Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (IV) Visita a la capital, Amán

Y, muy a mi pesar, llegó el último día, de este estupendo viaje, aprovechado al 110% y encima sin gastar días de vacaciones, pues nos fuimos en el típico fin de semana ‘largo’, cuando el día antes o después suele ser vacacional. Momento perfecto para pirarse y visitar algún país cercano.

aman 1

Aquella mañana nos levantamos en Wadi Musa con las ideas claras. Después de pelearnos con la ducha de mierda una vez más y despedirnos de la dueña del hotel, no sin antes rallarla un poco más, abandonamos la ciudad. Mis compañeros iban a seguir el viaje por Oriente Medio y proximidades, concretamente a ellos les tocaba Israel, iban a visitar Jerusalén. En mi caso, yo ya me volvía a Dubai, no quería gastar días de vacaciones, debido a que hay que aprovechar lo máximo posible estos días para escaparse en verano (Ramadán, 50 grados y demás). Aunque… si lo llego a saber, me quedo y podría haberme puesto la medallita de visitar Jerusalén, tierra santa y conflictiva a su vez.

Volviendo al hilo, como ellos iban a visitar Jerusalén y yo tenía que volver, tenían que ‘soltarme’ en Amán o alrededores. Amán es la capital de Jordania, la ciudad más poblada del país, con unos 2 millones de habitantes, el centro administrativo y económico del país y una de las ciudades más antiguamente pobladas del mundo. Como buena capital tiene tráfico, pero si le sumamos que andamos por Oriente Medio, creedme que el tráfico se multiplica a niveles de escándalo.

En consecuencia del tráfico y por recomendación de varias personas, volvimos de nuevo al pueblo donde dormimos la primera noche, Manaba, ya que es el pueblo más grande cerca de Amán, donde existe una línea de bus que conecta el pueblo con la capital. Goza de una buena conexión y apenas hay tráfico. Aquí podría hacer un inciso, explayándome acerca de ‘buenas conexiones, poco tráfico y demás cualidades positivas de los países en Oriente Medio’. Aquí lo bueno es equivalente a algo medio kaótico en España. Para que os hagáis una idea, el autobús no tiene paradas fijas, va parando donde ve gente. Total que para no perder horas entrando a Amán, decidimos parar en Manaba para soltarme y que cogiera un bus de línea.

Y es aquí cuando espero entre en juego vuestra imaginación; porque no os podéis imaginar el cuadro de estación de autobuses en el que me encontré. Imaginaos la estación de autobuses más sucia de España, ¿ok? Sumadle más suciedad, y más y más. Ahí ya os vais aproximando a haceros una idea de como era esa estación. Sumadle gente, mucha gente,  la mayoría hombres, todos mirandote, pensando qué coj***s hace un tío con una Samsonite de mano mirando hacia todas partes buscando la manera de llegar a Jordania. Lamentablemente no tengo fotos de ese momento… una pena.

Momentos antes de despedirme de mis compañeros, y tras haber encontrado el bus que te transporta a Amán, les dije a mis compañeros que esperaran un poco, que me estaba haciendo pis y que si podían esperar al lado del bus mientras buscaba un bar. Iluso de mi, no encontré ninguno, y empezaba a ponerme nervioso por si el bus se iba sin mi, y  vete a saber cuándo volvía el otro. Total que ni corto ni perezoso, me metí al portal de una casa donde el tío que habitaba tenía montada una especie de cafetería con una tetera y le pedí por favor si tenía aseo. No disponía de aseo ahí, pero me abrió su casa para ir al suyo. Pasando en medio de su familia y saludando, un ‘guiri’ como yo irrumpiendo por ahí usando su aseo.  He de decir pues, que se cumple la ‘leyenda’, que en esta cultura, son muy amables y serviciales, incluso me ofreció té, pero le di la gracias y le dije que tenía prisa; el bus se me escapaba.

Total que, cuando vuelvo de nuevo, veo a estos con mi maleta pero sin el autobús a sus espaldas. Resultó que el bus se fue; claro, yo pregunté si era el bus destino Amán pero no cuando salía. Por suerte, había salido un minuto antes, y gracias al tráfico, aún seguía cerca. Los ex-becarios regionales me indicaron con el dedo, por dónde iba el autobús y, despidiéndome de ellos, a su vez, empecé a correr para ver si podía pararlo y poder subir. Una despedida fugaz, pero sabía (o esperaba) que iba a verles de nuevo. Ellos se fueron pensando si llegaría o no, porque menudo cuadro. en la situación y en qué sitio más raro me encontraba.

Pegué un chillido al conductor, el autobús paró y tuve que saltar 2 charcos para subir al mismo; 2 charcos que si uno cae ahí y accidentalmente le pega un trago a esa agua, no sale vivo. El autobús siguió su recorrido mientras yo tomaba asiento, le pregunté al ‘autobusero’ cuanto valía, para pagarle, pero me hacía un gesto con la mano, indicando algo como ‘pagar más tarde’.

Pregunté al abuelete sentado atrás mío, el cual el cabroncete se ve que iba acalorado de más y sólo hacía que abrir la ventana de par en par, con 7 grados fuera y haciendo que entrara una ‘brisa’ de lo más fresca, si este bus iba dirección a Amán, me afirmó y ya me quedé tranquilo. Porque un viejo es igual a sabiduría (o eso dicen).

Las primeras experiencias nunca se olvidan, y verte en un terreno completamente diferente, con gente que no habla ningún idioma el cual tú conozcas, hace que la experiencia sea más vital si cabe, y se aproxima a una aventura, por el hecho de ir abriéndote paso ante pequeñas dificultades, véase idioma, entenderse con el que tienes enfrente, que no te timen, y un largo etc.

Desde un pueblo que está a 25 kms de la capital, tardé casi 2 horas en llegar, a la estación de buses norte de Amán. Sufrí el arduo tráfico de la ciudad, agravado aún más por una pequeña manifestación. El objetivo era ver algo de la ciudad antes de coger el vuelo a las 9 de la noche. Me recomendaron visitar las ruinas ciudadela romana de Amán.

Bajé del autobús con hambre y me dirigí a uno de esos característicos puestos de bocadillos y shawarmas, pedí uno y me dirigí a la zona de los taxistas, los cuales ya me echaron el ojo nada más bajar del autobús; llevar una maleta de mano y mirar hacia todos lados, hace que apestes a turista. Les indiqué que quería visitar la ciudadela y entre ellos se pelearon, ofreciendo uno de ellos el mejor precio, mientras los demás se cagaban en él, en su idioma, pero por las miradas, haciendo aspavientos con los brazos y su lenguaje soez se podía intuir lo que le decían al taxista que ofreció el mejor precio. Amablemente, me acercó a las ruinas de la ciudadela romana de Amán y me dio su tarjeta, para que llamara cuando acabara; se ofrecía a llevarme por la ciudad y darme una vuelta turística.

La ciudadela es muy muy bonita, pero como toda ruina, no se conserva en buen estado, si bien te da la impresión de lo que hubo ahí construido una vez. Una pequeña ciudad, con su zona de mercadeo, su palacio, iglesia, baños romanos, etc. Todo bien explicado. Hice unas cuantas fotos, se respiraba un ambiente tranquilo, pues estaba en la parte más alta de la ciudad, sin apenas tráfico, en una especie de loma/montaña. Supongo que tomo toda ciudad antigua, en la parte más alta de la ciudad y amurallada, para que las posibles invasiones fueran más difíciles de producirse o contrarrestarlas.

También entré al museo, donde guardaban muchos objetos extraídos de excavaciones cercanas. Entre ellos, las reliquias de dicho museo aparecieron ante mi; unas estatuas que databan del 6500 A.C (!!!!!), son las primeras esculturas conocidas que han sido creadas por el hombre, y son realmente inquietantes, una de ellas con 2 cabezas. Te quedas mirando a esos ojos y te quedas rallado, qué pensarían o verían para realizar dichas esculturas. ¿Aliens? 😀

Finalicé la visita a toda la ciudadela y me dirigía a llamar al taxista, cuando nada más salir por la puerta, me abordaron unos cuantos de ellos, que estaban por la puerta. Tras escuchar mi petición de bajar a la ciudad y visitar alguna zona turística más, uno de ellos destacó entre todos, soltando el mejor precio e indicándome una ruta turística hasta dejarme en el aeropuerto. Por 25 euros, este hombre me ofrecía bajar al centro y comer juntos el típico plato jordano, visitar la ‘mezquita azul’, visitar el museo de coches del rey de Jordania y llevarme de vuelta al aeropuerto, que estaba a las afueras. Eran las 13:00, el tiempo apremiaba pero su serenidad me asombró, al preguntarle si me iba a dar tiempo a todo eso. El me dijo: ‘por supuesto’. Confié en él y os he decir que me salió bien.

centro pueblo

Tras la típica charla que se suele dar en estos países sobre Barcelona o Real Madrid, nos dirigimos a comer. Él me dijo que me esperaba fuera, yo no me fiaba del todo; lo que hizo fue dejarme las llaves de su taxi mientras comía. Automáticamente me fié de él. Tras zamparme un gran plato de arroz con carne y una especie de salsa de yogurt, nos dirigimos rumbo a la mezquita azul, antes del rezo de la tarde.

Esta mezquita es la más grande de la ciudad, es bonita por fuera y está abierta al público. Iba a ser la primera vez que accedía a una mezquita, expectante me hallaba ante lo que me podía encontrar dentro. Un misterio, revelado momentos después. Tras quitarme los deportivos ,accedí dentro de la mezquita, pisando la gran alfombra que cubría el suelo. Una gran bóveda con una inmensa lámpara colgada sobre mi cabeza, y un espacio abierto a todo musulmán que tiene que rezar, mirando a la meca. En un lado, el puesto donde el Imán (el que reza y guía a los demás) se sitúa y narra párrafos del Corán.

No se por que, había una persona rezando. Desconozco si se puede ir a toda hora que uno quiera; yo supongo que si. Será como cuando te acercas a una iglesia y rezas o te confiesas… o algo así xD

Tras acabar la visitilla y comprar un par de souvenirs en la tienda abajo de la mezquita, le echo un ojo al edificio que tenía enfrente y, mi sorpresa es que me encuentro una cruz más alta que un piso de 5 plantas. Sí, en efecto, era una iglesia cristiana ortodoxa, justo enfrente de una mezquita. Y es que en Jordania, concretamente en Amán, conviven varias religiones, sin conflictos.

Quedaba la última visita por realizar, acercarnos al museo de coches del Rey de Jordania. Esta sección podría ir dedicada a mi querido amigo Antonio, que se encuentra trabajando en Suiza y es un amante de los coches, su pasión. Resulta que tanto el rey como su hijo son unos apasionados al motor, rallyes y demás deportes relacionados con el motor. Y como buenos reyes, disponen de coches, o más bien dicho, cochazos. Pasando desde clásicos, por modelos únicos creados para ellos, coches blindados y acabando por los típicos ferraris, porsches, que si tienes un poco de dinero suelto en el bolsillo, puedes comprar. Mención especial a modelos únicos, como aquel mercedes que os muestro en una foto… en mi vida he visto algo tan exclusivo.

Así, tras finalizar la ruta por este bonito museo, el taxista me esperaba, para llevarme camino al aeropuerto. Íbamos sobrados de tiempo pero, no nos fiábamos del tráfico. Llegué una hora antes de lo previsto, la cual la gasté dando una vuelta por el inmenso duty free, lleno de productos del mar muerto, barros y demás productos de belleza. Cené en un pizza hut (¿he dicho que me sus pizzas me vuelven loco?). Pagué al taxista, me despedí de él, no sin antes aceptar su tarjeta de visita, y me comentó que diera sus datos de contacto a todo aquel que se plantee ir a Jordania; pues hace más servicios turísticos. A mi me cuidó bien, y en este tipo de países, tener a alguien que te haga las cosas bien, sin ‘movidas raras’, es siempre bien recibido.

Porque, aunque haya estado en un país que geográficamente se parece mucho al nuestro, su cultura es completamente diferente… ¿o no? Tras 3 días, y viendo lo que está pasando en España y lo que suele pasar por nuestro país… creo que hemos heredado la picaresca de nuestros amigos los árabes, aquellos que estuvieron en España durante 800 años.

Salió el avión, vuelta a Dubai, a trabajar de nuevo. Trabajar pero sólo 5 días, pues se acercaba el siguiente viaje programado. Sri Lanka: Un paraíso en la tierra.

Enlaces al álbum de fotos de este artículo:

2011-11-27 Jordania – visita a la capital Amman
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