Maldivas, colores para la eternidad (I): Un día por los aires

Terminamos aquel duro día en la oficina, unos antes que otros, antes de que todo saltara ‘por los aires’, huimos de allí. Partimos lo más rápido posible a nuestras casas para descansar un poco y hacer la maleta; nos esperaba una larga noche por delante. Y es que en los aviones no se suele dormir muy bien, así que mejor descansar algo, por lo que pueda pasar.

Aquel miércoles 4 de Abril quedamos en nuestro restaurante favorito los 4 componentes del viaje; Edurne, David, Laurita y yo. Habíamos quedado para cenar lo que sería nuestro último ‘chicken shawarma’ hasta nuestra vuelta de Maldivas. He de decir que este plato me volvía loco; cada semana me haría lo menos 3 platos. A un precio ridículo para la cantidad que ponían (4 euros) con eso y una Fanta naranja de color nuclear (en UAE la fanta BRILLA) te quedabas más que saciado.

David y yo lo teníamos más que fácil, pues vivíamos justo al lado del Zaroob. Edurne vivía en la villa ICEX, pero en 3 paradas de metro estaría con nosotros. La última en llegar sería Laurita, que vivía en JLT, y cierto es que padecimos un poco por ella, por si llegaba o no a tiempo, pues es un poquillo despistada… El avión salía aproximadamente a las  00:45 ergo deberíamos aparecer por el aeropuerto a las 10 y media de la noche, para facturar y todas esas cosas que ya bien nos conocemos. Aprovechamos pues para quedar a eso de la 9 de la noche y cenar en Zaroob. Primero quedamos David y yo; luego se unió Edurne y comenzamos a pedir mientras esperábamos a Laurita. Todos con nuestra maleta de mano a nuestro lado, sin miedo a ser robada por estar en el lugar en que si robas vas directo a la carcel, sin pasar por la casilla de salida. Todos con una sonrisa de oreja a oreja, pues íbamos camino al paraíso, camino a realizar un viaje más.

Las bromas aparecían en los diálogos para difuminar nuestra pequeña sensación de incertidumbre, pues Laurita no llegaba y había que pirarse al aeropuerto. Pedimos en abundancia por si Laurita quería comer algo; afortunadamente llegó, medio exhausta y contando que había tenido alguna movida en el metro con un tío, que le había parado para decirle algo y como ella no habla ni nada… al final el tío casi se le declara para casarse con ella; como siempre, única para atraer situaciones inusuales.

Tras cenar todos, nos apresuramos a coger un taxi; gracias a Dubai y sus 14.000 taxis, esto es tarea fácil (excepto los jueves noche). Tan sólo asomarme a la calle y levantar el brazo y tendrás un taxi en ‘cero coma’. La  afluencia de taxis es increíble, siempre verás alguno. Nos dirigimos a la terminal 2, la terminal de los pakis, indios y demás ‘labour man’ aquí en Dubai. De esta terminal salen muchos de los vuelos a India, Pakistan, Bangladesh, Nepal y un largo etc. Y ellos aquí son mayoría. Una vez más la  imagen de sus ‘maletas’; sacos de tela con vete a saber lo que llevan dentro, atados con ropajes y cuerdas para que no estallen. Siempre he sentido curiosidad por saber qué llevan ahí; alguna chinche seguro. Pasamos los controles rutinarios y nos apresuramos el mostrador para coger los tickets de embarque y demás. Para David esto es nuevo; es su primer viaje, seguro que tiene una sensación única, una sensación de satisfacción y alegría, al perder la virginidad y volar por primera vez desde Dubai a cualquier sitio.

Como os conté en el prólogo, el vuelo ya se había atrasado 1 hora y la escala que teníamos que hacer en en el aeropuerto de Colombo, Sri Lanka era de 2 horas. Con esa hora de retraso ya sólo teníamos 1 hora para realizar el ‘transfer’ (pasar de un avión a otro). Pero bueno, ni nos asustamos de esto, debido a que son aviones de la misma compañía, y estarán comunicados, ¿a qué si? ¡Seguro que todo irá bien!

Pues bien, ya cerca de la puerta de embarque, pasa el tiempo y cerca de la hora de embarque, aparece lo que ninguno nos esperábamos; retraso del vuelo. Como lo leéis, el vuelo se iba a atrasar un poco más, aproximadamente una hora, sin motivo aparente. Y aquí es cuando empezamos a preocuparnos en cierta medida sobre qué pasaría en el aeropuerto al realizar el transfer, ¿perderíamos el avión o nos esperarían, al llegar justo a la hora de despegue del segundo avión? A estas alturas ya andábamos algo preocupados, pero muy poco; ¿quién se va a pensar que una compañía va a dejar en tierra a SUS PASAJEROS? Jajajjajajajaja…..

Embarcamos y bombardeamos a preguntas tanto a azafatas como al que controla el cotarro en el avión; a mi a pesado no me ganan. Edurne me apoyaba también, tendríamos que hacer presión para que vieran que al menos 4 pasajeros deberían hacer un transfer para pillar un segundo avión hacia su destino final y que por culpa de retrasos ajenos podríamos perderlo. Total que, tras mucho preguntar a azafatas y dar mucho por culo, vino un ‘moreno’ con corbata y pin de SriLankan Airlines, o sea algo de mando y control tendría, y nos comunicó que no nos preocupáramos, que el avión esperaría antes de su despegue a Male (Maldivas). Nos quedamos más tranquilos. ¡Esta vez alguien trajeado perteneciente a la compañía nos había prometido que no íbamos a perder el vuelo! ¿Cómo vamos a desconfiar de él? Sale el vuelo, justo 1 hora más tarde… Nos mirábamos los unos a los otros, reflejando algo de incertidumbre, la justa. En una fila nos situábamos Edurne, David y yo; atrás estaba Laurita sentada con alguien más, la cual no tardó nada en hacer migas y empezar a hablar con dicha persona, dando la lata gran parte del viaje y sin apenas poder dormir. Jojjojojojo, íbamos a llegar echos una mierda a Sri Lanka, pero bueno, no pasa nada, ¡el paraíso nos espera!

alaaaa

4 horas y media de vuelo, donde creo que algo de sueño conciliamos, aunque por aquel entonces aún no disponía del increíble antifaz que me compré en China para dormir de noche (esto ocurrirá en Agosto de ese mismo año) y no resultaba tan fácil dormir en un avión. La verdad que dimos muchos cabezazos y fue prácticamente imposible dormir. Se acercaba la hora de aterrizaje. Se acercaba la hora de la verdad, en pocos minutos sabríamos si perderíamos el avión o no. Tras la maniobra de aterrizaje y con el segundo ‘boarding pass’ en la mano, salimos escopetados, corriendo hacia la siguiente puerta de embarque donde se encontraba nuestro vuelo. Ya nos olía mal desde un primer momento porque cuando esto ocurre con otras compañías, al menos alguien de la misma está esperándote fuera y te guía hacia la siguiente puerta de embarque para embarcar lo más rápido posible. Aquí no nos esperaba nadie, así que con el nerviosismo en el cuerpo, aún fue más difícil encontrar la puerta de embarque. Tras un leve momento, la encontramos y ahí delante de ella, estábamos nosotros junto con algunos pasajeros más; una familia británica con niños incluido, un par de parejas y nosotros. Miramos a través de la ventana y vemos el avión que nos  va a llevar a Maldivas; nos relajamos, pues creemos que no va a despegar sin nosotros, sobre todo cuando la puerta  de embarque sigue abierta, los de seguridad del aeropuerto y alguna azafata de SriLankan Airlines están aún allí.

La familia comienza el embarque, se quitan cinturones, etc… (sin sentido, pues venimos directos de otro vuelo de la misma compañía). En ese mismo instante que una de las pasajeras ha pasado el filtro, le hacen que se detenga, se queda ahí, pasado el filtro. Nadie nos dice nada, de repente la unica azafata que había de SriLankan Airlines se pira hacia adentro del finger, los de seguridad nos miran y sonríen pero nada más. Nos preguntamos a nosotros mismos qué está pasando, después nos miramos y nos hacemos las preguntas unos a los otros. No sabemos nada. Lo único que supimos unos pocos minutos más tarde es que, el avión se desconectó del finguer para entrar en la pista y despegó, sin nosotros, delante de nuestras narices.

azafatas de la gran SriLankan airlines

No me lo podía creer, ni yo, ni nadie. Asombrados, impactados, estremecidos por este momento de mierda, de cómo sentirte NADIE en medio de LA NADA; nos dejaron en tierra, sin más. La primera reacción fue quedarnos sin palabras tras ver como nadie del personal allí presente nos decía algo ni se inmutaron siquiera. Y es que seguro no hablaban inglés. Nuestra segunda reacción fue el cabreo, seguida de la ira y con algo de impotencia mezclada, pues el avión ya se había ido.

Aquí es cuando se me fue la olla completamente. No podía tolerar lo sucedido. De cómo semejante dejadez por parte de la compañía aérea me superó. Lo vi tan, tan injusto que, según me ha contado Edurne (pues yo ya ni me acuerdo, seguro estaba poseído), empecé a chillarles, a todos:

– WE ARE ALL HUMANS!! WHY, WHY???? WE ALL ARE HUMANS !!

´Todos somos humanos’, significa. Como os digo, yo ya ni me acordaba de esto, pero Edurne me remarca que dejé loco a todo el personal, tanto a los del aeropuerto como los que habíamos perdido el vuelo, me dijo que me miraron atónitos, pensando que a este chaval se le había ido al garete la última neurona, jajjaja. La verdad y conociéndome, seguro dije eso porque me parecía injusto que esos cabrones sonrientes ataviados con uniformes de seguridad y demás trabajos de aeropuerto, no nos tuvieran ni una pizca de afecto y empatía hacia nosotros, pues nos dejaron en tierra como si fueramos perros, y el avión estaba ahí delante. Sorprendidos y tras montar el circo e incluso realizando alguna intentona de pasar la puerta, aún sabiendo que ya no valía para nada, nos hacen abandonar el lugar.

Todo estaba a punto de saltar por los aires. Entonces nos indicaron que fuéramos a las oficinas de la compañía, situados en el centro del aeropuerto, para reclamar, lo único que nos queda. Queríamos que corriera la sangre. Yo en parte, ya me lo esperaba, no se por qué pero mi sensación fue que esa compañía de mierda no va a parar un vuelo por unos cuantos que vengan con retraso. Vale, si es un retraso de varias horas después del siguiente vuelo lo entiendo pero, esto fue demasiado, ver cómo nos cerraron las puertas y ver cómo el avión se iba, delante de nuestras narices, encendió la llama y todo explotó. Sumarle la falta de sueño y el cambio de hora (eran aproximadamente las 8 de la mañana, si mal recuerdo).

reventando

Llegamos al mostrador y ahí empezamos a cagarnos directamente en todo  y en todos. Pero no éramos los únicos; ese vuelo de Dubai tenía pasajeros que iban a conectar con otros destinos. Por lo que me enteré aquella mañana, aparte de conexión con Maldivas, también tenía conexión con Kuala Lumpur (Malasia). Así que el panorama era de aproximadamente unas 20-30 personas en el mostrador, algunas hablando, otras ladrando, niños llorando mientras tanto, dirigiéndonos todos a los trabajadores de la SriLankan Airlines, y poniendo a prueba, seguro, uno de sus cursos de mediación con el cliente cuando éste pierde un vuelo, o se vuelve loco. Estos cabrones de la compañía, siquiera borraban la sonrisa de su cara; una de dos, o tomaban drogas o llevan una prótesis, no me jodas. Los rallamos a más no poder. Aquí también se me fue la olla y Edurne y los demás fliparon cuando empecé a soltar el ‘WE ARE ALL HUMANS’ a grito pelado. Y bien, sí, estamos en el país de la sonrisa, Sri Lanka, donde todo el mundo sonríe, pero NO ME JODAS y NO SONRIAS cuando acabo de perder un vuelo y me vas a hacer palmar más dinero, ya que nos tocaría coger otro vuelo y pedir un taxi-barco, para llegar a nuestra isla de destino.

jodeos todos

Pasaban los minutos, nos poníamos todos cada vez más nerviosos; a mi se me fue la olla y saqué la cámara de fotos y empecé a ‘joder la marrana’ haciéndole fotos a ellos. Jajajaja, estaba ido de mi, aquí la verdad nos reímos un rato porque de la impotencia y desesperación pasamos al ‘ya todo me da igual’. ¡Pero ese estado lo conseguimos tras estar chillándoles e intentando hablar con un responsable durante más de una hora!

guiri reclamando

Edurne intentaba tranquilizarme, mientras David se partía la polla de las cosas que les decía a los de atrás del mostrador; Laurita hablaba con todos los demás afectados. Gracias a Dios que el padre de familia que también iba a Maldivas, un inglés de aproximadamente unos 40 y pocos años, bajito, pelo rapado, gafas y muy, muy educado, es más, yo diría que era extremadamente educado, consiguió, en perfecto inglés, llamar la atención de uno de los trabajadores para transmitirle nuestras quejas y reclamaciones; al final fuimos atendidos.

el trofeo

Y algo, algo conseguimos. Nos dieron un sobrecito con varias cosas dentro. Conseguimos 2 llamadas de 3 minutos a cualquier parte del mundo para comunicar nuestro retraso, unas cuantas horas de hotel para descansar previo a nuestro siguiente vuelo, que partiría a las 2 de la tarde de Colombo a Male y un super mega desayuno en el aeropuerto.

Bien, algo de comida, ya era hora, estábamos que nos moríamos de hambre también. En el grupo éramos dos limas, Edurne y yo. Entre los 2 fijo que podríamos comernos una vaca entera. Llegamos al restaurante del aeropuerto donde sirven los desayunos, con sensación de alegría y de ‘ya todo da igual, problema resuelto’. Y el staff del aeropuerto volvió a hacer de las suyas. Más de 40 minutos de reloj, tardaron en servir el desayuno. Nos hicieron el vacío, a pesar de que parte de la comida estaba ahí, en bandeja,  pedimos otras cosas que debían ser cocinadas, ¡y no venían! Obviamente, con la movida que nos había pasado anteriormente, no fue nada difícil que se nos cruzaran los cables de nuevo. Me levanté y pregunté que qué pasaba con el desayuno, si estaban importándolo de algún otro país. Que cómo es posible tenernos más de media hora para 1 huevo frito y 2 salchichas, SIN NADIE ALREDEDOR ESPERANDO A SER SERVIDO. Conclusión: si vienes a estos países, vente armado de paciencia y si tienes algún problema, ten paciencia en reserva porque te va a hacer falta. Al final logramos llenar nuestros estómagos.

Volviendo al hilo del vuelo, afortunadamente, nosotros, sólo perdimos 5 horas de viaje; los que tenían conexión con Kuala Lumpur, perdieron un día entero, pues tendrían que esperar a que otro vuelo saliera hacia su destino… al día siguiente. Dentro de lo peor, salimos ‘bien parados’ y al final te toca tragar, pues no puedes hacer nada, son sus reglas, ellos son los grandes que surcan los cielos y tú vas montado en ellos, dentro de su lomo. Los derechos no existen y menos en estos países así que tocó tomárselo a cachondeo y comenzamos a hacer chistes y reír sobre el asunto. La falta de sueño también hacía que dijéramos cada vez más tonterías.

Como por ejemplo, camino al hotel ‘Transfer’. Un hotel dentro del mismo aeropuerto, con un nombre  bastante curioso. Y es que creíamos que este hotel no estaba aquí de casualidad; estos cabrones y sus retrasos harán perder más de un vuelo al día y dos, gracias al retraso entre ‘transfers’ y claro, ¡la gente que reclama tiene que dormir al menos, para coger su vuelo en cuanto se lo reasignen! Pues bien, de camino al hotel pasámos por las oficinas de Emirates de ese aeropuerto y me paré delante de la puerta, dándoles las gracias por ser una gran compañía y lamentándome de que por qué no había volado con ellos, pues no hubiéramos perdido seguro ningún avión. A su vez, me cagaba en los muertos de la compañía de SriLankan Airlines y veneraba a Emirates o cualquier otra compañía cuya oficina se encontrara de camino al hotel. Estaba ido de olla, pero lo que nos pudimos reír con las sandeces que soltábamos por la boca.

Por fin pudimos dormir un rato; las chicas a una habitación doble y David y yo a otra. Hay que decir que las habitaciones no estaban nada mal, así que nos acomodamos, y nos echamos una ‘siesta del borreguillo’, esas siestas de mediodía que tan bien sientan. Sonó el despertador y tocó poner rumbo a la puerta de embarque asignada. Nos apresuramos pues con todo lo que habíamos sufrido, ni de coña queríamos perder de nuevo el vuelo. Coincidimos todos en el hall, entregando las llaves, y tras soltar algún par de burradas más, nos fuimos de allí.

tocada de huevos

Puerta de embarque, más gente espera, nosotros aún tras el descanso, andamos algo cansados, hablando sobre lo sucedido; ha habido mucha tensión y nervios y no habremos dormido más de 3 horas. El avión salía a las 14.00 horas aproximadamente. Antes de todo esto, con nuestros grandísimos 6 minutos de llamadas gratis para comunicar nuestro retraso, hice una llamada al dueño del hostal, al Jefe. (el Jefe de aquí en adelante). El Jefe resultaría ser local de Guraidhoo (la isla donde nos dirigíamos), un buen personaje, agradable, moreno, simpático, un tío de negocios, que vestía camisas de flores con pantalones de lino y chanclas; junto con la gafas de sol, hacía de este hombre un auténtico mafias. Pero resultó muy agradable y nos puso las cosas fáciles durante sus días en e hostal. Le llamé para decirle que perdimos el vuelo y que necesitaríamos el taxi-barco, pues a la hora de llegada a Male, ya no habría ningún ferry posible para embarcar. Aceptó sin ningún problema, estaba dispuesto a salvarnos el culo, previo pago, claro está. Seguro que en sus ojos el símbolo del dolar haría act de aparicíon, en el momento de la llamada.

Nuestro plan era llegar a las 9 y media de la mañana a Male, dar una vuelta por la misma y embarcarnos en el ferry público destino Guraidhoo, que partía a las 14.15. Justo a esa hora estábamos dentro del avión y tocaba partir. Al fin, de nuevo, nuestro viaje continúa, sin ningún problema. ¡¡El paraíso más cerca!! Despegamos. El vuelo, corto, apenas 1h30 minutos, apenas tiempo para echar otra cabezada, saco la cámara, aburrido, intentando ver algún atolón por la ventana. Intentando vislumbrar el paraíso.

oh my god

A través de la ventana. Emoción, ansiedad, esperanza, ganas. Colores únicos que veo a través de ella; aquellos colores que he visto durante 30 años de mi vida en fotos, televisión e Internet iban a aparecer delante de nuestras narices en breve. Es increíble lo que veo, aún no me lo creo, o tal vez es la falta de sueño, pues recordaos que llevamos desde las 9 y media de la noche del día anterior viajando. Aterrizamos sobre las 3 y media, 4 de la tarde en Male. Ya está, lo conseguimos. Maldivas, ya estamos dentro, después del control de inmigración y estampa en el pasaporte.

Lo siguiente era buscar al Jefe, el cual estaría esperándonos para dirigirnos al taxi-barco. Previo a eso, pasamos por la oficina de cambio de moneda. Desde Dubai traíamos dólares, moneda internacionalmente aceptada, amén que en Maldivas aceptan pago con dólares americanos. Pero hay algo bonito y clásico  y que hace que te envuelvas más aún en el viaje, y es cambiar a moneda local. Al final nos dimos cuenta que en Maldivas no tenía mucho uso pero ,¿y lo que fardábamos con nuestro taco de cienes de rufiyas (moneda local de Maldivas), que apenas cabían en nuestras carteras, e hicieron de cada pago una odisea? ¡No apto para despistados!

Ahí lo tienes, el Jefe haciendo acto de presencia. Sonriente, nos espera, nos pregunta cómo estamos y le comentamos la movida así por encima; hace referencia a que estas cosas suelen pasar con SriLankan Airlines, que a él también le ha pasado lo mismo cuando ha tenido que salir de la isla para hacer cualquier historia, y que en la vida volverá a volar con ellos. Nosotros asentamos con la cabeza y decimos que también NUNCA MAS volveremos a volar con una compañía de semejante calibre de PATANES.

barquito

El aeropuerto de Male es pequeñito pero con mucha actividad, miles de turistas de todo el mundo llegan aquí para partir a una de sus 900 islas habitadas, algunas con un simple hotel de lujo con menos de 10 habitaciones, otras islas grandes con su gente local viviendo y haciendo el día a día; otras islas, como la nuestra (Guraidhoo) mezclan ambas cosas. En la zona de llegadas al aeropuerto, un porrón de guías turísticos esperan a sus pasajeros.

colores para la eternidad

Pasamos toda esa marabunta de guías, de gente buscando a su guía con cartelitos de Sir. Owen, Mr. Kenen y demás nombres así, provenientes de todo el mundo, hasta llegar a la zona de los taxi-barcos. Allá nos esperaba, nuestro barquito privado, que bien pagamos, a unos 50 euros por cabeza, por 1 una hora y pico de viaje hasta destino. Asombrado, el agua tiene un increíble color azul, y eso que estamos en la cutre isla del aeropuerto.

barqueros

Ya está, los 4 embarcados, el Jefe y el barquero. Motores en marcha, 2 grandes y potentes. Dispuestos a surcar las aguas de Maldivas hasta Guraidhoo. Arrancamos, partimos. Lo conseguimos, ya estamos aquí. Sonrientes, felices y silenciosos, pues estábamos disfrutando del paseo en lancha, de la brisa marina, de las vistas de las islas que nos rodean, amén de lo cansados que estábamos por lidiar la batalla contra compañías aéreas de mierda y no haber dormido mucho.

colores azules

De nuevo, en contacto con el mar, pero no con un mar especial, sino el océano índico, cerca del ecuador, donde siempre es verano, y la temperatura del agua ronda los 27 grados o más, excelente condición para bucear horas y horas sin que el cuerpo coja frío. Y qué colores, qué azules, algo nunca visto.

azul de la ostia

De repente, aparece un azul que nunca había visto en persona. Tan sólo lo había vislumbrado en ciertas fotos de Internet. Pero esta vez era real. Estaba delante de mis ojos, ese azul tropical, azul paraíso, azul increíble… un azul que seguro a nadie le disgusta. Los 4 becarios estábamos flipando, pues era como estar surcando una piscina de tamaño descomunal, y el agua aún estaba más clara que en una propia piscina. No tenemos palabras, sólo sentimientos que expresar y ganas locas por llegar a algún sitio parecido y tirarnos durante horas sin hacer nada, tan sólo que disfrutar  de estos colores.

Un paseo largo

Fue un paseo largo, pero agradable. Azules nunca vistos, a punto de ser probados. Bucear en aguas cristalinas, relajarse en playas de arena blanca y fina. Estábamos cerca. Pero si de algo tenía curiosidad era de ver cómo de sucia estaba nuestra isla, Pues en los comentarios del hostal hacían especial incapié en ello. Tras cruzar muchas islas, llegamos a Guraidhoo, hasta el agua del puerto es azul cristalina. Mucho arrecife de coral, hay que tener cuidado por donde pasa la barca para que no rompa el casco. Desembarcamos, la mitad del pueblo en el puerto, observándonos. Pero a eso ya estamos acostumbrados, somos becarios ICEX y nos recorremos medio mundo para forjar nuestro espíritu, cuerpo y alma. Para David era la primera vez, aunque él ya había estado de Erasmus y demás, así que no le pillaba muy de sorpresa.

Había un poco de  basura flotando por el puerto, pero tampoco le di mucha importancia, pues todos los puertos son así. Nos llevaron camino al hotel por las calles de la isla. Básicamente las calles cruzaban una con otra, de manera perpendicular; la manera perfecta para confundirse de calle y perderse. Había que tomar referencias de puntos clave como la tienda de souvenirs, o el supermercado del pueblo. Las primeras imágenes nos recuerdan que seguimos en un país musulmán; las mujeres con el velo puesto, a pesar del calor y humedad que hacían (aquí creo incluso será peor que en Dubai, pero por la humedad). Los ojos de todos los hombres se clavan inmediatamente en Edurne y Laurita, las únicas mujeres con el pelo descubierto y algo menos de ropa; ya les avisamos que llevaran ropa discreta para los momentos de la isla. Lo que no sabríamos es que más adelante acabarían haciéndoles declaraciones de amor… y demás, jeje. Nos recogen las maletas con un carro, mientras, nosotros andamos tranquilamente. Llegamos a las habitaciones, dejamos todo, las chicas a dormir a una doble, David y yo a la otra habitación de enfrente.

jojojojoj

Nos despojamos de todo y yo ya estaba ansioso de dar una vuelta por los alrededores, para ver cómo era la isla y sus playas. Esperando a las chicas (ellas siempre tardan más, aunque yo a veces soy muuuucha tela), pensábamos en lo que hacer. Serían cerca de las 5 de la tarde, y estábamos bastante sudados por el viajecito y la humedad, así que pensé en ir a la playa a dare un baño. Aquí nos encontraríamos de bruces con la realidad de los comentarios sobre la isla en el portal de Booking.com. La isla realmente no ofrecía mucho, si bien algo de vida local para observar y fotografiar, un par de supermercados, algún bar/restaurante que otro la ostia de raro, y la playa. Pero esta playa no era una playa paradisíaca ni normal. Esta playa estaba jodidamente jodida.

vertedero 1

-“No, no puede ser verdad” -decía yo
– “Oohtiaaa…..” -David, sorprendido por lo que cada  vez veíamos más de cerca.

mierda por doquier

Edurne y Laurita, a veces sin palabras, otras veces con cara de sorpresa increíble. Yo ya les avisé de los comentarios, pero es que sinceramente ni yo pensaba que esto fuera a ser así. Estábamos en una isla de un supuesto paraíso tropical rodeados no de mierda, sino de mierda y escombros con los que puedes ser capaz de construir armas, vehículos o hasta casas, con tanto despojo.

En parte me sentía responsable de éste viaje, yo les había metido a ellos la idea y el concepto de hacer este viaje, y que nos lo pasaríamos de puta madre, amén de ver cosas insólitas. Pues bien, ¿estábamos viendo algo insólito, cierto? De cómo estar en Maldivas por 30 euros persona/noche, rodeados de vida local y de mierda por un tubo. Tuvimos que sacarle la broma al asunto, porque si te paras a pensarlo, era bastante deprimente.

africanos ?

Edurne mostró su negativa rotunda a darse un baño, y la entiendo; David y yo nos metimos para adentro, con chanclas, porque cuanto más nos acercábamos a la orilla, más mierda y cosas cortantes veíamos dentro. Laurita, que no tenía miedo a nada, también se aventuró en darse un chapuzón. A esa hora, también hicieron acto de presencia unos cuantos niños, locales de la isla. Mientras, las niñas jugaban metros atrás, en el parque ataviadas con la abaya.

ellas también tienen derecho

David estaba acojonao, y yo no es que andara de valiente, si no todo lo contrario. El fondo marino estaba lleno de coral muerto y de cosas raras, basura, que como te cortes con algo de eso, creo apenas duras 15 minutos. Ni llamar a tu madre para despedirte puedes. Lo que hicimos fue nadar en modo morsa, sin tocar el fondo. Yo llevaba unas gafas de natación que hacían el papel para ver un poco el fondo, y así poder guiar a David y Laurita, y evitar su prematura muerte por objetos desconocidos.

barcos

Los niños no tenían miedo y ahí andaban, nadando más o menos cerca nuestro. Ellos estaban en una zona que no tocaban fondo y cierto es que ahí estaba todo más limpio. Aún así, seguía siendo peligroso. Lo más gracioso era que, justo enfrente nuestra, un resort-hotel Holiday INN hacía acto de presencia, y su playa, aparte de parecer más limpia, estaba vigilada.

mmmmm

No podíamos pues, cruzar a la otra orilla, ya que ésta era privada, sólo para clientes del hotel. Esos huéspedes alojados en el hotel HOLIDAY INN estarían, seguro, pagando 3 veces más la noche que nosotros, por tener un trozo de orilla más limpio; pero en el fondo estaban en la misma agua de mierda, y con peores vistas aún, vistas a nosotros, a los mendigos de la isla. JAJAJAJAJ, se jodan y se queden su parte limpia, no la quiero. Ya tuvimos bastante, refrescándonos en el agua y entre trampas mortales; decidimos salir fuera, vuelta al hotel, ducha y hacer algo más.

retrato

No tan rápido. Observo a mi alrededor y pienso; este momento resultó ideal para hacer fotos. Unos colores que en la vida había visto, se presentaban ante de mi de manera muy atractiva y decidí quedarme echando unas fotos. Hice algunos retratos de los nuestros, que las podéis ver en el álbum, pero aquí destacaré alguna otra:

luna casi llenaLa luna, casi llena. Increíble.

Mierda en lataMierda, en lata.

puesta de solPuesta de sol entre palmeras. Bonita como ella sola.

Batman vuelveBatman existe y vive en Maldivas.

Marea baja, niños, mierda Marea baja, niños y mierda.

nice houseSimpática casa cerca del hotel.

Y mil sitios más donde realizar fotos, con esos fantásticos colores.

Camino al hotel, muertos en vida pero con aún algo de energía. Nos espera un breve tiempo de relax, antes de la cena. Nos dimos una ducha y la sensación de que nos bañábamos con agua salada un poco estancada estaba presente. A su vez, una amiga cucaracha del tamaño de un elefante hacía acto de presencia por el depósito del agua, metiéndose en él y haciéndo que David sintiera un asco increíble. Yo le dije que no se preocupara, que pase de ella y que por la noche aseguramos la puerta cerrándola con toalla, para que no nos coma por la noche, jajaja.

jojoojojo

Aún flipábamos con el montón de billetes que apenas simbolizaban 40 dólares o algo así, que fue lo que cambiamos. Pero es que acabo de acordarme que el cabrón de la oficina de cambio se quitó, gracias a nosotros, toda la morralla de billetes de 5 rufiyas. Es más, nos dio prácticamente todo en billetes de 5 rufiyas, que vienen a ser unos 25 céntimos de euro. Ni cerrar la cartera podíamos.

Toca cenar. Estábamos ansiosos por ello, pero también éramos realistas y sabíamos que no iban a traer manjares de dioses. La cena se basaba en un pequeño menú, con apenas 4 platos a elegir, los cuales teníamos que avisar al cocinero de lo que queríamos casi 2 horas antes, para tenerla lista a la hora que queríamos. Ya sabéis, a ritmo tropical. Pero suerte que avisamos nada más llegar del excelente baño en la playa limpia (jaja) y no esperamos mucho. Nos sentamos a charlar un rato, hablar sobre las primeras impresiones de todo , sobre como nos sentíamos, unas bromas, etc… También, mientras esperábamos la cena, discutimos con el Jefe sobre la ruta de viaje de los 2 próximos días que teníamos por delante. Prácticamente estaba todo decidido y el Jefe se dedicó a explicarlo todo. Básicamente, el primer día iríamos en barco a una zona de buceo, con bonitos y grandes arrecifes, para después acabar en una isla nosotros solos y pasar desde mediodía hasta la puesta de sol en la misma. El segundo día se basaría en irnos a una isla-banco de arena y después irnos a una isla-resort donde se encontraba un buen hotel, con restaurante y comida occidental para pasar todo el día hasta la puesta de sol y después volver. Al día siguiente, tocaría la vuelta de buena mañana.

foton

Pero eso quedaba aún muy lejos, y no hacíamos nada más que pensar en lo que nos depararía al día siguiente. Gracias a dios nos aliviamos, después del susto que nos llevamos con aquella playa ‘limpia’; yo ya les prometí que la cosa cambiaría y merecería la pena haber venido aquí. Yo confiaba ciégamente en el Jefe y sus guías (ciégamente y a la fuerza, eran los únicos que teníamos de nuestro lado, jeje). Edurne, David y Laurita estaban más tranquilos pues.

Vino la cena, tocaba disfrutar. Primero una sopa de pescado, después algo de arroz con curry (muy rico, por cierto). Pan, y algunas movidas más que apenas recuerdo, pero que se podían comer. Todo eso acompañado de un zumo ultra azucarado, que te ponía más ciego que 10 vodkas. Hablando de vodkas, con nosotros en el hotel se hospedaba un joven de nacionalidad rusa. De aquí en adelante, Dimitri. De estatura baja, pero complexión fuerte, rubio pelo rizado, ojo azules enormes como platos, cara fina y prolongada y una nariz de judío. Impasible y pacífico, terriblemente pacífico. Y con un reloj en la muñeca más grande que nuestra cabeza. He aquí el completo perfil de ‘diver’, buceador a bombona, donde cuanto más tranquilo estés y menos oxígeno consumas, más durarás bajo del mar.

Dimitri comía en mesa aparte y la primera noche apenas hablamos con él, pero a la segunda noche ya se unió a nosotros. Él tenía su ruta hecha pero al segundo día se le encontraríamos en la isla ‘resort’. Tras acabar la cena, convencí al grupo para dar una última vuelta. Aún no eran ni la 9 de la noche y si bien estábamos destrozadillos, aún logré sacarles fuerzas de la nada para dar una pequeña vuelta por la isla. Ya sabéis lo que me gusta inspeccionar y explorar nuevas zonas. Esto no iba a ser menos, bajo la luna casi llena, en pleno ambiente tropical.

hamacacacacaca

La isla estaba terriblemente tranquila, Esta gente sigue las horas del sol y aquí amanece a la 6 pero a las 6 y pico ya va cayendo la noche. Por lo tanto, excepto algunos ‘gamberrillos’, gente relajada paseando en la noche y gente adulta que caminaba a los pocos bares de la isla, nadie más hacía acto de presencia. Ni una mujer, por cierto.

palmeras y cielo

Encima de nuestras cabezas, la luna y las estrellas, y los putos murciélagos del tamaño de un Boeing 777. Auténticos ‘Batman’ pasando cerca de nuestras cabezas, entre ramas de árboles y palmeras, asustando sobre todo a Laurita, la cual poco a poco iba pillándoles más miedo y risa. Sus pequeños chillidos poco a poco irían yendo a más, conforme avanzaba el viaje…

También andaba ofuscado por encontrar tiendas de souvenirs, ya sabéis lo que me gustan las pulseras… pero todo estaba cerrado y los de las tiendas andaban deambulando por las calles; les avisé que mañana haría compra sí o sí, que se prepararan, jojojo.

Y antes de volver al hotel, acabamos en otra playa, pero en la otra punta de la isla. Y el aspecto tendía a ser el mismo. Orilla llena de mierda, pero esta vez con un añadido, caracolillos de mar que salían con cada venida de ola y se escondían bajo la arena a cada paso que dábamos.

caragol

El sonido de las olas del mar, de noche, sin ningún ruido, en medio de la nada, bajo la luna llena, y con una grata compañía. Una grata compañía que medio-forcé para que vinieran conmigo, pues les expliqué que ‘el tiempo es oro’ y que ‘hacer más es vivir más’. Previo descojone por su parte, creo nunca estuvieron de acuerdo conmigo. Pero yo estoy convencido que es así. ¿O acaso no sabes más si lees más? En la vida es lo mismo. No voy a quedarme en un hotel pudiendo dar una pequeña vuelta por los alrededores, para, quién sabe, ¡poder aprender de algo que ocurra o que veas en esos momentos!

Ya estábamos todos muy cansados, demasiado. El día ha sido larguísimo, con dos vuelos incluidos. No sabemos ni qué hora es pero, toca volver el camino de vuelta al hotel y de noche entre esas calles, va a ser algo más difícil. Al final dibujamos en las calles con nuestras andadas una ‘L’, guiándonos con la luna, y logramos llegar a nuestra choza, con cara de cansados; tocaba reposar.

Con el pijama puesto, angelitos a la espera de soñar con ellos. pero más que soñar con angelitos, soñaríamos con las playas y con el paraíso tropical que nos esperaría mañana. Edurne iba a iniciarse en el mundo del buceo, ella como ciudadana de un pueblo en el Norte de España, no estaba muy familiarizada con el mar, o sea para ella esto iba a ser algo más que nuevo. Y yo creo que sí le gustó. Laurita iba a disfrutar como una niña, seguro, en el agua. Y David se soltaría la melena bajo el agua también, viendo cosas que nunca hubiera visto de no ser por el pesado de su compadre de oficina. Sí, ese soy yo, servidor.  Pero gracias a mi podrán decir que perdieron un vuelo, viéndolo despegar enfrente de sus narices, mientras que los currantes del aeropuerto seguían sonriendo y que estuvieron en una de las playas más sucia de Maldivas pero, era el precio que había que pagar para saltar al paraíso.

Pero eso es lo que por ahora, ellos podrían decir, pues mañana tocaría algo más de acción, en un entorno muy agradable. Más emociones y colores nos esperaban…

2012-04-05 Maldivas – Por los aires

Álbum de fotos del primer día en Maldivas.

Maldivas, colores para la eternidad: Prólogo

Todo volvió a la normalidad a su cauce, a la rutina diaria. Volvía a Dubai, tras dejar Irán el 7 de febrero del 2012; atrás dejé el mono de nieve y rebajé mi ansia de conocer sitios raros. ¿Aún así os creéis que dejé de pensar en el siguiente destino?

Nuevas incorporaciones en la oficina, a principios del 2012, en enero, las 2 becarias del Gobierno Vasco, Marta y Edurne, hicieron aparición. Después, a principios de Febrero, Laura de Extenda hacía su aparación por la oficina (Laurita de aquí en adelante). Y a mediados de febrero hacía acto de presencia David, también de Extenda. 4 nuevos becarios, frescos, sin conocimiento de lo que se cocía tanto en Oriente Medio, como en Dubai, ni siquiera en la Ofecomes. Las puertas de un nuevo mundo se abrían ante ellos; ofreciendo algo que seguro nunca en su vida olvidarán.

Mientras, servidor iba amoldándose al estilo de vida dubaití. Amén de hacer mi trabajo, pasaba el tiempo libre en la playa, y los fines de semana iba a bailar salsa. Había una excelente comunidad de salsa, bastante internacional debido al lugar (en Dubai hay más de 150 nacionalidades del mundo conviviendo unos con otros). También se montaba alguna fiesta que otra en casas, como siempre, para que la gente pudiera beber sin control ni pagando esas cantidades ingentes de más de 10 euros una copa, encima mal echada.

Pero yo quería viajar, quería seguir volando y eso también ocupaba mi tiempo libre, planificando qué hacer y qué visitar. Esto se juntó con la entrada de los nuevos becarios, los cuales en poco tiempo se dieron cuenta que, este lugar es un excelente sitio para poder hacer viajes a muchísimas partes del mundo por un precio más que asequible. Además, la carga laboral en la oficina iría en aumento… y debíamos quitarnos el estrés de cualquier forma.

Hice buenas migas con los nuevos becarios. Todos ellos cercanos a mi edad (alguna me pasaba, jeje) y con unas ideas y pensamientos similares. Se puede decir que compenetramos bastante bien. Y no tardé en exponer, cual mapa en una mesa de una zona a punto de ser conquistada en una reunión de guerra, mis ideas y conjeturas sobre cómo pasar las vacaciones en este país.

Teníamos una pequeña ventaja; combinábamos algunas vacaciones del calendario español junto con las locales. Esto, junto con los fines de semana de viernes y sábado, hizo que pudiéramos elegir alguna fecha que otra para irnos donde fuera, sin gastar un día de vacaciones (los cuales los estaba reservando para el gran viaje asiático). A todos ellos, los nuevos becarios, les expuse mi plan. Eran la tercera semana de febrero, apenas llevaba 2 semanas desde mi vuelta de Irán pero ya sabía fecha para el siguiente desplazamiento: Semana Santa. Sí sí, por mucho país árabe en el que estábamos, en la oficina nos marcamos una buena semana santa… ¿qué pasa? Estamos en territorio nacional, ergo somos súper católicos, ¿OK?

Semana santa presentaba un excelente calendario de 4 días seguidos, del 4 al 8 de abril durante los cuales, si nos íbamos de vacaciones, no gastaríamos ningún día. Durante cada día me dedicaba a machacar psicológicamente sobre esta idea a los nuevos becarios. Alguna vez seguro que fui algo pesado. Pero conseguí mi propósito; Laurita, Edurne y David se apuntaron a realizar una escapada en esas fechas.

Ahora tocaban un par cosas más. Lo primero, fue convencer a nuestros superiores de permitir que nos fuéramos esas fechas; habían muchísimas agendas y demás trabajos que realizar y ellos no estaban por la labor de dejarnos escapar pero, gracias a nuestro jefazo, el cual entendió perfectamente la carga laboral que teníamos y que a su vez confió en nosotros, comunicó a todos que los días oficiales de vacaciones se deberían respetar. Vamos, que podíamos irnos siempre que todo se deje hecho y no haya trabajo atrasado. Ergo la pelota estaba en nuestro campo y podíamos jugar con ella. Lo segundo, buscar un destino a visitar. Buscar una tierra, una bandera, una región, una nueva experiencia. Ellos, los becarios, se metieron mucha caña en zanjar sus asuntos y trabajo para poder irse sin presiones durante esos días y delegaron en mi el buscar un destino.

Me apetecía… me apetecía más playa. A pesar de haber estado en Sri Lanka y haber perdido la virginidad en cuanto a viajes de playas tropicales se refiere, aún quería algo más auténtico. Algo con arena más blanca, con agua más azul y transparente,  algo con el sol irradiando al máximo e iluminándonos todo el día. Algo remotamente perdido, algo único e irrepetible, algo para ricos pero que, gracias a nuestras circunstancias y astucia, pueda realizarse. De repente, divisé un pequeño punto en el Google Maps. Unas islas, no muy lejos de Dubai, a un precio de vuelo asequible. Y unas islas que cuando las nombras, no hace falta decir nada más. Maldivas.

Sí, Maldivas. Junto a las islas de Seychelles, éstas son mundialmente  conocidas por ser un paraíso en la tierra, el cielo hecho realidad, el “summum” del buceo, del relax y de la desconexión. Maldivas entró en mi mente y nunca más se fue. No se si debido a que no habían destinos más atractivos, o por cabezonería mía pero, ahora tocaba “venderles la moto” a los becarios.

Expuse mi plan durante día, tarde y noche a todos y cada uno de aquellos becarios de la oficina, es más, lo expuse públicamente, pero especialmente iba dirigido a ellos, a los nuevos, los cuales venían con ganas de viajar. No fue fácil convencerlos, tuve que ser muy pesado (más de lo normal, jojojoj), aunque cierto es que, a mi favor jugó el poco tiempo que llevaban en Dubai, junto con su carga laboral y la falta de tiempo de reacción, no fue difícil convencerles. Tened en cuenta también mi gran palique y sabiduría (JAJJAJAJAJ), mis dotes comerciales y la manera en la que te puedo exponer algo (quien me conoce medio bien, sabe de lo que hablo) … y ¡”voilà”! Ya eramos 4.

La verdad es que tuvimos bastante suerte. Las causas reales por las que escogimos Maldivas fueron:

– El exotismo del destino
– El precio del billete de avión (370 euros ida/vuelta, en semana santa!)
– Destino relativamente cerca (a unas 5 horas de Dubai)
– Las fotos con las que bombardeaba todos los días a los becarios, sacadas de Google Images. Probad si no, a escribir “Maldivas” en http://images.google.es y ahora me decís que no os entran ganas de ir.

Sumadle que Laurita, Edurne y David tampoco han estado en sus vidas en una isla tropical. Barajamos otros destinos como Bangkok, Kuala Lumpur, etc… pero estos estaban bastante más lejos, los vuelos y sus escalas no eran buenas y en esos 4 días perdías más de 1 día debido a los horarios de vuelo. Total  que, depositaron fe ciega en mi y tuve que organizar todo el viaje.

Al final tras muchas discusiones y diálogos en las comidas, decidimos una tarde de marzo comprar los billetes de avión. Si mal recuerdo, los compramos 2 ó 3 semanas antes. Y pasó algo muy gracioso (para mi, no para ellos). Resulta que en la web de la compañía con la que íbamos a volar, SriLankan Airlines, anunciaba últimas tarifas del vuelo Dubai-Male (capital de Maldivas). Estaba en casa de David comprando el ticket cuando la tarifa anunciada era de unos 360 euros. Hago todo el trámite y adquiero el ticket sin ningún problema. Acto seguido, David refresca la pagina web y accede a comprar el ticket; éste había subido de precio, 20 euros más. A David se le quedó cara de OWNED mientras yo me partía la caja de risa. Pero no llamadme cabrón, es que fue muy gracioso a la vez que una “hijoputez” que te pase eso. A Edurne y Laurita también les pasó lo mismo… y sinceramente no sé si saben que a mi me costó el billete 20 euritos menos… así que os debo una copa, ¿vale? AJAJJAJAJ… ya sabéis, intentar ser siempre los primeros. JAJAAJJA

¿Y como ir a un sitio donde la gente se gasta un pastizal, con un bajo presupuesto? No preguntadme por qué, pero en todo sitio siempre habrá algo ‘barato’. Y encontré un pequeño y aparentemente decente hostal por 32 euros persona/noche, en una isla no muy lejos de Male. Doy gracias una vez más a booking.com, la mejor web del mundo mundial para viajar y encontrar un techo para dormir. Inmediatamente reservé para 4 personas en el Rip Tide Vacation Inn, situado en Guraidhoo, una isla al sur de Male.

Y ahora lo voy a confesar, becarios míos. La verdad es que me la jugué un poco, porque sinceramente no sabía si la isla la que íbamos tendría tours, o no, o cuánto valían (tal vez podrían valer miles de euros o no, ¡o simplemente no haber!) Y me fié de los comentarios que los usuarios de booking.com depositan en el hotel. La nota no era muy alta… y todos hacían incapié en lo mismo, lo “sucia” que estaba la isla. Pero yo no me creía eso, ¡es imposible que un paraíso tropical esté sucio! O al menos, no cabía en mi cabeza y puede ser que la suciedad fuera en las calles, ¡pero no en las playas! Más tarde, en el siguiente relato, veréis con vuestros ojos esta suciedad a la que los usuarios de la web de Booking.com se referían…

En dichos comentarios también clarificaban que los del hotel organizaban tours para realizar buceos por islitas cercanas. Así que dicho y hecho… ¡me la jugué a un carta! Hotel reservado para 4. El sueño, más cerca de hacerse realidad.

Laurita estaba inquieta por viajar, amén de lo ‘terremoto’ que es esta mujer, esos días estaba si cabe más nerviosilla, pero contenta, porque nos ibamos a ir un destino que jamás hubiera pisado si no llega a estar en Dubai. Y ojo, que aunque hubiera estado en Dubai, si no llega a ser por mi… (modo fantasma OFF).

Edurne se mostraba ilusionada, éste iba a ser su segundo viaje, ya se fueron Laurita y ella a Jordania, estuvieron juntas y ambas se definieron una a otra como buenas compañeras de viaje. Edurne remarcó que con Laurita nos lo íbamos a pasar en grande… esa gracia sevillana haría su acto de aparición en muchos momentos. Nunca había buceado y esto para ella era una novedad. También estaba algo preocupada por el nivel de protector solar a utilizar y la frecuencia a aplicar, pues nos íbamos a un sitio donde la sombra brillaría por su ausencia y ella no es que sea muy morena precisamente, jejjejeje. La entiendo perfectamente, Edurne es la sensatez en persona.

David… David era nuevo en esto. David estaba siempre nervioso por los viajes, no veía nunca nada claro. El pobre se agobiaba porque tenía mucho trabajo y siempre temía que nuestros jefazos no le dejaran coger vacaciones y/o irse cuando él quisiera. Yo le alentaba a ser valiente, que no es ni más ni menos que pedir lo que te corresponde, jejeejeje. Pero David confió en mi y se aventuró a este viaje, el cual creo que me lo agradecerá para siempre 🙂

Y que deciros de mi… Yo, en mi línea, pura inercia, sin parar de buscar información para este viaje; visitas a esta web, a esta otra, que si el mapa, que si ahora la guía de viajes, que si llamada telefónica al hotel para confirmar si tenían viajes o no, que si existía transporte público desde Male hasta la isla o teníamos que buscarnos la vida para llegar. El coste estimado del viaje, un presupuesto, la presentación del viaje tras las consultas… En resumen, la excelencia de un tour operador, ofrecida de manera gratuita a todos aquellos que quisieron venirse conmigo en este viaje.

Teníamos programado despegar un jueves 5 de abril, a las 00:30 de la madrugada. O eso es lo que ponía en el primer ticket, porque días después de adquirirlos, la compañía se puso en contacto con nosotros, diciendo que el vuelo se retrasaría una hora y nos enviaron al email los nuevos tickets. Nos pusimos algo nerviosos. La escala entre Dubai y Male sería en Colombo (Sri Lanka), de tan sólo 2 horas, y con este retraso, íbamos a perder una hora…

Pero esto fue nada en comparación a lo que nos encontramos unas cuantas horas después, aquel día, tras despegar de Dubai. Y yo que pensaba lo tenía todo bajo control, jajajaja, iluso de mi…

Aquel miércoles noche, antes de despegar, quedamos en nuestro local favorito, Zaroob, para cenar antes de ir al aeropuerto…. Continuará

Irán, civilización milenaria (V): Hasta quién sabe cuando, pero espero sea pronto

“Amanece, que no es poco”. O eso dicen, más aún si cabe en sitios ‘tan peligrosos’ donde, según la gente, me hallaba. Atrás quedan esas frases de mucha gente conocida, amigos y familia, frases con un denominador común, la peligrosidad que podría ser el hecho de encontrarme en un lugar tan radical y extremista que existe sobre la faz de la tierra. Uno de los pocos países que aún le mantiene el puso al grande, a los ‘yankees’. Uno de los países donde sí es cierto que se aplica una estricta ley basada en una religión. Y uno de los países que carece de libertad de expresión.

Pero aún así, he podido conocer de primera mano, sin peligros, como muchos pensaban y auguraban. Sin acontecimientos y barreras que pudieran evitar una comunicación fluida con la gente. Más bien ha sido todo lo contrario. He disfrutado como nunca antes he podido disfrutar, conociendo lo que para nosotros desde occidente es desconocido. Aprendiendo más sobre este pueblo, su cultura, su modo de vida, sus pros y sus contras, y un largo etc.

Y lo seguiré diciendo, es una lástima que no sean 100% libres porque, si yo los he conocido bajo un régimen totalitario y aún así, su calor y su humanidad es palpable (en cuanto al pueblo me refiero), me puedo hacer una ligera idea de lo grande que sería visitar esta tierra y su gente, en condiciones ‘normales’, de democracia y todas esas demás libertades que tanto nos gustan a los occidentales. Tan sólo 5 días y 4 noches, apenas he podido ver un pequeño trocito de la punta del iceberg y sí, lo he visto desde una posición cómoda, con dinero, el cual rige nuestras vidas a día de hoy.

Y seguro que no es oro todo lo que reluce y una gran parte de la población estará hasta los mismísimos cojones de su actual situación (tan sólo hay que ver los jóvenes cuyos padres tienen recursos y dinero, se van fuera del país) y quieren un gran cambio, o no, ¡o lo que sea! Pero como turista que he sido, me lo he pasado en grande, y no quiero dar la sensación que ha sido gracias al ‘sufrimiento’ que padece el pueblo hoy día. Lo que he podido ver estos días aquí ha sido gente haciendo su vida normal, tal como les ha tocado, sonriendo cuando pueden y buscándose la vida de la mejor manera posible, porque este pueblo, esta civilización, sabe cómo sobrevivir. Lo llevan en la sangre desde hace miles de años.

Y me encantaría seguir explorando este iceberg, descubrir cómo es y cómo es de grande por bajo, pero todo llega a su fin. Toca volver a Dubai.

Aquella mañana me levanté que parecía me habían dado una paliza. Por supuesto, pero la paliza me la di yo mismo los 2 días anteriores, en las montañas, surfeando como un loco bajo el fulgurante sol, la increíble nieve polvo y las gélidas temperaturas de Dizin Ski Resort. Amén que me fui tarde a dormir pues había cenado con Primavera la noche anterior y habíamos hablado de quedar para hoy. Es lunes,  6 de febrero de 2012, Brero y compañía han de ir a trabajar, Primavera está de entrevistas de trabajo y yo acabo de levantarme; he de hacer tiempo antes de quedar con ella, pues esperaba su llamada para irnos a comer y dar una vuelta, la última, por Teherán.

No había mucho tiempo disponible, pero ya no me importaba, estaba más que satisfecho con todo lo hecho estos días atrás. Tampoco vas a ponerte a pensar en el pasado ni en el futuro, simplemente en este tipo de viajes has de vivir el momento, pues éste será si cabe, amén de ser irrepetible como todos nuestros momentos en la vida, un momento extraordinario, inusual, mágico, sorprendente ante encontrarte en lo desconocido y un sinfín de adjetivos más que escribiría si fuera escritor de verdad.

Cierro la maleta y me bajo a la agencia de taxis para concertar el taxi de vuelta al aeropuerto. El vuelo de vuelta era a media tarde-noche así que tendría de tiempo hasta las 5 de la tarde para hacer el moñas. Tras zanjar hora y precio, vuelvo a casa. Primavera me llama, está lista,  ya ha acabado. Le digo que la espero en casa, que por favor venga a por mi y que me enseñe un poquito más Teherán.

La casa está sola, pero Primavera no quiere subir. Bajo y nos vamos a comer. La verdad es que tenía mucha hambre y tan sólo de pensar en cualquier plato iraní, se me hacía la boca agua. Le dije que me llevara al típico restaurante de aquí, para comer una vez más el arroz con azafrán iraní y algo de carne, esa tan rica que la preparan al grill (parrilla, en cristiano).

kfc

Fuimos a un restaurante el cual la ventana daba a una calle donde podía ver el famoso SFC, nombre completo Super Star Fried Chicken, el cual es la copia iraní del KFC (Kentucky Fried Chicken) y Hardee’s (cadena americana de comida rápida). Me hacía gracia ver cómo la comida rápida se introduce en el país, copiando las tipologías y logos de las cadenas americanas. Es un ‘sin sentido’ que me encanta, el mundo al revés, lo absurdo. Por suerte nosotros íbamos a degustar excelente cocina iraní.

Subimos a la planta superior del restaurante y todos los comensales, gente joven y no tan joven, comen agradablemente mientras ven a un extranjero con una de las suyas. Algunos clavan la mirada en mi y me hubiera encantado saber qué estarían pensando pero, quedémonos con el misterio y la intriga, el cual lo hace exótico, sentirte el raro en un sitio. Nos sentamos allá donde nos indican y una vez más no hay cuchillo en los cubiertos; ellos comen con cuchara y tenedor. Y la carne la trocean con la cuchara (¡lo juro!).

La gula hace acto de presencia y pido cosas como un loco. Primavera me ayuda con la traducción. Total, último día aquí y los precios son de risa (vistos desde el prisma occidental) así que pido cosas como si de una boda se tratase. La CocaCola que no falte ¿O era Pepsi? El caso es que también la tienen… ya veo ya, ¡el embargo americano!

Empezamos a comer, sin prisa pero sin pausa, y este momento fue genial para mi. A veces Primavera me daba de comer, me refiero a que ella te la de comer lo que previamente ha preparado con algo parecido al pan de pita , arroz y carne. Sus mimos y cuidados me hicieron recordar mucha cosas, entre ellos que el amor y el cuidado hacia las personas ha existido, existe y existirá siempre (o eso espero). A ella le brillaban los ojos, a mi también. Y nuestros rostros esbozaban sonrisa, no había lugar para más. Tal vez el saber que esto tenía un final, ¿propiciaba que este momento fuera más bonito que si esto ocurriera entre una pareja normal que han de verse todos los días? ¿Acaso estábamos disfrutando más aún porque sabíamos que tenía un final?

Por su parte, no lo se y por la mía tampoco lo tengo muy claro. Está claro que lo vives más intensamente pues sabes que se va acabar. Pero estos momentos aún me hacen ver que hay esperanza en encontrar a alguien en esta vida que cuide de ti y viceversa. Pues ya sabemos todos que hoy día, cada vez se soportan menos entre unos y otros. Hay muchas rupturas, cambios de pareja, pérdidas y un largo etcétera sobre las relaciones humanas. Desde mi punto de vista, cada vez se nos individualiza más; somos una sociedad de consumo y parece ser que el consumo ha llegado al campo de las personas. Nos consumimos unos a otros y solo nos importa el yo. Desde mi punto de vista, nos están aislando, nos están ‘individualizando’, haciendo que cada vez pensemos menos en los demás. Y esto no puede ser así, no debe ser así, debemos pararlo.

Disfrutamos de la agradable comida para, una vez llenos, emprender una caminata hacia ninguna parte por la calles de Teherán. Primavera iba a llevarme a un bazar y de camino cruzaríamos varios sitios. Así podría ver la arquitectura de la zona, lo que me rodea y la gente en la calle, la gente de a diario, que en el fondo no se diferencian tanto a nosotros.

parque teheran

Van de aquí a allá, hacen sus compras, se reúnen en la calle, charlan, ríen, toman café o té, y un sinfín de cosas más.Gente normal, haciendo vida normal, manque les parezca raro a la gente que desconoce completamente este país. Aquí he venido para escribiros e ilustraros lo que yo vi.

gato morsa teheran

Un gato más grande que un tigre acercándose a mis piernas.

obamaaarrlll

Una feria del libro, con un invitado especial entre los ejemplares.

helado

Nieve, mucha nieve, fuente congelada y frío.

movimiento

Gente yendo y viniendo, de aquí para allá.

cafeta

Gente joven tomando algo en una cafetería, con grupos de chicos y chicas mezclados, simplemente que ellas tienen el pelo cubierto.

mirada

Primavera andando delante mío, pues yo me paraba a contemplar el entorno y buscar una buena foto.

Se acercaba la hora de volver a casa; así que nos dirigimos a un bazar cercano para ver si quería y podía comprar algo. Y mientras andábamos por la calle, ella se abalanzó sobre mi y me cogió el brazo para seguir andando. Yo, asustado le dije:

-¿¡¡Pero qué haces!!?? ¡A ver si nos van a detener por ir así y nos meten en la cárcel! ¡Que la policía de la moral esa chunga está vigilando seguro!
-Sergio, no me importa, es más, ¿no sabías que como extranjero a ti no te detendrían, sino sólo a mi? Pero me da igual…

Entonces, esbocé una sonrisa y a mi también me dio igual. Vi una vez más que, aún habiendo barreras varias, aún hay personas y sentimientos por encima de ellas…

… Eeeh, que ni ella ni yo no somos tontos y el ir abrazados no duró mucho, ¡¡que con el fuego no se juega!! ¡¡jajajjajajajaja!!

Cercanos al bazar, el gentío aumentaba y yo miraba a mi alrededor una vez más:

ajetreoo

Ajetreo en las calles. Tráfico.

mosque teheran

Mezquita.

ojito

Ojos, labios, rostros persas, las chicas más guapas del mundo.

batamanta

Un grupo de fieles en la calle hablando.

bazar teheran

Un bazar con mil  y un olores diferentes, productos jamás vistos.

jooo

Yo, en medio de la nada y del todo. Creciendo como persona.

¡¡ Es tarde !! ¡Volvamos a casa! Nos apresuramos en coger un taxi, maniobra rápida gracias a Primavera. Volvimos a casa y … pues sí, pensaba que íbamos a estar solos, ¿¡qué pasa!? Como si vosotros/as no fuerais a pensar lo mismo, ¡Ja! Pero grande fue mi sorpresa y Brero no me había advertido, que los lunes una señora de avanzada edad les limpiaba la casa. Por lo tanto… ¡¡¡OWNED!!! O lo que es lo mismo … ¡¡Zas, en toda la boca!!

Nada mas entrar en casa la señora de la limpieza, una mujer mayor, una abuela, de baja estatura, pelo blanco, leve chepa (avanzada dedad) y gafas con cristales que te hacen los ojos más grandes (hipermetropía exagerada), hacía acto de presencia. Me dio la bienvenida en farsi, me miraba y sonreía. Yo afirmaba con la cabeza mientra dentro de mi sentía un pequeño chasco, pues no íbamos a estar solos ese poco rato que nos quedaba. Pero no pasa nada, pues nos reímos bastante durante ese momento con la señora, pues ella quería decirme cosas, ¡pero yo no entendía nada!

Tan pronto como la señora acabó, Brero entraba por la puerta, había acabado de trabajar. Ya volvían a casa. Sus compañeros se quedaron echando unas horitas más en la oficina, y no se yo si fue por acto de voluntad propia o forzados por tener a mano a unos becarios excelentes que resultan ser una ‘tarifa plana’ de gasto para el estado español, y ofrecemos buenos resultados, ¡vaya que sí!

Terminando de hacer la maleta invité a pasar a Primavera a la habitación, quería despedirme de ella, entre risas, bromas, tonterías y picardía, nos besamos una vez más. Y ya no hubo tiempo de más.

Me despedí de Primavera, me despedí de Brero. Cogí la maleta, camino a la calle a coger el taxi que me esperaba, y de ahí al aeropuerto.

Tras llegar al aeropuerto, quise buscar un souvenir típico de Irán pero, las tuve el problema de falta de divisa  local y de dólares para poder cambiar, amén que los precios eran demasiado altos para comprar cualquier estatuilla o tontería similar. También me fijé en las chicas, las cuales la mayoría de ellas deambulaban por el aeropuerto con dos grandes tiritas, en forma de T, tapándoles la nariz. Aquí se despejó el enigma, se aclaró el mito, muchas de ellas se hacen la operación de cirugía estética. Pero es que en esta vida nada es perfecto, como bien he dicho en otras ocasiones. Sin ese ‘problema’, tal vez ellas lo fueran. Tal vez.

Y sentado haciendo tiempo, mi cabeza pensaba y se despedía de todo.

Tocaba despedirse de todo aquello que durante 5 días me mantuvo sorprendido, vivo e ilusionado. Atrás queda esa gran fiesta de jueves, ese primer paseo por las calles de Teherán, esos 2 días realizando el hobby-deporte que más me gusta en las montañas perdidas de un sitio raro y exótico. Atrás queda esa deliciosa comida, esa gente amable, esas miradas penetrantes de todos/as pensando qué hace un extranjero por estos lares…

Atrás queda el supuesto espía, mi compañero de nieve durante el segundo día, mi shisha en Teherán mientras hablaba con mis amigos vía whatsapp…

Atrás queda un gran encuentro, un gran momento y unos grandes días vividos con ella.

Pero lo que queda presente, en mi cabeza, en textos y en mi memoria, son las experiencias vividas. Y las experiencias son sabiduría, y saber más, es vivir más.

Desde aquí doy gracias a todo aquel/aquella que ha estado en mi vida por haberme influenciado, para llegar a este punto, a este maravilloso viaje. ¿Por qué digo esto? Pues porque opino y creo que somos lo que nos rodea, empezando por la familia y acabando hasta por aquel que, aunque apenas haya podido estar a tu lado, a lo mejor te ha hecho ver las cosas de otra manera.

Gracias a todos/as, sin vosotros, esto no hubiera sido posible.

Enlace al álbum de fotos:

2012-02-06 Teheran – Hasta quién sabe cuando, pero espero que sea pronto

Irán, civilización milenaria (IV): Un día más en las montañas persas

Amanece, que no es poco.

Y es que, pase lo que pase, al día siguiente siempre amanecerá. Otro día más, otra vez. Algo nuevo, algo no tan nuevo, pero al fin y al cabo, uno más. Y poder disfrutar de esto, es algo tan simple como maravilloso. Lo más maravilloso del mundo.

Aquella mañana decidí levantarme un poco más tarde de lo habitual de lo que uno suele hacerlo para subir a pistas, debido a factores tales como el agotamiento del día anterior, o el tremendo frío que haría pasar la mañana de una manera no muy agradable. Por suerte y gracias a la droga legal, el ibuprofeno alivió ese dolorcillo de cabeza que tan asustado me tenía, por si me impedía disfrutar al 100% este segundo día.

Y lo primero que uno hace cuando está en un hotel a pie de pistas dispuesto a ir a esquiar, es mirar a través de la ventana. Hay que verificar el tiempo que hace, si está soleado, nublado o si va a nevar, o tal vez si ha nevado durante la noche. Esto es para hacerse una idea de lo que nos espera arriba, pero tampoco puede resultar muy útil porque, ¿cuán de rápido no cambia el tiempo en zonas montañosas? Aún así creo que es rito obligatorio, mirar por la ventana, para ver que la nieve sigue ahí y nadie se la ha llevado.

Con una mano me restregaba los ojos mientras con la otra desplazaba las gruesas cortinas del balcón. Estaban calientes como un horno a doscientos grados; la calefacción estaba justo tras de ellas; no fui consciente de ello pero creo que tampoco había peligro para que las cortinas ‘se pegaran fuego’. Ahora ya puedo mirar a través de mi ventana. Increíble. Mi cerebro recibe un chute de endorfinas y a su vez adrenalina; el día parecía, aún si cabe, mejor que el anterior. Ni una sola nube en el horizonte, ni una. Un cielo azul, más azul que el propio océano. Y la nieve fresca e intacta sobre las laderas, esperando a ser surfeada.

Espabilé, me enfundé en el traje de nieve y bajé a romper el ayuno. Como comida más importante del día que es, pedí un desayuno digno de titanes para poder aguantar lo máximo posible surfeando. Soy de esas personas que puede engullir un elefante recién levantado. Y este tema la verdad que lo tengo bastante en mente, sobre todo cuando hablo con gente que me comenta que sólo puede tomar un café recién levantado/a, que según ellos, no les entra nada más. Y me gustaría que algún experto en fisionomía me pudiera cerciorar si esto és cierto, que hay gente que realmente no puede comer por la mañana. Sinceramente, yo creo que no, que todo el mundo puede comer por la mañana; otra cosa es la lavada de cerebro que lleven encima, o las costumbres raras que hayan tomado. Pero si de algo estoy seguro es que romper el ayuno es maravilloso y debe ser copioso si vamos a requerir de mucha energía para el desarrollo del día entero.

vaya mañana…

Después de este comentario haciéndome pasar por un pseudo científico del palo, sigo con el relato. Aquella mañana, mientras tomaba el desayuno, pensé sobre lo acontecido la noche anterior con el chaval-posible-espía-iraní. Amén de carecer de sentido, pensé que había quedado con él para bajar juntos a Teherán tras media jornada de esquí, es decir, a las 13:00. Pero eran las 09:30 y aún no estaba surfeando así que decidí que no estaría a la hora, pues habría poco tiempo para disfrutar mi último día en pistas. Y no me preocupaba el hecho de no poder bajar sin ayuda de un local; eso aquí es prácticamente imposible si tienes algo de dinero y buenas dotes de negociador.

Camino a pistas. Ya no me enganché de nuevo en el torno giratorio para entrar el área de esquiadores, ni en el de los propios remontes. Todo resultaba más fluido, aquel segundo día, pues ya me conocía la zona. Lo llaman adaptación al medio y todos disponemos de ello. Primero un remonte, después otro. Y no se cómo lo hice, pero entable conversación con una persona dentro del ‘huevo’. Desgraciadamente ya no me acuerdo de su nombre. Lo llamaremos “El esquiador”. De origen iraní, bajito, calvo, pero recio, cara de buena gente pero ‘ojito con él’, como buen persa adulto, estos son unos buenos negociantes. El diálogo entre nosotros se amenizó cuando El esquiador me comentó que vivía en Dubai. Yo le dije que también estaba viviendo allí. La diferencia es que él llevaba más de 15 años viviendo y trabajando en Dubai, yo apenas llevaba 4 meses.

Y rápidamente, como buen busca vidas que soy, le pregunté sobre su estancia, si iba a quedarse en pistas o volver a Teherán; le comenté que era mi último día. Él me dijo que también y le pregunté que a qué hora quería bajar. Él quería bajar pronto pero, como buen negociador que soy, le convencí para que se quedara hasta las 14:00 para así poder disfrutar de este único, maravilloso e irrepetible día de esquí en el mejor resort de esquí de Oriente Medio, Dizin. Esbocé una gran sonrisa y el sentimieno de alivio se apoderó de mi; me había quitado un gran peso de encima, buscar un medio de vuelta a la ciudad. Le vendí la moto, no me costó mucho convencerle, así que delante nuestro disponíamos de unas 4 horitas para hacer el cabra por la montaña.

Y durante todo este tiempo sólo había momento para el disfrute del esquí y snowboard, para nada más. Un momento perfecto para desconectar del mundo real, para hacer deporte y sentirte libre en medio de la naturaleza, para realizar aquello que amas sumándole que dispones de unas condiciones excelentes. Si la perfección existe, aquel día la encontré y estuve con ella un rato largo.

El esquiador y yo ibamos de arriba a abajo y viceversa. Los remontes, solitarios, cero colas. Las bajadas, con esas condiciones de sol y nieve perfectas, rápidas. Tan sólo nos detuvimos un tiempo en la cima. Nos detuvimos para hacer unas fotos al majestuoso monte Damavand, de 5700 metros de altura, que se veía con aún más claridad que el día anterior. Damavand y todas las montañas que le rodeaban estaban saturadas de nieve, haciendo de éste un paisaje increíble e inaudito, porque dicen que nunca había nevado tanto como este último año.

Y allí andaba yo, con mi compañero de esquí. A falta de amigos, toca buscar aliados. Él fue un buen aliado y yo fui su buen compañero. Aquella mañana nos reímos mucho. El esquiador y yo compenetramos bastante bien. Hablábamos de todo un poco, desde bromas sin sentido hasta la situación política del país y de cómo aconteció todo esto que estaba ocurriendo en Irán. Este tema es tan largo y delicado que mejor dejarlo aparcado para contároslo tomando unas cervezas. Lo que si que tuvimos fue alguna que otra anécdota graciosa.

Sabía que aquellos japoneses del hotel no tramaban nada bueno. Lo sabía, lo intuía. Aquellos relajados seres que estaban sentados día y noche  en la recepción del hotel, enganchados a un portátil, la liaron aquella segunda mañana. Subimos unas cuantas veces por un remonte que daba acceso a la parte más remota del resort de esquí, con abundante nieve virgen. Tras la tercera subida vemos que las lomas repletas de nieve ya no eran las mismas; habían 3 enormes desprendimientos, lo que vienen a ser aludes de nieve. Pero 3 casi seguidos uno tras otro.¿Y a que no sabéis quién lo había provocado? Sí, esos 2 cabroncetes. El trabajador del remonte nos avisaba cada vez que subíamos de no surfear por esa zona, que había riesgo de aludes. Nosotros como responsables que somos y para evitar el peligro, apenas nos acercábamos a esa zona. Pero se ve que los japoneses no lo hicieron.

Y dicho y hecho. Provocaron 3 aludes, uno seguido tras otro, a escasos 40 metros de distancia uno del otro, por intentar esquiar por una loma. La nieve llegó hasta casi la pista. El trabajador del remonte nos comentó muy indignado, que los japoneses habían hecho eso y que por favor le hagamos caso y no andemos por zonas fuera de pista. Está claro que los japoneses no son muy espabilaos, yo creo que no entendían una mierda de inglés paupérrimo del trabajador del remonte y como buenos orientales, sonreirían y le dirían que SI, asentando con la cabeza, pero sin entender una mierda, así que tiraron por donde les dio la gana. Tuvieron suerte.

¿Y por qué no hay fotos de esto? Pues sinceramente, aquel día era el último día. Y como no sabía, ni sé, si volveré algún día, aquel día lo exprimí al máximo, sin parar. No paramos ni para comer; todo el día a base de barritas energéticas y agua o bebida isotónica.

Íbamos tan a piñón que, en una de las subidas, a mi colega El esquiador se le olvidó ponerse los esquíes. Resulta que en estos remontes no desembragables, al menos con la tabla de snowboard, tienes que subirte a ellos con la tabla en las manos. Sinceramente no está muy bien preparado tanto las rampas de llegada como salida de los remontes para las tablas y es mejor tenerla en la mano. ¿Qué ocurre? En ciertas rampas de llegada existe una gran altura entre la silla y la misma,aparte que con la velocidad con la que llegas no daría tiempo a hacer una salida normal. Pues bien, en uno de esos remontes para bajar de él, tenía literalmente que tirarme contra la nieve y caer al suelo, con la tabla entre mis brazos, porque no había otra opción. Bueno sí, la de seguir enganchado hacia abajo, que miedo me daría pues la tecnología de esos remontes brillaba por su ausencia. El esquiador, con sus esquíes puestos y gracias a que ellos van de frente, pueden hacer u salida horizontal sin problemas, impulsándose con los bastones. No es un gran problema para ellos, mientras lleves el equipo puesto. Y él siempre se reía de mis caídas forzadas, pero esto no acabaría así.

¿Y qué pasó? El esquiador olvidó de subir al remonte con la equipación puesta. No se por qué, ni seguro él tampoco, por qué subió con los esquíes y bastones en la mano. Al breve tiempo de estar en el remonte se dio cuenta de lo que había hecho. Yo empecé a reírme y a decirle ‘te vas a enterar lo que es bueno’. El gran problema lo tenía él, pues yo sólo tengo una gran pieza la cual sustentar entre mis brazos al saltar pero, él dispone de 4 piezas (2 esquíes y 2 bastones) para coger entre sus brazos, algo bastante más aparatoso. El resultado fue que, tras la fuerte llegada a la rampa de salida, entre que El esquiador nunca había bajado de esa manera de un remonte a tal velocidad y que el tío era bajito y la altura entre la silla y el suelo era considerable, todo saltó por los aires. El esquiador hizo lo que yo llamo ‘el salto del ángel’; de tener todo cogido entre sus brazos y pecho a ver que no podía hacer nada y decidió abrir sus brazos al aire, de par en par, desplegándolos, haciendo que el material saltara por los aires desperdigándose por la zona de llegada. Y él se clavo bien clavao en la nieve… Muchas risas y un momento más que divertido, que seguro muchos de vosotros habréis tenido en la nieve.

La hora acordada para terminar la jornada de esquí se acercaba. Disfrutábamos de nuestros últimos paseos por la mejor nieve que jamas haya probado en mi vida. Marcábamos surcos, aprendíamos a surfear más aún por nieve virgen. Sensaciones únicas que llegaron a su fin después de mediodía. Mi cuerpo no daba más de si, mucha caña en tan poco tiempo y hacia meses que no realizaba deporte regularmente. Se puede decir que acabé más que satisfecho. Como bien digo, no tengo palabras suficientes para expresar mi emoción. Ambos volvimos al hotel, previo paso por la tienda de alquiler de material de snowboard, de los cuales me despedí de manera efusiva.

Estaba radiante de energía, a pesar de la paliza. La satisfacción y euforia del momento estaban por encima de todo. Acababa de cumplir uno de mis sueños; esquiar en sitios muy raros y remotos.

El esquiador y yo nos citamos en el lobby del hotel, después de recoger todas nuestras pertenencia y cambiarnos. Yo fui un poco más lento y él aprovechó para buscar un coche de vuelta a Teherán. Él habla farsi y trabaja en temas de comercio. ¿qué mejor que dejarle a alguién como él las negociaciones? Dicho y hecho, El esquiador consiguió que un coche nos bajara a los dos por el módicoprecio de 600.000 riales entre los 2. Increíble, yo pagué para la subida, yó solo, 500.000 riales. ¿Asusta, eh? En euros, no equivale a más de 25 euros lo que yo pagué por 2 horas y media de coche de las pistas hasta la ciudad. Con él pagué al cambio unos 14 euros. Aquí te sientes rico directa o indirectamente.

Ah, echo la vista atrás una vez más. Unas fotos, una sonrisa, una sensación de plenitud total. Atrás queda uno de los mejores días de mi vida.

No habíamos comido así que le comenté a El esquiador que parásemos en algún pueblo cercano para comer lo que fuera y seguir el viaje. Había que reponer fuerzas. Subimos al taxi y tomamos rumbo a Teherán. El taxi era viejo y horrible, amén de tener la luna delantera quebrada. El conductor tenía una pinta de chungo que te cagas, amén de que conducía la ostia de rápido. Me senté en la parte trasera del taxi y gracias a las chaquetas y demás bultos de ropa invernal pude hacerme una especie de cama-jaima. Pero este cabrón conducía realmente agresivo. Quería adelantar a todos, incluido él mismo. Tuve que decirle que ‘aguantara los machos’ porque quería volver de una pieza. El esquiador y el taxista se rieron, claro, se pensarían que el extranjero se estaría haciendo caca en los pantalones… Pues no, no era así. Simplemente quería un poco de tranquilidad. No quería irme acantilado abajo después de haber tenidouno de los mejores días de mi vida. Aunque estaba tan cansado que no se si hubiera reaccionado.

Cerraba y abría los ojos constantemente, en diferentes ritmos. Pequeñas siestas que se interrumpían con los volantazos de aquel cabrón. Por suerte bendije el tráfico de la autopista de entrada a Teherán y ya pude descansar tranquilamente mientras nos adentrábamos en la megápolis.

 Después de indicarle a El esquiador dónde tenía que dejarme el taxi, empecé a pensar. Ya había dormido algo en aquel largo trayecto de casi 3 horas y estaba más descansado. Pensé en qué hacer aquella tarde noche. Sí, aún tenía energías para hacer algo. Y más si aquel plan pudiera ser quedar con Primavera.

Primavera me dijo que la llamara a la vuelta, que a lo mejor podríamos hacer algo. Aún era pronto, alrededor de las 5 y algo de la tarde cuando ya casi estaba en casa. Tendría que llamarla tan pronto llegara a casa de Brero. Pero tardé un poco más de la cuenta debido a que El esquiador tenía que ir dirección aeropuerto y no entramos de pleno a la ciudad, así que me dejaron en una zona donde habían más taxis, para que yo cogiera uno de ellos e ir yo solo a casa de Brero. El esquiador le explicó al viejo taxista la dirección. Acto seguido nos despedimos, le di las gracias por aquel fabuloso día. Nunca se me olvidará.

Aquel nuevo taxista era el típico taxista iraní del que Brero me había hablado. Viejo, gruñón pero simpático a la vez… y se pasaba por el forro cualquier regla de tráfico que podáis conocer. Él estaba por encima de todos, incluso de la policía. Después de serpentear entre doscientos millones de coches, llegó a un semáforo en ámbar y la policía le dio el alto par no pasar; pues no os podéis imaginar cómo le increpó al agente de tráfico, ventanilla bajada, aspavientos y vete a saber lo que le estaría diciendo. Yo sólo quería no ser deportado. Este taxista era una mezcla entre cabrón y graciosete.

Tras esta mini aventura por el centro de la ciudad, llegué a mi destino, medio exhausto. Toqué el timbre, Brero me abrió y pude dejar mis pertenencias de nuevo en su habitación. Me esperaban 2 cosas; el móvil para enviarle un mensaje a Primavera y la genial cama hinchable para echar  otra siesta por si había que hacer algo a la noche. Escribí a Primavera  y mientras esperaba respuesta, hacía tiempo en el salón. Así de repente apareció un conocido de Brero y compañía. Subió con aromas exóticos, acto seguido mostró la bolsa con un contenido raro, hojas y bolitas verdes. Y algunos de sus colegas cogieron esas cositas y las liaron en un papel y … Oops, ¿Pero no es Irán un país super super restrictivo?

Primavera contestó al mensaje, a las 20.00 pasaría por mi, de nuevo, con su hermana y el novio de su hermana, para dar otra vuelta. Genial, me fui a dormir un ratito, lo que la cama hinchable me dejó. Me levanto, me ducho, espero un rato más debido a que siempre llegan tarde. Tocan el timbre. Con fuerzas medio renovadas, me dispongo a dar una vuelta con Primavera. No se dónde íbamos a ir esta vez, pero me da igual. El hecho en si ya era genial.

Juntos de nuevo, en la parte trasera del coche. La hermana conducía hacia no sé donde. Ella hablaba mucho, como de costumbre, con su novio. Yo a veces irrumpía entre el diálogo y les comentaba lo genial que me fue en Dizin. También hablaba con Primavera, a parte de hacer los tontitos, como si fuéramos quinceañeros. Me comentó el plan, el cual consistía en ir a un restaurante a las afueras de Teherán, situado en la carretera. Un gran restaurante muy bonito y con una comida excelente.Yo la creía. Confiaba en todos ellos ciégamente. Conmigo fueron maravillosos y hospitalarios. Nunca sabré cómo devolver el trato recibido.

Y de camino al restaurante, otra anécdota más. Irán dio para muchas anécdotas, vaya que si. De repente, en el panel de mandos del coche se ilumina la lucecita del agua del radiador. El Peugeot 206 se está quedando sin agua y por mucho frío y nieve que hubiera fuera, si un coche se queda sin anticongelante, explota. La hermana comenzó a hablar cada vez más y más rápido y más fuerte. Algo iba mal. Estábamos en medio de la autopista y por supuesto tuvimos que parar.

Unas cuantas llamadas de teléfono, entre verificaciones y comprobaciones ciegas del motor, pues no éramos mecánicos. Y aquí vi una vez más cómo esta sociedad es diferente a la cual estoy acostumbrado. El coche estaba tirado en la cuneta cuando de repente un camión aminora la marcha y para delante de nosotros; se disponía a prestarnos ayuda. Linterna, líquido anticongelante y demás para verificar qué le pasaba al coche. Descubren una pieza la cual falta, entonces deciden hacer un apaño casero de los manguitos para que no pierda agua. En eso que viene otro coche con 2 personas más y se paran también a ayudarnos. Todos quieren ayudar. Pero quieren ayudar tanto que entre ellos mismos se rallan y el camionero, que acaba hasta los huevos de no se qué, acaba marchándose del lugar. Nos quedamos un buen rato más sin solucionarlo; dicen que fue el camionero que tiró la pieza necesaria para poder hacer el apaño casero. Anduvimos un buen rato buscándola por la carretera pero no encontramos nada.

La nieve no paraba de caer, el frío se apoderaba de nosotros. No había calefacción y mis ropas no es que fueran las más adecuadas, exceptuando la chaqueta Columbia. Primavera y yo nos sentamos en la parte de atrás, casi obligados por la hermana, guerrera como ninguna, lidiando con todos, pues es su coche y tiene que encontrar una solución. Y es que estas mujeres, o al menos las que vi e interactué con ellas, son de armas tomar. Incluso desplazaba a su novio en los intentos por verificar el motor.

Mientras, Primavera y yo hacíamos los tontos alrededor del coche, dentro, fuera, pero no podíamos ayudar, pues al lado del motor ya había montada una buena reunión de personas, así que me dediqué a ella y sólo ella.

La hermana, cabezona como ella sola, al final, casi después de 1 hora (o más) arreglaron el problema gracias a los 2 chicos que se quedaron reparando el coche y pudimos continuar la marcha. Increíble fue este otro gesto que vi, la hermana quiso darles dinero y éstos se fueron literalmente corriendo y apartándole las manos con el dinero. He aquí un buen ejemplo de hospitalidad.

Nos moríamos de hambre y frío, pero por suerte estábamos cerca del restaurante. La decoración cargante, excesiva y hortera resultaba graciosa, a la vez que acogedora. Muchas estatuas persas y muñecos, riachuelos, y demás tonterías esparcidas por todo el restaurante, hacían de él un lugar diferente. Tomamos asiento y aquí comenzó el festín persa. Arroz y carne, ensaladas, bebidas, platos varios, te, shisha, etc.

Charlas, risas y buenos momentos. Nada malo si no todo lo contrario. La cena nos costó 50 euros los 4, pero pongo la mano en el fuego que ese menú en un restaurante normal cuatriplica el precio. Sobró demasiada comida, y es que a esta gente les encanta la abundancia… forma parte de su cultura. Todo un ritual, con te y shisha, del cual disfruté en la mejor compañía.

Abandonamos el restaurante y me vino a la cabeza que faltaba menos de un día para mi vuelta; esta era la última noche en Teherán. Primavera y yo sentados en la parte trasera del coche, nos mirábamos a los ojos. Ya apenas había diálogo. Primavera no podía estar conmigo más tiempo aquella noche, ella tenía que volver a casa entre otras cosas porque al día siguiente tenía algo que hacer por la mañana, un par de entrevistas, me dijo. Yo le dije que no tenía nada que hacer, ya que Brero y compañía iban a trabajar y mi única tarea era hacer la maleta antes de volver al aeropuerto.Entonces Primavera aceptó llamarme después de que ella acabara sus tareas, para dar una última vuelta por Teherán, así como comer por ahí y demás. Obviamente le dije que sí, que esperaría (ansiosamente) su llamada para verla una última vez.

Ya de vuelta a casa de Brero, en el portal, Primavera y yo nos despedimos efusivamente. Di las gracias a la hermana y a su novio por tan grata compañía. Aquella noche dormí bien, dormí agusto, caí rendido. Esta vez el colchón hinchable de mierda no impidió mi descanso.

Había disfrutado de uno de los mejores días de mi vida, y sabía que iba a verla una vez más. Sabía que íbamos a reir de nuevo, a comer juntos, a ‘surfear’ ella y yo, otra vez, tal vez la última, en Teherán.

2012-02-05 Teheran – Un día más en las montañas persas

Irán, civilización milenaria (III): Llegó el momento que tanto esperaba…

…Y que no podía creerlo, hasta que no estuviera allí arriba. Pero ese momento iba a llegar. En apenas 3 ó 4 horas, pasaría de estar sorteando el tráfico masivo de Teherán a surfear en las lomas su nevado sistema montañoso.

Eran las 6 de la mañana, sonó el despertador. Aquella noche dormí un poco mejor gracias a que inché el colchón de aire sobre el que dormía en exceso y así las pérdidas de aire nocturnas no llegaron a hacer que el colchón pasara de tener una forma de burbuja a  forma de cuenco. Así mi espalda no tocó el suelo, ergo pude dormir sin el frío que la noche anterior trepaba por mi espalda y concilié el sueño que tanto necesitaba para aquel duro y largo día.

Brero dormía plácidamente pero tuve que despertarle para pedirle más dinero; no se si os conté que las tarjetas te crédito normales no funcionan en Irán debido al embargo internacional que ciertos gobiernos y el sistema bancario mundial les ha sometido. Una ‘larga’ historia. Así que Brero era mi ‘banco’. Le pedí aproximadamente unos cuatro millones de riales persas. Sí, cuatro millones, pensaréis que soy rico pero NO, ¡soy un humilde becario!. Y es que cuatro millones de riales iraníes equivalen aproximadamente a unos 200 euros, dependiendo del cambio de moneda. Con ese dinero tenía que costearme todo: transporte, forfait, noche de hotel en pista, aquiler de equipo, comidas, etc…

A las 6 y media de la mañana ya estaba listo, maleta preparada y vestido con la ropa de nieve como si fuera a pistas, que es ciertamente, a lo que realmente iba. El trayecto duraría unas 2 horas largas; la carretera-atajo que existe para ir a pistas estaba sepultada por nieve y teníamos que salir de Teherán hacia el Oeste y después introducirnos dentro del sistema montañoso por la típica carretera comarcal, que transcurriría entre medio de montañas y pueblos, cada vez a más altura sobre el nivel del mar y viendo más y más nieve. Sorprendentemente puntual me esperaba quien iba a ser mi ‘driver’ (conductor), el cual no recuerdo ni el nombre pero, se le veía un tío majo, recio, casi cejijunto, típico macho iraní. Cargamos la maleta y nos ponemos en marcha. Aún no era de día, pero estaba amaneciendo.

Y pensaba que durante el trayecto podía echar una cabezada, dormir algo, ya que, para variar, la falta de sueño apremia en este tipo de viajes, donde tienes pocos días y quieres hacer de todo. Atrás quedó un día largo de turismo de ciudad por Teherán y un encuentro con Primavera; a ella le pedí que viniera conmigo a esquiar pero, existían dos impedimentos: uno era que ella tenía que trabajar. Aunque ese no era el mayor impedimento; el segundo y el más restrictivo era que, en Irán una mujer y un hombre no pueden entrar juntos a un hotel si no demuestran que están casados. Tal cual, ahí lo llevas. Seguro que habrán ‘sitios’ donde esa ley se pueda saltar pero, yo sabía de antemano en qué país me encontraba y sabía que iba a encontrarme con leyes como esta. No le di mucha importancia, si bien se que en el fondo este tipo de viajes es mejor hacerlo solo o con alguien de tu nivel pues, en la montaña y en los descensos, eres tú quien conecta con el entorno, la naturaleza, el deporte, la nieve y todo ese ecosistema, donde se encuentra la paz. Uffff… esta última frase no debería ir aquí pero es que me ha salido del alma.

El ‘driver’ no tenía mucha idea de hablar inglés y tampoco era tan joven y dinámico como el anterior taxista que me llevó a la pista de esquí la cual estaba cerrada cerrada aquel día; por lo que el viaje se convertiría en algo así como viaje de observación y análisis del entorno y sin diálogo. Suerte que íbamos en sentido opuesto al que toda la gente que vive en la provincia de Teherán hace a diario, que es moverse del extrarradio de esta enorme metrópolis al centro y alrededores para ir a trabajar, o hacer lo que sea. Nosotros íbamos en dirección a las montañas, a conectar con la naturaleza y a olvidarnos por un momento del mundo donde vivimos.

Y otra vez me ocurrió lo que siempre me suele ocurrir en este tipo de viajes; todo lo que te rodea es nuevo y, aunque realmente sea lo mismo que en otros países, tus ojos no dejan de ver cosas diferentes, nuevas, por lo que me fue muy difícil conciliar el sueño. Mi sed de visualizar y de empaparme del entorno hicieron que no conciliara el sueño apenas, durante gran parte del trayecto. Tras de mi quedaba en sentido opuesto, una cola kilométrica de 4 carriles del sentido opuesto de la autovía, llenos de coches, motos y camiones, intentando acceder a Teherán, mientras nosotros nos desplazábamos sin apenas densidad de tráfico camino hacia las montañas.

Llegamos a la intersección, tomamos la carretera comarcal; a lo lejos empiezo a vislumbrar las primeras montañas con pico nevado, aún estábamos ‘bajos’ respecto a la cota de nieve, pero poco a poco y a cada metro que avanzábamos, aquel elemento blanco aparecía cubriendo cada vez más todo lo que nos rodeaba.

Y ahí es cuando decido sacar la cámara, ya me olvido del sueño, me olvido de todo. En mi vida había visto semejante cantidad de nieve. Cada vez iba a más  y no sabía cuándo esto iba a detenerse. Las montañas parecían esponjas blancas, de lo redonditas que se hallaban por estar cubiertas del susodicho elemento blanco. Y es que antes de llegar, esta zona estuvo bajo una borrasca con abundante lluvia, nieve y frío durante 1 semana, haciendo que las precipitaciones de nieve fueran muy abundantes. Me emocionaba y me ponía nervioso tan solo de pensar cómo estarían las pistas de nieve, repletas y listas para desvirgar.

Eso sí, esta cantidad y calidad de nieve no viene de manera gratuita; hay que pagar un ‘alto precio’ como es sufrir la temperatura. Para que toda esta nieve se mantenga en una calidad excepcional, hace falta una humedad bajísima o inexistente, amén de unas temperaturas muy muy bajas. Le pregunté la temperatura al ‘driver’; faltaba menos de una hora para llegar a la pista y a las 8:28 a.m., el driver señala el termómetro del coche; el cabrón rondaba los -14 grados centígrados. ¡¡Y Aún no estábamos siquiera en la altura de la base de la estación!!

Y hablando de la estación, os comentaré un poco sobre la misma. Me dirigía al resort de esquí llamado ‘Dizin Ski Resort’ (en inglés; en farsi no lo escribo pues no tengo ni idea, aunque me gustaría). Dicho resort fue construido, junto como los otros que rodean Teherán, durante la época del Sha de persia, antiguo gobernador de Irán, el cual abandonó el país en 1979 debido al cambio político y por lo tanto religioso. El Sha amaba el esquí e hizo construir estos resorts para el disfrute de los mismos por toda la población; pero con el cambio político y de religión, aunque estos aún siguen abiertos, ya no eran una prioridad para el turismo del país y apenas han cambiado, remontes incluidos, en los más de 30 años que actualmente tiene la actual república islámica. Si si, es muy fashion y muy ‘retro’ ir a un resort de esquí que se ha ‘congelado en el tiempo’, pero no se hasta qué punto es seguro subir a la pista en remontes que tienen más de un cuarto de siglo, jojoojjojo. Por lo menos estoy aquí contándolo, ¡eso significa que van bien!

Cada metro que ascendíamos, más y más nieve. Hasta el punto de no ver nada sin cubrir de blanco, siquiera la última carretera de acceso al parking del resort. No se cómo el coche no patinó, siquiera sé como llegamos sanos y salvos ahí arriba. ¡¡Un coche que tendría más de 20 años!! ¿Tendría ruedas de un material hasta ahora desconocido por el pueblo occidental? ¡¡Porque yo los veía más que planos!! ¿Y el motor? ¿Cómo aguantaba tan baja temperatura, siendo tan viejo? Increíble, ¡¡pero cierto!! He aquí una vez más la batalla entre los elementos con tecnologías actuales y mucha electrónica y los elementos con mecánica de toda la vida. ¿Son los primeros poco fiables, debido a que integran mil componentes tecnológicos y microchips los cuales pueden fallar por cualquier tontería, frente a los sistemas mecánicos que apenas tienen electrónica y sabes con certeza lo que hay bajo el capó? El caso, repito ,es que conseguí llegar tras 2 horas y media de viaje. No podía creerlo; ante mi, veía nieve, mucha nieve. Y los remontes en marcha.

Y ahora tocaba una de gestiones; nos dirigimos a la recepción del hotel. Los trabajadores me observaban y sonreían, tal vez porque era occidental. ¿Sorprendidos? Ni idea, pero no era el único extranjero; un japonés con un portátil sentado navegando en ‘la interné’,  alguna mujer occidental por ahí también (!) y unos tíos que hablaban algún lenguaje de Europa del este hacían acto de presencia por el lobby; iban vestidos y preparados para esquiar. Con la ayuda del driver, hice el ‘check-in’ en el hotel, el cual está situado a pie de pistas, a escasos 100 metros del primer remonte.

Tras abonar ochocientos mil riales iraníes al ‘driver’ (lo escribo así para que suene más contundente y para que hagáis un ejercicio de convertir la moneda iraní a euro jijiji), tuve que abonar UN MILLON de riales para hacer noche en una habitación doble del hotel. Gracias que el recepcionista de la mañana hablaba inglés y pude entenderme fácilmente, todo quedó bien clarito. Las condiciones, como las de cualquier hotel, con salida a mediodía y todo eso. Y si tienes que quedarte hasta el cierre de pistas (16:00) pueden guardar tu maleta. También desayuno incluído; todo perfecto. Subí a dejar el equipaje y demás a la habitación; ahora tocaba la siguiente batalla, la de alquilar equipo de snowboard.

A todo esto, pensaréis, ¿y cómo va a bajar Sergio de las pistas una vez haya acabado sus dos días de snowboarding? ¿Llamará al taxista? ¿Descenderá directamente por la cara sur de la montaña hasta el punto más cercano de Teherán? ¿Usará la técnica de teletransportación de materia? Afortunadamente en este país, con tal de sacarse unos dineritos, todo el mundo hace de taxista. Tanto el ‘driver’ como el recepcionista me comentaron que a cada cierre de pistas, gente con su coche espera en el parking dispuesta a escuchar ofertas para que te acerquen al sitio que quieres. No me preocupé, total, ¿para qué? Os recuerdo que ¡¡SOMOS BECARIOS y ESTAMOS PREPARADOS ANTE TODO!!!!! ¡¡¡TOODOOOOOOO!!!!

Después de este delirio vuelvo con el tema del alquiler de equipación. Preguntando a la gente, todos me indican que vaya a una tiendecita a las afueras del hotel, cerca del parking, donde alquilaban equipo de esquí y snowboard. Dos chavales morenos y  jóvenes en la puerta, esperando a clientes. Ven que me acerco, dando la nota por ser occidental, llevar un traje completamente rojo y unas gafas de sol con lentes azules que, según varias personas, cuando el sol refleja en ellas, el destello puede alcanzar y verse a años luz de distancia. Dan el aviso al de dentro para que me reciba, y su inglés chabacano como de costubmre y que, por supuesto,  has de dominar. Porque no quieras encadenar frases complejas ni usar la gramática inglesa que has estudiado y aprendido esforzándote durante estos años atrás. Aquí todo es cuestión de expresiones corporales, palabras encadenadas y monosílabos. Y ante todo chillar y sonreír mucho. No se por qué, pero así seguro que no te querrán timar tanto… o algo.

Pactamos el precio tras un arduo diálogo (aunque tampoco perdí mucho el tiempo, pues éste vale oro y quería estar en las pistas ya) y me llevé el primer equipo. Digo primer equipo, porque tuve que llegar a un tercero. Después de adquirir el forfait y pasar por las ancianas y oxidadas puertas metálicas giratorias que daban acceso a la zona de los remontes y tras enfundar mis botas a la fijación de la tabla, tras un ligero impulso, una de las fijaciones salta por los aires y me quedé con ella enganchada a la bota. Me cabreé pero en parte pensé que era normal; No estás en Aspen o en Saint Moritz Sergio; bastante es que aún siga existiendo este deporte nieve allí.

Una larga pateada y vuelvo a la tienda, los jovenzuelos me miran, yo les miro a ellos, les digo ‘MY FRIENDS, I HAVE A PROBLEM’ y les enseño la fijación que se ha partido. Volví en apenas 15 minutos así que sabían de sobra que no era problema de haber descendido a lo loco, sino del equipo. Se movilizan rápidamente y empiezan a mostrarme más  y más. Adquiero la segunda tabla, apenas hago un par de pruebas, la veo bien. Me dirijo de nuevo a la zona de remontes, enfundo la bota en la fijación, con la carraca empiezo a fijar el plástico de la fijación y … ¡ZASSSSSSSSS! ¡¡ el plástico se parte !! Nooooooooooooo!! ¡¡¡Por quéeeeeeeeeeeeeeee!!

El tiempo pasa y mi ansia se acrecienta, ¡quiero disfrutar de una puta vez y no estar sufriendo por la equipación de mierda! Bastante cabreado me dirijo de nuevo a la tienda. Los chavales de la tienda me miran, una vez más. Su cara ya no es la misma que la primera vez que me vieron; la mía tampoco. Del enfado paso a la frustración porque ya han sido experiencias varias de este tipo y de nada vale cabrearse, tan sólo buscar una solución. Les digo MY FRIENDS, WHY… PLEASE, HELP ME. Y rápidamente buscan otra tabla y fijaciones, a la cual le hago pruebas exhasustivas. Esta sí, parece la buena, a pesar de que los cantos no estuvieran muy afilados, sabía que valía. A la tercera va la vencida, o eso dicen. Y sí, acerté. Y dicho sea de paso, todas esas idas y venidas me sirvieron para calentar y aclimatarme a la altura. ¡No hay mal que por bien no venga!

Tras las prisas y haberme atascado en las puertas metálicas giratorias y tras haber sido ayudado por los iraníes que rondaban por la zona de remontes, conseguí subirme al huevo que daba acceso a la zona intermedia de la estación. La estación tiene una altura en la base de 2600 msnm (metros sobre el nivel del mar) y la altura máxima, según me dijeron, es de aproximadamente 3600 msnm. El frío hacía acto de presencia; eran cerca de las 10:15 am y aquella mañana en la base rondábamos los -16ºC. Me aconsejaron no subir a la cima hasta pasado mediodía, pues la temperatura ahí arriba rondaba los -23ºC. Gracias a mi madre, que vino de visita a Dubai y que me trajo toda la equipación de nieve, pude aguantar esas temperaturas. ¡A ella le debo el viaje a Irán! ¡Y también lo pagó con un poco de su salud, pues no estaría muy tranquila cuando le informé que los conflictos entre los países del Golfo Pérsico crecían, jajaajajaja. Pero la tranquilicé, diciéndo que como mucho, ahí en las montañas, sólo vería los misiles pasar por encima de mi cabeza (chiste malo, jijujijujiju).

No puedo creer lo que veo ante mis ojos. El poderoso dios Sol ofreciéndonos algunos de sus rayos para combatir el intenso frío, pero ese frío a su vez es gratificante pues está conservando con unas condiciones EXCELENTES la NIEVE POLVO de las pistas. Prácticamente todo el dominio es esquiable, los fuera pistas están ahí, veo algunas marcas y pienso en seguirlas pues no hay peligro de aludes (la inclinación no es muy alta). No conozco la estación y no me meteré en sitios raros pero donde vea algunas marcas de fuera pista, por ahí iré (sin alejarme mucho de la zona principal). Esto hay que inmortalizarlo. Me subo a un ‘huevo’, un remonte cabina con forma del mismo que se abre y cierra por la mitad, que debe tener más de 30 años; apenas cierra bien y tenemos que ser expertos en el ‘Tetris’ para encajar dentro esquíes, tablas y demás. Los esquíes asoman por la mitad del huevo, sí, por donde se abre y se cierra. ¡Todo son ventajas! ¡Aprovecha que no se cierra bien para poder llevar tu equipo cómodamente!

Y aquí es cuando me bloqueo mentalmente, porque por mucho que intente describir este momento, se que no voy a poder haceros sentir lo que yo sentí y viví aquel día. Tan solo algunos amantes de este deporte sabrán de lo que hablo. Pero a esta sensación, tenéis que sumarle el encontrarme en uno de los destinos más ‘complicados’ del planeta a día de hoy, totalmente desconocido para muchos occidentales y para colmo, con definiciones tergiversadas sobre la realidad del país. Algo realmente único.

Una estación de esquí que perfectamente podría competir contra cualquier estación del mundo, porque aquella cantidad, calidad de nieve y clima nada tiene que envidiar a la las condiciones climatológicas y de nieve polvo del Colorado en EEUU, de Alpes y otras estaciones del mundo.

Y la gente, gente normal y corriente como pueden ser las personas de otros países, disfrutando todos de aquel maravilloso día y de este gran deporte que, desgraciadamente, no es practicable durante todo el año y que es bastante caro.

Creo que aquel día no lloré de la emoción ahí arriba porque si no, se me hubieran congelado las lágrimas. Me enfundo la tabla a las botas y desciendo. Hacía justo un año que no surfeaba; la última vez que pisé la nieve fue del 3 al 5 de enero del 2011, en Sierra Nevada. Aquel día también nos encontramos con una cantidad de nieve, incluso con la zona de la Laguna abierta, en la cual nunca había estado. Pero en los 6 años que llevo practicando snowboard, nunca había estado en un sitio con tanta nieve y con unas pistas similares a las de sierra nevada, sin árboles, hace que todo el dominio sea esquiable y por lo tanto puedas surfear por donde te de la gana (manteniendo siempre la precaución de no irte mucho fuera de pista).

Y tocó una de encuentros, por ahí arriba, ya que como éramos pocos parece que había más ‘colegueo’ y podías charlar con la gente sobre cosas como aquel maravilloso día que nos hizo tras una semana de nieves.

Mientras observaba la inmensidad de lo que me rodeaba, pedí hacer una foto a una persona mayor. Esta persona, rápidamente captó mi acento español y me preguntó de donde era, le dije de España y acto seguido se sorprendió y se alegró bastante. ¿Por qué motivo? Pues resulta que esta persona mayor fue ex-esquiador olímpico iraní y compartió momentos y competiciones con Francisco Fernández Ochoa, alias ‘Paquito Ochoa’ nuestro más grande y reconocido esquiador olímpico español. Debido a que muchas de las competiciones se celebraban en los Alpes, este esquiador iraní hablaba más francés que inglés y tuve que comunicarme con él en el idioma de nuestros vecinos europeos. Tuve que quitarle el polvo al francés y me costó un poco pero, nos entendimos a la perfección. Qué bonito es saber idiomas y poder hablar con todo el mundo.

El tío me explicó cosas como que una vez ya retirado, montó una escuela de esquí y actualmente es el dueño, a la vez que disfruta de su pasión. Y también se sorprendía como yo de aquel día tan maravilloso que hacía para la práctica de los deportes de invierno. También me comentó que esta estación, en verano, en sus pistas crece el césped y se convierte en una de las pocas estaciones naturales del mundo la cual se practica el descenso de esquí sobre césped. Increíble pero cierto. ¿Quién me iba a decir a mi esto? Viajar es vivir y encontrar, y vivir más es conocer más.

Alegremente los 2 hicimos un descenso y me fijé en él y en cómo esquiaba. Su técnica era increíble, de la ‘old school’ (antigua escuela, a la vieja usanza). Descendía con el estilo de los pies juntos, aquel estilo tan famoso de los años 70-80 que ahora ha sido sustituido por el ‘carving’, o lo que es lo mismo, bajar ‘espatarrao’  a muy altas velocidades, haciendo grandes curvas y exponiendo tus rodillas a serias lesiones en caso de accidente. Y los palilleros del carving no respetan mucho que digamos, a la gente que va tranquilamente por la pista. Muchos de ellos se creen el Alonso de la F1, las balas disparadas de la pista, los más rápidos. Y no te interpongas en su camino, pues lo mínimo que vas a recibir es un gesto con el brazo, insulto, o algo más. ¡¡Palilleros, dejaos el carving agresivo!!

Y más anécdotas. Resulta que tuve un pequeño problema con las gafas de ventisca; éstas ya tienen sus añitos y la esponja que se encuentra entre la parte interior de las gafas y que hace contacto con la cara se había despegado un poco, se me metía por dentro y hacía que el campo visual fuera reducido, amén de que me entrara un poco de aire gélido. Preguntando a la gente sobre alguna tienda o taller de reparación, uno de ellos me envió a un sitio donde había lo que parecía ser un taller, pero no había nadie. A su lado estaba la ‘prayer room’ (mezquita) pero tampoco había nadie rezando. Total decido esperar un poco, hacer un par de fotos y aparecen un par de personas… uno de ellos un viejete muy amable que le cuento el problema, con señales y signos claro, ya que de inglés, ni pajolera idea. Tras mi explicación, él me sonríe y hace el gesto en la cara de como si le saliera una bombilla encima de la cabeza, vamos, que tuvo una idea. Se metió al taller conlas gafas y veo que coge un bote que por la pinta que tenía, debería tener unos doscientos cincuenta años. Era cola. Y la usa para adherir de nuevo, la esponja a la gafa con la misma. Le pregunté, como pude, si era de secado rápido. Me dijeron que esperara un poco… ajjajajajjajaj.

Supe que la cola no era de pegado rápido cuando me coloqué las gafas en el rostro, incluso tras haber esperado, relajadamente, a la par que comía un par de barritas energéticas y bebida isotónica. Una parte de la esponja encolada tenía aún rebaba sobrante de ésta, y se me quedó pegada a la mejilla. Por suerte, la cola no era de secado rápido y pude despegarlas. Esperé un rato más y las fijé a mi cara de manera más cuidadosa para que, a pesar de no estar pegadas del todo, no se movieran mucho. Gracias a la amabilidad del viejete, el cual le pagué algo (¡tirando la casa por la ventana!), pude seguir mis descensos de una manera normal.

Durante todo este día en la nieve, anduve solo. Quería descender cuanto más, mejor. La forma física no era la perfecta pero el entusiasmo y las ganas combatían y vencían el cansancio. Ya era hora, ya estaba preparado. Decido subir a la cima.

La vista que tenía ante mis ojos era asombrosa. Una de las cadenas montañosas más impresionantes que he visto en mi vida, con un regalo al fondo; sobresalía de manera espectacular el monte Damavand, montana en forma de volcán, de aproximadamente unos 5700 msnm. Majestuoso e único. Pedí a una pareja que me inmortalizaran con aquella montaña de fondo, dejándoles mi cámara fotográfica. Fue toda una odisea aguantar ahí arriba. El frío era EXAGERADO. La poca carne que tenía al descubierto, labios y mejillas) apenas las podía mover ni sentir. La pareja me pidió que les hiciera una foto y cuando saqué la mano de mi guante, se me heló al instante y me costó disparar la foto. Había que calentarse y tocó descender rápidamente de ahí arriba. Las condiciones de la nieve en los primeros metros de descenso desde la cima eran extrañas. Nunca había visto nada semejante. La nieve era polvo, pero hacía tanto frío que era como un polvo congelado. Atención, no era hielo, no habían placas de hielo, pero la nieve estaba increíblemente dura, compactada, congelada. Aún así, no fue impedimento para disfrutar de los descensos.

Y otra sorpresa más aguardaba este resort de esquí. ¡¡Un bar-restaurante cerca del snow-park, con música techno-minimal sonando a todo trapo!!! No dejo de sorprenderme y cada vez veo que esta gente sería igual de occidental, de no ser por quienes mandan sobre ellos. Es el momento para hacer un vídeo (que lo podéis encontrar en enlace al álbum de fotos, al final del relato), pues me encuentro cerca de la cima, con unas vistas increíbles y ese momento tenía que inmortalizarlo… no todos los días se encuentra uno a 3500 msnm, escuchando techno-mínimal en un resort de esquí en Irán. Qué lástima que ninguno de vosotros hubiera estado aquí conmigo, para disfrutar el momento juntos; pero nada es perfecto como ya bien sabréis.

Joder, ¡qué hambre tengo! Y es que fueron muchos los descensos antes de parar para comer. Paro en la parte media de la estación donde estaba el restaurante más grande, que para mi asombro es de la cadena de comida rápida SFC, ‘Super Fried Chicken’, cadena de restaurantes iraníes cuyo logo es una mezcla-copia de las 2 cadenas norteamericanas KFC ‘Kentucky Fried Chicken’ Y Hardee’s. Fijaos en el logotipo, ¡¡la estrella es del Hardee’s y el tipo del etra es la de KFC !!! JAjajajjajaj Y para evitar movidas de copyright, han prolongado una de las puntas de la estrella copiada del logo del Hardee’s. I+D Iraní, ‘owned’ a los estados unidos!

Una hamburguesa de kilo, un pequeño reposo y a descender unas pocas veces más en estas maravillosas pistas. No conocía el límite y mis piernas aún respondían. Se acercaba la tarde-noche, la hora de cierre eran las 16:00. Cercano a esa hora, me subo a lo más alto y empiezo a descender. Con cada vez menos luz natural, bajo muy relajadamente, disfrutando de la inmensidad y el momento. Apenas gente a mi alrededor. Me paro a media altura, el frío aún era soportable a pesar de estar sentado con el culo tocando la nieve. Unos pensamientos, meditación y bajo a la base. El día de esquí había terminado. Y mi sensación de grandeza aumentaba.

Tras la vuelta a la habitación del hotel, tocaba hacer unos estiramientos, OBLIGATORIO después de todo deporte, una ducha y dar una vuelta. Era relativamente pronto, así que con la emoción del momento y la energía aún emanando de mi ser, decidí dar una vuelta e investigar por los aledaños del hotel y también dentro del mismo. Las instalaciones eran cojonudas, tenías restaurante enorme, cafetería, zona de juegos con billar, cartas, etc… todo muy bien calefactado. Las habitaciones estaban muy bien y el balcón estaba orientado a las pistas, la vista era INCREIBLE. E increíble pero cierto, resultó ser la censura de la tele, la cual sólo tenía canales iraníes.

Después salí al parking  del hotel, a hacer unas fotos de las montañas y demás cosas que me rodeaban. Aún había algo de luz natural, oscureciendo pero perfecto para hacer fotos. Decir que fuera apenas aguanté 10 minutos, pues mis pantalones y ‘bambas’ no podían soportar el frío que hacía ahí afuera. Perfectamente unos -12 grados centígrados a las 5 de la tarde.

Y de repente me entró el cansancio, pero aún era pronto e hice una de las mías; hice una siesta pre-cena para que al levantarme, tuviera energía para cenar a gusto y poder fumarme una shisha en la cafetería. También disponían de Wifi y aunque no llevara el portátil, tenía el móvil y afortunadamente en este país no está baneado el Whatsapp, así que pude charlar con mis amiguetes un rato; ya no estaba tan ‘forever alone’.

Y es aquí cuando me sucedió algo extraño, de nuevo. Después de la copiosa cena y tras haber pagado por ella unos ciento veinte mil riales iraníes, me dirigí a la cafetería, pedí una shisha, un té y unos dulces iraníes de postre. Estaba a punto de explotar pero necesitaba comer para reponer fuerzas, ya que quedaba un día más. Mi cuerpo y cabeza creo empezaron a sentir mal de altura; o tal vez fuera la shisha fumada a 2500 m. de altura sin tener mucha costumbre después de aquel día tan fatigoso. Me encontraba más solo que la una, con mi Whatsapp y chateando con algunos amigos cuando, un chaval que también se encontraba solo me dirigió la palabra; o se la dirigí yo a él, pero realmente ni me acuerdo.

Resulta que el chaval estaba al principio con unas chicas, pero éstas se fueron y ya empezamos a hablar. Un chaval iraní de estatura media, pelo negro, sonriente, sin los pelos de las cejas unidos aún y de no más de 24 años, con un portátil y conectado al FACEBOOK… señores. Esto es raro, ¿sabéis que en este país está ‘baneado’ (que no se puede acceder) al Facebook? Pero este chaval poseía en su portátil una tecnología, llamada VPN, que en romano paladín significa tener una conexión virtual para poder esquivar posibles restricciones de Internet que impongan los gobiernos o cualquier otra entidad. El chaval pilotaba. Pues bien, en resumidas cuentas, me comentó que el tío había trabajado para el gobierno iraní, siendo diplomático en Turquía, o algo así, y no sé qué mierdas más me contó porque entre su inglés paupérrimo, la shisha y mi estado de agotamiento, apenas captaba bien las cosas que me decía; sólo se que vi todo su puto Facebook, y sólo hacía que mostrarme fotos de fiestas, de tías, de sus ex-novias, de botellas de alcohol, y de más fiestas y de más alcohol. Ah, y algunas fotos más de fiestas y alcohol.

Y yo pensando, bien, chaval, esto es el día a día en nuestra querida España, supongo que para ti todo esto será una novedad, vaya, debido a las restricciones del país de donde provienes. Y el tío, de repente, me ofrece su portátil para que accediera a mi Facebook y así enseñarle fotos y demás. Aquí es cuando sospeché. ¿Por qué? Durante el transcurso de este momento con el chavalín y antes de que éste me ofreciera su portátil, envié mensajes a Brero acerca del personaje que me había encontrado y me alertó de lo siguiente. Brero Me dijo:

– Lleva cuidado, puede ser un espía de occidentales.
– ¡Pero qué dices, hombre! ¿Qué vas fumado? -Le contesté, pues para mi, carecía  de sentido.

Mi paranoia creció  ya que Brero me dijo que a ellos, cierta agencia o lo que furea, les habían hecho fotos por la calle y se las enviaban a la oficina para comprobar que todo era ‘correcto’. Se ve que existe un cierto control por esa zona sobre la gente de fuera. Total, que me andé con ojo, hasta que el chaval me ofreció que me conectara al Facebook y ahí es cuando salí airoso del momento diciéndole: si quieres agrégame tú al facebook y ya cuando llegue a mi país y te acepte podrás ver todo mi perfil. Hicimos una búsqueda a mi perfil, me encontró y le dio a aceptar amigos, pero yo ya lo aceptaría al llegar a Dubai.

Por último, quedé con el chaval en bajar a Teherán ambos juntos, para compartir gastos, y el tío quería bajar pronto, a las 12:00, pero yo le convencí para que estirara un poco más y vernos a las 14:00, ya que para mi esto es una oportunidad única y debo aprovechar al máximo el momento…

Pero mira por donde, al día siguiente no iba a encontrarle a él a la hora acordada en la recepción del hotel, ni tampoco iba a encontrar su envío de petición de amistad a mi facebook, ni un mínimo rastro siquiera de él…

Me fui a dormir, agotado. No podía más, incluso me costó  dormir debido al agotamiento. Pero aquel segundo día, sacaría coraje y fuerzas suficientes para aprovechar lo que quedaría en mi segundo día en la nieve en Dizin Ski Resort.

Continuará.

PD: todas las fotos del día y VIDEOS INTERESANTES si pincháis en este enlace, que es el álbum online de las fotos:

2012-02-04 Teheran – llegó el momento que tanto esperaba

Irán, civilización milenaria (II): dando una vuelta por Teherán

No, no es que hiciera un frío siberiano en la calle tal como para que, a pesar de estar bajo techo, se me helaran hasta las pestañas. Lo que ocurría era que el colchón, el cual estaba perdiendo aire ya casi rozaba el suelo, haciendo que la helor del mismo trepara por mi espalda hasta invadir todo mi cuerpo. Decidí usar la técnica de la croqueta, la cual consta en rebozarse y enrollarse entre las sabanas, mantas,  y todo lo que tengas encima, para finalmente quedar como un caramelo en un envoltorio. Gracias a esta técnica pude conciliar el sueño, después de aquel largo día. Pero nos levantamos pronto, era cerca de mediodía y para todo lo que había hecho el día anterior, no dormí las horas necesarias.

Aquel 2º día en Irán iba a ser más tranquilo que el anterior, en cuanto a fiesta se refiere. Pero nos movimos bastante por la ciudad. La ruta no fue para nada planificada, pues todo salió sobre la marcha. Primero tocaba limpiar todos los escombros generados por la fiesta del día anterior, fregar y dejarlo todo más o menos limpio para cuando viniera la señora de la limpieza, que le diera el repaso final. Pero vamos, creo que con lo que hicimos ya se quedó bien limpio. Joder, parte del suelo parecía la parte trasera de un sello mojado; a cada paso quedabas, te quedabas pegado. Y es que se lió parda aquella noche. Atrás quedaban los diálogos, risas, bailes, Primaveras y demás historias de la noche, las cuales, muchas de las noches son únicas porque no suelen repetirse, ya que siempre pasa algo diferente. Y si añades el detonante del tequila por en medio, éstás serán más únicas todavía. Si es que logras acordarte de ellas, claro.

Nos entró un hambre voraz. Nos encontrábamos en el primer día del fin de semana, el día santo (viernes) y la gente estaría ociosa, de ‘finde’. Decidimos ir a un restaurante muy famoso, con platos típicos iranís, pero al llegar, resultó estar abarrotado. Y es que los viernes, la gente aprovecha para quedar todos en familia o en grupo de amigos, para salir y comer/cenar algo. Es el día santo y por lo tanto el día libre de casi todo ciudadano de Teherán.

—— CORTE VACACIONAL ——-

Hola, he vuelto de nuevo, hoy es 3 de septiembre de 2012 y me dispongo a retomar de nuevo el blog. Cierto es que este viaje, realizado en febrero, queda lejos atrás pero en mi memoria aún conservo, si cabe, la mayor parte de los momentos que creo debo contar y darles una narrativa interesante, para que las palabras os envuelvan y os hagan sentir casi las mismas sensaciones que cuando yo estuve allí. Voy a ello.

—— VUELTA AL GRANO ——–

La gente paseaba ociosamente, hombres y mujeres, por la calle. Poca gente joven, tal vez muchos de ellos durmiendo, o vete a saber haciendo qué. Me hubiera gustado saber más sobré que hace la ‘juventud’ iraní (al menos de la zona Norte de Teherán, los más occidentalizados) en su día a día en este país. Pero vamos… me puedo imaginar que muchos de ellos harían lo mismo que hice la noche anterior; una fiesta privada en casa de algún amigo/a, más o menos relajada, pero fiesta. ¿Cómo era eso de que, más de 2 copas se considera salir? Jejeje.

Qué puto frío. O qué puto frío, comparado con Dubai; hasta el calor de Sevilla me parecerá de risa después del año en Dubai. 2 pares de calcetines que llevaba y unas zapatillas de primavera. Algo hicieron pero, ojalá hubiera tenido a mano mis botas de nieve. Pensaba en el frío cuando de repente…¡La ostia! ¿Qué es eso que veo? El cielo comienza a despejarse. La tormenta que ha sacudido Teherán por una semana ha decidido marcharse, dando lugar a nubes y claros. El cielo, azul. La vista, lejana, pues de tanto que ha llovido y nevado, la atmósfera d la ciudad se ha limpiado, haciendo desaparecer esa nube de polución, ese ‘sombrero gris’, que cubre la ciudad muy a menudo. Y de fondo, las montañas. Me asombro, me excito. Nervios, estaré allí en unas pocas horas… Las montañas de Teherán, repletas de nieve. ¡Qué coño, están a reventar!! 1 semana nevando, imaginaos, tanto los que sabéis de nieve como que no, lo que significa que haya estado 1 semana precipitando copos de nieve, uno encima de otro, sobre las altas y gélidas montañas de la región. Me cabrea no poder hacer mejor fotos, apenas tengo suficiente campo de visión como para ver la cordillera que rodea Teherán. Pero bueno, ya las veré más tarde. A regañadientes y sin realizar muchas fotos a las mismas, continúo la marcha y las fotos.

Seguimos andando un poco más y para variar, no paraba de fijarme en mi entorno a la vez que echaba alguna foto que otra, intentando sacar el mejor cuadro posible de lo que fotografiaba, haciendo un esfuerzo para que éstas salgan más o menos interesantes; la entrada de un parque, una parada de bus con publicidad para concienciar al ciudadano del uso del transporte público, gente trabajando, gente paseando. Edificios a cada cual uno más raro que el otro (arquitectura diferente), un modelo de coche de una conocida marca alemana igual al que se comercializa en Europa pero, con un nombre completamente diferente a la par que cómico, publicidad del ‘socio’ que les gobierna publicada en todas partes (edificios, carteles publicitarios, estatuas, etc.)

Nos detuvimos en una pizzería italiana y nos marcamos un menú. Los 4 estábamos hambrientos y sedientos, unos más que otros, después de la fiesta de ayer. A nuestro alrededor, chicos y chicas. Para mi asombro y comparando con los emiratíes, los persas se mezclan entre ellos, no como estos últimos nombrados, los cuales resulta tarea ardua verlos en grupos de hombres y mujeres (chicos y chicas) en alguna cafetería, centro comercial, o donde sea. Siempre verás blanco o negro. Cuando veas blanco y negro (refiriéndome a sus trajes autóctonos) es que están casados o que lo estarán. Qué duro debe ser, ser uno de blanco, o una de negro.

Por contra y conforme pasan las horas y veo a mi alrededor, los persas son diferentes. Poco a poco voy dándome cuenta que estoy en una sociedad normal y corriente, con sus comercios, tiendas, acciones del día a día y, lo más importante, con su gente. Esa sociedad, una sociedad aparentemente normal, que vive el día a día sin tener mucho en mente su pequeño problema (aquel que manda en su tierra y todo eso) que les restringe de algunas libertades. Aunque todos sabemos que hecha la ley, hecha la trampa. Y vaya si saben hacer trampas, se lo montan bien de espaldas a la ley.

Finalizamos nuestra deliciosa pizza italiana-iraní y Fernando y Jorge deciden volver a casa, están más que molidos por la fiesta del día anterior. Brero decide quedarse conmigo, para dar una vuelta por la ciudad y mostrarme los puntos de interés, que ahora iré contando. Y a día de hoy (os recuerdo que estoy redactando esto a principios de septiembre) y conociendo más a Brero, se que tuvo que hacer un esfuerzo titánico en levantarse temprano, ir a comer conmigo y, sin hacer siesta, irnos juntos a dar una vuelta por Teherán. Y es que el día anterior le vi como un tornado, revoloteando por la fiesta. Y yo ya he vivido con él en Madrid y se hizo famoso en nuestro piso compartido por sus ‘sobadas’ de más de 12 horas, cuando el día anterior, o la noche, eran largas y agitadas. Hasta una vez tuvimos que despertarlo enchufándole un altavoz al oído, con el sonido de una bocina ‘troll’. Y aún así yo creo se despertó antes por nuestras risas y ruidos que por la bocina en si. Compañero, cómo te gusta dormir y más después de una fiesta pero, a pesar de haberlo dado todo la noche anterior, ahí estabas conmigo, de paseo por Teherán. ¡Olé por tu proeza!

Anduvimos calle abajo, buscando un taxi para que nos acercara al gran bazar de Teherán. Un bazar donde antaño se movía más del 15% de la economía total del país, ahora le han restado poder y se han deslocalizado comercios y demás, pues eran tan poderoso que, según me han contado, si los comerciantes se ponían en pie de guerra, para protestar contra algo que no les gustaba y hacían huelgas, paralizaban la economía del país.

Y cogimos el taxi. A la aventura, en una enorme ciudad de más de 14 millones de habitantes, nos dirigíamos hacia el sur. Y de vuelta a la típica conducción iraní, de ir como locos y pasar a escasos milímetros entre coches, con la premisa de ‘si no se escucha golpe ni rozadura, es que todo va bien’. Pero no había tiempo para sentir temor por la conducción, pues a mi alrededor podía vislumbrar la arquitectura de la capital de Irán, junto con su gente y la vida diaria, aquello que tanto me fascina siempre que he ido de viaje, ver cómo viven en otras regiones distintas a la mía.

Con la cámara en mano y enchufada, haciendo fotos como podía, siempre que el taxi se ponía en los carriles de los extremos con visibilidad total de las fachadas de los edificios y aceras. Y conforme más bajas al sur, más auténtico es Teherán. Sumémosle a sus viejos edificios, la tristeza del otoño causante del desprendimiento de hojas de los árboles en las calles, mostrando estos sus desnudos troncos. A su vez, un frío seco, muy seco, como nunca antes había sentido, hacía que se me encogiera el alma, que se escondiera tras de mi. Pero la fascinación por el descubrir y ver cosas nuevas, hacen que todas las anteriores trabas pasen a un segundo plano, haciendo disfrutar de ese momento, un momento único.

Aterrizamos con el taxi en las cercanías del bazar. Por desgracia, el bazar no estaba al 100% abierto, pues el viernes, día en el que nos acercamos, es día santo y la gente libra. Algunos pocos comercios abiertos, gente paseando tranquilamente comprando dulces y postres de los puestos ambulantes. Vi también una tienda de alfombras persas, eché un ojo y tal vez me arrepienta de no haber preguntado precio, pues baratas no parecían.

Unos militares disfrutando del sol en sus caras, intentando creo, calentarse, pues el frío que hacía era importante. Y todo rodeado de carteles propagandísticos del régimen actual, intentando, por lo que veo, hacer que la gente sepa lo que hay.

Aún nos quedaban cosas por ver. Una de ellas, sobre la que siempre quiero conocer para tener referencias a la hora de visitar grandes ciudades y comparar, es su transporte urbano. Teherán posee una red subterránea de metro. ¿A que no os lo podíais imaginar? Pues sí, tiene una red de metro de 3 líneas y unas cuantas más en construcción, que hace que la vida sea más fácil ya que, moverse por una ciudad de 14 millones de habitantes no es moco de pavo; el tráfico de vehículos es infernal, como por ejemplo, las colas de 2 horas y media para entrar a Teherán capital, si vienes a trabajar a la ciudad y vives a las afueras de la misma. Un rollo Madrid pero a lo bestia.

Y de repente te vas dando cuenta que Teherán es una ciudad más, como muchas otras ciudades del mundo, donde la gente vive normalmente bajo sus costumbres y su cultura, y si no fuera por el régimen, seguro que serían la ostia. Porque un país que es el segundo exportador de petróleo en el mundo es mucho país, amén de su civilización milenaria, existente desde hace miles de años, les hace desde mi punto de vista, ser especiales.

Compramos el ticket y abordamos la estación, escogiendo la línea que nos iba a acercar hasta los aledaños de la Torre Azadi, alias la torre de la libertad, construida en 1971 haciendo honor al Sha (emperador de Irán) que fue derrocado tras el cambio al régimen islámico en 1979, conservando el monumento y nombrándolo torre de la libertad. Libertad, curioso…¿eh?

Hacia tiempo que no me sentía tan observado. Es más, creo que nunca me he sentido más observado que dentro de los vagones del metro de Teherán, donde Brero y yo eramos los únicos occidentales. Los únicos ‘blanquitos’ del lugar, en un día santo, pasadas las cinco de la tarde, dirigiéndose a visitar el monumento más emblemático de Teherán y rodeado de iraníes, clavando sus miradas en nuestros pálidos rostros. ¡¡Es que eramos los únicos!! Y para colmo, hablando en voz medio-alta, como ya sabéis hablamos los españoles, más alto de lo normal.

Descendimos del vagón para salir al exteror de la estación subterránea. Ante mis ojos, más regalos propagandísticos pro-régimen. “Obama asesino”, “Wanted dead or alive”, y algunos otros carteles, pegados por las paredes o colgando de postes. Curioso, ver en vivo algo que actualmente es presentado como conflicto a nivel mundial. Sí, estaba dentro de lo que ellos llaman ‘el eje del mal’, estaba ‘con los malos’. Pero desde mi punto de vista, no creo que sean tan malos. Los otros seguro que también serán igual de malos. Los transeúntes nos miran y se ríen, mientras hacemos fotos a esos carteles. Yo lo hago con algo de cautela, no vaya a ser que algo o alguien me caiga encima y me diga “Eh, chaval… ¿qué estás haciendo? ¿De qué bando estás?” Tenía un poco de paranoia mental pero vaya, a veces hay que correr riesgos, jaajajaj.

Echamos la vista al fondo y vemos que hemos salido bastante lejos de la torre, nos dirigimos a un taxista, éste nos recoge y nos acerca a la misma por apenas ‘cuatro duros’. Ante mis ojos el monumento se hace grande. Y junto con el paisaje de fondo, las altas montañas nevadas que rodean la capital de Irán, hace que el momento sea mágico. Caía el sol, ya era difícil sacar una buena foto con suficiente luz sin aumentar la ISO, quería retratar ese momento y lo hice lo mejor que pude pero, lo siento chavales, esa imagen quedará par mi retina.

La torre se ubica en una plaza en medio de una carretera; dicha plaza hace la función de rotonda de unos cuantos carriles y aún así, la congestión del tráfico es elevada. Nos disponemos a cruzar con el método iraní, que significa ni más ni menos que usar la predicción para cruzar Tienes que vislumbrar el futuro, ver los huecos que los coches que pasa y que pasarán te han dejado para ir avanzando pasito a pasito hasta cruzar la calle. Una aventurilla más.

Unas fotos debajo del monumento, unos saltos y más fotos. Inmortalizar el momento. Observar la puesta de sol, ver las montañas nevadas de fondo, donde iba a dirigirme al día siguiente. Contemplar la inmensidad de la zona, lo mágico del momento. Momentos únicos que nunca más van a repetirse.

Cae el sol, decidimos volver. No se si lo reflejé en párrafos anteriores pero, tenía una cita. A las 8 de la tarde Primavera iba a recogerme con su hermana, de nombre Jazmín, y el novio de ésta, para cenar en algún lugar de Teherán. Teníamos que volver lo más rápido posible, el cansancio post-fiesta hacía estragos y tenía que descansar un poquillo. Tras preguntar a dos millones de taxistas, al fin logramos convencer a uno que nos llevara a casa. Y es que estábamos lejos de cojones. Tan lejos que, durante el trayecto y tras cruzar un puente, dio tiempo a que se nos pinchara una rueda. Si señor, primer pinchazo en Teherán, primer problema con el coche (y no sería el último que tuviera). Nos detuvimos en un sitio curioso, justo en la unión de los carriles normales junto un carril de incorporación por la parte derecha, entre los dos, pisando zona de rallas. Por suerte no obstruimos mucho el tráfico, pero los carriles eran estrechos y algunos coches tenían que hacer malabares para pasarnos y no rozar tanto a nuestro taxi, como a los coches de los carriles adyacentes.

Y como no, decidimos inmortalizar el momento. Acojonados porque el puente temblaba que daba gusto, ¡menudo tráfico!

Tras un muy largo camino, con pinchazo incluido, llegamos a casa. Brero se retira a descansar y yo me dirijo a mi colchón que está a ras del suelo, donde la espalda se convierte en un bloque de hielo debido al frío, para descansar un rato antes de la cita con Primavera y compañía. Tras despertarme, ducharme y acicalarme, me senté con estos a esperar la llamada perdida de Primavera, que indicaría que ya estaba para recogerme. No me acordaba que en esta cultura también tardan; esto no es Europa y por supuesto si te dicen una hora, échale media hora más de retraso como mínimo. Impaciente me hallaba hasta que sonó el móvil. Me despido de Brero y compañía y me dirijo al coche de Jazmín.

El coche de Jazmín era un Peugeot 206 color gris. Un Peugeot más de los doscientos millones de vehículos marca Peugeot que hay en Teherán. Es increíble la cuota de mercado que tiene la marca francesa aquí. Y asombrosamente muchos de ellos son el modelo Peugeot 206. Me acomodé en el asiento de atrás del coche, junto con Primavera. Como conductora, teníamos a Jazmín y también estaba con nosotros Arash, novio de Jazmín, un gran tío, muy majo, que conocí en la fiesta de la noche anterior y que, entre otras cosas, me hizo de ‘Wingman’ para que Primavera y su hermana tardaran en irse y así tener yo más tiempo. Jeje.

No sabía donde íbamos, pero me daba igual. En estos casos es lo mejor que puedes hacer. Que alguien local, nacido allí, te lleve al sitio que él quiera. Sobre todo cuando se trata de países como estos, los cuales brillan por su falta de comunicación con el exterior y realmente uno no sabe qué es lo que se puede encontrar en él hasta que no está allí. Nos dirigíamos rumbo a un restaurante al norte de Teherán, donde termina la civilización y empiezan las montañas. Risas, charlas y demás, en el coche. Jazmín hablaba por los codos con su novio; ella habla si cabe más que yo, pero hablaba en farsi así que no entendía nada. Era como si estuviera recitando un cuento, pues no paraba de hablar. ¡Y para nada me molestaba! Amén que la lengua farsi suena muy bien (al menos el farsi con acento de Teherán), yo iba a mi rollo con Primavera; ella me enseñaba frasecitas en farsi del rollo ‘te quiero’ y otras bobadas, las cuales yo repetía como un loro y con ese toque de humor añadido que le otorgo, el cual muchos de los que me conocéis os podéis hacer una idea del ‘circo’ que puedo llegar a montar con 2 simples frases. Primavera se partía de la risa.

Llegamos al sitio, en el punto más alto de la ciudad, con las laderas de la montaña forradas con pinos y algo de nieve a nuestras espaldas y de fondo, la ciudad iluminada de Teherán. Aquella zona era como el típico sitio de montaña, con casitas de piedra por calles estrechas. Un fuerte y agradable aroma de carne a la brasa y gente yendo y viniendo de un lado a otro, todos con mismo propósito: evitar el increíble frío de aquellos días en un restaurante cálido para cenar y relajarnos, pasar un buen rato.

Yo estaba encantado de estar por allí, apenas tenía siquiera que pensar, tan sólo disfrutar. Con la mejor compañía posible, adentramos en un restaurante donde un gran fuego iluminaba la cocina a mano derecha que, junto con el delicioso olor de la ternera a la brasa, hacían de ese lugar una apuesta segura para ponerse las botas con la mejor comida iraní. Nos sentamos en una alfombra, en el suelo y como todos hacen, nos quitamos los zapatos. Cojines y almohadas a nuestros lados para estar tirado al más puro estilo persa, mientras esperamos la comida, té y shisha.

Me preguntaron qué me gustaría comer; les di el poder de la elección, pues a mi me gusta todo, excepto la coliflor hervida, alimento el cual odio a muerte. Algunos compañeros de beca os podrán contar las veces que, cuando bajábamos al restaurante de las Emirates Towers, donde solíamos comer, comentaba a los camareros y cocineros que la coliflor es un alimento que no debería existir en la tierra y que por favor me dieran una hoja de sugerencias para escribir que eliminaran la coliflor de ciertos platos que ellos servían a la hora de comer.

Y llegó la hora de disfrutar, de charlar, de las miradas cómplices con Primavera y de ver cómo una vez más no puedes mostrar afecto, porque estás en un país con el régimen que ya sabéis cuál es y hace que todo afecto entre personas deba de ser puertas hacia adentro, algo que según yo pienso, es antinatural.

El menú estaba escrito íntegramente en farsi así que ni siquiera supe lo que pidieron, pero básicamente y como toda comida iraní, ésta se basa en algo de verduras, carne de ternera y pollo y arroz, amén de más cosas, pero eso es lo básico. ¡Y qué rico estaba! Y bebí un poco de té, con poco azucar, al estilo iraní, amargo como él solo. Y la shisha, ¡qué rica estaba! En el jarrón de cristal no llevaba agua sino algo diferente, era líquido de color  blanco, tal vez agua mezclada con leche, o vete a saber. El caso es que todo estaba riquísimo. Compartíamos la shisha mientras hablábamos y me comentaban cositas acerca de su cultura y sus costumbres.

Se acercaba la medianoche y todos teníamos que irnos, principalmente porque el restaurante cerraba. El camino de vuelta fue largo, pero a mi me daba igual. Es más, incluso mejor, así podía pasar más tiempo con Primavera, en aquella parte trasera del coche, la cual fue nuestro sitio más íntimo. Nunca olvidaré su mirada, aún más bonita si cabe gracias a esos ojos. Y su ternura, la cual hacía que me sintiera muy confortable junto a ella. Y de repente recordé que el amor aún existe, al menos en Irán.

La invité a venir conmigo a la estación de esquí pero, una vez más, esta cultura impiden de manera ridícula una relación entre 2 personas; para que un hombre y una mujer compartan habitación en hotel, han de estar casados o de lo contrario no está permitido que duerman juntos. A su vez, ella trabajaba, así que fue imposible que viniera a la nieve.

¿Pero sabéis qué? Mejor, porque hay ciertas cosas que no puedes hacer con tu amada, ya que eso que vas a hacer mientras ella está ahí también es tu ‘otro amor’, y ella se puede enfadar. Esta vez mejor que Primavera no se viniera, pues tocaba una cita, de nuevo, con mi verdadero amor, de nombre nieve, en el sitio que siempre solemos elegir para vernos, la montaña. En un lugar único, en una estación de esquí llamada Dizin, a 2 horas de Teherán, dirección norte. En Irán, el país en el que nunca pensé que iba a visitar pero por circunstancias de la vida, aquí me hallo.

Me despedí de Primavera y los demás, con la mente más puesta en el día siguiente que en el momento. Tenía que preparar toda la maleta con la equipación de nieve, dormir y salir ‘pitando’ de allí a las 6 de la mañana, hora en la cual tenía una cita con el taxista de la agencia de taxis con los que había acordado el desplazamiento desde Teherán hasta la estación de esquí.

Llego a casa y Brero y compañía no estaban. A pesar que me dijeron que vendrían conmigo a esquiar, vi que no estaban muy por la labor pues, era más de medianoche y aún no habían aparecido por casa. Llamo a Brero y su tono de voz le delata, iba medio pedo. Otra fiesta más. Esta vez estaban en el bar de un canadiense donde sirven alcohol. Si, señores, en un país donde está prohibido el alcohol tanto la venta como su consumo, allí servían. Y el canadiense no se cortaba, según Brero me contaba. Has de conocerle tan sólo un poco, para que te sirva alcohol de estraperlo. Lleva muchísimos años en la ciudad me dice, y ya todos le conocen, sobre todo los expatriados. Y es que siempre existirá una vía de escape, porque al campo no se le pueden poner vallas.

-“Ya si eso y tal vamos mañana, nos levantamos y vamos juntos, pero que si vemos que llegamos tarde y nos liamos y tal y cual, a lo mejor no” -Me comenta Brero por teléfono.

¿Está claro, no? ¡jajajajajaj! Pero a mi me daba igual, ya estaba concienciado para subirme por mis propios medios ahí arriba. A disfrutar de nuevo, con mi amada, nieve, esta vez a unos 5500 kms. lejos de casa. Porque a veces no hace falta compañía en ciertos sitios, porque a veces una desconexión es necesaria. Porque cierto tipo de deportes es mejor practicarlos sólo que acompañado, pues cada uno lleva un ritmo. Ansioso me retiré a la cama, para dormir unas pocas horas antes de levantarme y comenzar lo que sería mi tercer día en Teherán, el mejor de todos ellos. Ella, la montaña y yo.

Mención especial a mis amigos que les gusta el Snowboard; ojalá hubieran estado aquí conmigo disfrutando este maravilloso momento que yo iba a vivir en unas pocas horas. Besos y abrazos a todos/as.

Enlace al álbum de fotos:

2012-02-03 Teheran – dando una vuelta por Teherán

Cerrado por vacaciones

Estimados lectores/as,

Tan sólo quedan unas pocas horas para empezar lo que va a ser lo que yo llamo ‘el gran viaje’. El gran viaje consta de ni más ni menos, una visita a ciertos sitios, pasando por 5 países diferentes:

– Beijing (China)
– Puerto Galera y Boracay (Filipinas)
– Bangkok (Tailandia)
– Templos de Angkor Wat (Camboya)
– Ho Chi Minh City (Vietnam)

Y tengo que disculparme ante todos vosotros/as, queridos lectores, pues no he completado el relato de Irán y tampoco he podido empezar el de Maldivas. Ambos relatos contienen muchas aventurillas y momentos, los cuales he tenido que apuntar en una hoja aparte, del rollo esquema para que, cuando vuelva, reanude la redacción y pueda contarlos como si no hubiera pasado mucho tiempo, ni borrado nada de la memoria.

Y es que no hay nada mejor (ya lo dije en mis primeras entradas de blog), que recordar algo, escribiéndolo y con fotografías. Con esto conseguiremos un mejor recuerdo del momento, combinando las 2 poderosas fuerzas que son la palabra y la imagen. Porque una imagen vale más que mil palabras y una imagen ha de ser descrita con más de 1000 palabras; así conseguiremos revivir esos días que tanto nos marcaron y también haremos sentir al lector dentro de la historia relatada.

No tengo palabras para expresar lo que siento ante este acontecimiento. Nunca pensaría que fuera a hacer algo así, pero la vida da tantas vueltas que nunca sabes dónde vas a parar. Eso sí, más o menos sabrás donde vas a parar pues cada uno marcamos nuestro camino y por lo tanto, nuestro destino. Y aún siempre habrán factores externos; ergo no preocuparos tanto, pero si luchad por aquello que queréis conseguir.

Seguiría escribiendo, pero me enrollaría cual persiana; cada relato que hago, más me extiendo en el mismo y lo peor, ¡más me gusta! Creo que dentro de poco perderé adeptos… de lo contrario, vais a tener que leeros unos ladrillos que ni los de la burbuja inmobiliaria en España durante estos año atrás (jojojo).

Un abrazo a todos/as, volveré la última semana de agosto, con mil experiencias y movidas, para compartir con todos.

Que os vaya bien el verano. Espero disfrutéis lo máximo que podáis, con vuestros cercanos y parientes. Experimentar y vivir, con control, con honestidad, pensando en el prójimo y en los que tenéis más cerca; pues nunca sabrás qué pasará mañana (y menos hoy en día).

¡¡¡HASTA PRONTO!!!

Rise of the phoenix

Irán, civilización milenaria (I): Un primer y largo día

Embarcábamos en el avión, previo ritual de hacer un par de fotos a los ‘tickets’ de avión y subirlas al Facebook, indicando en mi absurdo estado, el cual no sé si le importará a mucha gente, que me piraba de viaje una vez más. El vuelo lo iba a realizar con Qatar Airways (mejor compañía que Emirates, por supuesto) y hacía una pequeña escala en Doha, capital de Qatar. Era el billete más barato con diferencia de otros y, os recuerdo que somos becarios y podemos con todo, hasta con escalas de un millón de horas, entre vuelos.

El vuelo comenzó aproximadamente a la 1 de la madrugada y, si bien es cierto que no pensé que iba a dormir mucho, tampoco imaginé que me iba a ser imposible dormir; ya dentro del avión, vi que me tocó el premio gordo, madre con hijo pequeño, justo detrás mía. Unas cuantas filas más atrás, otra madre con su hijo (o hija) también se preparaban para dar la noche en el avión. No se qué ostias pasa con los niños en los aviones. Es como si de repente, les apretarán un botón y éstos empezaran a actuar de modo ‘diabólico’, con energía ilimitada, llorando, moviéndose, pataleando, chillando y llorando más y más.

Si a esto le sumas que estas maravillosas madres pasaban de sus hijos bastante, tenemos la combinación perfecta. Una máquina de generar ruido estridente, con permiso total para llorar y gritar, haciendo que el viaje se convierta en lo más incómodo que te puedas echar a la cara. ¿Es que a ninguna madre se le ocurre decir al niño o niña, que aparte de él, hay más gente en el avión y es de mala educación hacer lo que está haciendo? Y aunque sea muy pequeño, seguro que algo capta, que son muy listos. En vez de esto, una de las madres se dedicaba a taparle la boca (a veces) al niño. La otra madre, ya ni me acuerdo de si le decía al niño que se cayara o no. Sólo se que usé los cascos como orejeras para no escuchar tanto, y también me lié una especie de bufanda a la cabeza, que la mujer mayor que estaba sentada a mi lado, extrajo de su abaya (el vestido negro que llevan las musulmanas) y me la prestó; me vio tan agobiado que me la ofreció para taparme, mientras me miraba y asentía con la cabeza que la situación era muy molesta. Sólo sé que quería descansar un poco por la noche, pues esa misma mañana me hubiera gustado levantarme fresco para ir a hacer snowboard. Pero no fue así.

Después de una escala, algunas turbulencias y un par de horas largas; llegué al aeropuerto de Imam Khomeini International Airport, a las afueras de Teherán. He de decir que una extraña energía me invadió en aquel momento. Si ya de por sí soy ‘un culo inquieto’, imaginaos cuando una inyección de energía generada por la incertidumbre, emoción y ansia de conocer un sitio nuevo, que apenas has oído hablar sobre él y lo poco que has leído/oído no es de agrado, envuelve mi cuerpo y mente. Con los ojos abiertos como platos, desembarqué en dicho aeropuerto y me dirigí a recoger la maleta. Salió mojada y muy fría. Bienvenido al invierno de verdad.

Mientras esperaba la maleta, alzaba la vista y me fijaba en la gente de mi alrededor. Ellas, con una especie de bufanda que les tapa la cabeza, pero se les permite asomar el flequillo. Ellos, nada que ver con los árabes. Son persas, y son diferentes. Desde mi punto de vista, ellas son más guapas y ellos son hombres normales y corrientes, alguno que otro igual de cejijunto que los árabes.

Un aeropuerto antiguo, pequeño y curioso. Luces tenues, el silencio como norma general, un ambiente raramente tranquilo. Y ahora es cuando uno piensa, ¿qué cojones hago después de recoger la maleta? Haciendo caso de las indicaciones que Miguel, mi amigo y también becario de informática en la oficina de Teherán (Brero de aquí en adelante) me dijo, no me fue nada difícil encontrar alguien que se ofreciera a llevarme a la capital de Irán. Con mi pinta de guiri y una hoja con la dirección de casa de Brero impresa en ella, tendría una suculenta pieza de caza mayor para los estafadores; me abordaron un par o tres transeúntes a los pocos segundos. Mi confianza y nivel de regateo, ya forjados en Dubai, hicieron que no titubeara demasiado y me decanté por elegir al primero de ellos, el cual le dije que le pagaba 20 dólares desde el aeropuerto a mi destino.

Él me dijo 25, yo 20, y así estuvimos negociando durante todo el camino del aeropuerto a casa. Esta persona, la cual se identificó como un policía del país al que no le llegaba el sueldo para mantener a su familia y tenía que hacer de taxista, fue la que me llevó a casa de Brero. De estatura media, pelo medio-largo negro y ondulado, pantalones vaqueros, chaqueta de cuero, jersey de lana y zapatos con suela de goma gruesa. Y así el 90% de los hombres en Teherán, hombres con un estereotipo y vestimenta similar a la de los años 70-80. En este país es como si todo hubiera quedado congelado, detenido en el tiempo, hace 40 años, cuando ocurrió el cambio de gobierno.

Su antiguo coche no me generaba mucha confianza pero, a su vez, me fiaba de él, o me tenía que fiar de él, por huevos. Me agarré a un clavo ardiendo. En este caso el clavo ardiendo es la seguridad del ciudadano, que predomina en los países islámicos. Esto que hice, no creo que pudiera haberlo hecho en otras partes del mundo, donde en algún lugar, seguro, me hubieran robado hasta las pestañas, nada más aparecer sólo por el aeropuerto. Con la calefacción a todo trapo, evité que me quedara congelado, ya que después de venir del calor dubaití uno se hace al calor y soporta menos el frío, y para más inri estaba lloviendo (agua-nieve) y cero grados exterior. Mi mente proyectó una imagen de la estación de esquí nevada y recibiendo un glorioso paquete, dispuesto a ser desvirgado por mi tabla de snowboard, sonreí y el frío me importó menos.

El ‘policía-taxista’ sacaba pipas del bolsillo de su antigua y mugrosa chaqueta de cuero, me las ofrecía y yo las comía con gusto, tenía más hambre que el perro de un ciego. Eran las 4 de la mañana y me quedaba 1 hora de camino. El taxista apenas hablaba inglés, y las veces que lo intentaba, yo desistía, pero de manera agradable, por supuesto; un diálogo de besugos acojonante, pero a la vez gracioso, porque el tío se reía, y yo también. Y, aleatoriamente, me soltaba la frase de ‘please, 25 dolar’ y yo le decía:’no, 20, I am not rich’. Que no soy rico, ¡cojones! ¡Que soy un becario, aprendiendo del oficio de la vida, entre otros asuntos!

Durante el trayecto, intenté dormir pero, la emoción y la inquietud de saber que estaba en un país conflictivo, hacían que no pudiera conciliar el sueño y me fijaba en todo lo que había a mi alrededor, y más. Atrás quedaban las bromas de la oficina con Raúl, ex-becario y que ahora trabaja ubicado en el CDN. No pasaba día que me soltaba un ‘olé tus cojones’. Y es que por aquel momento (Febrero 2012) salían noticias cada semana sobre los movimientos de tropas de guerra por el mar arábigo y todo el golfo pérsico, y también del embargo bancario mundial al que ha sido sometido el país. Claro está que no invitaba amablemente la situación a visitar Irán, imagínaos que llego a despeinarme por la onda expansiva de una bomba nuclear, no mola, ¿verdad?

Pasamos cerca de una enorme mezquita muy chula; lástima que hasta aquí no hiciera fotos. Era de noche, y el coche se movía mucho. Y cuando digo mucho, es mucho. La autopista, si es que se le puede llamar así, estaba castigada por el paso de los años y por vete a saber qué. Llena de agujeros, de charcos de agua del tamaño de un lago; no había momento divertido en el que o botabas, o hacías ‘aquaplanning’. Pero el ‘policiataxista’ controlaba, vaya que sí, y fue un viaje emocionante. De repente luces y algo más de tráfico, entramos en Teherán. Sí, todo esto por intuición, digo yo que sería la ciudad porque ya empezaba a ver calles, puentes, luces de colores en los puentes (les gusta mucho decorarlos) y algo más de tráfico. Y más agujeros y socabones repletos de agua, perfecto para seguir disfrutando del ‘aquaplanning’.

Deciros que el tío no tenía ni pajolera idea de dónde vivía Brero y tuvimos que ir preguntando a transeúntes que deambulaban por las calles de Teherán, a las 4  y media de la madrugada, con una lluvia y un frío de cojones. Estos momentos para mi fueron increíbles. Estas son las aventurillas del S.XXI, a las que un mortal puede tener acceso. Y las recomiendo encarecidamente, aunque si bien no todo el mundo tiene este perfil de busca vidas y ‘echao p’alante’, otros sí. Pero creo que, la mayoría de expatriados tenemos este mismo perfil, con mayor o menor nivel de ser intrépido y deberíamos viajar a algún país ‘raro’ en algún momento dado. Porque, desde mi punto de vista, hacer más es vivir más y, por lo tanto, aprendes más.

Telefonazo a Brero, y notando la sangría que el Roaming produce en los saldos de los teléfonos móviles, hablé con él; ya estábamos cerca. Milagrosamente,  a la 5 de la madrugada, encontré su casa. Brero me esperaba, bajó con la cara de aún dormido, ataviado con una chaqueta y el pijama debajo. Aquí el taxista fue listo, sabía que en esta zona de Teherán la gente es más rica que en otras y empezó a rallar a Brero con la cifra de 25 dólares por trayecto, que le hacía falta el dinero. Yo le dije que no, que ni de coña, que lo negociado fueron 20 dólares, pero Brero cedió.

– ‘Pero tío!’ ¿Por qué? – le digo
– Es que me estaba agobiando…
– Aaahh, tendrías que haberme dejado…

Más adelante, en su viaje a Dubai, Brero descubriría por qué no hay que ceder y cómo mis habilidades de negocio y regateo aumentaron a niveles insospechados.

Él tenía que levantarse en un par de horas para entrar a la oficina. Rápidamente, me explicó los detalles de todo lo necesario. Al lado de su casa había una agencia de taxis 24 horas, la cual me mostró y me presentó ante ellos, ya que esa mañana tras dormir un poco, quería subir a la pista de esquí cerca del norte de la ciudad. Esta agencia de taxis me dio la vida e hizo que fuera capaz de moverme donde quisiera.

Ya en su casa, enorme y diáfana, con 3 habitaciones y 2 baños, se auguraba algo genial para esa misma noche del jueves a las 20.00; había convocada una fiesta con motivo de la despedida de Jorgue, su amigo brasileño. Son las 5 y media de la madrugada, Brero dispone de una cama hinchable, la cual iba a crujir de lo cansado que estaba, hacía un frío del carajo, la calefacción en su habitación no funciona bien del todo y las ventanas no son herméticas pero, os recuerdo una vez más, ¡¡SOMOS BECARIOS Y PODEMOS CON TODO!!

Antes de irme a la cama, me hago millonario. Me refiero a que Brero me da los dos millones de riales iraníes que iba a disponer para el inicio de mi estancia. Por aquel entonces, un euro equivalía a 23.000 riales aproximadamente, o 2,3 ‘tomanes’, palabra que usan para las transacciones monetarias. Y es que es más cómodo hablar en unidades que en millares o millones. si tienes un billete de 50.000 riales (2 euros), ellos dicen 5 tomanes (quitar 4 ceros). Me costó un poco pillarlo, no os lo voy a negar.

Me tapo, me echo por encima un par de toallas e intento conciliar el sueño, pensando en que tenía que levantarme cerca de las 10 de la mañana para intentar subir a la pista de esquí llamada Tochal, justo en el norte de Teherán, para el primer contacto con la nieve. Y aquí pequé de novato.

Dormí lo que pude y lo que mi cabeza pensante me dejó; a las 11 me levanté y me dirigí, con la ropa de nieve (idónea para el momento pues el mercurio no apuntaba en la calle más de 2 grados) a la agencia de taxis. Y qué rabia me da olvidarme del nombre, pero mi primer desplazamiento fue  con un chaval joven iraní, que hablaba inglés bastante bien; llamémosle el taxista joven. El taxista joven me preguntó si tenía hambre, le dije que por supuesto si no, no podría esquiar.

Nos acercamos con el coche a una especie de centro comercial y me indica un sitio para tomar café. Eran las 11 y media de la mañana y la vida en la calle iba apareciendo, cada vez más y más gente en su día a día. Y es que en una ciudad con 14 millones de habitantes, ¿cuándo no dejas de ver  gente? Muchas de sus miradas se fijaban en mi, y en mi atuendo  que en esta ocasión era para practicar snowboard. La gente pensaría algo como: “¿Pero a este tío que se le ha perdido aquí?” y (aquí dejadme soñar) seguro que algunas de ellas pensarían: “Vaya vaya, un extranjero, qué interesante…”

Cafetería normal y corriente, como las de toda la vida, con su café, pasteles y demás bollería. Chicos y chicas juntos. Ellas con la bufanda tapándoles el negro y largo pelo. Me asombro y veo más interacción aquí que entre personas en Dubai. Empiezo a ver a un pueblo normal, con gente normal, actuando de manera normal. Creo que el norte de Teherán es la parte más ‘occidentalizada’, o la menos influida por su religión. En ningún momento me sentí extraño. Tras el café con leche y bollería, invitado por el joven taxista, nos apresuramos a volver al taxi y pusimos rumbo al norte de Teherán. Impaciente me hallaba para llegar. Y haciendo fotos de cada lado de la calle, de todo lo que veía era nuevo para mi, algo fascinante.

Ellas, muy guapas. Qué ojos, y qué rostros. Chicas, ¿no habéis pensado alguna vez en haceros las cejas rectas o de punta hacia arriba? Qué exótico todo.

Aquí se lleva el copiar marcas de grandes multinacionales, e incluso fusionarlas, veáse el logotipo de Hardee’s (burguer americano) y KFC, llamándole SFC (Superstar Fried Chicken) con el logotipo de Hardee’s y la tipografía de KFC. ¡La risa!

Quien promovió todo el cambio, aparece una y otra vez por la ciudad. Propaganda, a tope.

Y ya, por fin, nieve. Atónito yo, ante mis ojos, ella hacia presencia. Montañas completamente nevadas, nieve por las calles. No cabía en mi mismo. Una sensación indescriptible. Un sueño se estaba haciendo realidad.

A pesar de que dudábamos si la pista estaba abierta o no, me dio igual. Decidimos probar suerte. Lamentablemente, recibimos la mala noticia; esta estación de esquí no es muy grande (parecida a las estaciones de Valdelinares o Javalambre) Y no dispone de un horario a tiempo completo como me imaginé que tendría; estaba cerrada pues solamente abrió esa misma mañana. Vaya, Sergio, ¿no pensaste que estabas a 6000 kilómetros de casa y tal vez las cosas funcionen un poco diferente a las de tu país? No obstante, el viaje no fue en vano. Unas cuantas fotos, tocar la nieve, ver cosas nuevas, respirar aire frío (cosa que hacía tiempo no hacía).

Y sí, me jodió bastante no haber subido esa mañana, hubiera sido genial, el primer contacto con la nieve. Pero bien es cierto que hacía mal tiempo y seguro que arriba no se vería nada. Me deleité con el paisaje, mirando hacia el horizonte y vislumbrando Teherán de arriba a abajo, pues estábamos en una de las zonas altas de la ciudad.

Un ameno trayecto con el taxista, el cual me hacía muchas preguntas, entre ellas la típica de la zona: si estoy casado. No, joder, no estoy casado. Eres la persona un millón doscientas cincuenta mil veintiocho que me lo pregunta. ¿Acaso tengo cara de casado? Qué importante o qué impositivo, es en su cultura, el casarse. Diferencias culturales, somos lo que nos rodea.

Tras unas cuantas fotos, cogimos de nuevo el coche y volvimos a la oficina, cerca de casa de Brero. Éste estaba todavía trabajando, y aproveché para ir a ver la oficina comercial en Teherán. Cogí otro taxi y dirección en mano, me llevó. Ubicada en una antigua casa de más de 2 plantas, jardín, piscina (no utilizable) y demás lujos ‘a la antigua’, su pintoresca construcción de los años 60-70 le dan un aspecto característico y junto con el gris invierno, nos sentimos como si hubiéramos viajado en el tiempo, retrocediendo unos 40 ó 50 años atrás. Realmente te sentirías en otra época, si no fuera por los móviles, televisión o Internet.

Tras charlar un rato con la gente de la oficina, conocer a Fernando y Javi, sus 2 compañeros de piso, y comer un plato típico persa, que consta de arroz y carne, llegó el fin de jornada laboral, que daba paso al disfrute del fin de semana, el mismo que tenemos en Dubai, viernes y sábado. Tocaba preparar la fiesta de la noche. Despedida de su amigo Jorge.

Y yo me preguntaba cómo conseguirían el alcohol, y lo que no sabéis es que hay un gran mercado ‘underground’, un mercado negro, el cual puedes conseguir de todo. Y cuando digo todo, es de todo. Pero esto es otro tema y no vamos a profundizar, no sea que me entren las fuerzas especiales un día por la ventana, tras publicar algo en el blog.

Una compra en el supermercado, unos refrescos, snacks, a un precio de risa, la vecina que preparó unos platos típicos persas. Tenía que dormir; son las 17:30 y acordaos que mi día había empezado el miércoles y, después de currar todo el día, tener que preparar la maleta, haber tenido la confrontación y el rifi-rafe con mi ex-compañera de piso, haber cogido el vuelo a las 01:00 am (ya es jueves), no haber conciliado el sueño en el avión debido a los maravillosos niños, haber  viajado en el taxi con las condiciones meteorológicas adversas y la carretera más peligrosa del mundo, haber llegado de madrugada a casa de Brero, haber intentado echar una cabezada de 6 a 10 AM despertándome cada media hora para  irme fresco a la pista de esquí, haber llegado a la pista de esquí y ver que estaba cerrada, volver de nuevo e ir a la oficina comercial, comer y volver a casa andando, hacer una pequeña compra para la fiesta, estaba rendido. Pedí tiempo muerto y logré dormir otras dos horillas, que me dieron la vida.

eran cerca de las 20:00 y ya habíamos retirado todos los muebles del gran espacio diáfano que tiene la casa. La cocina y salón es todo uno, separados por una barra americana, y el espacio es ENORME, lo corroboro. En la anterior fiesta que se celebró, Brero me contó que tal vez habrían unas 60 personas, ¡en un apartamento! Se les fue de las manos. Y viendo las fotos lo corroboro también, menudas caritas.

Esta fiesta no iba a quedarse corta y retiramos de nuevo todo mueble para dejar un gran espacio. Mesas y sillones, pegados a la pared, para que se sentaran alrededor del gran espacio generado. Las enormes alfombras, directas a la habitación de Brero,

Y a las 20.00, poco a poco iba llegando gente, a cuenta gotas. Parecía que no arrancaba, pero se iba llenando de gente cada vez más y más. El equipo de música ya estaba preparado, para liarla. ¿Policía? Es igual, a los expatriados no les hacen ‘nada’, mientras no quemes la casa o algo similar, por supuesto. ¿Pero qué tiene de malo tener un poco de juerga en fin de semana? Gracias a dios que los vecinos no se quejan. Realmente no tiene que ser nada agradable lidiar con la policía de un país como éste. Aunque, por suerte, con los expatriados hacen la vista gorda, son algo más permisivos que con sus conciudadanos.

Me presentaban a todo aquel que llegaba, un gran esfuerzo en memorizar nombres, si cabe, imposible. Y me sorprendió que no todos eran iraníes; también había mucho expatriado de diferentes partes del mundo. Hasta cubanos, señoras y señores. ¡Un cubano en Irán! Y no solo uno, sino dos. Al final de la noche me encontré con otro cubano, el cual me alegró bastante saber su opinión respecto a mis bailes. Si bien llevaba desde que aterricé en Dubai bailando 3 veces por semana, o más, mi técnica y estilo habían mejorado, hasta tal punto de ser catalogado como cubano, por un cubano. ¿Por qué? le pregunté. Él respondió: ‘Compañero, ¡te mueveh como mih hermanos y amigoh de Cuba!’ Esbocé una gran sonrisa y seguí haciendo el moñas por la fiesta.

Y también habían chicas, vaya si habían. De todos los países pero abundaban ni más ni menos que persas, con esos rasgos tan característicos y esa belleza iraní, única en el mundo. Curiosa me pareció su manera de entrar a las fiestas pero claro, es por imposición. Aparte que era invierno, ellas no pueden mostrar carne, sólo pies, manos y un poco el flequillo de su pelo. Venían tapadas hasta las cejas y, conforme entraban por la puerta, no saludaban a casi nadie, sólo al que les abrió la puerta y, acto seguido, corrían al aseo, o habitación, con el detalle que llevaban un gran bolso en la mano. Chicas rápidas donde las haya, 10 minutos más tarde, salían vestidas como cualquier chica occidental en plena noche de fin de semana, incluso vi alguna falda cuya anchura era inferior a alguno de mis cinturones.

Ahora sí, ya estaban preparadas para saludar, sonreír y mostrarse al público. No hay problema sin solución. Ese bolso guardaba algo más que el típico universo de mujer; ¡la muda de fiesta!

La noche transcurría, la gente se animaba, algunos empezaban ya con los ‘shots’ o chupitos, como bien queráis llamarlo. La cocina era un hervidero de gente, sirviendo copas a tutiplén. Un muy buen ambiente, bastante diálogo con los asistentes de la fiesta y algo de baile. Le dije a Brero que por favor, seleccionara alguna canción de música latina, salsa, bachata; aquella que hace mover el cuerpo sin necesidad de nada más. Y empecé a bailar, a mover el cuerpo al son del ritmo latino. La gente miraba y preguntaba dónde había aprendido a bailar, o si era profesor, les daba las gracias y que ni mucho menos era profesor, simplemente que me he aficionado a esto y me gusta muchísimo tanto seguir aprendiendo como enseñar.

Y saqué a alguna persa a bailar. Enseñarle un poco el básico, guiarla bien y a disfrutar. Y realmente quedaban fascinadas de ver como un chico las mueve de un lado a otro, viendo que ‘sabes’ y controlas giros, paradas, etc. Aunque, he de decir que a una de ellas le di tantas vueltas que creo acabé por matarla aquella noche. Ya la había visto en la cocina dándole duro al tequila, cuando se animó a bailar. Y vaya si le gustó,que no soltaba, pero la pobre no se daba cuenta que se iba resbalando poco a poco y tenía que sujetarla para que no se cayera a veces. Yo quería parar pero ella se animaba de nuevo y a darle de nuevo vueltas y vueltas. Mis mas sinceras disculpas, pues no le sentó nada bien el darle tanto meneo, acto seguido se fue apagando poco a poco y dio paso a la escena que todos podemos protagonizar si te pasas con el alcohol. Acabó K.O.(aunque resucitó a las 2 horas, con la cara echa un cromo, como si hubiera sobado 12 horas).

Y la gente de la fiesta veía que bailaba y ellos también se animaban a bailar. Si señor, al fin, una fiesta en una casa, donde la gente baila.

Pasaban las horas, unos iban, otros venían. Brero iba como una peonza, dando vueltas por su casa, como si no la conociera y haciendo fotos (no todas las que debiera, pues iba como un terremoto), apenas hablé con él esa noche, iba charlando con la gente de la fiesta, muy majos todos ellos. De repente, entre mis idas y venidas por la casa, un encontronazo en la cocina. Ella, de nombre, Primavera.

El rostro de Primavera es puramente persa, con grandes rasgos marcados, cejas y labios gruesos y unos ojos de mirada penetrante. De estatura media y con un escueto y ajustado vestido negro, y un taconazo de vértigo. Empezamos a hablar y hablar, sentados, de pie. Bailamos algo, pero poco, sobre todo hubo diálogo, risas y conexión. Un sentimiento el cual ya había casi olvidado, cosa que suele ocurrir en Dubai, pero esto es tema aparte.

Pasaban las horas y Jorge el brasileño hizo acto de presencia. Cuántos lazos se establecieron entre toda esta gente, en esta comunidad de expatriados que, a pesar de que a Jorge le quedaran 2 horas para coger su vuelo de ida sin vuelta a su tierra natal, él pasara por la fiesta, para despedirse de todos ellos. Algunos lloraron, otros entre abrazos, sonreían y charlaban. Todo un poco más exaltado de lo normal, como suele pasar cuando hay copeo por en medio. Pero muy, muy buen rollo. Yo hablé con él un poco, lo justo para ver que es un tío grande. Unos van, otros vienen, uno de los contras de estar viajando por el mundo, siempre hay posibilidad de que tus grandes lazos con gente se deshagan debido a que muchos vuelven a su tierra natal, o se mueven a otra parte del mundo.

Y volví al ajo, al diálogo con Primavera. Y ella se asustó, puso su mano en el corazón y me dijo que tenía que irse, que su corazón empezaba a latir y sentir de nuevo, y tenía miedo. Miedo a caer en las redes del amor. Me reí bastante y la vez vi el gran sentido del humor que tiene y a pesar de las barreras lingüísticas entre gente de diferentes culturas, nos entendimos  muy bien.

Eran cerca de las 4 de la mañana, o más, ya ni me acuerdo. Sólo se que ya no podía ni con mi alma. Brero y sus compañeros de piso, ya estaban en la fase de resaca. La pobre chica la cual acabé con ella con las vueltas bailando, resucitó y se fue también con todas sus demás amigas. La gente se enfundaba sus abrigos, ellas se ponían de nuevo su vestimenta de largo, obligada. Tapan su melena. Primavera estaba con su hermana y el novio de su hermana, los cuales también conocí y hablé con ellos, sobre todo con el novio de la hermana, para pedir apoyo y que estirara lo máximo el tiempo antes de que se fueran; aún tenía un par de cosas pendientes con Primavera, que revoloteaba por el piso. Y como bien pasó, se fue la última, he hizo la típica jugada de mujer que quiere ser deseada y se mostró lejana; y yo también me marqué esa típica jugada de hombre duro y recio que sabe que ella desea que vayas, pero no vas. Y al final vino ella, antes de bajarse con el ascensor y nos dimos los 3 besos típicos de despedida, pero el último no fue en la mejilla. Y se fue.

Sí, fue un momento bonito, de esos de película, o de romance. Seguro que ahora mismo, si me lee alguna chica, estará sonriendo porque, se lo que os gusta este tipo de historietas. Y si me lee algún chico, fijo que más de uno pensáis que soy una nenaza, o algunos habrán pensado aquello de ‘vaya mariconada estás contando compañero’. Qué risas. No sabía si iba a verla más. Es una sensación rara, seguro que a alguno os ha pasado y ya sabéis más o menos cómo pude haberme sentido en aquel momento. Un momento de placer y  de cuestionarse uno mismo cosas; en la mente quedó dando vueltas un “Por qué…”.

Brero deambuleaba camino a su cama y yo ya sabía que me iba a dar la noche roncando. Gracias a Dios llevaba unos tapones de silicona para los oídos, he hice buen uso de ellos. Al fin pude echarme en la cama hinchable, para dormir. Me tapé lo máximo que pude, hacía un frío que pelaba, me eché un par de toallas por encima de la manta, para dar más calor aún. Me enfundé el buff en la cabeza para mantenerla calentita, pues entraba una brisa helada de no se dónde cojones, y a dormir unas cuantas horas, que mientras éstas pasaban, el aire también pasaba de quedarse dentro del colchón, dando lugar a despertarse al día siguiente semi-hundido entre el colchón y el suelo, cual morsa varada.

Atrás quedaba un largo día, tan largo como este post, y espero que algún valiente lo lea y disfrute con él. Lo compensaré con el día siguiente, que no fue tan largo aunque, le estoy pillando el gusto a esto de escribir, ¿quién sabe si me enrollaré más si cabe, en el siguiente relato? ¡¡Un abrazo a todos y todas!!

2012-02-02 Teheran – un primer y largo día rodeado de persas

Irán, civilización milenaria: El por qué de este viaje (Introducción)

Después de Sri Lanka, llegaron las navidades. Y fueron unas navidades tranquilas. Tras encadenar 2 viajes consecutivos ,a Jordania y Sri Lanka, tocaba descansar. A su vez, ya que todo cristo en la oficina iba a ausentarse ya que tomaron vacaciones, me otorgaría la posibilidad de hacer eso que tanto nos gusta a los informáticos, trabajar sin tener usuarios, poder tocarlo todo a nuestro antojo, tenerlo todo bajo nuestra merced. Y es que muchos equipos informáticos estaban ‘patas arriba’ y tocaba darles un repasito, o más bien un borrón y cuenta nueva. Y también aproveché esta tranquilidad navideña en el trabajo, para decidir el siguiente destino a descubrir.

No se si ya os he comentado que soy un enganchado al snowboard. Si por mi fuera, me tiraba meses en un resort de esquí todo lo que dura una temporada, para disfrutar de la montaña, su nieve y los descensos sobre una tabla de snowboard. Llevo más de 6 años practicando y, a pesar de que el invierno en Dubai no se siente como tal, pues sus 26 grados o más durante los meses de invierno hacen que te olvides de él, mi mente, como cada año, comienza a pensar en montaña, nieve y descensos. Entonces accedí al maravilloso Google y empecé a buscar información acerca de estaciones de ski por la zona. Habían 2 posibles destinos: Líbano e Irán. Rápidamente me centré en uno de los dos. Adivinad cuál.

En el Líbano no hay becario de IT, lo opuesto a Irán, donde en su capital, Teherán, se encontraba desarrollando la beca mi compañero Miguel Librero, alias Brero de aquí en adelante. Sevillano de origen, estatura media, moreno, pelo más rizao que las espirales del universo, y buena gente. Qué coño, él es la ostia. Y para más inri, compartimos piso en Madrid, durante el último mes de curso de la beca ICEX, previa incorporación a los destinos que cada uno teníamos asignados. Ya nos conocíamos, y nos habíamos echado unas buenas risas juntos; cercanos en edad, compartimos ciertos pensamientos, y somos IT; unidos por una misma pasión (jojojjojojo).

Y Brero no se esperaba lo que se iba a encontrar en Irán; él me iba comentando cositas sobre el país vía Gmail, y yo quería ver eso, ver qué se cocía allí. Pero sobre todo, quería ir para seguir con esa pasión llamada snowboard y, de paso, colgarme lo que para mi es una medalla, haber surfeado sobre nieve en tierras desconocidas.

Por esto que os he contado y, por haber visto años atrás un blog sobre esquí en otros países, llamado ‘blanco sobre negro’, el cual contenía un reportaje de Irán, hicieron que mi mente se centrara de pleno en el viaje a Teherán, capital de Irán, y tener como objetivo principal el acercarme a Dizin, el resort de esquí por excelencia del país. Inaugurado hace más de 40 años por su antiguo rey. En fotos pude ver (y después con mis propios ojos) que aún conserva las mismas infraestructuras, haciendo de él un lugar único, con una atmósfera que te envuelve transportándote al sucio y mecánico pasado; instalaciones construidas con metales pesados, oxidados por el paso del tiempo, edificios con  formas de los años 70, construcciones simples, sin la megalomanía que se desató a partir de los 80 en muchos de los resorts de esquí del mundo, construyendo auténticas moles de cemento, quebrantando el gran paisaje que ofrece la montaña con nieve.

Más que país desconocido, hoy día, cuando todos escuchamos el nombre de Irán, nos viene a la mente de todo menos cosas bonitas. Un país demonizado por los medios de comunicación, en el punto de mira de otros países (los cuales no voy a nombrar porque, como ya he dicho en otras ocasiones, paso que me investiguen el blog y me detengan, cosa poco probable pero por si acaso).Cuando se nombra este destino, nos hace pensar en cosas tales como represión y ambiente hostil, y peligroso. Vaya vaya… ya lo podía atisbar: esta iba a ser una oportunidad de lujo para reafirmar una vez más, que nada es lo que parece hasta que lo vives y ves con tus propios ojos.

Mi objetivo pues, quedó más que claro. Tras unas largas charlas con Brero acerca del alojamiento, acceso a la pista, dinero que me hacía falta durante mi estancia y demás: pasar 5 días en Teherán, del 2 al 7 de febrero, y marcarme un mínimo de 2 días de snowboard, si pudiera ser 3.

Y os preguntaréis cómo iba a poder aguantar temperaturas en un país donde, durante el invierno, nieva en su parte norte (Teherán está a más de 1000 m. de altura sobre el nivel del mar) si vengo de un sitio más que cálido y desértico y la prenda que más me abriga es una rebeca de ZARA, estilo Guardiola; pues, gracias a la visita de mi madre y mi hermano en enero, los cuales trajeron en sus maletas toda mi equipación de nieve, gafas de ventisca incluidas.¡Ah! Y también usé mi chaqueta técnica adquirida para el viaje a Jordania, que aguanta perfectamente temperaturas bajo cero, y la cual me sirvió mucho durante los meses venideros después del viaje (febrero y marzo), los cuales sus temperaturas mínimas eran de 15 grados y, junto con el fuerte viento, hacía que la sensación térmica fuera de 10 o menos. Vamos que me  vendieron la moto, cuando me dijeron que en Dubai hacía calor todo el año.

Ya lo tenía casi todo preparado; faltaba el transporte. Compré un billete de la compañía Qatar Airways. Avisé a Brero que, el jueves 2 de febrero a las 3 y media de la mañana aproximadamente, aterrizaría en Imam Khomeini Airport (IKA), aeropuerto principal de Teherán. No era billete directo, pues como becario, he de buscar el precio más asequible, y éste era más barato que un billete de Emirates. Además, los becarios estamos preparados para todo, podemos hacer dieciocho escalas si no los proponemos.

¡Se me olvidaba! Sobre el visado de entrada a Irán. Tuve que acercarme a su embajada, aquí en Dubai. Enorme y decorada al más puro estilo de mezquita iraní, con mosaicos dibujando filigranas de colores azules marinos, amarillo ocre y azul turquesa, y sus bonitas cúpulas, también adornadas con los mismos motivos e inscripciones en farsi, lengua que se habla en Irán, te daban una ligera idea del estilo de mezquita iraní, bastante diferente a la árabe.

Como dato curioso, decir que a la entrada de la embajada, te retienen todo material electrónico que lleves encima, desde móvil, pasando por memorias USB, cámaras y demás. No quieren que nada salga y entre de ahí… uuUUUUUUUuuuuUuUuh!!!! ¿Paranoia y delirio ante posibles espías?

Cuesta la friolera de 70 euros,  válido para un período de 3 meses desde la fecha de expedición, sólo podía entrar 1 vez, con estancia máxima de 15 días.Has de presentar varios documentos, entre ellos el ticket de ida/vuelta del país. El visado a su vez, te lo venden con seguro médico obligatorio, y lo mejor de todo es que no sabes qué es lo que cubre el seguro, pues en el libreto que te dan sobre el seguro médico, el apartado ‘excepciones’ ocupa casi todo. Entre ellas, podrás ver que no se responsabilizan si eres víctima de ataques nucleares, atentados, y demás ofensivas militares. Entre eso y el desconocimiento del país, hicieron que gastáramos unas cuantas bromas al respecto. ¿Y para qué sirve un seguro médico si muero carbonizado por la onda expansiva con el añadido de radiación nuclear proveniente de una bomba atómica? Sí, tienen razón, es algo para añadirlo al apartado excepciones. ¡Viva el humor negro!

Llegó el 1 de febrero, y después de la jornada laboral, fui rápidamente a casa a dormir ya que, el vuelo lo tenía durante la madrugada del 2 de Febrero. O al menos intentar dormir; aquel día tuve ‘rifi-rafe’ con mi compañera de piso de origen pakistaní, con la cual, durante mi estancia en el mismo, tuve una relación extraña con ella, de esas que no puedes catalogar. Digamos que, dejaba acariciarse hasta llegado cierto punto; y es que estas culturas tan diferentes, nunca lograré entenderlas. Ya que empiezas, tira hacia delante, ¿no?

No quería llegar tarde y llamé a un taxi para acercarme al aeropuerto, allí cené un mcdonalds mientras pensaba en lo sucedido en el piso. Me dirijo al mostrador y realizo el check-in. Las amables señoritas de Qatar Airways disponen de todo con una excelencia inalcanzable. Y LO CHILLO A LOS CUATRO VIENTOS: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡PREFIERO QATAR AIRWAYS A EMIRATES!!!!!!!!!!!

Una vuelta por el enorme Duty Free del aeropuerto internacional de Dubai, cumplir el recado de Miguel de comprarle tabaco (y un móvil Nokia dual SIM, que lo había comprado horas antes en la tienda oficial). Todo listo para viajar. Llega la hora, subo foto al facebook con el billete de avión en la mano. Sí ,es mi único ritual absurdo en facebook. Es una tontería pero, al menos, no llego a la imbecilidad de muchos, acerca de hacer fotos a un simple desayuno de mierda o un plato con algo de comida, o a hacerse fotos sacando morritos, o apuntando a los pies (¿por qué motivo?), o retratos con la cutre-cámara de su móvil apuntando desde lo alto, estirando el brazo al máximo, para así evitar que se vea la papada en la foto y parecer más esbelto/a, y subirlas en su perfil, a su vez, a estas fotos, les añaden comentarios con un valor intelectual equivalente a CERO: “De fiesta, qué bien lo estamos pasando”, “patint” (significa padeciendo), “Buenos días” (y adjuntan la foto de un desayuno de mierda de tostadas con tomate y un tercio de cerveza, ¡¡déjame el ardor de éstomago!!); qué listos son estos usuarios de facebook. Y voy a parar porque, para esto, podría escribir una entrada única en el blog.

Se acercaba la hora, el avión iba a despegar. Sentimientos a flor de piel, emoción por volar a un sitio totalmente desconocido y castigado, mediáticamente y económicamente hablando, por gran parte de los países de nuestro planeta.

Y es que es una pena que países como Irán, con una cultura y sociedad milenaria, se vea bajo el mando de ya sabéis quién. Este tema daría para escribir mucho pero me reservo la opinión para contárosla en persona.

Y mi idea era la de pretender dormir en el avión para, una vez aterrizara y llegara a casa de Brero, pudiera estar medio fresco y despierto, y así intentar acercarme al resort de esquí que Teherán tiene en su parte norte; Tochal. Un pequeño resort familiar, con pocos kilómetros esquiables pero, perfecto para realizar la toma de contacto antes de desplazarme.

Claro, ese era el plan pero, como dice el refrán, ‘del dicho al hecho hay un trecho’. Y vaya si cambió la cosa…

(Continuará)

Sri Lanka, el paraíso en la tierra (V): Esto se acaba. Cada lugar, único y especial

Nuestro último amanecer en Sri Lanka. Concretamente, donde nos quedamos a dormir aquella noche, en Kandy. Atrás dejamos el largo día anterior, donde amanecimos en lo alto de una región montañosa, cogimos un tren, nos dirigimos hacia la capital cultural y mística de Sri Lanka, conectamos con los antepasados en el templo de la reliquia de Buda, y pasamos una divertida noche con un local, que poco le faltó para abrazarnos y besarnos.

Ante nuestros ojos pues, un nuevo amanecer de ensueño. Un amanecer que, desde mi punto de vista, tiene cabida y dejará con la boca abierta y la mente pensativa a todos los públicos que puedan asistir a estos viajes; empezando por intrépidos aventureros que quieren experimentar nuevas sensaciones, a ellos les hará detenerse en el camino, reflexionar y relajarse. Pasando por gente solitaria, que busca la paz interior, la serenidad y desconexión, ellos encontrarán la paz que buscan en un sitio como este. Y finalizando, por ejemplo, por aquellas parejas que buscan un nido de amor; nada mejor que perderse en lo alto de una ciudad, en un hotel con vistas a un valle tropical, con el color verde palmera y el silencio como protagonistas, ofreciendo serenidad y un romanticismo único, digno de cualquier película de cine; momento perfecto para que ambos se fundan en un abrazo, después de una profunda y sincera mirada entre ellos.

Obviamente, las parejas con niños también tienen cabida en este tipo de viajes pero, si os digo la verdad, no vi ni una. Todos eran turistas de mayor o menor edad; en solitario, pareja o grupos, de todas las nacionalidades, pero sin niños. O si que los habría, pero nada destacable. Los únicos niños/as, los del país en cuestión. Y es que, aunque falto de experiencia con los niños, no creo que Asia, excepto en aquellos paraísos tropicales y resorts donde la familia se sentirá protegida dentro de una burbuja con actividades para todos ellos, sea destino como para viajar y venir con niños.

Retomando el hilo del último día. Un fuerte desayuno, a lo inglés y sumándole mi voraz hambre matinal, doblemente fuerte. Toca rumbo a Sigiriya, a visitar uno de los templos más importantes del país. Y previo a ello, pasaremos por un orfanato de elefantes y el templo del oro. Sí, tras este viaje, podéis llamarme ‘el templos’.

Un pequeño inciso. Como amante  del turismo activo, donde se puede interactuar con el medio (véase deportes de agua en destinos de playa, snowboard en la montaña, etc), he de decir que no es de mi preferencia dar vueltas por una isla y atiborrarme de templos y más templos, de imagenes de Buda; el bucle de Buda. Diez mil millones de estatuas de Él, por toda la isla. Aunque no me voy a quedar en este aspecto tan superficial y simple, pues yo pensaba que me iba a aburrir, y no fue así. Mientras uno visita la historia pasada del diferentes regiones del mundo, a la vez, uno mismo crea su propia historia. Me refiero a todo aquel acontecimiento o cosa que sucede cuando estás en un sitio, en cualquier sitio.

Si bien, por mi mente dispersa y debido a mis preferencias en cuanto a viajes, no he prestado mucha atención a la historia que rodea este tipo de templos, como otras personas podrían hacerlo o lo hacen (mención especial a Jesús, ex-becario Cámara Madrid que gracias a él nos empapamos de toda la historia relacionada con Petra), en este viaje he sacado partido de ello, haciendo y creando historia, mi propia historia, nuestra historia. Aquellas vivencias, experiencias y momentos, que siempre son únicos, no se volverán a repetir de la misma manera.

Y cuando viajamos, por supuesto que hay que prestar atencion a la historia pasada que rodea esos templos, pero también a la historia viva que está rodeándote en cada momento que pasas ahí (y durante tu vida normal y rutinaria, no solo en viajes). En este caso, por ejemplo, aquella noche con el local en Kandy y sus historias, o aquella curiosa pelea de monos en un templo y ver como uno de ellos se retira con la oreja a trozos; todo eso es historia, historia viva. Vale, lo sé, no será tan transcendental como la historia pasada que ha marcado el curso del ser humano en el planeta, pero joder, ¡¡también es historia!! Es nuestra historia, y todos nosotros tenemos derecho a ello, ¡a crear nuestra historia!

Y siguiendo el curso del rumbo de este día, Sumith nos esperaba, puntual como siempre para partir. Nuestra primera parada seria en el orfanato de elefantes, con posibilidad de verles ‘en acción’ y montarse en uno de ellos. Llegamos al orfanato, repleto de turistas y de tiendecitas de souvenirs, bajamos del coche y nos dirigimos al río donde se juntan.

Fuimos directamente a verlos, pues no quisimos montar en un elefante; era bastante caro y realmente, ni Antonio ni yo tuvimos especial atracción en sentarnos encima de un paquidermo. Tal vez, el hecho de que fuera el último día, y que ya nos habíamos dejado bastante dinero (y lo que nos faltaba) y el cansancio, hicieron que pasáramos de hacerlo.

Los elefantes son bonitos, nada ruidosos y aparentemente mansos. Están ahí relajados, en sus charcas, ríos y zonas de agua, lavándose y pasando el rato. Algunos están atados, no se por qué, tal vez sean los más salvajes y a esos hay que tenerlos controlados. Ver a esos gigantes moverse lentamente e interactuar entre ellos relaja bastante, sobretodo a aquellos elefantes pequeñitos, siguiendo a su madre sin despegarse de ella, y ella acariciándole y guiándole con la trompa… muy tierno y bonito.

Nos tomamos un helado para recuperar azúcar, pues hacía un calor increíble; hasta los elefantes tenían que recibir su dosis de agua fresca encima de su gran lomo. Volviendo camino a nuestro medio de transporte, una vez más caí bajo el embrujo de los souvenirs. Pero no compré nada, pude contenerme; esa misma mañana, en Kandy, al dejar nuestro hotel y pasando por una ruta la cual tenía una parada en un sitio con vistas a la ciudad, unos ‘comerciantes’ nos abordaron amáblemente para vendernos sus productos. Ya sabéis que me chiflan las pulseritas y esas mariconadas varias, y estoy harto del MADE IN CHINA. Buscaba algo diferente (y aún sigo buscando). De repente, vislumbré una pulsera negra, sencilla, con una especie de hilos gruesos entrelazados unos con otros; me acerco, la cojo y la observo con detenimiento; automáticamente el tendero dice: “ELEPHANT HAIR MY FRIEND, IS REAL”. En cristiano, que los hilitos gruesos negros entrelazados eran pelo de elefante, concretamente de la cola,  y que eran reales. Harto de tener que esquivar a timadores, embaucadores y mentirosos del país, le dije que no me lo creía. Él, cogió un mechero y le metió fuego a la pulsera; dejó la llama el suficientemente tiempo para que, si la pulsera fuera de plástico, desprendiera ese olor característico. Salió un ‘tufillo’ que rápidamente olisqueé y, mi sorpresa fue, que olía a pelo quemado. Si, como vulgarmente decimos, ‘aquí huele a pollooooooooo’ cuando se quema uno la piel o los pelos. No dudé en comprarla, y aún la llevo puesta.

El camino es largo, pero se hace llevadero en nuestro medio de transporte que Sumith, nuestro guía, eligió para este viaje. A pesar de mi más de metro ochenta de altura, podía casi estirar las piernas del todo, y junto a la inclinación del asiento de atrás, parecía que estuviera volando en la ‘first class’ de Emirates, la aerolínea. Aprovechas para ver paisaje, y dormir, pues aún queda un largo día.

Era mediodía y teníamos que coger fuerzas para la marcha. Paramos en otro restaurante de carretera, recomendado y conocido por Sumith; él no quería que nos pasara nada con la comida y sabe a qué sitios llevar a los turistas. Si aún esos sitios parecían peculiares, no me quiero imaginar cómo serán los otros restaurantes; hasta él mismo decía que mejor parar donde suele parar la gente, por si acaso. No me gusta para nada la idea de ‘irme por la pata bajo’ en medio donde Buda perdió la chancla.

Y este restaurante no era como el primero, donde podías elegir cubiertos para comer. Aquí no habían cubiertos; tocaba usar la mano de nuevo. Y, para mi sorpresa… ¡NINGUNA NOVEDAD CON EL MENU! Esta gente siempre come lo mismo: Arroz hervido como base y 5 tipos de salsa con especias de la muerte mortales (mi amigo el chili y sus colegas), junto con verduras y legumbres. ¡AH! Se me olvidaba, la gran variación es ponerle carne chamuscada de origen desconocido, o pescado frito, carbonizado  hasta tal punto que si lo miras con un microscopio, no tiene siquiera átomos. Pero en el fondo, estaba rico y uno se acostumbra a todo… gracias a la Coca-Cola. Esta vez no tuve que tomarme 2 botellines por el picante; sino con uno ya bastó, e incluso me dejé un culo. He de decir que me puse las botas, y Antonio también gozó. El silencio reinaba, concentrados en comer, disfrutando del menú y también sintiendo el nivel de picor en nuestro paladar, para darle un sorbo a la Coca-Cola, en el momento que aumentara.

Y ya por fin, llegamos al templo de oro. Una gran campana dorada en la puerta principal. Y una fachada del templo que abruma; una gran cara dorada, con ojos saltones y una enorme boca abierta, enseñando todos sus dientes. Pero ese no era el templo real, sino un museo; el templo dorado está subiendo unas cuantas escaleras, se accede por la parte izquierda y has de respetar la costumbre de ir tapado (pantalón largo con el bochornoso calor) y descalzo. Suerte que soy un poco ‘gitanillo’, me gusta andar descalzo y ya tengo algunos callos que hacen que pueda andar tranquilamente sobre sitios duros y ásperos. Pero también he de decir que mola mucho entrar a un templo, cuya creación data de hace 2000 años atrás, descalzo; tiene su rollo.

Para ser una de mis primeras incursiones a templos budistas, creo que no está mal. Este templo, construido en lo alto de una colina, al cual accedes subiendo unas escaleras de construcción y altura irregular, se encuentra debajo de una gran roca. Me refiero a que, las 5 cuevas de las que se compone el templo, están excavadas dentro de una enorme roca, que es por así decirlo, la parte alta de la montaña.

De las 5 cuevas, 3 de ellas fueron creadas hace 2000 años, y el paso del tiempo se nota en ellas; pero han sido muy bien conservadas, hasta aún hay colores dentro de ellas, en los esbozos y pinturas realizadas por aquellos monjes y artistas en aquella época. El hecho de estar en la oscuridad y alejadas de la civilización, ha hecho que se conserven maravillosamente. Las otras 2 cuevas son de reciente creación (hará unos 100 ó 200 años). Pero todas han sido bien conservadas porque han habido monjes cuidando de ellas.

Puedes optar por un guía para que te explique movidas de las cuevas pero, seguí en mi línea de ver,oír y callar. Bueno, callar no mucho, ya me conocéis; alguna sandez que otra decía al respecto de ciertas cosas que veía. Y es que había una sala con doscientos millones de figuritas iguales. Joder, mira que son repetitivos estos tíos.

Los monos campaban a sus anchas, acostumbrados plénamente a convivir con turistas. Esa extraña armonía entre monos macarras y seres humanos. En la primera cueva que entramos, ahí teníamos ante nuestras narices a 2 monos, uno enfrente de otro, y nos los topamos. Cruce de miradas, y el mono decide moverse del sitio, saltar delante mío y salir de la cueva. ‘Es tu turno’, parece que quiso decir o expresar. El cabroncete iría fuera a pelearse con otro mono. Y digo esto porque entre ellos, se reparten ostias como panes, por aquello de ser el líder de la manada y demás movidas del mundo animal (y del mundo humano también). Fotografié a un mono, que iba camino a la nada, cabizbajo y con un trocito menos de oreja, sangrando. A estos monos cabrones mejor no tocarles, siquiera mirarles, no sea que te peguen un bocao o zarpazo y te transmitan de todo menos buen rollo.

Sumith nos dio una hora para ver el templo, pensábamos que no nos daría tiempo pero, nos dio de sobra. Ya empezaba a cansarme de bucles de estatuas, hasta que vimos algo curioso: una especie de brecha en el techo de una de las cuevas, por donde discurría un hilo de agua que, llegado a un punto del mismo, caía a una vasija. Esta vasija estaba dentro de una jaula de protección; el agua es ni más ni menos que agua sagrada; proviene de no saben donde, y sí, es raro de cojones ver a algo que gotea desde el techo, en lo alto de una montaña sin aparente río cercano ni nada similar. ¿Misterios del planeta?

Descendemos, mientras disfrutamos una vez más de las maravillosas vistas que nos ofrece Sri Lanka y sus elevados montes, monasterios y templos budistas. Qué paz, serenidad y armonía se respira en estos sitios…

Sumith se sorprendió de la puntualidad; hasta él mismo sabe que los españoles no tenemos fama de puntuales, sino todo lo contrario. Bajamos a la hora concretada, pues aún quedaba mucho por ver.Es decir, faltaba lo mejor, las garras del león: SIGIRIYA.

Sigirya, antigua capital milenaria de Sri Lanka. Uno de los más importantes sitios turísticos de Sri Lanka, y patrimonio de la humanidad, otorgado por la UNESCO. Situado en el mismo centro del país, a unos 160 km. de la capital Colombo. El camino desde la capital es largo, debido al estado de las carreteras, que como ya os he explicado en este blog, son bastante peculiares.

Su templo, se alza en una enorme roca cuya cumbre llega a los 370 metros de altura. Rodeado de maravillosos jardines, con lagos y canales creados por ellos mismos, para el regadío. Los restos, que datan del siglo 2 A.C., transportan tu mente al pasado. la humedad de la isla, y por lo tanto el moho, hacen acto de presencia en cada muro, pared, escalera, o rincón donde el sol apenas incide y el verde musgo campa a sus anchas.

Senderos, cuevas, grutas, que junto con la escasa afluencia de turistas, hace que disfrutes relajadamente del momento.

Comenzamos la ascensión al templo. No disponíamos de todo el tiempo del mundo, eran las 4 de la tarde y el sol caería en un par de horas; nuestro objetivo era ver la puesta de sol desde la cima. Ver al rey Sol cayendo por el horizonte un día más, para dar paso a la noche.

Un camino en el que has de luchar ante una gran inclinación, donde sorteas todo tipo de escaleras, tanto naturales como metálicas y oxidadas por el paso del tiempo y la humedad, haciendo que no te fíes mucho de donde pones el pie, pasando por pasillos con pintadas de la época, donde unas mujeres enseñan sus pechos a todo turista. Impresionante, qué mente más abierta hace 2000 años, ¿no es cierto? Los de la región donde vivo actualmente (no los nombro directamente porque paso de movidas, que me espíen el blog y vengan a mi casa a detenerme) tendrían que aprender de ello y a no ir tan tapados.

Y llegamos a la puerta principal de Sigiriya, las garras del león. Unas enormes garras, patas de león, talladas en la misma roca enorme donde estaba el antiguo templo, te dan la bienvenida para que ahora empieces a subir unas escaleras aún con más inclinación que las anteriores.

Esto fue la risa, porque Antonio y yo coincidimos en que tenemos algo de vértigo. Incluso yo, que me encantan las atracciones fuertes de parques temáticos como Port Aventura, no me explico el por qué de eso. Mientras subes, no pasa nada porque vas cara a la montaña, y no ves el vacío; pero tan sólo pensar en la bajada, hacía que me sudaran las palmas de las manos instantáneamente. En serio, si algún día venís, en una de las partes del descenso, la escasa altura de la barandilla de la escalera y su falta de consistencia, junto con el acantilado vertical que hay a tu derecha, van a hacer que pongas a prueba tu acrofobia (miedo a las alturas).

Logramos llegar a la cima, no os lo he comentado antes pero, a cada paso que das y girabas la cabeza, las vistas eran cada vez más impresionante. Al fondo, una estatua de Buda (¡NOVEDAD!) muy alta y de color blanco. Y todo rodeado de un gran manto verde, de árboles y palmeras tropicales, junto con esa niebla semi-densa, que nunca desaparece, en la selva de Sri Lanka.

Apenas contaría unos 20-30 turistas en la cima, algo maravilloso para no sentirte como en una atracción de feria más y sentir así el encanto del lugar y el momento. Y, mira por donde, nuestros ‘temores’ se hicieron realidad: un perro en lo alto de la cima. Sí, una vez más, vimos un perro donde menos nos lo esperábamos. Antonio y yo nos sacamos el sombrero ante este perro moribundo, a la vez que nos echamos a reír, de cómo es posible que en este país todo esta plagado de perros. Y lo comentábamos desde que desembarcamos del coche de Sumith, en los jardines del templo:

-Fijo que subimos arriba del todo y nos vemos un puto perro. ¡Ya verás! Están por todas partes.
– ¡¡Jojojo!! No caerá esa breva.

Dicho y hecho, ante nuestros ojos, ‘tirao como un perro’, él. Sin moverse, sin inmutarse, esperando a que cayera la noche, o yo qué sé, para moverse de ahí. La ostia, ¿cómo es posible que un perro haya subido hasta arriba? No tiene sentido, ¡si ahí arriba no hay nada para ellos! Vale que están por todas partes de la isla, se reproducen sin control y dan un por culo bastante serio durante las noches ,cuando se vuelven activos porque hace menos calor, y tendrán que comer algo y seguir reproduciéndose pero… de ahí a ver uno de ellos reinando en la cima del templo icono de Sri Lanka, ¡es de broma de cámara oculta!

Y unas cuantas vueltas por la cima, unas fotos. Unas lecturas a los paneles informativos sobre cómo lograban regar los diferentes niveles y pisos que tiene la cima del templo, en lo alto de la montaña; agua obtenida mayoritariamente de las lluvias pero, a su vez canalizada de una manera estratégica para que pudiera sortear alturas. Algo misterioso.

Y un lugar para la relajación, para la reflexión, para el disfrute. Para echar la vista al fondo y ver que nuestra mirada se pierde más allá del horizonte que vemos. Sorteamos unas piedras y llegamos a una especie de balcón, un sitio muy bonito. Vemos el atardecer y las montañas al fondo. Y, me vais a disculpar pero, no soy capaz, ni creo que lo seré, de plasmar sentimientos que tienen lugar ahí arriba, en los relatos de mi blog. Tan sólo os invito a que si tenéis la oportunidad, vengáis.

Pero ya no sólo a este sitio sino, en muchos otros. Porque, como bien hace referencia mi título, en cada lugar ocurre algo, y en ese lugar se produce un momento único y especial. Y lo que se produce aquí, también se puede producir allá, o donde sea, siempre que vayas con la actitud adecuada. Y cualquier sitio vale; si bien unos más que otros, debido a, por ejemplo, el misticismo que les rodea como muchas ruinas y templos que he visitado. Pero seguro estoy, que también podréis encontrar ese tipo de momentos en cualquier playa de España, colina, rincón, o donde sea, pues a mi me ha pasado.

Cae el sol, la luz se vuelve tenue, comenzamos el descenso. Mientras bajamos, aún suben más turistas; espero llevaran buena linterna, les bendecimos a lo ‘typical spanish’, soltando un ‘olé tus cojones’. Sorteamos a varios alemanes patosos y lentos y llegamos a la superficie, donde los jardines, casi a oscuras. Un guía nos indicaba una ruta diferente para salir del lugar, y .. ¡NOVEDAD! mas Souvenirs. Gracias a Dios ya era tarde y con la poca luz, apenas pude ver qué vendían y no compré nada.

Y nos quedaba un largo camino de vuelta, aproximadamente unas 4 horas, hasta el aeropuerto de Colombo. La vuelta no se hizo tan pesada, era de noche, estábamos cansados del ascenso y descenso del templo, y de todo el día que llevábamos de pateada, logramos echar pues, una buena siesta dentro de nuestro medio de transporte.

Y aún faltó algo más por descubrir aquel día. Es acerca del ‘driver’, el conductor del vehículo. Ese hombre mayor,con piel muy morena y pelo blanco como la nieve. También mencionado por Antonio y yo durante el viaje como ‘el abuelo’, ‘el colgao’ o ‘el temerario’. Resulta que durante gran parte del viaje dentro del vehículo, este hombre soltaba unas parrafadas increíbles a Sumith. Nuestro querido guía, siempre permanecía atento a él; a veces asentaba con la cabeza y otras discutía con él. Antonio y yo pensamos y dijimos en alto, más de una vez, la chapa que le estará soltando a Sumith, madre mía. Pensabamos que era un simple conductor, un trabajador, uno más.

Tras realizar la parada de rigor para comer algo, ir al W.C. público llamado esquina de cualquier calle y demás, salió el tema del ‘driver’. Para nuestro asombro, Sumith de repente le nombra a él en inglés con la palabra ‘father’. Sí, father significa padre. Era su padre. Padre e hijo han estado viajando con nosotros, guiándonos durante estos 3 últimos días en Sri Lanka. Ahora entendemos las chapas que le daba, las conversaciones eternas. Sumith es un joven emprendedor de 28 años que lleva a cargo muchas actividades turísticas de la zona. Sumith era más joven que nosotros pero ahí la tenías, al frente de su negocio y con su padre como apoyo.

Las risas entre Antonio y yo fueron abundantes, sobretodo por el tema de las ‘chapas’, la ‘tostada’, el torrao que le metía el padre de Sumith, pensábamos, en clave de humor, que el pobre viejete ya chocheaba, tantos años de driver no tienen que ser buenos (algún día os contaré la historia del cabrón del conductor de un autobús, cuando hice un viaje a Andorra, a mano llevaba el móvil, las gafas de sol y una botella de whisky).

Aclarada esta situación, nos dirigimos al aeropuerto. Desembarcamos en el mismo y nos despedimos acaloradamente de nuestros queridos guías. Antes de irnos, Sumith nos hace rellenar una especie de formulario, donde tenemos que rellenar con nuestros datos y escribir si nos ha gustado él como guía y el viaje. Creo que con leer el blog, sabréis de sobra la valoración que le puse.

Y una vez más, el proceso de embarque en los aeropuertos estos tan, tan diferentes a lo acostumbrado en Europa. Y no nos íbamos a ir sin que nos pasara otra graciosa anécdota.

Resulta que, una vez dentro del aeropuerto, está prohibido fumar. Antonio se moría por fumar un ‘piti’. Buscamos una zona para ello pero no encontramos nada. Haciendo tiempo para hacer el check-in, y con un ‘trolley’ con todas las maletas encima, esperábamos en una zona de descanso. Un avispado currante, local, nos echaba el ojo. Antonio le preguntó al mismo si se podía fumar. El tío dijo que no pero, atención, él disponía de un sitio secreto para que fumáramos sin tener que salir fuera y repetir ese proceso de check-in previo, con la susodicha perdida de tiempo  que conlleva.

Y, como la expresión dice, de perdidos al río. Aceptamos que este personaje nos indique dónde se puede fumar sin que te vean. Pensaba que iba a llevarnos a las afueras del aeropuerto, o algo. Pero no, damos unos cuantos pasos, desde donde nos encontrábamos, los aseos, para meternos, ni más ni menos, ¡¡que en el aseo de minusválidos!! “COME COME”, decía el listillo, que en cristiano significa venid. Embriagados por la sensación de lo prohibido, y sin tener aún ni idea de por qué lo hice, pues ya no fumo, hasta yo me metí dentro. Lo mejor fue cuando, una vez cerrada la puerta, nos indica que podemos vigilar nuestro equipaje por la ranura que se queda entre la puerta el marco de la misma. La ostia, qué descojone. Antonio se enchufa el piti, y él currante le pide uno a él. Su cara cambió de repente, se le puso un rostro de ‘malvado’, con alevosía. Una cara de pillo, la cual nos producía desconfianza pero muchas risas. El listillo aprovechó también para pedir dinero por habernos mostrado semejante enclave de lujo para evadir la seguridad si queríamos fumar dentro. Antonio le da algo, pero le da algo irrisorio; estábamos hasta el moño ya de los timadores.

Apuran las últimas caladas, y nos indica que él saldrá primero para ver si había alguien vigilando. Nos da el OK y salimos los 2. Madre mía, ¡acabamos de cometer una infracción máxima en un aeropuerto, y los currelas dándonos soporte! jajajjajajajjajaj, es de chiste lo que la gente hace por dinero en este tipo de países. Cualquier oportunidad es buena para ello.

Nos situamos en la cola de embarque, y ese cabroncete seguía merodeándonos… Con la desconfianza a flor de piel, esperábamos cualquier posibilidad, que nos la liara en algún momento, o vete a saber qué. Del trato de confianza que tuvimos en el aseo mientras infringíamos la ley, pasó a mantenerse distante, mirando con un rostro serio, de cómplice de que algo había sucedido. Y mostrándonos como que él estaba ahí para lo que hiciera falta.

Decir que no le hicimos ni puto caso. Hasta el gorro.

El cansancio apremiaba, y con ello, las sandeces que decía iban ‘in crescendo’. No tardé en ir a una tienda de gafas en el Duty Free para hacer el panoli, probándome gafas y soltando tonterías a las dependientas, nada acostumbradas al desparpajo y payasería español. Comimos algo antes de la  vuelta, embarcamos y con esto, lo bueno ya acabó…

…O eso dicen, que todo lo bueno se acaba. Pero yo no lo creo. Por supuesto que estos momentos no vas a tenerlos durante todos los días de tu vida, y habrán momentos no tan buenos, o sea, malos. Pero son necesarios para que exista ese equilibrio y balance, para así distinguir entre los mismos.

Y me aventuro a decir que, aún así, muchos de los momentos que vivimos son excelentes. No todos, por supuesto, no quiero ir de ‘jippie flower’ ni mucho menos. A lo que me refiero es que, no todo lo bueno se acaba. Porque creo que, cualquier momento es bueno, incluso gran parte de los malos, mientras no sean catastróficos, se convertirán en buenos a la larga.

Si esto no fuera así, no estaría ahora mismo escribiendo este blog desde Dubai, por y para vosotros. Y para mi y para el recuerdo, de lo que está siendo esta maravillosa experiencia de vida. Porque vivir es aprender, y vivir más es aprender más. Y os aseguro que, aprender, puedes aprender en todo lugar, ya sea en Sri Lanka, o en un rincón de tu casa.

Espero que os haya gustado a todos mi relato de este maravilloso viaje. son las 22:19 de un 18 de mayo de 2012, voy a bailar un rato. Aún tengo que adjuntar fotos, espero publicarlo si no hoy, mañana.

Enlace al álbum de fotos

2011-12-06 Sri Lanka – Cada lugar y momento, único y especial

Nos vemos con los ojos. Abrazos a todos/as.