Sri Lanka: El paraíso en la tierra (I) Llegada a Colombo y desplazamiento a Hikkaduwa

Apenas aterricé de Jordania, el 27 de diciembre, y ya tenía en mente el siguiente viaje. Me apetecía visitar una playa paradisíaca, algo exótico y medio  lejano, aprovechando la ventaja de encontrarme en medio del medio oriente (valga la redundancia) y tener vuelos a casi todas partes del mundo a un precio módico, el destino estaba medio decidido.

Este viaje no iba a hacerlo solo. Antonio, el becario regional de Cámara Galicia, contaba los días que le quedaban en la oficina con los dedos de las manos. Aún le quedaban vacaciones y hablamos sobre una escapada. El vino el 28 de noviembre, debido a que se quedó con los otros becarios regionales 1 día más por Jordania, aprovechando para visitar Israel. Qué dedcir que tuvieron problemas en la frontera pero, nada que no pudieran solventar jeje.

Cierto es que apuramos bastante la compra de billetes, teníamos el vuelo para el 2 de diciembre y los compramos al día siguiente de venir Antonio. Qué decir que los vuelos con la compañía de ‘low cost’ ya no eran tan low cost por su proximidad ante fecha, y escogimos por comidad tanto de horarios como de avión, a la compañía aérea local, EMIRATES.

Emirates es más que una compañía, es una institución aérea, que mima tanto a su cliento como a su empleado, haciendo que cada viaje sea una nueva experiencia. No, no soy comercial de Emirates, esta gente ya sabe venderse sola, pero es que con ellos… sólo tengo buenas experiencias. Compramos un vuelo directo a Colombo, la capital de Sri Lanka, por unos 250 € ida vuelta. (De España a Colombo cuesta unos 840 € ida/vuelta).

Allí, en las afueras de Colombo, tras aterrizar en el aeropuerto, nos esperaría nuestro guía. Su nombre, Sumith, un ‘chaval’ de 28 años (aprox.) que tiene una agencia de turismo y viajes. Contactamos con él gracias a Raúl, el analista de mercado de nuestra oficina; hace años, cuando viajó allí, usó como guía a esta persona. Como todo salio bien, se guardó el contacto y, cada becario que ha ido a Sri Lanka, ha contactado con él para realizar cualquier visita guiada, o desplazamiento por la isla, con la ayuda de Sumith.

Como decía, tras llegar al aeropuerto sobre las 8 de la mañana y recogernos, nos dirigimos rumbo a Hikkaduwa, un pueblo al suroeste de la isla, donde descansaremos 2 días, de los 5 que tenemos planeado pasar en este país, en un enclave único de playa, mar y olas, frecuentemente habitada por surferos durante la estación de surf (que dura unos 6 meses, debido a las mareas y demás historias de mar). Qué decir que coincidimos con el comienzo de la misma.

Mi sensación tras montarme al coche y ver todo aquel verde fue de asombro. Era la primera vez que estaba en un clima tropical. Recuerdo que no paré de hacer fotos a todo aquello que se movía; la gente, su manera de conducir, su manera de mirarte… perros, vacas, palmeras, cocoteros, más fruta tropical, más playas paradisíacas, templos, budas, etc. Asombrado me hallaba, echando fotos sin parar.

Y es que este país es … tan, tan diferente. Una cultur totalmente diferente a la nuestra, y se refleja en todas partes. Sobre todo en una de ellas, la conducción. ¿Por qué necesitamos el guía? Veréis, esta isla, cuyas ciudades o urbes están conectadas por una carretera de 1 carril para cada sentido, alberga mucho tráfico. ¿Cómo sortean el tráfico, si no hay vías alternativas? Pues sacando carriles de donde no hay. Me refiero a que, donde caben 2 caben 3, y cosas así. Me pilláis, ¿no? Vale, os lo explico más detalladamente con las normas que ellos siguen, al pie de la letra. En una carretera de 2 carriles, para conseguir fluidez en la misma, si un coche va más rápido que el que tiene delante, éste tiene que adelantarle SI O SI. ¿Cómo? Pues asomando por la mediana hasta encontrar el momento. El momento es relativo, aunque parezca que no sea seguro, se apuesta fuerte y adelantan aunque por delante venga otro. Por suerte, ese coche en dirección contraria se aparta, un poco, para caber 3 donde caben 2. A su vez, los ‘tuc-tuc’ (una especie de vespas de 3 ruedas, parecidas a motocarros, para transportar personas) pueden adelantarte por la izquierda. Estos vehículos usan el arcén para adelantar, respetan, pues la mediana ya está siendo utilizada por coches normales. No os extrañéis que mientra os adelante alguien por la derecha, por la izquierda lo haga un tuc-tuc.

Bien, ya llevamos… 4 filas de vehículos en una carretera con 1 carril para cada sentido: el coche que viene, el coche que adelanta, el coche que viene de frente y tiene que esquivar al que adelanta, el tuc-tuc por la derecha del coche que viene, y también otro tuc-tuc por carril contrario, muy pegado. 5 filas de vehículos. ¿Creéis que esto es todo? Nooooooooo!!!!!! En esta isla también viven animales. Lograremos ver en cantidades abundantes a vacas y perros. Y te preguntarás por qué hablo de ellos, pues bien. Resulta que ellos también se mueven y caminan, por la isla, y usan el arcén así que, dichos animales pasan a ser una parte más del escenario de adelantamiento de coches, tuc-tuc y demás historias. Por lo tanto, a veces nos encontraremos con 7 filas con contenido vario, en un sitio donde tendría que haber sólamente 1 coche para cada sentido. Cuando acabó el viaje conté las veces en las que podía haberme ido al otro barrio; unas 3242239049034903.

Después de esta ‘breve’ descripción de cómo conducir por Sri Lanka, lo recomendable es que nos cojamos un guía, porque seguro que no tendremos la misma fluidez que ellos tienen para conducir y desenvolverse en este entorno tan diferente al nuestro.

Camino a Hikkaduwa, hicimos una paradilla en un zoo de tortugas. Aquí las mantienen en cautividad porque hoy día con la vida moderna, están en peligro de extinción. Estas tortugas son patrimonio de la humanidad y cada visita que se realiza a este centro, cuando pagamos, ayudamos a que sigan conservando la especie. Son muy bonitas. Y deciros que no se si es leyenda urbana pero, las tortugas se comen a las medusas, y últimamente hay un montón y estoy hasta el gorro de que me piquen. Ojalá hubieran más!

Nos despedimos de los amistosos personajes del zoo de tortugas para seguir nuestro camino. Hago fotos sin parar… a todo lo que se mueve y lo que no se mueve. Quiero que todo lo que vea se plasme en mi retina y a su vez en formato digital. Esto sólo se hace una vez en la vida. Paramos cerca de un Buda enorme, uno de los 203492309423904 templos que tiene la isla, es el primero que interceptamos, toca foto de rigor pues.

El camino no se hizo muy largo, la furgona tenía, en la parte de atrás, 2 sillones implantados, que hacían del viaje una gozada, pues se podían reclinar y poder estirar las piernas para sobar. Aprovechando el cojín que nos apalancamos del vuelo de Emirates, nuestros viajes en coche fueron bastante cómodos.

Ya llegamos a nuestro destino; un hotel llamado MAMAS, o al menos eso ponía en la entrada. Un rancio olor a marisco invadía la entrada; 4 rusos devorando 3 enormes bandejas del mismo, y un ‘staff’ sonriente y dándonos la bienvenida. Nos despedimos de Sumith hasta la tarde, ahora tocaba dejar la maleta y disfrutar de la playa, situada justo enfrente del hotel.

Fuertes corrientes en un mar cristalino; esto no es el caldo del Mar Mediterráneo, si no el océano índico…aquí no hay que perder de vista dónde uno nada. Impresionante la fuerza del agua, llevándonos hacia adentro, y teniendo que nadar en diagonal para avanzar, nada de ir de frente luchando contra la corriente, si no uno se agota y puede llevarnos a una situación angustiosa.

Serían las 3 de la tarde y nos echamos una siesta en aquella playa paradisíaca, rodeado de gente que quería vendernos cosas. Ahí ya empezamos a notar el mercadeo y la trama ante el turista. Una vez más, y después de lo vivido en Jordania, me sentía como un ser humano con cabeza de pollo a la vista de los autóctonos. esperando a ser engañado una y otra vez y teniendo que regatear hasta el límite. Nos vendieron desde viajes de buceo y barco con cristal para ver el fondo marino, hasta gafas y aletas para bucear, camisetas, y un largo etc.

Caía la noche y aún no habíamos comido. Aquí fue nuestra primera, y no última, cagada de turista hambriento. Decidimos no movernos del sitio para ir a comer. Nos sentamos y pedimos la carta. La especialidad del restaurante era ‘seafood’ (marisco). En ese momento nos llega a la mente aquella imagen de los rusos devorando varias bandejas de gambas, cangrejos, etc. Al cambio eran unos 20 euros por barba, 40 euros en total. Tampoco era mucho para una mariscada como tal, por lo tanto aceptamos y la ordenamos.

Tras una larga espera, vemos que sólo nos trae una bandeja, no varias como habíamos visto a los rusos. Y es que pecamos de inocentes y de hambre, la cual no te deja pensar a veces. Pensamos que con los 20 euros por cabeza nos traerían lo mismo que a ellos pero, hasta ese momento no supimos que los rusos pagarían 3 veces más lo nuestro por semejante festín. No estuvo del todo mal pero hay que decir que yo creo nos jugamos el tipo, comiendo pescado de un sitio donde la limpieza brilla por su ausencia.

Sumadle la caída del sol, el anochecer, y los mosquitos, que hicieron su aperición, y se unieron a la cena, pero no a la del marisco, si no a la de mi cuerpo, me merendaron vivo. Picaduras del tamaño de balazos. Acabamos prontito y nos fuimos rápidamente a la habitación a ducharnos y ponernos el repelente de mosquitos; no quería que me tocara la lotería con el premio gordo de Malaria. (Nada usual y raro que pase, pero por si acaso).

Tras la ducha y el embadurnamiento de repelente de mosquito, nos dirigimos rumbo a la oficina de Sumith, para concretar los destinos del viaje y el precio del mismo. De camino, nos distraemos con las tiendas que tiene la única calle principal del pueblo. Como productos estrella están los bañadores falsos, a 3 euros la pieza (regateando) y las tiendas de souvenirs surferos (pulseritas, collares, etc…)

Después de una charla con Sumith, sobre el recorrido del viaje, seguimos viendo tiendas, a cada cual más curiosa, y fuimos a cenar. Nos movíamos en tuc-tuc. Antes no lo dije pero, es un vehículo típico de la India y demás países colindantes, bastante majo para moverte en distancias cortas y en sitios calurosos. Nada más sentarnos a cenar y ver los precios, nos vino a la mente el precio que habíamos pagado por la mariscada de la comida. Y es que, en el lugar de la cena, nos hartamos a comer por unos 4 euros por cabeza, ¡en primera línea de playa! Vamos que, con los 40 euros que pagamos por la ‘mariscada’ a los del hotel donde nos hospedamos, les pagamos 4  sueldos de un mes, seguro.

Habíamos oído hablar de fiesta en el pueblo, Javi, antiguo becario PromoMadrid, visitó Sri Lanka antes que nosotros, y nos comentó que habían un par de garitos de marcha. Preguntamos al ‘driver’ del ‘tuc-tuc’ dónde había fiesta, y con una sonrisa de oreja a oreja, asintió con la cabeza mientras decía giiiiiirrrrrlsssss, paaaaaartyyyyyyyyy, y un sinfín de vocablos que apenas podíamos entender. Nos llevó a lo que es una especie de hotel-restaurante con una discoteca al aire libre. Los turistas eramos más que bien recibidos, mientras los locales eran revisados de arriba a abajo en la entrada. 3 porteros nos dieron paso.

Allí se reunían tanto locales, como turistas. El turista suele ser hombre, surfero, que ha venido a probar las olas de Sri Lanka, o está de paso para visitar todo el país y hace como nosotros, quedarse unos días antes de ir a ver templos y demás. Aunque por lo que vieron mis ojos, el perfil era de ‘surfero’, bebiendo y relajándose para amanecer al día siguiente y esperar más olas en el mar. Música techno, buen rollo por norma general y ambiente distendido reinaban el local. Las chicas, curiosamente, todas aquellas rubias de Europa, Australia, y demás, estaban emparejadas con locales. Y es que hay una leyenda que, las inglesas, australianas y demás, cuando van lejos de su casa, amén que pierden el norte  cuando beben (eso lo sabéis muchos de vosotros), se muestran interesadas por el ‘producto local’. Intentaré haceros una descripción del autóctono de Hikkaduwa: chavalitos jóvenes, piel morena tirando a negra como el tizón, estatura media-bajita, fuertecillos, pelo negro largo y ondulado a lo surfero, y bigote. Sí, bigote, no me preguntéis por qué. Los más modernos se tintaban mechas, o directamente, todo el pelo tintado de rubio. Cierto es que es algo exótico… y quién sabe, eso despertaba interés en las turistas.

Total que, se hacía tarde y teníamos que volver al hotel para dormir ya que al día siguiente probaríamos el snorkel, surf, compras, y más playa. Os recuerdo que aquella tarde salimos alegremente del hotel, dejando llave en recepción, pensando que era 24h, como en todo hotel ‘normal’. Pero claro, estamos en otro país, y fallamos al no preguntar. Sorprendidos a la vuelta nos encontramos el hotel ‘cerrado’. Lo entrecomillo porque cerrado para ellos significa apagar las luces y volcar un par de mesas en la entrada para dificultar la entrada xD

Un perro nos dio la bienvenida, pero claro, el no tiene las llaves, y tampoco tendrá idea. Vimos alguna luz de habitación enchufada pero pasábamos de tocar. A esto que venían 3 sombras desde la playa, botellas en mano y hablando de manera calurosa. Eran 3 locales. Les preguntamos por qué está cerrado, si saben algo. Se ríen, preguntan de donde somos, y… ¡sorpresa! Se flipan al saber que somos de España. España y su fútbol, tanto que me quejo de él como adoctrinamiento de masas, pero qué ventaja y buen rollo me está dando por el mundo. ¡No os lo podéis imaginar!

Después de charlar un ratillo, centramos la conversación en cómo poder dormir en nuestra habitación. Uno de ellos dice que sabía dónde vivía la dueña del hotel. Total que Antonio, valiente él, decidió pillar un ‘tuc-tuc’ e irse con uno de los 3, mientras yo me quedé con los otros 2, en medio de la noche, y en la puerta del hotel ,esperando que Antonio trajera alguna buena nueva. El tiempo pasaba lentamente. Tardó un rato en venir, dando la noticia de que a la casa que fue ni le abrieron ni nada. Tras despedirnos del grupillo de los 3 locales, los cuales nos desearon buena suerte, decidimos ir más allá y tocar a una habitación iluminada que había en la planta baja, justo al lado del restaurante. Aporreamos bien fuerte… ¡MILAGRO! sale un chavalín de los que curra en el hotel-restaurante, con la cara echa un cromo. Le comentamos lo sucedido, pero no tiene ni pajolera idea de inglés. Total que con señas y demás, le indicamos que somos inquilinos de la habitación de arriba. Lo conseguimos, evitamos dormir aquella noche en la playa. Creerme que calor hacía, pero mejor dormir tapado y no a merced del clima y de los mosquitos.

Así acabó este largo día, el cual pensábamos que dio mucho de sí. Pero no sabíamos que el día siguiente, aún nos esperaría muuuuuucho más…

…To be continued

Álbum de fotos aquí:

2011-12-02 Sri Lanka – Llegada a Colombo e Ikkaduwa primer dia
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2 pensamientos en “Sri Lanka: El paraíso en la tierra (I) Llegada a Colombo y desplazamiento a Hikkaduwa

  1. Hola Mi nombre es natalia soy de argentina y dentro de unos dias estoy por viajar conmi pareja a asia, uno de los punto va a ser sri lanka donde pensabamos alquilar un auto por una semana, pero despues de tu relato lo estamos pensando por lo que queria pedirte si tenes los datos para contactar al guia,vamos a estar la misma cantidad de tiempo que estuvireron ustedes. desde ya muchas gracias, nos es de gran ayuda tu blog. saludos Natalia

    • Hola Natalia, me encanta que hayas visto mi blog para inspirarte en tu viaje. te voy a contestar por correo electronico que me has puesto en el mensaje, ok ???? un saludo y que os vaya muy bien

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