka – Ella
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