Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (III) Petra, la ciudad eterna

Y nada más entrar por la puerta de mi nuevo hogar, el cual está justo enfrente de la Sheik Zayed Road (la autopista principal de Dubai, que la cruza desde una punta a la otra) andaba buscando el silencio. Silencio que, aún con ventanas de doble cristal y termosellado, enontrarlo es difícil; porque tener una autovía enfrente, con 6 carriles hacia cada sentido, hace que el ruidito de los coches se escuche aunque sea lo más mínimo.

A excepción de la villa, la cual está aislada’ en una zona residencial, y tan sólo el silencio era perturbado por el ruido de ferraris y demás coches potentes chirriando ruedas, o por las fiestas de la villa 1, el silencio sí existía a la hora de dormir. No como en mi nuevo piso, donde cuesta encontrar el silencio. Es más, en ningún punto de Dubai he encontrado el silencio absoluto, como gran ciudad que es y debido al gran ajetreo diario que contiene.

Hago todo este análisis porque, viajando por estos lares, he descubierto el silencio. El silencio es aquello que aparece cuando no hay ruido, cuando no hay nada. El silencio se siente y se puede contemplar, y va acompañado, normalmente de paisajes naturales, no explotados por el hombre, donde el aleteo de un pájaro o una leve pisada se puede escuchar (lo del aleteo de un pájaro ha quedado guay, eh?). Pude contemplar y sentir el silencio en Petra, la ciudad eterna, sólo corrompida por los turistas, pero aún hay sitios donde pocos llegan y, depende de la hora, puedes estar solo, contemplando la inmensidad y sintiendo el silencio.

Wadi Musa es la ciudad más cercana a Petra. Una pequeña ciudad, que podríamos llamarlo pueblo, donde encontrarás de todo un poco, excepto mujeres (tónica general en Jordania). Me impactó el hecho bastante; de cómo ver a todos aquellos hombres reunidos, comiendo en la calle, fumando shisha, charlando, pasando el tiempo… y ninguna mujer en la calle. Cuando digo ninguna es NINGUNA. Todo esto a partir de media tarde. Supongo que en esa zona se lleva a ‘rajatabla’ la cultura árabe, y ellas apenas salen de su casa; o no se qué estarán haciendo pero os digo de verdad que no vimos ni una mujer por la calle. Las únicas, alguna que otra turista alojada por el mismo motivo que nosotros.

En esta ciudad, como de costumbre, podrás comer los mejores shawarmas y platos típicos de la zona. A mi me pierden, o sea, me vuelven loco estos platos, hechos a la leña y brasas, con un sabor excelente y, ese toque picante del chili y demás especias. Joder, tan sólo de recordarlo, me ruge el estómago.

Aquella mañana nos despertamos con unos ‘agradables’ 3 grados centígrados; acostumbrados al calor de Dubai, fue un poco chocante, encontrarse de repente en pleno clima montañoso invernal. Suerte que me compré la Columbia, tirada de precio en el Dubai Mall. Gente, si venís aquí no dudéis en preguntar por ropa de nieve, que está a un muy buen precio.

Javi y yo fuimos a buscar comida para aquel día; nos pedimos unos shawarma y fuimos a por algo de fruta al mercado. De sobra sabíamos que los locales iban a vendernos la fruta al precio que ellos quisieran; es la risa, sabes que te van a tangar y esperas con la mente preparada, para realizar la conversión a euros. Es toda una aventura. Nos entró la risa cuando vimos que el tío se pensaba el precio, después de haber pesado las manzanas y demás frutas; pensaba “a ver cuánto les meto a estos…”

Una vez tangados, nos dirigimos rumbo a Petra, con nuestro flamante coche de alquiler donde, por suerte, mis compañeros de viaje dejaban que me sentara en la plaza delantera ya que mis largas piernas, seguro no cabrían en aquel zulito de la parte de atrás; menos mal que los becarios regionales encajaban en el coche a la perfección y aparte se sobaban instanáneamente, sobretodo Juan Carlos, que ya me comentaron su facilidad para dormirse.

Entrar a Petra cuesta la friolera de 50 ‘jordan’, uno de los varios nombres que le puedes dar a la moneda local. Traducido en euros, aproximadamente unos 55-60, depende de cómo esté el cambio. La entrada sólo incluye visita al recinto, pudiendo acceder a cualquier zona que tus piernas aguanten, ya que abre desde muy muy temprano hasta las 5 de la tarde. Puedes quedarte por la noche, creo, pero espero que tengas mapa, luz, brújula y una buena orientación porque… es una ciudad en medio de montañas.

Una gran ciudad, una megápoli, que data del año 1500 antes de cristo, o sea, ¡¡¡super antigua!!! Y aún así, sus fachadas se conservan decentemente. Os voy a decir la verdad, se me ha olvidado gran parte de lo que leí en los paneles informativos de ciertas ruinas… no os voy a poder contar mucho de la historia de la ciudad. Gracias a Jesús (ex-becario Cámara Madrid), sabíamos de que iba el rollo de Petra, ya que él sabe historia, y es algo así como que en su día, unos nómadas decidieron asentarse en la zona y dicha zona fue creciendo, incluso se convirtió en uno de los centros más importantes de mercadeo del mundo, por aquel entonces. Esto, me lo creo, porque la ciudad es IMPRESIONANTEMENTE GRANDE, para el tiempo del que data.

Para visitarla toda, un turista normal necesita 2 días, y los becarios sólo 1. Aquella mañana, ibamos dopadísimos, con ganas de ver todo; nos marcamos 2 subidas, las más largas y gastamos toooodo el día, desde primera hora de la mañana hasta que cayó el sol, recorriendo la ciudad de un lado a otro.

Comentaros también que esas grandes fachadas que se ven talladas en las faldas de las montañas que rodean Petra, son monasterios y tumbas de antiguos Reyes. Algunos sabréis seguro más que yo y, en las antiguas culturas, cuando alguien importante moría, se le construía una tumba impresionante; véase los egipcios y otras antiguas civilizaciones.

Para el tiempo que ha pasado, la ciudad está bien conservada. Si bien el turista puede hacer más daño de lo normal porque, como es normal, por esta zona no todo está bien controlado y, espero la gente no le salga el mal y se lleve algún mosaico o pinte un corazón con las iniciales de su novia y él en alguna de las paredes o columnas, casi todas accesibles.

La arquitectura es impresionante, todo está hecho a lo grande, y te paras a pensar en los años que tiene esta ciudad, y no dejas de sorprenderte. Puedes contemplar la magnitud de Petra desde un par de puntos altos de la zona, subiendo las faldas de las montañas que la rodean. Los habitantes locales ofrecen burros para subir, por si no quieres sudar. Has de regatear, como es de costumbre, para conseguir un buen precio. Al turista también le envuelven unos cuantos mercaderes, tratando de recrear el pasado pero, con miles de souvenirs. miles o millones.

De los mejores momentos, fue cuando un abuelete quiso venderme una moneda DE LA EPOCA ROMANA, OJO… por 2 euros!!! O sea, una moneda HISTORICA, por 2 euros!! Yo reía por dentro de mi, mientras miraba su rostro castigado por los años y el sol, y él esperaba, sonriéndome y mostrando su negra dentadura, un ‘OK..OK’ por mi parte, para cerrar el trato. Me fui pensando que gracias a vivir aquí, ya no me engañarán tanto, porque cada día que pasas por Oriente Medio y Asia, el regateo puede surgir. Este viejete causó un pequeño hondo en mi pensamiento, e hizo que casi intentara pegar el palo de una moneda romana DE VERDAD, en un museo de ruinas romanas en Jordania. Casi imposible pero se me pasó por la cabeza xD

Aquel día echamos cientos de fotos. Sorprendidos por la magnitud y la inmensidad de aquel entorno, medio transportados al pasado, observando lo que en su día fue algo grande, enorme. Unas vistas excelentes, una relajación tanto visual como mental impresionante. En las zonas altas, un silencio casi total, en la inmensidad, sólo quebrantado a veces por algunos turistas voceando (entre ellos nosotros de vez en cuando). A nuestro lado, niños locales intentando vendernos cositas, el mercadeo que les inculcan de pequeños, de lo que van a vivir durante el resto de sus días.

Porque imagino, que de ahí no será fácil salir; apenas tienen recursos para estudiar o aprender y seguirán la estela del turista; porque seguro de que entre todos los que éramos, siempre compra alguien, o cae en la trampa .Mención especial a los japoneses, los turistas más confiados y ‘tontos’ habidos y por haber, ¿por qué creéis que van siempre todos juntos y en autobus? Aún así les destripan, jojojojjjojo.

Volviendo al hilo principal, Petra ya nos mostraba su despedida, con la puesta de sol. Tuvimos que hacer la última subida a un monasterio importante, situado también en una zona muy alta, a una velocidad de vértigo. Todos los turistas estaban bajando, mientras nosotros, los españolitos, subíamos a un ritmo desenfrenado para ver todo Petra en un día. Puede que nos quedara algo por visitar pero… seguro ni sale en la guía. Con esta última subida y, por lo tanto, bajada, fuimos de los últimos turistas en abandonar la ciudad. Ya casi de noche, nos dirigimos al hotel para morir y resucitar al día siguiente, no sin antes ducharnos y dar una pequeña vuelta por la ciudad, fumar shisha de nuevo (bueno, vale, sí… estaba enganchado porque eran vacaciones y sólo la pedí yo), y descansar porque, al día siguiente, tocaba seguir. Para ellos, rumbo a Israel, para mi, rumbo a Amán, la capital de Jordania, a visitar los puntos de interes de la ciudad y volver a casa, ya que el largo fin de semana llegaba a su fin.

Mención especial a:

– La mujer que regentaba el hotel, que aguantó la pesadez de mis preguntas y ralladas varias, acerca de la ciudad, Petra, y cualquier otra tontería que se me ocurría.. bastante tenía la pobre con enchufar de nuevo el automático (que saltaba aleatoriamente cuando habían picos de consumo de electricidad y todos nos quedábamos a oscuras en el hotel) como para encima aguantarme.

– Al novio, rollo, marido, o lo que fuera, de la mujer que regentaba el hotel. Un ‘local’ con kandora y RASTAS… sí sí… RASTAS. No te lo pierdas, un TRANSGRESOR, un MODERNO en el mundo árabe. Gracias a él, el charcoal estaba siempre al rojo vivo (aquello que se usa para calentar la shisha y que el tabaco prenda, nombre que se la da a las brasas) y esperaba pacientemente a que nos fueramos a dormir para… 😀

– Al guiri del hotel que compartía espacio con nosotros en una sobremesa mientras los becarios tomaban unos copazos de Gin Tonic que, tras una media hora sufriendo y llorando por dentro, no pudo contenerse más y nos pidió un vasito. Inglés sin su dosis de alcohol, no es inglés. Gracias a la copa y la shisha que nos estábamos fumando, recibí la sabia teoría, que según él y sus fuentes (un estudio realizado por científicos pakistaníes), corrobora que la shisha es menos perjudicial que el tabaco.

– Al frutero del mercado y, en general, a todos los cabroncetes de los que viven por Wadi Musa que, aleatoriamente, te sueltan el precio que les da la gana cuando vas a comprar, y regatear es jodidamente duro, porque los guiris van ‘con el taco por delante’…  o sea, saben que si no tú no compras, otros comprarán.

– A los compañeros de viaje, una vez más, excelentes compañeros. Nos reímos bastante, hablamos de todo, de la vida, de lo bueno, de lo no tan bueno… Una pena se hayan ido, empezábamos a hacer buenas migas.

– A los antepasados de Petra por dejar una ciudad tan bonita para el turisteo.

– A los niños y niñas de Petra, aquellos que apenas alcanzaban los 10 años de edad y ya querían vendernos algo. Algunas niñas, guapísimas ellas, cuyo destino ya sabíamos, que no iban a tener oportunidad de ser independientes, ni parecerse de lejos a la mujer occidental.

– Al silencio, aquel que reina allá donde no hay vida moderna y te transporta al pasado, a la meditación, a la relajación y a la contemplación de tu entorno, tal y como es, sin factores externos de ruido, música, o lo que sea.

Enlaces de álbumes con todas las fotos

2011-11-26 Jordania – Petra
2011-11-26 Jordania – Petra fotos de Javipromo

Hasta pronto.

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3 pensamientos en “Jordania: tan parecido y a la vez tan diferente (III) Petra, la ciudad eterna

  1. Gracias Mol…me ha gustado mucho este touring por Petra y la forma en que lo has sentido. Hasta la próxima!

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